La perla de Shikon salió de mi brazo, siempre estuvo en ese lugar, quien lo diría, pero esta se quemó en mis manos de manera mágica, como podía explicar esto, seguro Inuyasha se enojaría con migo, pero de verdad me importaba tanto que se enojara con migo.

Cuando Inuyasha llego a mi lado nada dijo, pude llegar a pensar que me mataría y luego se llevaría la perla, pero hizo caso omiso a ella, me levanto casi olvidándose de ella y me acomodo frente de él y se puso a revisar mi brazo que se veía bastante mal.

-Inuyasha-Lo llame buscando sus ojos.

-¡Keh! No te muevas tanto, tonta-Me dijo suavemente.

-Debería recoger la perla ¿No crees?-Dije sencillamente, deje de pensar que me mataría y huiría con la perla.

-Yo… yo no la quiero tocar, hazlo tu Aome-Dije a Aome. Como era posible que en su brazo estuviera la perla, ella dijo que se quemó en sus manos, pero como aparecía en su brazo.

-Está bien, Inuyasha-Dije levantándome con su ayuda sin pedírsela.

-(¡Ha! ¿Qué significa esto?)-Porque la perla seguía estando en este mundo en realidad me intentaba preguntar y por qué en el brazo de Aome.

-¿¡Que es lo que está pasando!?-Me pregunte en voz alta, como si alguien me lo fuera a responder.

-¡Feh! Tal vez no se quemó en tus manos ¿¡No lo crees!?-Eso era seguro, quemarse en sus manos, solo suponía que no fue tan así.

-Es que, es demasiado raro, se pudo fusionar a mí de alguna manera… (Dándome la impresión de que se quemó de la nada sin hacerme el menor daño) Onigumo-Dije eso último en un momento, quedándome helada.

-¡Keh! Aome, Aome… ¿oye que te pasa?, Aome respóndeme-Dije pasando una mano delante de su cara que verdaderamente era de espanto y nada no me respondía y simplemente lagrimas empezaron a caer por su cara.

-(¿Sería posible que Onigumo siguiera vivo… pero?-En días de mucho frio donde la nieva caiga exitosa, el acostumbraba a llevar una piel de mandril, esa piel me daba escalofríos, era como si le perteneciera al mismo demonio. Mis lágrimas empezaron a caer, a lo lejos escuchaba a Inuyasha llamándome y mis lágrimas solo caían.

-¡Feh! ¡Maldita sea! ¡Aome respóndeme!-Por más que gritase sus lágrimas caían y no lo soportaba, parecía estar soñando despierta.

-Inu… Inu…-Decía, sin poder completar el nombre, estaba cerca de decirlo completo y volver a la realidad cuando.

-¡Aome, agáchate!-Grite a Aome que seguía en su especie de sueño, aunque dijo apenas mi nombre. Alcance a dar su cabeza casi al suelo, mientras un cuervo demonio se hacía con la perla.

Verdaderamente fui una tonta, alcance a reaccionar cuando Inuyasha agacho mi cabeza y pude observar como un cuervo demonio se hacía con la perla y volaba lejos, Inuyasha no pensó supongo y enseguida volaba por el aire con migo en su espalda, en el aire desenvaino su espada –¡Colmillo de acero!-Dijo agitando su espada y rasgando apenas al cuervo que se alejaba, acelero su corrida con su colmillo de acero en una mano y con su otra mano me sostenía bastante bien.

Inuyasha corría mas rápido y pudo al fin alcanzar al cuervo que se estaba tragando por completa la perla, de repente Inuyasha guardo su espada y bajo al suelo, en ese pedacito había un arco con flechas, entonces lo comprendí, me baje de él y recogí todo y de nuevo estaba en su espalda más rápido que antes el corría ya que me podía sostener con sus dos manos y no dude lance flecha tras flecha, pero el cuervo ya casi no estaba a nuestro alcance.

Ya parecía imposible seguirle el vuelo a ese maldito cuervo, Aome era una experta sin duda lanzando flechas, pero ya casi no estábamos ni cerca y creo que no podía aumentar más la velocidad, podía Aome caerse de mí y eso no me lo perdonaría nunca.

El cuervo se tragó por completa de la perla y si la digería estaríamos perdidos, en un momento paro y me supuse para que, un niño de una aldea tomo por su pico y de seguro planeaba hacerlo su comida, en ese momento Aome lanzo más que nunca sus flechas pero todo seguía igual.

Como podía impedir que ese cuervo demonio devorara a ese inocente niño, pedí a Inuyasha que me bajara después de intento fallidos con mis flechas y le dije que siguiera al cuervo él solo, justo estaba cerca de un rio y Inuyasha sin mí en la espalda pudo alcanzar al cuervo y destrozar su pata, el niño antes de caer fue salvado por Inuyasha y milagrosamente quedo una de sus patas en la ropa de este niño, la ate a mi última flecha, sabía que al regenerarse iría justo al cuervo sí que lograra esquivarla y así paso, pero todo empeoro.

-¿¡Que dijiste!? ¿¡Respóndeme!? ¿¡Cómo fue posible!?-Se veía realmente enojado Inuyasha con migo, pero como no estarlo.

-Si fue así, tal vez son millones, no lo sé exactamente-Dije con la cabeza baja, tratando de hacerle entender algo que ni yo entendía.

-¡Grrrr! ¡Maldita se! ¿¡Que haremos ahora!?-Decía más enojado Inuyasha que me llego a dar miedo.

-¡Huh!-De repente sentí una presencia.

-¿¡Que paso ahora!?-Dijo Inuyasha siguiendo mi paso.

-Mira, es un fragmento, creo que no será difícil encontrarlos Inuyasha, puedo sentir su presencia… pero… pero… (¿Por qué no pude sentir la perla completa en mi brazo?)-Pensé, como era posible, no entendía nada de nada, la perla la partí tal vez en millones de pedazos que serían utilizados por quien sabe cuántos demonios malignos y ahora si podía sentir la presencia de casi la perla… ¿Qué era lo que ocurría?

-Keh ¿¡Cómo no la sentiste en tu brazo!?-Dijo Inuyasha tratando de entender.

-No lo sé, pero esto es muy extraño… creo que debería empezar a buscar cada fragmento (Era hora de separarme de Inuyasha…)-Pensé, sintiendo de pronto un vacío y algo cargándome.

-¡Ha! Ni lo sueñes mujer, eres mi prisionera y por lo tanto eres mi responsabilidad-Dijo Inuyasha sonriendo de lado, de pronto mi corazón empezó a latir muy fuerte.- ¿Hacia dónde… Aome?-Me dijo naturalmente. De verdad al ser su prisionera me convertía en su responsabilidad, creo que sí, lo único que quería a cambio de mi libertad era la perla y ahora no la teníamos, solo un fragmento, por lo tanto era su responsabilidad… pero sería realmente ese el propósito.

-(Inuyasha… no te creo ni una solo palabra)-Pensé mientras me llevaba por los aires y daba una sonrisa que él no notaria.