Sí, se lo que diran... ¡Ya era hora! Lo se, lamento si tarde... Pues como siempre aqui cumplo con ustedes, espero que disfruten de este capitulo y asi podremos alcanzar los 300 reviews, Sí eso seria fantastico. Bueno, ya para no demorarlos aqui el octavo capitulo.

Comente al final.


-8-

En marcha.


Sakura siempre había sido una mujer amable y amorosa, eso lo podía ver mientras acariciaba su vientre. Se encontraba muy distraída que no captaba la intensa mirada que Sasuke le profesaba. Ella sería seguramente una buena madre, de eso no había duda. La presencia de ese afecto materno lo podía percibir con sólo verla. Si cantar melodías de cuna a un vientre era muestra del cariño que le aguardaba a ese pequeño, fácilmente se podría imaginar al momento de tenerlo en brazos.

Seguramente lo mimaría mucho. Cosa que no era del agrado de Uchiha, los niños mimados eran unos inútiles, y los inútiles no sirven en el campo de batalla.

Sasuke ladeo el rostro apenado al percatarse de lo que estaba pensando. Por dios, su hijo aun no nacía y ya estaba imaginándoselo en batalla. Patrañas… su hijo sería un ninja formidable, él mismo lo entrenaría y le daría lo secretos del Sharingan para que pudiera manejarle a su antojo. Sí, definitivamente tener un hijo sería interesante.

¿Sasuke, verdad que Sanosuke suena muy bonito? – preguntó risueña. Él sonrió de lado y le abrazo empalagado.

Sí, Sakura, es muy bonito…

Muo, no suenas muy maravillado.

Eso es lo que crees…

Mmm, bueno, como sea… - pasó su mano nuevamente por su vientre. —Sano-chan será adorable, de eso podemos estar seguros. Con nuestros genes es más que obvio.

Sí, en eso tienes razón…

El suelo de la cueva en donde estaban ya no estaba frio, el calor de la fogata y el de sus cuerpos había calentado la atmosfera satisfactoriamente.

¿Cómo crees que sea?

¿El que?

Su carita, sus ojitos… su cabello, ¿Alguna idea? – volvió a preguntar Sakura.

Mmm, probablemente tenga tu nariz… - Sasuke tintineo la nariz de Sakura con la suya. —Y tal vez también tus… orejas u ojos…

Pues considerando que el color de mis ojos es bastante extraño, creo que los tendrá como tú.

Je, esta bien, pero también quiero que tenga mi cabello.

¿Algún problema con el rosado?

Yo no tengo ningún problema con el rosado… siempre y cuando sea de alguna chica, pero aceptémoslo, Sakura, en un varón se ve bastante… femenino.

Mmm, bueno… puede ser. – suspiró. —¿Y que tal si es una niña?

Entonces el color rosado sería una buena opción.

¿Y que nombre le daríamos?

Sakura…

¿Qué?

No, que me gusta Sakura.

Ay, Sasuke, ¿No se te ocurre otro más?

Mmm, uno… pero no lo sé…

¿Por qué no?

No se que pienses al respecto…

Dímelo…

Mikoto.

Oh, el nombre de tu madre…

¿Qué te parece?

Es hermoso, Sasuke…

¿Tú crees?

Sí… y a juzgar por las fotos que he visto de ella, era muy hermosa.

Sí, no sé como diablos le hizo mi padre para casarse con ella.

Quizás… le cantaba canciones al oído. – Susurró algo seductora. — Le escribía cartas de amor, le recitaba poemas y le…

¿Hacía muchos "favores"? – le dijo, mordiéndole el cuello.

¡Sasuke! – le dio un golpecito en el hombro. —Vaya devoción que le guardas a tu padre.

Era un tipo muy serio… pero según mi madre, él era muy blando con ella…

¿Así como tú conmigo? – le preguntó, bajito.

Así como yo… - y le dio un beso dulce en los labios. Ambos se rieron al mismo tiempo. Después, un beso llevó a otro y otro…

Sasuke comenzó a besarle el cuello y Sakura le acariciaba los cabellos, con sonrisas y suspiros la emoción se tornó más intima. Aquellos momentos eran los que Sasuke había extrañado mucho, así como Sakura. La forma de darse cariño entre ellos siempre era diferente en cada ocasión, pero en ocasiones como esas, donde la lentitud marcaba un paso lleno de confort la espera valía la pena.

Sakura se posó sobre él. Le besó la barbilla y esperó a que Sasuke le regresara el gesto, mas eso no pasó. Alzó una ceja, Sasuke tenía la cabeza levemente volteada hacia atrás y sus facciones se había tornado serias.

Le dio otro beso en los labios pero no le correspondió.

¿Qué sucede?

Alguien se acerca. – entrecerró los ojos. —Maldición…

—… Konoha… - intuyó Sakura.

Sí, nos siguieron.

¿Qué vamos a hacer? – un deje de preocupación traspasó la voz de Sakura hasta sus oídos.

Vistámonos. – le empujó levemente con las manos sobre sus hombros. Ella asintió.

Se separaron y comenzaron a vestirse. Sakura se notaba nerviosa. Cuando se terminó de poner la ropa se mordió una uña con nervios.

