Dragones
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K.- 9
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Habían transcurrido unas pocas horas y las indicaciones y los flashes de las cámaras no cesaban.
Ya habían tomado unas cuantas fotografías de cuerpo completo de ambos chicos y ahora estaban con las fotos de acercamiento y perfil, eso sí, uno a la vez.
El rubio había logrado olvidar por el momento la extraña relación que pudiera haber entre Kousuke y Seto Kaiba, por tanto, lucía una bonita sonrisa y más aún porque había socializado bien con todo el personal del estudio.
Durante la sesión, hubo una fotografía que Kousuke tomó y que, en un momento de descanso, la "arregló" en su computadora portátil, era una foto de Joey, donde vestía una chaqueta color verde sobre la playera blanca, en esa foto el rubio veía a la cámara y sonreía muy levemente; como melancólico, lo que el pelinegro hizo fue poner una ambientación invernal y daba la impresión de que Joey estaba bajo una suave caía de nieve.
Por otra parte, Seto estaba sentado esperado nuevamente su turno pero observando todo; no podía quitar la vista del rubio y de sus movimientos, estaba embelesado. No comprendía porqué ahora que sabía que Wheeler le gustaba no podía quitarle la vista de encima.
—Perfecto. Joey, eres un modelo nato— comentó el fotógrafo; el rubio se apenó ante dicho comentario —ahora, por favor, toma asiento en ese sofá y mira fijamente a la cámara, sí, así… perfecto—
Seto no perdió detalle, debía admitir que ese fotógrafo sabía lo que hacía pues, desde donde estaba pudo ver la pose de Joey: un porte derecho y seguro, nadie creería que ese chico alguna vez tuvo una vida de vándalo.
—Endemoniadamente perfecto, eso es lo que es— murmuró el castaño contra la mano que cubría un poco su boca, dándose el lujo de poder sonreír sin apartar la vista del rubio.
—Listo. Hemos terminado de momento contigo Joey— comentó uno de los fotógrafos —¡Siguiente!—
—Joven Kaiba, su turno— animó Aiko
Seto se puso en pie y se dirigió hacia donde le llamaban; poco antes de llegar cruzó camino y palabras con el rubio.
—Lo haces mejor de lo que creí—
—Hmpf. Para que veas lo bueno que puedo ser— caminó orgulloso directo al sillón donde antes había estado el castaño.
Dio comienzo nuevamente la sesión de Kaiba, esta vez de pie viendo en la dirección que le indicaba el fotógrafo, en casi todas las fotografías el castaño salía muy serio pero hubo una donde sonrió.
Como buen empresario, le proporcionaron una silla ejecutiva y un traje sastre negro con camisa azul y corbata negra; se sentó y apoyó sus brazos; le dijeron que actuara como si estuviera en su oficina, le dieron unas hojas en blanco y eso hizo, primero, cruzó sus piernas formando un "cuatro", su mano derecha sosteniendo la pierna derecha, y descansando libremente el brazo izquierdo con los papeles en la mano viendo a la nada, como si estuviera aburrido.
Después, fue más serio, se reacomodó en la silla, cruzó sus piernas, tomó una actitud pensativa y así vio a la cámara, que no tardó en dar el flash
Unos cuantos destellos más y Joey se perdió en ese mar azul que eran los ojos de Seto Kaiba; estaba sentado, atento a los movimientos del castaño y cuando menos lo espero, sus miradas se encontraron, se mantuvieron fijas y fue en ese instante donde una tenue sonrisa se formó en los labios del empresario.
No era una sonrisa de burla, tampoco una seductora, sólo una simple sonrisa, de esas que les das a las personas que te agradan, esas que son contagiosas y que hicieron a Joey sonreír con naturalidad.
Así pasó la mañana y parte de la tarde; como les habían dicho, sólo eran fotos mostrando distintos cambios de ropa, uno de ellos incluyó un pantalón y camisa de cuello alto color negro y una gabardina plateada, ropa que Seto usó durante el torneo de ciudad batallas.
Llegada la hora de descanso, les ofrecieron comida, cosa que el rubio aceptó gustoso, estaba hambriento y no dudaría en aprovechar el servicio gratis. Seto se conformó con pedir café.
