Cambios
Un año ha pasado desde que Ciel se volvió un demonio. Ahora que está solo con Sebastián, algo le aqueja, la mirada de mayordomo es diferente desde aquel día y él, por alguna razón, no lo soporta.
Diclaimer: Kuroshitsuji no me pertenece, solo la trama de la historia.
Capitulo 9
La humedad en el ambiente volvía asfixiante esa mañana, a pesar de que el cielo cubierto completamente por las nubes grises daba la idea de frialdad. No corría más que una leve brisa que no lograba aplacar esa sensación en los pobres sirvientes, quienes por estar fuera cumpliendo con sus tareas o fumando sentían como las gruesas gotas de sudor caían por su piel. De los cinco, la que podría decirse que las tenía más fácil era Cris.
Finny y Mey-Rin no podían evitar quedarse viéndola, pues esta parecía estar absorta en el jardín, de pie, con la vista fija solo en los rosales blancos y en la fuente que perpetuamente dejaba caer el agua. Se miraron entre ellos con gesto compungido, no sabían que era lo que le sucedía pero parecía volverse más frecuente.
Desde la ventana de su estudio, Ciel también la observaba, con Sebastián a sus espaldas sirviéndole el té; parecía que ninguno sentía la pesadez en el aire o que simplemente la ignoraban. Desde la tarde anterior que aquel extraño comportamiento había comenzado repentinamente. Mientras estaba colocando la mesa para la cena, súbitamente se había detenido mientras colocaba la platería. El pelinegro se había fijado en eso, vio su mirada por el rabillo del ojo, sus pupilas se dilataron y sus ojos perdieron su brillo por lo menos durante unos 3 minutos completos.
Era como si el tiempo de ella se congelara. No había visto algo como eso antes, a pesar de su edad. Transcurridos los tres minutos, volvió a su tarea como si nada hubiese pasado. El resto de la tarde el mismo episodio se repitió tres veces más, preocupando de sobremanera a los demás y extrañando a ambos demonios.
Dejó la taza humeante sobre el escritorio mientras observaba el reflejo de su Amo en la ventana. Por su expresión pudo notar que estudiaba detenidamente a la nueva sirviente, intentando comprender que le sucedía. Conocía que el menor no podía soportar el no saber o comprender algo, pero no le agradaba el hecho de que el oji azul centrara toda su atención en la chica, desatendiendo los importantes documentos que descansaban completamente ordenados sobre el mueble, señal inequívoca que este ni siquiera los había tocado. Aunque semejante razón sonaba poco sincera aun en sus pensamientos.
-Boochan, su té está listo- anuncio con elegancia, tratando de apartar a su amo de la ventana.
-Sí- fue todo lo que recibió en respuesta, cosa que le extraño.
-Como acompañamiento prepare un postre de chocolate con relleno de fresas- corto una rebanada de dicho postre con precisión para luego depositarlo al lado del té.
-Sí- ninguna orden, ningún comentario, solo un simple monosílabo que ya estaba comenzando a cansarle.
-El gato de Cheshire señalo ambos caminos a Alicia, el del Sombrerero loco y la Liebre de Marzo, cuando esta pregunto dónde ir- decidió tomar acción ante tal comportamiento de su Amo, le recordaba aquellos días en que la duda había aparecido por primera vez en el alma de su joven amo, después de la muerte el detective Aberline.
-¿Qué?- con una ceja alzada, se volvió a verlo preguntándole con la mirada si es que se le había zafado algún tornillo o si finalmente el exceso de trabajo por causa de esos tres ya comenzaba a pasarle la cuenta a su mente.
-Disculpe, simplemente quería asegurarme de que usted me estuviera escuchando-sonrió divertido por el rostro del oji azul. El otro simplemente frunció un poco el seño, fastidiado por el "chiste" de su mayordomo.
Se sentó en su sillón antes de darle un sorbo al té, que cabe decir estaba perfecto aunque no lo admitiera ni lo elogiara, para después darle una mordida al postre. El ambiente tan pesado por el aumento de la humedad en el aire le sofocaba en parte, haciéndole recordar que si fuera humano seguramente enfrentaría en esos momentos serios problemas para respirar. Aun así, sabía que ese ambiente solo indicaba la proximidad de lluvia.
