Hola! Aquí os traigo el siguiente capítulo! Con un poquito de retraso porque tengo menos tiempo del que creía.

Muchas gracias a Momo Evans, S. K. Allen-chan, Anvaz, Yomi Megurine, Hibary-Hiwatari y Princess Aaramath por sus maravillosos reviews *w*

Y ahora a leer!


Al terminar la conversación, el comandante se puso en pie. Rivaille hizo lo mismo, pero Erwin le detuvo con un gesto. El pelinegro levantó las cejas.

- No me digas que no me vas a sacar de aquí- dijo, incrédulo.

El rubio dejó escapar una pequeña sonrisa.

- Tranquilo, sólo te van a hacer un par de preguntas- explicó.- Era la condición para poder soltarte sin más.

Rivaille bufó.

- Claro, quieren asegurarse de que siga siendo un ignorante.

Erwin asintió.

- Mientras tengas eso en mente, todo saldrá bien.

- Podrías haberte librado fácilmente de esa condición si hubieras querido- comentó el pelinegro, molesto.

Erwin se rió un poco.

- Tienes razón, es un pequeño castigo por armar todo este jaleo- dijo.

- Eres horrible- musitó el capitán, volviendo a sentarse, con cara de irritación.

Cuando el comandante salió por la puerta y se quedó solo en la habitación, suspiró y miró hacia una pequeña ventana con rejas que había casi tocando el techo, a nivel del suelo exterior; era la única abertura de la sala. Como sospechaba, aquella celda de interrogatorio estaba bajo tierra. Si alguien se pusiera al lado de aquel ventanuco, sólo le vería los pies.

Impaciente, dio otro sorbo a su café mientras esperaba a que los policías fueran a interrogarle. Sin poder evitarlo, pensó en Eren. Y sobre todo, pensó en su futuro con él. ¿Qué le respondería a su proposición?¿Conseguiría llevárselo lejos de allí y conseguir una nueva vida para él y sus dos amigos? Fue entonces cuando se calmó y dejó escapar un largo y pausado suspiro. Si quería que todo saliera bien, debía mantenerse sereno y contestar apropiadamente a las preguntas que le fueran a hacer.

En la casa oculta entre callejones, Eren se despertó con un molesto dolor en el cuello. Le costó varios parpadeos darse cuenta de dónde estaba. Se encontraba apoyado en la mesa de una cocina que le era familiar. Hizo memoria y recordó con facilidad los acontecimientos ocurridos la noche anterior. Al final, se había encerrado en la cocina y, de tanto esperar a que los demás se calmaran, se había quedado dormido.

Miró hacia la puerta; no se escuchaban ruidos al otro lado, únicamente distinguía un suave ronquido, que le atribuyó a alguno de los subordinados del capitán Rivaille.

Nada más cruzar por su mente el nombre del pelinegro, el corazón le latió con fuerza y sintió una enorme necesidad de verle.

Era cierto, se había dormido pensando en su situación y sus sentimientos hacia él. Y lo más importante era que se había dado cuenta de que aquellos sentimientos que el capitán le había confesado eran más que correspondidos.

Eren se llevó las manos a la cara. Se había enamorado del capitán Rivaille. ¿Cómo?¿Por qué? Eran preguntas que el chico no sabía responder. ¿Sería porque había sido la primera persona en escucharle?¿O en querer ayudarle realmente?¿O en confesarle su amor?¿En besarle?¿En tocarle con tanta suavidad? Eren no lo sabía. Pero lo que sí sabía, era que tenía un sonrojo muy fuerte en la cara y la respuesta a la proposición del capitán. Debía dársela cuanto antes. Por eso, sin perder tiempo, abrió el ventanuco que había en la cocina y se arrastró por la abertura hasta la calle. Una vez fuera, inspiró hondo, y casi al instante se arrepintió de haber permitido a aquel aire gélido llegar hasta sus pulmones.

- ¡Qué frío!- exclamó el chico, frotándose los brazos.

Había nevado y helado aquella noche, y él había salido sin siquiera una chaqueta. Una repentina ráfaga de viento se llevó el poco calor que conservaba su cuerpo y le heló hasta los huesos. Tiritando, echó a andar, pero no había dado ni dos pasos cuando sintió algo pesado y cálido caer sobre sus hombros. Sobresaltado, se giró, y descubrió allí a su hermana, abrigada y con su bufanda roja por encima de la nariz. Le había traído una chaqueta.

- ¡Mikasa!- exclamó, preocupado por si su hermana quisiera seguir el escándalo de la noche anterior.- ¿Qué haces aquí?

- Te he oído salir- dijo simplemente.- Sabía que no tenías nada para abrigarte y hace mucho frío, así que te he traído esto. Estaba en la casa- añadió, colocándole bien el abrigo.

- Gracias...- murmuró Eren, volviendo a sentir calor.

Su hermana le miró con cierto aire de preocupación.

- ¿Qué te pasa?- le preguntó el chico.- No me mires así, es molesto...

- ¿Vas a ir a verle?- preguntó la chica de improviso.- Te has estado comportando de forma muy rara desde aquella noche en la cafetería, Eren...

El chico bufó.

- Sí, voy a ir a verle- le espetó con molestia.- ¡Está ahí por mi culpa, por tratar de encubrirme, Mikasa!

