Capítulo 9
Aclaraciones: Inuyasha y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 9
El tiempo había pasado para Rin con total tranquilidad, ya estaba en su noveno mes de gestación, y ansiaba dar a luz para poder conocer a su bebé, al causante de su mayor felicidad. Todos la trataban con cariño, y la llenaban de atenciones, en especial Kohaku, su amigo, ahora novio, la cubría de mimos, cuidados y amor. Si bien era cierto que ella aún estaba profundamente enamorada de Sesshomaru y sabía que nunca lo iba a poder olvidar, Kohaku ocupaba un lugar muy importante en su vida. Recordaba claramente sus palabras el día que le había pedido ser su novia —"No quiero remplazar el lugar que Sesshomaru tiene en tu corazón, quiero que me des un nuevo lugar, y me permitas hacerte feliz" — Había llorado como una tonta tras escuchar esas palabras, no sabía si era por lo sensible que estaba a causa del embarazo, o porque por primera vez alguien mostraba un interés tan genuino por su persona. Se removió incómoda en el futón, su espalda dolía horrores, y ni hablar de sus piernas que aparte del dolor estaban muy hinchadas. Suspiró con cansancio — Todo sea por ti bebé — Acarició su abultado vientre y sonrió.
— Rin, ¿Ya estás despierta? — La cabeza cubierta de canas de la anciana, se asomó por la puerta de la habitación de la joven.
— Sí señora kaede — Le regaló una sonrisa.
— Ven a desayunar.
— Enseguida voy — Contestó con voz risueña. Pero ese "enseguida" le tomó casi cinco minutos, en lo que lograba levantarse del futón y caminar hasta la sala. Comieron muy animadas, entre risas y charlas — Gracias por los alimentos — Dijo Rin.
— Buenos días — Kagome entró a la cabaña con una enorme sonrisa.
— Buenos días señora Kagome — Rin se levantó, pero al momento de hacerlo, sintió un líquido descender por sus piernas, horrorizada miró al piso.
— Riiin — Exclamó la miko en un casi grito — Acabas de romper fuente, ya va a nacer tu bebé.
La menor la miró con sorpresa y terror pintadas en su rostro, se puso tan pálida, que Kagome corrió a su lado para sujetarla, temiendo que se desplomara en cualquier momento.
Inuyasha entró como un tornado, casi llevándose a la anciana sacerdotisa a su paso — ¿QUÉ SUCEDE KAGOME? — Miró preocupado a su mujer, por el reciente grito que había proferido.
Las tres mujeres lo miraron descolocadas, pero la joven sacerdotisa fue la primera en recobrar la compostura — Inuyasha, ya va a nacer el bebé de Rin.
El hanyou ensanchó los ojos por la sorpresa — Oh no — Pensó. Lo que tendrían que sufrir sus sensibles oídos las siguientes horas. Sabía de primera mano lo mucho que las mujeres gritaban en esa situación.
— INUYASHA — Su mujer estaba frente a él agitando las manos frente a su rostro para llamar su atención, y lo fulminaba con la mirada.
— ¿Eh? — Preguntó saliendo de sus pensamientos.
La sacerdotisa emitió un bufido — Te estoy diciendo que vayas con Sango, y le pidas que venga.
— Sí, ya voy — Casi gruñó las palabras. Se detuvo en la puerta y miró a su mujer por encima del hombro — Oye ¿No crees que debo avisarle a Kisho?
Kagome lo pensó unos segundos sopesando la pregunta — Creo que debes avisarle cuando nazca el cachorro.
El hanyou asintió, y salió rápidamente en busca de la exterminadora.
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Rin había sido ayudada por la anciana Kaede y se encontraba acostada en el futón. Las contracciones aún no eran muy fuertes, pero sabía que poco a poco irían incrementando. Kagome y la anciana Kaede se lo habían explicado y presenció varios partos, en los que sirvió de ayudante a la sacerdotisa mayor.
