Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


El Legado


Capítulo VIII

Pausa


—¿Cuándo va a llegar papá? —Kakarotto abrió la puerta de la casa para que su madre y hermano pudieran entrar con la carne sobrante del día. Era el mejor momento porque lo que no vendían y no podía guardarse por más tiempo, lo comían a la cena.

—No sé, pero creo que pronto.

Después de ayudar a acomodar la comida en la cocina, Raditz se sentó a la mesa, donde su hermano esperaba en silencio, moviendo las piernas y bastante aburrido. Se supone que su padre debería haber vuelto hace más de una semana, pero no había sido así y lamentablemente hasta que él regresara, no podían ir a palacio para entrenar.

—¿Y si intentas de nuevo? —Insistió el hijo menor. Llevaba varios días pidiéndole a su madre que se contactara con él para saber cuándo volvería. Los dos niños estaban desesperados por ir a entrenar en ese lugar maravilloso.

Especialmente Raditz. Sentía que cada día que pasaba, perdía poder y tiempo valioso para hacerse más fuerte. No era justo, debería haberles permitido asistir a los salones de entrenamiento sin su presencia. El príncipe Vegeta estaba en misión, lo que significaba que no se meterían en problemas de ningún tipo.

—Ya traté en la mañana. Más tarde volveré a hacerlo —respondió concentrada en la cena. Cuando estaba preocupada le daba hambre y lo único que quería hacer ahora era comer hasta saciarse.

Bardock siempre se comunicaba con ella cuando se ausentaba por un largo tiempo. A veces simplemente era imposible hacerlo, debido a la lejanía o que su scouter se descompuso o no lo tenía a mano. Gine ya estaba acostumbrada a eso, pero se le había olvidado gracias al trabajo dentro del planeta como guardaespaldas del príncipe Tarble. Pese a no ser una guerrera, sabía cómo funcionaba todo, pero nunca lo vería con la naturalidad que lo otros aunque compartieran la misma sangre.

—Tarble me dijo que irían a un planeta cercano, que no tardarían mucho y ya han pasado muchos días —reclamó Kakarotto, pero pronto le prestó más atención a la comida que ya comenzaba a oler deliciosa.

—Ustedes saben cómo funciona esto. Siempre dice una fecha y regresa en otra. No está en sus manos que se presente algo inesperado.

—Pero estoy aburrido, la carne me aburre.

—Pensé que te encantaba, Kakarotto.

—Me gusta comerla, no darle a otros. Quiero ponerme mi armadura para ir a matar más "Sabiman"

—La verdad es que me vendría bien otra cabeza de esos bichos. La última la vendí a muy buen precio. —Miró a su hijo mayor y como permanecía en silencio mirando el suelo—. Raditz, deberías ir mañana a probar suerte a las embarcaciones. Te has vuelto más fuerte, quizás le llames la atención al alguien.

—¡Sí, y también estás más alto! No como el tonto del príncipe Vegeta.

El joven saiyajin observó a su madre y hermano. Casi no los había escuchado, pero de todas formas entendió de qué hablaban.

—No voy a ir a las embarcaciones. Aún me falta mucho. La próxima vez que vaya no volveré con las manos vacías, por eso necesito seguir haciéndome más fuerte.

La conversación se vio interrumpida cuando la puerta principal se abrió. Era Bardock que entró directo a su cuarto, sin decir una sola palabra. Gine dejó la cocina y lo siguió, mientras que los niños se quedaron en su lugar y en silencio, esperando que pasara unos segundos adecuados para poder acercarse a la puerta y escuchar.

No era novedad verlo llegar de las misiones de conquista con la ropa rasgada y sucia de sangre, pero esta vez fue extraño, ya que no vestía su armadura y se supone que sería una misión de rutina en un planeta débil para que los príncipes entrenaran.

—¿Está todo bien? —preguntó la mujer sin quitarle la vista de encima.

Recién Bardock se percató de la presencia de Gine en la habitación. Estaba alterado y pese a su porte firme y cerrado, se le notaba.

—Algo malo pasó durante la misión, ¿verdad?

—Y creo que no puedo hacer nada al respecto. —No dejaba de caminar de un lado a otro.

—¿Hay alguien en problemas?

—A Nappa no le conviene que se toque más el tema, pero estará atento si salgo del planeta. —Continuaba hablando más para él que para su compañera—. No tengo ninguna excusa para abandonar el planeta y si lo hago se enterará.

—¿Necesitas salir de este planeta y no puedes? Pídele a alguien de confianza que lo haga por ti.

El guerrero detuvo la marcha para mirarla. Parecía que Gine había acertado.

