Hola gente... ¿Qué tal? De momento el Disclaimer. Rowling creó estos personajes, yo les pongo en otras vivencias.

ooOoo

A Aurora le entró un ataque de pánico, chillando y dejando caer la varita al suelo, que se apagó. Él se acercó a ella y le dio una bofetada. Eso tranquilizó a la mujer, que le miró asombrada por lo que él acababa de hacer. La varita del hombre le iluminaba el rostro. Severus tenía una mirada fiera y una sonrisa aún más fiera.

-No sirve de nada asustarse- susurró él. Se puso a observar la piedra y las juntas del hueco de la entrada- Tú alúmbrame con la varita, yo me encargo.

Ella se agachó para recoger su varita, la limpió un poco e hizo lo que le ordenaba. Vio como él palpaba las juntas y estudió el resto de la sala. Cogió un puñado de arena del suelo y la dejó caer por una de las juntas. No cayó hacia abajo, sino que parecía que alguien soplaba. Se le acentuó la sonrisa.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó ella. No sabía qué sentir en ese momento. Estaba aterrorizada, pero al verle a él tan sereno, no pudo menos que sentir una fascinación increíble hacia el hombre.

-Al principio había pensado en Bombarda, pero eso podría afectar al resto de la estructura y que derrumbase encima nuestro- Aurora sintió un escalofrío. No sabía si por el miedo a morir aplastada o por el tono tranquilo de Severus- La buena noticia es que entra aire. La cámara no está perfectamente sellada- apuntó al enorme y pesado bloque de roca- Reducto- dijo con fuerza.

El bloque de piedra se volvió polvo. El hueco de la pared estaba desbloqueado. Aurora se aproximó a Severus y le besó. Ella mantuvo los ojos abiertos, pero él les cerró. Tras unos segundos, él cortó el beso de manera abrupta.

-¿Pero cómo vamos a salir de aquí? Esto es un laberinto- dijo ella mirando al suelo, un poco avergonzada.

-Muy sencillo- él permanecía inmutable. Posó su varita encima de la palma de la mano derecha y estiró el brazo- Oriéntame- dijo. La varita giró en la palma de la mano, como si fuese una brújula- Quítate el pañuelo de la cabeza y átalo a mi brazo, que quede colgando. Luego da luz.

-Lumos- dijo ella, después de hacer lo que le había mandado. Severus la cogió de la mano que tenía libre con un apretón firme, tirando de ella para que le siguiese. Andaban despacio, agachando la cabeza por los estrechos y bajos pasillos, pero él en ningún momento le soltó de la mano. Cuando llegaban a una bifurcación, él miraba cómo la varita de su mano se movía y comprobando hacia dónde se agitaba el pañuelo que tenía atado en el brazo, cuando había una corriente de aire.

-Vamos bien- dijo él en un par de ocasiones. Ella creyó reconocer algunos de los dibujos de las paredes, por donde habían pasado anteriormente.

En uno de los últimos giros, se veía una luz al final del túnel. Severus terminó el hechizo orientador, agarrando con fuerza la varita. Casi al final del trayecto, se paró. Aún tenían las manos cogidas. Ella apagó la varita con Nox. Había luz suficiente para poder verse las caras.

-¿Cómo lo has hecho?- preguntó ella- Mantenerte así, tan sereno. ¿Cómo sabías que lo ibas a conseguir?

-No lo sabía- dijo él, parecía sincero- Pero cuando has trabajado con la muerte pegada a los talones, te gusta saber que hay una salida de emergencia. Que no va a ser tu último día. Cuando ideaba los sitios donde… ya sabes… siempre iba antes a comprobarlos in situ. Buscando salidas y vías de escape, fijándome en todo.

Ella le miró abrumada. Un mortífago la había salvado la vida. Vaya Ironía.

-Tengo claustrofobia- confesó ella- de muy pequeña, Shira me encerró en un armario. Me encontró papá horas después, presa del pánico y en un mar de lágrimas. Desde ese día tengo pavor a los sitios cerrados.