- Está ahí porque quiere- dijo la chica.- Anoche le sacamos de su celda para nada. Es demasiado amable, y sabes que eso no es normal en la gente de hoy en día, y menos con nosotros. Eren, hay algo que me huele muy mal en todo este tema...

El joven suspiró.

- Preocúpate por ti misma, Mikasa. No soy tu hijo, ¿recuerdas?

Y tras esas palabras, Eren echó a andar hacia la comisaría. Mikasa se quedó allí, mirándolo con cierta tristeza. Pensó que quizá era hora de dejarle solo. Sin embrago, pasados unos minutos, sacudió aquel pensamiento de su cabeza y le siguió. Tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar.

Eren caminaba pisando fuerte, enfadado por las palabras de su hermana. No enfadado porque le hubieran ofendido, sino porque le habían hecho dudar de nuevo. Aquel acto de amabilidad era algo a la que ninguno de los tres estaba acostumbrado desde que abandonaron su hogar, y menos por parte de alguien de la autoridad, y muchísimo menos por el propio capitán Rivaille, famoso por ser frío e impasible. Sin embargo, recordando todo lo que había hecho por él aquellos días, las dudas se disiparon. La mirada del capitán era pura y sincera cuando le estaba confesando sus sentimientos. Su voz no vacilaba. No había ningún signo de mentira. A diferencia del comandante Erwin, Rivaille era claro como el agua. Al menos, lo era en aquel momento.

Y fue precisamente aquella voz impasible y clara, la que hizo que el corazón de Eren se encogiera y se rompiera en pedazos unos minutos después.

El chico llegó a la comisaría, dando por seguro que el comandante había sacado al capitán de los calabozos, y evadió con facilidad los puntos de control. Yendo de matorral en matorral, se coló en el interior del recinto y buscó la sala donde probablemente le estarían haciendo el "interrogatorio de cortesía", como a él le gustaba llamarlo. Había visto aquel proceso en innumerables ocasiones. Gente con dinero que cometía algún crimen, pasaba una noche en los calabozos y era soltado al día siguiente si prometía que no volvería a hacerlo. También había visto cómo algún chiquillo como él metía la mano en bolsillo ajeno para poder comer y era condenado a la horca. Así funcionaba la justicia allí.

Tras unos minutos de búsqueda, se detuvo al escuchar la voz de Rivaille salir de un ventanuco pegado al suelo. Bingo.

- Son tan predecibles...- murmuró, acercándose al muro y escondiéndose en un matorral.

Desde ahí podía escuchar perfectamente la conversación. Tras dos minutos de preliminares, comenzaron las preguntas acerca de él. En ese momento, Mikasa llegó y se escondió con él. Eren le lanzó una mirada de molestia, pero no dijo nada; se limitaba a escuchar aquellas preguntas.

- Capitán Rivaille, como comprenderá, debe darnos explicaciones sobre su reciente comportamiento. Usted atacó a varios oficiales de la Policía Militar en la cafetería, cuando le descubrieron en compañía de Jaeger, ¿es cierto?- preguntó uno de los dos oficiales.

- Así es- respondió el pelinegro, aburrido.

Mientras el oficial apuntaba, el otro prosiguió el interrogatorio.

- ¿Qué explicación ofrece ante este comportamiento suyo, teniendo en cuenta que Jaeger es uno de los ladrones más buscados de Trost, y que la Policía Militar es la autoridad del distrito?

Rivaille les miró fijamente y suspiró. Tras dar un sorbo al café, respondió.

- Habían interrumpido mi estrategia- respondió.

- ¿Su estrategia?

El capitán se echó hacia delante, apoyando los brazos en la mesa.

- Sí, mi estrategia- repitió.- Acercarme a ese mocoso, ofreciéndole todo aquello que nunca ha tenido, para hacer que se confíe y lo suelte todo. Su escondite, sus amigos, posibles cómplices que tuviera en el distrito o fuera de él... Todo. Deberíais haberlo visto, lloriqueando como un crío en mi hombro, o poniendo cara de felicidad por dar un mordisco a una simple pasta de té.

Los oficiales se rieron.

- ¡Vaya, Capitán, nos había asustado!- dijo uno de los oficiales.- Sentimos haberle interrumpido anoche, si lo hubiéramos sabido no habríamos intervenido.

- Además, es cierto que ayudó a recuperarse a los oficiales hasta que llegaron los refuerzos...- comentó el otro. Luego, sonrió- Así que Jaeger es en realidad una pequeña ratita inocente y frágil.

- Así es- respondió Rivaille.

Mikasa se enfureció al escuchar aquellas duras palabras pronunciadas con tan impasible voz, pero se quedó helada cuando miró a su hermano. El chico tenía los ojos abiertos como platos, y se agarraba con fuerza a sus piernas. Las lágrimas no cesaban. La chica se asustó, nunca le había visto así desde que su madre murió. Tenía que sacarlo de allí.

- Eren, vámonos de aquí- dijo la chica, agarrando del brazo a su hermano y llevándoselo por donde habían venido.

El capitán escuchó parte de la frase y miró hacia el ventanuco, rogando por que hubiera oído mal. Se le revolvía el estómago con cada palabra que había dicho; aún así, era necesario si quería librarse de sospechas para poder actuar con libertad y sacar a Eren de allí. Pero si el chico le había escuchado...

… Estaba acabado.


Chan chan cháaaan... (?) Os dejo con este molesto malentendido! Hasta el próximo capítulo!

Rikku