"Fría Brisa"
"Dulce Café"
parte.-
- ¡ "El ayudante de Mesonero que ama su profesión y vive para ella, va atesorando conocimientos, experiencias y va refinando su gusto, aunque no posea el don de la sensibilidad artística, la adquiere"!
- ¿Quién escribió eso?
- No se… ¿¡Pero no es emocionante!?
Discuten en una de las mesas, del ahora cerrado restaurante, un par de jovenzuelos entusiasmados por su tarea. Bueno… uno más entusiasmado que el otro.
Aaron cita con total orgullo el libro que anteriormente había leído, cuando recién comenzaba a adentrarse en el mundo de los camareros, sintiéndose totalmente de acuerdo con todo lo redactado en aquellas páginas que recordaba a la perfección.
- "Todos deben tratar de superarse y no sólo de continuar por el camino que otros han trillado, debemos hacer o tratar de realizar algo nuevo." –
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que por más que me admires demasiado, no puedes tratar de seguirme para siempre. Debes seguir tu propio sendero… -
- ¡Eso ya lo entendí! No… espera.. no de esa forma! Quiero..decir.. BLAaa – Edward se traba y se resigna frustrado.
Aaron no puede evitar soltar una carcajada. Hace tiempo ya venía tentado por la situación.
Eran las dos y cuarto de la tarde, Lunes. Había muy poco tránsito por las calles, tanto de autos como de personas. Ya que en ese pueblo tenían la costumbre de respetar los horarios correspondientes de la siesta y tarde.
El restaurante abriría nuevamente a las cuatro en punto.
Tenían dos horas de por medio para seguir trabajando en el "entrenamiento" de Edward.
Éste se encuentra totalmente agotado. Y eso que habían pasado sólo quince minutos desde su llegada.
Tratar de tener una conversación civilizada con Aaron era como pedirle al cabello que crezca para dentro.
¡¡Ese chico tenía el ego por encima de sí!!
Pero no se dejaría derrotar por alguien de esa manera.
No señor.
- Comprendí la oración.. – le aclara el rubio tratando de calmarse – A lo que me refiero es que: ¿Qué puedo hacer yo para hacer algo nuevo? O sea… ¿Qué puede hacer un mesero para superarse? Si sólo sirves comida… - termina sin motivo de querer ofender al morocho.
Aaron se acomoda en su asiento y se cruza de brazos, observando al chico que tenía en frente, mientras acomoda sus ideas; para luego contestarle:
- Como te has dado cuenta, y lo acabas de comprobar ahora, - analiza – la persona que es camarera no puede "superarse" a través de la voluntad física. Como lo puede hacer un corredor de carreras a pie: simplemente debe entrenar su cuerpo y tratar de superar su marca de tiempo en el recorrido. – le explica con paciencia, de todas formas, él también pensaba de esa manera la primera vez que había entrado en el negocio.
- La única forma en la cual puedes resaltar del resto de los empleados, es a través de la ética – finaliza con razonamiento. Aunque esto hace caer dudas en la mente de nuestro rubio.
- ¿Ética? – repite confuso.
- Sip! – afirma sonriente – Y esto entra en el primer punto de las cinco lecciones!
Agarra una hoja de papel que tenía a un lado y con un marcador color negro, escribe:
- "Buena… Educación"? – lee Edward viendo la hoja al revés, estando frente al chico.
- ¡"BUENA EDUCACIÓN"! – reafirma Aaron con más emoción de la que Ed había contestado. – Necesitas de una educación a toda prueba porque tratarás a diario con un público variado. De todas las capas sociales, de diferentes educaciones y temperamentos – explica con cuidado.
Edward se "sorprende", sintiéndose más interesado en el tema.
- ¿Te ha gustado la cosa, eh? – menciona en tono picarón el morocho.
Edward se sonroja, volviéndose ofendido.
- ¿¡A-A qué te refieres con eso!? ¡No he dicho nada! – se queja ante la gracia del de ojos-jade.
- Si hay algo que he notado mucho en ti – comenta acercándose un poco, extendiendo su mano y apoyando su dedo índice en la frente del rubio – es que eres MUY transparente.
Ed frunce el ceño y aleja la mano del muchacho. No le gustaba que lo analizaran de esa forma.
Se sentía…
Muy al descubierto con ese chico.
