Sacrificio de amor.



Summary: El coronel Cullen huye de la batalla para salvar a sus hombres. En Sudáfrica conoce a una tribu de aborígenes y una extraña chica a la que sacrificaran. ¿Podrá un corazón endurecido por la guerra volver a latir? EPOV/ Futuro Lemmon/ S. XX

Los personajes de este Fic pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía, por lo que queda absolutamente prohibido reproducir parcial o totalmente esta historia, bajo ninguna circunstancia.



Capitulo IX

Búsqueda y Esperanzas.


La tardanza de la subida de este capítulo se debe a que en mi país han habido terremotos y constantes replicas, lamento la demora y espero que todas esten bien.

Este capítulo va dedicado a todas mis compatriotas que han sufrido esta terrible vivencia.

¡Fuerza Chile!


Me subí a Centinela con la fija decisión de partir por Bella. Sabía que de alguna manera podría localizarla, lo único que temía era de qué forma podría encontrarle.

—Edward —me llamó el Coronel Whitlock.

—Dime —respondí ansioso.

—No puedes ir solo, será mejor que me esperes para ir contigo y llevar algunas de mis tropas —señaló.

Le esperé mientras organizaba a los pocos hombres que quedaban.

—Creo que debemos ir hacía los bosques, más arriba. Si han escapado de seguro no están lejos de aquí —señalé a Jasper.

—Pero esto fue hace muchas horas, es probable que ya no estén tan cerca —me corrigió.

Comenzamos a barrer el área, era necesario el despliegue de todas las tropas con tal de saber algo, tener algún indicio de Bella.

—¿Subimos por las orillas del bosque? —preguntó Jacob Black.

—No, será mejor que nos vayamos por el riachuelo, de seguro se fueron por allí —respondió Jasper.

Estaba tan intranquilo que no podía pensar con claridad, agradecí que Jasper estuviese en mejores condiciones que yo para poder guiar la búsqueda. Me sentía inútil, en gran medida se debía a mi crítica interna, no se sentía conforme conmigo y la ira cegaba mi razón.

Me fui por el riachuelo que atravesaba los bosques, buscando los indicios necesarios para saber si algún grupo de personas había estado allí en las últimas horas.

—¡Edward! —escuché una voz a mis espaldas.

Volteé a mirar quién era y me encontré con McCarthy y Uxley.

—¡Camaradas! —sonreí al verles.

—Tenemos noticias —dijo Sam.

¿Noticias? ¿De Bella? Mi corazón salía de mi pecho retumbando con ansias.

—¿Qué noticias?

—Al norte, cerca de tres kilómetros se encontraron rastros de una fogata apagada, aún así estaba tibia y creemos que no deben estar a demasiados kilómetros —me informó McCarthy.

Eso ya era algo, algo que podría alimentarme las esperanzas.

Le pedí a Emmett que me guiase. Íbamos cerca de treinta hombres camino al norte del bosque, todos estábamos alerta ante cualquier movimiento en la zona.

—¿Has sabido algo de tu mujer? —pregunté a McCarthy.

No olvidé lo preocupado que estaba en el momento del ataque y me sentí intranquilo ya que no era el único en una situación así.

—Está bien, ella y el grupo de pobladores han viajado a la rivera sur del río que rodea el pueblo —señaló.

—¿La rivera sur? —dije preocupado.

Nosotros estábamos viajando al norte y los indicios de los pobladores daban al sur ¿Bella estaría junto a los pobladores con Alice o habría viajado sola con su institutriz al norte?

—Si, a la rivera sur. El grupo se dividió para evitar aglomeraciones, mientras unos viajaban al norte otros lo hacían al sur —respondió.

Eso complicaba mi búsqueda… ¿Dónde habría ido Bella?

—¿Sabes quienes componen el grupo?

—No, la verdad es que sólo sé que ella ha partido con la familia de unos de los soldados del Batallón seis, ellos protegerán a mi mujer —señaló.

¿Seth? ¿Podría acaso ser la familia de Seth?

—¿De qué soldado? —inquirí.

