Feliz año! Espero que hayan pasado unas felices fiestas y por eso les traigo un capitulo bonito, disfruten su regalo de navidad, año nuevo y reyes n.n
Pareció que le daba un ataque epiléptico, se sacudía, después se quedó quieto mirando al techo. Harry Potter suspiró acostado en su cama, no podía hacer más con sus padres platicando con miembros de la orden en la planta baja. Suspiró y volvió a sacudir las piernas, tenía el entrecejo fruncido. Quería andar y patear todo lo que se le atravesara mientras gritaba, pero no, no podía, porque si lo hacía sus padres le preguntarían y como sus abuelos seguían ahí, no podía mentir ya que por alguna razón su abuelo estaba presente cada vez que James quería hablar con él, aunque solo hubieran sido unas dos veces desde la mañana. Se sentó sobre sus piernas, intentaba fulminar la pequeña rata con los pelos duros que había aparecido con el resto de los peluches; la comisura de los labios se jaló hacia arriba mientras recordaba como la había mojado.
-Demonios -masculló, arrojó un cojín contra los peluches. Se dejó caer y de nuevo se quedó mirando al techo.
Cuando Charlus Potter le había prometido llevarlo a Ollivanders y ayudarlo a conseguir su varita, se había esperado todo, incluso que su abuelo utilizara cualquier maldición imperdonable pero… no… no que… respiró hondo recordando lo que había pasado justo después de que llegaran al callejón Diagon.
Apenas se escuchó el plop de una aparición, el mago alto de cabello negro con algunos hilillos plateados se alisó la túnica, acomodó la capa de viaje y revisó al niño que llevaba de la mano. Harry miraba a su alrededor, no recordaba haber estado en el callejón de noche pero no le resultaba tenebroso, había farolas encendidas aunque muy pocos establecimientos estaban abiertos, quizá lo estaría el callejón… el… el otro callejón que ahora mismo no recordaba cómo se llamaba. El mago le soltó la mano y rebuscó algo entre su capa, Harry se echó hacia atrás esperando que su abuelo no fuera a tirar la puerta, sabía que la puerta de Ollivanders estaría hechizada, tropezó cuando el anciano fue a tocar a la puerta, le sonrió y se volvió a esperar.
El señor Ollivander abrió, tenía una gran sonrisa, se hizo a un lado para que pasaran. Harry se quedó de pie donde estaba, miraba sin comprender ¿cómo robarían su varita avisándole al dueño de la tienda que estaban ahí? El niño no se movió por más que su abuelo lo llamó y solo entró porque el abuelo Potter lo jaló de la mano, ni siquiera logró ver por dónde lo llevaba arrastrando, reaccionó cuando le dieron una palmada en la cabeza, el señor Ollivander le sonreía, diciendo que le recordaba a alguien.
En el salón ya estaban algunos magos de la edad de su abuelo, platicaban mientras bebían. Le sonrieron al señor Potter, uno de ellos se levantó rápidamente y se acercó a estrechar la mano extendida; Harry solo escuchó un montón de "r" amontonadas en cada palabra mientras hablaba. Le volvieron a revolver el cabello.
Todos se acomodaron en un círculo, Harry en cambio se quedó estupefacto en la puerta del saloncito, tuvo que cerrar la boca cuando comenzaron a repartir cartas.
-Ven Harry, siéntate aquí -el señor Ollivander le sonrió desde un gran sillón, movió su varita y un pequeño banquito con relleno apareció junto a su abuelo que estaba a un lado de una mesita llena de libros y sobre estos apareció un plato con galletas y una taza de té.
Harry obedeció en silencio, se sentó, tomó el té y las galletas, remojó una en el líquido humeante y mandó una furiosa mirada a su abuelo que solo le sonrió.
Media hora después y más de diez galletas, dos tazas de té y una de chocolate, Harry volvió a mandar una mirada molesta a su abuelo aunque esta vez lo ignoró; se puso de pie, respiró hondo varias veces antes de recordar la mirada que enternecía a su madre y fue con el dueño de la casa. Su voz era suave, su sonrisa tímida y esos ojos verdes brillaban con real inocencia cuando pidió permiso para ir al baño.
-Te acompaño, hijo
Con lentitud giró la cabeza, con ganas de gritar y empezar a patear todo, miró a su abuelo que se disculpaba, murmuraba algo en otro idioma, todos reían y después sonriente le tomó la mano.
