Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mi y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Parejas secundarias:
-Shikamaru/Temari
-Kiba/ Ino
-Naruto/ Shion
Gracias por adelantado por los reviews.
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Entusiasmo. Ese sentimiento que desde hace años no estaba presente en su vida, había decidido el día de hoy aparecer por capricho con la fuerza de todo el tiempo sin rastro.
Estaba entusiasmada. Su expresión alegre y afable, sus grandes y brillantes ojos perla llenos de vida y su ligero sonrojo eran la prueba inequívoca de que estaba más que feliz. Solo le faltaba saltar de alegría por los pasillos del supermercado para mostrar la imagen que describiría la felicidad absoluta.
Claro que también por otro lado estaba sumamente nerviosa. Su pecho latiendo veloz e incesante y el cosquilleo en su estomago se lo estaban gritando.
Y no era para menos tantos sentimientos contradictorios mezclados en una misma persona. Era la primera vez desde que vivía sola en aquella enorme cuidad donde cocinaría para alguien más que no fuera solo para ella misma.
Quería y no quería al mismo tiempo que llegara la noche.
Noche Buena y el comienzo de la Navidad.
Un tiempo de festividad donde se celebraba en compañía de la familia, rodeada de risas, bromas y ambiente cálidos rebosante de cariño y afecto para crear momentos inolvidables que recordar en un futuro.
Pero ella no tenía familia, no la que ella deseaba tener y haber tenido al menos. Tampoco es que se sintiera muy feliz en el resto de celebraciones que se hicieron en la que fue su casa antes. No por ser fiestas alegres y de paz significaba que lo iban a ser también para ella.
Desprecio, aversión, miradas llenas de asco e insultos le eran dirigidos sin importar nada, hasta que ya no podía soportar más todo ese dolor y se veía obligada a escapar. A huir de aquel lugar para refugiarse en los brazos de su primo y su tío.
Y en la soledad cuando estos no estaban.
Pero no era ni el momento ni el lugar indicado para pensar esas cosas tan deprimentes que la harían caer en miseria. Hoy era un día en el que debía sentirse feliz y optimista. Hoy cambiaría eso sí o sí.
Una pequeña llamita de esperanza por un pronto cambio se había encendido en ella. Tenía la ilusión de poner luz a su vida, olvidar la soledad que la obligaba a hundirse para ser más liviana de carga emocional, tener personas con quienes hablar a parte de los vecinos cuando sacaba la basura.
Llegar a tener amigos que hicieran su día a día como quería. Jocoso. Y ellos, los chicos que esa noche celebrarían con ella podrían llegar a serlo.
Por mucho que Neji se quejará y pusiera grito al cielo si se llegara a enterar, que lo haría algún día, nada se le escapaba, pero mientras durara en la ignorancia de su primo pensaba disfrutarlo y después también porque se negaba a dejarlos ir de su vida si ellos entraban.
Escuchó la corta melodía por los altavoces del supermercado.
-"Señores clientes, se les informa de que pueden encontrar árboles de Navidad y todo tipo de adornos en el pasillo ocho en oferta. Gracias."
-Oh, yo no tengo árbol ni adornos-. Y era cierto, no esperaba tener visita, cuando su primo la llamó comunicándole que iba para Navidad aunque días más tarde volviera a llamar para decir que iría otro día de la misma semana, no tenía nada.
Tampoco se esperaba que ellos le propusieran pasar Noche Buena con ellos.
-Pero si lo compro no podré llevar las cosas.
Sería una cena de Navidad sin árbol ni adornos de ningún tipo referente a la noche que se debía celebrar. Sonrió de medio lado nerviosamente. Sería bastante extraño pero tampoco es que se esperaba que sucediera eso.
Pasó de creer que estaría sola esa noche, a pasarla con tres hombres. No, tres no, eran cuatro.
-¿Vendrá el pe-pelirrojo también?- Miró durativa el carro de la compra.
No negaba que le daba miedo, terror, pánico también, y que cada vez que le recordaba se sentía mal por hacerle recordar aquello que intentaba olvidar. Prefería no tener que volver a verlo para ahorrarse sentir todas esas cosas. Pero era amigo de los otros por otro lado. No lo dejarían abandonado esa noche, ¿no?
Dio medía vuelta por el pasillo y fue de nuevo a la sección de carne de los frigoríficos.