- ¿Cómo no has dicho nada antes? ¿Y cómo puedes volar en avión?- preguntó él con sorna- Es mucho más rápido la desaparición…

-Principalmente, odio con todas mis fuerzas desaparecerme por mí misma, y acompañada tampoco me hace gracia, pero en fin... Por eso cojo el avión, aunque lo aguanto en trayectos cortos… Pero quedarnos encerrados aquí, es muy diferente…

-Alguien me dijo hace poco que somos un mago y una bruja bien cualificados. Que no había nada que temer- añadió él con su característico tono mordaz, pero acariciándola una mejilla suavemente, con el reverso de la mano diestra, sujetando aún la varita- Tengo miedo a las alturas- confesó él- no me gusta nada que esté en el aire. Ni volar en escoba, ni en threastal, ni aviones- añadió, con una sonrisa ladeada- pero no hay que dejarse llevar por los miedos. Hay que afrontarlos, para hacernos más fuertes.

Se volvieron a quedar mirando en silencio.

-No vuelvas a besarme- susurró él- No, si no es sincero.

-¿Sincero?- Aurora estaba extrañada, ¿qué diablos quería decir?

-Te has dejado llevar por la gratitud y el alivio del momento- explicó él, como quien explica algo a un niño pequeño. Odiaba cuando él hacía eso, como que la hubiese leído la mente- no ha sido un beso sincero. Implican demasiada carga emocional. Y recordarte que no soy tu tipo- terminó con sorna, antes de soltarla la mano, devolverle el pañuelo y salir al exterior.

Ella se quedó en el sitio. Un mortífago… ex-mortífago, templado a fuego, tímido con las chicas, un punto romántico, irónico, lógico, con buen cuerpo, ojos irrepetibles, cien sonrisas diferentes y con miedo a las alturas. Vaya combinación.

-Qué razón tenías, Rosalie- se dijo a sí misma. Cuando salió, Severus buscaba a Mohamed. No había rastro del guía. Ya empezaba a anochecer. Aurora estaba aún en shock por lo que habían pasado. Así que fue Severus quien llevó a cabo la desaparición conjunta, llegando al mismo callejón cercano al hotel. Subieron a la habitación, se asearon y bajaron a cenar. Ella comió poco. Observaba a Severus, que cenaba tranquilo y en silencio, aunque de vez en cuando fruncía el entrecejo. Centrado en sus pensamientos. Cortaba la carne en trozos de igual tamaño, alternaba cada tres bocados de carne con uno de la ensalada, bebía despacio, saboreando el vino. Metódico y estricto hasta en las comidas. Aunque se le escapó una sonrisa traviesa al probar el pastel de chocolate.

"Añade a la lista que es goloso" pensó la mujer.

-¿Tan fascinante es verme comer, Aurora?- dijo en tono mordaz. Ella agitó la cabeza.

-Sí, porque de no verte cómo lo haces, de verdad que me afianzaría en la creencia de que eres un vampiro- Él resopló, desdeñoso- Sin sangre en las venas. Tan frío y sereno. Aún me cuesta creer cómo has actuado antes…- dijo ella con vacilación.

Severus se limpió los labios con la servilleta, la posó en la mesa y cruzó los brazos. La miró en silencio por unos segundos. Parecía que estaban en una clase.

- ¿Conoces el Yin Yang?- preguntó él.

"¿Qué?" Pensó Aurora, arqueó las cejas de sorpresa por tan extraña pregunta, pero dijo en voz alta- Sí. Sybill me ha hablado de ello en numerosas ocasiones… ¿Qué hay algo malo en el bien, y algo bueno en la maldad?

-Entre otros principios y muy resumido, pero sí- asintió él con la cabeza- Algo bueno tuve que aprender de mi anterior… trabajo.

-Y ahora que estás en el bando de los buenos, eres un abusón con los alumnos- añadió ella, mordaz. Él sonrió de manera inocente.