—¿Sólo eso comerás?— cuestionó el rubio
—¿Algún problema?— fue la defensiva respuesta del castaño
Estaban solos en el área del comedor; Aiko había dudado en dejarlos allí pero debía ir al departamento de edición, mientras que Kousuke terminaba de dar detalles al resto del personal para la sesión de la tarde y quería terminar de "arreglar" una foto de Seto Kaiba. Con esos pendientes, Aiko confió en Joey cuando él le dijo que su hambre era tanta que no tenía deseos de discutir con Kaiba y eso la convenció.
—Deberías comer comida de verdad. Tanto café es malo para el estómago, puesto que es irritante—
—No necesito tu preocupación, Wheeler—
—No es preocupación, pero parece que necesitas vigilancia—
—¿Vigilancia?—
—Sí, apuesto a que Mokuba no sabe que sólo vives de café—
—En casa como comida—
—Dudo que hoy hayas comido algo… según tú debías madrugar—
—Ya lo arreglaré cuando llegue— y el castaño bebió el contenido de su taza.
Así estuvieron casi una hora: Seto bebiendo poco a poco su café, Joey comiendo despacio y observando al castaño, el cual sentía las miradas.
—¿Cuál es tu problema, Wheeler? ¿Quieres una fotografía mía?—
—¡N-No digas disparates!— el rubio sintió su cara arder —sólo sigo sin estar de acuerdo con lo que tú llamas comida—
—Ja, si tanto quieres vigilarme, dame tú de comer—
—…De acuerdo— respondió tras pensarlo un poco
—¿Qué?— el castaño lo vio directamente, creyó haber oído mal
—Terminando esto, vamos a la cafetería, allí te prepararé algo de verdadera comida—
—¿Comida de verdad? Eso se oye interesante— se mofó el ojiazul
Seto sonreía desafiante, Joey lo veía irritado ¿cómo era posible que el castaño no cuidara su alimentación? ¿Llevaba años en ese estado? Vaya que era resistente, debía admitirlo. Porque, dada la vida que el rubio llevó en su adolescencia, él aprovechaba cuando veía comida.
Terminó la hora de descanso y retomaron la sesión de la tarde. En esta ocasión Seto vistió un conjunto que le resultó familiar: pantalón y camisa en color azul marino y, encima, una gabardina también color azul, al castaño esa combinación le resultó nostálgica.
—Por favor joven Kaiba, recárguese en la pared y vea a la cámara—
Así lo hizo, el empresario procuraba verse serío pero recordaba la breve conversación en el comedor y no podía evitar mostrar una pequeña sonrisa en su rostro, una sonrisa de evidente alegría.
—¡Perfecto!— la periodista cerró fuertemente su puño —ésta es nuestra victoria—
—Aiko… creo que te estás involucrando mucho—
—Debo hacerlo, Kousuke, he puesto todo mi orgullo en ello. Mi carrera depende de ellos—
—Creo que exageras. Siempre has hecho un buen trabajo—
—¿Lo crees?— ella dudó y lo vio a los ojos
—Claro que sí. No por nada eres mi compañera—
Ella se sonrojó y se removió.
—Eso es punto y aparte, Kou—
—Lo sé, lo sé—
El pelinegro sonrió divertido, le encantaba ponerla nerviosa; poco después se fue a donde estaban los demás fotógrafos.
Para cuando Aiko regresó a la realidad, Kaiba ya tenía otro cambio de ropa: pantalón negro, playera de cuello alto color negro y la gabardina color plata sobre puesta, sus brazos cruzados al frente y recargado en la pared… sonriendo nuevamente.
Todo ese tiempo Joey no perdió de vista a Seto; debía admitir que el castaño imponía; no decía nada y, aunque no cedía del todo, hacía lo que le pedían, no era un manso gatito pero tampoco discutía.
Además, ese momento en que lo vio sonreír, los ojos avellana también brillaron; Joey quedó fascinado con la mirada de Seto y más aún porque el rubio se percató de que Kaiba lo estaba observando cuando sonrió, lo que le hizo creer a Joey que la sonrisa era para él, por eso, no dudó en corresponderla.
No quería saber nada de las rencillas de antaño, quería comenzar de nuevo, desde cero, con la esperanza de que esta vez todo saliera bien, que los insultos se transformaran en sonrisas y los golpes en caricias.
—¡Suficiente!— gritó Aiko —Hemos terminado la sesión de Seto Kaiba, Joey… —se acercó al rubio —cerraremos el día contigo—
Lo llevó consigo y llegaron a la blanca pared, el rubio vestía un pantalón de mezclilla y una chamarra verde.