—No lo sé, sólo me he podido informar de eso —me explicó.

—Calma General, tenemos hombres recorriendo el área, pronto sabremos si es que se encontraba con ellos o si está en el norte —me intentó tranquilizar Uxley.

—Iré entonces con ellos —dicté.

Una corazonada me decía que Bella no estaba aquí, ella era una nómade, sabría como perder a aquel que le siguiese el rastro, no era una chica cualquiera, sabía perfectamente este tipo de artes y aunque estuviese con Alice ella sabría como convencerla. Además Alice no pondría oposición si es que se tratase de ir con su familia. Tenía lógica.

—Han partido ya, de seguro van con una gran ventaja, ¿No pretenderás atravesar sólo? —debatió Jasper.

—Sinceramente, sé que ellas no están aquí, tiene lógica si es que Alice está aún con ella. Bella no está en el norte, ha ido al sur con el grupo de gente del pueblo —aclaré.

Dí marcha rápida a mi caballo y no miré atrás.

Sabía que nadie entendería mi forma de pensar, pero aún así no perdería tiempo sabiendo que ella podría estar en otro lado.

El sonido de los cascos de Centinela parecían amplificadores del sonido de mi corazón. Mi pecho me decía que hacía lo correcto y por primera vez en mi vida me vi haciendo lo que él me dictaba, dejando de lado mi razón y todo lo que ello implicaba.

—¡Cullen! —gritó Jasper agitado a mis espaldas.

—¡Guía a los del norte! —apresuré mi paso.

—¡No irás sólo hombre! ¡McCarthy y yo iremos contigo! —chilló.

—Uxley va al mando, hemos enviado también a Black —argumentó Emmett.

No pensé más y continué con mi marcha, si habían ido al sur, de seguro estarían camino al océano, en búsqueda de más tranquilidad.

En mi mente sólo había una imagen, la de Bella la última vez que le vi, aquellos hermosos ojos acaramelados llenos de lágrimas y aquella voz suave que me rogaba para que volviese sano y salvo.

Llegamos al riachuelo del sur, las aguas cristalinas producían el sonido más relajante que había oído jamás, mi problema ahora era que ese sonido no conseguía el mismo efecto.

—¿Hacía donde? —le pregunté a Emmett que le daba a beber a su caballo.

Me bajé del cansado Centinela y le permití beber en paz.

—Debemos seguir en aquella dirección —apuntó la zona.

—Conozco el lugar —dijo Jasper —. Si nos vamos por esta orilla conseguiríamos llegar con ventaja.

—¿Seguro? —inquirí.

No quería cometer más errores, no por lo menos con Bella.

—Edward —dijo Emmett con voz pesarosa —. ¿Estas seguro que deseas continuar con esto? No sabemos si realmente están bien.

—¡¿Qué no están bien?! ¡Ten sensatez! ¡Ellas no estaban en los cuerpos y no ha indicios lo más probable es que hayan huido! —chillé.

—Tú lo has dicho: "lo más probable", pero sinceramente no creo que hayan alcanzado a llegar antes del bombardeo del pueblo ¡Vamos, Edward! Son sólo dos mujeres caminando, ¡Usa tu razón! —me criticó.

¿Cómo decía eso? Él ahora estaba en paz porque nada lo intimidaba, su esposa estaba bien, pero en mi caso era distinto y él no era capaz de comprenderlo.

—¡Tú no comprendes! Si no sabes lo que dices ¡Cállate! —le empujé.

—¡Ey! —nos separó Jasper —. No pierdan fuerzas en estupideces por favor —nos pidió.

—¿Estupideces dices? —le critiqué —. La vida de la mujer que amo no es una estupidez —le grité enajenado.

Me tomó de ambos hombros.

—Edward —intentó calmarme —. Si Bella estuviese aquí no le gustaría ver como pierdes tiempo en cosas sin importancia, ahora ella te necesita y tú debes ser capaz de enfocarte en su búsqueda, no dejes que la ansiedad haga de ti un mal hombre —dijo con una voz tranquilizadora.