Haría comida para él también por si acaso iba, y si no aparecía con ellos en su casa, pues bueno, congelaría su parte y ya se la comería ella misma en otra ocasión cuando no tuviera ganas de cocinar. No pasaba nada.
-¿Será poca cantidad la que llevo? –Apretó indecisa el mango del carro.
Recordaba la graciosa discusión que tuvieron los tres aquella noche cuando la ayudaron a llevar la pintura por el pozo sin fondo que tenía Naruto en lugar de estomago según Kiba.
Le preocupaba hacer poca comida y que por eso mismo ellos se quedarán con hambre. Eso sería ser una malísima anfitriona con sus invitados. Sobre todo cuando estos la trataron tan bien aquella vez.
No lo dudó por más tiempo, dobló toda la comida que tenía en el carro. En lugar de hacer comida para cinco personas lo haría para diez.
Decidida y con el cuerpo tiritando levemente por estar tanto tiempo en la zona de congelados, se dispuso a ir a la caja registradora para pagar por sus compras e ir cuanto antes a su hogar para empezar a hacer de comer y asear la casa a pesar de estar ya limpia.
Nuevamente tuvo que llevar cosas en una bolsa aparte porque no cabían en su carrito.
Es lo que tiene comprar más cosas de las que tenía pensada. Por eso era un peligro ir a comprar, terminas echando cosas en el carro que no tenía planeado llevarte.
De haber podido se habría dado su tiempo para disfrutar del camino de regreso como le gustaba. Sentir el aire en su cara al caminar, escuchar las risas de los niños en el parque al jugar, las luces de colores adornando toda cuidad. Pero no ese día, no cuando tenía tantas cosas por hacer antes de que llegara la noche.
Aunque eso no quitaba la mala cara que poseía al ver el gran pellizco que le había costado toda la compra.
No es que tuviera problemas financieros, su madre, a pesar de que había huido de su casa y familia sin motivos que ella conociera, le había dejado a ella antes de marcharse una increíble suma de dinero en herencia que nadie podría quitarle.
Ni siquiera su padre a pesar de que lo intentó con más de un buen abogado.
Le consolaba saber que su madre no huyó por no quererla como hija. Ese dinero mostraba que si lo hacía, que la quería y se preocupaba por ella. Y por eso, a pesar de no conocerla ni recordarla los dos años que estuvo a su lado, tenía en su pecho ese sentimiento de afecto y cariño que dar a su madre donde quiera que estuviera.
Pero no quería vivir de esa herencia a la cual pensaba como había conseguido su madre, podría usar ese dinero, pero quería guardarlo para cuando fuera realmente necesario. Era joven y podía trabajar. Quería hacerlo pero no sabía donde.
Además, el año que viene empezaría la universidad, no podría elegir cualquiera por su luego horario de estudiante.
Suspiró con resignación y decaimiento.
Tendría que hacerse un curriculum y dejarlo en sitios donde buscaran personal, pero para eso necesitaba saber recorrer la ciudad para buscar lugares. Se conformaría por ahora con ojear las propuestas del periódico.
Saludó con un asentimiento de cabeza a sus vecinos que llegaban con el coche tras ir de compras como ella y entró a su casa exhalando por haber llegado al fin.
Que envidia les tenía, ella también quería tener su coche. Su precioso coche blanco. No tendría entonces problemas con la compra si se pasaba de lo que tenía previsto comprar.
Dejando el bolso colgado del perchero junto a su pesado abrigo, se dirigió a la cocina con la intención de no salir de ella hasta terminarlo todo. Tenía que preparar una gran variedad de entremeses hasta que el plato principal terminara para poder servirlo.
Y sin olvidar también el postre. Nunca olvidarse de eso.
Con el pelo recogido en una coleta alta, las manos lavadas y los ingredientes todos puestos en orden sobre la encimera, se puso manos la obra para el banquete.
Solo tenía ocho horas para hacerlo todo.
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Si había una cosa que le gustara más a parte de pasear por la noche entre las oscuras calles de la cuidad pasando desapercibido como una simple sombra más de la Luna reflejada en el desconocimiento humano y fantasear inundado de pleno en gozo con la muerta que el representaba en su progenitor ante el fatal futuro que le cernía, era la tranquilidad.
