El sol comenzaba a ocultarse, el cielo se teñía de un anaranjado cálido, el viento dejo de soplar, se respiraba tranquilidad. Cerca del lago, se podía observar a un joven alto, que se encontraba dando vueltas, parecía nervioso; no sabía si ella lo aceptaría, aunque estaba seguro de que si, no tenía por qué dudar; pero en algunas ocasiones, la mente te juega malas bromas. Dejo de caminar cuando escucho unos pasos acercarse. Él no se volvió, ya sabía quién era. Respiro profundo, apretó con su mano la cajita que descansaba en su bolsillo, se armó de valor y se giró.
Quedo simplemente impactado con lo que veía, Doroti portaba un vestido color crema primaveral, su cabello estaba recogido en un moño, adornado por un broche que él le habia regalado en su cumpleaños, sus zapatos combinaban con su vestido y tenía un ligero rubor en sus mejillas. Con una clara sonrisa se acercó a él.
Él seguía paralizado en su lugar, los nervios que antes tuvo, ahora se presentaban con mayor intensidad y una preguntita volvió a rondar por su cabeza. Y si le respondía que no? NO, eso no tenía por qué asustarlo, él estaba seguro de que no sería de esa forma. Cuando logro calmarse, se acercó lentamente a ella, y fue recibido por un beso.
-Y bien? Ya estoy aquí como me lo pediste- le dijo Doroti, al ver que él no hacia ni el más mínimo esfuerzo por moverse.
Nuevamente se quedó de piedra, estaba allí, delante suyo, preguntando la razón de la cita, y él no sabía cómo comenzar, simplemente patético, se decía mentalmente.
-Eh... Bien, bueno… - se trababa con sus propias palabras
-Eh… - la cara de Doroti, era suficiente para saber que no entendía nada.
Se dijo basta, era el momento que estaba esperando y no podía comportarse como un cobarde, sus ojos mostraron determinación.
-Doroti, la primera vez que te vi, me sentí embobado por tu belleza, eras la chica más hermosa que había visto en mi vida. La primera vez que hablamos, yo no sabía muy bien que decir, así que termine por preguntarte una estupidez; pensé que te burlarías de mí, pero en vez de eso, simplemente me sonreíste y me respondiste con amabilidad, en ese momento supe que estaba enamorado de ti.
Los ojos de Doroti, se abrieron con sorpresa, pues nunca le había contado como se sentía la primera vez que se conocieron. Así que, quiso decirle algo pero…
-No, por favor déjame terminar- le pidió amablemente al ver que ella iba a decir algo. Doroti se sorprendió por el modo en que dijo sus palabras, así que opto por no decir nada.
-Bien, cuando te pedí que saliéramos, tú no me rechazaste, así que supuse que tenía una oportunidad, cuando te pedí que fueras mi novia, tú me sorprendiste respondiendo que ya me había tardado.
Una sonrisa se formó en el rostro de la joven, al recordar su atrevimiento de ese día.
-Ese día me hiciste el hombre más feliz del mundo. Después de nuestros 3 años de relación, me di cuenta de que sin ti, Doroti, mi vida no tendría sentido, me sentiría vacío, porque la mujer a la que amo no se encontraría a mi lado. Así que Doroti Barriet…- Doroti vio con sorpresa y con unas cuantas lagrimas que el hombre delante de ella, se encontraba arrodillado y sacaba de su bolsillo una cajita negra.
La cajita contenía una sencilla pero hermosa sortija, que anunciaba un nuevo comienzo…
-…te gustaría casarte conmigo?- terminó de decir Eriol, arrodillado y con las esperanzas puestas en esa frase.
Ahora era el turno de Doroti, se encontraba de piedra, con los nervios a flor de piel. Las lágrimas rebeldes caían libremente por sus mejillas sonrosadas. La expectación paso a segundo término, cuando asimilo la pregunta, de repente se encontraba temblando.
En los ojos de Eriol se encontraban mezcladas todas las emociones y su nerviosismo aumento cuando vio que ella empezó a llorar y a temblar.
-Sí…- Eriol se sorprendió, no lo podía creer.
-Digo que sí. Sí! Sí! Sí!- y con esos gritos se abalanzo sobre él, llorando de felicidad.
No le dio tiempo de reaccionar, cuando se dio cuenta ya se encontraba en el suelo con Doroti encima y llorando.
-Sí quiero ser tu esposa, te amo Eriol, te amo, te amo…-
No habia palabras para describir la alegría que sentía Eriol en ese momento, le habia dicho que sí, y todavía no se lo podía creer; atino a abrazarla fuertemente, habia encontrado a la indicada y no la dejaría ir.
-Yo también te amo, te amo, te amo! …- respondió en la misma intensidad que ella.
Se separaron y él le coloco el anillo a ella, se acercaron lentamente para sellar la promesa de un futuro juntos…
/*/*/*/*
No muy lejos de esa escena en el lago, en una habitación de aquella mansión, se encontraban dos personas ideando un plan, un plan que solo beneficiaría a ellos y causaría dolor y tristeza a las personas que los rodeaban.
Lo prometido es deuda, estoy de vuelta mis queridos lectores (a). Sé que tarde mucho tiempo, pero prometí que terminaría esta historia y lo cumpliré; de momento espero que hayan disfrutado este capítulo, nos vemos pronto.
Saludos
S.A.
