Buen día, gente! Cómo han estado?

Nuevamente he fallado a mi promesa, y no he podido actualizar cuando tenía pensado por una serie de bloqueos y tropezones que fui sufriendo con este capi –posiblemente entiendan porqué una vez que hayan terminado de leerlo-...

Primera advertencia: es un capítulo muy bouncy. ¿Qué quiere decir? Que salta demasiado. Tiene un clima muy distinto al acostumbrado "dark-suspenso" de los anteriores. Como bien había advertido a algunos lectores, es un trío de capítulos (capítulos 8, 9 y 10) donde no hay torturas, no hay misiones específicas... pero sí grandes conflictos internos y hasta en algunos casos, derrumbamiento. Los personajes están sufriendo estas crisis sentimentales por una razón... Y es en preparación a lo que vendrá. En el capítulo 11 volveremos a la rutina típica, quizás con algunos intervalos, pero hasta entonces...me resigno a que estaré escribiendo capítulos Light.

Segunda advertencia: hay introducción de muchísimos OC (Original Characters). Incluso temo que haya una saturación... pero era el capítulo ideal para empezar a avanzar sobre ellos.

Tercera advertencia: -más bien para luego de haber terminado de leer el capi- entenderé si muchos dejan de leer a partir de ahora; especialmente los que no estén de acuerdo por cómo se desenvolvió el capítulo (más bien, los personajes)... hay una característica del fict que venía omitiendo mencionar hasta este momento, y seré honesta: fue deliberado. Sin embargo, para dar las razones sobre ello, prefiero aguardar al siguiente capítulo donde entenderán a lo que me refiero. Siento que estoy hablando en círculos sin querer dar spoilers de lo que sucede en el capi...

Cuarta advertencia: me está por agarrar un ataque de nervios. Es el capítulo que más insegura he estado de publicar en mucho tiempo. No obstante, he intentado reescribirlo y todo termina saliendo igual. Así que me resignaré con mi musa y sus deseos.

Quinta advertencia: ninguna de las 33 páginas ha sido beteada. Mi beta Nagini está colmada, y si bien le di dos semanas para ver si su situación podía reestablecerse, por el ataque de nervios ya no puedo esperar más. Así que tendrán que disculpar todo error ortográfico o de tipeo que en mi relectura no haya advertido.

En otra nota... hace un par de días he hecho una apuesta con Jandres. Una apuesta que no estoy dispuesta a perder, aún sin haber determinado aún qué es lo que estaré perdiendo. El desafío reside en tener el capítulo 10 para el 18 de abril. Un mes a partir de ahora. Es un capítulo difícil y mi tiempo libre está restringido, pero tengo musa y la aprovecharé. También me he comprado una agenda para organizar mis tiempos. Basta de ir de excusa en excusa.

El primer capítulo de Laguna Estigia en inglés (River Styx) ya ha sido publicado, y próximamente se subirá el segundo. Yay!

En cuanto a HP6, a partir de ahora LE se ha convertido en un UA. No tendrá en cuenta ningún suceso de ese libro. Y si en algún momento se me ocurre entablar algún paralelismo, serán meramente detalles secundarios. Y no, no he comprado el libro en protesta por la demora de la traducción y su mala calidad. -abraza la versión inglesa de HP6-

Recuerden que si quieren saber cómo anda mi vida y qué tal va el capítulo en proceso, siempre pueden visitar mi blog, cuya dirección se encuentra en mi profile.

Las respuestas a los reviews se encuentra en: ar. geocities. com/ parvati(guión bajo)usagi/ rr-LE9. htm. Aquellos que se hayan registrado en el review, supongo que ya habrán recibido la respuesta por mail...

Ahora sí... los dejo con las 33 pages que conforman el maldito capítulo 9...

Disfruten de la lectura!

-Dedicado a Fede. Feliz cumpleaños, toto!-


Título: Laguna Estigia

Autora: Parvati-Blossom

Resumen: Reto N 7 de La Orden de las Mortífagas. UA. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.

Rating PG15

Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...

Disclaimer Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter. Sin embargo, aquellos personajes que no pertenecen al Cannon, son de mi propiedad. ¿Ejemplos? Alice Kolberg, Lucas de Santos... Por lo tanto, LE no es completamente tuyo¿verdad, Jo? -risas- Es un fict sin fines de lucro.

Advertencia: Capítulo bouncy. Con crisis emocionales y breakdowns. Muchos OC. Leves torturas mentales y físicas.


Capítulo 9

9 de septiembre de 2004

Siento esta emoción el pecho cada vez que contemplo sus ojos esmeraldas...

No sé de dónde proviene. Ni qué significa. Últimamente he estado muy frívola –consecuencia de la Oclumancia, supongo- y no estoy en busca de una tortura. He dejado de rebelarme, y hasta he permitido que me domestiquen en los protocolos... incluso he empezado a leer sobre las tradiciones de las familias puras sin rechistar. Siento que, a pesar de estar en la boca del lobo, en medio del centro de operaciones de mis antiguos enemigos... creo sentir que pertenezco aquí... Hay ocasiones en las que el pensamiento me parece iluso; inclusive falso y manipulado. Pero ayer, Filldeserp nuevamente se ausentó en la cena -¿ser un Dark Lord en verdad es tan exhaustivo?- y tuve una conversación con Voldemort respecto a todo lo que me había sucedido desde que me gradué de Hogwarts.

Me interné en la Academia de Aurores, con la ambición de aprender todo lo posible y lo más rápido que pudiera, para así poder defender lo que tanto amaba, lo que tanto me había dado la Magia; luchar por todas las traiciones, todas las muertes, todo el dolor... quería hacerlo detener. Creo que por eso, en cierta forma, no me importaba ser un peón más, un arma de guerra más, mientras supiera que estaba aportando mi grano de arena para librar al mundo de una amenaza...

Una amenaza que anteriormente había sido mi mejor amigo.

Me sentía responsable. Era una culpa que me iba comiendo desde adentro. Por eso quería hacer algo. Sentía la traición de Harry como un fracaso personal. Yo había sido su amiga y no había detectado las señales... no había sido capaz de conocer a Harry lo suficiente, quererlo y cuidarlo lo suficiente, como para evitar su conversión al lado oscuro.

Sigo sin compartir su visión del mundo, sus ideales, aunque estoy empezando a entender ciertas de las inclinaciones que Filldeserp tiene... estoy empezando a entender qué hay detrás de aquella máscara de Poderoso y Respetado Mago Oscuro...

... era algo similar a lo que había habido detrás de la máscara del Niño Que Vivió.

Sólo Harry; alguien perdido, abandonado en sus esperanzas, con toda moral desechada, con toda valentía arruinada; toda lealtad y amor desbaratado.

No puedo eludir pensar que... aún cuando las circunstancias lo obligaban a elegir a Voldemort, podría no haberlo hecho. La culpa recae en él también, no sólo en Ron. No sólo en mí. Harry fue el que eligió convertirse en esto, fue él el que traicionó... conscientemente de las consecuencias que sus acciones tendrían. Que él no haya sido el asesino de mi padre no quita la sensación de traición, aún cuando yo también lo traicioné...

Lo que resultó ser el trío dorado de Gryffindor... un trío de traidores, de perdedores...

Aún cuando quizás hubo influencia de seres superiores a nosotros... Voldemort y los Jueces... podríamos haber luchado juntos, podríamos haberlos vencido... si realmente hubiésemos querido. Si en verdad hubiésemos podido dejar nuestro orgullo detrás, abandonar la autocompasión en la cual nos sumergimos, y haber confiado en nosotros mismos; en lo que nuestra amistad siempre había defendido y en lo que desde siempre se había basado: la confianza, el perdón, el apoyo... Juntos, podríamos haber menguado la oscuridad del alma de Harry; juntos, podríamos haber sacado a Ron de su pozo de inseguridades y envidias; juntos, podríamos haber demostrado ser un poco más Gryffindor...

Podríamos haber vencido... y al final, sólo fuimos vencidos.

He dejado de llamarlo Harry. Tanto de forma oral como en mi mente. No porque lo considere muerto, sino porque sé que a Filldeserp le enfurece. O le enfurecía, antes de revelarme la verdad sobre la muerte de mi padre, y la causa de la locura de mi madre...

Hay veces que creo que no merece llamarse Harry. Filldeserp no honra mis memorias del joven bondadoso, fiel y brioso que yo conocí. De no ser por su apariencia física, de no haber sufrido todos estos años la verdad, diría que Filldeserp y Harry Potter no son la misma persona.

Sé que es mentira, porque aún en la oscuridad... aún después de tantos años, he vuelto a ver un pequeño destello de lo que fue. Quizás nunca será, pero... me contento con que Filldeserp no deniegue su pasado, y asuma las consecuencias.

Observando sus solemnes ojos esmeraldas... puedo llegar a creer en su promesa silenciosa...


Cuarteles de la Orden del Fénix

11 de septiembre de 2004

Horario: nueve de la noche

El ambiente que se vivía en los Cuarteles no era nada tranquilizante. Los miembros que iban arribando intercambiaban miradas inquietas, intentando averiguar pequeños detalles sobre la información que se trataría. Curanderos, aurores, funcionarios del ministerio, espías, profesores y demás se acomodaban en sus puestos para otra reunión diaria de la Orden del Fénix.

Neville, Ginny, Luna y Ron no eran la excepción. El cuarteto se situó en su lugar, sin hacer comentario alguno. Un mes se había cumplido ya desde el secuestro de Hermione y no habían tenido noticias sobre su paradero o estado. Ningún miembro de la Orden que fuera asesinado tardaba tanto en ser anunciado, y eso sólo hacía que las sospechas y la preocupación fueran en aumento.

Los dos aurores sentían su ausencia más que nadie. No sólo en lo profesional, sino también en lo personal. Extrañaban su presencia, sus ojos serenos, su sonrisa reconfortante; sus regaños y sus puntuales réplicas; su aura esperanzadora. Durante los primeros diez días, el departamento de aurores había sido un caos. Después de todo, una de sus cabezas había sido arrebatada. El temor se había expandido entre ellos, no obstante estaban acostumbrados a superarlo; eran aurores. Habían sido entrenados para vivir en una época de guerra, en una época de muertes...

Ocho años desde que la guerra se había iniciado y no había indicios de un final pronto y feliz. Al contrario, todo iba empeorando a medida que pasaba el tiempo. Habían perdido una multitud de aliados, magos poderosos, contactos; entre todos ellos, aquél del que tanto habían esperado, su tan proclamado salvador... Harry Potter.

Aún nadie entendía qué había ido mal con el muchacho tan inocente, generoso, valiente y honrado. La típica excusa de que la ambición lo había corrompido, de que el poder se había adueñado de él, no alcanzaba a cubrir todos los huecos de incertidumbre.

Remus Lupin ingresó a la sala y tras saludar brevemente a algunos de sus compañeros, se dejó caer en uno de los asientos próximos a Neville. Aquella guerra lo estaba demoliendo, como todos podían contemplar. Su cansancio hacía de sus fuerzas débiles; no había rastro de la alegría que años atrás había vuelto a brillar en sus ojos. Había empezado a caer con la muerte de su mejor amigo, Sirius Black, y sólo había confirmado su derrota al enterarse de la traición de Harry, aquél que había considerado casi como un hijo, quizás más cercano a un sobrino.

Sin embargo, sorprendiéndolos a todos, aún seguía luchando. Aportaba lo mejor de sí, especialmente en la campaña con los hombres lobos. Si bien no era su rango oficial, cumplía funciones de auror en los ataques y se encargaba de gran parte del papeleo que ingresaba a los Cuarteles. Ocasiones como aquellas, todos se sentían orgullosos del merodeador. El único que quedaba entre ellos.

.. El único que no los había abandonado.

- Remus¿cómo has estado? – Dijo Ginny, con un tinte de preocupación en su voz.

- Muy bien, Ginny, gracias. ¿Ustedes? – Se podía ver claramente en sus gestos la mentira que acababa de proclamar, sin embargo el cuarteto decidió obviarlo.

- Aquí... sobreviviendo. – Contestó Ron, encogiéndose de hombros en una falsa indicación de indiferencia.

- Hemos escuchado que has conseguido recuperar algunas alianzas con los hombres lobos. – Dijo Neville, interesado en el tema. Remus embozó una sonrisa leve y asintió.

- Así es. Al principio estuvieron muy reticentes... la última alianza de hace cuatro años no terminó beneficiándolos... no obstante, los clanes que desean un poco de paz accedieron. Obviamente, la mayoría del resto permanecieron del lado de Voldemort. Otros, aunque escasos, anunciaron su neutralidad.

- Sólo están tratando de ganar tiempo¿verdad? – Murmuró Ginny.

- Efectivamente. Bien sabemos que no existe la neutralidad en esta guerra... Voldemort les hará elegir cuando crea conveniente un poco de acción. – Un suspiro resignado se escapó entre los labios de Lupin.

Un tenso silencio se formó entre ellos. Dedicaron el tiempo para inspeccionar la sala, buscando algún rostro conocido o nuevo. Cuando no quedó otra opción más que quebrar el ambiente, Remus se mordió el labio inferior antes de soltar una pregunta nerviosa.

- ¿Alguna noticia de Hermione?

En cuanto terminó de realizar la pregunta, se arrepintió de haber tenido la osadía de formularla. El cambio en los jóvenes fue evidente. Tanto Ginny como Neville bajaron la mirada, éste último apretando muy fuerte los puños en un gesto claro de impotencia. Luna emitió una triste sonrisa, permaneciendo en su inusual silencio, mientras que Ron simplemente hizo el mismo gesto que Neville y cerró los ojos, inspirando furia por cada centímetro de su piel.

- No, no hay noticias. – Fue Ginny la que halló la fuerza para responder. – Sin embargo, las búsquedas no van a cesar... no mientras haya esperanza. – Su voz se quebró en la última palabra. Remus asintió lentamente.

- En el último mes, si bien ha habido ataques a familias partidarias de Dumbledore... no hubo ninguno masivo... y el silencio agobia. – Dijo Remus, su voz ronca. – A simple vista, no están siguiendo ningún patrón de ataque...

- Mas nosotros sabemos mejor. – Concluyó Neville. – Aunque no tengamos fuentes directas sobre sus planes, sí tenemos algunos detalles... es cuestión de unir el rompecabezas...

- Pero cómo... – Suspiró Remus.

En ese momento, tres hombres desconocidos entraron a la sala seguidos de un solemne Dumbledore. Instantáneamente todas las conversaciones se detuvieron y todos los ojos se fijaron en los recién llegados, a quienes el director de Hogwarts enseñó sus asientos con una cordial sonrisa.

Uno de ellos hizo sentir una extraña sensación de familiaridad en Neville. No supo de dónde, pero sabía que lo conocía. Recordaba esos rasgos, esos ojos... sin embargo, algo debería ser diferente para que no pudiera ubicarlo en sus memorias.

Dumbledore se ubicó en su asiento, al frente de la reunión.

- Bienvenidos, amigos míos.

Los primeros veinticinco minutos los espías hicieron sus reportes. Ninguno de ellos traía consigo datos novedosos o demasiado útiles, pero sus sacrificios no eran menores y por eso todos les dedicaron su atención y fueron anotando aquella información que pudiera servirles a sus investigaciones.

Neville era el único que de reojo observaba a los tres desconocidos, quienes con una máscara de frialdad contemplaban la sala, siguiendo los eventos que sucedían en ella. De vez en cuando, se inclinaban y murmuraban entre ellos en un absoluto secretismo que no fue cuestionado.

Una vez cumplidos los reportes de los espías, Dumbledore volvió a ponerse de pie y una sonrisa risueña adornó su veterano rostro.

- Tengo excelentes noticias que darles. Como sabrán, España, tras los últimos atentados que su gobierno ha sufrido, ha expresado su neutralidad. – Murmullos decepcionados y derrotados recorrieron la sala en tono lúgubre. – Sin embargo, tres aurores han viajado exclusivamente a Inglaterra para unirse a nosotros, no satisfechos con la respuesta de su ministerio. Son los representantes de una Orden Revolucionaria en España, con características muy similares a nuestra Orden del Fénix.

