-Capítulo 9-

Primer contacto

Claus Drachenblut había sido considerado, desde bien pequeño, como la personificación de la perfección. Su cabello rubio siempre había brillado como el más puro oro. Sus enormes ojos verdes siempre habían sido comparados con preciosas esmeraldas. Su físico siempre había sido el objeto de deseo de las más distinguidas mujeres. Su familia era la más antigua y rica de todas las que formaban parte de la Torre del Reloj. Y sus poderes y habilidades mágicas siempre habían estado a la par que las de un Espíritu Divino. Incluso había invocado a la clase más poderosa de entre los siete Servants en esa Guerra del Santo Grial. Él, por supuesto, se sentía más que orgulloso de todas sus cualidades, y no dudaba en demostrárselo a seres inferiores, que siempre le alababan ya sea por admiración, respeto o temor.

El problema era que no estaba acostumbrado a estar rodeado de iguales: hechiceros con poderes similares, e incluso superiores a los suyos, y él se sentía realmente frustrado de haber pasado de ser un auténtico rey, a un simple mago más del montón entre sus supuestos aliados.

Sin embargo, lo que más le enervaba, enfurecía y frustraba era la actitud de Adrian von Einzbern. Ese "alquimista de poca monta", como él lo llamaba, se había presentado descaradamente en la Torre del Reloj, diciendo "ofrecerles su ayuda", después de que su familia les traicionara hace años. Además, había violado el tabú que había permanecido entre los magos de todo el mundo durante un siglo completo, y había invocado al Espíritu Heroico que jamás debía ser invocado. Y lo peor era que Goldsmith se lo había permitido.

A pesar de todo esto, lo peor, más insoportable y más odioso de Einzbern era que, encima, tenía el descaro de darle órdenes. Y lo que era aún peor si cabía: Claus debía tragarse su orgullo y obedecer todo lo que ese imbécil le dijera al pie de la letra.

¿Por qué? Porque él era el líder táctico de Golden Blood, ni más, ni menos.

-¿Entiendes lo que debes hacer?-le dijo el alquimista a Claus, que parecía perdido en sus pensamientos.

-Sí, sí…-respondió él con desgana.-Ir al cruce cercano a la guarida de Cyan Crown para ver como Jade Heart y Crimson Soul se destruyen mutuamente… Después, encargarme de los pocos que queden vivos después del enfrentamiento. Una victoria fácil e insatisfactoria. Eso es lo que quieres, ¿no?

Einzbern se ajustó las gafas.

-¿Fácil e insatisfactoria?-dijo.-Dime, camarada Drachenblut, ¿qué clase de victoria resulta, para ti, satisfactoria?

El rubio sonrió de medio lado al escuchar la pregunta de su "camarada".

-Abrumar al rival con tu poder, hacer que caiga de rodillas frente a ti y suplique por clemencia. Demostrarle que estás por encima, que eres superior y que es un iluso por haberte desafiado. Esa es una verdadera victoria.

Adrian suspiró con cansancio al escuchar su respuesta.

-Lo suponía… Desde luego, es una suerte que el encargado de diseñar una estrategia sea yo.-comentó con su usual frialdad, lo cual no ayudó a calmar el mal humor de Claus.

-¿A qué te refieres con eso?-preguntó molesto.

-Eso no es de tu incumbencia.-le respondió el otro, tajante.-Tú limítate a cumplir las órdenes.

-Tch.-escupió el ojiverde.-Como quieras.-dijo, para después abandonar la sala dando un portazo.

-¿No crees que estás exponiendo al joven Drachenblut a un peligro innecesario?-dijo una voz cansada desde el fondo de la estancia: se trataba de John Goldsmith.-¿Qué harás si las facciones verde y roja se alían para combatir a la Iglesia?

-Si eso ocurriera, deberá ser lo suficientemente inteligente para saber cuándo retirarse.

-¿Y si no es así?

El siempre gélido Adrian von Einzbern dudó por unos segundos.

