Pero Emma no hizo caso a las preguntas, que casi a gritos, elaboraba Elsa aún sentada sobre la cama. Solo podía pensar en contestar a esa llamada.
Inclinó levemente su espalda para coger el móvil y en el momento exacto en el que su dedo indice se deslizó por la pantalla y descolgó pudo sentir como sus rodillas comenzaron a temblar, obligando la a sentarse o más bien a caer, en el sofá.
—Pensé que no volvería a escuchar tu voz —dijo Emma, sin esperar a oír a la persona que estaba al otro lado del teléfono.
La sonrisa que se había posado sobre sus labios al creer que sería Killian se borró automáticamente al confirmar que no era así. Esa voz que recorría ahora por sus oídos no era de él.
—Es el inspector Graham —susurró, tapando con ambas manos el auricular y dirigiendo su mirada hacia la de Elsa, que con esas palabras perdió el interés.
Si se trataba de algo relacionado con el caso del ataque que habían sufrido, hace casi dos semana atrás, Emma la pondría al corriente cuando terminase de hablar. Así que, intentando hacer el menor ruido posible para no molestar, dejó caer sus piernas y pudo sentir el frío de las baldosas sobre sus pies descalzos. Cogió el neceser que siempre dejaba en la mesita, cerca de la cama y se dirigió al baño.
Al salir del lavabo buscó a Emma con la mirada por todo el cuarto pero sus ojos no se encontraron con el verde de los de ella si no con el profundo azul de otros ojos, ojos en los que se había perdido en innumerables ocasiones.
—Liam, ¿Qué haces aquí? —preguntó acercándose a él, que permanecía inmóvil cerca de la puerta —.Pensé que estarías con tu hermano después de lo que pasó entre él y Emma anoche, doy por hecho de que estas enterado.
Pero continuó quieto, sin decir nada, sin reaccionar a las palabras de la rubia. Elsa se acercó más a él, con el ceño fruncido sin entender la situación, hasta que las puntas de sus pies aún descalzos chocaron con los de él, cubiertos por los zapatos de color negro que siempre calzaba. Colocó ambas manos sobre los hombros de Liam, que se destensaron bajo el roce de sus dedos. Pero enseguida, todos los músculos de su cuerpo se contrajeron de nuevo cuando ella acabó con el espacio que los separaba y posó sus labios sobre su mejilla, provocando que su rubio cabello, aún húmedo, cayera como una cascada dorada sobre su hombro derecho del que ella ya había quitado su mano para ahora enredar la entre los mechones de él.
—Lo siento —Fue apenas un susurro pero por más que esas palabras fueran débiles causaron en ella un mar de confusión —.Sé que me vas a odiar pero espero que puedas perdonarme —Se separó, dando un indeciso paso hacía atrás, apartándose por completo de ella.
—¿Qué dices, Liam? ¿Qué es lo que sientes? —No entendía el comportamiento tan extraño de su amigo. Él jamás estaba tan serio e incluso distante. Y lo que decía, nada tenía sentido.
—Debo marcharme ya, Elsa —escupió esas palabras con desgana, no quería separarse de ella pero no podía permanecer allí. Sabía que en escasos minutos pasaría algo en aquella habitación que haría que Elsa se enfadase con él. Simplemente no lo soportaría, no podría con el hecho de ver reflejada la decepción en aquellos ojos que eran la única luz en el mundo de oscuridad en el que estaba atrapado.
—No, no iras a ninguna parte sin explicarme que te pasa — Intentó que su voz sonase lo más firme posible pero fue incapaz, estaba nerviosa y todos los sentimientos que ahora corrían por su mente y su cuerpo hacían que sus palabras temblasen sin control —.Liam, por favor —Agarró con fuerza su brazo y él intentó liberarse, en un acto inútil ya que en el fondo ninguno de los dos quería ser ni liberador ni liberado.
Así se quedaron, uno frente al otro sin decir nada, sin mover ni un solo centímetro de sus débiles cuerpos. Y a pesar del silencio y las dudas que los rodeaban, no era algo incomodo si no que el contacto del otro era una pequeña pausa, como si el mundo bajo sus pies se parase y el tiempo se detuviera por el simple hecho de estar juntos.
