CAPÍTULO 9

— Así que era cierto. Diste positivo.

Sakura sonrió, incómoda, tras la enorme almohada que abrazaba. Touya se había sentado frente a ella, con las piernas cruzadas, y se había dedicado a pasear su mirada de ella a la prueba de embarazo, y de la prueba de embarazo a ella de vuelta. Aquellas pruebas tenían ciertas posibilidades de fallar, así que quiso comprobarlo con una segunda y una tercera, haciendo prometer a su hermana que al volver se haría un chequeo para acabar de confirmarlo. No podía evitar pensar con impotencia que ahora el padre de ese niño era un psicópata a ratos que había intentado matarle. Aún no sabía cómo iba a explicárselo para que no se asustase.

— Creo que entristecí a Yukito desmayándome del susto —murmuró, bajando la mirada a sus rodillas—. No me esperaba... algo así.

— Pues no entiendo por qué —su expresión era despreocupada, como si aquel embarazo fuese lo más normal del mundo. Eso la asustó más—. Un matrimonio que se precie mantiene relaciones cada dos por tres. Y más tratándose de Yukito, que estaba que se derretía por ti.

Intentó procesar la información todo lo rápido que pudo, aunque su mente no se lo estaba poniendo fácil. Yukito. Derretía. Relaciones.

Había dicho relaciones.

— ¿Re...Relaciones? —Tartamudeó, completamente roja—. Yo no...

— Aunque no me gustaría tener esta charla contigo justo ahora —la interrumpió, mirándola lascivamente—. Quisiera que me explicases eso de que no eres mi Sakura.

— Es una... larga historia.

— Tenemos tiempo — contestó su hermano mirando su reloj—. Mañana te quedarás en casa de Marco mientras yo llevo a los chicos al Vaticano. Ayer se nos hizo tarde y no pudimos acabar de ver la Antigua Roma. —y después notó que su hermana lo miraba aterrorizada, y su expresión se suavizó un poco—. Marco fue el chico con el que hiciste tu intercambio de tres meses la primera vez que viniste aquí. Es un chico de absoluta confianza.

— Ya... veo —suspiró, contra la almohada, pensándose por dónde empezar a contarle su historia. Él no la entendería empezase por donde empezase—. Es algo raro de explicar pero... tú odiabas a Syaoran.

— Lo sigo haciendo —puso los ojos en blanco—. Ese Li es mi talón de Aquiles.

— Pero Syaoran solo quería cuidar de mí, es un buen chico. —aclaró—. Me confesó que estaba enamorado de mí y después se fue a Hong-Kong, así que no supe apenas nada de él en cuatro meses.

— ¿Enamorado de ti? ¡Ese idiota solo es capaz de enamorarse de sí mismo!—se indignó—. Todavía me sorprende que llegara a casarse con alguien por amor.

— Pero después de esos cuatro meses él volvió —lo fulminó con la mirada, por haberla interrumpido. Él solo se cruzó de brazos—. Una nueva Carta de Clow estaba haciendo desaparecer la cuidad y sus habitantes: la carta vacío.

— ¿Y qué pasó cuando os volvisteis a ver?

— La carta os hizo desaparecer a todos, así que intentamos atraparla. Tenía la fuerza suficiente como para arrebatarme las cartas que ya había capturado y firmado con mi nombre. Y entonces Syaoran usó casi toda su magia intentando acabar con ella, pero igualmente lo hizo desaparecer también.

— Me hubiese gustado verlo — sonrió, con cierto placer brillando en los ojos—. Un mundo sin Li sin duda sería...

— Así que me tocó enfrentarme a mi sola contra ella. —lo interrumpió, molesta—. Eriol me había dicho que para capturarla debía sacrificar el sentimiento más importante para mí, pero yo aún no había conseguido confesarle a Syaoran que él también... me gustaba mucho.

— ¿Y?

— Apareció al otro lado del socavón que había hecho esa carta en las escaleras de la torre en la que estábamos, y me dijo un poco débil que por suerte aún le quedaba un poco de magia, y que se alegraba de llegar a tiempo. Me prometió que aunque el amor dejara de existir él igualmente me seguiría.

Touya se sorprendió al ver en los ojos de su hermana el brillo de nuevas lágrimas, y trató de tranquilizarla agarrando sus manos. Por algún motivo recordar eso le dolía en el alma.

— ¿Y entonces?

— Sellé de nuevo la carta Vacío y... acabé confesándole mis sentimientos a Syaoran. Y frente a mi apareció la carta Esperanza ya convertida en una carta Sakura. La carta Vacío se había unido a la que creé yo misma a partir de mis sentimientos hacia Syaoran.

— Pero para ese entonces el amor había desaparecido de todos los corazones, ¿no es así?

— Al parecer no —sonrió, entre lágrimas—. Él dijo que también me amaba y quise correr a abrazarlo, pero nos separaba un agujero, ¿recuerdas?

—Uhm... sí.

— Aunque salté igualmente —se rió—. Y eso es lo último que recuerdo. Caer en sus brazos con una estúpida sonrisa en la cara.

