-Nota: Bueno, demoramos mucho en terminar este relato y nos disculpamos por ello. Espero que les guste mucho y que tengan un excelente fin de semana. Se los quiere y gracias a todo quien se toma su tiempo de leernos. ;) :)

-LadyBlack y _Angelrenegaed


09- El Poder de Las Palabras...

-Cuando desperté esa mañana me costo entender que seguía en Versalles y que mi madre había muerto. Me costo comprender que ya era libre de todas tonterías y sus ordenes y caprichos estúpidos que siempre terminaban por marearme y desquiciarme y a pesar de eso hasta que conocí a Su Majestad, había decidido tragarme mis penas y mis quejas. Ahora no tenia ningún motivo para hacerlo. De modo que luego de desayunar con La Reina Madre como todas las mañanas me puse el mejor de mis vestidos y baje las escaleras hacia el salón principal. Un vestido rosado y ajustado a la cintura con una lira y de mangas acampanadas que caía en muchos volados que estaban llenos de tules de encaje que tenían miles de detalles en grabados diminutos y peque os con rosas distintas.

Su Majestad estaba rodeado de sus funcionarios mientras contemplaban un mapa y le colocaban un traje amarillo nuevo.

-: Atacaremos aquí, aquí... y quiero soldados aquí, aquí y aquí. -dijo mientras señalaba cosas en el mapa y luego asintió.- si, eso esta bien. -sonrió.-

Me acerque a el.

-: Majestad... ¿Puedo hablar con usted un momento? -pregunte.-

El asintió e hizo un gesto con la mano a sus hombres de que le esperasen. Todos se inclinaron hacia el en una pequeña reverencia y yo me quede por un momento dudando de si realmente había accedido a ello o me lo había imaginado. Pero ahora se encontraba cruzando los brazos delante de mi y me dije que tenia que hablar antes de que se ofendiera y se fuera. Pero era la primera vez que me encontraba dispuesta a exigir algo a alguien.

-: ¿Que sucede, Madame? -me pregunto.-

Carraspee antes de hablar.

-: Majestad... es que quería preguntarle algo para que luego no os ofendáis conmigo si lo hago... -me explique.-

El inclino la cabeza e hizo un gesto con la mano para que prosiguiera.

-: Ahora que gracias a vuestra gracia ya no dependo de mi madre... ¿Su Majestad me permitiría salir de palacio? -pregunte.-

Sonrió.

-: Por supuesto, Madame. Siempre y cuando regreséis a tiempo para la cena y me aviséis cuando lo hagáis. -respondió.-

Una sonrisa ilumino mi rostro y me incline hacia el en una leve reverencia. Todos sus funcionarios comenzaron a murmurar cosas.

-: ¿Entonces Me permitiría ir a montar en las afueras del palacio, Majestad? -exigi saber.-

Sus funcionarios me miraban con el ceño fruncido. La palabra montura era una de las favoritas de su majestad para distraerse de sus funciones y la dama por desgracia había acertado. Por suerte y para su alivio anunciaron la entrada del padre Aramis y aunque el rey desplegó sus labios para decir algo a su dama, Aramis se acerco a el y se inclino en una leve reverencia. Yo trague saliva y baje la mirada. ¿Que esperaba? ¿Realmente esperaba que renunciara a su deber por mi?

-: ¿Porque desea usted ir a montar fuera de palacio, Madame? ¿Es que acaso no son suficiente magníficos para usted, los establos del rey? -pregunto.-

Ignorando por completo a Aramis y yo no pude evitar reírme.

-: No, Majestad. Es solo que hace tiempo que encontré unos bosques que son ideales para cabalgar a distancia y para entrenar a mi caballo como usted me pidió, para que se acostumbre a mi. -sonrió.-

El rey le miro confundido ya que nunca le había pedido a su dama que no hiciera el ridículo montando a caballo y suspiro aliviado al darse cuenta de que su dama probablemente lo dijera así para no avergonzarle frente a sus funcionarios. De modo que antes de admitir un descuido por su parte prefirió seguirle la corriente a su elocuente Madame.