Sebastián se quedo de pie a su lado, esperando pacientemente para retirar la vajilla y volver a sus labores. No pudo evitar que sus pensamientos se desviaran hacia la chiquilla de afuera. Desde el primer momento que le vio supo que no era como el resto de los humanos, algo en sus movimientos, le parecían tieso, mecánicos, no tanto como el de ese mayordomo pelirrojo que resulto ser nada más que un muñeco.
Pocos minutos después, el pelinegro se retiro con el carrito, dejando solo al peli azul. El chico poco a poco notaba como su vista se desenfocaba, sintió los parpados como plomo, apenas y podía leer aquella petición de una cadena de que el dueño había enviado para crear una relación comercial con las empresas Funtom. Comenzó a cabecear notablemente, perdiendo la conciencia por minutos, esforzándose al máximo para no caer dormido.
No supo si fue el calor que sentía, o por el mero aburrimiento que le producía el papeleo lo que le acabo enviando directamente a los brazos de Morfeo.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba sentado en una inmensa oscuridad. Vio hacia todos lados. Preguntándose si se trataba de otra pesadilla, sin embargo, su pregunta quedo respondida cuando a su alrededor, comenzaron a aparecer cual espejismo una edificación que aunque la vio solamente una vez hubiera reconocido en cualquier lado. Se trababa de aquellas ruinas.
Esas ruinas donde Sebastián le había llevado cuando se suponía que tomaría su alma. Y hablando del Rey de Roma, este se materializo frente a él de igual manera que el lugar. Como esa vez, le faltaba el brazo izquierdo, prueba de esto era la manga vacía de su traje que colgaba elegante a un lado de su cuerpo.
-Solo un poco, intentare ser lo más gentil posibl… -escucho que le decía, exactamente como esa vez, contestando a su pregunta.
-No, hazlo tan doloroso como puedas- las palabras salieron por su propia cuenta de sus labios, no es que contradecía su propia idea, era que simplemente no había pensado en decirlas en ese momento- Marca el dolor de mi vida en mi alma.
Vio el rostro sorprendido del pelinegro. En ese momento asalto su mente la posibilidad de que él fuera el primer humano que le pedía sufrir antes de morir, cosa que extrañamente no pensó cuando eso sucedió, quizás se debiera a que estaba consciente de que era un sueño. La sorpresa fue reemplazada por una sonrisa de satisfacción.
-Yes, My Lord- se hincó ante él. Hasta el último momento cumpliendo con su papel ¿verdad?, lo vio acercarse, sintió como acariciaba su mejilla con un roce antes de quitarle suave pero rápidamente el parche de su ojo derecho, que ni él mismo supo cuando apareció. Ahora se puso a pensar ¿por qué rozo su mejilla? Eso era completamente en vano, entonces ¿por qué fue que el oji rojo lo hizo?
Vio como se relamía los labios con la mirada encendida en un rosa infierno. Gesto que no pudo pasar ´por alto, y que atrajo su atención a los labios de este, curvados en una sonrisa de satisfacción, que parecían ser suaves, cálidos, expertos a simple vista; y por primera vez se pregunto a sí mismo como se sentiría besar.
-Entonces, Boochan…- todo se volvió negro mientras lo veía acercarse lentamente.
Supuso que sería exactamente lo mismo que recordaba, que cuando la oscuridad y el silencio le atraparan en el dolor inexistente despertaría. Aun así, aun estando dispuesto a morir en ese momento, se pregunto por qué estaba tan dispuesto dejarse llevar.
En lugar de eso, sintió algo cálido posarse sobre su ojo derecho. Extrañado, abrió lentamente sus ojos después de que aquella sensación se había terminado. Vio a Sebastián, a unos pocos centímetros de su rostro con sus ojos de su típico rojo sangre y una sonrisa, aunque esta era completamente diferente a la que antes esbozaba. Esta no era la de un demonio, ni era falsa como la que siempre veía, esta era completamente sincera, y reflejaba algo que él no supo identificar ¿cariño? ¿Ternura, acaso? Era simplemente extraño ver esa expresión en su rostro pero al mismo tiempo parecía encajar perfectamente con él.
-¿Sebas…tián?- fue solo un susurro, quería preguntarle que sucedía, que es lo que había sucedido y por qué le observaba así.