No hubo par de ojos que no estuviera situado en los tres españoles. Todos sorprendidos por su decisión, y aliviados. Desde hacía tiempo habían perdido toda fe de que España volviera a aliarse con ellos, sobre todo con las amenazas constantes de Voldemort a su país. No obstante, ahí estaba el trío, construyendo una esperanza perdida.

La Orden venía sufriendo varios quebrantos de alianzas. Estados Unidos había optado secretamente por la Orden Tenebrosa, al igual que algunos países del este de Europa. No obstante la mayoría de ellos permanecía neutral, en la espantosa expectativa de una definición estimativa del vencedor. Surgían entonces diferentes grupos, fundamentalmente de jóvenes, que deseaban cambiar este hecho y aportar su soporte al Bando de la Luz. Eran alianzas pequeñas pero que ayudaban a la hora de contar las cifras de aurores y curanderos para las defensas de un ataque.

- Lucas de Santos, Francisco García y Javier Martínez son renombrados aurores del Ministerio de la Magia español...

Lucas de Santos.

Cómo olvidar a un hombre como aquél. De unos 28 años, era alto y fornido, con una piel tenuemente morena y un porte orgulloso e imponente. Sin embargo eso eran sólo apariencias. El aura de Lucas siempre había delatado su jovialidad y su generosidad, aunque no todos pudiesen percibirlo; sólo aquellos que se ganaran su confianza y respeto. Sus ojos negros parecían estar forjados en un acero inoxidable, siempre determinados y anunciando peligro.

Neville lo había conocido hacía tres años, en una misión que había tenido que desempeñar en España a pedido del ministerio. Lucas había sido el encargado de acompañarlo, ya en aquel entonces siendo un mago reconocido entre los suyos y en ascenso de rango. El Gryffindor había permanecido dos semanas en el país y había llegado a formar una interesante amistad con el español que tuvo que ser interrumpida por otra misión y la guerra.

Podía vislumbrar las diferencias. Mientras que aquél Lucas no ocultaba sus emociones y siempre tenía una sonrisa bondadosa en el rostro, éste era todo lo contrario. La frialdad de su mirada, en su profundidad, demostraba un dolor intenso y una soledad que alguien tan popular como él, tan querido y respetado, no debería sentir. Neville incluso sabía que se había casado a los pocos meses de su visita a España y que habían tenido una hija.

¿Qué había pasado para que aquella persona tan fuerte, tan divertida y sincera, hubiera sucumbido a la tristeza y a la indiferencia?

Uno de los acompañantes de Lucas se puso de pie, asintiendo formalmente en dirección a Dumbledore, pidiendo la palabra. El profesor cedió, retomando su asiento y contemplando la situación con ojos benignos. El auror suspiró con cierto desaliento, pero una suave sonrisa pudo hacerse paso en su rostro.

- Yo soy Javier Martínez. – Se presentó ante las miradas interrogantes. – A mi derecha se encuentra Lucas de Santos –quien asintió levemente, al parecer perdido en sus pensamientos– y a su lado, Francisco García. – Él sonrió, aunque su alegría no se vio reflejada en sus ojos.

Los tres cargaban con un gran peso, razonó Neville. En sus ojos había la misma huella de desolación que en todos aquellos que habían presenciado y vivido el peor aspecto de la guerra. No eran jóvenes que no supieran los riesgos que estaban corriendo: eran adultos que lo habían perdido todo y querían luchar para que nadie más tuviera que vivirlo; querían defender a los inocentes en honor a quienes no habían podido salvar; eran personas en busca de venganza, en busca de la culminación de aquella era sangrienta y punzante; de aquella sucesión de muertes sin sentido.

- Antes que nada, debemos hacer una aclaración. – Dijo Martínez en un tono mortalmente serio. – No estamos aquí para ayudarlos. No seremos miembros de esta Orden... sólo aliados. Cooperaremos, sí, pero no seremos peones de guerra. Estamos aquí para saldar cuentas personales, al igual que defender inocentes. Nos uniremos a su ministerio por una cuestión de que queremos que nuestro título sirva de algo. En España ya no sirve. Toda relación con Inglaterra se ha cortado.

- ¿Por qué, entonces, quieren ayudarnos? – Preguntó Ron, entrecerrando los ojos, suspicaz. – Esta no es su guerra.

Varios miembros de la Orden voltearon sus ojos hacia él, la mayoría con gestos desaprobatorios y resignación, advirtiéndole que había cometido un error al cuestionar la lealtad de un nuevo aliado, que podría llegar a ser muy valioso. Debería haberlo sabido, siendo un estratega de guerra. No obstante, no retiró la pregunta. Su orgullo estaba antes que eso.

Javier tomó aire, indagando por las palabras adecuadas y la paciencia, e iba a contestarle cuando Lucas se puso de pie y le indicó que se sentara. Javier dudó, cuestionando a su amigo con la mirada, su preocupación latente, pero una sonrisa le aseguró que todo estaría bien.

Ninguno de los presentes obvió el intercambio.

- Esta no era nuestra guerra hasta cinco años atrás, cuando el ministerio inglés comenzó a pedir refuerzos en el extranjero. Una vez que aceptamos, su guerra se convirtió en nuestra también. Su pesadilla se volvió nuestra también, pudiendo nosotros haber elegido la paz. – Remarcó De Santos. – Lord Voldemort nos aseguró la paz si permanecíamos neutrales. Pero nuestro juramento a la magia, nuestro honor, nos incitó a defender a los inocentes. No podemos negarle la ayuda a aquél que lo necesita.

- A partir de ahí empezaron los atentados contra nuestro país también. No tan intensos como aquí, pero la guerra se estaba expandiendo. El punto quiebre fue cuando hace un año, los mortífagos ingresaron a nuestro ministerio... fue una masacre. – Su voz, que hasta aquel momento no había demostrado nada más que indiferencia, tembló por un instante. – A principios de mayo, el ministerio tuvo otro contacto con Voldemort... esta vez, a través de Filldeserp quien personalmente acudió a una reunión formal a la que nuestro ministro accedió. Desde entonces, España vive en un utópico estado de paz.

- No obstante, nosotros no somos como nuestro ministro. Una vez dentro, ya no puedes salir. Hicimos una alianza, y no la quebraremos. Pero más que eso... hicimos una promesa a nuestros difuntos de que no permitiríamos que la guerra continuara expandiéndose...

- Muchos países siguieron el ejemplo de España; ha llegado a nuestros oídos que todos ellos fueron contactados por Filldeserp... – Interrumpió Francisco García. – Voldemort poco a poco se está adueñando de Europa, y tiene una alianza formal e indestructible con Estados Unidos. Su influencia es cada vez mayor y mortífagos de todas partes del mundo están surgiendo. Cuenta con el soporte de familias muy poderosas... un soporte que le permite movilizarse sin ser detectado e ir agigantando sus alianzas...

- Mencionaron que Filldeserp se encarga de esto... – Intervino Ginny.

- Correcto. Políticamente Filldeserp es mucho más influyente, por su status monetario y su carisma.

- ¿Su carisma? – Cuestionó Fred Weasley. Lucas sonrió fríamente.

- Estuve presente en la reunión que tuvo con el ministro español, ya que fui su custodia personal. Ustedes pueden conocerlo en el campo de batalla, pero no lo han visto fuera de allí. En cambio, sí se mueve socialmente en el extranjero, donde no es verdaderamente perseguido. Su aura de poder, su astucia, su habilidad para hacerte titubear, cómo reconoce los miedos de la persona... cómo los manipula para su propio beneficio... Nuestro ministro es un mago de gran habilidad, alguien que fue bien elegido para el puesto... y que estaba seguro de que la alianza con ustedes era lo correcto... y terminó consintiendo a la neutralidad entre lágrimas, convencido de que eso era lo mejor para su pueblo. Filldeserp dobló tanto sus ideales... de una forma tan cruel, sin embargo... formal y sutil. Casi parecía como si en verdad nos estuviera dando una oportunidad de elegir... – Expuso De Santos con una sonrisa sarcástica. Sus ojos estaban teñidos de amargura. - Tiene un carisma que te impulsa a seguirlo, a creer ciegamente en lo que dice. Te impulsa a creer en sus promesas, en sus palabras de mejoría, de paz... de un cambio necesario. Te convence de que sus métodos son los mejores, y llegas a admirarlo... – Suspiró, deteniendo sus pensamientos. Con una mueca en su joven pero sufrido rostro, continuó.

- Desde el punto de vista personal y social, no hay nada que admirar. Es un monstruo. Si no te unes a él, tu destino está sellado. Sus torturas son ingeniosas, y los mortífagos divulgan que tiene una retorcida creatividad sobre todo cuando se encarga de los traidores. Lo mismo con sus enemigos. No obstante, políticamente... de no haberse tornado en el heredero del Dark Lord, hubiera sido interesante ver su ascensión. Hubiera llegado a lograr grandes objetivos para la Comunidad Mágica. Su determinación, su indetectable persuasión... no le teme a las Leyes. Su aura de poder es adictiva, es increíble como influencia... cómo te comanda a seguirlo. Las familias poderosas no oscilarán en hacerlo. Además... No espera que sus aliados sean sirvientes. – Observó seriamente los rostros shockeados de los presentes. – Al contrario de Voldemort, está dispuesto a hacer tratos igualitarios, con beneficios para ambas partes. Asegura que cada momento de lealtad será recompensado... y no con el típico método del cruciatus de Voldemort.

- ¿Es posible que Voldemort y Filldeserp ya no tengan las mismas intenciones¿Qué estemos lidiando con dos Dark Lords rivales, y no hermanados? – Indagó Neville, aunque por la expresión de su rostro, ya sabía la respuesta.

- No. La asociación entre ellos es imposible de desintegrar. Trabajan conjuntamente, aunque el que dirige ante todo es Voldemort. Que Filldeserp maneje las alianzas de otra forma sólo indica que Voldemort confía en él lo suficiente como para permitirle tomar las decisiones por su cuenta. Aún en lo que refiere a su guerra. Inclusive puede ser que Filldeserp esté influenciando al Dark Lord a cambiar algunas de sus técnicas... demostrándole otras aún más efectivas. – Contestó Javier.

La palidez de los rostros de los miembros de la Orden del Fénix era imposible de ignorar, todos ellos pensando lo mismo que vociferó Neville segundos después.

- ¿Cómo podemos vencer a alguien que no sólo es mágicamente poderoso, sino también política y económicamente?

¿Cómo podían derrotar a alguien que era, en palabras concretas, invencible?

Desesperación.

- Continúa siendo humano. – Expuso Lucas, su voz suave y gentil. – No es indestructible. Debe tener alguna debilidad que podamos explotar en el campo de batalla... o fuera del mismo, implícitamente. Mientras tanto, hay que entrenarse para tal enfrentamiento. El bando de la luz, en este momento, está en absoluta desventaja. Pero... las cosas pueden cambiar. Deben cambiar, y para eso nosotros debemos conducirle al cambio.

- Habrá que implementar nuevas estrategias e intentar predecir sus movimientos. – Prosiguió Francisco. – Tienen que tener un esquema detrás. No hay nada que hagan al azar...

- Y también habrá que desbaratar cualquier posibilidad de traición dentro de la Orden. Es vital que podamos confiar entre nosotros... de lo contrario, la disgregación será nuestra mayor debilidad.

La verídica revolución arranca con los jóvenes...

Dumbledore sonrió. El futuro ya no parecía ser tan desesperanzado. Aún cuando fuera de aquella sala, el mundo seguía su curso y nada proporcionaba tal expectativa, sospechaba que aquello sería el comienzo de algo grandioso. Aquellos tres españoles habían traído a su mente memorias de aquel trío dorado de Gryffindor, con aquel espíritu valiente y sacrificador; brindándose mutuo apoyo, superando los obstáculos, permaneciendo firmes a sus convicciones...

Por un segundo su visión se tiñó de aflicción y culpa, y la imagen de un Harry Potter en plena adolescencia surgió entre sus memorias. Sin embargo pronto fueron reprimidas, dejando al director de Hogwarts con un sabor amargo.

La historia no tenía porqué repetirse.


Fortaleza de la Orden Oscura

12 de septiembre de 2004

Horario: tres y cuarto de la tarde

Una semana había pasado ya desde que Hermione había solicitado la verdad sobre la muerte de sus padres, y se le había sido otorgada. Pocas cosas habían cambiado en la fortaleza desde entonces, sin embargo pequeños detalles no pasaban de ser inadvertidos a los ojos de la Gryffindor.

Durante las variadas lecciones de Oclumancia y Legeremancia que había tenido, nunca volvió Filldeserp a abrirse con ella. La máscara seguía puesta en su lugar y sus ademanes seguían siendo los mismos, pero había algo distinto en su mirada, en la expresión de su voz. Una suavidad que antes Hermione no había comprendido o que en verdad no había estado ahí; sus ojos ya no eran tan fríos cuando se fijaban en ella y su relación ya no era tan aprensiva. Un pacto silencioso de honestidad se había firmado entre ellos.

Prosiguiendo con los planes que cuidadosamente Filldeserp y Voldemort sin duda alguna tendrían dispuestos para ella, aquel domingo sería su primera clase elemental. No iba a negar que la venía ansiando demasiado desde su explosión en el Comedor cuando se le había ordenado acompañar a Filldeserp a la cruel misión de asesinar a Draco Malfoy.

Cuando pensaba sobre ello, le daba la sensación de que estuviese hablando de un pasado demasiado lejano, o que realmente ella no había vivido. Memorias ajenas hasta quizás pesadillas maniobradas por la creatividad de su mente. No obstante, como digna Gryffindor, jamás se atrevería a negar su pasado. Mucho menos bajar su mentón en el presente.

- Ser un elemental... es un talento inusual. – Empezó Filldeserp, situado cómodamente en su asiento frente a ella, sabiendo que retenía toda su atención. – Somos escasos, no sólo en Inglaterra, sino en el mundo. Cada generación de magos no suele dar más de tres elementales, y con suerte. Esto es una clara indicación de la invulnerabilidad a la magia que el ser humano está empezando a experimentar. – Expuso con calma.

- ¿A qué te refieres exactamente con... invulnerabilidad a la magia? – Preguntó Hermione, teniendo una leve idea del significado del término pero queriendo confirmar su teoría.

Había leído aquel término muchas veces en libros de historia, sobre todo los que Filldeserp le concedía para que estudiase de manera particular. En algunas ocasiones él pondría a prueba su promesa de leerlos en una conversación casual donde generalmente abordaban políticas de guerra de siglos anteriores y, en ocasiones especiales, actuales.

Era increíble la perspicuidad con la que Filldeserp medía sus ideologías y teorías, y las presentaba con absoluto profesionalismo, incitándola a pensar cada una de sus palabras y ofrecer argumentos para invalidarlo o aprobarlo. Incluso contradecía la simpleza de sus palabras con las ideas ambiguas con las cuales hacía caer a Hermione. No obstante también había momentos en los que la muchacha hacía confundir al joven, por limitados que fueran, y estaba aprendiendo a disfrutar esas conversaciones. Le satisfacía lograr marcar un error en el esquema de Filldeserp, notar su sorpresa y su admiración en los casi invisibles gestos de su rostro.

Era un desafío; un desafío que le regocijaba luchar, aún cuando en variadas ocasiones había terminado perdiéndolo en su totalidad. Había encontrado la forma más idónea de entender la historia, las costumbres de las familias mágicas, qué papel podía cumplir ella en aquel mundo y sus influencias en la actualidad. Había armado muchas conexiones que jamás hubiera podido sin algún punto de vista retorcido por parte de Filldeserp, y en verdad apreciaba la sensación de que finalmente le estaban enseñando a pensar, más que en obedecer o creer.