Harry se soltó y se giró de un brinco en cuanto salieron del salón.
- ¡Me engañaste!
-No seas grosero
-Pero me engañaste -susurró, tenía las manos apretadas con fuerza, el entrecejo fruncido y respiraba rápido como si fuera a tirarse y empezar a patalear.
-Harry, soy de los que piensan que unas buenas nalgadas ahora es mejor que llorar después…
-No tengo seis años -respiró hondo -abuelo, dijiste… -cerró los ojos y volvió a respirar hondo -en verdad -miró a su abuelo, sentía que los ojos le picaban y sintió coraje, la etapa madura le duraba cada vez más poco y no lograba algo -en verdad necesito mi varita, es muy importante que la tenga, creí que me ibas a traer y ayudar…
-Eso voy a hacer Harry, no te desesperes. Vamos al baño, anda
-Ya no tengo ganas -suspiró -no tengo… seis años -repitió lentamente cuando su abuelo bajó la vista rápidamente y le revisó el pantalón.
Harry volvió al salón pisando fuerte, se dejó caer en el banco y se cruzó de brazos con un mohín.
- ¿Encontraste el baño? -preguntó el señor Ollivander, Harry clavó la vista en sus pies.
-Harry -con cariño, notó el niño, el anciano susurró mientras se sentaba -quizá no escuchaste pero el señor Ollivander te hizo una pregunta
Había un ligero tono de amenaza que solo le había escuchado a James en algunas ocasiones. Levantó la cabeza lentamente y miró al señor Ollivander que le sonreía.
-Discúlpeme, no lo escuché -sorbió la nariz, no tenía ni idea de por qué sentía tantas ganas de llorar.
-Es que regresaron muy rápido, te preguntaba si encontraste el baño
-Ah sí, muchas gracias
Volvió a sentarse, suspiró y miró el plato que acababa de llenarse con caramelos, comenzó a comerlos mientras los adultos volvían a su juego. Con cada mordida al chocolate o a la paleta, se recriminaba su inocencia, parecía que en verdad tenía seis años, se había dejado engañar. Echaba miradas molestas a su abuelo de vez en cuando, el anciano parecía no mirarlo pero Harry estaba seguro de que esa sonrisa no era por la mano pésima que tenía.
Era cerca de las dos de la mañana cuando el juego pareció terminar, Harry se alegró al ver que todos empezaban a irse pero su esperanza cayó fría al piso cuando su abuelo pidió otra copa de Whisky y se acomodó en el enorme sillón frente a la chimenea. El señor Ollivander le llenó la taza a Harry, apareció más galletas y fue a sentarse con el señor Potter. Harry tomó un sorbo de chocolate caliente y se metió tres galletas a la boca, masticó lentamente, ¿a quién exactamente le parecería normal tener en su casa a un niño de seis años a las dos de la mañana? Se giró hacia los dos hombres, platicaban como si fueran las cinco de la tarde, comió otras tres galletas, tragó y mordió otra más.
-Oye Garrick, de lo que te hablé en la mañana
Harry se metió otra galleta a la boca, tomó un gran trago de chocolate y remojó dos galletas más que rápidamente devoró. No quería que su abuelo lo creyera grosero mirando tan fijamente pero no podía evitarlo, esperaba que por fin lo noqueara para poder robar la varita.
-Oh sí, sí, ¿cómo era?
Harry bebía atentamente, no entendía lo que pasaba y menos entendió cuando el abuelo lo miró y preguntó de forma tan tranquila que cualquiera diría que le preguntaba si le daba una galleta.
- ¿Cómo era la varita?
El señor Ollivander se giró y lo miró con esos ojos plateados que siempre le habían dado algo de miedo, aunque había ido desapareciendo conforme crecía pero bueno, ahora tenía seis años y en verdad parecía tenerlos. Harry separó la taza de sus labios, la bajó poco a poco y con bigotes de chocolate miró al señor Ollivander, por inercia habló:
-Veintiocho centímetros, acebo, centro de pluma de fénix… de Fawkes…
- ¿El fénix de Albus Dumbledore?
Harry le asintió al señor Ollivander, después le mandó una mirada incrédula a su abuelo pero él lo ignoró.