—¡Emma! —grito Elsa al ver apacer a la rubia por la puerta de la habitación e inconscientemente guió su mirada hacia la mano que segundos antes agarraba el brazo de Liam y que ahora permanecía suspendida en el aire, rozando la ausencia del cuerpo masculino —¿Liam? —Un susurro inaudible para Emma salió de su boca mientras sus ojos buscaban al dueño de ese nombre, sin éxito.
Emma observaba atónita a su amiga, no entendía el motivo de su búsqueda. Movía la cabeza de un lado al otro en busca de algo que se escapaba a su entendimiento. Pero enseguida se olvido de eso. Necesita hablar con ella con urgencia, había pasado algo en el tiempo en el que había salido fuera del cuarto para hablar con el inspector.
—Elsa ¿Desde cuándo tienes una hermana?
Esa pregunta fue como un bofetada de realidad en su cara, seguido de un golpe de pasado en el estomago. No entendió la razón de esa pregunta, no al menos hasta que Emma se movió levemente hacía un lado, dejando libre el acceso al cuarto y tras ella apareció una figura femenina tan familiar y desconocida a la vez.
—¿Anna?
—CS —
—No estoy seguro de que esto sea una buena idea, Milah —dijo Killian, dejando la pequeña maleta en el suelo para buscar entre los bolsillos de sus vaqueros negros las llaves de su casa, o más bien la copia que Regina le había dejado, ya que las suyas aún seguían en posesión de Emma.
—Ya lo hemos hablado esta mañana, Killian —Al ver abrirse la puerta, dio tres pasos firmes hacía el interior del departamento y continuó hablando mientras se deshacía del abrigo gris que cubría desde su torso hasta el límite de sus rodillas —.Ayer hablaste con Graham, te dijo la razón por la que se comportó de aquella forma conmigo y sé que tu no confías en él pero yo sí.
—¿Por qué confías en él? ¿No estás asustada de que sea una trampa?—preguntó el moreno cerrando la puerta tras de sí y colocando la maleta con la ropa, que Milah se había llevado para la semana en casa de Whale, en el suelo y acercándose al sofá donde ella lo esperaba sentada.
—Confío en él porque a pesar de todo lo malo, no puedo evitar acordarme de los buenos momentos, no puedo olvidar que es mi amigo —Siguió con la mirada los pasos de Killian hacía ella, hasta que quedó sentado a su izquierda —.Y no, no estoy asustada, como no lo estuve hace años porque igual que entonces tú estás a mi lado, tú continuas protegiéndome.
—Continuo a tu lado pero me he comporta como un completo imbécil durante estos últimos meses y quería pedirte perdón pero lo que pasó con mi hermano fue...es un gran palo —Estrechó con fuerza la mano de Milah entre la suya, sus ojos estaban fijos en un punto del cuarto, nada interesante pero era más fácil que mirarla a ella —,y de la única manera en la que supe reaccionar fue encerrádome en mi mismo y me olvidé de ti.
—No digas eso, no eres ningún imbécil —Se acercó más a él, consiguiendo una cercanía que hace tiempo que no experimentaba y aunque no se había dado de cuenta hasta ahora, la necesitaba —.Eres perfecto —dijo regalando le una de sus mejores sonrisas y colocando una de sus manos sobre los oscuros cabellos de Killian, enredando sus dedos entre ellos.
Pero él se apartó de esas manos, que en tantas ocasiones habían sanado sus heridas con caricias y que ahora solo causaban nuevas y más dolorosas al recordar que quizás nunca volvería a amarla de nuevo, no al menos con la misma intensidad de antes.
Giró su cuerpo, colocando por fin sus ojos sobre los de Milah, que lo miraban con incertidumbre. Separó su mano de la de ella y la guió hacía un largo mechón negro, que caía sobre su frente, apartándolo detrás de su oreja izquierda.
—No, no lo soy —dijo negando a la vez con la cabeza, sin perder el contacto visual con ella —.Nunca lo he sido y menos después de lo que hice anoche...Milah, yo… —Necesitaba decirlo, hacer frente a lo que sentía, a lo que su consciencia, esa maldita voz llena eco, repetía hasta la saciedad pero el timbre resonó por toda la planta baja del apartamento haciendo callar a Killian, que frunció el ceño ante la interrupción.
