Adaptacion de Lorelei James y personajes de S. Meyer


CAPÍTULO 09

Edward se levantó temprano la siguiente mañana. Por mucho que deseara empezar ese día con un polvo y repantigarse en la cama con Isabella, él sabía que ella estaba dolorida. Con toda la razón. Él no tenía lo bastante de ella.

Besó su expuesto pezón, sonriendo cuando ella ronroneó y se acurrucó contra él. Maldita distracción de mujer.

Fortalecido con un café gratis del vestíbulo del motel, golpeó la puerta de la habitación.— Es Edward. Abre la maldita puerta.

Sonó el clic de deslizamiento del pestillo moviéndose y entonces Jasper abrió la puerta.— Hey. ¿Qué pasa?

Edward miró por encima del hombro desnudo de Jasper a la cama desecha.— ¿Dónde está Emmett?

— En la ducha. Saldrá en un minuto. Antes de que lo preguntes, él ya revisó los caballos esta mañana. —Jasper bostezó.— ¿Dónde está Isabella?

— Durmiendo en el remolque de los caballos.

— ¿Está bien?

— Ahora lo está. —Edward tomó un sorbo de su café y se dejó caer en la silla al lado de la ventana. Le contó a Jasper lo que había pasado la noche anterior.— Así que no quiero que vaya a ninguna parte sola. Se escabulló a ese escandaloso bar calle abajo y algunos grasientos camioneros babeando a su alrededor.

— ¿Le dejaste las cosas claras?

— Demonios, sí.

— ¿Dejaste todo resuelto con ella?

Edward sonrió.— Jodidamente claro. ¿Por qué crees que ella está durmiendo como un bebé?

Jasper chocó los cinco con él.— Maldita sea, Edward. Si hubiera una mujer viva que pudiera cambiar mis malos hábitos y hacerme desear sentar cabeza, esa sería ella.

— Amen, hermano. Pero tendrás que pelear conmigo por ella. Así que entiendes porque quiero que todos nosotros la vigilemos mejor.

— ¿Vigilar a quién? —dijo Emmett mientras entreabría la puerta del baño.

Edward retransmitió la escena del bar.

Era una típica mañana. Ellos hablaban del rodeo. El consejo fue ofrecido y aceptado. Los dolores y esfuerzos fueron detallados. Cuando Jasper y Emmett comenzaron a discutir su estrategia, Edward se escabulló. Rellenó su café y se paró a charlar con un par de jóvenes jinetes del rodeo de Utah antes de ir a revisar a Isabella.

En el remolque de los caballos, Isabella estaba sentada desplomada sobre la mesa, desnuda, revolviendo con indiferencia el bol a medio comer de Raisin Bran1.

Él deslizó una mano sobre su desnuda espalda. — ¿Estás bien? —preguntó él mientras se repanchingaba en la silla al lado de ella.

— Cansada. Maldito hombre viril, —refunfuñó.

— ¿Eso era una queja?

— No. Pero cuando dijiste que nosotros deberíamos oficialmente "romper" la cama de este remolque de caballos, no pensé que decías literalmente romper la maldita cama. Creo que tengo contusiones en mi espalda y mis nalgas de los muelles del colchón.

— Sacas la bestia que hay en mí, querida, ¿qué puedo decir?

— Dime que tenéis una máquina de café escondida por aquí en alguna parte.

— Lo siento. No tenemos.

Isabella gruñó.

— Pero te dejaré tomar algo de mi café. —Cogió un vaso de plástico y vertió la mitad de su tibio café en ella. Después lo deslizó junto al bol de cereales de ella.

— Gracias. —Ella se lo tragó de un trago.— La próxima vez que pasemos por un Wal-Mart2 lo asaltaré. No me importa si tenemos el remolque de caballos a plena carga y al gobernador dentro, voy a comprar una cafetera y una lata gigante de café. No sirvo de compañía humana sin mi diaria infusión de vitamina de cafeína.

— Extrañas un Starbucks, ¿verdad?

