Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, yo sólo los cambié un poquito :P


Sólo con un beso

Chapter 9


De pronto, mientras miraba pensativamente por la ventana, Isabella miró a una pequeña y menuda figura que caminaba por la orilla de la playa, mientras que con su pie lanzaba algo con furia. Se sorprendió al darse cuenta que era Alice, y es que nunca había visto a su amiga con esa postura de derrota, siempre era mucho más alegre y cuando caminaba por la orilla del mar, tenía una mirada pacífica. Se asustó. Mucho. Se asustó por la salud mental de su amiga. ¿Algo iba mal con Jasper? Suponía que no podía ser, de ninguna manera; ellos, definitivamente eran cien por ciento compatibles y nunca tendrían alguna pelea que dejara a Alice con ese ánimo. Salió de la casa casi corriendo, ya que con los tacones que llevaba no pudo lograr su cometido: correr con todas las prisas para ver a su mejor amiga.

Cuando llegó, le pasó un brazo por sus hombros y la abrazó contra su costado, tratando de reconfortarla aunque fuera con ese simple gesto amistoso. Alice sonrió levemente y apoyó su pequeña cabeza en el hombro de Bella, la cual comenzó a acariciarle la espalda en círculos.

– ¿Qué ocurre, pequeña Alice? – preguntó Bella, mirándola de reojo.

Alice dejó escapar un suspiro de abatimiento de sus labios.

– Lo de siempre… Me peleé con Edward. De nuevo – bufó.

– ¿Qué te hizo esta vez el diabólico de tu hermano mayor? – preguntó con tono divertido.

Alice se rió suave.

– No confió en mí… – se le quebró la voz, lo que hizo que Bella reaccionara al instante, la volteara y la abrazaba con fuerza –. Es que en serio no logro comprender por qué es tan imbécil – dijo mientras unos sollozos se le escapaban de su pecho. Bella comenzó a acariciarle ese cabello cortito de color azabache que sólo Alice Cullen podía tener.

– ¿Por qué? – preguntó, al mismo tiempo que la soltaba y se sentaban en la arena.

– Pues porque no ha confiado en mí… siendo que le dije, ¡le prometí!, que no diría nada hasta que él lo hiciera – se secó unas cuantas lágrimas de su mejilla con el dorso de su mano.

– ¿Qué es tan importante para que no quiera que nadie se entere?

– Oh, no es que todos – recalcó la palabra con rabia – se enteren, sino sólo una persona, a la cual por derecho debió haberle dicho de las primeras. – Lanzó un grito desesperado mientras miraba al cielo. A veces su hermano lo llevaba a gritar de la exasperación, cuando ella nunca era así, sino que era muy pacífica al encontrarse frente a un problema. Momentos después, logró parar sus lágrimas.

Bella la miró extrañada. ¿Dónde había quedado su amiga pacífica y tranquila, que al frente de un problema se comportaba de la manera más civilizada? Nunca había visto así a Alice, era cierto que Edward la lograba sacar de quicio alguna veces, pero siempre se quedaba callada y no opinaba nada hasta que estaba sola y, recién en ese momento, comenzaba a vociferar en contra de las personas o, simplemente se quedaba callada pensando en lo que había ocurrido y, luego de unos pocos minutos, se lograba tranquilizar y volvía esa personalidad hiperactiva y alegre. Esta vez sí que Edward se había pasado de la raya, ¿cómo era posible que haya dejado a Alice en ese estado?

– ¿Alice?

– ¿Sí? – se volteó hacia a Bella, con su mirada en llamas sólo por la rabia contenida que tenía, aunque trataba de cambiarla, no podía.

– ¿Qué es eso que Edward quiere guardar en secreto por ese "alguien"? – hizo comillas en el aire con sus manos.

– Pues es que… – se cortó de inmediato, ya que se dio cuenta que con la persona que estaba hablando, era justamente a la que no le debía contar que Edward se iba a Londres.