-: Oh, entonces desearía acompañarle Madame. Pero por favor espéreme en los jardines hasta que termine de hablar con el padre Aramis. -murmuro.-

Asenti.

Tomo mi mano y la beso y yo me incline en una leve reverencia antes de marcharme. Me dirigí hacia los jardines y me senté en el valcòn de piedra. Apoyando todo mi peso contra su columna y contemplando la tranquilidad del horizonte. Tranquilidad con la que soñaba desde hace mucho tiempo y me puse seria. Mirando preocupada por un momento aquellos jardines. ¿Realmente los compartiría con su Majestad muy pronto? ¿Realmente viviría con el allí el resto de mis días? la idea hizo que llorara de felicidad y que me secara las lagrimas con las manos. Vivir con la persona que amaba en un lugar que amaba, seria maravilloso.

Escuche sus inconfundibles y firmes pasos que eran tan fríos como el mismo asfalto sobre el que caminaba acercarse a mi y yo salte hacia el suelo y me acerque corriendo a el que me abrazo. Luego tomo mis manos entre las suyas y yo me sonroje de tal manera que le hice reír y baje la mirada antes de que me besara y yo le bese con una pasión y una desesperación que desconocía en mi. Le había extrañado esas semanas en las que solo se había ocupado de sus asuntos y la verdad era que no me atrevía a hacer algo para sacarle de allí hasta esa tarde cosa que luego me echase encima las culpas.

Nos dirigimos en silencio al establo y nos montamos en nuestros respectivos caballos. Yo guié a Su Majestad mientras me contaba cosas sobre los jardines del palacio y conversábamos y reíamos criticando a murmullos a quienes nos miraban de una forma extraña. Se quedo sorprendido de lo amplio, tranquilo y despreocupado que era el campo que le había descrito.

-: Una, carrera. -exigió.-

Sin siquiera darme tiempo a reaccionar, se me adelanto ganándome ventaja y yo palidecí.

-: ¡Espéreme, Su Majestad! -grite.-

Empece a seguirlo. Pero el me ganaba en velocidad. Las veces anteriores en las que cabalgábamos juntos corríamos al unisono y en ese momento me di cuenta de lo lejos que me encontraba de estar a su altura y unas lagrimas resbalaron por mis mejillas al darme cuenta de ello. Lagrimas que por fortuna se confundieron con la brisa del viento.

-: ¡Intenta alcanzarme! -dijo entre risas.-

La risa de su Majestad incluso era diferente a la de esos días pero no logre alcanzarle. Una distracción hizo que soltase las riendas de mi caballo y que mi yegua no lograse saltar una de las rocas que estaba en el suelo con la distancia necesaria para que no cayera y resbale del caballo...

-: ¡Madame... -le escuche gritar.-

Por alguna extraña razón no me dolió la caída y cuando entrecerré mis ojos me encontré con que el me abrazaba con fuerza sujetándome desde la cintura y cerrando los ojos. Le mire sorprendida y preocupada cuando vi el hilo de sangre que resbalaba desde su frente hasta su mejilla y vi que los caballos reales corrían libres a distancia y lo mas lejos de nosotros dos que podían.

-: Lo siento, yo no pude... -empece.-

Me abrazo con mas fuerzas y yo finalmente en lugar de preocuparme me recosté contra su hombro..

-: ¿Se encuentra bien? -pregunto.-

Luego, se llevo la mano a la cabeza cuando intento sentarse en el claro y yo palidecí.

-: Lo siento mucho... -murmure y encontré mi pañuelo en uno de los bolsillos de mi vestido.-

Comencé a limpiar lentamente la sangre que resbalaba de su frente y el parecía perdido en sus pensamientos. Completamente, ajeno a lo que estaba haciendo y cuando
termine el se levanto y yo me incorpore mirando nerviosa a mi al rededor.