- ¿En qué te basas para decirme eso? – cuestiona cruzándose de brazos.
- En que expresas todas tus emociones a través de tu rostro, pero en una manera muy obvia. Y eso entra en la primera lección: Necesitas también un inmenso control en tus reacciones. El trato a diario con personas diferentes, te obliga a tener que sortear varias dificultades. Tienes que volverte inalterable, y siempre tratar de sonreír.
Termina sonriéndole en su mejor forma, resaltando levemente el brillo en sus ojos.
Edward lleva su mirada hacia un lado, encontrándose algo raro. Este chico lo ponía algo nervioso.
- O-ok.. ya entendí… ¡Vamos a la lección dos! – suelta casi rogando.
- Bien, bien – suspira el morocho – la segunda lección es: "CORTESÍA"!
- ¿Debes decirlo con esa emoción?
- Déjame, es mi momento de gloria. Que me eligieran para ser un "superior" es motivo de orgullo! – comenta con un brillo en su sonrisa y "SUPERIOR" escrito en la frente.
Edward suda una gotita – ¿Dónde está tu "cortesía", eh?
- ¡Ok, vamos! – cambia su sonrisa a un semblante más serio – Cuando se trata con cortesía a los demás, esperamos lo mismo de ellos. En cualquier trabajo, un servicio se agradece más cuando va acompañado de cortesía.
- Lo que hace falta en esta sociedad – finaliza en un suspiro Ed, mientras se "acuesta" un poco en su asiento.
- Jaja! Exaaacto – felicita Aaron, entretanto anotaba el punto tres en la hoja.
- ¿"Sentido Crítico de Observación"? – lee Edward sintiéndose cómodo en su posición, esas sillas eran tan pomposas!
- ¡Claro! El personal del comedor necesita gran sentido crítico y espíritu de observación para conocer la clientela. No puede atenderse de la misma forma a un cliente exigente que a un tolerante: a una señora entrada de años que a una joven señora o señorita. – explica.
- En eso estoy de acuerdo – menciona Ed – pero creo que la forma en que se nos hace el pedido da la pauta para lo demás – aporta su opinión con sinceridad.
- Muy buen punto de vista ¿Ves? ¡Aprendes rápido! Sólo tienes que engancharte en la onda y es pan comido – sonríe al final.
Edward deja escapar una carcajada, la primera en lo que van debatiendo.
- ¿Cómo puede ser que en momentos me hables con una formalidad envidiable y luego me saltes con "sólo tienes que engancharte en la onda"? ¡Jaja! - ríe con su hermosa voz, la cual es percibida por el morocho.
- ¡Jaja! ¡Oye! ¡Sólo tengo dieciocho! No puedo vivir enfrascado en el mundo y lenguaje de los adultos. Es demasiado aburrido!
- ¿Lo crees así? – pregunta aún sonriente Ed. Comenzaba a "despertarse"… esa noche no había dormido muy bien.
- Al menos no es lo mío. Me considero muy simple… a comparación contigo – menciona llevando sus ojos hacia los del rubio, quien se sorprende por el comentario.
Pero antes de poder siquiera cuestionar nada, Aaron continúa..
- ¡Vamos al punto cuatro: "CONFIANZA EN TI MISMO Y SIMPATÍA"!
¿"Confianza en sí mismo"? Eso era algo que realmente.. le faltaba.
- La confianza facilita el trabajo y lo convierte en placer. La persona que es segura de sí misma influye en otros con su personalidad y confianza. Y la simpatía: Es lógico que la persona que no se sienta bien entre los demás, no les caiga bien, no despierte su simpatía. La persona sociable agrada, mientras la insociable, no interesa a los demás.
- "Creo que tendré un problema muy grande con eso" – Piensa Edward mientras observaba explicar al morocho.
Aaron nota la inconformidad de Edward, siendo éste muy transparente y puede notar su incomodidad en su rostro. Suda una gotita.
- Una muestra de sociabilidad es la sonrisa – insiste intentando convencerlo – sin la cual será difícil relacionarse y conseguir amigos.
- Nunca tuve amigos que valieran, por lo cual no me siento obligado a tener que buscar la "amistad" en las personas. La gente para mí es sólo eso… Gente. – responde seriamente y desviando un poco la mirada.
¿Qué era lo que estaba haciendo?