Dejó caer la mano, que aún rozaba el rostro de ella, sobre el suave sofá y haciendo lo mismo con la otra cogió impulso para incorporarse. Vaciló en los primeros pasos hacía la puerta. Sabía exactamente quién era la persona que esperaba tras los diez centímetros de madera, que jamas habían significado tanto espacio para él. Seguía dudando de lo que iba a tener lugar a continuación fuera una buena idea.
—Pasa Graham —Movió su brazo hacía el interior de la casa, señalando le que podía entrar pero este dudo durante unos segundos —.Tranquilo, no te voy a comer.
—Lo sé, pero no esperaba que volvieras a llamarme y menos con tanta brevedad —Dio un paso, colocando sus dos pies sobre la tarima de madera que cubría todo el suelo de la sala y Killian posó su mano derecha sobre uno de sus hombros dándole un empujón para que terminase de entrar y poder cerrar la puerta.
—Te he llamado por que hay alguien que quiere hablar contigo.
—¿Quién?
Estaba colocado de espaldas al salón por lo que no podía ver a la mujer, que cerca del sofá, esperaba ansiosa para ver de nuevo a los ojos de su amigo. No sabía como iba a reaccionar ante su resurrección improvisada pero no le importaba, solo quería recuperar el tiempo perdido. El tiempo que le habían robado.
—Yo —Su voz sonó débil y temblorosa, sin fuerza pero golpeo al moreno por la espalda como lo haría un bate de béisbol cubierto de alambres.
—Esa voz, no, no puede ser —Su respiración comenzó a agitarse y cerró los ojos con fuerza como si se tratase de un sueño, intentando volver a la realidad pero al abrilos todo continuaba igual, la mirada de Killian fija en él y esa horrible sensación en el pecho de que su corazón se pararía de un momento a otro.
Pudo sentir un sudor frío recorriendo su espalda cuando unas manos rozaron sus hombros, obligándolo a darse la vuelta para confirmar lo que intuía.
—Milah, ¿Cómo? ¿Tú? ¿Estás viva? —Tres preguntas salieron de su boca pero cientos de dudas permanecieron en su mente, revoloteando cruelmente hasta que ella lo rodeo con sus brazos, sumiéndolo en un tierno abrazo.
—Graham, se que estarás confundido pero te explicaremos todo —dijo Killian acercándose a ambos —A pesar de que yo aún no confié en ti, ella si lo hace y por eso te daré una oportunidad pero si todo lo que me has contado es una sucia treta, si continuas siendo el pelele de Gold y a ella le paso algo, te prometo que te arrepentirás de haber nacido —Milah lo miró ante esas palabras. Sabía que quien hablaba era la ira acumulada, el dolor. Ella no había sido la única que sufrió por culpa de su marido, quizás ella fue quien recibió los golpes sobre su cuerpo pero Killian los sentía en su alma. Porque el amor duele, pero es un dolor que merece la pena sentir. Que te recuerda que sigues vivo, que hay una razón para vivir. Para luchar.
—CS—
Nunca su pequeño apartamento le había parecido tan grande, tan vacío y tan lleno de soledad a la vez. Y jamás le había importado, o al menos eso es lo que llevaba diciéndose a si misma desde su primer pensamiento lucido. Irónicamente la soledad había sido su única compañía desde su primer minuto en este mundo.
Y ella había luchado duro, levantado altos muros a su alrededor, para no sentir, para no tener nada que perder. Claramente, no lo había conseguido. Demasiadas personas al otro lado de la muralla, ocupando su mente y quizás, su corazón.
No podía dejar de dar vueltas en su cama, incapaz de dormir. Y aunque intentaba cerrar los ojos y descansar no podía evitar pensar en aquel beso. A pesar de que ya habían pasado dos días desde que sus labios rozaron los de él, aún podía sentir un electrificaste cosquilleo recorriendolos.