Le lanzó una mirada asesina.— ¿Lo dices en serio? Tus gustos de café parecen mierda de perro colada. Además, ¿quién es tan tonto como para pagar cuatro dólares por una taza de café quemado?

— Mucha gente, al parecer. Esas malditas tiendas están por todas partes. Uno pensaría que esas personas están bebiendo oro líquido, están tan obsesionados con beber esa misma marca cada mañana.

— Yo no. Son un grupo de ovejas. Dame una vieja taza de Joe-black3 y soy una campista feliz. —Isabella rió.— O sería feliz si esta caravana tuviera un Mr. Coffee.

Edward alisó un rebelde rizo detrás de su oreja.— Lo arreglaremos para ti. No puedo tener a mi mejor chica irritada al amanecer, ¿verdad? ¿Vas a venir a vernos hoy, Isabella?

— Por supuesto. Siempre que me indiques donde se supone que debo estar sentada. —Una disimulada sonrisa elevó las esquinas de su boca.— No estoy para otra ronda de castigo. Mi culo está todavía un poco sensible por esa paliza de ayer.

— Qué pena, —murmuró él.

— ¿Qué pena, qué?

— Qué tu culo esté sensible.

— ¿Por qué?

La miró por debajo de las pestañas bajadas.— Sabes de lo que estoy hablando.

— ¿Eso es una indirecta?

— Una muy grande. —Se puso de pie, lamentando haber iniciado la conversación tan pronto.— Tu entrada estará a mi nombre en la taquilla. Tengo que irme.

— ¿No vas a comer algo?

— Nunca como antes de competir.

Isabella sonrió de nuevo.— Lástima.

Por la calculadora mirada de su cara, él sabía que ella no había estado hablando con él de comer alimentos.— ¿Eres una chica traviesa, verdad?

—Pones en evidencia lo peor de mí, pero no piensas que soy lo suficientemente traviesa.

Un incómodo momento llenó el aire.

— ¿Quieres explicar eso, Bella?

— Quizá.

Él gruñó.— Estás muy cerca de conseguir otro castigo. Creo que te gustó tener tu dulce culo azotado.

— Incorrecto. Bien, más o menos. Pero te diré algo, vaquero, te haré un verdadero trato dulce.

Edward tuvo que recordarse a sí mismo que ella era todavía demasiado tímida a cerca de contarle lo que ella quería en la cama.— Estoy escuchando.

— Olvidaré todo sobre mi dolorido trasero, y te dejaré tener tu perverso camino hacía él esta noche… si veo un toro de noventa puntos cabalgado por ti hoy.

Mierda santa. Tanto de su supuesta timidez.— ¿No me engañas?

— No. Pero si consigues cualquier cosa menos que un noventa, tendrás que trotar tu ajustado pequeño vaquero directamente al Wal-Mart, vistiendo todavía tus sexys chaparreras, tu número en la espalda y la suciedad de la arena, y me comprarás una cafetera. Una buena.

— Te conseguiste un trato, querida.

— Una última cosa.

Su mirada se estrechó. Figuró que habría condiciones.

— Si esto llega a pasar esta noche, por mi primera vez, quiero decir, preferiría no traer a Jasper ni a Emmett. Prefiero que esto quede… entre nosotros.

— ¿Por qué solo nosotros?

— Porque me siento segura contigo.

Edward ahuecó su cara en sus manos y la besó profundamente. La mujer le sorprendía constantemente.— Okey. Pero hay una cosa que necesitas hacer para mí cuando yo agarre esos noventa puntos.

Su burlona sonrisa se congeló.— ¿Qué será?

— Trae un montón de lubricante. Porque probablemente no va a ser ningún camino de rosas. —Sonrió y se escabulló del remolque antes de que ella le golpeara.

¿Estaría su madre escandalizada por su comportamiento lascivo y su sucia lengua?

Casi como una señal, su teléfono móvil sonó.— ¿Si?

— ¿Esa es la forma de saludar a tu madre, Edward Anthony Cullen?

— No, Hey, Mamá, ¿cómo estás?