—Perdona, Edward. Sé lo difícil que es para ti, no debí haber dicho nada de eso —se dispensó Emmett.

—También fue mi culpa, pero Jasper tiene razón, basta de lamentaciones debemos continuar el trayecto —me subí a mi caballo.

Continuamos el viaje, en busca de pistas o indicios que nos pudiesen acercar al grupo de pueblerinos que huían.

Nuestro camino y el andar en caballo nos tenía agotados, llevábamos horas sin tener algún rastro, hacía más de tres kilómetros que ya no había nada que nos indicase por donde seguir, las esperanzas eran cada vez más escasas y mi corazón ya casi no latía.

—¡Edward! —chilló Emmett —. Mira allí.

Entonces mis dudas se disiparon, frente a mí había a unos cuatrocientos metros había un grupo de personas envueltas en mantas y casi a oscuras.

Dí toda velocidad a mi caballo y no tardé en llegar.

Mi corazón latía con impaciencia, ella debía estar allí.

—Buenas noches —les dije para que todos alzaran su vista.

Un grupo de mujeres con niños estaban sentadas allí y los hombres que había eran mayoritariamente ancianos, estaban armados.

—¿Quién es usted y que desea? —me dijo uno apuntándome con una escopeta.

—Soy el General Cullen de los Patriotas y estoy aquí en búsqueda de dos enfermeras —señalé.

Todos se miraron entre ellos y nadie respondía.

No tardaron en llegar Jasper y Emmett tras de mí.

—¿Enfermeras? —dijo una mujer.

—Si, una de ellas tiene el pelo castaño un poco más a bajo de los hombros y la otra mujer, tiene el cabello corto, es hermana de Seth Brandon —señalé.

—Yo soy Elizabeth Brandon, la madre de Seth y Alice —se levantó una mujer de aproximadamente cuarenta y tantos años.

Mi corazón latía fuertemente.

—¿Sabe algo usted de su hija?

—Si, pero ellas no están aquí ahora —dijo tranquila.

¿Ellas? ¿Bella, mi Bella? Estaba bien, ella estaba bien… ¡Dios! Gracias al cielo y a la Virgen Santísima, ella estaba con vida. Mi corazón volvía a latir, ella estaba bien…

Luego comprendí que dijo que no estaban aquí… ¿Seguiría bien Bella y Alice?

—¿No están? —gemí de dolor.

—Tranquilízate Edward —me advirtió Jasper.

—No, ellas se han quedado en un refugio a unos cuantos kilómetros de aquí. Hay una mujer que dará a luz y se han quedado a asistirla en el parto, el resto nos vimos obligados a continuar —explicó.

—¿Una mujer en trabajo de parto? —intervino Emmett.

—Así es, se llamaba… —dudó Elizabeth —. McCarthy creo que dijo que era su apellido.

¿La mujer de Emmett iba a dar a luz?

Sentí el desplomo de este al suelo, me volteé a verle y había caído de su caballo.

Rápidamente Jasper y yo le ayudamos a volver en sí.

—¡Despierta hombre! —le chillé.

—¿Por qué ha actuado así? —dijo la madre de Seth.

—Es el esposo de Rosalie McCarthy —intervino Jasper.

Mientras este se encargaba incorporar a Emmett, intenté saber más del paradero de Bella.

¡Ella estaba viva! ¡Estaba bien! No lo podía creer de mis cuencas cayeron unas lágrimas de felicidad.

—¿Sabe usted exactamente en donde están? —inquirí.

—Claro, se han quedado a unos tres kilómetros de aquí. Hay unas cuevas al borde del riachuelo, existe una pequeña cascada, allí se han quedado —sonrió.

¿Una cascada en el riachuelo sur? Intenté hacer memoria, pero no recordaba haber oído de un lugar así.

—¿Está usted segura?

—Si, por supuesto. Existe una división del riachuelo, en el brazo Oeste se va para el pueblo y el brazo Este se va para los interiores del bosque —me explicó.

Era por eso que no nos habíamos encontrado con ellas, nosotros habíamos bajado por el brazo Oeste.