- Las familias puras, desde siempre, creyeron que la dilución de la pureza de su sangre aplacaría sus niveles mágicos y con el paso del tiempo sus herederos irían perdiendo su sensibilidad mágica hasta un punto de que ya no seríamos más receptores de ella. Básicamente, volveríamos a ser muggles. – Hermione asintió, habiendo hecho cursos variados sobre Teología Mágica en la Academia de Aurores donde tales temas solían ser comentados. – Sin embargo, estaban equivocados. Era el proceso inverso. Cuanto más pura es la sangre, menos nivel mágico tendrán. Los genes mágicos necesitan de genes no-mágicos para adaptarse, para seguir progresando y mejorando su fluidez. Es así como la historia demuestra que nosotros, los sangre mestiza, siempre hemos sido los más propensos a niveles mágicos altos. La magia en nosotros encuentra un equilibrio. Demasiada pureza es perjudicial al igual que poca pureza... ambos terminarán simplemente logrando la extinción de nuestra conexión con la magia.

- Entonces... con invulnerabilidad mágica... te estás refiriendo a que la magia ya no fluye entre nosotros como antes¿verdad? – Filldeserp sonrió con cierto nivel de bufonada.

- No. Entre nosotros, sigue existiendo la misma sensibilidad. Por algo somos elementales. No obstante, son los magos comunes los que se deben preocupar.

- ¿Qué significa en verdad ser un elemental? – Cuestionó, sintiéndose perdida entre la magnitud que aquellas palabras podrían tener.

- Me estaba preguntando cuándo indagarías sobre ello... – Sonrió él con un tinte burlón, pero no realmente ofensivo. – Es difícil definir qué somos. Supongo que estás familiarizada con el concepto de elementos¿verdad? – Hermione asintió, aunque algo dubitativa, por lo cual Filldeserp suspiró. – Un elemento es una fuerza de la naturaleza. Agua. Fuego. Tierra. Viento... esos cuatro son los principales, pero también podrás encontrar Trueno, Vegetación... La magia, como sabrás, está ampliamente conectada con la naturaleza. Por eso es que en situaciones normales podemos convocar fuego con un Incendio, por ejemplo. Sin embargo, los elementales podemos hacer algo mucho más allá que eso.

- Nuestra conexión con la naturaleza, especialmente con nuestro elemento, está acentuada por nuestra magia. Nos permite controlar y dirigir nuestro elemento, y recurrir a él aún cuando estemos lejos de sus fuentes.

- ¿Fuentes?

- Exacto. De ser un elemental de agua, puedes conjurarla en medio de un desierto. No es necesario que estés cerca de un lago¿entiendes? – Tras un asentimiento de parte de Hermione, Filldeserp prosiguió: - Sin embargo... nuestro control sobre el mismo... está sumamente relacionado con nuestras emociones. Como sabrás, la magia también lo está...

- Magia es Voluntad. – Recitó Hermione, pensativa.

Era una interesante teoría en la cual la aurora había optado por creer cuando terminó su curso de Teoría sobre la Magia. Quizás no era la mejor, ya que no había hechos concretos que testificaran su refrendo, pero sí había una sensación, una esperanza, que la estimulaba a creer en ella.

"Los únicos límites que tiene la magia son los que tú le colocas", había dicho su profesor en la universidad. "Las limitaciones humanas. Miedo. Odio. Asco. Incluso amor. Son barreras que vamos colocando sobre nosotros, la mayoría del tiempo inconscientemente, y que nos impiden hacer uso completo de nuestras habilidades mágicas." En ese momento había hecho una pausa para enfatizar. "Si en verdad queremos, si en verdad es lo que necesitamos, si es en lo que creemos... podremos hacerlo. No hay nada que nos lo imposibilite, salvo nuestra propia voluntad. Nuestra magia tiene que ser una auténtica voluntad."

Era quizás ahí el fallo que la mayoría de los magos hallaban a la teoría. Auténtica voluntad. Eran algo más que dos sencillas palabras; el significado detrás de ellas era contundente, y llegaba a superar el sentido humano.

"¿Cuándo sabes lo que en efecto quieres¿Cómo sabes lo que en verdad necesitas¿Cuándo sabes que no estás siendo influenciado por un impulso, por un deseo... por un capricho¿Cuándo sabes que no hay alguien que te está manipulando para que creas que eso es lo que quieres, nadie que te esté obligando a creer...?"

"Cuando hallen respuesta a esas preguntas, cuando la magia fluya por ustedes sin restricciones, sin deberes, sin caprichos, cuando ustedes sean la magia, podrán honrar el título de Mago o Bruja. Podrán cargar con las responsabilidades y privilegios que conlleva, podrán decir que son meritorios portadores. Hasta entonces, la existencia de la magia en su cuerpo se resume a la búsqueda de esa voluntad, de esa pureza en el alma..."

Las palabras fueron demasiado pomposas, su discurso demasiado entusiasta, para que los descendientes de familias de sangre pura las tuvieran en cuenta. Ellos ya se creían dignos de tal título.

No obstante, Hermione había sabido ver a través de la típica arrogancia de su especie y había guardado aquellas palabras en su mente, en un lugar que estaba segura impediría que fueran olvidadas.

- Algo así. No es control lo que ejercemos. En realidad, somos nosotros los que dependemos de la magia o del elemento en cuestión. Sin embargo, podemos cooperar. Cuando realizas tu primer hechizo concientemente, sellas un pacto con tu magia, que consiste en el no-abuso de tus poderes, respeto, estimación, cuidado y en un entrenamiento adecuado, puesto en palabras simples. Por supuesto, no sólo implica esto, pero...

- ¿Qué sucede si el pacto es quebrado? – Cuestionó la ex-Gryffindor, repleta de curiosidad. Filldeserp la contempló por unos momentos, tentado a dejarla en ascuas, pero prefiriendo acallar su curiosidad.

- La magia no permanece en un portador que no es valedero de su palabra. Preferentemente, lo privará de todo derecho mágico.

- Jamás he oído hablar sobre ello. – Filldeserp rió soberbiamente ante su comentario.

- Claro que no. Hace más de tres siglos que la magia no amputa a un mago.

- ¿Qué?

- Supongo que creías que la magia no toleraría personas como yo¿verdad? O como Lord Voldemort... no estamos en tu concepto de "respeto, estimación y cuidado." – Dijo con frialdad. – Sin embargo, a la magia poco le importa la finalidad que le demos mientras cuidemos de ella. De hecho – sonrió con un extraño cariño – la magia me tiene un gran aprecio.

- ¿Cómo es eso posible? – Cuestionó Hermione, escéptica y ligeramente aterrorizada.

- Desde que supe sobre ellas, siempre he defendido las tradiciones de la historia de la magia. Una de nuestras ideologías, de hecho, es hacer renacer las viejas costumbres de la comunidad mágica, que no sólo estaban relacionadas con un protocolo y un estilo de vida determinado, sino también con nuestra relación con la magia.

Ante aquellas palabras, Hermione sintió una extraña sensación en su cuerpo, como si la sangre que circulaba por sus venas se movilizara más rápido, como si su corazón se hubiese oprimido ante tales expectativas. Cerró los ojos y rebuscó por calma en su mente. Se dio cuenta que ese era un empuje instintivo de su magia. Anhelaba renacer. Y las palabras de Filldeserp sólo habían servido para recordarle su deseo.

- Volviendo a los elementos... – Dijo él, al parecer sin notar la reacción de la magia de su protegida. – También con ellos haces un juramento. Sin embargo, al contrario del pacto con la magia, no se realiza en tu primera convocación consciente, sino cuando tu entrenamiento ha concluido, y entiendes el significado y la responsabilidad que conlleva ser un elemental. Manejar la naturaleza no es un juego de niños, y hay que ser concientes de los daños que uno puede ocasionar al universo con tales descuidos.

- ¿Cuánto tiempo lleva el entrenamiento?

- Depende del elemento y del elemental. – Contestó Filldeserp con solemnidad. – Generalmente los elementales de fuego son quienes tienen los entrenamientos más largos y rigurosos, ya que el fuego es el elemento más volátil y peligroso. No obstante, tú eres una elemental de viento... y ya practicas con normalidad la Oclumancia y Legeremancia, lo que alivianará el entrenamiento...

- ¿Qué tiene que ver la Oclumancia y la Legeremancia con los elementos? – Preguntó perpleja. Filldeserp sonrió astutamente, y se inclinó en su asiento, haciendo que sus rostros quedaran a centímetros de distancia.

- ¿Acaso creías que sólo te enseñábamos las artes de la mente para que pudieras defenderte¿Ser menos impulsiva? Hubiera creído que sospechabas que había algo detrás de todo aquello... ¿para qué te daríamos armas que luego podrías usar en nuestra contra, aún cuando mi misión es instruirte? – Dijo él con una voz apacible que envió escalofríos por todo el cuerpo de Hermione. Rió con despego. – No. Como ya te he mencionado, los elementos están relacionados con las emociones... con las memorias. Para poderlos controlar en una forma básica tienes que lograr dirigir tus memorias, tus emociones.

- ¿Sólo con Oclumancia y Legeremancia?

- No, claro que no. Por algo el entrenamiento del elemento fuego es extenso, Granger. Si fuera sólo artes de la mente, lo hubiera controlado al segundo día...

- ¿Cuándo descubriste que eras un elemental de fuego?

- Unas semanas después de mi iniciación oficial como Filldeserp en el Círculo de las Sombras. Acababa de descubrir a un traidor... y la furia me superó. – Sus ojos verdes brillaron maniáticamente por un instante. – Cabe decir que descargué todo lo que tenía sobre el traidor... de la mayoría de su cuerpo sólo quedaron cenizas... y las partes que "sobrevivieron"... – Embozó una sonrisa malévola. – Me encargué personalmente de hacérselas llegar a Dumbledore.

Hermione sintió como el color desaparecía de su rostro. Recordaba aquello perfectamente. Habían estado en una reunión de la elite de la Orden cuando, de repente, sobre la mesa habían caído los trozos de un cuerpo. El olor a quemado y de la sangre seca habían sido nauseabundos. Había sido la primera noticia que tenían de Filldeserp desde el ataque a Hogwarts... y constaba de un mensaje directo y desafiante.

"Cuida de tus mascotas, Dumbledore. Las perseguiré y eliminaré una por una…"

- Snape... – Murmuró ella con la vívida imagen en su mente.

- Así es. – Hubo una sonrisa de satisfacción en su rostro antes de que la máscara de impasibilidad volviera a colocarse. – No estaba en nuestros planes matarlo... y el Lord no estuvo muy contento con la situación, pero entendió que no era realmente mi culpa... – Suspiró frente a la cara de confusión de su protegida. – Verás... cuando un elemental descubre sus poderes por primera vez, generalmente lo hace en una sobrecarga de emociones que hacen que el elemento pierda el control. De no haber otro elemental cerca para retenerlo, es muy probable que el elemento termine por destruir a su portador. Resultó ser una suerte que Snape estuviera allí, y pudiera descargar todo el descontrol sobre él.

Hermione se había quedado sin palabras. Si bien a penas recordaba su primera experiencia con su elemento, los fugadazos de imágenes y sensaciones que tenía al respecto eran verídicas. Entendía en parte lo que realmente significaba. El poder que había circulado por ella, de forma transgresora, la había hecho sentir terriblemente impotente. No había podido hacer nada para detenerlo. De no haber estado Filldeserp presente...

- Posteriormente emprendí el entrenamiento con otra elemental. Ambos éramos bastante inexpertos, así que fuimos aprendiendo mientras avanzábamos. Viajamos mucho y tuvimos que gastar mucho tiempo con cursos de meditación y canalización... sobre todo en los países orientales que son los que se especializan en nuestra área.

- Seis meses de entrenamiento para que finalmente pudiera controlar mi elemento de manera perfecta... y en su máximo potencial.

Para demostrar sus palabras, Filldeserp extendió su mano derecha, con la palma hacia arriba, y de ella surgió una llama de fuego azul; el fuego mágico más poderoso. Permaneció así varios minutos, jugando con la llama y dominándola de forma completa. Mientras admiraba el espectáculo, Hermione notó como una suave sonrisa de afecto había ocupado el rostro carente de emoción de Filldeserp.

El elemento era una parte de su alma. Seguramente la sensación que debía de invadirle cuando lo utilizaba debería ser impresionante, razonó Hermione, y fue entonces cuando una tremenda ansiedad le desbordó. Ella también quería entender y dominar su elemento, quería sentirlo como una parte de sí, tal y como sentía su magia.

Un silencio repleto de tranquilidad se estacionó sobre ellos mientras Filldeserp saboreaba los restos del poder de su elemento y Hermione evaluaba la situación. Las esmeraldas del heredero de Voldemort resplandecían como ella nunca antes las había visto concebirlo; por un instante pudo percibir toda la emoción que corría por él. La satisfacción, el poder, el afecto por su magia y el respeto que le tenía, pero más que nada... lo que brillaba en las profundidades de su alma era vida. La magia lo hacía sentir vivo, y Hermione supo comprender la sensación.

- La elemental con la cual entrenaste... ¿cuál era su elemento? – Indagó por simple curiosidad. Divisó un brusco cambio en el centelleo de sus ojos; nuevamente la oscuridad se había instalado sobre ellos.

- Agua. Éramos totalmente incompatibles. – Rió Filldeserp entre dientes. – Aunque en personalidad no diferíamos tanto...

- ¿Incompatibles?

- Exacto. Hay elementos que son opuestos… y sus portadores tienen prohibido relacionarse demasiado, simplemente por el choque de fuerzas que se establece. – Explicó. Luego se puso de pie, cerrando aquel tema de discusión, y le indicó a Hermione que siguiera su ejemplo. – Ahora empezamos con la primera fase de tu entrenamiento.

Con una escueta inclinación de su cabeza, le indicó que se dirigiese al centro de la sala. Obedeció el comando, guardando cuidadosamente el ansia que sentía en sus barreras mentales y despejando su mente de cualquier emoción que pudiera resultar negativa para el primer experimento con su elemento.

Hizo una nota mental de averiguar más información sobre elementos, en lo posible. Odiaba la incertidumbre, el no saber qué iba a suceder... qué era lo que reinaba en su cuerpo paralelamente con su esencia.

- El elemento aire o viento, como prefieras llamarlo, tiene de forma predeterminada ciertas características que sus portadores comparten. Intelecto, energía, esfuerzo; sociabilidad; fidelidad; derroche, frivolidad; expresión de la voluntad mágica. Obviamente, no tienes porqué contar con todas estas características...

- Es naturalmente asociado a la dirección este, lo cual significa que también cuenta con características como la aclaración, la iluminación, la mística y la eternidad.

- En los rituales, por tu condición de elemental de viento, tienes ciertos instrumentos que suelen ser los más usados en tu participación; la varita, todas las armas forjadas en fuego (aunque la espada y el athamé son las más habituales), la pluma...

- Y eres propensa al Plano Astral.

- ¿El plano astral? – Preguntó Hermione, totalmente sorprendida.

- Así es. – Dijo Filldeserp, asintiendo con una leve sonrisa ante la admiración de la muchacha. – El plano espiritual e invisible que corre paralelo al nuestro y lo interpenetra... donde la magia se halla en su máximo esplendor...

- Podría decirse que es un punto medio entre nuestro plano y el Mundo de los Muertos¿verdad? – Indujo Hermione.

- Correcto. Es el lugar donde se realizan los intercambios de almas y que nos permite comunicarnos con el mundo de los muertos...

- Por eso... por eso recurriste a mí en el ritual... – Murmuró ella. Slytherin ya se lo había dicho, pero era muy distinto a escuchar las palabras con una explicación directa y considerada.

"Utilizó tu cuerpo como recipiente, así que... un intercambio de almas se originó. Hasta que Filldeserp no dé por concluido el ritual estarás aquí... En realidad, es un milagro que seas una elemental de viento y sobreviviente de la Laguna, o sino ya estarías muerta.

"Las Puertas te hubieran reconocido como muerta de verdad... y toda conexión con tu cuerpo mortal se hubiera perdido, así que no podrías regresar. Con tu condición, las Puertas te concedieron un estado de Visitante. Demasiados privilegios para una sangre sucia, aún cuando tengas otras características dignas..."