Las horas pasaron ante sus ojos, sin recibir la llamada de Morfeo, siendo testigo de como los rayos de sol comenzaron a cubrir las calles de Nueva York haciendo relevo a la oscuridad que la había acompañado toda la noche.
Decidió adelantarse a la alarma de su móvil y levantarse, coger una toalla del armario que quedaba frente a la cama y despejar su mente con una larga ducha. Aún tenía media hora hasta que sonase el despertador.
Al salir del baño se vistió con la ropa que había preparado y dejado sobre la silla de su cuarto la noche anterior. Y tras coger el móvil de la mesilla y una cazadora salió del apartamento con destino al hospital.
De camino pasó frente a Ganny's y por su mente paso la idea de parar pero en segundos la descartó. Seguramente Killian estaría allí y se había tomado muchas molestias en ignorarla y rechazar sus llamadas como para estropearle el plan. Así que siguió conduciendo hasta entrar en el aparcamiento, pero cuando ya casi podía ver su plaza sintió la vibración del teléfono, que estaba sobre el asiento del copiloto. Apartó su mano derecha del volante y estiró su brazo hasta alcanzarlo. Guió su mirada a la pantalla y pudo sentir como su corazón enloquecía, intentando escaparse de la cárcel que ahora era su pecho.
Antes de contestar elevó su mirada y pudo ver a Killian, frente al coche hablando por el móvil distraído. Era demasiado tarde para frenar, así que con un giro del volante intentó esquivarlo, pero un gran estruendo seguido de la oscuridad más profunda la rodeo antes de poder asegurarse de que él estaba bien.
"Emma". Esa voz acabó con el silencio, con el miedo que recorría todo su cuerpo, paralizándola. Quería hablar, contestar a esa llamada pero en cada intento su voz moría y su desesperación aumentaba. Solo necesitaba abrir los ojos, acabar con las tinieblas. Tras una cruel eternidad y un esfuerzo sobrehumano consiguió, por un leve instante, levantar sus pesados parpados.
—Killian —Tenía la certeza de estar entre sus brazos aunque sus ojos no podían verlo con nitidez, solo podía diferenciar el azul de su mirada entre la borrosa realidad que tenía ante ella, y sentir el aroma de su cuerpo.
—Tranquila —Pudo sentir ese susurro tan cerca, sentir el roce de los labios de él sobre su piel provocando que todo su cuerpo se estremeciera —.No pasa nada —Una mano comenzó a acariciar su nuca, enredándose entre sus cabellos, dándole una sensación de placer que apaciguaba el dolor que sentía.
—¿Qué me ha pasado? —preguntó, intentando incorporarse al haber recuperado por completo la visión —.Mi cabeza, me duele mucho —dijo llevándose una mano a la frente y manchando sus dedos con la sangre que brotaba de una herida que comenzaba cerca de su pelo hasta alcanzar casi su ceja izquierda.
—Te has dado un golpe contra esa columna —Señaló con su dedo indice hacía el lugar donde se encontraba el coche de Emma. La parte delantera estaba dañada y una nube de humo negro salía del capó —.Pero no te preocupes, solo tienes un pequeño golpe en la frete —Colocó ambas manos al rededor de la cintura de ella, acercándola hacía él —.Te llevaré arriba y te curaré la herida.
—CS—
Agarró el extremo de la cortina blanca y con un movimiento rápido la deslizó hacía su derecha. Dio un pequeño paso y girando levemente su cuerpo la cerró, en busca de un poco más de intimidad.
—Emma —pronunció su nombre con el fin de llamar su atención, que supiera que ya estaba de regreso pero ella permaneció inmóvil, tumbada sobre la camilla —.Swan, sé que estás despierta —Mientras decía esas palabras recorría con las yemas de sus dedos el brazo de ella y sintió como su piel se erizó ante el contacto.
—Killian ¿Ya lo has solucionado todo? —preguntó incorporándose y apartando la gasa, teñida de carmesí, de la herida en su frente.
—Sí, ya he llamado a la grúa y avisado a la Sta. Blue de lo que te ha pasado —Se deshizo de la cazadora, dejándola sobre la cama y remangándose las mangas de la camisa de un tono azul cielo, a juego con el de sus ojos —pero ahora lo importante es que te cosa esa herida —dijo cogiendo el material necesario para ello en la mesita metálica contigua a la camilla —.Después podrás incorporarte al trabajo.