— Todo estará bien Rin — Le aseguró Kagome, mientras sostenía su mano y retiraba el flequillo que la más joven tenía pegado en su frente a causa del sudor — Pronto conoceremos a tu bebé, seguro será hermoso — Sonrió.
La menor solo atinó a asentir. Estaba realmente asustada, y aunque se odiara internamente, deseaba con todas sus fuerzas que Sesshomaru estuviese allí, sosteniendo su mano, como lo hacía su amiga en ese momento.
— ¿Cómo está Rin? — Sango entró en la habitación un poco agitada. Inuyasha había ido a buscarla a su casa y llegó casi corriendo a la cabaña de la anciana.
— Está bien, hace poco comenzaron las contracciones — Kagome la tranquilizó con una sonrisa, a lo cual su amiga asintió.
— Voy a buscar todo lo necesario para el parto — Avisó Kaede.
— Yo la acompaño — Se ofreció Kagome. Y ambas salieron dejando a Rin y Sango solas.
— Tranquila Rin, verás que todo esto pasará pronto, la mejor recompensa es ver la carita de tu hijo cuando nace, te aseguro que todo el sufrimiento valdrá la pena — Sonrió — Por cierto Kohaku está afuera, se muere de los nervios — Rió — Inuyasha casi tuvo que amarrarlo para que no entrara a verte.
Rin sonrió imaginando la escena, sabía que Inuyasha era capaz de noquear a Kohaku con tal de que se quedara quieto, y no la molestara — Le agradezco tanto que… este aquí, y se preocupe por mí — Una contracción le hizo apretar los dientes, y aferrarse con fuerza al futón.
— No hables, guarda tus fuerzas para el momento del parto — Le acarició la cabeza.
— Aquí traemos todo lo necesario — Kagome dejó dos recipientes con agua y Kaede traía varias sábanas. Ambas se colocaron cerca de la joven, quien estaba perlada por el sudor y una mueca de dolor se dibujaba en su rostro.
— Aaaahhhhh — Otro grito de dolor sobresaltó a los tres hombres que se encontraban en la sala.
— Pobre Rin, debe estar sufriendo mucho — Se lamentó Kohaku, mientras apretaba los puños y se paseaba nerviosamente por toda la sala.
— Ya siéntate cuñado, que vas a romper el piso — Le aconsejó Miroku, quien estaba sentado en un tatami y observaba al más joven dar vueltas y vueltas.
— ¿Porqué mejor no te vas a ayudar a Shippo a cuidar a los niños? — Gruñó Inuyasha, que tenía los nervios de punta por los gritos de Rin y encima la caminata de Kohaku.
— No quiero separarme de Rin hasta que nazca el bebé — Le lanzó una mirada envenenada a sus dos amigos.
— Creo que mejor deberías ir tú Inuyasha, por lo que veo los gritos de la pequeña Rin te tienen muy alterado — Sonrió Miroku.
— No voy a moverme de aquí, debo esperar a que nazca el cachorro, para ir a avisarle a Kisho — Habló en tono molesto — Además no sé cómo tú puedes estar tan tranquilo.
— Confío en que Rin es una jovencita fuerte, y que saldrá airosa de esto.
Los otros dos sólo lo miraron con incredulidad, en ese monje pervertido no se podía confiar plenamente.
— Aaaahhhh
— Eso es Rin, ya casi sale por completo — El grito de la joven y la voz de Kagome volvió a sobresaltar a los presentes, esta vez hasta Miroku dio un pequeño respingo. El siguiente sonido que provino de la habitación fue el llanto del bebé — Bien hecho Rin — La felicitó la azabache — Es un varón, y está hermoso — Chilló la sacerdotisa emocionada.
— Lo ven, les dije que todo saldría bien — Miroku sonrió de oreja a oreja, mientras sus dos amigos lo volvían a fulminar con la mirada.
— Mira Rin — Kagome acercó al pequeño bultito envuelto en sábanas, hasta posarlo en los brazos de su madre.
— Es hermoso — Susurró entre lágrimas.