La paz que un buen silencio o un sonido suave y arrullador proporcionaba a su cuerpo siempre alerta y tenso. La sensación de calma que relajaba sus sentidos y le hacía desconectar unos minutos de la asquerosa realidad en la que vivía para trasportarlo a un mundo que él consideraba perfecto.
Libre de pesares, de males que noche tras noche se acoplaban en su espalda dándole más peso que soportar. Fuera de miradas llenas de miedo y desconfianza de aquellos que eran los suyos. Lejos de la iniquidad de su ayer pasado cuando la ciudad aún era pueblo.
Quietud, buena y bienvenida compañera siempre que decidiera ir con él para darle compañía muda. Aunque desde hace media hora la hubieran ahuyentado despavorida.
Gruñó haciendo temblar levemente los muebles de su estancia con mal humor ante lo que sentía justamente ahora.
-¿No podéis vestiros en vuestra propia habitación?
Estaba hastiado, se hallaba cómodamente sentado sobre la cama y los mullidos cojines leyendo uno de los muchos libros que había tomado prestados de la biblioteca para entretenerse por el desvelo perdurable cuando sin previo aviso, la puerta de su cuarto se abrió estrepitosamente.
Chocando con fuerza contra la dura pared y haciendo chirriar las visagras.
Había saltado en menos de un segundo de la cama para ponerse en pose de ataque y con los colmillos alargados listo para arremeter contra quien fuera el intruso que había osado entrar sin su consentimiento en cualquier momento.
Hasta que vio que se trataba de Naruto y bajó la guardia. Un poco.
De eso hace ya un rato. Y para colmo de todo, como si no estuviera ya molesto, invitó al Uchiha e Inuzuka a entrar como si la habitación fuera la suya para que se arreglaran todos allí.
Su dormitorio no era un puto vestidor.
-No, eres el único de nosotros que tiene un espejo grande de cuerpo entero.
Naruto le respondió sentado a los pies de su cama poniéndose unos calcetines finos y negros. Y tuvo que aguantar las ganas tremendas que tenía de darle una patada y dejarlo incrustado en la pared.
-Pues compraros uno.
-¿Para qué teniendo el tuyo? –Sasuke le miró a través del espejo con una sonrisa socarrona mientras se arreglaba el pelo.
Le entrecerró los ojos con amenaza. Naruto y Sasuke estaban jugando con fuego, y el fuego quema y era peligroso para ellos.
Estaba picado aún con ellos, a uno por echarle la bronca por su trato a una hembra humana insignificante y él otro por insinuar cosas de las que ignoraba su propio subconsciente.
Kiba también a pesar de que no le había hecho nada a él, pero estaba de parte de Naruto así que por tanto estaba en contra de su lado.
-Hay más en este lugar con espejos de cuerpo entero-. Solo quería que se marcharan, que le dejaran nuevamente solo en la tranquilidad y silencio de su habitación ¿era acaso mucho pedir?
-Pero los otros preguntarían para qué, tú simplemente pasas de todo.
-Yo también puedo delataros-. Realmente podía hacerlo-. Lo sabes.
-Lo sé, pero no lo harás.
Odiaba tener que admitirlo pero tenía toda la razón. A pesar de que sabía que se estaban relacionando con una humana y eso estaba estricta y peligrosamente prohibido en su mundo, no abriría la boca porque sabía que destino les deparaba si hacía eso.
Una rápida ida a los enjutos brazos de la muerte.
-Ya esta-. Naruto se puso de pie dando una vuelta sobre si mismo con pantalones de vestir negros y un suéter de punto naranja con una camisa de cuello blanca debajo-. ¿Cómo me veo?
-Ridículo.
-Si vas a decirme eso mejor cállate.
A modo de respuesta le dio una mirada intransigente para seguidamente darle la espalda al girar sobre si mismo en el colchón.
Como deseaba que anocheciera ya de una buena vez para que se marcharan de su cuarto para ir con la humana y lo dejaran tranquilo. Sí, solo y sin compañía en un día que los seres terrenales decían ser importante pasarlo.
-Vaya, para ir de naranja he de reconocer que no pareces una calabaza. Te queda bien.
Pudo ver como Naruto se debatía entre insultarle por su burla o no decirle nada porque igualmente le había alabado.
Al final decidió callar. Por el momento al menos.