-Esa varita tiene una hermana -el señor Ollivander taladró con la mirada a Harry, pero él estaba teniendo uno de los pocos momentos adultos que tenía últimamente, se irguió, tragó saliva y abrió la boca dispuesto a dar una gran conferencia sobre su varita y por qué había ido a robarla o si era necesario, rogaría por ella pero el mago siguió hablando -aunque me extrañó, accedí a venderla
- ¿Cómo la vendió si no hay ningún mago al que pueda escoger? Usted insiste mucho con eso, las varitas escogen al mago…
-Sí, sí, es verdad -miró atentamente al niño que estaba sentado en el borde de la silla, se aferraba con las dos manos con fuerza -pero me dijo que era un experimento muy importante relacionado con el que no debe ser nombrado
- ¿Quién te la compró Garrick?
Harry no tuvo que escuchar la respuesta del señor Ollivander, él sabía quién la había comprado.
Volvió a brincar en la cama, ahora sentado e iba a gritar cuando la puerta se abrió.
- ¿Qué haces? -la sonriente pelirroja se asomó por la puerta, la frustración que Harry sentía se esfumó tan pronto miró esos ojos que se parecían tanto a los suyos - baja a cenar cariño, te tengo una sorpresa -le mandó un beso y cerró la puerta.
Harry bajó de su cama, se puso los zapatos y con un suspiro lastimero salió tras su madre. Le daba coraje la noche anterior, lo peor era que no sabía lo que le molestaba más, si el que su abuelo lo hubiera engañado para ir y pedir la varita tan tranquilamente o el que el profesor Dumbledore se les hubiera adelantado, ¿qué podía estar tramando? Bajó los escalones perdido en sus pensamientos pero en el último se detuvo, un olor fuerte lo regresó al mundo real, no olía mal pero sí estaba por todo el recibidor, era loción masculina y bastante agradable, aspiró profundo, el olor metiéndose lentamente en su cabeza en busca de un recuerdo que no lograba sacar, pero una carcajada ronca y profunda lo congeló por un segundo, poco después dio media vuelta e intentó subir corriendo pero el olor inundó la habitación, un brazo grueso lo cogió por el estómago y lo levantó. Cerró los ojos con fuerza. Corrigieron la garganta; en su cabeza, Harry podía mirarlo sonriendo un momento y al siguiente la sonrisa se transformaba estirándose, los dientes le crecían puntiagudos y la saliva goteaba, esos ojos grises inyectados de sangre y después las grandes manos se hacían con su delgado cuello… empezó a patalear y a gritar desesperado.
-Espe… ey… espera qué… esp…
- ¿Harry por qué…? -James parecía divertido. Riendo se acercó pero el siguiente movimiento de Harry lo hizo dar un brinco hacia el lado contrario, con esa patada hasta él se encogió, quizá por solidaridad o porque el crujido en la entrepierna hizo que le doliera hasta la garganta.
Harry cayó de rodillas al piso pero se puso de pie lo más rápido que pudo y sin mirar atrás subió corriendo hasta su habitación donde cerró con seguro y empujó todo lo que pudo contra la puerta, abrió la ventana. Con las manos sobre el alfeizar pensaba en brincar, era hora de que se pusiera a trabajar, tenía mucho que investigar y ahora con la presión de su inminente muerte, bien podía ponerse a hacerlo. Pasó una pierna y luego la otra, con fuerza se aferró a la enredadera, por una vez se alegró de pesar poco, con cuidado se deslizó hacia abajo.
-Lo lamento -susurró con la vista en la puerta principal.
No tenía idea de lo que haría sin varita o él solo, pero tenía que salir de ahí rápido, en este momento a quien menos temía era a Voldemort. Suspiró y dio media vuelta, tenía que irse.
- Ey ¿qué haces aquí solo?
Se quedó mirando fijamente los zapatos sucios.
-Ven, vamos
Cuando una mano se hizo con su hombro, Harry actuó sin pensarlo o quizá por las ganas que se había aguantado durante tanto tiempo, cerró la mano en un puño y lo levantó con toda su fuerza infantil.
-Doble al hoyo ¿tengo que ponerme algo yo también?
Harry ni se movió cuando James lo agarró de la mano, se sentía realizado mirando a Pettigrew retorcerse con las dos manos en la entrepierna.