— Sólo quería ver cómo estabas puesto que nunca me llamas. Asegurándome que no te encuentras en una zanja en alguna parte de algún estado del sur perdido de la mano de Dios.

Puso los ojos en blanco, sabiendo que él no se atrevería a hacer eso delante de ella.— Lo siento. No te lo tomes como algo personal. Estoy demasiado ocupado o demasiado terriblemente cansado. No estoy llamando a nadie últimamente.

— No es una excusa válida y hace que me preocupe. Parece que nadie me llama. No he hablado nada con Ben tampoco.

— No seas dura con él, Ma. Él está en Iraq, —Edward dijo con sequedad.

— Bien, no seré dura con él, pero contigo sí. ¿Tienes nuevas lesiones que deba saber, hijo?

— No.

Ella cambió de táctica y charló sobre las últimas hazañas salvajes del bebé de su hermana Alice. Como su hermano mayor Carlisle y su sobrino Quil estaban desenvolviéndose en las consecuencias del reciente divorcio de Carlisle. Al parecer su hermano Sam había comprado otro par de miles de acres de tierra de pastos justo al este de su rancho. Luego ella confesó que no había tenido noticias de su hermano más pequeño Seth recientemente y que se sentía fuera de la vida de sus hijos.

— Ma, vas a verme en Cheyenne dentro unos días y verás que estoy bien.

— Lo sé. Así que, ¿qué ocurrió en Limon?

Edward le contó los detalles esenciales sobre los eventos en los que había perdido y avanzado, como esos triunfos y pérdidas habían afectado su clasificación general. Mencionó los problemas profesionales de Jasper y Emmett, pero no mencionó a Isabella en absoluto.

Después de colgar se preguntó por qué. ¿Por qué esta cosa con Isabella era nueva? ¿Por qué no era definitiva? ¿O porque era un cobarde y esto era especial y no quería gafarlo?

Su madre le conocía mejor que nadie. Ella más o menos no sabía nada sobre su vida en la carretera, sus desenfrenadas hazañas y sus antiguos juguetes sexuales, pero ella parecía siempre leer entre líneas. Tenía una mejor interpretación de "los chicos siempre serán chicos" que lo que su más tradicional padre tenía. El hecho de que se hubiera enganchado con una mujer sería una gran noticia para su familia. Y esa era la razón por la que no deseaba que su madre pusiera el punto de mira en lo que sucedía entre él y Isabella.

¿No querrás decir, entre tú e Isabella, y Jasper e Isabella, y Emmett e Isabella?

Le dijo a esa pequeña voz aduladora que se callara.

Claro, estaba compartiéndola con ellos, pero a la hora de la verdad Isabella le prefería a él. Él lo sabía. Ella lo había admitido y ni Jasper ni Emmett estarían sorprendidos por ello. Pero el resultado final no cambiaría. Separarían sus caminos en Cheyenne.

Edward no tenía tiempo para mortificarse por acontecimientos fututos. Tenía una competición que preparar. Esta noche, la recompensa sería realmente dulce. Embaló su bolsa de herramientas, cogió su silla de montar y se enganchó en un viaje con Jacob a los terrenos del rodeo.

Jasper paseaba frente a la habitación del motel, enfadado. ¿Cómo se atrevía ese sabelotodo gilipollas a continuar insistiendo en que los problemas que les perseguían en la arena eran de alguna forma culpa suya? Quizá estaba un poco tenso, pero ¿quién no lo estaría después de una racha que ahora alcanzaba dígitos dobles? El hecho de que Emmett indicara continuamente y señalara que quizá era tiempo de que ellos consideraran otras opciones, le cabreaba completamente.

Jasper no tenía ninguna otra opción. Como Edward, esta era su última oportunidad para alcanzar las Finales Nacionales de Rodeo. El padre de Jasper, el tristemente célebre Tater Whitlock, estaba dolorosamente decepcionado con la falta de un título de NFR de su hijo, a pesar de que Jasper había ganado cinco títulos del circuito. Y el viejo buen padre había insistido en que ese sería el último año de Jasper, sobre todo porque el hermano pequeño de Jasper, Tanner, tenía una mejor disposición para traer a casa ese importantísimo título de atar y amarrar cuerdas.