—Ponte esta bufanda y siéntate en el piso, también ponte esta mochila y estos audífonos… y toma esta tablilla de chocolate— el rubio hizo lo indicado
—¿Aquí está bien?—
—Muy bien, ahora, cierra los ojos y finge concentrarte en la música mientras tienes una punta de la tablilla en la boca y tus manos en los bolsillos de la chamarra, ponte un poco pensativo, como si te preguntarás a qué hora terminaremos esto— bromeó
Fueron tomadas alrededor de diez fotos desde todos los ángulos posibles; poco después cambió la chamarra y la bufanda por una sudadera color naranja, le doblaron un poco el pantalón hasta la pantorrilla, se descalzó y le proporcionaron varios peluches de todos los tamaños posibles, esto le dio un toque juvenil y más aún por la gran sonrisa que el rubio mostró, parecía un niño jugando con los peluches.
Kaiba ya vestía su propia ropa y, aunque le dijeron que podía retirarse no lo hizo. Espero a que la sesión del rubio terminara. Estaba sentado en un sofá, tenía buena vista del rubio pero cuando lo taparon se levantó y caminó por la zona según él observando el lugar pero, cada que podía, veía a Joey y cuando lo vio rodeado de los peluches, no ocultó su sonrisa, le gustó lo que sus ojos vieron.
Al fin habían terminado, eran las siete de la tarde y todos estaban cansados, aunque sus rostros mostraban alegría.
—Muchas gracias, Kaiba, Joey— les habló Kousuke —creo que duramos más de lo previsto pero estamos muy satisfechos con el resultado. Son excelentes chicos—
—No exageres, Kousuke, ustedes son los profesionales en esto—
—Joey… ten más confianza en ti mismo, eres capaz de hacer muchas cosas—
—Gracias— el rubio se sintió apenado
—Nos vamos— Intervino Seto
—Claro, los llamaremos para fijar la hora de la sesión grupal del fin de semana—
Así, ambos chicos salieron del edificio, fue entonces que el rubio se percató de lo tarde que era.
—¡Ya está anocheciendo! Debo darme prisa y llegar a la cafetería—
Joey iba a correr hacia la parada del autobús pero Seto lo detuvo del brazo.
—Vamos—
—¿Eh? ¿Qué te pasa, Kaiba?—
—Te llevaré a la cafetería— comenzó a caminar hacia donde había estacionado el auto, llevando al rubio consigo.
—Hey, suéltame, puedo caminar yo solo—
El castaño lo ignoró hasta que llegaron al Subaru color azul marino, su auto para las salidas nocturnas.
—Sube— quitó la alarma y el castaño caminó a la puerta del conductor
—¿En verdad me vas a llevar?— Joey seguía sin creer su suerte
—No preguntes lo obvio, perro, además, dijiste que me darías verdadera comida— de inmediato, el ojiazul subió al auto
—Cierto… vamos entonces— y, entre nervioso y emocionado, el rubio también subió y admiró el interior del auto —vaya lujos que puedes darte, Kaiba, reconozco que es un buen auto— ambos se colocaron los cinturones de seguridad.
—¿Acaso sabes de automóviles, perro?— soltó el castaño y comenzaron el trayecto a buena velocidad
—Por supuesto. Como a la mayoría de los hombres, los autos y las motocicletas son de mi agrado—
—Humm… ya veo—
Se hizo el silencio y así continuaron el viaje. El ojiazul mantenía la vista al frente pero en ocasiones veía de reojo al rubio, el cual observaba atento el paisaje o eso parecía, porque Joey, realmente, se centraba en el reflejo de Kaiba en el vidrio.
—Llegamos— anunció el castaño
—Ciertamente es un auto veloz… gracias— intentó abrir la puerta sin éxito —¿eh? Oye, esto no abre— jaloneó la manija de la puerta
—¡Alto ahí, perro! ¡Si continúas haciendo eso dañarás en auto!— Joey se detuvo en seco, no quería saber en cuánto podría salir la reparación de un auto como ese.
—Sólo hay que quitar el seguro— el castaño se quitó el cinturón de seguridad y pasó sobre el rubio para quitar el seguro de la puerta —Sólo tenías que presionar este botón, listo, ya está— entreabrió la puerta.