Tranquila, estaremos bien. – le abrazó por la espalda, posando su mano en el vientre de ella. —No dejare que te toquen. – ella asintió y dejó escapar un suspiró largo.

Sasuke se encargó de levantar todo, debía salir de ahí, pero con la lluvia y el viento le era imposible arriesgar a Sakura. Después de todo, si ella se enfermaba no podría atenderla como era debido.

Chistó la lengua y miró de reojo a Sakura. Ella permanecía tensa.

Miró la cueva y observó varias grietas y salidas opcionales que estaban cubiertas por otras piedras, posiblemente colocadas ahí por derrumbes anteriores.

Sakura, ven un momento.

Le obedeció con algo de lentitud.. Cuando la tuvo a su alcance le tomó la mano y depositó un beso en el dorso. Ella se sonrojó.

¿Por qué haces eso?

Hmp. – le besó los labios esta vez. Después la atrajo a su pecho y suspiró. —Sakura, prométeme que pase lo que pase, nada cambiara entre nosotros…

¿Qué? – lo miró a los ojos, había cierta duda. —¿Por qué dices eso?

Promételo…

Lo prometo…

Sólo quiero que sepas que… te quiero mucho, no… te amo. – Sakura se sonrojó tremendamente. Algo no estaba bien, Sasuke nunca actuaba de esa manera.

Yo también te amo. ¿Qué es lo que piensas hacer?

Escaparemos de aquí. – le besó la frente. —Vamos…

Ella asintió. Sasuke miró atentamente el lugar y comenzó a juntar chakra en su mano.

Colócate la capa, está lloviendo afuera.

Sí.- Sakura se cubrió con la manta impermeable.

¡Chidori! – saltó hacia el techo y golpeo tan fuerte que dejó una salida provisional. —Vamos.

Tomó a Sakura en sus brazos y saltó con avidez. Ese fue el primer paso para un arrebato enemigo.

¡A la derecha! – advirtió Sakura y Sasuke se desplazó en el aire con ella en sus brazos. Esquivando los kunais que le lanzaban e inútilmente las gotas de lluvia.

¡Te tenemos rodeo! – reconoció esa voz, era Yamato-taicho, Sakura miró a Sasuke con preocupación.

Son ellos… - masculló quedito.

Tranquila, no te harán daño… - Sasuke sabía que no le harían daño, si el hombreo que los atacaba era el capitán de misiones entonces haría lo posible por no dañarla.

¡Sasuke!

Naruto… - musitaron ambos.

¡Sasuke, déjala ir!

¿Qué la dejara ir?

Pero si Sakura deseaba estar con Sasuke… un momento, ellos pensaban que Sasuke la había secuestrado, no sabía como tomarse eso, pero podía ser positivo.

Sakura, creen que te secuestre… - le confesó. Ella sólo asintió con algo de gracia, si supieran.

Sasuke, suéltala. – la voz madura de su viejo sensei le convidó a soltar a la madre de su hijo.

Kakashi… - llamó, con algo de agrado. Para ser sinceros hacia mucho que no veía a su viejo maestro.

Sakura, ¿Cómo estás? – le preguntó a la muchacha cubierta por la capa. Ella asintió un poco.

Estoy bien… - musitó, era como si el frio la estuviera dejando afónica.

¿Por qué haces esto, Sasuke?

No es de tu incumbencia, Kakashi…

¡Sasuke! – Naruto entró, estrepitoso, a la conversación. —¡Sakura-chan!

Naruto… - Sakura correspondió al llamado.

¿Cómo te encuentras?

Estoy bien…

Que bueno. – Naruto suspiró. —¡Sasuke-teme, suéltala en este instante! – pareció amenazarlo con el dedo índice.

Hmp.

¡Sasuke! – reprochó la actitud del pelinegro.

No nos dejaras opción, Sasuke, déjala ir, o de lo contrario nosotros la liberaremos.

Kakashi-sensei, yo… - Sasuke apretó un poro el agarre, dándole a entender a Sakura que guardara silencio, él sería quien hablaría.

Kakashi… - comenzó con su voz ronca. —Este no es un asunto que le concierna, Sakura se quedara conmigo, quieran o no, ya tome esa decisión.

¡¿Qué?! – Naruto manifestó indignación. —¡Sakura-chan no es un objetó, es una persona! ¡¿Quién te da el derecho para apropiarte así de ella?!

¡Ella se queda conmigo! – parecía un macho alfa defendiendo a su hembra.

No nos dejas opción. ¡Yamato! – Kakashi dio el inicio de la batalla.

Fuertes tablones emergieron del suelo con la dirección determinada hacia Sasuke. El muchacho saltó con sorna entre los barrotes, no podrían atraparlo. De un momento a otro un tablón golpeo a Sakura sin poder evitarlo, fue un golpe certero y se podría decir que hasta intencional.

¡Sakura! – se sorprendió al verla inconsciente. Le había dado detrás de la cabeza.

De un momento a otro los pies de Sasuke se quedaron sepultados en el suelo, sin poder moverse y encaprichados a estar ahí.

¿Qué? – se sorprendió al no poder moverse. —Maldito Kakashi. – miró de soslayo y el Sharingan de Kakashi había detenido la dimensión que su pies pisaban, lo había arrinconado vilmente.