- ¡Remus ayuda a Peter! -gritó James volviendo a la casa - ¿a dónde ibas? Si se puede saber, claro -apretó más la mano del niño, lo empujó en la escalera.
En la habitación de Harry, todo estaba arreglado. El niño fue directo a la cama y se sentó, su mirada en un punto cerca de James.
- ¿Y entonces? Ahora bien que pensaste como un adolescente ¿no?
-Tengo diecisiete
-Como sea ¿a dónde ibas?
-Por mi varita -murmuró, lo miraba a los ojos, si no podía escapar al menos fingiría que no le temía, tenía que pensar como un adulto, no podía seguir de vacaciones dejándose consentir.
- ¿Cómo pensabas llegar a Hogwarts?
-Al…
- Mi padre te engañó ¿no?
Harry parpadeó, lo miró con auténtica sorpresa cuando empezó a reír. James siguió riendo por algunos minutos más y Harry solo lo miró, estaba demasiado sorprendido como para cerrar la boca. El adulto se limpió algunas lágrimas y se sentó en la cama junto a Harry, le pasó un brazo por los hombros atrayéndolo, lo abrazó, seguía sacudiéndose por la risa cuando habló.
-Hijo mío… ya me extrañaba tu comportamiento tan intachable
Harry se sacudió el abrazo, de un brinco bajó de la cama y se paró frente a su padre que seguía riendo, le dio un pisotón y se cruzó de brazos. James se interrumpió con una mueca muda, miró al niño, estaba rojo y con un gracioso mohín. Se mordió la lengua para poder hablar y dejar de reír.
-Si no insistieras en hacer las cosas tú solo en esos momentos en que piensas como un "adulto" -hizo comillas con las manos, sonreía -si aceptaras que somos tu familia y confiaras, te habría dicho todo, si tan solo preguntaras…
- ¡Pero lo he hecho! Nada me dicen aunque pregunte
-No, no preguntas, solo exiges que te lleven por tu varita. Debes darte cuenta de que tu familia…
-Ustedes quieren que me quede como un niño, juegue con escobas de juguete y peluches, que aguante a quien los traicionó y puede seguir traicionándolos. James… -suspiró, intentó no mirar la cara de desilusión de su padre cuando lo llamó por su nombre -no soy un niño, si estoy aquí es por una razón y esa no es el darme una nueva oportunidad
- ¿Por qué estás tan seguro de eso? ¿Por qué tienes que salvar al mundo?
-Porque soy el elegido, del que habla la profecía…
-Aquí no hay profecía, aquí ya no vives y en tu dimensión nosotros no vivimos -siseó James, se puso de pie y pasó junto al niño, en la puerta se detuvo pero no se giró - ¿qué tan malo es disfrutar por unos meses, lo que jamás vas a volver a tener?
Harry se quedó dónde estaba, miraba por la ventana, un par de lágrimas se perdieron bajo su barbilla, un suspiro entrecortado lo interrumpió. A manotazos se limpió las lágrimas que siguieron, intentó dejar de hipar pero para cuando se dio cuenta, lloraba como un niño pequeño.
-Espero que estés contento, hiciste llorar a James
Un primer instinto le dijo que corriera, pero algo más fuerte lo hizo dar media vuelta y se lanzara a unos brazos que se abrieron rápidamente, hundió el rostro en el pecho de Sirius, ni siquiera recordó que el hombre podría querer matarlo. Sirius suspiró y fue a sentarse a la cama, Harry seguía aferrado a él. Sirius se quedó en silencio esperando a que fuera Harry quien empezara a hablar pero el niño hipó un par de veces más y su respiración se acompasó, Sirius bajó la mirada, una sonrisa se dibujó en un rostro cansado, se puso de pie y acomodó a Harry en la cama. Pensativo salió de la habitación, bajó las escaleras en silencio y evitó mirar a James cuando llegó a la estancia, siguió de largo hasta la cocina, se sentó a la mesa y suspiró. Lily que picaba verdura se giró, sirvió una cerveza muggle en una tarro y la dejó en la mesa.
-Gracias -murmuró Sirius, se la tomó casi de un trago, hizo una mueca y miró a la pelirroja -me gusta más el whisky de fuego
-Ya que hables te doy, ¿qué pasa?
Sirius se tomó lo que quedaba en el tarro y lo empujó hacia Lily, ella lo volvió a llenar con un simple movimiento de varita, pero lejos de hablar, Sirius volvió a empinarse el tarro.