—¿Esta segura entonces que si sigo por ese camino llegaré en donde se encuentran? —insistí.

—Por supuesto —sonrió —. ¿Usted estaba a cargo del batallón en donde estaba Seth?

¡Dios! Había olvidado la situación de mi camarada.

—Si —respondí apesadumbrado.

—¿Tiene noticias sobre él? —me sostuvo del brazo con desesperación.

—Si, él ha sobrevivido a un accidente, ha perdido un brazo. Lo lamento, pero aún así contrariando todo pronóstico está bien y mi padre personalmente esta atendiéndole —intenté calmarle aunque sabía que mi forma de decírselo no fue la más acertada.

La mujer no contuvo sus lágrimas y comenzó a llorar aferrada a mi brazo.

Otra señora del grupo la consoló mientras que veía como se encontraba Emmett.

—¿Vamos? —pregunté.

—Ya estoy bien —dijo algo aturdido.

—La noticia de ser padre no te cayó bien ¿eh? —intenté darle humor.

—¡Cállate, Cullen! —intentó sonreír.

Agradecidos del grupo de hombres y mujeres que estaba allí dimos marcha nuevamente.

—Perdóname Edward —volvió a repetir Emmett.

—Deja eso en el pasado, ambos estábamos fuera de sí —sonreí —. Ahora debemos apresurarnos si es que no queremos llegar tarde al parto —dije dándole rienda al asunto.

La noche estaba casi por caer y era más difícil continuar entre el bosque, el sólo sonido del agua nos guiaba para saber si íbamos en buen camino.

—Deberíamos detenernos —interrumpió el silencio Jasper.

—¿Detenernos? —dijimos Emmett y yo.

—¿Estás loco? —inquirí —. Ya estamos por llegar.

—Si seguimos de noche nos perderemos aún más —critiqué.

—Debemos continuar —dijo decidido Emmett.

Las sombras de los árboles y el viento moviendo sus copas producían un sonido que junto al del riachuelo no nos permitía oír más.

Quizá hubiese sido bueno detenerse, pero estaba tan ansioso por verle nuevamente que me cegué ante la idea.

El frío de la creciente noche se estaba dejando ver y por más que intentase negarlo el cansancio de mis amigos era evidente, pero por más que todo estuviese en mi contra no dejaría de buscar a Bella menos sabiendo que estaba tan cerca de encontrarle.

—¡¿Quién anda ahí?! —oí a pocos metros de distancia.

—Identifíquese o disparo —escuché una voz conocida.

—¿Bella? ¿Alice? —chillé.

—¿Edward? —escuché entre las sombras.

Bajé de mi caballo y casi a ciegas caminé frente a mí.

Entonces sentí el calor de un abrazo compacto y exquisito que hizo que mis lágrimas se desbordaran sin control. No podía verle, pero aún así sentía su exquisito aroma y sus cabellos suaves entre sus dedos.

Los gemidos de dolor de la pequeña mujer que tenía en mis brazos calaron mi alma. Me abracé a ella y levanté su rostro.

—B-Bella —chillé.

Busqué sus labios y encontré una exquisita textura en ellos. Bella se abrazó a mi con más fuerza y lloramos juntos.

—T-Te e-extrañé —dijo entre sollozos.

Su español había mejorado.

—Perdóname, sinceramente, perdóname… por todo, por haberte dejado sola en estos momentos y no haber luchado por nuestro amor, por haberte dado por muerta y por no haberle dado crédito a todo lo que sentiam…

Ella posó sus labios tibios nuevamente y me silenció con un calido beso.

—Bella debemos ir a ver a Rosalie —le ordenó Alice.

Ella se separó de mi y ambas nos guiaron hacía donde estaba el refugio en que se encontraban.

—¿Emmett? —dijo la mujer que estaba en evidente trabajo de parto.

La emoción se notaba en sus rostros.

Ella le tendió su mano y él la recibió para apoyarla en tan difícil momento.

—Edward necesito que por favor vayas al riachuelo a buscar agua —me ordenó —Tú —le dijo a Jasper —. Ve y rompe ropas limpias, las necesitaré.