El Plano Astral, conectado íntimamente con su elemento, le había permitido acceder al Mundo de los Muertos... viva.

- En efecto. No hubieras sobrevivido si no fuera por tu elemento.

- Así que... cuando aprenda a utilizar mi elemento... ¿podré viajar al mundo de los muertos cuando yo desee? – Filldeserp hizo una mueca desaprobatoria ante aquella sugerencia.

- Es posible, pero no está dentro de mis recomendaciones. Demasiado contacto con los muertos drenará tu energía vital. Además que los Jueces aprovecharán cada ocasión... – Por un momento sus ojos se perdieron. Hermione sintió su estómago sacudirse ante la mención de los Mayores.

"El Elegido ha estado sorprendiendo a los Jueces estos últimos siete años... negándose a escucharlos e intentando suprimir todo instinto humano de su ser... Habían profetizado su conversión al lado oscuro... pero jamás creyeron que a semejantes niveles..."

- ¿Has estado en contacto con ellos? – Se atrevió a preguntar. Filldeserp volvió a fijar su mirada en ella y el odio que distinguió en ellos la horrorizó.

- Ellos viven queriendo contactarme. Suelo conseguir evadirlos, pero inevitablemente me encuentran... Aunque en su último intento... – Una sonrisa llena de maldad y complacencia apareció en su rostro. – No reaccioné como ellos querían.

"El equilibrio se les está escapando a los Jueces. Temen que Filldeserp pueda predecirlos como la última vez y escapar de su destino... de lograrlo, un nuevo régimen se instalará sobre el mundo mortal..."

- Ellos… querían hablar conmigo. – Comentó Hermione, concentrando su atención en sus manos, no creyendo tener la fuerza para enfrentar sus ojos verdes. – Sin embargo... me retrasé hablando con Salazar...

- ¿O Salazar te retrasó? – Cuestionó Filldeserp. El tono divertido de su voz hizo que Hermione alzara sus ojos de nuevo. Él la contemplaba con una ceja levantada, aguardando su respuesta.

"Un verdadero Slytherin sabe que no hay mejor bando que el propio, señorita Granger. Sin embargo y, este es un secreto que permanecerá entre usted y yo, el reino de los Jueces ya es exasperante. Es hora que el Imperio Slytherin se instale..." "¿Y por qué me ha contado esto, entonces¿No hubiera sido mejor mantenerme en la ignorancia y que así no pueda impedir que Filldeserp escape de los Jueces?"

Slytherin al principio le había indicado que visitarían a los Jueces, que ellos habían estado aguardando su visita. De haber querido mantener las apariencias de una manera Gryffindor, Salazar la hubiera conducido directamente, sin contestar a sus preguntas. Sin embargo, la había retrasado, con la probable excusa de la curiosidad de la muchacha y de haber querido ser un buen anfitrión. Ella había cuestionado la identidad de los Jueces y el rumbo de la conversación había sido demasiado profundo para abandonarse. Hubiera sido muy rudo de Salazar obrar de tal manera, pensó Hermione con cinismo.

Definitivamente Salazar había elegido su propio bando.

- ¡Claro! – Exclamó, maravillada por la astucia del fundador. – Él... él no quería que yo hablase con ellos¿verdad?

- Ahá. Slytherin no les reserva mucho respeto a los Jueces, especialmente porque siempre han maltratado a sus herederos. Intentaron usarlo muchas veces como peón, un intermediario de voluntades. Sin embargo, ni siquiera los mismos dioses pueden contra la mente aguda de Salazar. – Filldeserp rió suavemente. – Dada tu conexión conmigo, Salazar indudable previó lo que los Jueces querían comunicarte, y evitó tal circunstancia.

... ¿protegiendo a Filldeserp¿Protegiéndola a ella¿O desafiando las órdenes de los Jueces¿O simplemente el entretenimiento de un muerto?

- ¿No te interesa saber el tema de nuestra conversación? – Preguntó ella, sorprendida ante la falta de inquisición por parte de Filldeserp.

Después de todo, él parecía saber que aquello le involucraba. Podría haberla cuestionado en cualquier circunstancia. Probablemente le hubiera otorgado las respuestas que inquiría.

Él la evaluó con sus ojos serenos. De no haber aprendido a leer su frialdad, hubiera pensado que la contemplaba con indiferencia, quitándole importancia, cuando en verdad era exactamente lo contrario. Su silencio era una prueba, intentando convocar el tan conocido temperamento Gryffindor de Hermione. Pero ella ya había entrenado lo suficiente, y ahora entendía el sistema que se empleaba a la hora de no mostrar emociones.

Había aprendido a leer, si bien requería de un gran esfuerzo y atención, a Filldeserp. Sabía ahora por cuáles detalles indagar.

- Únicamente si crees necesario comunicármelo. – Respondió él con delicadeza. – Muchas de las cosas que pudiste haber conversado con Salazar debieron ser personales o concernientes a tu futuro. Teniendo en cuenta que nuestras intenciones no son las mismas, en caso de que me cuentes tu misión... – Pronunció la palabra con una repugnancia y recelo profundos. – podrías otorgarme una ventaja que luego llegarías a lamentar.

- Lo que me obliga a reiterar mi pregunta. ¿No te interesa saberlo¿Por qué no me obligas a contártelo?

A Filldeserp jamás le había importado su opinión ni su voluntad. Había considerado cada contradicción de sus órdenes como una indisciplina de su parte, y la había castigado correspondientemente en cada ocasión. Lo mismo había hecho el Lord, sometiéndola a protocolos que por naturaleza ella nunca hubiese aprendido o practicado.

¿Por qué ahora le daba la opción de elegir?

Por un instante le pareció ver cierta incomodidad en la expresión del heredero de Voldemort. No era que no hubiese esperado la pregunta, sino que no estaba dispuesto a darle una respuesta certera. Sin embargo, tras un silencio característico, observó como algo en él cedió y suspiró, tal vez resignándose con la decisión tomada.

- Porque he aprendido a respetarte. – Susurró, como si quisiese que las palabras no fueran en realidad escuchadas. – Y considero que tienes derecho a tomar las riendas de tu misión por tu cuenta, sin mi influencia. – Suspiró, casi nostálgicamente. – Entiendo el precio que tiene poder decidir por uno mismo... tener tus secretos, tus ases... – Centró su mirada en sus ojos castaños, y allí ella pudo contemplar toda su sinceridad. – El Lord te entregó a mí bajo la condición de ser mi Protegida. Tengo el deber de entrenarte y de defenderte… protegerte y respetarte. – Emitió una mueca amarga. – Hubo ocasiones en las que no cumplí en verdad con mi rol, pero debes entender que no estoy acostumbrado a... trabajar en equipo. O simplemente no está en mi naturaleza enseñarte sin disfrutar humillar tu ignorancia.

Aquello cayó como un balde de agua fría sobre Hermione. No en una mala impresión, pero por su mente, en ningún momento había aparecido la posibilidad de que aquella realidad existiera. Había podido presenciar algunos momentos en los que toda faceta de Dark Lord se desvanecía de Filldeserp, no obstante creía estar muy lejos de olvidar la personalidad monstruosa, cruel y pérfida que había adoptado seis años atrás.

Pestañó varias veces y estuvo tentada a peñiscarse para comprobar que no se tratara de un sueño. Filldeserp acababa de comprometerse con su rol de protector, acababa de admitir su admiración y respeto por ciertos aspectos de la personalidad de Hermione, y había expresado en voz alta tres de aquellos grandes fantasmas que le perseguían.

Decisiones. Influencias.

Destinos.

Y se lo había confesado a ella... creyendo que ella podría comprender su situación. O quizás inversamente: que él podría comprender su situación. ¿Sería posible que fuera así¿Qué auténticamente quisiera ayudarla¿Quisiera protegerla?

- Continuando con la lección... – Retomó Filldeserp como si su discurso previo jamás hubiese acontecido, lo que provocó una inesperada punzada en el pecho de Hermione. – Primero debes identificar el elemento en tu interior... sacarlo al exterior y medir su fuerza. Para ello... concéntrate, limpia tu mente de todo pensamiento y déjate llevar por tu... magia interior... – Instruyó, aunque esto último con un tono de voz que mostraba su hastío con el término.

Asintió y respirando hondo, prosiguió con los pasos típicos de la Oclumancia para relajar su mente y desatar ciertos canales de su magia. Sin embargo, su anterior incertidumbre iba en aumento, no sabiendo qué esperar, no sabiendo qué buscar en su interior. Nunca había tenido la necesidad de perder control de su magia, y no entendía cómo hacerlo. Una innegable parte de su mente no entendía porqué debía hacerlo.

¿No estaba mejor sin el elemento¿Sin la inestabilidad que posteriormente provocaría en su ser?

No. Ella quería aprender. No era un talento para ser desechado y no creía que aquel hecho fuera posible de todos modos. No podía ignorar su elemento. No podía ignorar una parte de su ser; un don que su magia le había concedido, algo que la hacía especial y que le permitiría expandir sus conocimientos, su capacidad... que abriría su mente a otros campos de la magia que jamás había explorado.

Era toda una nueva oportunidad y no estaba dispuesta a desperdiciarla.

Sin embargo, temía hacerlo sola. Temía perder el control de las circunstancias. Temía que el elemento fuera mayor que ella, como tentativamente había presenciado en su primer descontrol; que finalizara el elemento siendo maestro de ella, y no ella maestra del elemento.

Temor.

Una barrera a su magia. Una barrera que le impedía acceder a sus secretos más profundos, a sus habilidades más resguardadas.

- Lo mejor será que te muestre la sensación que produce el elemento para que puedas identificarlo correctamente. – Propuso Filldeserp tras su fallo.

Se le aproximó y, tras un momento de vacilación, se colocó detrás de ella ubicando sus manos en su cintura. Hermione podía sentir su respiración en su cuello y una inquietante sensación recorrió su cuerpo. El nerviosismo, supuso, era el causante de su corazón acelerado y del temblor de sus manos.

Fue entonces cuando percibió una energía externa, originada por Filldeserp, rodeándola. Por un instante sintió su piel arder en el lugar donde las manos del heredero de Voldemort estaban apoyadas, pero la sensación pronto se perdió. Cerró los ojos y dejó que la penetrara. Jamás había experimentado un poder tan puro y genuino... tan inofensivo y nocivo a la vez. Era intoxicante y relajante; imponente y voluble.

En las profundidades de su mente, cierto temor comenzaba a aflorar. Aquel poder podría fácilmente destruirla si aquella fuese su intención; aquel poder podía convertirla en cenizas en cuestión de segundos y ella no podría hacer nada para defenderse.

Casi distinguiendo su aprensión, los brazos de Filldeserp la abrazaron más fuerte, acercándola más contra sí, y protegiéndola. Ante aquello, se animó a abrir los ojos y el panorama que halló frente a ella la dejó sin aliento.

Llamaradas de fuego los circundaban, realizando una danza indescriptible. Inspiraban un poder, una deferencia; infundían una energía espiritual que animó su espíritu. Una inconfundible pero inexplicable sensación se adueñó de su cuerpo y sin entender porqué, empezó a reír, llena de felicidad.

Ya no había temor. Ya no había barreras.

Una ráfaga de viento alteró la danza de las llamas. Sin embargo, pasados unos segundos, pudieron coordinar sus movimientos y pronto ambos elementos jugaban, combinando un poder natural inmensurable.

Hermione movió su cabeza hacia un costado y pudo elevar su mirada lo suficiente para unirla con la de Filldeserp. Allí vio la misma felicidad, la misma adrenalina, que sus ojos almendrados debían de reflejar. Una ligera sonrisa orgullosa estaba plasmada en el rostro del mago oscuro, una sonrisa que sólo ella podría entender; una sonrisa que hizo que la alegría de su alma aumentara y que todo cobrara sentido.

Allí mismo descubrió a su elemento, descubrió las memorias y sentimientos que debía asociar con él; entendió los límites de su poder... pero más aún, comprendió algo que su alma y corazón habían estado negando todo aquel tiempo.

Por fin, allí... había encontrado aquello que la hacía sentir completa. Feliz.


Fortaleza de la Orden Oscura

16 de septiembre de 2004

Horario: diez y treinta y cinco de la noche.

Por lo menos una vez al mes los miembros del Círculo Interno de la Orden Oscura se reunían para comentar y detallar los diversos planes que se llevarían a cabo en un futuro cercano; eran sesiones mucho más centradas y profundas que las reuniones de los mortífagos en general, donde simplemente se intercambiaban ciertos reportes (y sobre todo información que podía ser compartida con posibles espías). Los auténticos movimientos estratégicos eran detallados en privado o por escrito, y sólo Voldemort y Filldeserp tenían acceso a la totalidad de todos ellos.

Entre el Círculo Interno existía un clima de informalidad, aunque limitado siempre por la situación y el humor de los Lords. En las reuniones no solía estar toda la elite presente (eran muy infrecuentes tales ocasiones), sobre todo porque muchas de las misiones que se le presentaban a estos miembros requerían de cierto tiempo y ausencia en el entorno. La mayoría de ellos ostentaban poderes políticos e influencia sobre la comunidad mágica; unos pocos se especializaban en lo referido a la violencia y las batallas en sí mismas. Casi todos compartían grandiosas habilidades estrategas, o al menos astucia y contemplación.

- En reiteradas ocasiones nos hemos reunido para debatir sobre el Congreso que se aproxima. – Empezó Voldemort, deteniendo su mirada carmesí en cada uno de sus mortífagos más fieles, que conformaban el Círculo. – Hemos recibido varios reportes de nuestras fuentes, concernientes a nuestros aliados y enemigos. Sin embargo, hay algunos que aún no se han presentado. Lacroix¿sabes algo al respecto?

Jehanne Lacroix era una mortífaga de mediana edad y de origen francés, miembro de una familia jerárquica de ese país, graduada como estudiante modelo de Beauxbatons y con los títulos más altos en toda la temática de políticas mágicas y relaciones internacionales. Había ascendido rápidamente en la Orden Oscura gracias a tales talentos, y se había convertido en una de las armas más poderosas a niveles diplomáticos.

- Lamento traerle malas noticias, mi Lord. El clan de vampiros de Alemania aún está evaluando su posición presumiendo, por el momento, neutralidad. – Dijo Lacroix con un acento primoroso.

Ante tal informe, Voldemort frunció el entrecejo e intercambió una silenciosa conversación con Filldeserp, aunque ninguno de los dos rostros llegó a variar de la impavidez. Los miembros sólo podían detectar una comunicación en proceso por el característico silencio y ciertos signos imperceptibles para aquél que desconocía a las dos figuras más prestigiosas del lado oscuro.

- ¿Han declarado sus razones para rechazar nuestra oferta de renovación? – Cuestionó Filldeserp.

- No. Dicen tener el derecho para meditar al respecto, y que no estamos en condiciones de presionarlos...

- ¿Ha adquirido Phinehas un heredero? Su tiempo como conde pronto llegará a su fin... por más que sea vampiro, ha reinado lo suficiente, y su poblado exigirá una nueva generación... – Volvió a hablar Filldeserp, esta vez adoptando un tono más pensativo. Voldemort pareció tensarse ante aquellas palabras y un brillo de entendimiento cruzó sus ojos antes de ser suplantado por su típica máscara.

- Tampoco. Ni siquiera parece apurado... – Contestó la francesa nuevamente.

- ¿Es posible que tantos años en el poder hayan nublado su juicio? – Sugirió Kenneth Carrow, uno de los miembros más antiguos de la elite, incluso previo a la asociación de Filldeserp con el lado oscuro. – Trescientos cincuenta años debe hacer eso en uno...

- Sigue sin ser razón para declinar nuestra oferta. – Contrarrestó Alice. – No le hemos ofrecido menos de lo usual... y ha llegado a mis oídos que ni la Orden del Fénix ni el Ministerio se han acercado a ellos...

- Es probable que se hayan cansado de la guerra... – Estipuló Avery.

