Cloie se despertó con las primeras luces del alba. Casi no había podido dormir. Se le escapó una sonrisa al recordar la noche anterior y todas las veces que Remi la había despertado con besos y caricias para volver a hacerle el amor.

Había sido la noche más increíble de su vida y despertar a su lado lo hacía aún más especial. Recordó la gentileza del oso cuando se percató de que ella era virgen y depositó un tierno beso en el pecho desnudo de Remi.

Abrió los ojos y observó al hombre que yacía junto a ella en la cama. Era tan grande que los pies de Cloie apenas le llegaban a las rodillas y sus brazos robustos la rodeaban en un abrazo protector que la hacía sentir una extraña calidez en el corazón.

Los rasgos relajados del rostro de Remi mientras dormía contrastaban enormemente con la expresión dura y adusta que mantenía frente al resto de la gente, incluida su propia familia.

Justo cuando Clotho iba a acariciar su mejilla, áspera por la incipiente barba, el aire del cuarto crepitó y lo que sucedió después la dejó anonadada.

Forcis.

El dios estaba parado de brazos cruzados en el medio de la habitación mirándola con una sonrisa ladina, agitando el aire con su ira contenida. Había entrado a hurtadillas y usado tecnología humana para que nadie pudiese sentir su poder y alarmarse. Se llevó la mano a los labios indicándole a Clotho que permaneciese en silencio. Hizo un gesto con la mano instándola a levantarse de la cama y proyectó un corto pero tajante mensaje en la mente de la diosa.

"No hagas el más mínimo ruido porque si se despierta cualquier tipo de muerte que puedas imaginar será el paraíso en comparación a lo que voy a hacerle a tu amante."

Cloie tragó con fuerza y apartó el brazo que Remi tenía sobre su cintura con mucho cuidado para no despertarle. Luego destelló, ya vestida, al lado de Forcis y asintió proyectando en su mente una respuesta para el dios.

"Esto es solo entre tú y yo. Solo un cobarde dañaría a inocentes para conseguir su propósito."

El dios marino estrechó su mirada, observando a Clotho con puro odio reflejado en sus ojos. La agarró violentamente del brazo y la arrastró fuera de la habitación. Salieron del Santuario y se alejaron un poco a fin de que las otras Moiras no pudiesen sentir el poder de Forcis, que las alertaría de lo que estaba sucediendo, y luego destellaron lejos de allí.

Remi gruñó al sentir un rayo de sol dándole de lleno en los ojos. Estaba tan a gusto en la cama...

Con lo que había pasado la noche anterior se le había olvidado por completo poner el despertador. Había dormido mejor que nunca, con Clotho a su lado.

Cloie.

Era preciosa y estaba deseando ver su carita soñolienta cuando despertase entre sus brazos. Suspiró mientras abría los ojos esperando encontrarla aun dormida, con el pelo revuelto y las sábanas enredadas en su diminuto cuerpo.

Pero allí no había nadie.

El espacio que la noche anterior había ocupado Cloie estaba vacío. No había ni rastro de la diosa.

Pasó la mano por el colchón. Esperaba que aun estuviese caliente, señal de que posiblemente Clotho estuviese en el baño o en la ducha, pero las sábanas habían perdido la calidez del cuerpo de Cloie.

Ella no estaba.

Se levantó rápidamente, buscando cualquier rastro de ella en la habitación y en el baño. Pero lo único que pudo encontrar fue la ropa hecha jirones que él le había arrancado la noche anterior, cuando ella se había colado en su cuarto.

Aquello era muy extraño. ¿De verdad se había ido sin molestarse en despertarle? Había sido la primera vez de la diosa y, por lo que tenía entendido, para las mujeres ese momento era muy especial.

Respiró hondo pensando en las opciones que Clotho podría haber tomado y llegó a la conclusión de que había tres posibilidades.