Cuando se dispuso a regresar a su asiento su rostro pasó muy cerca del de su acompañante, que estaba prácticamente quieto como estatua, temía moverse y que se deshiciera el pequeño hechizo que recién se había formado puesto que el castaño se había quedado inmóvil sobre el rubio, encerrándolo al estar apoyado en el asiento y la puerta del auto.
Fueron segundos lo que duraron así hasta que Joey parpadeó y vio que las luces de la cafetería eran apagadas.
—¡Oh no, van a cerrar! Date prisa Seto, si quieres comer algo— dijo rápidamente el rubio y salió del auto —¡Serenity, Suichi! No cierren— llamó a los chicos y les dio alcance.
Dentro del auto, Seto despotricaba cuanto podía mientras apagaba el motor. Suspiró y recuperó la compostura para después salir y alcanzar al perro.
—Hermano…—
—Hola, buenas noches… creo que demoré demasiado— comentó el rubio a modo de disculpa
—No te preocupes Joey, hoy estuvo muy tranquilo; además, dejaste bien surtido nuestro stock— intentó animarle el mesero
—Gracias, chicos, son grandiosos. Vayan a casa, yo cierro. Voy a avanzar algunas cosas para mañana—
—¿Estás seguro? Ah, Kaiba— la chica se percató de la presencia del castaño y le saludó, él sólo asintió con la mirada —¿pasa algo?— se preocupó
—Oh, nada extraño, sólo que le dije a Kaiba que le daría comida de verdad—
—¿Comida de verdad?— la menor de los Wheeler no comprendía
—Sí… cosas que pasan a veces— Joey estaba cayendo en cuenta de lo extraño de la situación si consideraba sus antecedentes con el chico genio
—Hermano… estás regresando a la adolescencia— sonrió ella y el rubio sintió ruborizarse por la vergüenza que le invadió ante el comentario
—De acuerdo— intervino Suichi, se estaba cansado de la situación —nosotros nos vamos; llevaré a Seren a casa. Nos vemos mañana—
—Por favor, cuida de Serenity— el rubio los despidió con la mano, para después voltear a ver al castaño —vamos Kaiba, entra—
Una vez entró a la cafetería, el rubio encendió las luces y contempló el lugar, todo estaba limpio y en orden, el rubio silbó.
—Hicieron un gran trabajo—
Caminaron a la cocina. Seto lo seguía en completo silencio, observando todo; el lugar lucía muy distinto a cuando él iba como cliente, sin darse cuenta paso la barra y llegó a la cocina, una vez allí admiró la zona; no era muy amplia pero estaba bien distribuida: la estufa y el refrigerador a su debida distancia, la tarja de lavado, una alacena, entre otras cosas que estaban colocadas pegadas a la pared, al centro sólo estaba una amplia mesa, un par de bancos bajo ella y una pequeña escalera para poder alcanzar la parte alta de la cocina integral; el resto era espacio libre para moverse con libertad.
Los ojos color azul admiraron todo; lo admitía, el perro había hecho un gran trabajo en ese lugar; era mucho mejor de lo que él se hubiera imaginado. Por un momento se sintió orgulloso puesto que se había enamorado de una persona casi tan entregada al trabajo como él; por lo menos, una cosa era segura: Joseph Wheeler sabía lo que estaba haciendo y se estaba esforzando en ello.
Salió de su ensimismamiento cuando vio algo color negro frente a él.
—Toma, ponte esto— la voz del rubio lo trajo a la realidad por completo
—¿Qué es esto?— preguntó desconfiado el castaño
—Ropa adecuada para estar en la cocina—
Cuando Kaiba amplió su campo de visión se dio cuenta de que Joey vestía su traje blanco de cocinero.
—Tú eres el que cocinará, no le veo el caso a que yo me cambie de ropa—
—Mi cocina, mis reglas— fue claro el rubio; mantuvo la mirada firme y el brazo extendido hacia su acompañante —Póntelo—
Kaiba frunció el ceño pero obedeció.
—Más vale que la comida valga todo esto, perro—
—Así será— sonrió triunfante y señaló un pequeño cuarto a la derecha, era un sencillo baño que también fungía como vestidor —Allí te cambiarás—
El castaño se dirigió al lugar indicado, observó todo y procedió a cambiarse la ropa, había un perchero y una repisa donde podría colocar su ropa, así como Joey había colocado la suya previamente.