-Un imbécil que subestima a sus enemigos no es digno de la gloria del Santo Grial…


Claus caminaba furioso por los pasillos de la gran mansión vitoriana que servía de residencia temporal de la facción amarilla. Al doblar una esquina, se cruzó con Edgar Phoenix, que iba acompañado de su Servant, Yellow Lancer.

-¡Auch!-gimió al chocar con él.-Lo siento, Claus, ¿te encuentras bien?-preguntó cortésmente.

-Sí, sí… Tranquilo…-respondió el rubio, y se dispuso a seguir caminando, pero fue detenido por las palabras de su compañero.

-¿Seguro que estás bien' Te noto algo… irritado.

Justo en el blanco.

-Ya, bueno…-dudó por un segundo, para después estallar.-¡Es ese idiota de Einzbern! ¡Por fin me envía fuera, y es para espiar a las otras facciones mientras se pelean entre ellas!

-Pero, ¿no es eso bueno, lord Drachenblut?-intervino el Servant.-Es decir, usted va a ser el primero con permiso para salir al exterior desde que esta guerra comenzó. En mi opinión, esa es una gran noticia.

-Comprendo vuestro punto de vista…-rebatió el rubio con educación.-Pero pienso que una misión más digna, como invadir una base enemiga, o enfrentarme a su líder, es más apropiada para alguien como yo, ¿no?

Edgar sólo sonrió.

-¡Hey, chicos!-les llamó una voz a sus espaldas. Se acercó a ellos un hombre de edad cercana a los treinta, de raza negra, ojos oscuros y cabello cortado en un llamativo mohicano rubio. Si bien era alto, no era un sujeto de gran envergadura, aunque en sus tonificados brazos se notaban los años de entrenamiento físico. Destacaba el hecho de que tuviera varias vendas en sus piernas, brazos y torso, y una cicatriz en su mejilla izquierda. Puso una mano sobre el hombro de Claus, y le susurró al oído.-Tu fan número uno te anda buscando, Casanova. Anda, sé un caballero y ve a hablar con ella.

Claus echó un vistazo por encima del hombro y vio que, en efecto, una chica de escasa estatura, rostro redondo, cuerpo delgado y lacios cabellos de color castaño claro le observaba ligeramente escondida en una esquina. Al darse cuenta de que se habían percatado de su presencia, ella rápidamente se ocultó del todo.

El chico suspiró, y se dirigió al lugar donde su "fan número uno" se escondía.

-Ainhoa.-la llamó.

Ella se sobresaltó.

-Ah… Eh… Hola, lord Drachenblut…

-¿Querías algo?-preguntó él, tratando de ser paciente con la avergonzada chica.

-Eh… No… Es sólo que… ¿Qué le digo, Assassin?-preguntó la tímida joven a su Servant, que estaba descansando detrás de ella, con la espalda apoyada en la pared.

-Comuníquele sus intenciones, Master.-respondió el Espíritu Heroico con voz neutra.

Yellow Assassin era un hombre oriental de altura promedio y complexión extremamente delgada. Llevaba su larguísimo cabello negro, moteado de unas bien visibles canas a pesar de su juventud, atado en una coleta alta. Vestía con un kimono de color negro, sobre el que llevaba un hakama gris atado con un cordón blanco y un haori blanco. Su katana estaba enfundada, sujeta con el cordón del hakama. Observaba a Claus con cautela con sus ojos heterocromáticos.

-Ah, ya, bueno… Supongo que eso haré… sí…-decidió, aún dubitativa. Luego inspiró aire profundamente.-¡Escuchéqueosibanaenviaraunamisiónypenséendesearossuerteenvuestraexpediciónperonosabíacómodecíroslo!

Claus se tomó unos segundos para separar en su mente las palabras de su interlocutora, y así formar una oración con sentido. Después, suspiró y le dedicó a la chica una gentil sonrisa.

-Estaré bien, gracias por los ánimos.-dijo amablemente, para después continuar con su camino. Al pasar al lado de la chica, le acarició ligeramente la cabeza, lo que hizo que ella se sonrojara profundamente.-No te preocupes, ellos no podrán derrotarme ni aunque me ataquen todos juntos.

