Confusión

Naruto y Sasuke estaban sentados bajo una columna de piedra en el campus del colegio, repasando unas preguntas para el examen de Chiyo.

-Oye teme.

Sasuke asintió para hacerle saber que le escuchaba.

-Crees… ¿Crees que debería hablarle a Hinata-chan?

Sasuke levantó la vista de su libro y lo observó en silencio. –Ella te quiere mucho. –Fue lo único que pudo decir. No era bueno en estos temas.

El rubio apartó la mirada y se concentró en el cielo encapotado de nubes grises que amenazaban con bañarlos en agua fría, tal vez hasta nieve.

-Ya ha pasado un mes desde que no hablamos. Desde que volví, exactamente.

-¿De dónde, específicamente?

-Sabes, era como una cárcel. Había varias personas allí, y juraría haberte visto.

Sasuke divagó, (eso le sale bien), en las posibilidades de que Naruto hubiese soñado aquello, o de que tal vez, de verdad había estado prisionero de quienes se llevaron a tantas personas -a Itachi-. Su corazón se aceleró y de repente se sintió incomodo cerca del rubio.

-Naruto, debes hablar de esto con Sakura.

-¿Por qué?

Bufó, fue una mezcla entre un suspiro y un gruñido, frustrado y hasta cansado. –No quiero ocultarte cosas, Naruto. No quise decírtelo antes porque creí que estabas muy inestable.

-¿De qué diablos estás hablando?

Ya empezaba a impacientarse. –Sakura cree que desapareciste por su culpa, es decir, por la calamidad, y si le dices todo lo que has visto puede que ella llegue al fondo de esto. Y ahora yo también lo necesito.

(Por Itachi)

-Por Itachi.

Porque quería confiar en las escazas posibilidades de que estuviese vivo, de que Naruto lo comprobara y de encontrarlo. Quería ver sonreír a Mikoto otra vez, pero de verdad.

Ahora todas las expectativas estaban puestas en Sakura y en su investigación.


Sakura había convocado a una pequeña reunión en la sala común con todos aquellos que estaban decididos a ayudarla. Fue cuestión de tiempo para que por la puerta pasaran Shikamaru, Ino y Naruto, y por supuesto, Sasuke.

Kankuro había decidido entretener a Shizune con Lee y Kiba, además, eso de ser serio y discreto no se le daba muy bien, prefería corretear por el instituto y de vez en cuando infiltrarse en los vestuarios de mujeres con sus amigos.

A la sala también llegó Kakashi, el sujeto que se prestó a trabajar con Sakura, y luego de las presentaciones y el resumen de qué estaban haciendo, Kakashi habló:

-Hasta ahora solo tenemos un objetivo en realidad: encontrar a Yukata Konan. Ella vio con sus propios ojos al sujeto que está detrás de esto.

-¿Cómo lo sabes? –Intervino Shikamaru.

-Porque Uchiha Itachi lo confirmó.

Entonces los ojos del azabache se clavaron en el tipo de cabello grisáceo. -¿Qué sabes sobre Itachi?

-Desapareció luego de acusar al sujeto conmigo. Tú debes ser su hermano, Sasuke ¿No es así? Son muy parecidos.

-Entonces… La persona que vi no era Sasuke, era Itachi-san.

-Naruto, tú y Sasuke han sido amigos desde los pañales, ¿No? Entonces deberías saber cómo luce su hermano.

-Él debe haber estado muy confundido en ese momento. –Lo defendió Sakura.

Silencio. Algunos lo usaron para quemar sus cerebros con pensamientos que no llevarían a ningún lado, y otros solo para cerrar los ojos y desocupar sus cabezas por un rato.

A Ino le había resonado el nombre de Konan, lo sentía familiar, como si lo hubiese pronunciado hace poco. Entonces recordó.

-¡Yo la conozco!

Cinco pares de ojos se posaron en ella.

-Ella sale con mi hermano. Es algo mayor para él pero bueno, el amor no tiene edad, ¿No es cierto? Puedo llamarla si quieren.

Sakura le sonrió. –Hazlo.

Entonces la rubia sacó su celular y marcó unos cuantos números. Al cabo de unos minutos y varios insultos por teléfono, Ino anotó las siglas en un papel.

-Mi hermano se llama Pain, ha estado saliendo con ella por unos dos años. Se conocieron porque él es músico y ella tiene algo así como una banda de la secundaria.

-¿Significa que hay más gente de Stockwright?