Fueron a la habitación. Él estaba absorto en sus pensamientos. Ni se acordaba que Aurora estaba allí con él. Se quitó la camisa, la metió en una bolsa para ropa sucia que tenía en la maleta, se quitó el pantalón, que posó con cuidado en el respaldo de la butaca que él solía ocupar, cogió el pijama y fue al baño a ducharse, pasando al lado de Aurora en calzoncillos, con el ceño fruncido y murmurando. La mezcla de sudor y esa fragancia masculina que usaba alteraron los sentidos de la mujer. Ella empezó sus rituales de antes de acostarse, pero la visión de Severus la hacía flaquear. Imaginársele desnudo, con el agua cayéndole por ese torso…

-Por el amor de Merlín, Aurora. ¿Qué te pasa?- se reprendió a sí misma. Llamó a su lado práctico, mientras se ponía el camisón, cepillaba su cabello y se echaba la crema corporal. Repasó sus sentimientos. Estaba claro. Hacía casi un año que no se acostaba con nadie. Las últimas salidas a Hogsmeade en busca de acompañante fueron infructuosas, y no quería repetir con quien ya había estado, para evitar entablar lazos. Estaba haciendo con Severus lo que hacía con sus posibles conquistas: encontrar cosas que le gustasen. Cuando llegaban a diez, les creía suficientemente buenos para tener sexo. No había que acostarse con cualquiera. No en vano el amor era una de las magias más poderosas y desconocidas que existían. La última había sido una chica. Durante sus últimas vacaciones. Habían abierto una discoteca nueva en Ibiza. Ella estaba detrás de la barra, sirviendo unos cócteles deliciosos, bailando sin vergüenza con la música, agitando su larga melena rubia y con piel de porcelana. Resultó que era la dueña del local, que estaba cubriendo a una de sus trabajadoras, que se encontraba mal y no pudo acudir al trabajo. Su piso estaba justo encima de la disco. "Así los vecinos no se quejan del ruido de la música", decía entre risas. Fue su primera vez con una mujer. Le gustó la experiencia, pero seguía prefiriendo a los hombres, aunque reconocía que tener la otra posibilidad abierta no le desagradaba. Aquella chica le enseñó muchas cosas sobre su cuerpo y la sexualidad femenina. Cosas que Aurora quería probar con alguien del sexo contrario, pero no había encontrado con quién.

-Tienes mejor cara- pegó un respingo. Severus se la había acercado en silencio. Tenía el pelo húmedo, con la toalla sobre los hombros y cubriéndole la espalda, llevaba solo el pantalón de pijama puesto- ¿por qué sonreías?

No se había percatado que estaba sonriendo, con la mirada perdida, con el recuerdo de aquella chica, mientras se frotaba las manos maquinalmente.

-Por nada. Tú también te ves mejor. ¿En qué has estado pensando todo este rato?

-Que lo que nos ha pasado en la pirámide no ha sido casualidad. Alguien quiso tendernos una trampa- dijo él, tranquilamente.

-¿A nosotros?- dijo ella, asustada- ¿Quién? ¿Por qué?- una idea cruzó su mente- ¿Crees que pudo ser Mohamed?

-De momento es el principal sospechoso. Tiene que ser alguien que sabía a dónde íbamos, con tiempo para prepararlo. Puede que trabaje para alguien que tenga algo personal contra mí- ella fue a protestar- No te ofendas, aquí el más potencialmente peligroso soy yo, y tengo muchos fantasmas a mi espalda. Pero no creo que sea por esa causa. Si hubieran querido matarnos, lo hubieran hecho. Querían dejarnos encerrados. Retenernos el tiempo suficiente para que no estuviéramos en otro lugar. Aunque han sido unos chapuceros… Dejarnos con las varitas… Aficionados- negó con la cabeza. Aurora comprendió que lo decía por sus propias experiencias del pasado, la asustó un poco- Por desgracia, estabas conmigo y has sido un daño colateral- se arrodilló delante de ella, la tomó una mano y se la besó- Siento haberte puesto en peligro, Aurora. No dejo de hacerte daño- él la soltó de la mano, se levantó y fue a su lado de la cama para costarse.

Aurora agradeció estar sentada. Aunque no sabía muy bien porqué. Si por las deducciones de Severus, que la habían dejado preocupada; por cómo le había pedido perdón; o el temblor de piernas a causa del calor que notaba en cierta parte de su anatomía femenina.