Ron & Hermione
Ronald Weasley estaba con su hermano George, en la tienda de Sortilegios, cuando algo se despertó dentro de él, una cosa que le decía que su esposa no estaba bien. Se excusó con el gemelo sobreviviente, y se apareció en su casa.
—¡Hermione! —llamó, varias veces, pero no obtuvo respuesta. Buscó en el dormitorio, el baño y la cocina, pero en ninguno de esos lados estaba. Comenzaba a desesperarse, pues sabía que no estaba bien, no era el tercer ojo de Trelawney ni mucho menos, solo lo sabía.
Una llamarada verde, desde la sala, captó su atención, alguien había llegado por polvos flú.
—¡Ginny! —exclamó al ver a su hermana —¡Ginny! ¿Dónde está Hermione? Sé que sucedió algo.
—En casa, estaba conmigo cuando... —la pelirroja la miró intrigada — ella está bien, ¿Pero como sabías que...
—Intuición, Ginny ¿sí? ¡Quiero verla!
—Ella también quiere verte —dijo la chica con una sonrisa.
Los hermanos tomaron un puñado de polvos, y en pocos segundos aterrizaron en la casa del matrimonio Potter. Hermione estaba sentada en un sillón con James Sirius en brazos. Ron corrió a ella.
—Mi amor, mi amor —dijo besándola —¿Cómo estás? Me preocupé, estaba trabajando con George cuando supe que te había pasado algo.
Hermione le pasó el bebé a Ginny, y tomándole la mano a su esposo, lo condujo hasta una de las habitaciones que había en aquella casa.
—¡Ron! —exclamó, besándolo con ternura y mientras unas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.
El muchacho respondió a ese beso, se habían visto aquella mañana antes de que ambos partieran a sus trabajos pero, sin embargo, si alguien los veía hubiera creído que había pasado una buena cantidad de tiempo sin verse.
Ella fue la primera en distanciarse del beso, y ocultó su rostro en el pecho de él. Ron le acarició el cabello con dulzura.
—Hermione, dímelo, dime que sucede, amor.
Miró a los ojos azules de su esposo, y vio en ellos todo el amor que le profesaba. Amor que venía desde sus épocas de Hogwarts y que ella, muchas veces, creyó que no era correspondido. Pero no era así, Ron la amaba ¡y cuanto!. Hermione también lo amaba. Si bien habían pasado largamente los veinte años, Ron seguía comportándose como el niño que llevaba dentro y cuando lo veía jugar con Teddy, o Victoire y Dominique, Hermione no podía más que rearfirmar que ese hombre, era el amor de su vida. Con sus defectos y todo, ella lo amaba incondicionalmente.
—Hermione —repitió con preocupación en su voz —¿Qué te ha sucedido?
—Ron, debo decirte algo importante. Estaba en el Ministerio trabajando cuando me desmayé.
—¿Te desmayaste? ¿Pero te encuentras bien? Vamos a San Mungo, ahora.
—No, ya fui. Con Ginny.
Ron frunció el ceño.
—¿Por qué mi hermana no se apareció en la tienda y me avisó? Pude haberte acompañado yo.
—No, ella se quedó conmigo. Es que pensé que sería rápido, y que me dirían que no fue más que un simple desmayo, pero no. Hay algo más.
Su esposo la miró expectante y con el corazón latiéndole muy fuerte.
—Pero antes dime, ¿cómo supiste que me había pasado algo?
—Hermione, ¿recuerdas cuando en el desiluminador de Dumbledore, escuché tu voz y luego la luz que se dirigió a mi corazón me decía que iba a encontrarlos? Lo mismo me sucedió hoy, algo me dijo que tú no estabas bien, George me miró raro y me dijo que no me preocupara pero yo sabía que no estabas bien. Dímelo, Hermione, dime qué que te sucede.
Ella lo miró y volvió a abrazarlo, luego poniéndose en puntas de pie se lo susurró al oído. Un cosquilleo recorrió la columna de Ron y no supo si fue por sentir el aliento de su mujer o por la noticia más espectacular que jamás había escuchado.
—Repítelo —dijo, creyendo que aquel era el sueño más increíble de toda su vida —por favor, linda, repítelo.
—Estoy embarazada —exclamó Hermione con una sonrisa en su rostro, la más linda, según Ron.
—¿Eso quiere decir, que voy a ser papá? Un momento, ¡claro que voy a ser papá ¡VOY A SER PAPÁ! —gritó, y alzando a su mujer, la besó con mucha ternura y amor.
Hermione rió, y respondió a ese beso. Definitivamente era el día más feliz en la vida de ambos.
—¿Sabes que me haces muy feliz, no? —dijo él, sin dejar de sonreir, ni soltar a su esposa. Ron volvió a besarla, amaba hacerlo.
Ella era la mujer con la que siempre quiso estar, ella era su otra mitad y la única capaz de soportar sus pequeñas manías y estúpidos enojos. Solo Hermione. Ella era su princesa y siempre lo sería... al menos hasta que naciera Rose.