Jasper se vio complicado, conociéndole diría que no le gustó que ella utilizase ese tono con él.

Ambos obedecimos mientras que dejabamos a las mujeres junto una pequeña fogata y a Emmett ansioso con todo el asunto.

—Me alegro por ti —dijo Jasper mientras se rompía la camisa —. Sinceramente nunca creí que estuviesen bien.

Saqué agua en una de las cantimploras y la llevé hacía donde estaban refugiadas.

—Créeme, tuve muchas veces mis dudas, pero algo en mí me hacía no perder las esperanzas —sonreí aún emocionado.

—Sin dudas ese era el amor —dijo algo amargado.

—Sin lugar a dudas. Como decíamos el mal necesario —reí.

—Para mí parece no haber obligación con ese mal —dijo apesadumbrado.

Quizá se sentía incomodo al ver las parejas y él aún sólo.

—Ya llegará, no lo busques —le apreté el hombro.

Entregué el agua y me dispuse a cooperar.

El sufrimiento en el rostro de aquella mujer era desgarrador, ella hacía todo su esfuerzo y aún así no había nada.

—Creo que es mejor que se retiren —pidió Alice.

—No podrán ustedes solas —rebatió Jasper.

—He traído al mundo a muchos niños sin ninguna mano que me ayudase, sinceramente Coronel no creo que necesite a alguien mirando y de brazos cruzados —le criticó duramente la enfermera.

—¿En qué puedo ayudar? —inquirí.

—Por ahora en nada —dijo seria.

La última imagen que vi fue a Emmett sosteniendo la mano de su mujer y a Alice junto a Bella intentando ayudar al pequeño que intentaba salir y daba trabajo a su madre.

—¿Molesto? —reí al verle en silencio.

—Esa muchacha no tiene respeto por las autoridades —dijo con una voz áspera.

—En esta situación ella tiene supremacía sobre nosotros —sonreí.

—Si, pero no es forma de referirse a un alto mando —dijo mientras guiaba a su caballo a la rivera del riachuelo.

—Quizá, pero ella tiene el mismo carácter que el tuyo cuando se trata de sus asuntos —intenté silenciar mi risa.

—¿El mismo carácter? Edward, por favor —me criticó duramente.

—¿No será que ella este tocando tu puerta?

—¿Tocando mi puerta? Se explicito ¿A que te refieres?

Solté a Centinela para que pudiese beber agua.

—He visto como la miras… ¿Te gusta?

—¡Estas loco!

—Y tu estas en una evidente negación —sonreí.

—Es guapa —dijo evitando darle importancia —. Pero aún así su carácter me choca.

Sentimos las pisadas sobre las hojas secas.

—Ha nacido, es un niño —dijo Alice a nuestras espaldas.

Pude notar como Jasper se petrificó.

La alegría nos inundó en un momento complejo. Había encontrado a mi Bella y todas ellas estaban bien, pero aún así tenía un amigo al que aún no le llegaba su hora de felicidad… quizá podría intentar algo.

Bella se acercó a mí y me abrazó fuertemente.

—Te amo —dijo en un perfecto español

Mi corazón saltó con fuerza dentro de mi pecho. La amaba tanto que mi vida recién volvía a tener sentido.


Hola Chicas.

(Perdonen si es que hay algunas fallas...)

Estoy contenta, anoche intenté escribir y no lo logré.

Hoy se me ha cortado la luz por tres horas y estoy feliz porque en ese momento pude explayar este capitulo.

Si, confieso que Bella debía aparecer en el siguiente Capitulo... pero... ¿Por qué sufrir más?

Vamos... las vivencias de mi país son suficientes.

Algo de alegría no nos vendría mal.

No quedan muchos capitulos... a los más 4 a 5...

Estamos llegando al final y espero que disfruten.

Obligada a amar lo actualizaré a penas pueda.

Tengo nuevo Shot : Unexpected Pleasures. ¡Pasen!

Cariños y las quiero.

¿Merece Review?

Manne