-Lord Drachenblut…-murmuró la joven.

Él le dedicó una última sonrisa, antes de continuar su camino.

-La arrogancia fue la causa por la que cayeron los más grandes héroes.-le advirtió Assassin Claus cuando pasó a su lado.

El ojiverde hizo caso omiso a las palabras del Servant, y siguió avanzando por el pasillo para darle el encuentro a Saber, y partir a su misión de una buena vez.


Los Siete Maestros de Jade avanzaban colina arriba con un único objetivo en mente: recuperar el Grial que les había sido arrebatado por la facción de la Iglesia.

Se dirigían a la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, la iglesia local, donde creían que se estaban escondiendo los miembros de Cyan Crown. La subida era larga y difícil, y tenían que desplazarse al pie y sin hacer uso de magia para no ser localizados. Las probabilidades de que la Parroquia estuviera protegida por la Creación de Territorio de Blue Caster eran realmente altas, por lo que todas las precauciones posibles eran necesarias.

Sin embargo, había algo en esa subida que no era normal: llevaban casi una hora ascendiendo colina arriba y, si bien era alta, no lo era tanto. A esas alturas del recorrido, ya todos se habían dado cuenta de ello.

-Caster… ¿Sientes algo anormal en el ambiente? Más magia de lo usual flotando en el aire, por ejemplo…-preguntó Charles Messiah, un hombre de caídos ojos marrones, densa barba de color negro y abundante cabellera del mismo color.

-Témome, amor mío;-recitó el Servant.-que incapaz soy de anomalías detectar; mas puedo asegurar que este camino es un delirio; incluso juraría que conocedor soy del único capaz de ilusiones así crear.

Green Caster era un hombre de edad avanzada, aunque no anciano. De nariz y mentón prominentes, vestía una larguísima túnica carmesí que cubría todo su cuerpo, incluidos sus pies y manos. Su pelo, una larga melena castaña, llevaba trenzadas varias hojas de diferentes plantas, de forma que se asemejaba a una corona. Un enorme libro flotaba en el aire a su lado, siguiendo al Espíritu Heroico fuera donde fuese.

-¿Quieres decir que conoces al que nos ha atrapado en esta ilusión?-preguntó un joven rubio de prominente altura, ojos azules y aire distinguido, que vestía con un traje azul marino que se asemejaba a los de la época victoriana.

-Así es, amigo; mas el causante de esto no es fácil oponente;-respondió Caster con su peculiar forma de expresarse.-él es, de hecho, un fatal enemigo; alguien al el que nadie que es o haya sido humano debería tratar de hacerle frente.

-¿Quiere eso decir que no es humano?-cuestionó Green Rider.-¿Realmente tenemos alguna oportunidad?

-Si se trata de quien yo creo; no es ni humano, ni animal, ni criatura de esta tierra; es una criatura tan espantosa y traicionera; que un solo hombre en toda la historia ha conseguido vencerlo y hacerlo su siervo.

-Si fue derrotado una vez, podrá ser derrotado una vez más.-afirmó Archer con seguridad.

-No…-intervino Caesar Quartz, Mater de Green Assassin.-Si ha sido capaz de vencer a una criatura tan poderosa que hasta nuestro Caster la teme, sin duda ese hombre es ahora un Espíritu Heroico.

-Entonces, -dedujo Michael.-si el monstruo en cuestión se volvió su servidor, significa…

-Exacto.-confirmó Caesar.-No sólo nos estamos enfrentando al siervo; también al amo.

Su conversación fue interrumpida por el sonido de unos aplausos, que parecían provenir de todas partes. De repente, todo a su alrededor comenzó a distorsionarse, hasta transformarse en la cima de la colina. Sin embargo, había algo diferente: estaban atrapados dentro de un círculo de llamas. Frente a ellos había cuatro hombres: el de más a la derecha, que era el que estaba aplaudiendo, era un hombre de unos veinticinco años, de altura media, desordenado cabello negro que desafiaba a la gravedad, y centelleantes ojos anaranjados.