Entonces Jasper estaría clavado trabajando con el viejo hombre para siempre.

El pensamiento de oír continuamente a su padre reprendiéndole, la expectativa que Jasper permanentemente abandonara el estilo de vida del rodeo y su libertad hacían a Jasper enfermar del estómago. Su familia nunca le había prestado mucha atención más allá de inculcarle la obsesión por el rodeo dentro a otro miembro del clan Whitlock. Ellos seguro que no le entendían. Había cosas sobre él que causarían una grieta entre ellos que nunca sería reparada si ellos la descubrían.

Así que incluso si él y Emmett perdían terreno en las clasificaciones individuales, prefería mantenerse en el circuito, en lugar de volver a casa y tratar con las preguntas y comentarios de su familia sobre sus futuros planes.

Emmett no conocía su dilema. Tampoco Edward. Ambos tenían la aceptación plena de sus familias. Una vez más, se sintió completamente solo. Asustado por la posibilidad de que de alguna manera las opciones que había tomado se volvieran para morderle en el trasero.

La puerta de la habitación se abrió y Emmett le fulminó con la mirada desde el interior de la puerta.— ¿Estás preparado para caminar sobre la arena?

No necesito que agarres mi maldita mano. Jasper sonrió con dureza.— Ve hacia delante. Tengo que sacar primero algo del remolque de los caballos.

Sin esperar la protesta de Emmett, se marchó atravesando el parking del motel.

Cuando Jasper irrumpió en el remolque de los caballos, nunca se le ocurrió llamar.

Isabella estaba sentada agitando su desnudo culo contra la pequeña mesa de comedor.

Ella contuvo la respiración. Fue lindo cómo ella trató de arrastrar la sábana de la cama sobre su desnudez.— ¡Jasper! ¿Qué estás haciendo aquí?

— Este es mi remolque de caballos. Tal vez yo debería preguntarte que estás hacienda desayunando desnuda como un pajarillo.

— A… acabo de despertarme.

— Ah. Así que Edward ya se largó para registrarse.

— Umm. Sí.

Él agitó sus cejas.— ¿Te tengo toda para mí mismo?

— Eso parece.

— Infierno caliente. Sabía que había una razón para que viniera aquí. —Su mirada hizo un lento barrido de sus uñas rosas a su melena enmarañada, que se extendía desde su cabeza a todos los ángulos. Finalmente sus ojos se centraron en los oscuros rizos cortos entre sus muslos. —Y ahora sé exactamente lo que deseo para desayunar.

— Pero…

— Sin peros. Ya que Edward no está aquí, yo llevo las riendas.

— Okay. Pero quiero ser honesta y hacerte saber que estoy un poco dolorida desde ayer. Y-yo no estoy acostumbrada a esto. A nada de esto.

— Entonces lo mejor es que lo bese y haga que mejore, ¿huh?

Isabella tragó saliva.

— ¿Te pongo nerviosa?

— Sólo si veo una cuerda en tu mano.

— No esta mañana, —Jasper señaló a la cama.— Súbete allí y deja tus piernas colgando fuera del borde. Y extiéndelas bien y separadas. Me gusta jugar con mi desayuno antes de comerlo.

Isabella enrojeció cerca de diez tonos de rosa. Pero ella no discutió con él en absoluto. Su culo en forma de corazón se movió seductoramente mientras ella avanzó lentamente hacia el compartimiento de dormir.

— ¿Así? —dijo ella.

Jasper notó que ella tenía un punto de apoyo a cada lado de la pared. Sus piernas estaban apuntaladas más lejos, como si ella se hubiera expuesto a sí misma a un hombre unas cientos de veces. Pero él lo sabía bien. Eso hizo que la rendición inmediata de ella para él fuera mucho más dulce. —Está perfecto.