-: ¿Y los caballos? Como he podido... -murmure.-

-: Madame, no ha sido culpa vuestra. Por esa razón, prefiero los establos de palacio. Montar aquí es peligroso... ademas, los caballos saben regresar a palacio. Probablemente ya estén allí cuando regresemos. -me animo.-

El camino a pie no fue tan malo como nos esperábamos. Pasamos mas tiempo quejándonos de el entre nosotros que preocupándonos realmente por cuan largo era y cuando llegamos, me sentí culpable de que sus funcionarios le echaran broncas porque los caballos reales no habían regresado. El sin embargo no se ofendió conmigo y les dijo en cara que la culpa era de ellos por no saber entrenarlos como correspondía y ordeno que se comprasen nuevos y que esta vez no sucediesen esas equivocaciones o que temieran a las consecuencias.

Luego de cenar, me di un rejalante baño y me encontré con Su Majestad en los pasillos de palacio.

-: Madame, por favor camine conmigo unos momentos... -pidió.-

Sonreí e incline levemente la cabeza hacia el y le rodee con el brazo. El pasillo se convirtió en una tumba mientras lo cruzábamos juntos y mi corazón latió con tantas fuerzas que me sorprendió que cuando entreabría la boca para respirar no se me saliera del pecho. Me sentí mas aliviada cuando vi que ya se había cerrado el leve corte que se había hecho en la frente cuando me salvo de una dura caída dejándome solamente con un moretón en alguna parte de mi espalda y algunos raspones de tierra y cuando me miro no pude evitar desviar la mirada de el y eso le hizo soltar una leve carcajada que recorrió los pasillos al igual que nosotros.

Palidecí.

Cuando entramos al salón de estar que estaba entre las puertas de nuestras habitaciones había una gran mesa preparada con la cena y no se encontraba La Reina Madre. Una mesa servida con carne fresca, todo tipo de frutas imaginables en un cuenco de oro que encantaban a Madame y dos postres cubiertos por moldes de oro que tenían pequeños diamantes incrustados. Las copas también eran de oro y estaban llenas de piedreria. El mantel rojo de satén y el ambiente lleno de velas marearon y deslumbraron a Madame.

A quien el rey tubo que arrastrar tomándole desde la cintura para que se sentase en la mesa.

Se sentó nerviosa. No se imaginaba porque después de tanto tiempo de solamente concentrarse en su trabajo y dejarle sola por los corredores de Versalles exigía su compañìa. Cenaron en silencio hasta que el termino su cena y aparto su plato. El lujo no era algo que debería sorprenderle ya que ahora todo allí también seria suyo pero...

-: Hace tiempo... -empezó el rey interrumpiendo sus pensamientos.- usted y yo nos reunimos en este mismo salón y usted y yo hicimos un acuerdo. Un acuerdo que me enorgullece y me sorprende lo bien que ha cumplido. Pero no me es suficiente con eso. -exclamo.-

Se refería a que acordamos mantener el secreto del asesinato de mi prometido. Se refería a que yo había acordado con el que me mudaría a Versalles y que haría de su dama de compañìa, hasta que me pidió que fuera su dama de honor ¿¡y aun podía esperar de el algo mas!? la situación realmente me desconcertaba hasta el punto de enloquecerme al encontrarme rodeada de un lujo del que no me creía merecedora.

-: ¿Que sucede, Madame? -me pregunto.-

Le mire preocupada.

-: ¿Porque, yo Majestad? No lo entiendo... a pesar de que lo Amo con todo mi corazón desde esa noche se que haga lo que haga jamas voy a estar a su altura. Se que no soy digna de usted y es porque he matado al ser que lo estaba, es porque ha sido lo que siempre me han hecho creer y no estoy acostumbrada a todo esto. Necesito que me lo explique, Su Majestad porque no lo comprendo. -implore.-

El me miro desconcertado por un momento. Pero luego se incorporo. Pensé que iba a irse sin darme una respuesta pero murmuro que le siguiera y los dos nos encontramos frente a la puerta de su habitación. Yo me puse seria cuando entreabrió la puerta.