Miró al pelirrojo que seguía tumbado dándoles la espalda con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
-Aún estas a tiempo, Gaara-. Lo escuchó bufar. Otra vez.
-Por última vez, he dicho que no. No quiero ni pienso ir.
-¿Enserio quieres estar solo?
Parecía increíble que aún no captara los muchos y rotundos no que le había dicho cada vez que le había preguntado a lo largo de la semana.
Sabía que era lento de mollera algunas veces cuando no le interesaban las respuesta que se le daba, que solo escuchaba lo que le interesaba. Pero esto era ya demasiado incluso para Naruto.
-Sí, y cuanto antes mejor así que ya sabéis donde está la puerta.
-Como quieras, no seré yo quien se vaya a aburrir.
Las luces del cuarto centellearon como muestra de su creciente enojo. O se marchaba ya o lo echaba él mismo.
Y demonios, como le tentaba esa idea.
-Nos vemos luego-. Dijo cuando escucharon la sirena del edificio informando de que estaban abriendo las puertas y ventanas.
Ya anocheció.
Ni se dignó siquiera a responder al castaño con su despedida suave para calmar el ambiente. Escuchando como este suspiró resignado ante su terca actitud.
El tan buen humor de antes que tenía cuando estaba solo se esfumó en menos de lo que pudo darse cuenta con ellos tres allí metidos como si estuvieran en su propio dormitorio.
-Recordad que tenemos que acercarnos primero al super.
La voz de Naruto se fue haciendo más inaudible conforme se alejaba por el pasillo.
Una vez que la puerta se hubo cerrado cuando los tres se marcharon pudo al fin respirar tranquilo al verse libre de jaleo, de presencias no deseadas y conversaciones sobre la hembra humana.
Hasta que abrió los ojos mirando el techo y frunció sus inexistentes cejas al sentir algo húmedo en su mano.
Vio la toalla mojada de Naruto calando las mantas carmesí de su cama junto a las de los otros dos en el sillón y la cómoda.
Los muy desgraciados le habían dejado todas las cosas esparcidas por el suelo. Ropa sucia que se habían quitado para ir a ducharse, en su baño encima de todo y toallas repartidas por toda la sala. ¡Y nada era suyo!
-Los mato-. Maldijo al mismo tiempo que tomaba las cosas con deseos de hacerla harapos y se preparaba para tirar las pertenencias de los chicos a la basura sin importarle que estos pudieran molestarse luego.
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Pudo terminar toda la comida a tiempo y sin ningún tipo de ataque de ansiedad por los nervios ante tanto que hacer, y eso fue gracias a la vecina de al lado. La cual era una agradable y tranquila señora recién entrada en la tercera edad que tuvo el detalle de regalarle uno de los cuantos pascueros* que había plantado en su propia casa.
Había decidido tratarla como su nieta ante su parecido con su hija desde el primer día que llegó. Es por eso que se sentía tan cómoda, nunca supo que era el trato de una abuela hasta que conoció a esa señora.
Ahora envidia a quienes tuvieran una por el trato dulce y cariñoso que se podía llegar a recibir.
Es por eso que viéndola a punto de sufrir un ataque y quedarse calva al verle tan despeinada por el agobio, se ofreció a echarle una mano por un rato. Y aunque solo pudo cortarle las verduras y hacer un par de salsas porque también tenía que hacer su propia comida para su familia. Fue una bendición porque le quitó por lo menos una hora de trabajo.
Se lo tendría que agradecer de alguna manera. Pero sería otro día, en ese momento tenía que terminar de vestirse.
Y el susto que se había dado no se lo quitaba nadie al haber estado a punto abrirse la cabeza con el pico del sanitario por salir con tanta prisa sobre una superficie mojada y resbaladiza.
Tuvo la nota mental de nunca, jamás, volver a correr en la ducha, ni aunque fuera necesario, por riesgo a matarse de un resbalón.
Y de comprar plantillas antideslizantes para el plato de ducha.
Se puso unos pantalones vaqueros oscuros y ceñidos con un jersey de punto hecho a mano que le llevaba hasta los muslos de color blanco sobre una de cuello alto y manga larga azul marino.
Era un conjunto muy cómodo pero también bastante bonito y coqueto al ponerse unas botas altas del mismo color que los pantalones. Aunque el verdadero problema era su pelo, al ser tan corto no podía hacerse nada.