¡Lo tenemos! – gritó Naruto. Los clones de sombras emergieron a la par de su dueño y rodearon a Sasuke.

Aléjate, Naruto… - siseo.

¡No, regrésame a Sakura-chan!

Idiota… - los ojos rojos de Sasuke comenzaron a girar enloquecidos.

¡Naruto, quítate de ahí! – gritó Kakashi, perdiendo la concentración.

¿Qué? – el rubio observó un fuego negro que consumía a su clones con arrebato. Se alejó de Sasuke, el Uchiha logro liberarse del agarre de Kakashi y una vez que consiguió saltar al aire, miró enardecido a los ninjas de la hoja.

¡Amaterasu! - las llamaradas se extendieron por el cielo como un halcón al acecho. El resplandor de los relámpagos empañó la vista de Naruto mientras los rojos ojos de Sasuke emergían en las sombras negras del Amaterasu.

¡Diablos! – Naruto retrocedió dando saltos mortales hacia atrás. Había sido muy acrobático, pero eso no le salvaría de la ira de Uchiha.

¡Yamato, intercéptalo! – ordenó Kakashi. Las lianas de madera ataron brazos y piernas de Sasuke. El muchacho no se movió. Quedó mirando a la deriva, con Sakura en brazos. Parecía distraído… sus ojos se intensificaron y pareció hacer un mohín de molestia.

Naruto… - llamó a su amigo.

¿Eh? ¿Qué sucede?

Ven.

Primero apaga tus ojos.

Hmp. – y lo hizo. Naruto se acercó y le extendió las manos. —No te la voy a dar idiota.

¿Ah? ¿Entonces para que me llamas?

Algo grande se acerca hacia acá. – se pasó la lengua por los labios.

¿Algo grande? – Naruto miró el cielo y después sintió lo mismo que Sasuke.

Más truenos hicieron quedar inmóviles a los que estaban ahí. Una estática espesa recorrió la zona. Una tensión eléctrica fácil de percibir.

Son los del trueno.

¿Los del trueno? – preguntó Naruto de manera pensativa.

Sí, ya sabes, esos malditos de siempre. Tsk., no puedo creer que aun me estén cazando.

Sasuke… al parecer viejos rencores nunca mueren. – se burló de él.

Ellos no me preocupan, me preocupa otra persona.

¡¿Ah?! ¡Sasuke, que amable eres… te preocupas por mi…!

No, tonto, por ti no. – contestó irritado.

Kakashi y Yamato veían la escena con algo de desconcierto. Naruto y Sasuke se había detenido a platicar tan pacíficamente mientras que algo peligroso se acercaba.

¿Qué hacen? – preguntó Kakashi, algo consternado.

No lo sé. – Yamato, que observaba la escena se posicionó al lado

de Kakashi.

Escucha Naruto, hay algo serio que quiero decirte… - la presión del chakra que se acercaba lo hizo tragar saliva. Miró a Sakura, su carita empapada y sus ojos cerrados. Respiró dándose fuerzas, esto se estaba saliendo de su control.

¿Sasuke? – internó la interrogante. —¿Qué sucede? – se puso serio.—¿Le sucede algo a Sakura-chan?

Naruto, por favor, quiero que entiendas esto… - tragó saliva, debía darse prisa. —Sakura está embarazada…

¡¿Qué has dicho?! – no pudo evitarlo. Kakashi y Yamato se acercaron. —¿Y quien es el padre?

¿Padre? – mencionaron al mismo tiempos los ex – Anbus.

Yo…

¡Miserable! – eso tampoco lo pudo evitar. Arrasó con la cara de Sasuke de un puñetazo. El rostro de Sasuke se ladeo. —¡Cómo pudiste hacerle esto a Sakura-chan!

¡Naruto! – Kakashi lo detuvo por la espalda.

¡Suéltame, Kakashi-sensei, le voy a dar en donde más le duele a este desgraciado!

¡Naruto-kun, cálmate, debe haber una explicación para esto! – Yamato llamó a la calma de Naruto.

¡No la hay! ¡Sasuke es un secuestrador-violador! – exclamó forcejeando.

No, no lo es… - replicó Kakashi. Tanto Sasuke como Naruto lo voltearon a ver expectantes.

¿Ah no? – Yamato siguió preguntando.

No. – soltó a Naruto para poder explicarles. —Sasuke… sé muy bien que desde hace meses visitas la aldea… no podía explicármelo, no sabía el motivo, hasta ahora…

Kakashi, tu siempre lo supiste…- Sasuke se mordió el labio.

Sí… Lo siento, Naruto, no podía decírtelo hasta que supiera que era lo que Sasuke quería de la aldea. – miró a Sakura. —Ahora lo sé…

¿Era por Sakura? – mencionó Yamato mientras miraba a Sakura inconsciente.

¡Sasuke! – Naruto lo miró con frustración y sin saber que pensar.—¿Has estado con Sakura-chan todo este tiempo? – parecía haber dolor en su voz.

Sí…

¡Que tierno! – un estruendo sacudió el terreno. Un escuadrón completo de mercenarios llegó a lugar. —Lamentamos interrumpir este momento tan intimo… - rio el líder del escuadrón. —Pero estamos buscando a Uchiha Sasuke… y todo aquel que se haga llamar Uchiha.