Una era que ella se hubiese ido al cuarto que compartía con sus hermanas, asustada, arrepentida o avergonzada de lo que había sucedido. No era una opción agradable pero era la que prefería Remi, ya que, las otras dos opciones eran que ella se hubiese entregado a Forcis o que algo malo le hubiese sucedido.

Y con la desagradable sensación que le estaba oprimiendo el pecho, Remi sabía que algo raro estaba sucediendo. El oso apretó los puños mientras sentía cómo la ira lo carcomía por dentro. Si alguien se había atrevido a hacerle daño a Cloie, él iba a hacer que se arrepintiesen.

Se destelló encima algo de ropa y salió rápidamente al pasillo, corrió hacia la habitación que Clotho compartía con sus hermanas y llamó a la puerta insistentemente, prácticamente aporreándola.

En cuanto Lachesis abrió la puerta de la habitación, Remi la empujó fuera de su camino, entró violentamente a la habitación y se puso a buscar por todas partes a Clotho mientras Átropos le gritaba.

Pero Remi no podía oír nada excepto su propio corazón latiendo a toda velocidad y con tanta fuerza que parecía que iba a partirle el pecho. La sangre hervía en sus venas al tiempo que el oso en su interior clamaba por salir a destrozar todo lo que encontrase por el camino.

Él se giró hacia la Moira que le había abierto la puerta y entornó los ojos.

—Tu puedes ver el pasado, ¿no es así?— Remi gruñó cuando la hermana pequeña de Clotho asintió. — Pues vas a venir conmigo, ahora.

El tono autoritario de Remi asustó a Lacy y, cuando la agarró del brazo, la diosa no pudo más que seguirle hacia el cuarto que Clotho le había pedido que abriese la noche anterior.

Ella intentó zafarse entonces del agarre de Remi pero él no se lo permitió y casi la hizo caer al suelo cuando la obligó a entrar de un empujón en la habitación.

—Clotho no está— afirmó el oso después de cerrar la puerta. —Tengo el presentimiento de que algo malo ha pasado. Ella estaba aquí pero cuando desperté no había ni rastro de ella.

Lacy abrió los ojos como platos ante el descubrimiento que acababa de hacer. Su hermana tenía asuntos personales con ese oso y, a juzgar por la ropa desgarrada de Cloie que yacía en el suelo, eran asuntos muy íntimos. Sus mejillas adquirieron un color rojizo que rivalizaría con la manzana más madura.

Su hermana con un hombre. Nunca se le habría pasado por la cabeza.

¿Y si él tenía razón y estaba en peligro? Ella tampoco tenía una sensación positiva en cuanto a Cloie. Así que se concentró, tragó con fuerza y miró a Remi.

—Necesito saber cuál fue la última cosa que tocó.

Remi levantó una ceja, con un gesto socarrón, mientras le devolvía la mirada a Lachesis.

—Diría que fui yo, pero, dado que no tengo la más mínima intención de que hurgues en mi cerebro, supongo que la cama podría servir. Y, un consejo, limítate a las últimas dos horas.

Lacy se sonrojó de nuevo cuando se percató de la razón por la que Remi no quería que viese nada anterior a las últimas dos horas. Estaba claro que su hermana no se había pasado toda la noche charlando con el oso…

Ella asintió y tragó con fuerza mientras iba hacia la cama. Luego puso su mano sobre el colchón y buscó en el pasado cualquier cosa que pudiese darle una pista sobre el paradero de Cloie.

Primero la vio profundamente dormida entre los brazos del oso, lo que volvió a hacer arder sus mejillas. Pero fue lo que vio después lo que la dejó perpleja. Forcis había entrado a hurtadillas en el cuarto, después de haber descifrado el código de seguridad con un aparato especial que un humano le había vendido. El dios había mirado a su hermana y la había amenazado con hacerle daño al oso. Así que Cloie se había levantado y se había entregado a él, que se la había llevado a un lugar donde Lacy ya no podía sentirla.

Abrió los ojos y miró a Remi, con los ojos encharcados de lágrimas.

—Forcis se la ha llevado… —Susurró Lachesis entre sollozos.