Abriste los ojos lentamente, sentiste un dolor insoportable correr por tu cuerpo, intentaste mover el cuello pero el collarín te lo impidió. Tus ojos recorrieron el lugar donde estabas e identificaste que estabas en un hospital. No había nadie, estabas sola y eso no te gustaba. Una sensación incómoda y nostálgica comenzaste a sentir, cerraste los ojos e hiciste lo posible por recordar lo que había sucedido antes. Las imágenes eran borrosas, solo recordabas sentir mucho dolor. Ese recuerdo se reprodujo en tu mente, era doloroso, era horrible, pero podías soportarlo, pronto llegó la parte en que viste a ese hombre con un fierro, alistándose para golpearte en la cabeza, recordaste como cerraste los ojos y… De repente tu respiración se agito, tus ojos se abrieron de golpe y, aunque sentías mucho dolor, intentaste levantarte de la camilla para salir huyendo. En eso la puerta se abrió y una mujer entró: Era una enfermera.
- Tranquila corazón, todo está bien. Ya nadie te hará daño.- Dijo mientras acariciaba tu cabello. Tus ojos se llenaron de lágrimas, y a duras penas pudiste decir:
- Mamá…- Y dejaste salir el llanto. No sentiste nada, menos lo viste, pero la enfermera te había inyectado un calmante, por lo que de repente comenzaste a sentirte cansada y a cerrar los ojos. Todo quedó negro de nuevo.
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Te encontraste en un lugar vacío, no había nada, solo sentías unas brisas frías. Caminaste por un rato por el lugar, con la esperanza de encontrar algo o alguien, pero todo fue en vano, todo era negro. De repente viste unas luces de colores caer. Con tu dedo intentabas tocarlas, al hacerlo una sensación ligeramente electrizante sentías recorrer por todo cuerpo, te gustaba, así que continuaste haciéndolo, estabas tan entretenida que no notaste como reías. Parecías una niña pequeña, una inocente infante.
- ¡AYUDA!- Escuchaste de un momento a otro. Dejaste de jugar con las luces y comenzaste a observar a los lados, buscabas el origen de aquella voz.- ¡AYUDA!- Se volvió a escuchar, pero esta vez fue un grito desgarrador.- ¡AYUDA, POR FAVOR! ¡NO ME DEJEN MORIR!- Se comenzó a escuchar más seguido. Las luces desaparecieron. Comenzaste a caminar, tus primeros pasos fueron en reversa y muy lentos, pero poco a poco comenzaste a avanzar más rápido, hasta finalizar corriendo. Entre más rápido ibas, más cercana se escuchaba la voz, no te importaba, no te detenías, seguías avanzando. Te detuviste de repente, pues lo que viste te sorprendió: Era pasto. Si, esa pequeñez era lo único que le daba vida a esa oscura zona. Te espantaste un poco, pero la curiosidad comenzó a inundar tu mente.
- ¿Será real?- Pensaste. Te agachaste lentamente a tocarlo y fue cuando una alfombra verde apareció por todo el piso, unas burbujas cayeron del cielo negro y formaron edificios, así como árboles, bancos, etc. Eso se te hacía conocido, conforme las burbujas dejaron de volar a tú alrededor reconociste el lugar: Era tu antigua ciudad.
Tragaste saliva, te abrazaste a ti misma y comenzaste a caminar por la ciudad, todo era raro, estaba vacío. A lo lejos viste a un par de sombras, corriste hacía ellas, pero al verlas de cerca te diste cuenta de que eran maniquíes. Por tu cuerpo sentiste múltiples escalofríos, lo que te hizo correr a prisa.
- ¡AYÚDENME!- Escuchaste de nuevo ese grito desgarrador. Diste un paso para correr y la vez te detuviste.
- Ya no huyas, ya no huyas…- Comenzaste a decirte mentalmente, tomaste un gran respiro, tragaste saliva, te armaste de valor y fuiste hasta dónde provenía la voz. Ibas con algo de calma, pero algo te decía que debías de apurarte o algo malo sucedería. Corriste siguiendo tus instintos, llegaste hasta una plaza y justo en el centro viste a un hombre sosteniendo a una chica en el suelo. Ella lloraba sin parar, intentabas ver su rostro pero era imposible, solo veías su cabello revolotearse.
