CAPITULO 9: La compasion de las serpientes.

Hermione no tenia muy claro por que Draco la habia llevado hasta aquel hospital Geriatrico donde habian hecho las pruebas de las muglelimpiadas. Ni que habia estado cargando en la pesada mochila que habian llevado. Ni aun menos, por que el rubio le habia pedido que esperara fuera.

La castaña se habia quedado esperando sentada en un banco, durante casi dos horas. Luego, vio su prometido salir por la puerta principal. Cabizbajo, y con los ojos enrojecidos.

-vamonos...-dijo simplemente el.

-Pero que ha pasado ahi dentro?- Hermione lo cogio de la mano pero el se escurrio alejandose de ella un poco, con la cabeza aun mas baja, y el pelo tapandole los ojos. Pero se le notaba en la voz cascada que habia algo que no iba bien.

-Luego te lo cuento, ahora vamonos, Porfavor...

El nunca pedia nada por favor. Debia ser grave. Hermione solo asintio con la cabeza y se alejaron de alli lo suficiente como para desaparecerse y volver a casa.

Una vez en la mansion, Hermione lo obligo a mirarlo a la cara.

-Que ha pasado, Draco?

-He cumplido una promesa...-Draco sonrio. Con dolor y amargura, pero con la satisfaccion de quien ha pagado una deuda, de quien se ha quitado un peso de encima. Y entonces, Hermione vio como una unica lagrima le rodaba a Draco por la mejilla, dejando un reguero humedo en su descenso hacia los abismos.

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Los medicos no podian comprenderlo. No estaba despierta. No estaba dormida. No estaba en coma. No estaba vegetal. Sencillamente, estaba tumbada en su cama. Al borde de la incisciencia. No del todo aquí...pero no del todo muerta.

Era algo que no lograban entender. Pero ahi estaba. La señora Esther Ashmar...con sus increibles

ojos violeta abiertos, tumbada en la cama, mirando al techo, sonriendo. En un estado mas alla de lo explicable por la ciencia.

Sus constantes eran estables. Su pulso suave y firme para lo que daba de si su gastado corazon. Su tension buena, sus respiraciones dentro de lo normal...Todo estaba correcto. Y sin embargo...sin embargo ella no respondia a ningun estimulo.

Quizas, si la ciencia medica lo permitiera, y los medicos hubieran podido ver lo que sucedia dentro de la cabeza de la sra Ashmar, no estarian tan preocupados.

Si los doctores que la atendian hubieran visto al joven rubio con el pensadero que habia estado unas horas antes alli con ella, habrian muchas preguntas que no se harian.

Esther Asmhar no habia sabido por que aquel chico con nombre como de estrella le habia pedido que pensara en cosas dolorosas de su pasado. Ni que habia hecho con aquel palito en su frente...pero las luces plateadas y brillantes que habia sacado de su sien eran preciosas.

La vieja dama no sabia que habian en los tarros que el chico joven y guapo habia sacado de la mochila,...y que era el extraño te que le habia preparado...ni por que habia metido las luces bonitas que eran como humo brillante de la tinaja de piedra en el te. Ni por que se lo habia dado a beber.

Pero lo cierto es que habia sabido bien.

Lo que los medicos no sabian, es que en la deshilachada mente de la Sra Ashmar, que se consumia por la enfermedad del olvido, la anciana dama vivia, una y otra vez, la noche del baile con Ernest Newport...y lo veia. Bailar, cogerla de la mano, salvarle la vida...volvar abrazada a el sobre una gargola...y revivia, una y otra vez, los dias que el habia aparecido en su puerta para cortegarla...mientras la guerra se desataba en Gran Bretaña, y Esther, siendo aun joven, encontraba su propia version del paraiso.

Esther soñaba, con la nitidez del primer dia, los momentos mas felices de su vida. Y eran recuerdos que Draco habia reforzado con magia. Eran instantes que ni siquiera el Alzheimer podria quitarle a la mujer de ojos violeta. Pero el rubio tambien la habia dormido. No habria desesperacion para Esther. Ni decadencia. Ni triste realidad...solo placidos sueños. Solo recuerdos vividos y brillantes. Solo la bendita inconsciencia de las promesas cumplidas. Por que Ernest...su Ernest...habia vuelto a por ella. Aun que fuera a manos de Draco.

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-Lo que has hecho es ilegal, lo sabes, verdad?- le regaño suavemente Hermione

-Lo se...y una crueldad...- Draco se hundio mas de hombros. No habia matado a esa mujer...pero sabia que Esther, con sus increibles ojos violeta, no volveria a despertar nunca.

-Draco...mirame.- le dijo ella con severidad, haciendo que el rubio levantara la vista con los ojos empañados por el llanto y la mirara. Hermione sonrio, y le beso las lagrimas- Nunca habia estado tan orgullosa de ti.

El ojigris intento sonreir, pero le pudo el peso que tenia en el corazon, y se derrumbo llorando en el pecho de Hermione mientras ella lo abrazaba. No intento consolarlo. Sabia que no habia consuelo posible. Era mejor dejarle llorar todo lo que tuviera que sacarse de dentro.

Mientras Draco se reencontraba con la antigua verdad a la que todos nos enfrentamos: que ser humanos duele...y que hacer lo correcto a veces duele aun mas, lejos, muy lejos de alli, Esther Ashmar giraba dulcemente en brazos del hombre al que amaba, riendo, joven y hermosa, mientras la musica sonaba. Bailaba, o al menos soñaba que bailaba. Pero eran sueños que nadie le podria quitar. Ernest habia vuelto a ella. Lo que un dia Abraxas le habia arrebatado a esa mujer, Draco se lo habia devuelto. De un modo u otro, todas las deudas estaban saldadas.