De todos los trabajos que hay en el mundo se fue a buscar justamente el que más se necesitaba la sociabilidad.
¡Qué desastre!
Aaron se queda totalmente perplejo ante el comentario de Ed.
- Edward… Acaso…¿Tú te estás escuchando?
Un breve silencio inunda el vacío salón.
Era la primera vez que escuchaba semejante cosa, ¡y viniendo de alguien tan joven!
La sorpresa es reemplaza lentamente a una sonrisa comprensiva, mientras se levanta de su asiento y se aleja de la mesa, yendo para la cocina del restaurante.
Edward lo mira irse, estando algo confundido. Más que nada arrepentido por lo que había dicho.
Eso había salido muy dentro suyo ¿Cuándo aprendería a medir sus palabras?
Pero… después de todo era lo normal en él. No podía confiar tan fácilmente en la gente, y eso no era algo que se arreglaba de un día para el otro.
Bastaron unos pequeños minutos para que Aaron vuelva, y … Edward se sorprende a lo que ven sus ojos.
- ¡Ya volví! – exclama sonriente llevando en una de sus manos una bandeja con un par de tazas con café caliente en su interior, un par de medialunas y mantequilla a un lado.
¡Todo… llevado… en una mano!
- ¡O-oye! ¡Ten cuidado, necesitas ayu...- no pudo terminar ya que ve como tranquilamente Aaron deja la bandeja con suma delicadeza en la mesa, sin derramar ni una sola gota del café.
El chico hace un pequeño gesto de cortesía con la mano, diciendo..
- Mis disculpas por la demora. Aquí está su orden. – hace una pequeña inclinación en modo de respeto y lleva sus ojos hacia el joven, quien se encontraba completamente… aturdido ante la situación.
¡Tanta amabilidad lo mataba!
Pero por sobre todo… lo sorprendía.
Aaron se sienta nuevamente frente a él en la mesa, y comienza a colocarle azúcar al café del rubio.
- Suelen apagar siempre los calefactores en el salón cuando está cerrado, para no derrochar gastos – comenta con tranquilidad – será mejor que lo tomes mientras esté caliente.
Edward se sonroja un poco. No estaba muy acostumbrado a ese tipo de tratos.
Generalmente la gente no era de dedicarle tanta atención.
"Atención"….
Esta…
Esta situación le era familiar… le recordaba a una persona…
Otra persona que había procurado atención y preocupación en él…
- Edward.
Sus pensamientos son interrumpidos por la voz de Aaron.
Lleva su mirada hacia él, viendo una vez más esa sonrisa tan característica suya.
- No me meteré en tus asuntos personales. Supongo que tendrás motivos para pensar de esa forma sobre las personas que te rodean – comenta comprensivo – Pero te aseguro, que aquí, quieras o no, encontrarás mucha gente que estará dispuesta a ayudarte y hacerte sentir como en tu casa. Yo me incluyo, y eso tenlo por seguro – concluye animado.
Edward suspira, dejando escapar una sonrisa en derrota por la amabilidad del morocho – Está bien, está bien. Tú ganas.
Toma la taza con sus manos, sintiendo el calor que le proporcionaba ésta a su cuerpo. Realmente, ese día hacía mucho frío.
- Queda una lección, no? Léela. Te escucho. – comenta casi en un susurro mientras le da un sorbito al contenido de la taza color blanca.
Aaron se alegra ante la respuesta del muchacho.
- Ok, como última lección está: "SALUD"!
CHAN.
Casi se ahoga con el café.
¡¿Por qué el mundo parecía estar siempre en contra de él?!
¡Hacía un día había ido al médico a hacerse un análisis para ver si detectaban drogas en su interior!
¿Y ahora le iban a hablar de salud?
¡JA!
- ¿Q-qué temas de..salud? – pregunta algo nervioso, sin tratar de que se note.
- "Una salud perfecta es la base de una personalidad atrayente"! – cita con su mismo entusiasmo – Sigue estas recomendaciones y todo se te hará más fácil..
Hace una pequeña pausa mientras las anota en la hoja de trabajo que estuvo marcando durante todo el rato.
- Primero: Haz una dieta moderada, sencilla y adecuada!
Segundo: Duerme por lo menos de siete a ocho horas diariamente!
Tercero: Realiza ejercicios moderados!