-James y Harry -sentenció Lily, ya había llenado de nuevo el tarro, Sirius asintió con la cabeza - ¿se pelearon otra vez?
-Ninguno me dijo nada pero los dos estaban llorando, no le digas a James que te dije porque me mata…
- ¡Ey! ¿Qué haces aquí Paddy?
-La pelirroja que me invitó una cerveza muggle, nunca las había probado pero…
-Claro y lo que tomábamos cuando nos escapábamos de mi casa ¿qué era? -James sonrió o al menos lo intentó porque los dos lo conocían perfectamente, pero solo uno se atrevió a enfrentarlo y Sirius deseó no haber abierto la boca.
- ¿Qué pasó con Harry?
La mirada que James le mandó a Sirius, casi lo hace tirar su cuarta cerveza, le sonrió, argumentó tener que rellenar el rebosante tarro y salió casi corriendo.
-Cobarde
-James
-Solo quería hablar con él, salió por la ventana de su habitación, dijo que no éramos su familia, que solo quería terminar con lo que tenía que hacer y… -no siguió hablando, sentía que algo le apretaba la garganta. Lily se acercó y lo abrazó.
-Siempre ha estado solo, no está acostumbrado a que lo ayuden y…
- ¡Aaayyy auxilio!
El grito interrumpió a la pelirroja, James fue el primero en salir corriendo. Fue directo a las escaleras pero se detuvo en el recibidor con un pie en el primer escalón, Sirius reía a carcajadas recargado contra la puerta principal, se sostenía el estómago con las dos manos.
-Pa… pa… parece que olvidó lo que… pasó… está… es… -señalaba escaleras arriba, entre más hablaba más reía.
-Sirius
-En el baño -balbuceó, soltó una carcajada y sacudiéndose por la risa fue a la estancia.
James subió corriendo, cuando llegó arriba iba a llamar a la puerta pero el ruido adentro lo detuvo, pegó la oreja a la puerta, parecía que Harry tiraba las cosas, tocó la perilla con su varita, tras un click, abrió con cuidado.
- ¿Qué haces ahí?
Olvidando por un momento lo que había discutido con Harry, se recargó en la puerta, sonreía. El niño se giró de pie sobre el inodoro desde donde intentaba brincar hasta la pequeña ventana.
-Sirius me…
Harry parpadeó, por su mirada pareció pasar un flashazo y después se sonrojó, James sonrió aún más. El niño se dejó caer en el inodoro, se resbaló lentamente hasta que se puso de pie.
-Yo no sé que… -bajó la mirada y sonrojado todavía salió lo más rápido que pudo.
James lo siguió a buena distancia, no entendía lo que estaba pasando. Si no eran normales los cambios de humor y formas de pensar de Harry, ahora era más seguidos y fuertes, ya no recordaba algunas cosas. Decidió dejar a Harry explicándose atropelladamente con Sirius mientras éste intentaba contener la risa, y él fue hacia su despacho, cerró con seguro y agitó la varita hacia una enorme librero, varios libros volaron hacia él, se acomodaron de mayor a menor sobre el escritorio, abrió un cajón y se sentó. Contempló las dos varitas que puso sobre los libros, eran prácticamente idénticas, una solo estaba gastada… las dos de veintiocho centímetros, hechas de acebo y ambas con la pluma de un fénix… las palabras del profesor Dumbledore resonando en su cabeza, priori incantatem… las varitas hermanas, Voldemort y su hijo. ¿Qué significaba todo esto? Ahora que su hijo estaba muerto y que el hijo del auror Longbottom tenía la cicatriz que este Harry Potter de otra dimensión también tenía, ¿qué podía significar? Según lo que su madre había dicho, Harry había conjurado una serpiente que le habría arrojado al niño Longbottom y luego estaba esa niña que supuestamente era la menor de los Weasley a la que tenían en terapia intensiva… ¡no sabía que pensar!.
Agitó una de las varitas, no tenía nada extraordinario. Quizá si se la daba al niño Longbottom podría lograr algo contra Voldemort pero… solo tenía seis años, entonces si Harry dejara de pensar como un niño, si fuera el adulto que supuestamente es; entonces llamaron a la puerta, James parpadeó y agitó la varita.