La piel del pequeño era muy blanca, pero no tanto como la de su padre, su cabello plateado, sus ojitos entreabiertos de un dorado similar al oro líquido, y en su cabeza dos orejitas blancas, que eran la prueba irrefutable de su mezcla de sangre, pero lo que más le llamó la atención a Rin, fueron las líneas en sus mejillas, una a cada lado, más parecidas a las de Irasue, que a las del propio Sesshomaru. — No debería tener marcas ¿cierto? — Miró a Kagome interrogante.
— Se supone que los hanyous no las tienen, pero no sé mucho al respecto — Se encogió de hombros — Lo importante es que el cachorro está perfecto — Acarició su mejilla, y el recién nacido se removió en los brazos de su madre — Y ¿Cómo lo llamarás?
— Kentaro — Sonrió.
— Es perfecto para él. El tío Inuyasha estará feliz de verlo, al igual que sus primos.
— Todos lo estarán — Aseguró Sango, acercándose a ellas, seguida por la anciana.
— Le diré a Inuyasha que ya puede avisarle a Kisho, que el bebé nació.
— Sí muchas gracias — Sonrió Rin agradecida, mientras Kagome caminaba hacia la sala y las otras dos mujeres se sentaban junto a ella.
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Llegó a la sala con una gran sonrisa en su rostro — Todo salió bien, Rin y el bebé están en perfectas condiciones.
Kohaku sonrió, y Miroku asintió con la cabeza
— Lo sabemos — Inuyasha habló en tono fastidiado — Hasta acá llegaban tus gritos de felicidad.
Kagome entrecerró los ojos, mientras apretaba peligrosamente sus puños. Kohaku y Miroku retrocedieron, hasta situarse lo más lejos posible de ella, sabían el carácter tan explosivo que poseía cuando se enojaba — Yo no estaba gritando — Siseó.
Inuyasha la miró sin cambiar su semblante de fastidio —Claro que lo hacías mujer, casi me dejas sordo — Espetó.
— Inuyasha — Sonrió con falsa dulzura — ABAJO, ABAJO, ABAJO — Ah y ve donde Kisho a avisarle del nacimiento del bebé, dile que es un varón, y su nombre es Kentaro — Salió de la cabaña dando fuertes pasos, que más bien parecían pisadas de un animal gigante.
— Querido amigo tu no aprendes — Miroku se arrodilló al lado de Inuyasha, que tenía la cara estampada contra el piso de la cabaña.
— La señora Kagome da miedo cuando se enoja — Murmuró Kohaku.
— Vengan a conocer al bebé — Sango se acercó a ellos con el pequeño hanyou.
Miroku y Kohaku se acercaron para observarlo, mientras Inuyasha se incorporaba del piso — Se parece mucho a Sesshomaru — Soltó Inuyasha con una mueca de sorpresa.
Sango y Miroku miraron disimuladamente a Kohaku, para ver su reacción, pero él sólo parecía embobado por el niño que tenía frente a sus ojos — Es realmente hermoso — Comentó — De seguro será una gran persona, como su madre — Sonrió.
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Por encargo de Kagome, Inuyasha se dirigía rápidamente hacia el castillo del Oeste, para avisarle a Kisho sobre el nacimiento del cachorro de Rin, sóloperaba que el youkai estuviese atento y se diera cuenta de su presencia antes que Sesshomaru.
Kisho aguardaba en la entrada principal, como todos los días desde hacía un par de semanas, tenía la costumbre de caminar por allí esperando noticias de Rin, y por fin ese día percibió el aroma de Inuyasha que se encontraba cerca, en el bosque situado frente al castillo. Iba a dirigirse a su encuentro cuando la fría voz de Sesshomaru lo detuvo en seco.
— ¿Qué hace Inuyasha aquí?