Se arrodilló en el banco de comer contra la pared. Su boca estaba exactamente en el ángulo perfecto para sumergirse profundamente en su coño. Aplastó su lengua y la lamió desde su pequeño agujero a su clítoris. Arriba y abajo sin parar. A continuación sopló una corriente de aire a través de la humedad.

— Oh, Dios mío.

— Te corriste demasiado rápido así, ¿no?

— Ah. Sí.

— Entonces, solo tendré que hacerte correr dos veces, una vez rápido, una vez lento. —Jasper había inclinado su cabeza y comenzó a trabajarla con su lengua, labios y dientes. Succionando. Mordiendo. Concediendo pequeños provocadores lametazos sobre su clítoris, después trabó su lengua en su abertura, lamiendo desde adentro hacia afuera.

Maldita sea. Había algo en el diferente sabor almizclado de una mujer en la mañana. Especiado. Más caliente. Descender sobre ella era un acto más sucio a la luz del día, más que un amante secreto, oculto bajo las sábanas y al abrigo de la noche.

— Sabes a crema dulce y a miel. Podría correrme sólo con comerte. —Sus manos se apoderaron de sus piernas en la parte superior de sus caderas. Dejó a sus pulgares perezosamente acariciar los pliegues de sus muslos, aumentando el placer táctil, pero en realidad nunca conectando con alguna parte de su lloroso sexo.

— Bien, yo puedo indudablemente llegar así. —Isabella bombeó sus caderas contra su rostro.— Ya estoy cerca.

— Mmm. No me digas. —Jasper enrolló los labios de su coño alrededor de su boca, succionando delicadamente. Centró sus esfuerzos en el sollozante botón para la directa estimulación. Primero amamantó con fuerza y siguió con rápidos mordiscos de sus duros labios.

La combinación la hizo explotar. Su clítoris palpitaba debajo de su lengua y continuó utilizando su lengua como si estuviera devorando un cono de helado, sorbiendo, seguido de precisas lamidas cortas.

Ella llegó con un jadeo, su espalda arqueada fuera del colchón, su culo apretado y ella repetía, —Oh Dios, oh Dios, oh Dios, oh Dios.

Él se rió entre dientes y la vibración intima contra su sensible carne la hizo gritar de nuevo.

Jasper se limpió los jugos de ella de su cara. Su polla estaba temblando por salir y entrar en acción, pero no podía imaginar a Isabella siendo capaz de hacerlo, ya que ella se había ganado algún dolor con sus anteriores corridas.

Después de que las piernas de Isabella dejaran de temblar, se apoyó a sí misma en sus codos y le sonrió tímidamente.— ¿Conseguiste llenarte?

Él se lamió los labios.— Comida de Campeones, querida.

La mirada de ella cayó al bulto de los pantalones de él. Se mordió el labio.— Jazz, ¿puedo decirte un secreto?

— Claro. ¿Qué?

— Es un poco embarazoso.

— Está bien, Bella, somos amigos, ¿verdad?

— Verdad.

— Entonces, dime.

Isabella espetó,— Nunca he hecho un sesenta y nueve.

No lo había esperado en absoluto.— ¿Nunca?

— Nop.

— ¿Y deseas probarlo?

— Sip. —Ella se movió nerviosamente.— Entonces, me preguntaba si tienes tiempo…

— ¿Justo ahora?

Ella asintió con la cabeza.

— ¿Estás segura que estás preparada para ello? ¿Pensaba que estabas un poco dolorida?

— No mucho ya. Además, sería una lástima desperdiciar una buena erección.

Jasper se figuraba que ella deseaba practicar el sesenta y nueve para intentarlo después con Edward. Pensaba que eso era increíblemente dulce y se quitó la ropa inmediatamente.

Isabella se rió.— Habrías ganado la hebilla de oro si existiera un concurso para sacarse la ropa rápidamente.