Minutos más tarde, Kaiba salía vistiendo un traje de cocinero color negro, se acercó a Joey quien lo contempló sin pena alguna.
—Vaya, te quedó mejor de lo que esperaba— reconoció y admiró, de tener los ojos color rojo, estaría viendo a su preciado dragón negro de ojos rojos en persona.
Hubo un corto silencio que fue roto por el castaño pues sentía la mirada fija del rubio y eso comenzaba a incomodarle, temía ser descubierto si continuaba observándolo.
—¿Y bien? ¿Dónde está esa flamante comida?— escudriñó el lugar
—Ya está en proceso, pero vas a ayudarme mientras yo termino de cocinarla—
—¿Ayudarte?—
—Sip… allí en la mesa deje unas cuantas verduras que necesitaré; hay una tabla y un cuchillo, empieza a cortar todo en cubos pequeños—
Seto se acercó a la mesa y vio todo lo que en ella había, comprobó que el rubio no mentía cuando le dijo que le ayudaría.
—¿Y por qué debo hacer yo esto, Wheeler?— lo encaró desde la mesa
Joey estaba junto a la estufa mezclando el contenido de la olla.
—La comida sabe mejor cuando la hace uno mismo— respondió sin voltear a verlo
—Deja de bromear, perro, yo no voy a hacer esto—
—Oh, vamos— el rubio lo volteó a ver —¿Es que acaso el gran Seto Kaiba no sabe usar un cuchillo?— se burló
—Claro que sé usarlos, pero tú no quieres saber para qué los uso— sonrió desafiante, el rubio frunció el ceño
—Hmpf, la cocina no es un lugar para la violencia, Kaiba—
—Tú preguntaste— el castaño dejó el utensilio en la mesa y se sentó en uno de los bancos, Joey minimizó el fuego y se acercó a la mesa, quedó de pie al lado del empresario.
—No tienes que ponerte así, Kaiba. Si no sabes hacer las tareas del hogar mejor dilo, es más fácil así— se cruzó de brazos, el castaño se mofó
—Ja, tienes agallas para decir esa clase de cosas, perro— Se levantó y encaró al rubio
—¿De qué estás hablando?— Joey descruzó los brazos, quiso agredir a Kaiba pero éste se lo impidió, le sujetó el brazo derecho y con la otra mano se apoyó en la mesa atrapándolo —¡Suéltame!— exigió
—Eres un tonto demasiado confiado, Wheeler— susurró el ojiazul
—¿Eh?—
Para cuando Joey reaccionó Seto estaba a punto de besarlo, el rubio se tensó un poco, estaba sorprendido, claro que quería besar a Kaiba pero no de esta forma, no debían ser así las cosas. Pensando en eso dejó de forcejear y se quedó quieto sin poner resistencia, cosa notada por el castaño.
—¿Qué crees que haces?— siseó
—Esto es lo que quieres ¿no? Hazlo entonces— el rubio no lo veía, estaba cabizbajo, viendo al piso; Seto protestó, le tomó del mentón y le obligó a verlo.
—¡Si no te parece lo que estoy haciendo sólo dilo, idiota!— Joey lo observó sorprendido —¿acaso crees que todo estará bien sólo aceptando las cosas? No seas estúpido, Wheeler. Si hay algo que no te guste, algo que sabes no va a funcionar no te hagas el tonto, eso es sólo perder el tiempo y hacérselo perder a los demás—
Al escucharlo, el rubio se molestó y se zafó del agarre, caminó a la estufa y apagó el fuego, después se quedó de pie en ese lugar.
—Para ti es fácil decirlo, Kaiba… Tú que tienes todo para moverte en la sociedad no tienes qué preocuparte si la gente te acepta o no— hablaba dando la espalda —jamás te has sentido fuera de lugar ni has tenido que fingir para ser aceptado—
Seto lo contempló en silencio, en su mente repasaba la conversación que había tenido con Serenity anteriormente.
—¿Y por qué haces eso? ¿No crees que siendo tú mismo te pueden aceptar?—
—Por favor, Kaiba— Joey volteó a verlo —¿se te olvida que antaño fuiste tú quien se encargaba de recordarme cuál era mi lugar?— quiso sonar burlesco pero en sus palabras se notaba el dolor
—Lo admito— el castaño cerró y abrió sus ojos —pero tú siempre me decías que me demostrarías de lo que eras capaz— se acercó al rubio —y viendo este lugar veo que eres capaz de lograr muchas cosas—
—Kaiba…—
Joey no daba crédito a las palabras del castaño, no creía que alguna vez Seto Kaiba reconocería su persona o su valía.