Se tuvo que aguantar con peinarse y apartarse parte del flequillo con una horquilla en forma de copo de nieve.
Cuando se vio lista, bajó, despacio, recordando que las escaleras son también peligrosas, para ir a la cocina a dar los últimos retoques al plato principal que se encontraba haciéndose a fuego lento en el horno.
Pero no pudo ni acercarse a la puerta de la cocina cuando el timbre de la entrada sonó un par de veces.
Miró a través de la mirilla para ver quien era, esperando encontrar una sonrisa brillante, unos ojos oscuros o una piel bronceada, pero solo encontró un borrón oscuro que la dejó pérdida.
Extrañada, abrió la puerta con cautela para abrir los ojos sorprendida al encontrarse de lleno con un abeto.
-¡Hola Hinata! –Naruto asomó la cabeza entre las ramas dejando su pelo lleno de hojitas-. ¿Te gusta? Lo hemos traído para ti.
-E-es muy bonito, y grande-. Dudaba de que entrara incluso por la puerta para llevarlo al salón-. ¿Po-por qué me traéis un a-abeto?
-Cuando dejamos las pinturas en tu sótano nos tomamos sin querer la licencia de observar que ninguna caja tenía un rotulo que dijera adornos de navidad. Así que nos figuramos que no tenías.
Y acertaron. No tenía nada, salvo la planta que le había dado su vecina.
Sonrió espontáneamente ante el detalle que habían tenido. Tendrían una cena de Navidad como Dios manda, con árbol y adornos.
-Oh, lo siento-. Se echó aun lado con un pequeño sonrojo-. Pasad al salón, por favor.
Entre Naruto y Kiba tumbaron el abeto y para sorpresa de Hinata, entró sin problemas. Sasuke entró después con dos cajas enormes en brazos tras tener la educación, no como los otros, de limpiarse la nieve sucia de los zapatos en el felpudo.
Se quedó por unos segundos con la puerta abierta y mirando afuera.
-¿Por qué no cierras? –Kiba la asustó al hablar tras ella mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba del perchero.
-¿Vu-vuestro amigo pe-pelirrojo no viene?
-No, Gaara no viene-. La respuesta fue concisa.
-Oh.
Esa reacción por parte de ella llamó la atención de los tres. Casi parecía algo decepcionada por la respuesta del Uchiha. Casi.
-¿Por qué lo preguntas?
-Es que pensé que tal vez vendría e hice comida.
-¿Has cocinado para él también?- Naruto no la dejó terminar cuando le preguntó asombrado y esperanzado. Ante el tímido asentimiento de cabeza de la peliazul se puso velozmente en pie de nuevo y se dirigió a la puerta que ella aún mantenía abierta-. Ahora vuelvo, no tardo.
Se marchó sin más dejándola perpleja. Cerró la puerta tranquilamente con una expresión de curiosidad.
¿Se habría dejado algo qué tendría el Sabaku? Fuera lo que fuera esperaba que llegara pronto como dijo o la comida se enfriaría de más.
Dejando pasar eso, se dirigió al salón donde encontró a Kiba sosteniendo el árbol mientras el Uchiha estaba sentado sin hacer nada en el sofá.
-¿Dónde quieres colocarlo?
-Jun-junto a la chimenea si es posible.
-Es tu casa, puedes colocarlo donde te plazca. Incluso como si quieres colocarlo en el baño.
Rió por lo bajo ante la frase de Sasuke.
La idea de tener un abeto así de grande en el baño le era sumamente graciosa, por no decir alocada, si fuera un pino ya sería la guinda del pastel.
Mientras Kiba ponía el soporte de la maceta para nivelarlo al mismo tiempo que se quejada de Sasuke por no ayudarle nada y este le mirada, se fue a la cocina a por los manteles.
Unos bonitos manteles rojos con diseños navideños en los bordes. Fue verlos y tener la necesidad que comprarlos.
Puso el cubre mantel encima de fina tela blanca igual de bonita y trajo un par de cosas como la cesta con rebanadas de pan y los cubiertos para distribuirlos.
De nuevo los nervios la invadían. Estaba ansiosa, sabía cocinar, no por nada su tío Hizashi y los cocineros de la familia le enseñaron todo lo que sabían, pero una cosa era cocinar para uno mismo que hacerlo para otros.