— ¿Lo... último que recuerdas?

— Sí. De repente desperté en una habitación muy blanca, y desnuda bajo las sábanas. Yukito me había despertado con un beso.

Touya alzó una ceja, visiblemente sorprendido: — ¿Qué edad tenías entonces?

— Catorce.

— ¡Catorce! —Casi se le atragantó la palabra—. Y estaba yo hablándote de relaciones...

— Por eso necesitaba encontrar a Syaoran, creía que a él le había pasado lo mismo que a mí y que se había despertado en algún sitio solo, o... con alguien que no conocía, no lo sé.

— Y no fue así —intuyó.

— No quiso ni mirarme—recordó, desviando su mirada a un lado—. Dijo que solo me vigilaba por si mi magia empezaba a fortalecerse, que era una niña tonta y torpe y que no quería saber nada de mi estúpida vida.

— Y tu Syaoran nunca diría eso, claro.

— ¡Claro que no! —Sus orejas estaban rojas—. Syaoran jamás me diría algo así...Él es bueno y amable conmigo, y siempre me hablaba con una gran sonrisa...

— Entonces es que a él no le pasó lo mismo que a ti.

— Eso creí yo —admitió, acariciando sus manos con las yemas de sus dedos—. Pero cuando dijiste que Yukito estaba siendo controlado por alguien, pensé...

— Pensaste que Li solo estaba controlado por alguien que le hiciera decir esas cosas—terminó.

— Eso mismo.

— ¿Y el plan ahora es...?

— No… no lo sé. Creí que tú lo sabrías.

— ¿Yo? —definitivamente, aquello no se lo esperaba— ¿Qué podría saber yo, si apenas hace un par de horas creía que mi mejor amigo de siempre había estado fingiendo dos años y medio?

Sakura se encogió de hombros, y dejó caer como si tal cosa que Eriol podía saber más cosas que ella misma o el propio Syaoran, porque su poder era mucho más grande que el suyo, y Touya entendió entonces por qué tenía ese empeño en acompañarles. Al parecer ese pequeño mago Clow solo quería cuidar de ella. Y protegerla de alguien que debía conocer muy bien. Más les valía tenerle cerca.


"Sakura..."

Sakura miró al frente. Un herido Syaoran parpadeaba con un solo ojo, apoyándose en la empuñadura de su jian para mantenerse de pie. Los brazos que la rodeaban eran los de Touya, que por alguna razón le daban una sensación de impotencia enorme. Una risa siniestra rompió el silencio. Yukito se estaba levantando como si no tuviese huesos en el cuerpo, y estaba empezando a caminar en dirección al castaño con una katana en la mano. Una chica de cabello negro y muy largo se puso frente a él, decidida a protegerle. Aquella mirada le sonaba. Debía tener la edad de su hermano.

"¡Tú no quieres hacer eso, Tsukishiro, no le escuches!" le gritó, con la voz rota "ni siquiera te ha dado la oportunidad de amar a quien tú quieres, deberías odiarle..."

"¡Claro que debería odiar a alguien, pero es a él!" lloraba, arrastrando su katana, como si le pesara demasiado "Ese Li siempre poniéndose por medio... ¡Yo ya era feliz antes de que él apareciera!"

Touya se separó de ella, corriendo hacia su amigo para acabar tirándose contra él. Lo que no previó fue cómo él había conseguido alzar su katana y apuntar con ella a la chica segundos antes.

Ésta se clavó en el suelo, entre sus costillas.

"¡Ron!"

La habitación estaba oscura. Había alguien al fondo respirando escandalosamente, y las ventanas apenas dejaban pasar la luz de la luna. En el reloj de la mesita de noche se marcaban las tres y veinte, en color azul eléctrico. Recordó entonces donde se encontraba: su hermano había sacado todas cosas de la que había sido su habitación la noche anterior, y sin darle explicaciones a Yukito, había tirado de la muñeca de la chica y había salido de allí cerrando de un portazo. Lo último que recordaba era la imagen de su hermano acomodándose en el sofá del fondo de la habitación y deseándole buenas noches.

Una gota de sudor frio recorrió su sien. Si aquello había sido un sueño premonitorio no querría tener que vivirlo otra vez. Había sido horrible.

— ¿Sakura? Sakura… dime algo, por favor…

Su hermano la estaba sacudiendo. Se había quedado estática en mitad de la cama, seguramente llorando, y hablando en sueños. Aún seguía frente a ella la imagen de Yukito corrompido por el odio, y a Syaoran completamente magullado. Esto le recordaba demasiado a los sueños premonitorios que tenía cuando le tocó transformar todas las cartas. Tal vez lo provocase la misma magia de entonces. Eso solo podía significar una cosa.

Eriol sabía más de lo que le había estado contando.

— Algo —trató de sonreír, pero no funcionó. Eso asustó aún más a su hermano—. Estoy bien, hermanito, solo fue una pesadilla.