El pelinegro se mantuvo en silencio. Volvió a acercarse lentamente a él, de una manera que le hacía querer gritarle que lo que quisiera hacer, lo hiciera y ya. Aun así, no supo darse cuenta del momento en que este había unido sus labios con los suyos en un beso que no superaba un roce. Abrió enormemente los ojos, no creyendo lo que estaba sucediendo en ese momento. Sebastián lo estaba besando.
¡Sebastián lo estaba besando!
¡¿Cómo puede ser eso posible?!
Quería apartarlo, gritarle que si estaba loco, darle una de sus acostumbradas bofetadas a falta de experiencia en combate. Pero nada de eso sucedió, en cambio, con cada segundo que se prolongaba el contacto, Ciel comenzaba a relajar sus hombros, los cuales se había tensado al sentir el beso. De a poco se dejo llevar por tal cálido contacto, entrecerrando los ojos y aferrándose a la solapa del traje negro del mayor.
Para su sorpresa, aquello le estaba gustando. Era hipnotizante el aroma del pelinegro y embriagador era el tacto de sus labios con los suyos. Cuando ya estaba dispuesto a dejarse ir completamente el ojirojo se separo de él, volviendo a sonreírle de la misma manera. Molesto frunció levemente el seño e hizo un puchero que provocó una risilla de parte del mayordomo, el cual le beso la frente dulcemente.
-Boochan- le oyó susurrar, lo miro esperando a que continuara pero este no separo sus labios de la sonrisa- Boochan
Pronto todo comenzó a verse borroso. Lo último que pudo ver fueron los ojos carmines del pelinegro viéndole con cariño.
Abrió lentamente los ojos, notando primeramente que se encontraba acostado sobre su escritorio, utilizando sus brazos como almohadas, lo que le siguió a eso fue el rostro pelinegro a escasos centímetros de él. Acaso ¿continuaba soñando? Medio dormido, dirigió su vista a los ojos de Sebastián, dándose cuenta de que este no le dirigía la misma mirada que antes sino que esta vez le veía con gracia y una sonrisa divertida. No, definitivamente, ese era el verdadero Sebastián.
-Boochan, aun no es una hora propicia para dormir-mientras este enderezaba su postura, él se volvía a sentar en su silla. Bien, que se lo dijera con esa maldita sonrisa burlona, ya le había puesto de mal humor.
-Cállate- se restregó los ojos, intentando apartar el poco sopor que le quedaba. Realmente prefería al pelinegro del sueño al real… fue entonces que se dio cuenta: ¡Había soñado con Sebastián! Y no solo eso ¡Había soñado que él lo besaba!
Un casi imperceptible rubor cubrió sus mejillas, cosa que no paso desapercibido por el mayor. ¿Es que, acaso, se estaba volviendo loco? Soñar con semejante… ultraje. Y aun peor, que le hubiera gustado, era inaceptable, una total locura. Sabiendo que el mismo personaje que le provocaba semejante vergüenza estaba parado a su lado no le permitió gesticular tanto como hubiera deseado. Solo quería que se lo trague la tierra; ¿Podría ser que el ambiente tan pesado o un exceso de trabajo le estaban alterando la mente hasta tal punto? Miro disimuladamente al otro mientras llevaba su mano a su frente, sintiendo como una jaqueca amenazaba con aparecer, vio sus ojos rojos como rubíes, su cabello negro cayendo sobre su piel casi tan blanca como la suya. Inmediatamente bajo la vista hasta sus labios, se veían sumamente tentadores y no pudo evitar recordar su sueño, se pregunto si es que los verdaderos se sentirían tan bien como en su sueño. Al darse cuenta de que pensaba se dio una bofetada mental.
Definitivamente, debía tomarse unos días de descanso para buscarse un psicólogo.
El mayor simplemente observaba a su amo desde su lugar con extrañeza. Hacía apenas unos minutos había entrado al estudio a entregar unos documentos sobre el presupuesto que había llegado recién esa mañana encontrándose con que el Joven Amo dormía plácidamente sobre el escritorio. Había soltado un suspiro por lo bajo, mientras se acercaba silenciosamente al chico quedando a su lado detrás del escritorio.
-Sebastián- oyó su nombre tenuemente, tanto que hubiere jurado que fue su imaginación.