Ino asintió.

-Fantástico, tenemos a Konan y a más testigos. Eres genial Ino. –Dijo Shikamaru, consiguiendo una ligera sonrisa por parte de la rubia.

-¿Y ahora que haremos? –Interrogó Naruto.

Sasuke habló: -No hay mucho para hacer, solo resta esperar.

Y Sakura se dignó a mirarlo por primera vez luego de que él la dejo sola por la mañana. Se habían estado ignorando todo el día, cosa que ella culpaba en él y en su falta de consideración. Sasuke parecía querer conservar su distancia y ella se sintió el enojo crecer en su ser.

-Voy a ir por un bocadillo.

-Voy contigo.

Y al no tener hambre, dejo que sus amigos se fueran y se quedó sola, con Sasuke.

Pensó en enfrentarlo y preguntarle que le pasaba, pues no entendía por qué la había abandonado. En situaciones normales no le prestaría atención a algo que puede tener una explicación obvia, pero sumando el hecho de que la estaba evadiendo, el único resultado era que Sakura se molestara.

Sin embargo no quiso tragarse el orgullo, aunque no engorda (ella lo sabe mejor que nadie) y sacarse la intriga.

Él ordenó unos cuantos papeles que había juntado en la biblioteca y salió del salón.


-Dime, Karin. ¿Por qué has secuestrado a Sakura-chan?

La pelirroja se volvió a su nueva mejor amiga, Matsuri, rebajándola totalmente con la mirada.

-Es decir, sabes que ella podría demandarte por ello. –Se excusó rápido ésta haciendo una pequeña mueca de disgusto.

-No, no puede. Su padre trabaja con el mío, y está buscándola por algo acerca de una venganza o algo así. Ella nunca debió venir aquí. Solo empeoró las cosas.

-Quizá ya es hora de dejarlo ir…

Karin reprimió un grito de indignación. ¿Cómo puede ser que su mejor amiga la traicionara así?

Ino había elegido su bando desde el momento en que la liberó. Y joder, tendría muchos problemas en la habitación a partir de ahora.

Paró en seco en el medio del pasillo y le dedicó una última y fuerte mirada a través de sus anteojos a Matsuri. La morena la observaba seria.

-Escúchame bien. Sakura Haruno ha llegado solo para arruinarnos. Todo lo que planeé para mi vida aquí va a ser arrebatado. Por ella. –Hace silencio, luego se aparta y sigue caminando, ahora un poco más relajada-. Además, su padre quiere encontrarla. Por lo que podría usar eso para sacarla de aquí.

Y Matsuri frunció el ceño, con sus pequeñas manos formadas en puños que apretaba con fuerza, hasta que sus nudillos quedaron blancos. No le gustaba ser la sombra de Karin, ni mucho menos aguantar y limpiar sus estropicios, pero debe admitir que ser su mano derecha traía beneficios. La odiaba, es cierto. Pero estaba dispuesta a sacrificarse.


-¡Sakura! Tengo buenas noticias.

La pelirrosa dejó su tarea de lado y se volvió hacia Ino.

-Bueno, habla ya.

E intentando disimular su emoción Ino asintió con la cabeza y sonrió ampliamente. -¡Konan decidió venir a hablar contigo personalmente!

Los labios de Sakura se curvaron en una sonrisa. Había dejado de oír sus palabras chillonas. En su lista mental tachó el nombre "testigos" y miró un par de lugares más abajo, leyendo claramente el nombre de su hermano menor.

-Genial. Cada vez más cerca-. Susurró levantándose de su pupitre y corriendo fuera del salón.

-¿A dónde vas? ¡Te dejas tus libros!

-¡Al diablo los libros!- La oyó gritar a lo lejos, e Ino se sintió feliz. Feliz de verdad.

Quizás todo eso no era tan complicado y lograrían resolverlo. Quizás la suerte estaba de su lado. O quizás, la suerte no existía y el libro de la vida estaba escrito de esa manera para fortalecer a Stockwright.

Sus ojos celestes pasearon por el salón, y se enfocaron en el paisaje de las ventanas.

Ese, sin duda, era un colegio muy especial. Y aunque no influyera en el resto del mundo, ella y sus amigos estaban por fin tomando las riendas de su camino y cambiando su destino. No cambiaría el mundo, cambiaría su mundo.


La cabellera de color rosado flameó en el aire mientras su dueña corría por el edificio principal.