- ¿Un vampiro cansarse de la sangre? – Exclamó Kenneth, alterado por el razonamiento del mortífago camarada. - ¡Jamás he oído algo tan absurdo! Les estamos ofreciendo la gratificación de su necesidad principal en abundancia, y de buena calidad. Un vampiro nunca puede negarse a eso.

- Creo que estás subestimándolos. – Objetó Avery. – No son solamente criaturas en pos de sangre. Saben que, sin nuestra ayuda, pueden subsistir. La sangre que le ofrecemos no es imprescindible; que tengan una tendencia a la guerra y les guste participar generalmente en el Lado Oscuro, donde pertenecen, no significa que no puedan contrastar sus impulsos y asumir una postura más... controlada.

- El Conde Phinehas no abandonará la guerra. Sería un movimiento político poco productivo, ya que se estaría retractando de una decisión que tomó con el pleno don de sus facultades de gobernación. Le restará popularidad entre los suyos. – Contestó Kenneth, comenzando a perder la paciencia. – La cancillería pedirá su destitución, y hará urgir a la familia Kunz...

- ¡Están blasfemando contra el actual condado! – Profirió Lacroix, uniéndose al debate. – El nombramiento de la familia Kunz sería un deshonor para los Henkel; más de un milenio en el poder hasta que sus enemigos declarados los suplan...

- ¡Silencio! – Ordenó Voldemort por sobre los clamores de sus súbditos. – Si el clan Henkel decide oponérsenos, atacaremos y nos certificaremos de que los Kunz asciendan en su lugar. Sin embargo, estamos otorgándole demasiada importancia a una alianza que sabíamos tarde o temprano se descompondría, dadas las numerosas pérdidas que ha sufrido el clan bajo los ataques de los licántropos aliados a Dumbledore. Me interesa más saber si ha habido algún avance sobre estos grupos...

- Han accedido a una reunión durante el Congreso, milord. – Notificó Damir Sklar, otro miembro prestigioso de la elite y extranjero. Era el principal aliado del Lado Oscuro en los sectores de licantropía, dadas sus condiciones especiales.

- Excelente. Me deleitaría que ganases su apoyo, Filldeserp. – Sugirió el Dark Lord con una sonrisa retorcida en sus labios, que su heredero correspondió. - ¿Alguna noticia sobre la comunidad de Elementales de China?

- Se han negado a participar del Congreso. – Comunicó Lacroix.

- Por lo tanto podemos deducir una posible alianza con Dumbledore. – Murmuró Voldemort, entrelazando los dedos. – ¿Lo crees posible, Filldeserp?

- Potencialmente. – Asintió él; la expresión de su rostro severa. – Esa comunidad está atestada de elementales de Tierra y Viento. Dado que reconocen los indicios de un líder de fuego en esta guerra...

- ¿Has podido contactar a los elementales de Agua, Alice? – Cuestionó el Dark Lord. La maestra de pociones negó lentamente con la cabeza.

- Permanecen aislados, posiblemente en América, lo cual me impide contactarlos en forma directa sin alertar a Dumbledore de mis misteriosos viajes.

- ¿Existe la probabilidad de que los elementales de Viento varíen de su opinión una vez que la hallamos entrenado? – Indagó Voldemort a Filldeserp, ignorando por completo los rostros de confusión del resto de la mesa.

- Depende en si acepta ayudarnos. – Proporcionó. - Si lo hace, y conseguimos guiarla correctamente en la diplomacia, son altas las posibilidades de triunfo.

- Prosigamos con el plan entonces. – Instruyó Voldemort, sonriendo complacido.

- Mi Lord, tengo noticias sobre la Orden. – Advirtió Megan Jones.

- ¿Por qué no nos lo has dicho antes, Jones? – Reprochó el Dark Lord, sus ojos rojos reluciendo ferozmente. Si había algo que odiaba, era la retención de información vital. Y todo lo relacionado con la Orden del Fénix era vital.

- Le ruego que me perdone, milord. Simplemente consideré que el Congreso mantenía la prioridad...

- Hoy me hallo benevolente, Jones, así que no recibirás ninguna punición. No obstante, de frecuentarse esta situación...

- Muchas gracias, milord. – Asintió Megan bajando su mirada, sumisa.

- Continúa.

- En la última reunión oficial de la Orden, tres aurores españoles se presentaron en formal alianza. – Informó la espía. – Son los representes, y presuntos líderes, de una Orden Revolucionaria en España...

- Illegitimi non carborundum – Susurró Filldeserp, inclinándose en su asiento. El resto de los miembros se voltearon con desconcierto, sin entender el significado de sus palabras. Sin embargo, tanto Voldemort como Lacroix pronunciaron sonidos de sorpresa y alerta.

- Es imposible que la hayan revivido... Grindelwald la destruyó por completo... – Sostuvo Lacroix.

- Siempre pueden generarse nuevos votos. – Refutó Filldeserp. – Oí rumores sobre un renacimiento durante mi novísima estadía en España. No se referían a esta organización y sin embargo...

- El mensaje connotativo del fénix es inexcusable. – Concluyó Voldemort, habiendo captado la idea de su heredero.

- Disculpe mi ignorancia, mi Lord, pero... ¿qué es la Illegitimi non carborundum? – Se animó a curiosear Carrow.

- Me sorprende que no la conozcas, Kenneth. – Dijo Voldemort, con un tinte de burla en su mueca. – Como bien ha dicho Megan, es una orden revolucionaria española... muy famosa durante la época de Grindelwald, aunque su esplendor se dio mucho antes, con Kinderman.

- ¿Aquel maniático español que quería unificar el mundo mágico y el muggle? – Dijo Avery, frunciendo el entrecejo.

- Correcto. – Dijo Filldeserp, ligeramente decepcionado ante la ignorancia del Círculo Interno. – Su causa empezó con cierta proyección, pero dicen que tras ciertos rituales perdió la cordura... y a partir de allí todo fue descontrol. Sobre todo con el conservatismo de la época.

- Y esta organización le dio fin a su Época de Terror... – Dedujo Kenneth.

- Dicen que sus métodos de contraponer fuerzas eran muy originales y efectivos. – Señaló Lacroix, con aspecto de estar buscando más información en su memoria. – Uno de los primeros movimientos de inteligencia de Grindelwald fue aislarlos y exterminarlos, ya que conocía el peligro que significaba un enemigo así.

- ¿Y quiénes son los "presuntos líderes", Megan? – Preguntó Voldemort, su rostro habiendo cobrado convicción y firmeza.

- Lucas de Santos, Francisco García y Javier Martínez.

- ¿De Santos? – Dijo Filldeserp con una sonrisa peligrosa. - ¿El mismo auror que...?

- Así es. – Le interrumpió Voldemort. – No me sorprende que aún no se haya rendido.

- Ni lo hará hasta que no consiga su venganza. – Ratificó su heredero.

- Me pregunto cuándo te cansarás de jugar con él, Filldeserp... – Murmuró el Dark Lord, divertido. En respuesta, Potter sonrió vorazmente.

- Posiblemente hasta que no lo vea destruido en su totalidad. Y no sólo físicamente hablando... – Su sonrisa se expandió. – Su fuerza de voluntad no tiene mucho tiempo de vida restante... y entonces, el mayor golpe sobrevendrá. Nada le causará más dolor que saber que desde un principio ha fallado; aún siendo el comandante de la INC...

- ¿Es verdad que es uno de los aurores más poderosos de Europa? – Preguntó Megan con cautela.

- En efecto. – Asintió Filldeserp. – Que se haya aliado con la Orden del Fénix es un hecho preocupante, pero no que requiera de nuestra absoluta atención. De hecho, era algo que veníamos esperando con el Lord desde hacía varios meses...

- No es poderoso solamente en lo referente a niveles de magia. Es muy respetado entre la comunidad española, y por lo tanto ejerce cierta influencia. También era reconocido por su extrema fuerza de voluntad, y sus camaradas admiraban su sentido del humor... aún en las peores ocasiones, dicen que poseía un espíritu restaurador... – Explicó Leonel Saavedra, mortífago español y con una destacada carrera en ese ministerio.

- Noto tu uso de tiempo verbal... – Murmuró Megan.

- Un hombre así era muy peligroso; demasiado. Por supuesto que nos encargaríamos de aplacarlo. – Contestó Filldeserp. Emitió una mueca con cierta inclinación a la satisfacción. – Sigue activo, sigue siendo respetado, pero ha perdido muchas razones por las cuales luchar. La desesperanza no es una actitud que le conducirá a buen destino...

- ¿Por qué entonces ha sido elegido como líder de la INC, sabiendo que posiblemente sus sentimientos afecten su juicio de la guerra? – Cuestionó Avery.

- Necesitan a un mártir... a un héroe. – Indicó Kenneth. – Alguien que haya sufrido la guerra y que sea un digno ejemplo de un guerrero; de un auror fiel a sus juramentos y a sus ideales. Alguien que no sea ajeno a las propias experiencias ni que permanezca estático ante determinas revelaciones... alguien que puede ser indiferente y sensible simultáneamente, y que sepa cuándo es el momento.

- ¿No le habremos brindado un arma a Dumbledore? – Señaló Avery de nuevo.

- Puede que mejore ciertos aspectos de la Orden del Fénix; puede que reviva ciertos espíritus... pero todo será en función de lo que permitamos. – Sonrió Voldemort fríamente. – Esto no es inesperado; es más, podría considerarse que incluso estaba en nuestros planes... Es un juego, en verdad. – Rió entre dientes antes de explicarse. – ¿Cuántos héroes fracasados podrá resistir la Comunidad¿Cuánta esperanza le resta? Un primer golpe fue la pérdida del Niño que Vivió, – compartió una sonrisa con su heredero – un segundo golpe podría llegar a ser De Santos... o la muerte de Dumbledore; incluso la derrota de Longbottom. Una vez que hayan perdido sus figuras... ya no tendrán fe y cada héroe les habrá decepcionado de tal manera que ya no existirán salidas. No serán figuras de sacrificio... serán ejemplos de ideologías que ya no sirven, que ya no tienen nada para dar y que son inferiores a las que proponemos... Después de todo, la historia la escribe quién triunfa en la guerra...

Manipulación emotiva e ideológica; algo que le permitiría gobernar sin necesidad de incesantes rebeliones o batallas. Aquello que convertía en débil al hombre sería la fortaleza de su régimen. Destruiría cada ideal, cada héroe, con sus propias manos de ser necesario, y se aseguraría que su memoria no pudiera ser inmolada.

Un control absoluto y sin percepción de tal respecto a sus súbditos.


20 de septiembre de 2004

Retornando a mi pasado, me recibí como aurora con las mejoras calificaciones. Inmediatamente ingresé al Ministerio –era miembro de la Orden desde 1998- y fui ascendiendo, junto Neville y Ron, hasta alcanzar a ser Jefes del Departamento, más bien de un equipo seleccionado de aurores.

Emprendimos misiones peligrosas, estuvimos en el frente de batalla en muchos ataques; sufrimos muchas pérdidas de amigos y familiares, aunque no sólo por esas razones. Perdimos muchos compañeros y constantemente se puso a prueba nuestra lealtad a la Causa; nuestro Juramento de defender a los inocentes, aunque nuestra vida se desmoronara en el intento.

Fuimos capaces de eso y mucho más.

Hasta el secuestro. Mi mundo se hizo añicos entonces. No sé cómo, siquiera porqué. Sólo sé que... la reintegración de Filldeserp a mi vida tuvo algo que ver.

Algo que me conduce a creer en sus palabras, aún cuando éstas puedan herirme... pienso que estoy dispuesta a dejar que me hieran, mientras pueda seguir escuchando su voz, seguir leyendo aquellas emociones en su rostro...

Es erróneo. Era mi enemigo.

Era mi mejor amigo.

Ahora... ¿qué es ahora?

Mi protector.

Le tendió un medallón. Lo contempló con cautela, admirando su incalculable valor. Era una verídica piedra esmeralda, encerrada en un borde plateado y enlazada en un colgante de oro puro. Temblorosa de aceptar tal joya, fijó sus ojos almendrados en los de Filldeserp, en busca de una explicación.

- A partir de ahora se te permitirá explorar la Fortaleza. Has probado ser digna de nuestra confianza... sin embargo, los mortífagos no. En cualquier ocasión que encuentren, intentarán perjudicarte. Aún más aquellos que puedan llegar a descubrir tu identidad. – Explicó con suavidad, acercándose a ella y situando el medallón en su cuello con elegancia. Para la sorpresa de Hermione, no pesaba nada. Posiblemente a causa de un encantamiento.

- En cuanto reconozcan este medallón, sabrán que estás bajo mi absoluta protección y no osarán ir contra mis órdenes.

- ¿Y si se atreven? – Preguntó Hermione, sin rastro de miedo en su rostro. Las esmeraldas brillaron peligrosamente, desafiando a adversarios invisibles.

- Entenderán porqué nunca debieron atreverse. – Una palpable intimidación en su voz.

Recuerdo aquello y no puedo evitar una sonrisa. Por un momento su actitud me pareció tan adorable. Aunque sé que Filldeserp es todo menos adorable

Quizás en ese momento me dejé engañar por lo que veían mis ojos... pero por lo menos, ahora lo sé.

Era la primera salida que hacía por la Fortaleza sin la vigilancia de Zeeky, la elfa doméstica que solía cuidarla y avisarle sobre las órdenes de ambos Dark Lords. No entendía porqué la experiencia le resultaba tan laboriosa: desde que había sido secuestrada, se había sentido encerrada y controlada; ahora que se le estaba dando la posibilidad de escapar de aquella situación por un tiempo limitado, respirar con un poco de libertad... sentía que no quería. Quizás era el peligro que representaba la Fortaleza; tantos mortífagos con un libre albedrío pleno, tantas posibles trampas, el ambiente sofocante y aprensivo; la poca luz de los pasillos, al igual que el silencio perturbador con el que se tropezaba a cada esquina...

Se sentía insegura, incapaz de arriesgarse a ir más allá del tenebroso pasadizo; presentía la poca utilidad y claridad mental que una salida así podría brindarle. Por más que quisiese convencerse de lo contrario, seguía estando en terreno enemigo; seguía siendo gobernada y cada uno de los pasos que diese estaría siendo supervisado por algún sirviente de Voldemort, ya fuera criatura o humano.

La última vez que había corrido autónomamente por esos pasillos había sido en búsqueda de Filldeserp o de su Lord, en su desesperación por detener aquello que sus temores le habían llevado a imaginar que sucedería. No estaba segura si en verdad aquellas suposiciones habían estado bien fundadas, sin embargo, por las marcas en la muñeca que portaba Filldeserp hacía una semana...

Si había algo que no había entendido de todo el escenario, era porqué lo había hecho. Su teoría más atinada, suponía, era para luchar contra su debilidad. Jamás había visto a Filldeserp tan derrumbado, pero sabía que eso era un resultado de sus bajas barreras mentales, ocasionadas por el ataque mental que ella misma había iniciado. Consiguientemente aquello era un indicio de que cada una de las máscaras de Filldeserp estaba basada en su Oclumancia, en la calificación de cada una de sus memorias y emociones, y en la detención y represión de aquellas que viablemente tuvieran un efecto negativo.

Cualquier emoción que fuese demasiado fuerte sería paralizada, y una frialdad indestructible la reemplazaría. Sus ojos se volverían duros e intransigentes. Aquella energía que estaría recluida a las profundidades de los escudos mentales sería utilizada para un fin más productivo: el elemento fuego, quizás un poco de magia innata o incluso en el impulso de la Legeremancia.

Pero el círculo se quebraría si aquella energía era liberada desde un principio; quizás, sin quererlo, había agredido contra las reservas mágicas de Filldeserp, lo que había agregado otra debilidad.