-: Entra. -ordeno.-

-: Creí, que... -trague saliva para aclararme la garganta.- Su Majestad, no me permitía entrar en su habitación. -le recordé.-

Me sonrió.

-: Solamente cuando yo no le doy el permiso de hacerlo, Madame. -me corrigió.-

Entendí y entre con cierto miedo. Pero tomo mi mano y me acerco a un espejo de pie de oro y diamantes en donde nos reflejamos. Yo me quede contemplando su reflejo en el cristal y eso le hizo reír.

-: ¿Alguna vez se ha mirado en un espejo Madame? -me pregunto.-

Nuestras miradas se encontraron en silencio y yo le mire confundida.

-: ¿Porque quiere saber algo como eso, Majestad? -exigi saber.-

Suspiro pesadamente.

-: Solo hágalo detenidamente. Pero esta ves prestándose detenida atención a su reflejo y no al mio. -me acuso.-

Me sonroje y eso causo que riera mas.

-: ¿Que cree que ve? -me pregunto.-

Metiendo la mano derecha en el bolsillo de su largo traje. Y yo me obligue a mirarme en el cristal a los ojos y me encontró encontrarme con mi propia mirada aunque fuera simplemente a través de eso: un cristal que podía confundirla. Me di cuenta de que jamas me había mirado verdaderamente al espejo y me dije que quería desviar la mirada de allí pero Su Majestad no me lo permitía y evite prestar atención a mis pensamientos con todas mis fuerzas.

-: Alguien insignificante. Una joven que vive asustada que jamas ha logrado nada por si misma sola en la vida. Alguien que no es digno de lo que esta teniendo y que tiene miedo de perder todo. El retrato del miedo mismo es lo que veo en el espejo, Majestad. -respondí finalmente.-

El dejo caer una mano sobre mi hombro derecho y me miro directamente a los ojos...

-: Yo veo algo completamente diferente a lo que usted ve de si misma: a una Dama que esta dispuesta a caminar con la cabeza en alto por encima de todas las cosas y a darle la espalda a lo que le hace mal para seguir caminando hacia delante a pesar de sus preocupaciones. No debe confundir preocupaciones con miedo, Madame y no debe dudar de que usted es digna de todo esto y de mucho mas. De otra forma, en ningún momento le hubiera traído aquí. -me recordó.- y ademas... -murmuro.-

Me cubrí la boca con las manos cuando saco una caja negra de su bolsillo y la abrió...

Un anillo de compromiso de brillantes y plateados diamantes resplandecía descansando en ella. Esperando a que alguien lo tomara...

-: Quiero que sea mas que eso, Madame. Pero solo podre hacerlo si responde sinceramente esta pregunta: ¿Cree que es digna de caminar a mi lado? -me pregunto.-

Nos miramos en silencio a los ojos y una brisa helada me atravesar por completo. Las manos me temblaron y por un momento olvide como se respiraba. Si era la única manera de asegurarme de que nada de eso era un bonito sueño... entonces, yo...

-: Si. -Respondí firmemente.-

El sonrió y deslizo el anillo en mi dedo y nos besamos. Como si nos besáramos por primera vez.

Ya nunca mas volvería a dudar de mi misma. Ahora en lugar de hacerlo recordaría siempre sus palabras y cuando me sintiera así y cuando sintiera que todo estaba perdido las recordaría en mi mente y me miraría en un espejo. Me escucharía a mi misma y recordaría ese día que quedaría para siempre grabado en lo mas profundo de mis recuerdos. Ya no habría mas lagrimas. Ya, no había marcha atrás...


Esperamos que hayan disfrutado este relato y esperamos sus mensajitos.

Un saludo y feliz jueves. :) ;)

-LadyBlack y _Angelrenegaed