- ¡SUELTAME! ¡DILE QUE ME SUELTE!- Cuando la joven gritó eso reveló que el hombre estaba amenazándola con una daga en el cuello. Ella gritó de dolor e instantáneamente sentiste una punzada en el cuello. Volteaste a verla y ella derramaba unas pequeñas gotas de sangre. Eso era extraño.
- D-déjala ir… No la mates…- Dijiste algo temerosa. El hombre alzó la mirada para verte, no tenía rostro, estaba completamente negro.
- ¿Soltarla? Pero si ella me pidió que la matara, dijo que odia a las personas y que prefiere morir a seguir viviendo.- Contestó el hombre con voz profunda.
- No importa… Déjala ir, yo cuidaré de ella.- Una risa burlona escuchaste, incluso juraste seguir escuchando su risa dentro de ti cuando acabó de reír.
- ¿Cuidarla tú? ¡Qué estúpida eres! Ni tú te puedes cuidar y quieres cuidar de otra persona.-
- Haré todo lo posible por salvarla, no dejaré que muera, no dejaré que la mates.-
- ¿Eso harás? ¡PERO SI ERES TÚ! ¡JAJAJAJA!-
"Eres tú", esas palabras te helaron, y fue cuando la joven que tenía agarrada levantó su rostro y efectivamente, eras tú. Tú misma te llorabas, tú misma te suplicabas.-
- Quiero vivir, no quiero morir… No quiero… Ayúdame… Dile que me suelte…- Pero no hiciste ningún movimiento, estabas paralizada.
- ¿Realmente quieres vivir? Tú misma te dijiste que sería mejor estar muerta. Esa ciudad que viste, es la ciudad de tus sueños, deseas una ciudad vacía, donde no haya nadie más que tu, y a la vez añoras el vacío. Contesta: ¿Vale la pena vivir para ti?- El hombre esperó una respuesta, pero nada llegó. La misma risa burlona escuchaste, bajaste la mirada, sentiste un pequeño corte en tu garganta y a la vez comenzaste a escuchar como lloraba tu otra yo, suplicaba una y otra vez, te decía que no la dejaras morir, que la salvarás.
- Por favor, no quiero morir y lo sabes, quiero vivir, quiero seguir con mi vida aunque parezca un asco… Ayúdame… Eres mi única esperanza.- Lo último te desgarró. Era cierto, tenías demasiada razón, fue cuando comprendiste muchas cosas…
- Sí, si vale la pena vivir.- Comenzaste a hablar en voz baja.- Soy una cobarde, varias veces he deseado estar muerta, pues nadie me quiere, o al menos eso creo. Pensé que estando en este lugar tendría una oportunidad de cambiar mi vida, no me importa que solo duré unos meses, pero tengo que admitir que esas personas que he conocido son grandes, son buenas y comprensivas.-
-¿Crees tú que ellos no te hablan solo por lástima?- Intrigó aquél hombre.
- No, ellos son personas de verdad, son amigos de verdad, no son farsantes. Y por ellos es que quiero regresar, no pienso ver cómo me matas. Así que me vas a soltar y ambas nos iremos.- El hombre soltó a la chica y la dejó caer de una manera brusca al piso, ella sollozó, tú te armaste de valor. Lentamente se acercó hacía a ti, mostró su daga y se lanzó sobre ti, solo sentiste una punzada en tu piel, caíste, tu mente se volvió borrosa y de repente todo negro, te desvaneciste, no sin antes lograr decir: "No quiero morir aquí."
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Abriste los ojos de golpe e inmediatamente viste que estabas rodeada de personas, uno de ellos suspiró profundamente, mostrando alivio. Por la anterior visión que tuviste estabas muy nerviosa y hacías lo posible por zafarte y levantarte de la camilla, pero las enfermeras te tenían agarrada. Una de ellas acarició tu frente.
- Tranquila, todo está bien. Eres fuerte y verás que puede salir de esta.- Dijo mientras sonreía.- Hay unas personas que quieren verte, pero primero tienes que descansar. El doctor dijo que recibirás visitas hasta que estés más tranquila y estable.-
- ¿Quiénes?- Preguntaste casi susurrando.
- Unas personitas que están muy preocupadas por ti. Espera y ellos te explicaran lo que pasó.- Escuchar eso te hizo feliz pese a tu estado de salud. Deseabas que el tiempo pasara rápido para poder verlos.