Otra procedencia de aquel deseo de autocastigarse podría ser el tema que había abordado en el ataque mental... la traición de Ron. Hermione aún no podía creerlo, y lo más factible sería que jamás pudiese hacerlo. Ron, si bien celoso, impulsivo y a veces un poco grosero, nunca habría traicionado a sus amigos. De hecho, lo que más le había herido al pelirrojo en su cuarto año, cuando creyó que Harry había puesto su nombre en el cáliz de fuego, fue eso: la posibilidad de que su amigo no hubiese confiado en él lo suficiente, no hubiese creído en él lo suficiente... y por lo tanto, había traicionado las reglas básicas de la amistad: confianza y apoyo. En su mente, Ron creyó que Harry lo había traicionado y aquello fue lo que le enfureció y le hizo reaccionar. Viéndolo superficialmente, sí, los celos habían influido, y estaba segura que había sido la gota que había colmado el vaso, pero... sólo fueron un detonante.

No obstante era conciente que el Ron de cuarto año y el Ron de séptimo eran personas diferentes; esencialmente la misma, pero con ciertas características dadas por las experiencias que había sufrido. Lo mismo sucedía con ella y con Harry. Sobre todo Harry.

Exactamente la misma circunstancia que ahora ella vivía respecto Ron había sucedido hacía seis años en el ataque a Hogwarts, y sus semanas posteriores. Nunca había creído posible que el Niño que Vivió, su mejor amigo, honorable Premio Anual, pudiese traicionar así a sus amigos y compañeros, a la memoria de sus padres y padrino; que pudiese traicionar así cada una de sus creencias, cada principio que había promovido desde su llegada a Hogwarts. Harry nunca había sido conciente, pero su presencia en Hogwarts, especialmente los últimos dos años, habían influenciado demasiado. Daba un poco de calidez, un poco de fe, a aquellos que convivían con él; los alumnos se sentían más seguros estando junto a él, porque siempre habían creído que, si algo llegaba a suceder, él los defendería; él pelearía hombre a hombro junto a ellos. Incluso había sido un factor clave en la integración de tres de las cuatro casas de Hogwarts gracias al ED, que se había mantenido durante su sexto año con cierta regularidad. Había infundado valentía en los corazones de aquellos que no creían poder enfrentarse a la Guerra, a la Realidad.

Simplemente les había dado algo en lo cual creer.

Ese fue el golpe mayor en el ataque de Hogwarts. Encontrarse en el campo de batalla, de repente sin ese héroe, sin ese amigo, sin esa fe, no había sólo estimulado el ataque más cercano a la conquista de Hogwarts de toda la historia, sino que había provocado más muertos que los que Filldeserp había asesinado con su Avada Kedavra. Y no habían sido pocos.

¿Qué la había sorprendido más¿La traición de Harry o la traición de Ron?

¿Cuál le había dolido más?

A sus ojos, eran igual de semejantes. Posiblemente la traición de Harry simbolizara más en lo general, por la cantidad de fallecidos. En cambio, Ron sólo había asesinado a su padre y había permitido que Bellatrix Lestrange enloqueciese a su madre...

¿Sólo eso?, una voz cruel remarcó en su mente.

Las dos personas más preciadas de toda su vida... ¿podían llegar a valer más, o menos, que cientos de asesinados?

Ambos eran igual de traidores. Ambos la habían dañado a niveles inconcebibles...

Y estaba dispuesta a perdonarlos a los dos. Se sentía estúpida, porque ninguno le había pedido perdón ni se había arrepentido. Pero... cuando cerraba los ojos y recordaba aquellos años gloriosos de amistad, donde había pertenecido a un trío de verdad, sentía como su corazón se encogía en nostalgia...

Quería darles una nueva oportunidad, porque no podía hallar en sí misma la fuerza para creer que todo aquello se había perdido para siempre; que sus amigos, en la realidad, nunca habían existido y que todo había sido un juego de su mente; incluso del tiempo.

El futuro le aterrorizaba; la constante incertidumbre de no saber cómo se desarrollaría su misión y qué le deparaba en el proceso, pero más que nada en su final; a veces deseaba ser un poco menos Gryffindor y huir de aquella responsabilidad. Un peso invisible se había instalado sobre su cuerpo y mente e, hiciera lo que hiciera, sabía que hasta que no cumpliese, no se desvanecería.

Ahora podía llegar a entender cómo se había sentido Harry tras descubrir el contenido de la Profecía. Los superaba y, en ese mundo tan lacrado, podría haber supuesto que no tendría escapatoria; que su final y su historia ya estaban escritas, sino fuera porque estaba viviendo desde hacía más de un mes con la prueba sólida de que podía desafiar su destino; quizás no huir, pero sí manejarlo a su manera. Disponer ella del juego. Poner ella las reglas.

Sumergida como estaba en sus pensamientos, no se percató de su andar. Ni se fijó en las figuras que pasaban a su lado, sin ni siquiera osar posar sus ojos en ella. Tampoco se preocupó en memorizar el camino. Sin pensar en el miedo, en la inseguridad que la abrumaba, le era mucho más fácil enfrentar aquella libertad condicional y valorarla.

Ella podía operar el juego. No tenía porqué intimidarse ni desesperarse. Mientras se mantuviese serena y no demostrara ninguna actitud que diera a conocer su condición de no-mortífaga (y efectivamente aurora estrella), todo estaría bien.

No obstante, nunca tendría el control incondicional. Siempre sucederían eventos impredecibles, que no sólo desacreditarían las reglas del juego, sino que la obligarían a adoptar nuevas, salvo que no quisiese intervenir en el caos, lo cual resultaba ser una postura que nunca se permitiría tomar. No había nada que le irritase más que ignorar el curso de los sucesos, especialmente no tener cierto conocimiento que le permitiera defenderse y conservar una postura propia.

Aquella sería una de esas ocasiones en las que el juego se volvería en su contra.

Percibió un rudo movimiento detrás de ella e inmediatamente (gracias a los reflejos adquiridos en la Academia) se volteó, lamentando no tener su varita. Se encontró siendo arrojada con violencia contra la pared y con una varita colocada sobre su cuello, de tal forma que no pudiera moverse. Al contemplar el rostro de su agresor, una extraña familiaridad la sacudió pero aún así no pudo identificarlo.

El rostro del mortífago era regordete, sin rastro alguno de la típica elegancia del legado de un sangre pura. De cabello enrulado color azabache y ojos grises que fácilmente podrían haber sido negros, la túnica que vestía daba a conocer su rango poco importante. De hecho, sino fuera por la desventaja de no poder defenderse, Hermione no dudaba de que ese mortífago no poseyera habilidad alguna en el combate, por su modo torpe de sujetar la varita. Quizás cumplía un rol relativo al espionaje, pero por alguna inexplicable razón también descartó esa posibilidad.

El medallón que Filldeserp le había otorgado relucía sobre su pecho. No había forma de que ese mortífago no supiera que estaba reaccionando contra las órdenes de sus Lords, salvo que dentro de su ignorancia, no reconociera una joya de la herencia de Slytherin, o no interpretase su significado.

- ¿Se puede saber qué haces aquí, sangre sucia?

Ni siquiera tuvo la delicadeza de mantener su tono de voz bajo. Varios mortífagos que pasaban por allí se detuvieron, pero al contrario que su ofensor, reconocieron el medallón y siguieron su rumbo. Ninguno pensó en socorrerla. Tal vez no querían verse envueltos en una situación que podría perjudicarlos a los ojos de alguno de los Lords...

Como mostrar compasión por una sangre sucia.

Sin embargo, una figura sí se acercó, aunque a paso lento y dubitativo. No pudo ver sus rasgos, mas pudo definir que se trataba de una mujer.

- Amycus¿qué sucede? – Preguntó la mortífaga, cuyo rostro estaba oculto tras una capa.

- ¿No lo ves, Aly? Es la sangre sucia que nos atacó en las afueras de Dundee.

La supuesta "Aly" chasqueó la lengua en señal de reconocimiento, además del cambio amenazador en su postura. Del mismo modo, Hermione había hallado las respuestas que buscaba.

Eran los Carrow, una pareja de hermanos a los que había perseguido en sus primeros meses como aurora en el Ministerio. Había conseguido alcanzarlos, se habían enfrentado a ella y, aún con la ventaja numérica, Hermione los había vencido sin demasiada dificultad. Fue un golpe bajo al orgullo de ambos, a parte de haber estado bajo la supervisión del ministerio durante dos meses hasta que lograron escapar (el cómo todavía era un misterio).

No eran los únicos mortífagos que le guardaban rencor y habían jurado vengarse. Más aún, los Carrow formaban parte del grupo de los más débiles que había combatido. No había rastro alguno de miedo en la mente de Hermione. De alguna forma u otra, sabía que no podrían culminar su intimidación.

Estaba subestimando a su enemigo, lo sabía, pero... Los hermanos Carrow sólo sobrevivían gracias a su parentesco con Kenneth Carrow, miembro de la elite de la Orden Oscura. Era la única razón por la cual Filldeserp no los habría eliminado ya por incompetencia.

- Sabes muy bien cuánto ambiciono vengarme, Amycus, incluso más que tú. Pese a eso, no podemos ignorar el Medallón... – Dijo Alecto, mientras ojeaba la dichosa alhaja con aprensión.

- ¿Cómo sabemos que no se ha infiltrado en la Fortaleza y está usando una joya falsa para evitarnos? – Masculló él con desconfianza.

- No podemos arriesgarnos, Amycus. – Contrarrestó su hermana. – Si Granger está en verdad bajo la tutela del Lord... recuerda que es nuestra última oportunidad...

- ¿Y qué si es una infiltrada¿Imaginas el prestigio que eso nos daría?

Alecto permaneció callada, evaluando las palabras de su hermano, del mismo modo en que la ex-aurora estuvo tentada a poner los ojos en blanco, pero consiguió contenerse. Ni la Orden del Fénix, ni tampoco el Ministerio, emprenderían una misión de espionaje en tales condiciones. Mucho menos arriesgando una de sus piezas magistrales, como había sido Hermione, en una jugada cuyo único final solamente podía ser la muerte. Y, para empezar, ni siquiera sabían la ubicación exacta de la Base de la Orden Oscura, y menos cuál distintivo usaban los huéspedes de los Lords.

El silencio continuó hasta transformarse en un gesto de aprobación de Alecto. Entonces, Amycus embozó una sonrisa maniática y sus ojos se tiñeron de expectativa y odio, con seguridad formulando un método efectivo para vengarse. Aún en ese momento el corazón de Hermione seguía palpitando a su velocidad normal y su rostro se conversaba impasible, aguardando con paciencia el veredicto.

- Qué criatura tan asquerosa... – Susurró Amycus, inclinándose sobre su oído izquierdo para procurarle un mayor efecto. – Tan mefítica, tan deshonrosa... tu mera presencia está contaminando el aire tan puro de este Santuario...

Aquellas palabras no hicieron variar la actitud tranquila de Hermione. Ninguna de ellas era original, ni se acercaba a tocar alguno de sus puntos débiles. Hacía tiempo ya había admitido su condición de hija de muggles con dignidad, y aún cuando esas palabras osaran derribarla, no le importaba lo que aquellos sangre puras pensaran de ella.

Sus padres muggles habían sido mucho más honoríficos que ellos. Sus padres muggles la habían criado y educado con amor y cobijo, y eso era mucho más de que lo que aquellos mortífagos podían presumir tener en sus fortunas de dinero y poder político. Incluso, si lo que Filldeserp había dicho en su primera clase elemental era cierto, ella poseía más poder mágico que cualquiera de ellos.

Eso la convertía en algo más puro de lo que ellos jamás podrían llegar a vislumbrar.

- ¡Crucio!

Se mantuvo inmóvil mientras la maldición imperdonable cobraba resultado sobre su mente y cuerpo. Pero aún así, se encontró pudiendo mantener la cordura y se prohibió gritar, siquiera delatar algún gesto de sufrimiento. El Cruciatus de ese mortífago sólo le provocaba cosquillas al lado de los de Voldemort o Filldeserp. Por más que Amycus tuviera el odio necesario para invocar la maldición, no tenía el poder suficiente para respaldar el efecto.

Asimismo había experimentado tantas veces aquel dolor que podía presumir cierta inmunidad, pensó Hermione con cinismo.

- Débil, ni siquiera te defiendes... ¿dónde está tu honor, Granger¿Dónde están tus habilidades persuasivas, tu impresionante intelecto¿O acaso todo eso se evapora cuando no están tus amiguitos? – La ridiculizó el mortífago, cambiando su varita de posición alternativamente con cada pregunta, procurando variar el foco del Cruciatus. - ¡Responde, estúpida!

"Maldita Sangre Sucia. Eres más débil de lo que supuse. Decepcionante, la verdad... Esperaba más de la sabelotodo insufrible..."

"¡Deja de llorar, estúpida!"

La voz de Filldeserp surgió de sus memorias sin previo aviso; sus palabras repletas de intención y de un rencor inconcebible, que en aquel entonces había alcanzado para derrumbarla. Fue increíble como el discurso de Carrow pasaba por sus oídos sin dejar agravio, mientras que aquel momento con Filldeserp aún persistía en su memoria y la dañaba. Resonaba en su mente, y cada vez infligía una mayor herida. Quiso cerrar los ojos y taparse los oídos, pero supo que ninguna de las dos acciones detendría la memoria.

Ninguna de las dos era el presente.

"El Lord te entregó a mí bajo la condición de ser mi Protegida. Tengo el deber de entrenarte y de defenderte… protegerte y respetarte. Hubo ocasiones en las que no cumplí en verdad con mi rol, pero debes entender que no estoy acostumbrado a... trabajar en equipo. O simplemente no está en mi naturaleza enseñarte sin disfrutar humillar tu ignorancia."

Defenderla y protegerla¿eh¿Dónde estaba ahora...¿Dónde estaba ahora para demostrar que aquella confesión había sido verdadera?

- ¡Contesta¿Quién te crees que...?

- No tiene porqué responderte, Carrow. De hecho, ni tienes el derecho a demandar respuesta de ella. – Dijo una fría voz al final del corredor, interrumpiendo el nuevo ataque verbal. – Es tu superior, después de todo. – Un toque de burla era palpable en aquel comentario.

- Mi Lord. – Murmuraron ambos mortífagos al mismo tiempo en que se arrodillaban y bajaban la cabeza, con la vista fija en el suelo. Hermione fácilmente podía compararlos con unos perros cuyo dueño acababa de ordenarles que se sentaran.

Sin tener una varita en el cuello y habiéndose disipado todo efecto del patético cruciatus, se alejó de la pared y se aproximó más a Filldeserp, quien permanecía en su sitio con aquella aura de poder y autoridad que últimamente no había usado alrededor de la joven Gryffindor. Por unos instantes se cuestionó si tendría que agradecerle, pero se rehusó a hacerlo. Los Carrow tampoco habían representado demasiado peligro...

Porque inconcientemente había sabido que Filldeserp acudiría en su ayuda...

Había creído en su palabra. Había confiado en él lo suficiente como para considerar que la salvaría; había confiado lo suficiente como para depender de él. Y él había cumplido.

- Llevo buscando una excusa para condenarlos desde hace tiempo, Amyucs, Electo. – Filldeserp sonrió sádicamente y avanzó un par de pasos, sus ojos brillando de forma innatural. – Cualquier cosa que me permitiese infamarlos a los ojos de Kenneth... – Los mortífagos se estremecieron, aún arrodillados. – No sólo han atacado a mi protegida, sino que también han obrado contra mis órdenes. Ustedes mismos han firmado su pasaje a la hoguera...

- Mi Lord, nosotros... – Intentó hablar Amycus.

- ¡Crucio! ¿Osas interrumpirme, mortífago¿Osas contradecirme?

- ¡Mi Lord, se lo suplico! – Rogó Alecto, con lágrimas vanas en sus ojos. – Mi hermano es tan culpable como yo... – Filldeserp hizo una mueca despectiva.

- Te has tornado una Hufflepuff, Alecto. – Murmuró y la mortífaga se hundió en humillación. – Y has cometido el mismo error que tu hermano: has colocado tu juicio por encima del mío... ¿y quién es el Lord aquí?