—Quiero ayudarte, pero necesito que me digas que pasó. ¿Por qué estás tan herido? Pensé que iban a un planeta débil.

—Te lo explicaré todo, pero primero necesito hablar con Toma.

—Está bien —contestó calmada y optó por salir de la habitación para que hablara tranquilo. Al abrir la puerta se topó con sus dos hijos pegados en ésta. No dijo nada, no quería distraer a Bardock, pero les frunció el ceño y los niños respondieron volviendo a las sillas, sin preguntar nada.


Se sentó en su cama y observó el suelo. También vestía la misma ropa que tenía cuando comenzó el ataque de su gente, salvo que ahora la sangre estaba seca y mezclada con la tierra del planeta que intentó defender. No podía creer que había sido capaz de matar a soldados de su planeta con tal de ayudar a la gente que le salvó la vida a su hijo. Y no solo había sido ella, arrastró a Bardock consigo y si hubiese testigos de lo ocurrido, serían catalogados como traidores.

Su gente era un pueblo guerrero y bélico y como tal, siempre ocurrían muertes entre ellos por distintos motivos, desde el lío por mujeres hasta cuentas pendientes por honor, dinero o misiones, pero lo que ella y Bardock hicieron rompe un código de honor importante. Matar a compañeros que luchan por la prosperidad del planeta era considerado una de las más grandes traiciones, al mismo nivel que atentar contra alguien de la familia real. Al menos estaba segura que no había ningún testigo saiyajin, después de todo se encargaron de matar a todos los que se toparon en su camino. No se arrepentía de haber tomado esa decisión, era lo que debía hacer, pero lamentaba haber metido a Bardock; lo conocía y sabía que algo así no lo dejaría tranquilo.

Ahora estaba muy lejos del planeta Norboos y no podía hacer nada por ayudar. Vegeta continuaba allá y había sido bastante claro con ella: debía regresar a Vegetasei con los príncipes y no moverse de ahí hasta que él llegara, de lo contrario no volvería a verlos. Dada la situación sabía que era capaz de cumplir con su amenaza, aquella que no suele usar porque cuando lo hace habla en serio ya que es la única forma de mantenerla controlada.

Ni siquiera preguntaría como sigue el ataque al planeta, aunque podía suponer que resultó más difícil de lo pensado porque aún no regresan y ella tardó varios días en volver a Vegetasei. Se comportaría un tiempo prudente antes de volver a intentar algo. Esperaba que Alina hubiera podido escapar. Asesinarla sería como matar a su propio hijo.


—¿Cómo sigues, Vegeta?

—Yo estoy bien, no sé por qué preguntas eso.

—Porque estuviste a punto de morir.

—Eso jamás sucedió. Todos exageraron de más. —Se puso su armadura y caminó hacia el panel de control para abrir la puerta y dejar entrar los Saibaiman. Había pasado mucho sin entrenar y quería recuperar el tiempo perdido.

Tarble no tenía intenciones de entrenar, por eso se sentó en una parte alta del salón de entrenamiento para que los bichos verdes no fueran por él.

—Creo que no deberías entrenar.

—¿Me lo vas a impedir tú?

—Tuviste fiebre todo el viaje de regreso y tu herida sigue sin sanar. Deberías ir a un tanque de recuperación antes de continuar entrenando.

—Eso lo hacen los débiles. No necesito eso para recuperarme. El rey no los usa. —Dejó entrar a diez Saibaiman, cuando usualmente entrenaba con el triple.

—Pero tú no eres el rey. —No sabía qué decirle o cómo hablarle para que entendiera que trataba de cuidarlo. Todo se lo tomaba como un ataque hacia su persona, pero el niño quería a su hermano mayor y se preocupaba por él. No quería que nada malo le pasase de nuevo.

—Lo seré algún día. —Dejó de mirar a Tarble para concentrarse en sus oponentes. Caminó hacia el centro del salón y se preparó para lo que vendría—. Y cuando eso pase seré el más fuerte y todos me tendrán miedo, pero sobre todo, me encargaré de ti.

—¿Qué vas a hacer conmigo?

—Convertirte en un verdadero guerrero —Saltó para esquivar un ataque por la espalda y pese a tener puesta su armadura, no pudo evitar sentir un tirón y dolor en su abdomen. Pero no se detuvo, y atacó con rapidez a sus enemigos—. Y si no lo logras te enviaré lejos.

—Puedo ayudar en otras cosas además de pelear. —El niño estuvo a punto de ir a ayudar a Vegeta. Los Saibaiman lo estaban golpeando y todo porque aún no estaba recuperado de la herida mortal que casi acaba con él, pero permaneció en su lugar.