Tsk, llegaron más rápido de lo que pensé… - masculló Sasuke.

Vaya, vaya… ¿Konoha haciendo tratos con un ninja renegado? Eso no me lo esperada… ¿A dónde se fue el honor?

¡Silencio, estamos atendiendo un asunto importante! – lanzó agresivo Naruto.

¡Seguramente! ¡No vamos a tolerar este trato! – se volteo a su hombres. —¡Muchachos, parten cabezas!

No lo creo… - Yamato estiró sus dedos al aire y comenzó a hacer sellos. Colocó las manos en la tierra y enormes tronco de madera maciza cubrieron a los ninjas de Konoha, protegiéndolos de los ataques enemigos.

Los ninjas se detuvieron al ver la barrera y voltearon a ver a su líder.

¡Destrúyanla!

Y mientras fuera de la barrera los ninjas golpeaban inquisidores, dentro un asunto importante se aclaraba.

Escuchen… - Sasuke llamó atención a sus viejos compañeros. —No quiero que Sakura resulte herida, si le pasara algo yo… - miró la cara de ella, parecía dormitar sin preocupaciones. —No podía perdonármelo, jamás…

Los ojos de Sasuke reflejaban esa vieja nostalgia que hacia mucho tiempo no sentían. El palpitar de un corazón amante y desprotegido en busca del bienestar del objeto de su amor.

Parecía mirar a Sakura como alguien que mira a un ser querido, a un familiar cercano, como alguien que goza del amor del otro.

Naruto.

¿Sí, dime? – pegó un respingo, el ambiente se había vuelto tan cálido y lleno de intimidad.

Por favor… cuida de ella. – con la frente en alto encaró a Naruto.

¿Pero… por que? – alzo planeaba, algo que no le gustaba.

Por que… no quiero que algo malo le suceda. Debo protegerla… debo proteger a mi familia.

Los ojos de Kakashi y Yamato se cerraron con angustia. Sabían lo que vendría a continuación.

Por favor, protégela, Naruto… Cuida de ella. – posó su mano en su vientre. Sonrió de medio lado. —Y de mi hijo.

Naruto sintió una especie de escozor en los ojos. Sasuke hablaba enserio, Sasuke iba a quedarse atrás para darle una oportunidad a Sakura.

Sasuke… yo no sé que decir.

Se los pido a ustedes, Kakashi, Yamato-san… Naruto, por favor.

¿Y Sasuke, que pasara contigo?

No se preocupen por mí, regresare. – miró a Sakura, sus parpados aun estaban cerrados. —Pensé que escapar conmigo sería una buena idea… pero creo que te lleve directo al filo del abismo. Lo siento, Sakura… - acercó su rostro al de ella, Yamato retiró los barrotes de madera para darle espacio. —Discúlpame, Sakura… realmente siento que esto terminara de esta manera… - alzó la cara y le besó la frente. Después despacio le besó el vientre, la escena fue conmovedora para los presentes. —Cuídate mucho, Sakura, cuida de nuestro hijo… - le besó los labios y después descendió hasta su oído. —Te amo. – susurró muy bajito.

Luego miró a Naruto y asintió.

¿Sasuke? – escuchó la voz de Sakura por lo bajó. Regreso la mirada hasta ella. Sakura entrecerró los ojos por la oscuridad en donde se encontraban. Sasuke solamente sonrió con algo de aquejo y después se la entregó a Naruto.

El muchacho rubio la cargó con cuidado, comprobando, ahora que la tenía cerca, que sí tenía vientre de embarazo.

¿Naruto, que sucede? – no sabía muy bien que pasaba, acababa de despertar. —¿Sasuke? – después se dio cuenta que ahí estaban Kakashi y Yamato. —¿Por qué esta oscuro?

Adiós… - dijo secamente Sasuke, mientras que, a espaldas de ella, alzaba la mano en son de despedida.

¿Qué? – Sakura no entendía. ¿De quien se despedía?

Kakashi y Yamato se le acercaron y ladearon la mirada un segundo.

Vámonos… - dijo Kakashi. Yamato asintió y en el suelo de madera comenzaba a forjarse un túnel.

¡Esperen, Sasuke, que pasa…! – se sorprendió al verlo quedarse atrás.

Adiós… - el sonido de la voz de Sasuke pareció tan vaga.

¡No, esperen, Sasuke, no! – negó y comenzó a removerse entre los brazos de Naruto.

¡Sakura-chan, cálmate, no te hace bien!

¡Sasuke, Sasuke! – no lo oía. La silueta de pelinegro comenzaba a hacerse cada vez más lejana. —¡Sasuke, por que no vienes, Sasuke! ¡¿Por qué me abandonas?!

Gritó desgarradoramente y entonces… todo se volvió negro.

¡Kakashi-sensei! – Naruto se sorprendió al verle golpearla.

No podemos arriesgarnos a que nos descubran por Sakura… tenemos que llevarla a un lugar seguro… ese fue el encargo de Sasuke.

Ya veo… - Naruto miró la cara de Sakura y cerró los ojos con impotencia.