- ¿¿Tengo que hacer todo esooo?? – pregunta haciéndose el vago. En verdad, no tenía ganas de hacer nada de esas cosas mencionadas.
- Eso con respecto a tu salud física, ahora tu apariencia!
- ooohhhhhhhhhhh… - se queja resoplando el café de su taza.
- No te quejes, tú escogiste este trabajo – le recuerda con impaciencia.
A Ed le estaba comenzando a gustar fastidiarlo. Como Aaron tenía su manera de hacerlo explotar, él también tendría la suya.
Bueno, continúo! Con respecto a la apariencia:
Cabello: Debes cortarte el cabello por lo menos cada quince días, o mínimamente llevarlo recogido, y lavarlo cada vez que sea necesario.
La Cara: La expresión de la cara es muy importante. Ésta debe estar siempre limpia.
Mira a Edward y sonríe muy a su manera.
Eleva su mano por sobre la mesa y llega hasta el rostro de él. Con ella corre uno de los mechones rubios del chico, llevándolo detrás de su oreja.
Ed parpadea dos veces ante el acto realizado.
Aaron vuelve a su lugar, manteniendo el contacto visual con el de ojos dorados.
- Tienes un rostro muy bonito como para ocultarlo detrás de esos flequillos. – menciona paulatinamente, mientras vuelve su mirada hacia la hoja blanca y sigue escribiendo un par de cosas.
Edward se sonroja a más no poder por el comentario hecho. Pero odiaba que las personas corrieran sus mechones. Mueve su cabeza de un lado a otro, haciendo que el cabello rubio volviera a su lugar.
Y trata de concentrarse nuevamente en el café calentito que le brindaba calor.
Había sentido algo raro en Aaron en esos momentos…
Uhm…
Será mejor ignorar el asunto por el ahora...
Y sin poder seguir debatiendo mentalmente, el chico continúa:
- Manos: Las manos sirven para casi todas las operaciones del trabajo, y son por lo tanto la parte del cuerpo más expuesta a perder su limpieza. Lávalas con frecuencia.
Ropa: Debe estar limpia y adecuada. Ni sucia y mucho menos rota. – finaliza en suspiro el muchacho. Agregando como último:
- Eso es todo! – con una sonrisa.
Una vez dicho esto, le entrega con ambas manos el papel escrito con prolijidad al rubio, quien lo toma con cuidado.
- ¿Eso es todo?
- ¡Si! Hoy aprendimos toda la teoría, ¡Mañana comenzará el verdadero reto!
- ¿Puedo retirarme ya? – pide Edward con la manita levantada y con voz desanimada.
- Como quieras. – responde Aaron sudando una gotita - ¡Pero mañana te me vienes con toda la energía del mundo!
Seee.. seee…
Luego de "discusiones", idas y vueltas, y finalmente un saludo, Edward sale del restaurante, dispuesto a…
Darle una pequeña visita a su hermano.
Lo extrañaba. Sí. Le hacía falta. Tenía que ir al menos a verlo.
El cielo estaba totalmente nublado, la ciudad congelada y las brisas del sur no ayudaban en nada más que empeorar el clima.
Caminaba a pasos lentos por las veredas, mientras se acurrucaba un poco con su bufanda roja, buscando calor.
Se hubiera quedado en el restaurante.. Después de todo eran sólo las tres de la tarde.
Bueno… a ver…
Tenía TODO un día libre para aprovechar ¿Qué podría hacer?
Ir a visitar a su hermano… y… Oh! No debía olvidarse de pasar a recoger los resultados del análisis del doctor John!
Además, no debía pasar por…?
- ¡¡Auch!! – exclama al haberse golpeado con algo.
¡Sabía que dormirse en sus pensamientos lo mataría algún día!
Eleva lentamente la mirada para ver con qué cosa se había golpeado… y…
Oigan…
No era una "cosa"… sino… una "persona"…
Levanta más su rostro, dándose cuenta al mismo tiempo de dos cosas:
Una: En unos mágicos segundos, estaba comenzando a nevar. Varios copitos de nieve eran despedidos desde el cielo y caían delicadamente en el suelo.
y…
Dos: …
-… Señor... – menciona casi en un susurro…
Totalmente sorprendido…
.
.
.
.
.
.
.
- … Señor.. Mustang… -