Sus compañeros, más que odiarla le tenían respeto. Era gracias a la influencia mortífera de Uchiha y Yamanaka, dos presencias vitales en el instituto, que las personas se habían tomado un momento para analizar la situación y entender la verdad.

Había otros (Karin, y los esos otros), que tenían sus cerebros enfocados en la venganza, en el rencor. Sakura los ignoraba porque a pesar de ser la minoría, solo eran personas.

Personas libres de pensar lo que quieran.

Ya cansada de subir tantas escaleras se recostó contra una pared, sintiendo como su pecho subía y bajaba. Estaba muy alterada. Cerró sus ojos al mismo tiempo que intentaba normalizar su respiración, odiaba que su cuerpo le jugara en contra, odiaba no poder controlarlo.

Y cuando abrió los ojos, los paseó por el desolado pasillo, estos tenían diferentes espacios en las paredes que se hundían al menos un metro, para poner alguna estatua, supone ella. En ese pasillo había dos.

En uno de ellos, alcanzó a ver la tela de la falda escolar y una melena rubia.

Y su corazón se blanqueó.

Impulsivamente avanzó, porque era curiosa y nada se le pasaba.

Se vació de toda emoción, advirtiéndole, diciéndole que no en mil idiomas.

A unos pasos de allí, escucho unas leves risitas y femeninas (hasta llegó a oír un gemido), y el clásico ruido que hacen los labios al juntarse.

Se despejó para recibir el dolor.

Y ahí, en ese mísero rincón, estaba Sasori, apretando con fuerza las nalgas de esa rubia pecosa que besaba tan desesperadamente.

Metida, colada, desubicada.

Su corazón volvió a latir con fuerza, y no era por haber corrido.

Y los ojos lujuriosos de él se entre abrieron y se clavaron hondo en la chica pálida de pelo rosa.

Como diciendole "Mira. Mira bien como me la follo frente a tí"

¿Impotencia? ¿Negligencia?

A lo mejor, nada en absoluto.

No sentía nada. Solo traición.

Sus delgadas piernas se movieron para irse, casi arrastrando los pies en su trayecto, pero sus ojos verdes llenos de emociones se quedaron allí, a ver cada caricia y cada beso que no era para ella. Que era solo y enteramente para esa chica alta, rubia y bonita.


Naruto caminaba nervioso por el campus, resoplando y culpando a Sasuke por haberle dado semejante idea.

"Llama a Hinata, intenta todo desde cero"

Qué fácil sonaba.

Aun así lo hizo, en la hora de biología le escribió en un papel y, al ser terriblemente torpe lanzando avioncitos, lo arrugó en una bola y se la tiró.

Hinata era la chica más tímida que conocía y dudaba de que siquiera apareciera.

Estaba a punto de irse cuando escuchó la chillona voz de un chico, al parecer regañando a alguien.

Se acercó a él, sin percatarse de la situación, y lo observó bien: tenía el cabello rubio atado en una cola de caballo y llevaba puesto el uniforme del instituto, bastante desarreglado.

-Vamos, muñequita. Solo necesito saber dónde encontrar a Haruno Sakura.

-No voy a decírtelo, déjame en paz.

Y Naruto divisó a la pequeña morena que estaba siendo rodeada por un grupo de personas.

-¡Oye! -Se acercó-. Déjala, ella no quiere hablar contigo.

-Por favor-. Alzó los brazos y sonrió zorruno. -Solo estoy haciéndole una pregunta a esta belleza.

Naruto miraba de reojo a Hinata, se notaba que estaba nerviosa y quería salir de allí.

-Búscate a alguien más para conseguir información.

-¿Quién eres, su príncipe azul?

Y sonrió. -Algo así-. Inquirió provocando un sonrojo en las mejillas de la chica.

Y tomó su delicada mano, seguía igual que como la recordaba, cálida y suave, y encajaba perfectamente con la suya.

-Gracias, Naruto-kun…

-No hay de qué. ¿Te hizo algo?

-No, él solo fue persistente.

El rubio asintió, a este punto debería decir algo no-tonto para reconquistar a su Hinata.

Ella parecía perdida en otra dimensión, con la vista puesta en cualquier cosa menos él, y su pálido rostro tintado de un tierno sonrojo rosa. No había soltado su mano.

-¿Te importa si…?

Y entrelazó sus dedos con los de ella.

No quería apretar su mano como solía hacerlo, temía herirla y que ella se fuera de nuevo. La amaba, por Dios.