Se giró lentamente hasta darle la cara al Inuyoukai, su semblante parecía relajado, aunque en su interior estaba nervioso, temía que el Lord descubriera la verdad — Vino a verme a mí. Como recordarás Rin vive en la misma aldea que el príncipe, y cada cierto tiempo me avisa como se encuentra, ya que desde hace unas semanas se fue a un viaje de entrenamiento con el joven Kohaku — Habló con voz serena, y enfatizó esto último.
Sesshomaru apretó la mandíbula y frunció el ceño, al escuchar que Rin se había ido de viaje a solas con un hombre. Quiso saber más, dónde estaba, porque se fue con él, si eran algo más que amigos, para ir personalmente a matar a ese maldito humano, pero no dijo nada más y se fue de regreso al interior del castillo.
Kisho sonrió de forma burlona, ese cachorro estaba celoso — Bueno ahora a buscar al príncipe, espero que me tenga buenas noticias.
Se adentró en el bosque, y encontró a Inuyasha sentado en la rama de un árbol con los ojos cerrados.— Tardaste mucho viejo — Le reprochó sin variar su postura.
— Lo lamento príncipe — Fingió pena en su voz — Es que tuve que distraer a Sesshomaru.
Inuyasha bajó del árbol de un hábil salto, cayendo justo al frente de Kisho, y mirándolo con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho — ¿Sospecha algo?.
— No lo creo. Sintió su presencia, pero le dije que venía a verme para traerme noticias de Rin.
— ¿Qué? Eres un tonto ¿Por qué le dijiste eso? — Casi se abalanza sobre el youkai, el cual lo miraba con total tranquilidad.
— Le dije que ella estaba de viaje, entrenando con Kohaku, y que usted venía a informarme como le estaba yendo — Contestó sonriendo.
El hanyou se tranquilizó, pero no relajó su semblante enojado — Bien, viene porque Rin acaba de tener al cachorro, estan bien, ambos están bien.
Los ojos de Kisho brillaron de felicidad — Ya soy abuelo — Ensanchó su sonrisa — Y cuénteme príncipe, ¿Como se llama?, ¿A quién se parece?.
— Es muy parecido al maldito de Sesshomaru — Pronunció entre dientes — Pero — Sonrió burlón — Tiene mis orejas de hanyou. El nombre…. — Se rascó la nuca — No lo recuerdo — Confesó avergonzado.
El mayor lo miró con un tic en la ceja. En momentos como ese, dudaba que Inuyasha fuese hijo del gran Inu no Taisho, antiguo Lord del Oeste, y de una princesa humana.
— La próxima vez que venga te lo diré — Volvió a cruzar los brazos sobre su pecho, y apartó el rostro con indignación.
— De acuerdo y recuerde que tiene que bañarse en el río, y quedarse con la ropa mojada, para que el olor de Rin y del cachorro se pierda.
— ¿Acaso no me ves? — Espetó, señalando sus ropas empapadas.
Kisho tuvo ganas de reír ante la escena, parecía un verdadero perro mojado, y olía como tal — Disculpeme príncipe, solo quería recordárselo — Dígale a Rin que muchas felicidades de mi parte y de la de Naoko, y que iremos a visitarla en uno o dos meses, cuando Sesshomaru acostumbra realizar su ronda de inspección por todo el territorio del Oeste, para que no haya peligro de que nos descubra.
Inuyasha asintió — Se lo diré — Y dicho esto se puso en marcha de regreso a la aldea.
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Kisho regresó al castillo con una enorme sonrisa. Deseaba gritar que su pequeña ya era madre, pero sabía que el mononoke se encontraba allí, así que se limitó a escribirle una pequeña nota a su mujer dándole la noticia. Naoko sonrió y se abrazó a Kisho mientras murmuraba un "los veremos pronto".
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Tres meses después
Rin acunaba a su cachorro entre sus brazos, estaba sumamente ansiosa, hoy iría a visitarla Kisho, después de casi un año vería al que consideraba como su segundo padre. Desde una semana atrás cuando Inuyasha le dio la noticia, no podía dejar de añorar ese encuentro. Lo único que lamentaba era que Naoko y Jaken no pudiesen ir a verla. Naoko para no levantar sospechas, había prometido ir después, y Jaken porque aún no sabía.