—Sé que es complicado, Wheeler, pero dime ¿qué caso tiene simpatizar con los demás si no vas a simpatizar contigo mismo?—
Seto se acercaba cada vez más al rubio, el cual observaba atento el andar del castaño, ondeando el largo delantal negro hasta verlo detenerse justo frente a él.
—Dime— el castaño habló claramente y sin dudar —¿en verdad crees que tú puedes pasar por esta vida sin ser notado?—
—No estoy seguro… creo, creo que mientras no me vea la persona que quiero, no me importa si los demás me ven o no—sonrió entristecido, viendo las ropas negras
—¿Acaso no sirve de nada el hecho de que yo te haya visto?—
—¿Qué tú qué?— Joey lo encaró, sorprendido
—Así es Wheeler, deberías estar agradecido de que alguien como yo reconozca tu existencia—
—Déjate de bromas, Kaiba, yo estoy hablado en serio— dijo irritado
—Yo también, perro— el castaño dio otro paso, quedando cara a cara con el rubio —yo siempre hablo en serio, Wheeler—
La mirada avellana y la azulina se encontraron, el rubio tragó fuertemente e hizo lo posible por no retirar su vista aun cuando sentía acalorarse y sudar debido al escaneo que el castaño le estaba haciendo.
—¿Qué pasa Kaiba? ¿Algo más que decir?— fue su forma de defenderse
Seto se limitó a alzar su mano y tocar el rostro del rubio, hasta colocar sus dedos en esos labios que tanto deseaba pero descartó ese pensamiento, no quería destrozar el poco camino que había labrado hasta ese momento. Quitó su mano y decidió irse, pero esta vez Joey lo retuvo del brazo.
—¿Qué haces? Suéltame, perro—
—¿Puedo creerte?— habló cabizbajo —¿Puedo creer que tú me has visto?—
—Créelo—
A oírlo, Joey sonrió, aunque no alzó la vista, se sentía desarmado y no quería demostrarlo.
—Tantos años… han pasado tantos años y apenas me dices que sí me ves. Esto es patético—
—¿Patético? Yo no soy patético— reclamó el castaño
—Nunca dije que estuviera hablando de ti, Kaiba— le soltó —pero tienes razón, será mejor que te vayas. Dejemos la comida para otra ocasión— sonrió al fin —total, tus hábitos alimenticios no van a mejorar de un día para otro— intentó bromear para aligerar el ambiente, sin embargo, el castaño no dijo nada y sólo se marchó con una expresión un tanto molesta —Nos vemos— se despidió Joey en cuanto el empresario salió de la cocina, para después dejarse caer al piso y abrazar sus piernas —nos vemos, Seto— murmuró ocultando su rostro.
Mientras tanto, Kaiba subió a su auto y luego de cerrar la puerta se percató de que no se había cambiado la ropa, seguía con el uniforme negro de cocina; maldijo en voz baja, presionó el volante con fuerza y apoyó su frente sobre el mismo.
—Dios… Joey…—
Pasó varios minutos en ese estado, una vez que se tranquilizó y recuperó su frialdad, encendió el vehículo y se marchó.
Lo que Seto nunca vio fue que Seiji había estado observándolo desde que habían llegado y sus ojos delataban el odio que sentía por el dueño de Kaiba Corp.
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Listo! Al fin el nuevo capítulo =) quizá no lo consideren de gran importancia pero es el que me ha quedado más largo, hasta el momento, de todos los fics que he hecho (según yo) pero me gustó como quedó, espero que sea del agrado de ustedes.
Ah, y si esperaban ver beso pues… gomen! Pero ya mero llega el momento, sólo eso diré, je. Sobre las fotos… es probable que ya las hayan visto en la red, puesto que describí imágenes que he visto y que, siendo sincera, fueron la base para hacer esta historia, si no las han visto o no las recuerdan, sin problema se las paso, sólo me pasan su mail =)
Ryu, espero y el acercamiento en este capítulo te haya agradado n.n
Bueno…creo que es todo por el momento… recuerden, dudas, quejas, comentarios y/ o sugerencias, no duden en dejar un review.
Saludos y que estén bien!
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