- ¿Lograste algo? -Sirius sonreía cuando entró, cerró con seguro y fue a sentarse frente a James.
-No, ¿Harry?
Como respuesta Sirius solo amplió su sonrisa.
- ¿Lo vas a hacer sufrir, no?
-Un poquito, entonces -se inclinó y recargó los brazos en el escritorio -tu conversión en moony mientras ese enano me mandó al hospital…
-No tengo mucho, solo que puede venir de una dimensión paralela, necesitaría las dos varitas para regresar y si no lo hace en un año o algo así, su otra dimensión desaparecería pero no dice algo sobre la razón de que haya aparecido aquí
- ¿Ese libro? -señaló un pequeño libro que parecía muy viejo
-Beedle el bardo pero no tiene una letra además del titulo
- ¿De dónde…?
-Harry lo sacó de la sección prohibida en Hogwarts
-Cómo…
-Cuando te mandó al hospital -tranquilamente se alzó de hombros, suspiró y distraído empezó a golpetear el libro con una de las varitas de acebo, Sirius se sentó y le quitó la otra, subió los pies al escritorio, revisaba la varita -ya probé toda clase de hechizos con el libro…
- ¿Cuál es la varita de Harry?
-Las dos
-No la que le compraste a Ollivander…
-En realidad compré las dos…
- ¡James!
-La que tienes -rió señalándolo.
Sirius masculló algunas cosas que sonaron a palabrotas ahogadas pues estaba seguro que Lily podía escucharlas aunque las susurrara; le quitó el libro a James y murmuró una serie de palabras mientras agitaba la varita, poco después sonrió ampliamente. Empezó a hojear el libro, de vez en cuando sonreía o hacía caras raras, por fin se rascó la cabeza y le arrojó el libro a James.
-El mago y el cazó saltarín, la fuente de la buena fortuna, los tres hermanos... cuentos para niños
-Yo intenté todo para que revelara algo
-No con la varita adecuada, parece que hay algo exclusivamente para Harry en este libro pero solo tiene algunas notas del profesor Dumbledore…
James abrió el libro, pasó algunas hojas y miró a su amigo.
- ¿Desde cuándo entiendes las runas?
-Nunca terminas de conocerme, hermano -le guiñó el ojo, James solo bufó y siguió con el libro
-Harry no recuerda como levitar algo, dudo que sepa o recuerde sobre runas
-Prueba contándole un cuento -sonrió más, James solo lo miró de lado
-No entiendo una palabra de esto, además ¿cómo le explico que tengo su libro?
-Que no recuerda
-Me va a odiar aún más cuando sepa que tengo las dos varitas
-James, Harry no te odia, solo es el clásico amor que le tiene uno a los diecisiete años a su padre
-El amor que le tienes TÚ a tus padres tal vez, pero…
James intentó ponerse de pie pero el repentino estremecimiento de la casa lo hizo sentarse, algunos rayos multicolores explotaron las ventanas, algunos más dejaron cicatrices negras en las paredes. Los dos hombres sostuvieron sus varitas con fuerza, James se echó a la túnica las varitas de acebo, el pequeño libro de cuentos y algunos pergaminos garabateados. Arrastrándose por el piso salieron del despacho, afuera no estaba mejor, en la estancia se encontró con más rayos, tuvo que estrellarse contra el piso para esquivar un rayo verde, se puso de pie lo más rápido que pudo. Una parte del segundo piso estaba en el recibidor, podía ver seis mortífagos, dos luchaban contra Remus, Lily estaba en el puerta principal al parecer repeliendo a no quiso saber cuántos mortífagos, dos más se enfrentaban a la hábil muchacha pelirroja y los otros dos los atacaron en cuanto los vieron.
Se puso espalda contra espalda con Sirius, sintió un hoyo en el estómago al no mirar a Peter por ningún lado, maldijo entre dientes y mandó un aturdidor, desmayó al mortífago y cuando estaba por ir a buscar a Harry, escuchó un grito de un enmascarado.
- ¡Maldito enano! -brincaba sosteniéndose un pie que chorreaba sangre, el mortífago era regordete y chaparro.
James tragó saliva con la vista fija en el cuchillo que atravesaba la bota negra. Con Sirius pegado a su espalda fue hacia el niño, le sonrió y asintió a Remus que combatía cerca, Sirius se quedó con el licántropo, James llegó hasta Ginny.