— Rin, Kisho te espera en la sala — Le anunció Kagome, con una gran sonrisa.
— Muchas gracias, señora Kagome, ya mismo salgo — Sonrió. Entró a la sala y su sonrisa se ensanchó, al ver a Kisho, quien le extendió los brazos, apenas la vio. Ella no dudó un segundo y caminó hasta quedar frente al youkai, el cual la estrechó entre sus brazos, evitando aplastar al pequeño bebé. Un par de lágrimas de felicidad surcaron sus mejillas, Kisho las limpió con una gran sonrisa — Te he extrañado mucho — Le confesó con fingida molestia.
— Y yo a ti princesa, lamento no haber podido venir antes, pero ya el príncipe Inuyasha debió contarte el porqué — Le acarició la mejilla con dulzura — He traído varios regalos para mi nieto, pasé a una aldea humana cuando venía para acá — Rin sonrió, y corrió un poco las sábanas para que el youkai pudiese ver al cachorro — Es muy parecido a Sesshomaru, diría que es igual a él, la única diferencia son sus marcas y las orejas — Recorrió su pequeña mejilla, cuidando de no hacerle daño con sus garras — Rin — La miró fijamente — ¿Por qué no le has colocado el collar?.
— ¿Eh? — Lo miró confundida — Oh, yo…bueno, no estaba muy segura de hacerlo — Confesó apenada.
— Deberías, es por la seguridad del cachorro — Le dijo en tono serio.
La morena lo pensó un momento, para luego entrar a la habitación y buscar el collar, se lo colocó al pequeño como Kisho se lo sugirió.
— Así está mejor — Sonrió el youkai.
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En el castillo del Oeste Naoko se paseaba inquieta, había hecho algo y ahora se comenzaba a arrepentir.
Flashback
Kisho se había marchado muy temprano hacia la aldea de Inuyasha, con la seguridad de que momentos después Sesshomaru saldría a su ronda y tardaría mínimo un mes. El Inuyoukai se disponía a salir del castillo, cuando la voz de Naoko lo detuvo — Sesshomaru — El aludido se giró para mirarla por encima del hombro en espera de que continuara hablando — Tu madre avisó hace un rato que vendrá a hablar contigo, en la tarde.
El demonio arrugó la nariz, le desagradaba demasiado tener que soportar la presencia de esa mujer — Bien — Contestó secamente y se marchó.
Fin del flashback
Temía de la reacción de Sesshomaru, cuando percibiera el olor de Rin en Kisho, y más importante el olor del cachorro. Ahora no sabía qué hacer, si avisarle a Kisho o continuar con su plan, de que el mononoke descubriera la verdad, y que hubiese la posibilidad de que él y Rin se reconciliaran. Sintió la presencia de Kisho y salió de sus pensamientos.
— Naoko — La llamó, mientras sonreía ampliamente — El cachorro esta grande y hermoso, se parece mucho a su padre, y Rin está tan feliz… — Cortó sus palabras al sentir una presencia muy conocida.
Ambos miraron en la misma dirección, en donde descendía un hermoso perro blanco, al cual rodeó una luz blanca, y al desaparecer dejó ver la silueta de Irasue. La dama avanzó hasta quedar frente a ellos, esbozando una de sus acostumbradas sonrisas de suficiencia.
— Lady Irasue — Kisho fue el primero en salir del shock, y saludar a la dama con una reverencia.
— Kisho, ve y busca a Asuka, dile que me espere en el jardín principal.
— Como ordene mi Lady.
Al instante en que Kisho desapareció por el pasillo, Irasue miró a Naoko de forma burlona — Lady Irasue — La miró con la sorpresa dibujada en su rostro.
— ¿Que sucede Naoko? ¿Te sorprende verme aquí?. Si mal no recuerdo fuiste tú quien le dijo a Sesshomaru que yo vendría a verlo esta tarde — La miró con burla.