— Me asustan tus pesadillas. Dices cosas muy raras…

La chica se incorporó con cuidado, sin llegar a estar libre de sus brazos. Touya lucía pálido, a pesar de que la luz de su mesita era amarilla y añeja. Se preocupaba demasiado por ella en ocasiones, en su opinión.

— ¿Cómo cuáles?

— Estabas llamando… a Ron —intentó articular, con cuidado de no asustarme. Al parecer conocía a la chica del sueño.

— ¿La conoces?

— ¿A Ron? ¡Claro! Es una de nuestras alumnas…

Alumna…

Ya.

Claro.

"Alumna"

— ¿Alumna? ¿Cómo puede ser una alumna si debía tener tu edad?

Touya abrió mucho los ojos.

— ¿Mi edad? Creo que te estás confundiendo de persona…

— Tenía el pelo negro y muy largo —recordó—. Y estaba hablando de… alguien que tenía la culpa de todo esto. Ni siquiera fui yo quien gritaba Ron en el sueño. Salió… solo.

— ¿Qué?

Sí, bueno, ella era consciente de que sonaba como una verdadera loca. Pero algo le decía que Touya ya sospechaba de ella antes que Sakura. Había actuado como sí… no le sorprendiese del todo.

— Cuando me giré y agarré a Yukito del cuello ella ni siquiera se inmutó. Como si se lo esperara—le explicó—. Aunque nunca hubiese imaginado que ella tuviese algo que ver, no era... —y su rostro cambió, de desconcierto a ira, pasando por el terror— … alguien de quien pudiera… desconfiar.


Spinel abrió la ventana corrediza con cuidado, y Syaoran saltó dentro con Meilin en sus brazos, muerta de frío. Tenía una habitación bastante más pequeña que la del resto, pero aun así era suficiente para una criatura que nunca había tenido habitación propia. Tal vez con otra forma aquella cama podría haber sido mucho más grande, pero tampoco importaba demasiado. Lo que sí era un problema era ofrecerles un lugar donde sentarse. Aunque Syaoran no esperó demasiado. Arrastró su maleta al suelo y puso a su prima sobre la colcha de lana de colores, y se metió los dedos en los bolsillos. Lo de sentarse le daba completamente igual.

— No sabía que eras un desastre haciendo maletas — apunto el chico, mirándola de lejos. Esta había caído abierta sin querer—. Si ahí traes tantas chocolatinas… ¿Dónde has guardado tu ropa?

Spinel parpadeó. No sabía que un humano necesitara tanta ropa para solo cuatro días.

Se giró, y abrió el armario, dejando ver un par de pantalones con sus camisetas y chaquetas correspondientes. Y Syaoran se relajó.

— En fin, haz lo que quieras —tomó asiento junto a Meilin—. Imagino que ya sabrás lo que pasó hoy.

— Yo lo sé todo, joven Li —sonrió Spinel, haciendo sitio a los pies de su cama para quedar a su altura; Syaoran puso los ojos en blanco un segundo—. Incluso pude ayudar algo más a Sakura. Ese alguien puede intervenir en lo que digamos, pero no en la magia que creemos.

— ¿Qué? No te he entendido demasiado bien…

— A ver: Si no has olvidado quien eres es porque tu magia te protege. Aunque ha creado todo este mundo a partir de la nada, y puede moverlo a su antojo. Tsukishiro atacó hoy al hermano de la pequeña cazadora de cartas.

Syaoran boqueó, sin decir nada realmente. Aquello lo había tomado totalmente por sorpresa.

— Ya te dije que el guardián Yue no puede controlar a su forma adoptada. Así que ese chico está al antojo de los hilos que mueva ese mago.

— ¿Y entonces cómo…?

— ¿Cómo ayudé a Sakura? —preguntó, quitándole las palabra de la boca. El chico solo asintió—. Sencillo. Con un sueño premonitorio.

— Como cuando me conoció — reflexionó—. Y cuando te conoció a ti, y el juicio final. Todos esos sueños los creaste tú.

— Así es.

— Pero entonces… tú sabes… lo que va a pasar.

— Algo así, sí.

— ¿Lo ves, Syaoran? Está riéndose de nosotros — se indignó Meilin, cruzándose de brazos—. Sabía todo desde el principio y ni siquiera se molesta en ayudarnos.

— Eso no es del todo cierto — sonrió la criatura, entornando los ojos—. Era mi misión no separarme de Sakura, y estoy ahora mismo con vosotros. Creo que eso ya es una gran ayuda por mi parte.

— ¡Oh, sí, perdona! —alzó los brazos, exagerando sus disculpas. Syaoran solo mordió su labio inferior, negando con la cabeza—. Usted perdone, es una suerte y un honor que le robemos su tiempo.

— ¡No hablaba de eso! —Su actitud parecía divertirle, más que ofenderle—. Digo que ya sé cuál es la solución a todos nuestros problemas. Pero no puedo decirla así como así. Él lo escucha todo.

— ¿Y entonces…?

— En tus sueños, Li —no le dejó terminar—. Nos veremos en tus sueños esta noche. Es el único lugar en el que él no puede entrar.