Mientras, Sasuke apretaba los puños aun dentro de aquella caja de madera. El tronido del material quebrándose le hizo darse cuenta que los hombres del rayo ya estaban más que furiosos.

¡Bien, ahora no tendrá escapatoria!

¿Dónde están los otros? – preguntó uno, mirando a todos lados.

Que importa… después los buscaremos y los mataremos.

No… - farfulló el Uchiha. —Eso nunca sucederá. – y sus ojos, victimas de la desolación en la cual recién estaba entrando, se volvieron carmesí, con las aspas girando tan rápido que formaron la silueta de una estrella…

—Oto-san… ¿Sucede algo? – Sanosuke se quedó mirándolo de cerca. Tenía en la mano un trozo de pan dulce y una taza de té al lado. Sasuke miró al pequeño saliendo de su ensimismamiento y después sonrió de lado.

—No… solo estaba recordando ciertas cosas.

—¿Sobre mi mamá?

—¿Cómo es que adivinaste?

—No sé… es que, siempre que piensas en ella se te forma eso en la cara…

Sasuke alzó una ceja.

—¿Cómo "eso"?

—Te sonrojas… o te pones muy serio y pensativo. Se te forman unas arrugas muy chistosas en la frente. – confesó el pequeño.

—¿Arrugas chistosas? – volvió a fruncir el ceño. —¿Así?

—No… pero igual son chistosas. – el pequeño sonrió.

—Bueno, eso es algo… - Sasuke posó la mano en la cabeza de su hijo y enmarañó sus cabellos.

—¡Ah, el tío Naruto me hacia eso!- pareció reír un poco e infló los cachetes en son de reproche.

—Hmp…- rejuntó los palillos de dango que acaba de comer y los llevó a la basura. —Vamos a pagar… - el pequeño asintió y rápidamente se comió el pan y toco rápidamente el té. Fue a tirarlo a la basura y en el momento que regresaba chocó con Sasuke. Cayó de sentón en la graba y al levantarse se limpio el los pantaloncillos.

—Auch…

—¿Ya acabaste? – Sasuke lo miró hacia abajo y arrugo el ceño.

—Sí, voy… - se levantó y se puso a su lado. —Por cierto… ¿A dónde iremos?

—Primero, a entrenar… y para entrenar necesitamos el terreno indicado. – miró a su hijo y sonrió. —Quiero que me muestres todas tus habilidades.

El pequeño rió nerviosamente y luego tragó saliva.

—Bueno… - resigno y continuo al paso de Sasuke.


¡Sasuke! ¡Sasuke…! – lagrimas en sus ojos. Desesperación en su alma y gemidos prominentes de sus labios. —¡Sasuke, por que no vienes, Sasuke! ¡¿Por qué me abandonas?!

Un fuerte sonido, un temblor en todo su cuerpo y una vaga esperanza.

—Sa-suke… - musitó, adolorida y todavía adormecida.

—¡Hey, es hora de comer! – con un cencerrón de metal viejo, un guardia tocó el instrumento para despertarla. Los ojos de Sakura se abrieron poco a poco, mirando decepcionada al mismo guardia de siempre.

—Oh… - exclamó bajito.

—Te voy a bajar, no intentes nada. – Sakura estaba amarrada de brazos y piernas en una pared diagonal, su torso estaba afianzado al muro inclinado con un anillo de hierro. Sus manos estaban amarradas con cadenas recubiertas de chakra. Parecía un crucifijo en una pared de 45 grados.

Con ayuda de unos sellos el guardia abrió el anillo de hierro. Un quejido desgarrador emergió de Sakura cuando todo el peso de su cuerpo se recargó en sus cansadas extremidades.

—Descuida, ya te bajo. – accionó una palanca y poco a poco las cadenas se hicieron más largas, bajando a la joven al suelo húmedo de la caverna. Respiró entrecortada cuando llegó al suelo. Intentó levantarse, pero tiritó al hacerlo y sus manos y pies no pudieron contenerla.

Cayó al suelo, con la cara ladeada a la derecha y respirando con cansancio.

—Tenía que ser… - el hombre se acercó a ella y la sujetó de los hombros. Aplicó un poco de fuerza y la llevó a rastras a una silla acompañadas de una mesa de piedra. La sentó ahí y puso un plato de comida frente a ella.

Cuando olfateo la comida Sakura no pudo evitar el impulso de lanzársele. Comía sólo una vez al día, y algunas veces, recibía bocados extras, cortesía de su anfitrión.

Comió apresurada, pero logró llenar un poco su estomago. Suspiró con pesadez.

—Tome. – el carcelero le entregó un vaso con agua. Ella lo bebió con avidez y dejó salir un gemido después de esto. Sakura miró las cadenas que tenía en los brazos y piernas. Miró de donde emergían y pensó que eran muy largas.

—Mmm… - suspiró con algo de cansancio.

—Es hora de subirla… - mencionó el guardia, Sakura, inmediatamente lo miró con algo de preocupación.

—¿Po-podría… - jadeo. – descansar un momento?

—Ya podrá en la pared, vamos, no me obligue ha…

—No… es decir… aquí abajo, sobre la mesa, mis brazos y piernas me duelen… por estar colgada de ahí.