"Brillante, Alice, simplemente eres brillante." Se reprendió a sí misma. "Acabas de abrir la cajita de curiosidad de Isabella Marie Swan"

– Pues es que… – Bella repitió su media frase con el objetivo de que siguiera relatando lo que quería saber.

"Perfecto. Ahora si te has metido en un problemón, Alice." Gruño internamente. "¡A ver cómo sales de ésta!"

– Pues es que… mi mamá. Tú sabes…

– No, no sé… Dime de una vez por todas, Alice. ¿O es que acaso esa persona soy yo?

– No, para nada – mintió rápidamente –. Realmente se trata de mi madre.

– ¿Qué ocurre con ella?

– Pues… que… Edward no quiere que se entere que… ¡que Tanya lo engaño! – soltó rápidamente, cuando se le vino esa idea brillante a la cabeza.

"Eres brillante, Alice Cullen." Se alabó internamente.

– ¡Oh! Sí, la verdad es que ese es un tema complicado. Pero es algo estúpido que no le quiera contar, ¿no crees? Ni siquiera era su novia para haberlo "engañado" – hizo comillas en el aire – realmente.

– Exacto… Pero le di mi palabra y le prometí que no se lo diría, porque él esperaría el "momento indicado" – hizo comillas en el aire, mientras hacía una pobre imitación de la voz de su hermano mayor.

– Pero no lo comprendo… ¿Por qué no le quiere decir si Esme nunca la conoció o algo por el estilo?

"¡Maldita curiosidad de Bella Swan!" Gritó internamente Alice. "Sale de ésta rápido, porque si no, te meterás en serios problemas"

– Su ego quedaría destrozado frente a nuestra madre… – respondió Alice, lentamente, como si estuviera midiendo cada palabra que decía.

– Sí… tal vez – hizo una pausa y luego preguntó –: ¿Estás mejor?

– Sí – le sonrió tímidamente e, inmediatamente, se le ocurrió una buenísima idea para ayudar con el plan que tenían llevando a cabo toda la última semana –. Pero estaría mejor si fuera a un pub y tú me acompañases – dijo inocentemente –. De verdad me hace falta una buena celebración de que pasamos nuestro primer año de universidad.

– Podríamos ir con todos los chicos.

– Sí, ¡perfecto! – una sonrisa genuina se instaló en su rostro –. Iré a decirles a los chicos. – Con eso dicho, Alice se fue corriendo dentro de la casa, dejando a Bella sentada en medio de la playa con una sonrisa de pura diversión.

Le extrañaba el hecho de que Edward no quisiera decirle una pequeñez, como la que Tanya lo había "engañado", a Esme, cuando toda la vida, él le contaba todo a su madre, sin omitir detalles. Edward no era de ocultarle cosas a su madre y, además, unas horas atrás, cuando Bella se enteró de que Tanya había engatusado a otro hombre, Edward no parecía con el ego destrozado, incluso él mismo le informó que no le interesaba, ya que Tanya no era nada de él. Sabía que ahí había gato encerrado. Alice estaba mintiendo, eso era seguro. A Edward no le interesaba que Tanya estuviera con otro hombre y el hecho de que quedara con el ego destrozado en frente de su madre, tampoco debería de importarle mucho, era improbable.

Se levantó de su lugar, decidida a ver a Esme y salir de toda duda. Quería saber si ella se había enterado o no de que Tanya, la que Edward quería como novia, tenía ya a otro hombre entre sus garras.

Llegó al lado de Esme unos minutos después y, como era de esperarse, estaba en la cocina preparando el almuerzo.

– Hola, Esme – saludó Bella, una vez que estuvo a su lado.

– Hola, cielo – sonrió.

– Quería preguntarte algo… – anunció, mientras veía fijamente los movimientos que Esme hacía en una olla y los guardaba en su cabeza, para posteriormente ver si había aprendido algo sobre cocina.