-Nils Solberg…-le reconoció Gonzalve de la fotografía.

-¡Bingo! ¡Habéis acertado!-les felicitó el hombre, con tono de voz burlesco y desquiciado.-Como premio, no os mataré. De momento.-se rió.

-Relájate, Nils, estamos aquí para negociar.-dijo un chico de alborotado cabello castaño y ojerosos ojos olivas.-Los necesitamos vivos.

-Tú eres… Daniel Kreuz.-señaló Mike.

-Vaya, no sabía que fuera famoso.-ironizó el chico arqueando las cejas.

Al lado del chico, había un hombre de cabello azulado y ojos ambarinos, que observaba tranquilamente a los miembros de Jade Heart, como si les analizara uno por uno. A su izquierda, y un poco por delante suyo, esperaba sentada una criatura que parecía mitad humana y mitad ave, con plumas amarillentas cubriendo todo su cuerpo, y dos alas en lugar de manos. Estaba encerrado dentro de lo que parecía ser una pirámide de cristal.

-Ya es suficiente, Shax. Puedes retirarte.- dijo el peliazul, e, inmediatamente, la pirámide de cristal y el hombre pájaro se volatilizaron.

-¿Por qué deshiciste la ilusión Caster?-le increpó Kreuz.

-Tienen un taumaturgo excepcionalmente poderoso entre sus filas, Master..-le respondió Red Caster.-no iban a tardar mucho más en deshacerla. Y me temo que con la prisión ígnea de lord Nils pasará lo mismo.

-Tch.-gruñó el aludido.-Mis llamas no pueden apagarse fácilmente.

-No, jóvenes magos; me temo que vuestro Servant en lo correcto está;-intervino Green Caster sin dejar de hablar en verso.-me temo que para mi Noble Phantasm un muro de fuego no es más que un obstáculo vano; si mi Master me lo permite, ahora es mi turno de luchar.

-Haz lo que quieras.-dijo Charles, dándole libertad al Espíritu Heroico.

El libro flotante se posicionó frente a su dueño, abriéndose y pasando páginas por sí mismo.

-"Infierno: Canto Trigésimo cuarto."-leyó.-" El emperador del doloroso reino del medio pecho salía fuera de la helada."

De repente, una enorme figura sombría que se asemejaba a un gigante de tres cabezas se alzó sobre los Maestros de Jade, que se quedaron helados de la impresión. Sin embargo, Caster continuaba con su narración.

-" No tenían plumas, pues eran por el estilo de las del murciélago; y se agitaban de manera que producían tres vientos, con los cuales se helaba todo el Cocito."-concluyó y, entonces, la tenebrosa figura agitó sus alas, creando un espectral viento que, literalmente, congeló las llamas conjuradas por Nils, creando así una cristalina cúpula de hielo. Al tiempo, el monstruo se desvaneció como si nunca hubiera existido.

El Servant de cabello azul acariciaba su barbilla, contemplando con interés la muestra de poder de Green Caster.

-Master, ¿tengo permiso para enfrenarme a este Servant con todo mi poder?

Daniel pareció pensárselo durante varios segundos.

-De acuerdo.-dijo finalmente.-Pero antes, respóndeme a una pregunta.

-¿Cuál?

-Parece que este hombre y tú ya os conocéis, ¿me equivoco?

-No se equivoca, mi Master.-respondió Red Caster.-Este hombre a conocido a infinidad de Espíritus heroicos en sus viajes buscando la iluminación.

-¿Y a ti?-increpó el chico.-¿Dónde te conoció?

-¿A mí? A mí me conoció… en el Paraíso.


Y he terminadoooo! ^^

Aquí el siguiente capítulo, ya sabéis, los que queráis intentarlo, podéis tratar de adivinar la identidad de los Servants presentados en este capítulo…

Salvo el usuario llamado Flomonork, a ese se lo prohíbo, ya que ha excedido el tope de Servants adivinados.

Desquiciados saludos de un humilde loco más.