Bajo la vista al rostro tranquilo de Ciel, buscando saber si era él quien lo había llamado. Con la expresión tranquila, casi inocente, sus labios relajados y apenas separados. Le era imposible separar su vista de esa imagen que en los últimos días se había convertido en su mayor deseo ¿Desde cuándo exactamente? No estaba seguro si fue aquella noche en la que el contrato fue roto o si fue la noche en que se quedo dormido con él en su cama, disfrutando para su propia sorpresa el cálido contacto del pequeño dormido en sus brazos. ¿Quién pensaría que la temperatura del chico pudiera ser naturalmente tan alta?
-Sebastián- ahora si estaba seguro de que el susurro había nacido de los labios del "bello durmiente". Volvió a centrar su atención en este, notando un leve sonrojo en sus mejillas. Estaba soñando con su persona, definitivamente y por como lo llamaba junto con el carmín de sus mejillas se daba una idea sobre que podría tratar. Sin saber que sus ideas no estaban muy lejos de la realidad, pero si un poco subidas de tono pero que podía esperarse de un demonio al fin y al cabo.
Luego de despertarlo, para su propio pesar, pues debía cumplir con su deber como mayordomo estuvo atento a todos y cada uno de los movimientos, silencios, sonrojos y evasivas de este. Los cuales le daban la satisfacción de saberse correcto en cuanto a su suposición. Siguió cada minúsculo movimiento hasta que el peli azul llevo su mano a su frente, apenas unos segundos atrás, en señal que intentaba evitar un dolor de cabeza naciente.
Ahora podía sentir como los ojos tan azules como el mar se clavaban silenciosamente en su persona, más concretamente en su rostro. Percibía como era estudiado atentamente por la mirada profunda como el abismo, sabía que fuere lo que fuere o que en esos momentos atravesaba la mente de su Joven Amo tenía que ver con el sueño. Y no pensaba dejar escapar esa oportunidad de burlarse del joven.
Estaba a punto de decir algo, simplemente para ver las avergonzadas reacciones del menor cuando un grito desgarrador llego hasta ellos. Ambos voltearon a la ventana. Había provenido de los bosques y por cómo se escucho no significaba nada bueno.
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Mientras el joven conde comenzaba a caer en el sueño dentro de su estudio, afuera, el resto de los sirvientes regresaba a sus tareas tranquilamente. Mey-Rin entro a barrer los pasillos, Bard fue a la cocina y Finny llevaba en sus brazos, por pedido de la peli bordo, algunos manteles y sabanas ya secos. Detrás de este caminaba Cris, cargando una cesta con algunas servilletas blancas, y su mirada clavada en el suelo frente a ella.
Sabía que era lo que le pasaba, como también que estaba preocupando a los demás. Mil y un veces había analizado los beneficios y consecuencias de informarles sobre lo "eso", pero siempre los mismos miedos, las misma posibles reacciones de parte de los demás. Su mirada se volvió imperceptiblemente triste.
Alzo sus ojos hasta abarcar tanto como pudo con la mirada aquella elegante mansión. No debía acostumbrarse a ello, la costumbre y el apego se volverían los objetos de su perdición; tan solo tenía que esperar el tiempo suficiente, hasta que las aguas de aquella tormentosa marea que era su vida se tranquilizaran y recién entonces… regresaría por "esa persona". A su mente acudió la imagen de una sonrisa sincera, su mirada y el la seguridad con la que sus ojos la vieron, su voz diciéndole que todo iba a estar bien.
-Cris-chan- Mey-Rin le saco de sus pensamientos. Esta estaba para frente a la puerta abierta de la cocina, en sus manos sujetaba la escoba. Seguramente apenas y lo había tomado- ¿Sucede algo?
-…- decirlo o guardárselo para sí. Dos opciones, dos caminos que seguir los cuales al elegir ya no abría una vuelta atrás.
En el momento en que separaba sus labios para contestarle una ráfaga de viento salió de la nada, azotando a ambas jóvenes sin piedad y provocando que una de las piezas de mantelería que la peli verde llevaba saliera volando hacia la arboleda. Al ver esto, bajo inmediatamente el cesto y salió detrás de ella, ignorando completamente la llamada de la peli bordo.
Siguió al blanco trozo de tela hasta que se poso suavemente sobre el césped. Al detenerse a recogerlo noto cuán lejos había llegado debido a la fuerza del viento: estaba a más de 500 metros de la lindera del jardín y el bosque, realmente alejada de la mansión. Guardo la servilleta dentro del bolsillo de su delantal junto con el reloj.