Sin hablar, caminaron por el patio interno, pegados, unidos por las palmas de sus temblorosas manos. Ella quería sonreír y besarlo. Él solo la quería devuelta.

Quería sus regaños y risas, quería sus miradas tiernas y sus abrazos protectores. Quería su amor.

¿Por qué te fuiste?

-¿Por qué te alejaste de mí? –Le susurró al aire, al vacío, porque si lo gritaba ella iba a escucharlo, y al buscar la explicación iba a recordar, y se iba a ir otra vez.

No te vayas.

-No lo sé.

Ella apretó el agarre en su mano, desesperada por mantenerlo cerca, más cerca.

El tronar de las nubes arriba los sacó de sus pensamientos y fueron iluminados por un relámpago. El sol estaba cubierto por molestas nubes grises que sufrían y necesitaban llorar. Son tan consideradas que nos advierten que nos van a empapar, piensa él.

Pero decide quedarse allí, en el ojo de la tormenta, para mojarse y quizá así poder darle su abrigo a Hinata para que vea cuanto le importa, cuanto se preocupa.

Los copos de nieve descendieron del cielo lentamente, envolviendo el terreno en una danza mágica que helaba todo a su paso.

Olvida todo, le susurran al oído, déjalo ir, le grita su subconsciente.

¿De verdad era tan fácil? El marcar un antes y un después, el trazar una línea y borrar el pasado, el dejar que nuestras mentes divaguen sobre cosas que pasaron pero queremos olvidar.

No es tan grave, solo vuelve a mí.

Él quería que las estatuas se moviesen, que cayera un rayo, que se incendiara el mundo. Él quería salvarla y protegerla de todo daño, porque Hinata es delicada y muy valiosa.

-No me pegues, voy a besarte. –Le advierte, como las nubes.

Y ella no se aparta, como él. Y lo deja porque, ¿Por qué no?


La desolación generalmente hace referencia a sentirse solo y vacío.

Hay una chance de que la desolación sirva para describir un sentimiento entero, lleno y basto, que comienza a llenarte de pies a cabeza, como agua fría que entumece los órganos para que puedas disfrutar del dolor en su punto justo: ardiente y ácido.

-No es amor, Kakashi-sensei.

-No, es atracción, enamoramiento.

Los ojos cristalizados permanecieron en el suelo.

-No te sientas mal, Sakura. Es comprensible que no sepas reconocer tus sentimientos, nadie te ha enseñado.

-Tenía entendido que es algo que se aprende con el tiempo, y a solas. –Estaba un poco a la defensiva.

-Lo es, pero en tu caso no has tenido oportunidad de establecer ningún vínculo con nadie.

-Sí lo he hecho. –Dijo despacio y levantó la vista-. Con mi hermano, Takeru.

Kakashi asintió y apoyó su cabeza en sus manos entrelazadas. -¿Quieres hablar de él?

Ella esperó dudosa. –Ha desaparecido, pero mi madre sabe donde está. Es complicado y…

-No. –La cortó-. Me refiero a, cuéntame de él, y de tus sentimientos.

Sakura pareció analizar la pregunta, se limpió los rastros de lágrimas del rostro y empezó: -Estoy feliz cuando estoy con él. A veces me enfada, pero luego lo olvido y vuelvo a caer. Sé que daría la vida por él. Y lo extraño.

-Eso es amor, Sakura. No del tipo común, el amor que le tienes a tu familia no es el mismo que algún día tendrás por tu pareja. Este es más fuerte que nada.

La luz de las velas que los iluminaban se atenuó. (A Kakashi no le gusta desperdiciar energía).

-Sasori es un niño caprichoso, no te dejes manipular por él. Y ve a descansar, Konan vendrá mañana.

Sakura asintió y se levantó de su asiento. –Gracias-. Dijo antes de desaparecer por la puerta.

No alcanzó a dar ni siquiera tres pasos en paz, ya que el chico de pelos rojos estaba recostado contra la pared de enfrente, con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa de lado marcando sus labios, labios que habían besado a otra.

Ella le miró profundamente con imponentes ojos jades y se marchó por el pasillo, contorneando sus caderas y disfrutando del leve movimiento de su falda al caminar.

Con Sakura Haruno nadie se mete.

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Un gracias inmenso a todos los que me están apoyando con la historia, sus comentarios son de gran ayuda y motivación.

Los amo,

Ocean Dust.