– Dime, cariño – dejó de lado lo que estaba haciendo y se volteó a verla fijamente.

Bella se lo pensó un momento. ¿Qué pasaba si realmente Alice no mentía y Edward, simplemente no quería contarle a su madre? ¿Iba a contar algo que su mejor amigo no quería que le contasen a Esme? Pero nunca le dijo a ella que se quedara en silencio, entonces ¿por qué iba a guardar silencio, cuando no le advirtieron nada? Necesitaba salir de la duda, por lo que estuvo muy segura en preguntarle, pero prefirió de hacerlo de una forma más sutil.

– ¿Edward te ha contado algo sobre Tanya?

Esme frunció el ceño, extrañada.

– Tanya es la chica que no te gusta para Edward, ¿cierto? – Bella asintió –. Ed me dijo que esa chica se acostó con otro hombre, por lo que ya no estaba interesado en ella. ¿Por qué la pregunta, cariño? – le preguntó, confundida.

– ¿Cuándo es que te lo dijo? – le respondió con otra pregunta.

– Ésta mañana, en el desayuno.

Bella frunció el ceño.

Entonces era cierto que Alice mentía, pero ¿por qué?

Ahora que sabía que Esme no tenía nada que ver en la discusión entre Edward y Alice, tenía muchas dudas. ¿Quién era la persona a la que no le querían contar ese secreto de Edward? Y lo más importante: ¿Qué era ese secreto de Edward? ¿Ella lo sabía o, simplemente lo ignoraba? ¿Acaso era ella la que no debería enterarse?

– Cielo, ¿qué ocurre?

Bella negó con la cabeza.

– Nada, Esme – le sonrió y tomó una mano, para que le creyera.

– Te creeré esta vez, Bella, pero déjame decirte que eres una pésima mentirosa – una sonrisa divertida se instaló en sus labios. Bella se rió.

– No es nada de lo que te tengas que preocupar, Esme – le sonrió.

– Entiendo, querida. ¿Me ayudas con la mesa?

– Claro, Esme.

.

.

.

El chico de cabellos cobrizos dio un respiro hondo, para infundirse valor y puso, finalmente un pie en la casa de sus padres. Las últimas horas, luego del almuerzo, había ido al centro comercial para comprar algo lindo para su hermana, ya que quería tener un apoyo para su disculpa. Encontró unos elegantes tacones que, según la vendedora – la cual le había coqueteado descaradamente –, eran de la última colección de un diseñador famosísimo con un apellido bastante extravagante y extraño.

Buscó a Alice por toda la casa y, finalmente la encontró en la terraza del patio trasero, sentada con Jasper en una reposadera.

– ¿Alice? – llamó el chico de ojos verde esmeralda.

Alice se volteó en el regazo de su novio y, cuando vio que se trataba de su hermano, bufó y se dio la vuelta, nuevamente.

– Vete de aquí, Edward – dijo con un tono molesto, ya que todavía se encontraba furiosa con él. ¿Es que, cómo es posible que mantenga en secreto que se iría a Londres a Bella?

– Déjame hablar contigo, Allie, por favor – suplicó un poco.

Alice suspiró fuerte, se levantó de su asiento y miró fijamente a su hermano. Luego, Jasper se levantó y tomó la mano de Alice, dándole apoyo, ya que había visto a su novia bastante afectada con la última pelea que había tenido con Edward.

– Está bien. Di lo que tengas que decir.

– Perdón, Allie. De veras lo siento. Por no creer en ti, por no hacerte caso en que Tanya era una arpía – se rió entre dientes, haciendo que Alice esbozara una pequeña sonrisa –, por ser un imbécil y comportarme tan mal contigo… Sólo quiero que todo vuelva a la normalidad, hermanita. Que no peleemos por estupideces, que ya no tengas esa expresión triste en tu rostro, que es tan expresivo – le sonrió ampliamente –. Lo siento, en serio, Alice.