- ¿Qué rayos pasó?
-Yo acabo de llegar, Lily fue a atender a la puerta y la recibió una explosión
James miró a su esposa, para su tranquilidad Lily solo estaba cubierta de tierra y sangre que esperaba no fuera de ella.
-Ten Harry, no te alejes de mí o te la quito -se acuclilló mientras ayudaba Sirius a aturdir a dos mortífagos que entraban por la ventana, le tendió una varita a Harry.
-Pero cómo…
-Cuídalo -le guiñó el ojo a Ginny y corrió hacia Lily a quien parecían sobrepasar - ¿Qué harías sin mi? -con un aturdidor llegó junto a su esposa, Lily le regresó un guiño, se tomaron de la mano y salieron al jardín, un par de segundos después, desearon no haberlo hecho.
El jardín frontal estaba lleno, eran más de veinte aunque no los contaron. Lily apretó la mano de su esposo, él le sonrió con una confianza que no sentía en ese momento. Una mano se puso sobre el hombro derecho de James, otra sobre el hombro izquierdo de Lily, los dos les sonrieron a sus amigos, después colocaron las espaldas una contra la otra, los cuatro cubriéndose. Algunas chispas saltaron de sus varitas, James sonrió de lado al escuchar el grito de Harry en la casa.
-No, no ¡NO! -furioso se giró al ver a Harry que corría hacia ellos - ¡agárralo, llévatelo, es él, está aquí!
Harry frenó la carrera, la mirada enloquecida de James lo congeló en su lugar, apretaba con fuerza su varita pero no pudo moverla. Lo que más le extrañó fue no sentir dolor al mirar la figura alta… con cabello negro, ojos verdes en pequeñas rendijas como las de una serpiente, el mismo tono pálido que él recordaba y una nariz que parecía ir disminuyendo.
- ¡Vete! -ahora fue Lily la que gritó.
Ginny salió de la casa, por un momento no reconoció al lord oscuro pero esa mirada cruel no podía ser de alguien más; levantó a Harry en brazos, lo aferró contra su pecho, guardó entre su túnica la varita de Harry e intentó desaparecer.
-No puedo
-Claro que no -los mortífagos aun en guardia fueron moviéndose para formar un corredor y dar espacio al lord oscuro que caminaba tranquilamente, su voz era como terciopelo.
Harry se vio transportado muchos años atrás, se miró a sí mismo pero con unos años menos o más… tenía doce años, Ginny pálida estaba inconsciente en el piso, un joven hablaba… después era una habitación de Hogwarts, el profesor Slughorn estaba pálido casi tanto como Ginny, el mismo muchacho que había visto en la cámara de los secretos preguntaba sobre Horrocruxes, ahora el profesor le contestó… después se transportó de nuevo a la realidad, era la misma voz, quizá un poco más gruesa, pero igual de encantadora justo como el profesor Dumbledore había dicho antes. Se removió lo suficiente para que Ginny lo bajara y antes de que ella pudiera tomarlo de la mano, corrió al encuentro del hombre alto.
-Así es como deben pasar las cosas, lo que yo quiero debe dárseme y los dejaré vivir
- ¡No, ven acá! -James intentó agarrar al niño pero él lo esquivó, fue a pararse a un escaso metro de Lord Voldemort.
-No vengo a entregarme Tom
Fue solo un susurro de Harry, Ginny miró boquiabierta, Lily lo miró con esa clásica mirada de una madre cuando su hijo ha sido grosero, los tres merodeadores no comprendieron ni un poco, pero lo que Harry miraba solo era a Voldemort, su rostro se contrajo con furia y asco.
- ¡Crucio!
Lily intentó proteger a su hijo pero para su sorpresa él ya lo había hecho, Harry sonrió, le hormigueaba la lengua donde impactó la maldición.
- ¿Qué es lo que quieres Tom? ¿Quién nos traicionó?
- Ven conmigo y los dejaré vivir -intentaba ocultar la furia que lo corroía, tenía demasiados años que no utilizaba ese sucio nombre.
Harry miró a sus padres, ladeó la cabeza y sonrió solo un segundo, su entrecejo se juntó rápidamente al mirar a Lily que cuchicheaba con Sirius y Remus, al mismo tiempo asintieron.
- ¡NO! -gritó Harry y fue lo único que pudo hacer.