El guardia hizo mala cara, pero después miró a ambos lados y pensó: ¿Qué rayos…?

—Mmm, esta bien… - suspiró, — pero no le digas a los demás que te deje aquí, tendría serios problemas.

—Sí… no se preocupe.

—De acuerdo, para que veas que soy benévolo te dejare descansar aquí abajo una hora…

—¿No podría dejarme dos?

—Está bien, dos horas… - tomó el plato y el vaso. —Sólo dos horas…

Salió de la prisión y cerró la puerta con seguro. Sakura, en el momento que se sintió sola, se recostó sobre la mesa y se hizo un ovillo, buscando inútilmente una protección que anhelaba desde el fondo de su alma, se quedó dormida.


—Creo que aquí será un buen lugar. – se reflejaba un enorme lago debajo de un pendiente desértica. Estaban en un valle, parecía una fosa vertiginosa que si caías ahí, de seguro te partirías los 206 huesos del cuerpo.

Sasuke estaba sobre la cima de esa zona, con el pequeño Sanosuke a su lado, mirando el fondo.

—¿Cuánto es de caída? – preguntó el niño.

—No lo sé… ¿100 metros? – Sasuke lo miró. —Este será el lugar perfecto para que me muestres lo que sabes hacer.

—Pero yo… - tragó saliva. —Tengo miedo.

—No hay por que temer, estoy contigo, si te caes yo te salvare.

—¿Qué tal si lo intentamos en un terreno menos peligroso? – se aferró de la ropa de Sasuke al ver como una roca caía y se rompía al botar contra las pareces del valle.

—Un ninja demuestra sus mejores habilidades cuando está en peligro. – era cierto, Sasuke lo había aprendido de la peor manera. Recordó su encuentro con Orochimaru en los exámenes chunnin, o su pelea contra Naruto en el valle del fin. Así mismo, cuando luchó contra Deidara, con Itachi e incluso con KillerBee. Esa y otras batallas en las cuales había salido victorioso por sus propias agallas y sus ganas de seguir y ser más fuerte.

Tal vez era injusto e inhumano, pero quería ver que tan fuerte podía ser su hijo, no podía entrenarlo calmadamente como Kakashi había hecho con ellos cuando niños, tenía de poner los pies en la tierra de manera real y cruda.

—Sanosuke… - Sasuke lo llamó, el niño lo miró a los ojos y observó un deje de dolor. —Perdóname por lo que voy a hacer.

— ¿Qué-? – no pudo terminar, Sasuke lo tomó por la ropa de la espalda y lo arrojó son miramientos al fondo.

—Perdóname, Sakura. – susurró al aire, mientras los sonidos de la naturaleza eran opacados por el desgarrador grito de Sanosuke.


—¡Sanosuke! – Sakura abrió los ojos con impacto. Había sentido una falla en su respiración, un dolor en el pecho, como un instinto maternal al saber que la cría está en peligro.

Se levantó de la mesa de piedra y arrastró las pesadas cadenas por el húmedo piso. Descalza, sus pies se quejaron al sentir lo frio que estaba, los escalofríos de apoderaron de su cuerpo y halando con cierta desesperación llegó a la puerta.

—Debo salir de aquí, debo salir de aquí… - se repetía constantemente. Estaba sudando a chorros y tenía un calor enfermizo en el cuerpo.

Tembló estrepitosa y sintió una pesadez inusual.

—Necesito salir, necesito salir… - repitió con un pasmo fuerte. — ¡Déjeme salir! ¡Malditos desgraciados! ¡Perros desgraciados! ¡Bastardos, malnacidos! – gritó imperiosa, tan fuerte que los cerrojos de la celda se abrieron y los guardias entraron con armas puestas y con paras pávidas.

Arremangaron con ella a la fuerza y la apresaron contra la pared. Se movió violentamente y sacudiéndose a los hombres mostró la súper fuerza que le fue otorgada después de todos esos entrenamientos con Tsunade.

Con fuerza bruta arremetió contra tres guardias y los lanzó contra la dura pared. Inmediatamente apretaron sus cadenas y comenzaron a jalarla hacia la su prisión inclinada.

Desesperada se resistió, forzó sus cadenas hacia adelante y alcanzó a golpear a otro guardia, noqueándolo en su proceso.

—Se resiste, electrocútenla… - ordenó el carcelero mayor y los rayos se adentraron por el cuerpo de Sakura a la orden. Se retorció como un pez fuera del agua al sentir el tremendo poder de la electricidad. El suelo mojado intensificó su dolor.

Cayó de rodillas al suelo y sus brazos se alzaron por las cadenas a los lados como una cruz. Jadeaba y su respiración era agitada. Parecía inofensiva. Un intrépido se acercó a ella, para ver si podía moverse, pero al no encontrar respuesta por ella decidió que no lo haría.

Cayó en un error, pues con la misma fuerza de antes, Sakura se levantó y apresó al guardia con un brazo, ahorcándolo.

—Déjenme ir… o lo asesino. – sentencio Sakura, los hombres apretaron sus manos hasta que el sonido de un aplauso los desconcertó.

