Capítulo 9: Un supuesto plan de Snape
-¿Acaso te volviste loco Malfoy?... Si alguien te hubiese visto creería que sigues siendo un mortífago y esta vez si que no te salvarías de ir a Azkaban- Le reprochaba Snape a Draco en su oficina ubicada en las mazmorras -¿Qué pretendías vestido así y de noche por los pasillos del castillo? Yo confío en ti, sé que estas arrepentido de haber trabajado para el señor oscuro, por lo que le ocurrió con tu madre, pero quiero que me expliques ¿Qué estabas haciendo?- Snape se estaba comportando como un padre para el chico y esto a Draco le incomodaba un poco, aparte de extrañarle... tal vez Snape aún sentía que tenía algo de responsabilidad con él, debido al juramento que le hizo a su madre, quizás una vez que esta murió, él sintió que debía cuidar de Draco, como ella se lo hubiese pedido.
-
Profesor, yo... solo quería... ir... al baño de
prefectos (atinó a decir) pero no quería ser
descubierto, aunque no lo logré pero al menos fue usted y no
otra persona, se que quizás fui un poco irresponsable, pero es
que me gusta tanto ese lugar... sobretodo para poder pensar
tranquilo... Snape miró a Draco con una expresión que
delataba evidentemente que no le creía, pero desistió
de su interrogatorio pues presentía que no iba a poder sacarle
mucha información al chico, aunque le preocupaba en demasía
que este siguiera en malos pasos, fijó su mirada en él
y le dijo:
-
Malfoy, tengo que castigarte como tu profesor, pues tú no
puedes darte el lujo de pasearte a estas horas por el colegio, así
que desde mañana tendrás que estar bajo la vigilancia
de Potter- Draco se puso más blanco de lo que era común
mente y sintió como si el piso se tambaleara bajo sus pies.
–
¿¿Potter?... ¿¿Potter profesor? pero
¿Por qué? Si yo no estaba haciendo nada malo –
-
Espero que no Malfoy, pero ese es tu castigo y no puedes reclamar –
Snape se puso tan, pero tan serio que Draco no tuvo más que
agachar la cabeza y aceptar, antes le hubiese amenazado diciéndole
que su padre haría algo para impedirlo, pero ahora... ahora no
tenía a nadie que lo defendiera... tenía que aprender a
valérselas por si solo.
-Esta
bien señor – Le respondió, totalmente apesadumbrado y
lleno de rabia por dentro.
-
Puedes retirarte, mañana hablaré con Potter para que
todo el próximo mes estudien en la biblioteca por las tardes y
luego él te lleve a tu sala común – A Snape jamás
le agradó Harry, pero si Draco estaba enredado con las fuerzas
de mal nuevamente, el hijo de su peor enemigo, sería una buena
sirena de alarma.
Draco casi había olvidado su episodio con Hermione, ahora que tenía aquel asqueroso castigo a cuestas, caminaba en dirección a las mazmorras, llevando la negra capa en la mano cuando cruzó sin darse cuenta el pasillo oscuro en donde aún permanecía Hermione agazapada esperando a que su encapuchado fuese descubierto.
-¡Malfoy!-
Gritó asombradísima.
-¿Qué
haces ahí Granger? ¿Es muy tarde no crees, algún
profesor podría descubrirte-
-Malfoy
eres tú, yo lo sé, no había nadie más
dando vueltas por el castillo, además esa... esa... –
Hermione se lanzó sobre la capa y se la arrebató, la
olió y lo supo... definitivamente era Draco Malfoy el
encapuchado que la tenía fuera de sí, cometiendo
estupideces. Draco se había paralizado, ¿cómo
podría negarlo?..
–
Ah Granger, debes preguntar por esta capa, pues yo iba caminado y vi
a alguien que caminaba con este trapo puesto, se lo quité por
las espaldas pero no pude alcanzar a ver quien era, pues huyó
demasiado rápido... ¿Por qué te pones así,
acaso lo conoces? ¿Sabes quién es? -
-
No Malfoy no lo sé y no te preocupes, llévate esa capa,
yo me tengo que ir a dormir - Ella pasó tan cerca del muchacho
tratando de notar si su aroma era el mismo de la capa y su idea se
comprobó... era Malfoy, no había lugar a dudas.
Hermione llegó a su cama consternada y sumida en sus pensamientos, ¿Era Draco tan malo? Por que ella recordaba al débil chico que había visto algunas noches atrás en el lago llorando como un niño pequeño... ¿Y por qué hacía esas cosas con ella? ¿Acaso podía ella gustarle?... La vio casi desnuda en el baño de prefectos y no la había molestado por ello... Hermione recordó la expresión en el rostro de Malfoy... estaba sonrojado al máximo y quizás más nervioso que ella misma... capturó ese pensamiento en su mente para volverlo sueño, cerró los ojos y se quedó dormida con una sonrisa pícara en el rostro.
Al
día siguiente Snape mandó a llamar a Harry para
comunicarle la orden que tenía para él.