—Bien, gracias —Su voz era fría y distante, sus ojos huían de los de él y su cuerpo, su cuerpo no podía soportar el contacto con el de él, quería estar enfadada, pero sentirlo tan cerca anulaba cualquier deseo racional —.En cuanto acabes con esto me iré y podrás seguir rehuyéndome como llevas haciendo durante dos días.
—Entiendo que estés enfada conmigo, Swan, es verdad que he estado huyendo de ti —Intentaba concentrarse con todas sus fuerzas en coser la herida de su frente y en no distraerse con sus labios, sus ojos huidizos o sus manos, que nerviosas jugaban con un dorado mechón de pelo — pero es que soy un idiota.
—Sí, si que lo ere… —Killian colocó una de sus manos sobre la mejilla de ella y dejando una leve caricia acabó con sus palabras, haciendo que muriesen en su garganta.
—Lo siento, se que no debí de reaccionar de la manera en la que lo hice, que lo correcto habría sido contestar a tus llamadas pero estaba confundido —Cogió una pequeña tijera metálica de la mesa y cortó el hilo, terminando así de coser la herida, sobre la cual colocó un apósito blanco que casi cubría por completo su frente
—¿Confundido? Solo fue un beso, Killian.
—No fue el beso lo que me confundió, si no todo lo que me hizo sentir —Por fin sus miradas coincidieron, a pesar de que Emma no quería, es imposible evitar lo inevitable —.No había besado a otra mujer después de
a… —No pudo, no pudo decir su nombre frente a Emma.
—Yo llevaba mucho tiempo sin besar a ningún hombre Killian, solo fue eso, no quiero que nada cambie entre nosotros —Había repetido tantas veces esas palabras en su mente, planeado con exactitud que le diría pero seguía sin sonar convincente. No había sido solo un beso, ella lo sabía pero jamás lo aceptaría. No estaba en sus planes.
—Tienes razón, solo un beso —susurró apartando la mirada de ella y apoyándose en el extremo de la cama —,que no se volverá a repetir porque los amigos no se besan y eso somos nosotros, solo amigos.
—Entonces, ¿Podemos hacer como si nada hubiese pasado?
—Claro, será lo mejor —dijo estirando su brazo derecho con el fin de estrechar la mano de Emma —¿Amigos sin derecho a roce? —bromeó.
—Amigos —Agarro con fuerza su mano y su intención era soltarla con rapidez, un simple apretón de manos entre "amigos" pero fue imposible no alargarlo, se sentía tan cálido, tan extrañamente reconfortable —pero no vuelvas a preocuparme, te fuiste de mi casa corriendo, sin llaves ni cartera, no contestabas a mis llamadas. Pensé que te había pasado algo.
—Otra vez lo siento, gracias por preocuparte por mi y por haberle dado mis cosas a Whale —Agarró ambas manos de Emma, ayudándola así a bajar de la camilla —.Ahora debemos irnos a trabajar.
—¿Todo bien?¿Seguro? — dijo separando una de sus manos de las de Killian y acercándola a su cuadrada mandíbula, ascendiendo hasta su mejilla, dejando caricias que dolían demasiado.
—Sí, todo bien, te lo prometo Emma.
—CS—
Sus llantos recorrían el cuarto, invadiendo hasta el último resquicio. Intentaba no hacerlo. Se había prometido a si misma no derramar una lágrima más pero como siempre hacía, incumplió cada palabra, palabras vacías que el viento se llevaba.
Estaba harta de sentir lo que sentía, de ser como era, de tener aquella vida que nunca había pedido. Era tan difícil vivir así, con un gran secreto que nadie aceptaría, que la había separado de las pocas personas que lo habían descubierto. Y ahora que tenía a alguien a su lado, un ser diferente, que no la juzgaba por lo que era si no que lo hacía todo más fácil, él era el causante de sus lloros.
Se estremeció al sentir una brisa fría ascender por su espalda y como la temperatura del cuarto descendió tras escuchar un ruido cerca de la puerta. Sabía cual era el motivo, podía sentir su presencia.