Los tres merodeadores levantaron las varitas al mismo tiempo, Ginny se había acercado lo suficiente para que con un rayo, James lograra empujar a Harry y ella lo levantó de nuevo.
- ¡Ahora! -gritó James
Ginny abrazó a Harry y ahora sí pudieron desaparecer, pero antes de haberlo hecho por completo, Harry pudo ver la lluvia de rayos, en especial uno verde que iba directo hacia su padre; pataleó y manoteó todo lo que pudo, pero para cuando se vio libre, ya no estaban ahí y una gran edificación que parecía mantenerse en pie gracias a magia se alzaba frente a ellos.
Mientras en el valle de Godric, el jardín de los Potter se había llenado de rayos multicolores, la maldición mortal de Voldemort iba directo a James, él solo alzó su varita, en un intento por protegerse, ni Sirius o Remus pudieron moverse y cuando ésta impactó todos salieron volando.
Se escuchó la maldición en grito de amigos, la furia de una madre entre los plops de apariciones, la orden del fénix acababa de aparecer lanzando maldiciones. Sirius ya no pudo moverse, tenía la vista fija en el cuerpo pálido de su mejor amigo, Remus aunque lloraba, tenía que concentrarse en mover la varita, el lugar se había vuelto un desorden y los rayos volaban por todas partes, había explosiones por todas partes que mandaban a volar los cuerpos tirados que no oponían resistencia, Lily de rodillas miraba sin ver a su esposo tirado más allá del combate. Miró alrededor desde donde estaba, eran muchos los cuerpos sin vida que los rodeaban. Maldijo al mago que tenía a un lado.
-Tom -susurró Albus Dumbledore, el lord hizo una mueca y fijó su vista en el anciano
-Tú, ese nombre
-Es el tuyo
-Claro que no, ¡yo soy Lord Voldemort!
Una batalla campal comenzó entre esos dos grandes, Albus Dumbledore parecía bailar y Voldemort no tenía la mejor habilidad en danza pero sus manos eran ágiles y rápidas, una carcajada fría irrumpió en la ruidosa tarde, los aurores empezaron a llegar, magos y brujas intentaban ayudar. Fue solo un descuido, hasta los más versados y hábiles duelistas pierden alguna vez, la maldición de una madre, la frustración de una esposa lograron el descuido, el rayo maldito y un chorro de sangre que salpicó la carcajada triunfante del dueño cuando desapareció.
Poco a poco la tranquilidad regresó, los magos y brujas empezaron a hacer un recuento de los daños, los materiales no valían la pena.
- ¡Profesor! -una bruja se acercó al profesor Dumbledore, el hombre se tambaleaba con una mano en el abdomen, tenía la túnica tintada de húmedo carmín, dos magos más aparecieron para sujetarlo y evitar que cayera.
Pero no era el único que sangraba, los que no estaban muertos sangraban abundantemente, aurores ya borraban memorias, otros recogían historias y algunos más intentaban ayudar. Pero había más recogiendo cuerpos, tanto de enemigos como amigos.
Sirius y Remus recorrían el lugar en busca del cuerpo… aunque no querían pensar en ello, buscaban el cuerpo de su amigo. No habían recorrido ni tres metros cuando se detuvieron, la estampa con la que se encontraron hizo que sus entrañas se retorcieran, Remus se quedó congelado, Sirius cayó de rodillas sintiendo su corazón intentar subir por su garganta estrangulándolo, solo un segundo después se detuvo, no escuchaba su palpitar.
-No, no, no ¿por qué? -su estómago estaba pesado, apenas podía respirar y no le importaba que las lágrimas salieran a borbotones, el pecho estaba por explotarle y su cabeza… estaba en blanco, solo podía ver el cuerpo sin vida de quien había significado más que su familia biológica junta. Su brazo temblaba cuando lo estiró para cerrar esos ojos que miraban sin ver un cielo hermoso, azul y limpio solo adornado por la marca tenebrosa.
-Sirius, vamos… tenemos que… -Remus se inclinó para ayudarle a ponerse de pie, pero Sirius solo manoteó para quitárselo.
- ¡NO! ¡Lo voy a matar, juro que lo mataré!
P.D. Espero señales de vida n.n
Un poco corto pero para mi cumple les prometo otro capitulo, para el próximo mes n.n