Entre
las lúgubres mazmorras Harry se sentía desconcertado
¿Para qué podría necesitarlo Snape? ¿Qué
podría querer de él?... Fue entonces cuando tocó
la puerta del despacho del profesor de pociones y al escuchar la voz
de su propietario dándole permiso para ingresar, entró.
-
Aquí estoy ¿qué es lo que quiere de mí? –
Le dijo mirándolo ceñudo y muy descortésmente,
lo que hacia parecer a aquella pregunta, más un desafío
que otra cosa.
-
Nada muy difícil de hacer Potter, simplemente tienes que
vigilar a Malfoy durante las noches y a lo largo de un mes mas o
menos -
-
¿Qué? - Harry aparentó no haber entendido, pero
la orden era clara. - Profesor Draco Malfoy fue un mortífago y
para mí un aliado de Voldemort nunca deja de serlo - Harry
miraba a Snape con los ojos llenos de furia y rencor, ya que él
había matado a Dumbledore por órdenes del señor
oscuro y que ahora prácticamente lo estaba poniendo en las
manos de Draco para qué él mismo fuese la segunda
víctima.
-
Eres un insolente Potter, pero a mi no me importa lo que pienses o
dejes de pensar, lo que yo te estoy encargando a hacer es una orden y
la vas a cumplir te guste o no, es más, si no te gusta, para
mi mucho mejor - Decía Snape con una sonrisa triunfante. -
Ahora vete, que tu presencia me molesta demasiado como para
soportarla gratuitamente. Harry salió hecho una furia y cerró
de un portazo la rústica puerta del despacho, caminaba con
pasos pesados, como queriendo descargar su ira contra el suelo. -
Esto no se va a quedar así, yo sé quién puede
ayudarme - El muchacho de los ojos verdes se dirigió con pasos
seguros al despacho de la profesora McGonagall, dispuesto a contarle
lo que él creía pretendían Malfoy y su profesor.
Cuando llegó a la oficina de la jefa de Gryffindor, se percató
de que Hermione estaba conversando con ella.
-
Potter, ¿qué necesitas? Entra por favor- le dijo la
profesora amablemente. Harry no sabía si hablar enfrente de su
amiga o no, pero como de tos modos se enteraría, decidió
hacerlo.
-
Profesora, Sna... "el profesor Snape" me dio una orden muy
extraña y sospechosa, creo que usted debe estar enterada y
tratar de hacer algo antes de que esos dos se salgan con las suyas y
que alguien más se una a Dumbledore.
-¿¿Pero
qué dices Potter, ¿¿De quiénes dos
hablas?- Exclamó la profesora alarmada ante las palabras del
chico.
-Lo
que pasa es que el profesor Snape quiere que yo cuide a Malfoy por
las noches -
-
¿Y por qué te pidió eso? -
-Es
obvio, me quieren entregar a Voldemort -
-
Pero Potter, esa es una acusación muy grave -
-Profesora-
Interrumpió Hermione -Si me permite dar mi opinión, por
que Harry es mi amigo y me preocupa lo que pueda pasarle, creo que su
temor no es infundado, sabemos los antecedentes de ellos dos y la
verdad que es sospechoso eso de cuidar a Malfoy- Hermione sabía
muy bien porqué Snape había castigado de esa forma al
rubio de Slytherin. –Creo que si usted lo permite, yo podría
reemplazar a Harry en el supuesto castigo, si no se trata de nada
más allá de lo que supone ser, el profesor Snape no
tendrá problemas, pero si ocurre lo contrario, sabremos si
Harry está en peligro y podremos prepararnos-
-
No me parece mala idea señorita Granger, efectivamente el
profesor no tendría por qué negarse, no te preocupes
Potter, yo hablaré con él- Dicho esto los dos amigos se
fueron rumbo al gran comedor para almorzar.
-Hemione,
¿acaso te volviste loca?- le reprochaba Harry a su amiga.
-No
Harry, pero esta es una excelente manera de probar a Snape y a
Malfoy... de comprobar si aún siguen siendo seguidores de
Voldemort.
-Esta
bien, pero debes cuidarte mucho, Malfoy no es cualquier cosa-
-Jajajaja
¿tú crees que no podré cuidar al huroncito
botador Harry?
-Jajaja,
bien Hermione, pero prométeme que lo harás sufrir-
-No
hace falta ni que me lo digas... -
La chica en realidad estaba muy contenta y a la vez ansiosa de poder tener una instancia en donde Draco no podría escapar de ella... para que reconociera que él era en encapuchado... Hermione recordaba sus besos, comenzaba a perderle el rechazo al platinado chico, ahora lo veía con otros ojos, para ella Draco se volvía cada vez más humano, era débil y hacía tonterías como todos, pero eso si... besaba como Hermione jamás pudo imaginar que ninguno pudiese hacerlo.
Llegó
la noche en el castillo y en la biblioteca Draco esperaba a su
celador echando humo por las narices de la rabia, estaba sentado en
una silla con los brazos apoyados en la mesa y la cabeza metída
en ellos, cuando de pronto sintió una voz que le parecía
bastante conocida pero a la vez inesperada.
-
¿Qué tal Malfoy?-