—Márchate, no quiero verte ni hablar contigo —Agarró con fuerza la almohada que bajo su cabeza recogía las saladas lágrimas que caían de sus cansados ojos —¡Vete! —La lanzó con las pocas fuerzas que le quedaban, tras dos días de lloros incansables, pero ni siquiera lo rozó.
—Elsa, por favor, llevas días ignorándome y necesito que escuches mis razones —Se acercó a la cama, temeroso, la conocía bien pero jamás la había visto de aquella forma, no sabía como reaccionaría —.Sí, fui yo quien la avisó, quien hizo que viniera y sé que llevas años sin hablar con ella, que no quieres que
descubra como eres.
—Cállate.
Un grito y el silencio se apoderó de ellos. Ella era la única persona en este mundo que podía escuchar, entender y ver al verdadero Liam. Y una de las pocas persona que al él le importaban. Su indiferencia, el dolor que podía sentir que le había causado a ella le destrozaba por dentro pero sabía que al final, Elsa, se daría cuenta de que aquello había sido lo mejor, que lo había hecho porque le importaba. Pronto se iría y no quería dejarla sola,
—Elsa, ¿Estás bien? —preguntó una temblorosa y aniñada voz tras la puerta que recibió un austero "sí" que aceptó, alejándose, dejando sonoros pasos que la rubia escuchó.
—Ella no se merece que la trates así, no ha hecho nada para ganarse tu indiferencia — Se sentó en el extremo de la cama, tan cerca de Elsa que podían sentir, la energía, el uno del otro causando pequeñas descargas que recorrieron sus cuerpos —.Ana es tu hermana y creo que debes contarle la verdad.
—¿La verdad? ¿Por qué quieres que le cuente la verdad? —Se incorporó con rapidez, buscando en la oscuridad de su cuarto la luz de sus ojos — ¿Por qué quieres que Ana sufra? Es lo único que conseguirás si ella se entera de todo.
—No creo que saber la verdad sea peor que sentir que tu hermana te odia sin haber hecho nada para ello.
—Yo no la odio, si no que todo lo contrario, quererla es la razón por la cual le oculto la verdad—Bajó la mirada al sentir el roce de los dedos de Liam, secando las lágrimas que aún corrían por su rostro —.Descubriría cosas de personas que ama, no solo de mí, si no que sabría lo que hicieron mis padres y no quiero manchar su recuerdo.
—Pero ellos te hicieron daño, Elsa —Rodeó con su brazo izquierdo los temblorosos hombros de ella y tiró de su cuerpo, obligando la a recostarse —¿Por qué quieres que ella crea que eran unos buenos padres?
—Porque con Ana si lo fueron, ellos la amaban y conmigo lo intentaron aunque no de la mejor de las maneras.
—Creo que tus padres hicieron mal en alejarte de tu hermana y que tú ahora estas cometiendo el mismo error —Colocó una de sus manos en la cabeza de Elsa, que descansaba sobre su pecho, y comenzó a jugar con los mechones de su pelo como tanto le gustaba —.He hecho que Ana venga a Nueva York y sé que estuvo mal enviarle un correo falso haciéndome pasar por ti pero se quedará un mes aquí, hasta que tú te recuperes por completo. Aprovecha para conocerla, para liberarte del peso de ese secreto que llevas arrastrando desde siempre.
—Calla —Posó su dedo indice sobre los labios de Liam y cerró los ojos para sentir todo lo que él provocaba con un simple abrazo, que nada costaba pero que lo significaba todo.
Hola, CaptainSwaners! Aquí estoy de nuevo, tarde, pero he vuelto. Espero que os guste el capítulo y como está evolucionando la historia. Me encantaría saber vuestra opinión para tenerla en cuenta, así que comentar, si queréis, claro. No os obligo ¿O sí? XD Bueno, besos y quiero agradecerle a Sara, la que me alegra las mañanas con sus buenos días y a Noe, que me alegra algunas noches (no penséis mal jaja) porque me dan muchos ánimos para continuar escribiendo. CAPTAINSWAN TRUE LOVE