Esperaba que todo hubiera salido rico o se hundiría en su propia miseria por estropear la noche.
Unas pisadas fuertes, trastabilladas como si estuvieran empujando a alguien y voces algo subidas de todo la distrajeron para mirar hacía la puerta. Cuando el timbre volvió a sonar vio que el jaleo era en su parcela así que fue sin dudarlo a abrir para ver que pasaba y no molestar ni preocupar a los vecinos.
No se percató siquiera del mutismo tenso que reinó en su salón por parte del Uchiha y el Inuzuka.
Naruto entró sonriendo abiertamente y muy alegre cuando no tenía la puerta abierta del todo aún.
Si que llegó veloz, ni quince minutos tardó desde que se fue.
-Siento la tardanza, se ha resistido mucho a venir. Ha dado mucha guerra.
La pasó de largo, esta vez, limpiándose los zapatos en el felpudo para reunirse con los otros que le miraban de manera reprobatoria.
-¿Venir? – Se quedó perdida por sus palabras-. Ah.
Enmudeció cuando viró su cabeza hacía la entrada y se encontró con una persona parada en el mural de la puerta con una mirada tan intensa que la dejaron petrificada.
Gaara se encontraba frente a ella con claros signos en el cuerpo y la ropa mal colocada, de haberse resistido a ir como bien dijo Naruto, con los brazos cruzados y el cuerpo rígido.
Poseía unos ojos con un brillo de peligro inmenso que hacían despertar su alarma interna de peligro.
Y eso que la mirada no era dirigida hacía si. Tragó saliva cuando la mirada pasó de Naruto a ella de repente.
Su ceño se frunció con los ojos estrechados en dos pequeñas rendijas surcadas de negrura mientras escuchaba el cuero de su abrigo crujir al verle apretarlo con las manos fuertemente.
No sabía como interpretar eso. Ni el verle apretar la mandíbula.
-Ho-hola-. No se sorprendió al no recibir respuesta y en su lugar obtener un gruñido grave surgir de su pecho.
El aire se hizo de repente mucho más frío.
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Pascuero: Planta tradicional que se suele colocar de adorno en las casas como motivo navideño por sus grandes hojas rojas y su colorido tallo verde.
¡Ohaio! Muchas gracias a todos por los fantásticos reviews, son estupendos, ¡No! ¡Vosotros sois los estupendos! Pero como hago siempre cada vez que llego al review número 100. Tengo que dedicarle ente capitulo a la persona que dejó dicho review.
¡Gracias poison girl, eres la review 100 de este fic!
Lo he escrito en menos de dos días, así que habrá fallos a punta pala porque no tengo tiempo de corregirlos porque no estaré en casa hasta el lunes.
Así que si veis algún error que, repito, habrá muchos, por favor, no dudéis en decírmelo.
Quiero también informaros de un proyecto de verano. Es un fic Gaahina de piratas que hago compartido con AishaUchiha. Consta de dos partes. La primer es un KibaHanabi que escribe ella (ya publicado en su perfil) y la segunda parte me corresponde a mi con Gaara y Hinata.
Es un proyecto muy bonito y entretenido, pero recomiendo leer antes su historia para saber entender de qué va la mía. Si no seguramente os quedareis perdidos.
Así que os invito a leer su parte "Presa de un pirata".
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Poison girl 29: Pues mira sí, se puede comparar bien lo que siente con lo que dices.
-Gaahinaforever: Pues no, no es el padre de Gaara tampoco xD Haber que pasa x) En el sexual no todavía, por ahora solo sangre y sumisión xD No sale su nombre ni en la serie ni el cómic, pero ya tengo decidido el nombre.
No, no, no son pareja aún. Todavía no se conocen así que no te enfades con Naruto que no hizo nada malo. Y no, Sasuke no tendrá pareja, el soltero cotizado se queda xD
-Unicornia: Sí, se quien eres, con semejante seudónimo no hay confusión xD No más sucia que la mía pero bueno, es lo que hay, y eso que aún no llega lo fuerte. Ve preparándote. Estoy bien, pasé una semana y pico infernal pero ya estoy estupenda, sin contar la alergia claro. ¡Tampoco me cebes a chocolate, no me quiero poner como una mole! ¡Sayonara!
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 11de Mayo de 2014.
