DISCLAIMER: Los personajes de Corazón de Melón son propiedad de ChinoMiko y se usan con fines de entretenimiento y no de lucro. Las Sucrettes de ésta historia sí son de mi autoría.

Capítulo IX

...

Castiel se despertó y sintió una sed tremenda… la resaca que tenía era terrible. Abrió los ojos lentamente para averiguar en dónde estaba, sólo para descubrir que se encontraba en su habitación. Vio un vaso con agua sobre su mesa de luz y se estiró para tomarlo como si fuera el último. Al terminar, se dio cuenta de que su mano estaba aprisionada…miró hacia su costado y… ¿Alexa? ¡¿Qué rayos hacía ella en su casa?! ¿Acaso estaba soñando?

Trató de recordar lo que había hecho la noche anterior. Había comenzado a beber luego de abrir el regalo de Alexa. ¡Una colección de púas autografiadas por Winged Skull! Eso debía haberle costado un montón de dinero, con razón se había puesto a trabajar. Comparándolo con el estúpido CD de One Direction que le había regalado Ámber, totalmente podía decir que Alexa lo conocía perfectamente.

Darse cuenta de eso lo puso como loco. Todo lo que le había dicho y hecho, cuando ella verdaderamente se preocupaba por él, cuando con ese detalle le decía a gritos lo que sentía, y él había destrozado ese sentimiento con sus acciones.

En la bruma de su borrachera, recordaba haber llegado a su casa para disculparse y rogarle que lo perdonara, y luego no recordaba nada más.

Y ahí estaba ella, cuidándolo a pesar de todo; quizás aún tenía una posibilidad de recuperarla…

La observó dormir. Si en ese momento Alexa hubiese abierto los ojos, podría notar cuán intensos eran los sentimientos de Castiel.

Castiel la vio moverse incómoda y temblar. Estaba recostada por su cama pero sentada en el suelo, debía estarse congelando, ¡Niña tonta!

Se bajó cuidadosamente de la cama, y como si fuera lo más frágil y valioso que pudiese tener, la levantó en sus brazos, mientras ella dormida se acurrucó contra él. La sostuvo así unos segundos, saboreando el momento, antes de colocarla en su cama. La cubrió con el cubrecama, y luego fue a tomar una ducha, ¡Apestaba a alcohol!

Alexa sintió un aroma que le resultaba familiar…le recordaba a Castiel…

¡Castiel! Se sentó de golpe y se encontró en su cama. ¿Cómo había llegado allí? El sonido de la ducha le llamó la atención. ¡Castiel estaba despierto! Debía irse antes de que el saliera de allí; aún no podía enfrentarlo. Rápidamente se levantó, y al ir hacia la puerta de la habitación, vio la colección de púas sobre la repisa. Parecía estar en un lugar especial, como si fuera atesorado por la persona que lo poseía.

Lysandro debía habérselo dado como regalo. La alegró que por lo menos sus esfuerzos hubieran funcionado, evidentemente a Castiel le había gustado.

Demonio le tocó la mano con su nariz fría, y Alexa volvió a la realidad. Miró la hora en el reloj de la repisa y casi se desmaya. ¡Era tardísimo! ¡Sus padres llegarían a su casa en cualquier momento! Prácticamente corrió a la puerta de salida, y de allí a su casa.

Afortunadamente llegó unos minutos antes que sus padres, por lo que no tuvo que inventarse ninguna excusa. Entró a la ducha y allí rememoró toda lo que había ocurrido.

Nuevamente Castiel le cambiaba los planes. Hasta hace tan sólo unos días estaba decidida a olvidarlo, y ahora…después de la situación de la noche anterior sentía más dudas que nunca.

Si era sincera consigo misma, la cruda verdad era que se negaba a olvidarlo. Quizás lo amaba hoy aún más que antes. ¿Qué debía hacer?

Se había ido. Nada más salir de la ducha Castiel notó que Alexa ya no estaba. Aún no quería verlo. ¡Maldición, esta situación ya lo tenía harto! ¿Qué podía hacer para que ella volviera a confiar en él y quisiera escuchar lo que tenía que decirle?

Se pasó la mano por el rojo cabello y posó la mirada en su guitarra…quizás si…pero necesitaba ayuda, no podría hacerlo sólo. Además necesitaba que ella fuera al recital, cosa que no haría si él la invitaba. Sabía de alguien que podría ayudarlo.

Tomó su celular y marcó su número.

-Oye-. Le dijo nada más contestó. -Me debes un regalo de cumpleaños, y ya sé que quiero-. Sonrió con astucia. No acostumbraba a hacer estas cosas. En otro momento de su vida se hubiese cortado un brazo antes de hacer lo que pensaba hacer, pero…

¡Maldición quería a esa niña de regreso!