—Vaya, vaya… ese fue un despliegue de fuerza bruta muy impresionante, Sakura-san… - en la puerta, se encontraba la sombra de un hombre despreciable. —Debo admitirlo, usted es increíble…

—No… estoy jugando. – jadeo, cada vez se ponía más débil.

—Nadie está jugando, de eso estoy seguro, pero creo que su valiente ataque frontal fue una perdida de tiempo y energía. Tal vez sea yo pero… ¿Es fiebre la que tiene?

—No… estoy perfecta. – su vista se tornó borrosa.

—Mmm, bien, en ese caso… - la sombra desapareció y se materializó enfrente de ella. Estiró un dedo y le tocó la frente y justó cuando Sakura pudo apreciar su imagen el hombre sacó un ojo rojizo con aspas negras que la hizo caer al suelo en una dolorosa ilusión.

—Señor, ¿Qué hizo?

—Nada comparado lo que te hare por desobedecer las reglas. – miró al carcelero que había dejado descansar a Sakura.

—¡Ah, mi señor, lo siento, lo siento mucho, yo no pensé que…!

—Sí, de acuerdo, nadie pensó que esto sucedería… - se volvió hacia un hombre. —Tú, amárrala de nuevo y tú, - se fijó en aquel que había sido benévolo con Haruno. —Vendrás un momento conmigo…

—Señor, la joven está ardiendo en fiebre… - informó un hombre.

—Bueno, en ese caso… no aprieten mucho sus grilletes.

—Pero señor, ella puede morir…

—Tsk., más problemas para un pobre viejo como yo. Está bien, déjenla descansar abajo y traigan una píldora para la fiebre, pero aseguren sus amarres y no dejen que se revele otra vez...

—Sí señor.

—Muy bien… - miró al guardia de Sakura. —Vamos…


Sintió que algo alargado y duro sostenía su cuerpo en el aire. Abrió los ojos y la adrenalina fluyó al verse atrapado entre las ramas de un árbol. Buscó con la vista a su padre y no lo encontró. Pasó saliva y sintió ganas de lloriquear… ¿Es que Sasuke lo había traicionado? ¿Es que no lo quería como hijo? ¿Qué había hecho mal?

Sollozó con un sonar de nariz e intentó alcanzar una ramita que estaba pagada a la pared de piedra. Pero el movimiento empeoró su situación. Se rompió su soporte y quedó nuevamente a merced de la gravedad.

Iba a caer. El cuerpo reaccionó por instinto, la adrenalina tomó el control y el profundo deseo por sobrevivir sobrecogió su corazón.

El chakra fluyó libre y sus manos se adhirieron en la roca. Como si fuera alguna especia de ventosa. Respiró apresurado por que comenzaba a resbalarse. Las lágrimas le estorbaban para ver. Respiró profundamente y se limpio los ojos. Intentó concentrar chakra en sus extremidades, como aquella ocasión, cuando intentó caminar en el agua y cayó a un lago congelado.

Acudió a los genes de su madre y sus capacidades heredadas. Supo como juntar la energía adecuada y como aplicarla. Todo por instinto. Se pegó a la pared y saltó en falso… sus pies quedaron en el aire por unos leves instantes y la roca dura lo recibió. Quedó sobre una pequeña grieta, apartándolo del peligro del abismo.

Respiraba agitado y el corazón retumbaba en su pecho. Se limpio los mocos y gotas de agua salada de la mejilla y respiró, abrazándose a si mismo.

—El camino del ninja es muy duro, hijo… - se giró asustado al escuchar la voz de Sasuke detrás de él.

Él estaba de cabeza, con los pies en el techo de la grieta y sus ojos fijos.

—¿Por qué…? – respiró y tomó aire. —¡¿Por qué demonios me tiraste?! – se enojó y reclamó. Mas Sasuke sonrió algo enternecido.

—Tu primera rabieta…

—¡¿Qué?!

—Escucha, Sanosuke, por que lo que te voy a decir es tan crudo como que tu madre esta desparecida.

La sola mención de Sakura lo ponía ansioso.

—¿Y que es?

—Lamento lo que hice, pero lo hice por tu bien…

—¿Eh? ¡No creo que lanzar a un niño por un abismo sea un bien!- replicó.

—Como sabes bien, los ninjas son asesinos… - Sanosuke recorrió el rostro. —Sí, hijo… tu madre y yo, todos, hemos matado alguna vez.

El pequeño abrió fuertemente los ojos y encaró a su padre.

—¿Matar?

—¿Qué acaso crees que los dejamos inconscientes? ¡Por dios, si me has visto! Yo mate aquellos Anbus que te perseguían, yo mate a muchos más en el pasado por proteger a los que amaba, por proteger mi orgullo… he matado por muchas cosas, Sanosuke, y esto es algo que no debería sorprenderte. – Sasuke estaba siendo realista, muy, muy realista. —Tienes los instintos hijo, tienes la capacidad y eso me lo acabas de demostrar.

—¿Cómo? – no entendía, estaba confundido.

—Con lo que hiciste hace rato. Usaste un control de chakra tan eficiente que lograste salvar tu vida con éxito. Debo admitir que, a tu edad yo ni siquiera podía acercar correctamente una shuriken.

—Mmm… eso lo dices sólo para hacerme sentir mejor.

—Es verdad, no tengo por que mentirle a mi hijo. ¿No crees?