Retiró la Cruciatus sin detenerse a contemplar la temblorosa figura a sus pies. El rostro de Alecto se distorsionó en una tortura interna, queriendo socorrer a su hermano y a la vez encontrándose restringida de tal acción por la presencia imponente de su Lord. Finalmente optó por la idea más sensata y permaneció en silencio, fijando aún más sus ojos nublosos en el suelo, mientras Amycus seguía convulsionándose a su lado y gimiendo a causa de las secuelas.

La bota de exquisito cuero negro de Filldeserp tomó contacto con el mentón de la mortífaga, lanzándola rudamente de espaldas al suelo, donde se mantuvo, tiesa, en espera de otro golpe.

- Te he hecho una pregunta, Alecto. – Dijo Filldeserp; su voz glaciar e implacable.

La mujer ahogó un sollozo. El espectáculo representaba una verdadera miseria a los ojos de Hermione. Era increíble como aquellos dos habían estado dispuestos a vengarse y ahora ni siquiera podían perseverar una postura digna frente a un superior, que ya había decretado sus destinos. Eran débiles y cobardes, y se hundían en su orgullo cada vez más. La imagen hizo que la pena fluyese en ella, sobre todo al ver la furia en los ojos del heredero de Voldemort.

Se imaginaba que esa era la misma furia que demostraba frente a aquellos que resolvían traicionar la Causa; más allá de las torturas y la muerte que aguardaba en la puerta de aquel mortífago que emprendiera tal proyecto, la sola idea de tener que desafiar a alguien tan poderoso e intenso en sus creencias y expectativas ya provocaba turbación.

- ¡Crucio!

La dirección de la maldición sorprendió a todos al ser enviada contra Amycus, que aún no se había recuperado de la última sesión. Alecto sollozó aún más fuerte al contemplar su hermano sufrir por su ineptitud, y en un intento desesperado por librarlo de la maldición quiso interponerse entre ésta y él, sin efecto alguno. La maldición simplemente la traspasó tal cual a un espíritu, sin ni siquiera reducir su calibre.

Filldeserp observaba todo esto con una sonrisa indiferente.

- Milord, por favor... – Imploró patéticamente Alecto. No sólo Filldeserp no despejó la maldición, sino que le agregó más intensidad por los gritos desmedidos del mortífago. – Milord...

- Escúchame y hazlo bien, Alecto... – Murmuró el Lord en tono letal. – No toleraré estos egos suyos... ya han superado el límite. No sólo interpusieron sus suposiciones a los hechos, – agarró a Hermione por los hombros y expuso el medallón sin demasiado cuidado – sino también a mi comando. Conjuntamente decidiste no responder una pregunta muy simple y directa... ¿y ahora me pides que tenga misericordia de ti y tu impertinente hermano¿Cuando te aventuraste a dañar lo que me pertenece y desafiaste mi autoridad sobre tu miserable existencia? Ahora mismo podría despedazarte... y puedo asegurarte que Kenneth me lo agradecería... aún no puede creer que sus sobrinos herederos sean tan inservibles...

Todavía con Amycus bajo los efectos del Cruciatus, Alecto no emitió palabra alguna. No había nada que responder; el tono de Filldeserp no permitía réplicas.

El Cruciatus cayó, aunque con la intención de ser reemplazada con una maldición mortífera y por lo tanto, irreversible. Sin embargo, Hermione actuó improvistamente (incluso para ella misma) y se interpuso entre Amycus y Filldeserp, deteniendo a éste último a mitad de la conjuración.

- Hermione, apártate. – Ordenó pero ella se negó. Los ojos verdes se entrecerraron amenazadoramente, pero la muchacha había tomado una decisión.

- No guardo rencor hacia estos mortífagos. No hay porqué condenarlos. – Un destello rojizo destiñó las esmeraldas.

- Ya he tenido suficiente insolencia por hoy, Granger. Apártate. No me hagas tener que retirarte.

- Esto no es necesario... – Intentó de nuevo la Gryffindor.

- No pretendas refutarme o serás condenada bajos sus mismos delitos...

- Que así sea. – Designó ella, retadora.

Resultó ser un movimiento poco prudente de su parte, ya que Filldeserp no tardó en arrojarla al suelo con un simple chasquido de dedos. Posteriormente la maldición asesina sustrajo toda vitalidad del cuerpo de Amycus, y Alecto se sumergió casi inmediatamente en un estado de shock, que Filldeserp estimuló con un Cruciatus.

- Nadie toca lo que me pertenece. – Susurró él y sus ojos se posaron por un instante sobre la pálida figura de Hermione, inmóvil en su lugar.

Me hallo confusa. ¿Por qué hizo eso¿Por qué quiere protegerme¿Por qué cree que le pertenezco?

Desde entonces he intentado no salir de mis aposentos, sin embargo Filldeserp suele insistir en que lo haga. Hay ocasiones en las que me acompaña, y en vez de tener nuestras conversaciones sobre política encerrados en una habitación, solemos hacerlo mientras caminamos por los corredores... o cuando salimos a los terrenos.

Adentro de la Fortaleza todo es oscuro; una digna vivienda de un Dark Lord. No obstante, afuera... todo es distinto. Como un mundo aparte. Extrañaba sentir los rayos del sol sobre mi piel, me estaba tornando demasiado pálida. No sé porqué, pero se lo comenté a Filldeserp... y en vez de una mirada recelosa y un '¡estúpida Gryffindor!', me dedicó una sonrisa... de esas que son tan infrecuentes. Una sonrisa... divertida. Proveniente de un humor sano. Me asusté al verla y él pareció darse cuenta, porque nuevamente desvió su mirada y la máscara se instaló sin mucho miramiento.

Afuera todo es mucho más verde; mucho más... vivo. Es un lindo paisaje y tranquilo –los mortífagos no suelen circundar por esas zonas-, y en las últimas salidas he ido directamente a ahí. Encuentro... paz. Puedo cerrar los ojos y dejar de ver esta horrible realidad; puedo dejar de ver sangre, dejar de presenciar la muerte de mi padre una y otra vez en mis sueños. Puedo volver a sentir... y sentirme Hermione.

Entendí entonces a qué se refería Voldemort aquella cena en la cuál lo confronté sobre el cuadro de unicornios.

"¿No sería más conveniente un cuadro de serpientes?"

"Pero, Hermione... ¿Acaso no sabes apreciar a tan valiosas criaturas, quizás la clave de la inmortalidad¿Aquellos seres que parecen tan blancos... pero en realidad son tan neutros? Apoyan la Vida¿no es así?"

"Sigue sin tener coherencia."

Claro que la tenía. La creencia popular dice que un Dark Lord va en contra de la Vida, pero aún así defiende la magia. La magia forma parte de la vida... es un círculo quebrado.

Un mes con dos Dark Lords como única compañía –a excepción de la simpática elfa doméstica que suele atenderme en las habitaciones- me ha enseñado que no es tan absoluto. Ellos defienden la magia... la continuidad del legado; luchan contra la corrupción de la Comunidad Mágica. Buscan un nuevo gobierno, uno que implemente cambios decisivos; uno que pueda desligar a los muggles de su Comunidad. No van a rechazar a los sangre impura –Filldeserp me lo ha explicado en la anterior lección: necesitan de esa impureza-, pero no van a permitir que los muggles puedan llegar a conocer nuestro secreto. Y destruir milenios de historia.

Sus métodos son indignantes. Nunca toleraré la matanza indiscriminada de inocentes. Pero puedo entender una guerra política. Aún cuando no me guste.

Defienden la magia. Defienden costumbres perdidas y que merecen ser revividas.

Lástima que incentiven la sangre, el odio y la ambición...

Sin embargo, me creo capaz de cambiar eso. Aunque sea, influenciarlos lo suficiente como para que no sea tan extrema...

Los Jueces me encargaron una misión. Mantener la Esperanza viva. Ya he dicho que no lo haré por ellos, sino por mí, por aquellos que me son queridos...

Por Harry...

Por Filldeserp...

Por aquello que me hace feliz.


Fortaleza de la Orden Oscura

24 de septiembre de 2004

Horario: ocho y cuarto de la noche

Tras mucho pensar sobre esto, he terminado de definir que es esta sensación que se ciñe sobre mi estómago y no deja mi conciencia en paz, induciéndome a pesadillas que han empezado a variar de los recuerdos del asesinato de mi padre a una donde la oscuridad abunda, y en mi búsqueda de luz sólo encuentro dos figuras en lados opuestos, tendiéndome una mano: la venganza o el perdón.

Sé qué decisión voy a escoger y aún así, me hundo en la pesadumbre, y descubro que a veces fluctúo, y por ese instante de irresolución lo pierdo todo; ya no dispongo yo, la situación se escapa de mis manos, y paso a ser manipulada por las circunstancias y mi propio corazón y mente.

He recorrido demasiado del camino ya como para arrepentirme. Le he otorgado la llave, y él se las ha ingeniado para entrar sin que yo lo perciba, y acaricia cosas que las cuales no tendría que tener acceso. Sin embargo de alguna insólita forma lo consigue, y me hallo sin poder quejarme o rehusarme a los cambios. Los acepto y los asimilo, rearmando mi mundo en función a sus edictos. Podría decirse que estoy siendo manipulada, y lo peor de todo es que soy conciente de ello y no hago nada para cambiar la situación...

Pero el problema reside en que los cambios de mi mundo... no me desagradan del todo. Estoy cómoda aquí, de algún modo siento que pertenezco; que aquí es donde siempre he deseado estar y es donde puedo hacer una diferencia, y ser útil.

El Perdón. Eso es lo que he elegido. No importa todos los males acaecidos, no importa todo el dolor, toda la tragedia que circunda su pasado, todo lo que me importa egoístamente es que está aquí, a mi lado, y está dispuesto a protegerme y a permitirme ayudarle. Incluso pospone ciertas actividades importantes de su rol de Lord para acompañarme en alguna salida a los terrenos.

No olvido que es una maquina asesina, no olvido que es la causa del sufrimiento de miles de personas, no olvido que su simple existencia represente todo aquello en lo que he estado en contra. Ya no me importa. He entendido que en esta guerra, no existen solamente dos bandos, sólo dos ideologías. Hay mucho más allá de eso, y muchas más razones que las muertes injustas.

Admito que no habría forma de que lo que siento fuera verdad si no pudiese perdonarlo. Y sino lo perdono, me atormentaré por siempre con esto que guardo dentro. Y no quiero hacerlo. No puedo. Necesito hacer algo, necesito soltarlo... necesito que sea algo palpable y no algo indefinido de mi mente. Necesito que ya no dependa de mí. No quiero que sólo dependa de mí...

Una solitaria lágrima cayó por el rostro de Hermione, con meta al pergamino, y apretó la pluma en su puño. Había momentos en los que se sentía idiota, como si hubiese abandonado aquel sentido común e inteligencia nata que la caracterizaba. Cuando aquella mañana se había levantado agitada luego de otra pesadilla, se había dado cuenta de su significado, y el peso del entender la colmaba. Por una vez en su vida, hubiese preferido continuar en su inocente ignorancia, obviar las claras señales y ganar un poco más de tiempo para poder negar rotundamente la idea. No obstante, no podía huir de los mandamientos de su corazón.

Negar lo que sentía sólo la anegaría en un estado de impugnación y recelo, persistiría en una postura cobarde y terminaría de convertirse en una persona sometida a los sucesos. En cambio, afrontaría sus sentimientos, afrontaría sus consecuencias, afrontaría todo, mientras la decisión estuviese en su conciencia, y fuera su error, y no uno ajeno. Se rehusaba a delegar la responsabilidad a otra persona en un asunto tan importante.

Permanecía incrédula aún, sin entender cómo o porqué su corazón palpitaba de aquella manera. Pero sabía que ese órgano no se regía por la racionalidad sino por impulsos y sensaciones; por más Oclumancia que practicara, lo que sentía seguiría estando, y absolutamente nada haría que las causas absurdas que lo habían llevado a encapricharse se desvanecieran.

Sonrió con nostalgia al contemplar en el horizonte como lentamente el sol se ocultaba para dar paso a la noche. Aquellos colores anaranjados la rodearon cálidamente, pintando el cielo con un estilo experto y refinado, y haciendo contraste con la frialdad que vivía con frecuencia en la Fortaleza, aún estando en ese momento en los terrenos, sentada sobre un tronco de árbol. Se abrazó a sí misma, de repente sintiéndose infinitamente sola. Un viento otoñal sacudió sus cabellos y pareció unirse al abrazo, brindándole su consuelo invisible.

Tu elemento integra una fracción esencial de tu alma; es el contacto directo con la naturaleza a través de tu magia, de una forma tan íntima que sólo nosotros podemos llegar a entenderlo. Están relacionados con las emociones... con las memorias. Para poderlos controlar tienes que lograr dirigir tus memorias, tus emociones...

Cerró los ojos y respiró hondo, llamando su magia a la superficie, y canalizándola a través de sus memorias... dejando sus emociones correr libres por la noche y tomar un limitado control sobre su entorno. Pudo percibir el contacto con su elemento e incluso se halló interactuando con él con cierta timidez; una energía que nacía dentro de ella y se esparcía, vaciándola de sus miedos, de sus inseguridades, y sólo sujetando las sensaciones positivas; todo aquello que la hacía sentir viva y la impulsaba a ser.

Rió feliz, como recordaba haber hecho hacía poco en la clase con Filldeserp, y dejó que el viento la guiara y mostrara aquel mundo al que siempre había correspondido; la condujo a paisajes que jamás había llegado a imaginar que pudiesen existir, le hizo experimentar la libertad y la paz, exhibiéndole toda la pureza de aquel mundo; toda la magia que existía en aquel universo, donde ella era una más, y a la vez, simplemente todo.

Bailó entre memorias y logró adquirir las fuerzas que le habían faltado para confrontar la realidad; ya no se sintió tan sola ni tan miserable. Ya no quiso dudar más, ya no quiso restringirse en cadenas; ya no quiso sucumbir a la misión que alguien pudiese tener para ella. Todo lo que ella necesitaba estaba allí, dentro de su propia alma, y estaba en ella defenderlo y luchar por ello.

Ya no quería huir. Era hora de perdonar y disculparse. Era hora de curar las heridas y remediar errores; era hora de avanzar bajo la luz de un nuevo sendero, donde forjaría sus acciones con cada sudor de su frente, y tomaría decisiones y juicios con conciencia plena, y siempre, siempre, creyendo en sí misma, en la esperanza y en la pureza de todo aquello que le envolvía.

Silenciosamente le agradeció al viento aquel gesto que había tenido para con ella, y una sonrisa cobró efecto sobre su rostro, relegando la antigua tristeza e impotencia. Suspiró con alivio y abrió los ojos, para encontrarse directamente enfrente de Filldeserp, cuyos ojos la examinaban con cautela y hasta con cierta preocupación. Su sonrisa no menguó, siquiera bajo la severa mirada.

- No deberías haber hecho eso. Si perdías el control y yo no hubiese estado en la Fortaleza... – Empezó Filldeserp, su tono de voz repleto de enfado.

- Pero eso no sucedió. – Respondió Hermione despreocupadamente, algo que resultaba ser muy paradójico a su actitud normal.

- Mas podría haber sucedido. – Contrarrestó él.

- No es la realidad, por lo tanto, no debería preocuparte. Estaba en control de mi elemento... y además, en verdad necesitaba eso... – Dudó por un instante antes de seguir hablando. – ¿Qué es lo que el fuego te reveló a ti?

Toda muestra de enojo o preocupación se evaporó del rostro de Filldeserp, para ser reemplazada por apatía. Sus ojos se endurecieron y se tiñeron de un verde que rozaba el negro. Pudo notar que la mano que él mantenía sobre su hombro se fruncía más.

- No es de tu incumbencia. – Replicó secamente. Hermione pestañó, sorprendida por el efecto que habían tenido sus palabras.

- ¿Tan malo fue¿Cómo es posible? – Filldeserp la fulminó con la mirada antes de desviar sus ojos hacia el horizonte, donde los anaranjados empezaban a palidecerse.