Un silencio pesado se instalo a su alrededor. No se oía ni el canto de los pájaros ni el ruido de las hojas moviéndose por el viento, lo cual, ahora que lo analizaba era completamente inconcorde con el viento que hace unos minutos la llevo hasta ese lugar. No sabía de ningún fenómeno climatológico que involucrara ráfagas que nacieran de la nada y desaparecieran en cuestión de segundos. Era algo simplemente ilógico.
Un ruido cortó el silencio. El sonido de una rama al romperse cediendo bajo el peso de alguna criatura provino de detrás de ella, calculo que debía estar a ten solo unos metros, pero por más que intento localizar al culpable pero la sombras de los arboles, sumado a la espesura del follaje no le permitía distinguir con facilidad. Se coloco en una posición defensiva, suponía que no era un mero animal que iba de paso por allí. Cerró sus ojos, enfocando toda su atención en los sonidos.
Escucho atentamente a su alrededor, pudo oír la respiración agitada de más de un ser, de igual forma que escucho pisadas, más de un individuo, pero un sonido se distinguió entre aquellos. Un ruido que ella conocía tan bien como su nombre, proveniente de uno de los pocos objetos que podían causar un escalofrió que recorría en esos momentos su espalda. Mantuvo los ojos cerrado y respiro profundamente, no debía dejar que el miedo se apoderara de ella. De entre los árboles se mostraron alrededor de veinte personas, hombres todos.
Era malo, sabía defenderse pero dudaba poder con todos y lo peor es que no sabía cuál era el que tenía en su poder "ese" aparato. Debía ser cuidadosa.
Dos de ellos se acercaron por el frente intentando agarrarla por los brazos. Un giro sobre su propio eje, y dos patadas enviaron a ambos contra los arboles en segundos. La siguiente vez fueron cuatro, se habían dado cuenta que no sería tan sencillo como en un principio suponían. Le costó un esfuerzo mayor pero acabaron de igual forma que sus compañeros. Inmediatamente comenzaron a atacar en masa, esquivaba tantos como podía y más de uno terminaba en el suelo por uno de sus golpes.
En unos minutos el número de enemigos fue reducido a la mitad, pero en un descuido al esquivar un golpe por la espalda, uno de ellos logro asestarle un puñetazo al estomago que le quito el aliento por un segundo y obligándole a abrir sus ojos por reflejo. A pesar de que se recupero rápidamente no logro volver a concentrarse como al principio. Bajo la guardia. Les dio la oportunidad que ellos buscaban.
No supo cuando fue que uno de ellos salió de su rango visual, ni cuando este se le acerco por la espalda. Solo lo supo cuando el frio metal toco su cuello por detrás y el sonido del cerrojo bajo su mandíbula fue lo único que escucho antes de que una poderosa corriente eléctrica le recorriera todo el cuerpo.
Era doloroso y paralizante pero no estaba dispuesta a dejarse llevar devuelta a aquel lugar donde la oscuridad, la depravación y la locura acechaban a quienes tuvieran la desgracia de entrar. Resistiendo el dolor se doblo sobre su abdomen e intento tirar de aquel aparato infernal pero al jalar de este, lo único que sucedió fue que la corriente se hizo más poderosa.
Sentía como quemaba cada célula de su cuerpo gritaba en agonía y, como en el canto conjunto de un coro, de su garganta un grito desesperado de agonía salió y desgarro el silencio del bosque, espantando a algunas aves, quienes habían sido testigos silenciosas de su enfrentamiento.
Un leve lagrima escapo de sus ojos mientras caía sobre su espalda. Vio la silueta de un pájaro volando por encima suyo antes de que todo se volviera negro. La pelea había terminado.
De las sombras una figura imponente apareció. Tomo a la inconsciente chica entre sus brazos, antes de girarse a ver a los sujetos que el tenia bajo su mando. Algunos estaban despertando de la inconsciencia, otros se mantenían de pie con cierta dificultad, unos pocos salieron con pocos golpes y otros más seguían en el suelo sin despertar.
Comenzó a alejarse de allí antes de hablar con voz potente.
-Ya saben que hacer- no se dirigió a nadie en especifico pero todos entendieron el mensaje. No podía dejarse ningún cabo suelto.
Su Jefe, así lo había dejado claro.