La youkai ensanchó los ojos — ¿Cómo es que..?
— Tengo mis métodos — Contestó sin interés.
— Milady, ya Lady Asuka la espera en el jardín.
— Bien — Se giró para mirar a Kisho de frente — Por cierto Kisho apestas a humano y hanyou.
Kisho palideció al instante, iba a decir algo, cuando Sesshomaru aterrizó en el mismo lugar, en donde momentos antes lo había hecho su madre. Los miraba con el ceño fruncido, y Kisho tragó con pesadez. Nada bueno auguraba ese encuentro.
— Sesshomaru — Lo saludó su madre, con su habitual tono irónico.
El mononoke la ignoró, y posó su mirada dorada sobre Kisho, quién se había congelado en su lugar. Por su parte Naoko paseaba su mirada nerviosa, entre los dos demonios — Ese olor.. — Entrecerró los ojos.
— Es de esa humana que tenías como tu protegida, y del hanyou que te dio como hijo — Contestó Irasue sin interés alguno.
Sesshomaru se sorprendió por unos segundos, luego volvió a su semblante estoico — ¿Qué es lo que has dicho? — Gruñó.
Irasue hizo un ademán de fastidio — Que esa humana dio a luz a un hanyou que lleva tu sangre, no debe tener más de un par de meses de nacido.
La mente de Sesshomaru trabajó con gran velocidad, y entonces logró comprender todo. La razón por la que Kisho no la visitaba en la aldea desde hacía meses, el porqué de las visitas de Inuyasha, incluso el cambio en su olor que había sentido meses atrás y había atribuido al collar. Un gruñido espeluznante escapó de su garganta, mientras caminaba hacia Kisho. En cuestión de segundos lo tomó por el cuello, levantándolo unos centímetros del piso — ¿Por qué? — Lo cuestionó con ira en su voz, y los ojos carmín.
— Ella pidió que no te lo dijera, estaba segura de que despreciarías al cachorro por su mezcla de sangre — Habló con la voz forzada, a causa de la falta de oxígeno por el agarre en su cuello, pero su semblante era tranquilo. El mononoke lo soltó de golpe, y se giró hacia el lugar por donde había llegado. Kisho lo siguió, tenía que evitar que cometiera una locura — Sesshomaru espera — Tocó su hombro, pero al instante se vio estrellado contra una de las paredes del castillo, derrumbándola en el proceso.
— Kisho — Naoko corrió hasta él.
— Estoy bien — Se incorporó, con la intención de darle alcance a Sesshomaru que ya se había marchado en busca de Rin — Tengo que evitar que le haga daño.
— Dejalo — Espetó Irasue — No le hará nada, ese estúpido está enamorado de la humana — Aseguró con tranquilidad. Kisho y Naoko la miraron incrédulos — Además yo no permitiría que le hiciera daño a mi nieto — Esbozó otra de sus sonrisas irónicas.
— ¿Qué ha sucedido aquí? — Asuka miraba asustada el lugar derrumbado, y a Kisho con la frente cubierta de sangre.
— Una tontería — Respondió Irasue — Ven, tú y yo tenemos que hablar.
Ambas mujeres avanzaron hacia el jardín en que minutos antes estaba Asuka — ¿Que desea hablar conmigo? — La interrogó con curiosidad, mientras tomaban asiento en uno de los bancos.
— Hace un año que te uniste a Sesshomaru, y aún no le has dado descendencia.
La joven youkai desvío la mirada avergonzada — No sé lo que sucede Lady Irasue, he cumplido mi labor como compañera — Le aseguró con inquietud en su voz.
— Lo sé — Respondió con poco interés — Pero eso ya no tiene importancia. Sabes que el propósito de tu unión con mi hijo, era precisamente para darle un heredero a estas tierras, y para que ambos territorios fuesen más poderosos, sin embargo el territorio del Oeste no necesitaba unirse al sur para obtener poder, así que la unión de ustedes no beneficia en nada a Sesshomaru.
