Capítulo 9
Sasuke empujó a Sakura detrás de él. Otro toque, —cálido, piel satinada, perfecta—y anheló deleitarse en ella. No lo hizo, no podía. Había consentido en venir con ella para salvar el reino humano, sí, pero también para mantenerla a salvo. No porque fuera una diosa, ni por que fuese la cosa más hermosa que incluso había contemplado, si no por qué, en este simple día, ella le había hecho sentirse igual que un hombre. No una bestia.
—Recuerda que juré no dejar que te hiciesen ningún daño. —dijo él.
Un minuto, quizás dos, y la criatura los alcanzaría. Rápido como era, había una gran distancia para cubrir, las calles del infierno se extendían sin fin.
—Sasuke. Quizás pueda...
—No. —
No la quería envolver en una pelea. Ella ya estaba temblando de miedo. Estaba tan asustada, de hecho, que todavía tenía sus manos descansando sobre su espalda, doble conductor de un inexorable placer. Si lo supiera, seguramente apartaría las manos de golpe.
—Lucharé contra ello. —
Si ella lo intentaba, eso alimentaría su temor, enloqueciéndolo más. Como hacían la mayoría de los seguidores, la criatura que vino a por ellos poseía una esquelética cara y un musculoso cuerpo cubierto de escamas verdes, su lengua bifurcada chasqueaba como si la sangre ya cubriera el aire. Unos brillantes ojos rojos los fulminaron con la mirada, un millar de pecados descansando donde debería tener las pupilas. Los instintos de guerrero exigían a Sasuke que se adelantara y se encontrara a mitad de camino con el bastardo. Luchando allí, como verdaderos soldados. Con todo, cada instinto masculino le exigía que se quedara dónde estaba. Poner cualquier distancia entre sí mismo y Sakura era colocarla en adicional peligro. Otro demonio podría estar al acecho, esperando la posibilidad desechársele encima.
—Es culpa mía. —dijo ella—. No importa que haya empezado a relajarme, mi temor hacia este lugar me cala hasta los huesos. Y ese miedo es igual que una baliza para ellos, ¿no?
Él eligió no responder a eso, temiendo asustarla más por reconocer la verdad de sus palabras.
—Cuando nos de alcance, quiero que corras en sentido contrario. Pégate al muro y grita por mí si ves aparecer algún otro demonio.
—No, quiero ayudarte. Yo...
—Harás como te digo. De otra manera, lo derrotaré y dejaré este lugar.
Su tono era intransigente. Ya lamentaba traerle aquí, necesitara defender o no la pared. Ella se puso rígida contra él, pero no ofreció otra protesta. Un grito de, "Mío, mío, mío," llenaba el aire. La criatura está acerándose, rápidamente... casi... allí.
Las garras de Sasuke reflexionaron cuando agarró a su oponente por el cuello. Múltiples salpicaduras le mancharon la cara, seguidas por el cálido chorro de sangre. Girando los brazos, pateando las piernas. Sólo cuando la tentación de las manos de Sakura desapareció Sasuke empezó a luchar en serio. Lanzó a la criatura al suelo y saltó sobre ella, fijando los hombros con sus rodillas. Un puñetazo, dos, tres. Este se resistió, salvaje y fiero. La saliva brillando sobre sus colmillos mientras las maldiciones erupcionaban de su huesuda boca. Otro puñetazo. Otro más. Pero los golpes fallaban en someterlo de cualquier modo.
—¿Dónde está violencia? ¿Muerte? ¿Duda? —
Le gritó. La lucha continuaba, intensificándose, el temor cobrando vida en aquellos ojos rojos. No le asustaba lo que hacía Sasuke, lo sabía, si no que le aterraba lo que sus hermanos demonios le harían si descubrían cualquier traición. Aunque Sasuke odiaba que Sakura lo viese matar—otra vez—no podía hacer nada por evitarlo. Después de todo, era lo que habían venido a hacer aquí. Él alzó las manos, extendiendo sus alargadas, puntiagudas uñas y golpeando. El veneno que cubría sus uñas era "un regalo" de Danzo para ayudarle en sus deberes y llevarlos a cabo rápidamente, sin piedad, extendiéndose a través del cuerpo de la criatura y rotando de dentro hacia fuera. Esto gritó y chilló en agonía, su lucha pronto se convirtió en un mero retorcerse. Entonces las escamas empezaron a consumirse, humeando, chisporroteando, dejando solo más de aquel feo hueso. Pero los huesos también se desintegraron. La ceniza cubrió el aire, volando en cada dirección. Sasuke se levantó sobre sus inestables piernas. Continuó dándole la espalda a Sakura durante varios minutos, aguardando, esperando—temiendo—que ella dijese algo. ¿Qué pensaría de él ahora? ¿Habría más de sus atenciones? Finalmente, la curiosidad pudo más que él y giro sobre sus talones. Ella permanecía exactamente como le había ordenado, la espalda presionada contra la pared de roca. Aquellos gloriosos rizos cayendo en cascada a su alrededor. Sus ojos estaban completamente abiertos y llenos con... ¿Admiración? Seguramente no.
—Ven a mí. —dijo ella.