- Tu elemento es, más que nada, descubridor. Viaja por lugares inaccesibles para el resto de los elementos, y se maneja con confianza y fidelidad, ya que cuenta con voluntad e intelecto. Tiene sus momentos de ira como también los de calma, pero más que nada se regocija vagando y conociendo nuevos lugares... – Un suspiro cansado prorrumpió de los labios del Lord. – Por el contrario, el fuego es mucho más volátil. Crea y destruye con la misma facilidad con la que puede incitar la vida o quitarla. Su júbilo es el caos, la acción, y demostrar ser superior a los demás elementos. Constantemente busca reconocimiento, y se jacta de su propio poder.

Hermione se mantuvo en silencio, aunque no pudo evitar extraviar su mirada hacia la misma dirección que Filldeserp, inconscientemente indagando por aquello que llamaba su atención y ocasionaba que su rostro luciese casi melancólico.

- Aquello que vives con tu elemento jamás debe ser compartido. – Murmuró. – Sin embargo, puedo hacer mención a ciertas imágenes... El fuego me ha abierto un mundo de posibilidades, exhibiendo diferentes destinos. Puedo fundar o devastar la vida, puedo establecer confusión sobre este mundo y otros planos, puedo ser símbolo de paz y calidez... Puedo permitir que me domine y convertirme en un hereje de la libertad de la magia... El fuego busca la destrucción de cada elemento, salvo él mismo. Eso va contra las leyes naturales, y por eso es constantemente castigado, lo que lo pone aún más furioso...

- ¿Y por qué no prefiere crear? – Preguntó Hermione, cohibida por la intensidad del discurso.

- Porque es mucho más fácil destruir. – Dijo Filldeserp, sonriendo con burla. – Porque cree que exterminando, será más temido.

- Creando será respetado. – Objetó Hermione. Filldeserp negó con la cabeza y volvió a centrar sus ojos en los de ella.

- El fuego es volátil porque es débil en sí mismo. Puede imponer su voluntad, sí, pero interiormente él mismo es un caos. No halla paz, y cree que eso se debe a los otros elementos... por eso les guarda un particular rencor, especialmente al agua. Con el viento puede asociarse, porque no hay nada que le satisfaga más que expandirse, y puede hacerlo más cómodamente con su ayuda.

- Puedo entender porqué es tu elemento. – Sonrió ella con un limitado tinte de humor que para su sorpresa fue correspondido por una pequeña sonrisa. Cobrando un poco más de seriedad, se inclinó un poco más hacia él y en un impulso, tomó sus manos entre las suyas. – Estoy segura de que aún así, puede crear cosas maravillosas... – Filldeserp no respondió. – No todo tiene que ser caos... alguna vez tendrá que encontrar paz...

- ¿Acaso todavía crees que lo merezco? – Susurró él, al parecer sin poder sostener su mirada.

- Que te cuestiones eso es un claro indicio de que sí... todavía existe algo humano en ti... – Por un momento, Hermione pensó que su voz se quebraría y no llegaría a decirlo, pero el tono se conservó firme. – Todavía hay algo en ti que siente, algo que te permite dejar de ser sólo un arma... Sino fuera así no podrías ejercer tu elemento. Algo dentro de ti aún crea y vive, y lucha sobre todo para defender tus propias ideologías... – Nuevamente el silencio se interpuso entre ellos, pero estaba decidida a insistir.

- Cuando venciste, incluso sin saberlo, a Voldemort aquel Halloween... le diste esperanza al mundo mágico... Le brindaste paz. Fuiste capaz de mantenerla hasta trece años... y continuaste siendo signo de esperanza al luchar y no decaer. Quizás ya no podías prometernos paz, pero sí nos brindaste la posibilidad de creer. Más allá de todo lo que haya sucedido después, hubo un momento en el que creaste...

- De la misma forma en la cual destruí. – Interrumpió Filldeserp con rudeza. – Y sabes muy bien que no me...

- Puedes volver a crear. – Perseveró Hermione. – Y si bien aquellas vidas que fueron ultrajadas no volverán, evitarás que más gente sufra... que tu mundo se destruya, que el caos lo gobierne todo... terminarás consumido en tu propia destrucción.

- Eres conciente de que eso ya no me importa...

- ¡Claro que te importa! – Exclamó la Gryffindor, empezando a perder la paciencia. – Sino fuera así... no resentirías tanto las intenciones de tu elemento... no aborrecerías tanto recordar aquello que te mostró, y no me envidiarías tanto al saber que he experimentado la paz y la libertad en su más pura fase...

- Tales sentimientos jamás se concibieron en mí. No me arrepiento haber elegido este camino, ni haber asesinado a todas esas personas, ni ser el causante de una futura destrucción del planeta... no me arrepiento de haber optado por la destrucción. Nací para ser esto...

- Es irónico que, mientras dices oponerte al destino que te imponen los Jueces, lo único que haces es dejarte influenciar por ellos. – Remarcó ella. Filldeserp se puso de pie como si acabara de darle una descarga eléctrica, y el brillo de sus ojos enloqueció con cólera.

- Vuelvo a advertirte: no interfieras con lo que no te concierne. – Se volteó y sus pasos comenzaron a dirigirse hacia la Fortaleza, dando por concluido el tema.

No obstante Hermione no lo dejaría así. Se incorporó y corrió hasta alcanzarlo, situándose delante de él e impidiéndole avanzar, aferrándose a sus brazos. Él tuvo la intención de deshacerse de su agarre, pero Hermione persistió e insistió hasta que le prestara atención.

- Al contrario de lo que piensas, me conciernes. Eras mi mejor amigo, y aún me preocupo por ti... y no permitiré que derroches esta oportunidad simplemente porque estás demasiado centrado en lo que crees que es tu destino. Aún puedes obtener la paz que tanto ansías...

- Creí que ya habías superado esa etapa tuya de ideologías estúpidas. Veo que me equivocaba. – Impugnó Filldeserp con frialdad. – Escucha, Granger... nada de lo que hagas o digas cambiará las cosas. Soy un Dark Lord, pertenezco aquí, y mi misión es destruir para poder crear entonces el sistema que tanto ambiciono. Los Lords tienden a conquistar y a gobernar. No a pacificar y vivir una vida de anonimato... y por más que creas estar en lo correcto, no me harás cambiar de opinión. Sigue siendo una cuestión totalmente ajena a ti...

- ¿Incluso si...¿Si confieso que...? – Las palabras se aglomeraron en su garganta y tuvo que respirar hondo para conseguir desencajarlas. Su estómago dio un respingo y su corazón latió con más fuerza, mientras su mente se negaba a pronunciar en voz alta aquello que la condenaría. –... ¿Que te amo?

Filldeserp se separó de ella, finalmente desprendiéndose de su amarre, y fijó su mirada en la Fortaleza, eludiendo a toda costa el contacto visual con la joven. La única auténtica reacción que pudo diferenciar tras su usual máscara fue el ligero temblor de sus manos y el nerviosismo que se escondía detrás de la oscuridad de sus ojos. Su indiferencia la hirió, sin embargo no permitió que eso derrumbara todas sus intenciones.

- Que esto que siento me supera; que me ha llevado a decidir cosas que antes jamás hubiese... que descubrí que incluso sería capaz de permanecer aquí y olvidarme del resto del mundo, olvidarme de todos los Juramentos que hice cuando me gradué como aurora... olvidarme de todo concepto de justicia y paz en los que alguna vez creí... porque de otra forma, enloquecería. No sé cómo lo conseguiste, después de todo nada compartes con mi imagen de amante ideal, pero de alguna forma... he caído demasiado profundamente como para retractarme ahora.

Filldeserp apretó los labios y reemprendió su marcha hacia la Fortaleza. Hermione sintió las lágrimas pugnar por salir de sus ojos, pero las retuvo habiendo casi previsto esa reacción. Todo empeoraría si ahora simplemente abandonaba a la decepción y el dolor, que había sabido que brotarían. Ya podía preocuparse por eso después, una vez que estuviese segura de que ya no había nada por lo cual luchar.

Avanzó firmemente.

- ¿No tienes nada para decir al respecto? – Desafió. Él se detuvo y se giró para volver a encararla. En sus ojos había algo indescriptible, sin nombre, y que a pesar de eso, consiguió llenar su corazón de expectación.

- ¿Qué puedo decirte? – Dijo, casi gritando. - ¿Qué desde un principio Voldemort sabía que iba a ser así, que caerías sutilmente en su trampa¿Qué vuelvo a sentirme tan vacío como aquella vez que le fallé a Weasley, pensando que la trampa no resultaría¿Qué lo que sientes es tan injusto, dado tu aislamiento durante un mes... que indudablemente te encontrarías anhelando mi compañía?

Esta vez las lágrimas sí corrieron. Paralizada, contempló como el rostro de Filldeserp se distorsionaba en aquellas emociones que habían abundado en ella momentos antes de viajar con su elemento: la impotencia, el dolor, el miedo...

Y cómo su propio corazón lloraba ante la sola idea de haber sido manipulado; de haber sido usado de forma tan ruin y descarada; de que todo formara parte de un maldito plan para destruir la comunidad mágica...

- ¿Qué con cada día que pasaba a tu lado simplemente me encontraba despojado cada vez más de mi máscara¿Qué llegaste a alterarme de tal forma que me importase tu bienestar... me importase lo que pensases... me importase que fueses lo más feliz posible¿Qué fuiste capaz de elevar nuevamente un pasado enterrado... sentimientos enterrados...¿Qué pudiste invertir la trampa... e influenciarme a ir contra la más expresa orden de aquél al que considero lo más cercano a un padre que jamás he tenido?

Los ojos verdes relucieron con lágrimas cristalinas.

- Teniendo tantas, justamente tenías que ser... – Cerró los ojos y al abrirlos ya no había rastro alguno de lágrimas. Sólo había abatimiento.

El mensaje oculto detrás de aquellas palabras tardó en ser comprendido por Hermione; no por el significado en sí, sino por su significante. Una alegría inmensa recorrió todo su cuerpo tratando de consumir al mismo tiempo el sufrimiento que las antiguas palabras habían provocado en ella. El vacío continuaba allí, demasiado magno como para ser ignorado.

El amor que sentía no era verdadero. Había sido maniobrado. Aquello no era verdaderamente amar...

Pero eso no se aplicaba para Filldeserp. Él sí había tenido contacto con otras personas, él sí se había visto vasto en opciones... y todavía así, aquel corazón que parecía no latir había dictado por ella. Era irónico. Ella, la única supuesta en enamorarse, posiblemente no lo estuviera. Y él, aquél que desde un principio había sido prevenido de los riesgos y había jurado vencerlos, había caído.

Aquél sin debilidades y repleto fortalezas se había rendido a un sentimiento... el mismo que tanto había odiado y luchado por destruir.

- ¿Y qué piensas hacer al respecto? – Cuestionó Hermione, sabiendo que la decisión ya no recaía más en ella. Él la observó por unos momentos, su rostro lleno de expresión.

- Te otorgaré la oportunidad de elegir, – susurró y embozó una sonrisa amarga. – a pesar de ir contra las órdenes del Lord... Podrás reincorporarte a la Comunidad o permanecer aquí.

- ¿Qué quieres decir exactamente con... "reincorporarme"? – Preguntó ella, suspicaz.

- Retornarás con Dumbledore y los suyos. Podrás elegir si unirte nuevamente a la Orden del Fénix o permanecer neutral...

- Sabiendo que no existe tal clasificación en la guerra que propones. – Colaboró ella, y él volvió a regalarle una de esas sonrisas. Esas sonrisas que decían todo y a la vez nada.

- En caso de que elijas la Orden... volverás a ser mi enemiga y no dudaré en asesinarte la próxima vez que nos crucemos en el campo de batalla. Tendrás de tiempo para decidirte...

- ¿Y qué sucede si... decido regresar? – Titubeó Hermione ligeramente.

- Serás recibida. – Contestó él y sus ojos se volvieron a enfriar. – Si por un instante la idea de traicionarme a Dumbledore y pretender utilizar mis... sentimientos hacia ti como una debilidad llega a pasar por tu cabeza... Piénsalo dos veces. Aquí puedes considerarme Harry... allá afuera – su mano izquierda señaló vagamente las fronteras de la Orden Oscura – soy Filldeserp.

- ¿Qué debería contarle a la Orden¿Cómo pude escapar? – Dijo, habiendo decidido ya lo que haría, aunque sin poder creer aún lo que sus oídos estaban captando.

- Un mortífago que trabaja para nosotros (pero que Dumbledore cree fiel a su causa) será el honrado con el título de tu salvador. Logró distraernos lo suficiente a mí y al Lord como para llevarte hasta las barreras (él era el guardia de turno) y emplear un Traslador. En caso de que desees retornar... – Su mano derecha tentó el medallón de Slytherin y Hermione pudo ver cómo aplicaba un hechizo de invisibilidad en lenguaje pársel, entre otros, sobre el mismo. – Sólo necesitarás comunicarte con este mortífago o usar el Traslador del Medallón... ten cuidado con éste último, ya que no puedo asegurarte un arribo pacífico.

- ¿Por qué haces todo esto? – Murmuró Hermione, sus manos temblando sin control cuando la realidad cayó sobre ella sin miramiento.

- Porque no podría tolerar la idea de que tú también me quisieses sólo porque así fue planeado... – Sus palabras estaban impresas en honestidad y había un brillo de resignación en sus ojos; como si admitiese su derrota y con ello se comprometiera a ofrecerle únicamente la verdad. – Valoro ante todo la libertad de decisión, Hermione. No podría perdonarme si te obligase a permanecer conmigo, sin verdadero conocimiento de lo que sientes...

- ¿No podrías perdonarte algo así mientras sí te perdonas el genocidio de tu guerra? – Cuestionó la Gryffindor, alterada por la mente retorcida de su protector.

- Necesito un reordenamiento de prioridades. – Rió Harry sin humor.

- ¿Qué sucederá con Voldemort? – Inquirió, temblorosa, sabiendo de antemano la respuesta.

- Podré manejarlo. – Dijo él con sencillez, restándole la verdadera importancia.

Vaciló antes de asentir. Contempló la sonrisa vacía que se instaló sobre el rostro de Filldeserp y pudo sentir su corazón estrechándose. No quería irse en verdad, pero era conciente de que tenía que hacerlo o nunca sus dudas terminarían de despejarse de su mente. En parte, Filldeserp se estaba asegurando que cuando volviese, fuese realmente fiel a él, y no entre mitades; que esta vez lo eligiese y no pudiese recriminárselo.

Tenía miedo de retornar a la Realidad; miedo de estar con Neville, Ron, Ginny, Luna... porque demasiadas cosas habían cambiado. Tenía miedo de que ellos se percatasen incluso del cambio y toda la cuartada se echase a perder; Dumbledore cobraría interés en su persona y volvería estar en medio de una red de manipulaciones interminables.

Tenía que arriesgarse. Había muchas cosas que tenía y quería hacer. Era una Gryffindor. No permitiría que las circunstancias la excediesen; no perduraría oculta en algún lugar recóndito del planeta; afrontaría la realidad y su papel en ella. Esta vez no fallaría.

- Cailean Austen te estará esperando en destino. – Explicó y le extendió el mismo pergamino en el cual había estado escribiendo aquella tarde y del cual se había olvidado por completo luego de su experiencia con el viento. – Aplicaré encantamientos de glamours lo suficientemente reales como para que los sanadores no se den cuenta del engaño...

Un chasquido de dedos y la piel de Hermione estuvo cubierta de heridas profundas; algunas con aspecto de pasadas y otras bastante recientes. Su cabello perdió su elegancia y sus ropas cambiaron. Lucía como una auténtica prisionera y no como la huésped y aprendiz que había sido.

Pese a eso, antes de tomar el pergamino y que Filldeserp iniciase la cuenta regresiva, le pidió silenciosamente permiso para consumar aquello que ambos anhelaban pero que ninguno pensaba admitir en palabras.

Lo besó.