A Alice le brillaron los ojitos al escuchar las palabras de su hermano e, inmediatamente lo fue a abrazar con todas sus fuerzas.

– Claro que te perdono, Ed. Te quiero mucho – dijo cuando se soltó de sus brazos y levantó la mirada para dedicarle la sonrisa más grande que Edward había visto en su hermana.

– Yo también te quiero, enana – dijo, mientras le desordenaba el cabello a Alice.

– ¡Edward! – alegó y luego se echó a reír –. ¡Pero…! – exclamó, mientras lo apuntaba con el dedo –. Tendrás que contarle a Bella pronto sobre lo de Londres – lo miró seriamente –. Ya tuve bastante estrés por no saber cómo zafarme de que Bells se enterara… Sabes que cuando la cajita de curiosidad de Bella Swan se abre, nadie la para – se carcajeó.

– ¿Qué ocurrió? – preguntó, para evitar el tema de tener que contarle a Bella sobre Londres.

– Pues, cuando me vio enojada por la pelea que tuvimos en la mañana, Bella empezó a preguntar y yo le contestaba, pero luego preguntó qué era eso que querías ocultar y cuando le iba a contestar de que no querías que ella supiera que te ibas a Londres, me di cuenta que era con ella con quien estaba hablando y dejé la frase a la mitad… No te preocupes porque no se me salió nada de lo que pueda sospechar. Pero lo único que se me ocurrió fue decirle que no querías que nuestra madre supiera que Tanya te había "engañado". Creo que se la creyó.

– Eso espero… – frunció un poco el ceño, pero luego deshizo rápidamente esa arruguita entre sus cejas, recordando que le tenía un regalo a Alice. Sonrió y le estiró la bolsa de regalo color turquesa –. Toma.

– ¿Y eso por…? – dejó la frase en el aire.

– Lo siento…, de nuevo – se rió entre dientes –. Tómalo como una ofrenda de paz – le sonrió ampliamente.

Alice tomó la bolsa con una sonrisa en el rostro y la abrió lentamente, para encontrarse con una caja de zapatos. Sacó la caja, dejando la bosa en la reposadera que había estado sentada momentos antes. Cuando tuvo la caja entre sus manos, se sentó lentamente, reconociendo el nombre del diseñador que recitaba elegantemente en la caja. Sacó la tapa y, cuando miró el contenido, jadeó audiblemente y, segundos después, estaba gritando de emoción, mientras daba pequeños saltitos en su puesto.

– ¡Oh, por Dios! ¡Gracias, Edward, gracias! – Se levantó de su asiento, dejando los zapatos a un lado y fue a abrazar a su hermano con todas las fuerzas que tenía.

– De nada, enana. Espero que te gusten – se rió entre dientes.

– ¡¿Estas bromeando?! Claro que me gustan… muchísimo.

– Qué bien – le sonrió –. Entonces, espero que te queden.

– Esos zapatos me van a quedar sí o sí, Edward – le dijo seriamente. El cobrizo se rió en respuesta.

Alice se lanzó a los brazos de Edward nuevamente, sonriendo de la emoción.


Hi, everyone! Cómo están, chicas? Espero que bien n_n Como ven, aquí ando de nuevo :3 antes de que se me acabaran mis maravillosas vacaciones! D: Pero bueh... Gracias por todos esos reviews lindos que me decian que no dejara la historia :D De veras que me ayudaron muchito ^^

Si alguna quiere ver los tacones que Ed le dio a Allie, dejaré el link en mi perfil ;) Son hermosos :o Por lo menos a mi me gustaron n.n Sé que el cap está bastante corto... pero quería dejar la escena del pub para un capítulo entero :D En el próximo veremos a Edward "Celos" Cullen! xD

Espero con ansias sus reviews! Las quiero :)

Saludos desde Chile ;)

...Lizzie...