—Mmm, pues no…

—Desgraciadamente no tenemos tiempo para aprender de la manera sencilla. Como Sai lo dijo estamos en medio de algo grande… tenemos que prepararnos para una posible… batalla. – iba a decir guerra, pero no tenía los fundamentos necesarios para decirlo así.

—¿Y como saben que estamos en medio de algo grande?

—Eso no deberías preguntarlo, hijo. – se enderezó y se inclino hasta el niño. Le sobó la cabeza. —Desde el momento en el que los Anbus atacaron el lugar donde estaban viviendo tu madre y tú se desenvolvió la sospecha.

—Entonces… ¿Esa "cosa grande" ya estaba presente?

—Hay cosas que pueden durar hasta cien años, como la obstinación de cierta persona que conocí… - recordar a Madara le daba nauseas.

—Ya veo… ¿Entonces este es el entrenamiento?

—Totalmente. – Sasuke se enderezó. —Debes esperar todo de este entrenamiento… considéralo como una prueba de vida, como… una interacción entre padre e hijo.

Sanosuke pasó saliva.

—Kakashi-jii-san tenía razón. – dijo en un susurro.

—¿Ah si? – Sasuke lo había escuchado y le había picado la curiosidad.

—Él decía que… tú eras un perfeccionista.

—Kakashi puede ser un pervertido algunas ocasiones, pero sin duda cuando se quita la mascara puede verse su lengua de plata.

—¿Quitarse la mascara? ¡Oto-san! ¿Has visto la cara de tío Kakashi?

—Amm… No.

—… Oh…

—Bueno, mejor… entrenemos.

Sanosuke sintió gracia hacia él.


Moverse por los arboles no era problema. Para un ninja que fue criado en un campo lleno de trampas, correr por un campo libre era un sueño demasiado bueno para ser verdad.

Demasiado bueno.

Saltó lo más alto que pudo, se había dado cuenta, lo estaban cazando. Miró a todos lados, eran unos tontos si creían que iba a caer. Sacó su pincel, un papel y dibujó un águila enorme. Se posó sobre este, al menos en el aire no le harían daño.

—¡Eso no te servirá! – de los arboles emergieron dos feroces remolinos. —Tu jutsu de invocación es patético…

—¿Jutsu de invocación? – debatió. —Esto no es…

—¡Ahora! – los remolinos atacaron por ambos lados. Sai se tambaleo de su águila.

Cayó.

—Lo tenemos. – le lanzaron cuchillas y Sai las evito con un jutsu de sustitución. Apareció de vuelta en un árbol, esperando un segundo ataque… que llegó por detrás. Esquivó y al hacerlo algo mordió su brazo.

Era un perro, tenía un parche en el ojo y estaba enorme. Sacó un kunai para apuñalarle, pero fue detenido por una cadena. Miró a su dueña y era una joven de porte salvaje y con cara de tenaz.

—¡Eso no era necesario, hermana!

—Si aprendieras más de tu hermana no estaría en esta condición…

—No quiero pelear, déjenme ir…

—Eres un Anbu, no tengo por que escucharte. – apretó la cadena y el perro la mordida.

—Basta ya, no vengo en son de guerra.

—¿Qué tanto dice este Anbu? – salió por entre las hojas, montado en un perro blanco un muchacho de tatuajes rojos. —¡Por dios… pero si tú eres…!

—Inuzuka Kiba.

Un silencio se cernió entre las personas y los perros.

—Kiba, ¿Conoces a este Anbu? – aflojó la cadena.

—Sí, Nee-chan, libéralo por favor.

—Ok… Vamos. – el animal que le sostenía el brazo le liberó. Se limpio los colmillos con su lengua.

—Lamento el corte. – dijo y se fue con su ama.

—¿Ah? – Sai parecía sorprendido. —¿El perro hablo?

—Si, nuestros compañeros caninos pueden hablar.

—¿Y el grandote… también? – apuntó a Akamaru.

—Ah, pues… - Kiba miró a otro lado. —No estamos aquí para atender el asunto de los perros, ¿Oh si? Debes estar para algo más… ¿Me buscabas, o solo nos hemos encontrado por azares del destino?

—Un poco de las dos… - Sai se levantó, lo habían tenido hincado todo este tiempo. Se limpio la sangre del brazo.

—¿Quieres que te de algo para el brazo?

—Si fueras tan amable…

—Lo que sea. Vamos, Akamaru. – montó en el perro y comenzó a alejarse, Sai detrás de él. —¿Qué te parece si me hablas de tu paradero por esta zona?

—Seguro, quiero que me ayudes a buscar a alguien…

Kiba se detuvo y lo miró receloso.

—¿A quien?

—A Naruto.

Akamaru bajó las orejas y Kiba apretó los puños.

—¿Por qué?

—Por que… necesitaremos toda la ayuda posible.

—¿Para que?

—Para recuperar Konoha.

Continuara…

Recuperar Konoha... Eso suena tan raro, ¿No? Por que, Konoha esta destruida y sus habitantes se dispersaron... ¿O por que Sai dijo eso?

Bueno, se los dire en el proximo capitulo, de nuevo gracias por leer...

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Yume no Kaze.