— Mi madre no ha criado idiotas, querida, no tienes que preguntármelo dos veces. —Se arrastró hacia el área de dormir.— Esto va a ser divertido. —Jasper la besó lentamente en una larga seducción de boca a boca. Dedicó tiempo extra a amamantarse y tocar sus pechos, dándola tiempo para recuperarse de su primer orgasmo para él. Cuando ella comenzó a frotarse con las piernas juntas, y un suave ronroneo retumbó desde su garganta, supo que ella estaba preparada para la pequeña marcha.

Alisó su pelo revuelto en su extrañamente tímida cara.— Esto no es diferente a hacerme una mamada, Bella. Gírate hacia un lado, y desliza mi polla en profundidad, pero no arquees tu cuello. Y por el amor de Dios, cuando empieces a correrte, no muerdas.

Ella se rió y alivió algo de su tensión.

— ¿Preparada?

Ella asintió con la cabeza y rodó a su lado izquierdo, Jasper se asentó en su derecha. Con voz ronca, dijo,— Levanta tu pierna hacia arriba. Eso es. —Descendió hacia abajo y tomó su inflamado sexo en su boca de nuevo.

Isabella se movió y lamió la cabeza de su polla tan delicadamente como un gato. Gradualmente ella le tragó más profundamente, su boca hacia pequeños zumbidos de felicidad y usó su mano para acariciar su eje mientras sus dedos acariciaban sus bolas.

Para ser una principiante, su boca y su toque eran puro cielo. Jasper sabía que él no iba a durar. Centró toda su atención en el clítoris de Isabella, sabiendo que ella probablemente tampoco duraría mucho.

Ella no lo hizo. Llegó con un jadeo y la entrada de aire alrededor de su polla hizo endurecerse a sus bolas.

Él estaba tan cerca. Subió sus rodillas para que ella pudiera introducirle profundamente en la garganta, mientras el continuaba lamiéndola lentamente, derribándola para su jugoso clímax.

De repente un calor repentino se disparó hacia debajo de su columna, un caliente atizador entre sus piernas y esperó a que las rápidas pulsaciones comenzaran.

La puerta hizo un clic al abrirse. Jasper vio entre los muslos de Isabella la cara de Emmett. En esa fracción de segundo, su orgasmo golpeó, el semen se disparó fuera de la punta de su polla e Isabella le succionó secándole mientras Emmett observaba.

Jasper cerró sus ojos, echó su cabeza hacia atrás y disfrutó del infierno saliendo de ella, del atronador clímax y el exhibicionismo.

Después de que la sangre dejara de precipitarse en sus oídos y su polla estuviera medio-lacia, su mirada atrapó la de Emmett de nuevo.

— Me preguntaba si estarías aquí jodido, —dijo Emmett suavemente,— pero no pensé que estuvieras literalmente jodido. Hora de partir, amigo4. Llegamos tarde. —Se giró y se marchó sin mirar atrás.

Jasper cayó de costado. Murmuró,— Joder.

Isabella se escabulló de alrededor.— ¿Jazz? ¿Está todo bien?

Ella no necesitaba meterse en medio de esto. Forzó una sonrisa.— Simplemente genial, querida. Sólo recuperando mí aliento.

— Está bien si tienes que irte.

— Lamentablemente, como Emmett señaló, estoy llegando tarde. ¿No te arrepientes de nuestro sexy interludio, y puedes llegar a los terrenos del rodeo bien? ¿O deseas que espere por ti?

— No. Vete. Todavía necesito ducharme.

Jasper la besó minuciosamente, sorprendido de cuanto disfrutaba su sabor y el de ella mezclándose en su lengua.— No más una virgen del sesenta y nueve. Has sacudido mi mundo y el remolque de los caballos esta mañana, chica caliente.

Ella se sonrojó.— Lo mismo digo.

Mientras se vestía, él supo que la próxima vez debería recordar bloquear la maldita puerta.


1 Raisin Bran: Una marca de Cereales. (N. de T.)

2 Wal-mart: Gran cadena de supermercados en EEUU. (N. de T.)

3 Joe-black:Marca de café negro. (N. de T.)

4 En español en el original. (N. de T.)