Asuka la miró con los ojos muy abiertos. ¿Eso significaba lo que ella creía? — Pero Lady Irasue, aún le puedo dar un heredero, se lo aseguro, solo…
— No es necesario — La cortó — Ya ese heredero existe, Sesshomaru tiene un hijo — Más sorpresa reflejada en el rostro de la joven — Por ese motivo pedí hablarte, estoy enterada de que te uniste a mi hijo para complacer a tu padre, y que por eso estás renuente a separarte de él, pero me encargaré de hablar con él personalmente y convencerlo de que es lo mejor. Tú no dirás nada del hijo de Sesshomaru y a cambio yo no le contaré a tu padre del joven neko del que estás enamorada — Esbozó una de sus características sonrisas.
Asuka dio un respingo al escuchar la mención de su amado Kyora — Lady yo..
— No me interesan tus excusas, solo has lo que te digo — La menor asintió, sintiendo gran felicidad en su interior, por fin podría ser feliz con el hombre al que amaba.
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Rin se encontraba paseando en un pequeño claro del bosque, cerca de la entrada de la aldea, llevaba a su bebé en brazos, y Kohaku los acompañaba. Hablaban animadamente cuando el muchacho miró fijamente hacia una dirección, y frunció el entrecejo, luego su cara se tornó de un blanco muy pálido.
— ¿Qué te sucede Kohaku? — Se preocupó la joven, avanzando un par de pasos hacía él.
— Rin.
La mensión de su nombre en ese tono, tan carente de emociones. Su piel se erizó por completo. Ese sólo podía ser…
Se giró lentamente hasta quedar frente a él — Señor Sesshomaru — Pronunció en un hilillo de voz. Su cuerpo se estremeció por completo producto del terror que sentía en ese instante. Frente a ella estaba el demonio blanco, con sus casi dos metros de altura, sus ojos escarlata y lo mas aterrador, su sonrisa, esa que helaba la sangre de sus enemigos, y que solo presagiaba la muerte de estos.
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Agradecimientos especiales a: gcfavela, alexa grayson hofferson, Paloma, Indominus Dea,
claudy05, Guest, serenity Usagi.
Hola mis hermosas lectoras.
Por acá vuelvo con otro capi, en el que han sucedido varias cosas. Nació el cachorro siii. Decidí que fuese varón para complacerlas mis queridas lectoras. ñ_ñ. Jeje. En mis otros fics a los hijos de Sessho los he convertido en demonios puros, pero este es hanyou y se quedará siendo hanyou. He dicho jajaja. Es una lección para Sessho.
Bien, me gusto la parte de la conversación entre Inu y Kisho, me causó gracia imaginarmelos. En cuanto a Kohaku, sé que no le agrada su relación conRin, les aseguró que es solo momentánea, y que él la quiere de verdad, al igual que al cachorro. He leído muchos fics donde lo hacen ver como un loco posesivo y egoista, a veces lo he odiado, pero quise que en mi fic fuese distinto, él ama sinceramente y quiere lo mejor para Rin, así que se hará a un lado cuando sea necesario.
Naoko traicionó a Rin, aunque lo hizo pensando en su felicidad, ojalá no se arrepienta, porque todos sabemos que Sessho no tolera que le mientan.
Irasue, la amé en este capi, es una suegra metiche jajaja pero quiere al cachorro, a su manera, pero lo quiere, y pues le gusta fastidiar a Sesshomaru. Le contó toda la verdad a Asuka y prácticamente le exigió que se hiciera a un lado porque no le servía para engendrar. Es cruel lo sé, pero es una demonio, no un angel jaja.
Las que se preguntaban si Sessho y Asuka mantenían relaciones, la respuesta es sí. Obvio no por amor, pero Asuka quería darle un heredero para complacer a su padre y él olvidar a Rin. Ninguno de los dos logró su cometido, buajajaja.
Bueno mis lindas lectoras, espero les guste el capi, haganmelo saber en sus comentarios.
Besitos.