—Porque la reina te haya hecho más rápido... —Cayó al suelo por un golpe en la boca que lo hizo escupir sangre. Eso lo hizo enfadar tanto que comenzó a atacar sin pensar en sus movimientos, empeorando todo el asunto—. No significa que seas útil. No vas a conquistar planetas siendo rápido y nada más.

Nuevamente cayó al suelo, sin poder ponerse de pie por el dolor que lo paralizaba. Los Saibaiman que quedaban con vida, aprovecharon el momento para lanzar un ataque de acido al unísono contra el príncipe, el cual hubiera terminado sin piernas de no ser por Tarble que alcanzó a tomarlo de un brazo y correrlo hacía un lugar seguro. Inmediatamente después, encendió la luz para que los seres se detuvieran y esperaran órdenes.

—¡¿Por qué hiciste eso?! ¡No necesitaba ayuda!

—Pero el acido, te iban a… —Vegeta lo cayó con un golpe de puño en la boca que casi lo lanzó al suelo.

—¡Te he dicho que no te metas en mis entrenamientos! ¡Sé muy bien lo que hago! —Estaba de más mal humor de lo acostumbrado. No podía soportar la idea que su padre lo enviara de regreso en lugar de conquistar el planeta con él. Sentía que no lo valoraba como guerrero y lo menospreciaba y también estaba la maldita herida que no lo dejaba tranquilo.

El pequeñito se limpió la sangre con la mano antes de hablar.

—Perdón, Vegeta. Quería ayudar.

—Si vas a ayudar, mejor vete. ¡Me estorbas!

Tarble le hizo caso. Se retiró del salón, pero jamás pasó por su cabeza la idea de alejarse de él y no ayudarlo. Estaba en su sangre no separarse de su hermano, la persona que más lo rechazaba e insultaba, pero que a la vez, lo buscaba constantemente porque era lo único que tenía. Con el paso de los años sería igual, el hermano menor siempre estaría para él pese a la frialdad del mayor, y si bien se separarían por muchos años, ese extraño lazo de odio-amor, jamás se extinguiría.


—Vamos a escuchar. —Kakarotto hablaba en voz baja para no ser descubierto. Estaban en su habitación y no tenían permiso de salir. Lo único que sabían era que abajo, en la cocina, estaban sus papás y Toma conversando.

—No podemos. No quiero que no nos permitan ir a entrenar al palacio.

—Pero Raditz, ya no haces nada como antes. Siempre dices que quieres ir a entrenar y ya no hacemos nada juntos.

—Es porque yo crecí y quiero ser un guerrero, no jugar todo el tiempo como tú. Ahora déjame tranquilo, no quiero ir a espiar. —Se recostó en su cama y cerró los ojos.

Kakarotto le hizo caso y no insistió. Decidió ir solo a escuchar la conversación. Salió de su cuarto y se asomó por la escalera para observar a los adultos conversar. Lamentablemente no se oía muy bien, pero eso no le impidió permanecer quieto y en silencio.

—Lo que tú quieres es que vaya a ese planeta a investigar un posible intento de asesinato del príncipe Tarble —comentó Toma mientras se servía otro vaso con licor. En la mesa había algunas cosas para comer, pero más que nada alcohol.

—No puedo salir del planeta y eres el único en quien confió.

—Dices que los que atacaron al príncipe no eran habitantes de ese planeta. ¿Qué te hace pensar que continuaran ahí? En especial después que fallaron y casi mataron al príncipe Vegeta. Yo me iría a esconder al rincón más apartado de la galaxia.

—Tienes razón, pero no tengo nada. Puedo vigilar a Nappa desde acá y tratar de encontrar pruebas, pero necesito que vayas y averigües algo, lo que sea.

—Te entiendo, pero ¿Qué se supone que harás si encuentras pruebas para culpar a Nappa? Según tú, el rey le dio la orden y la verdad es que no lo culpo. Ese niño es una vergüenza.

—Sé que no puedo hacer nada contra el rey, pero quiero deshacerme de Nappa. No puedo decirle nada a Koora si no tengo pruebas.

—A mí tampoco me gusta Nappa. Esa rata es capaz de matar a su propia sangre y compañeros de misión con tal de quedar bien con el rey. Da asco.

Bardock guardó silencio ante ese comentario. No le diría nada a su ex compañero de misiones lo que había hecho en Norboos. Tampoco estaba seguro de compartirlo con Gine.

—¿Puedes ir entonces? —intervino Gine al ver que Bardock se concentró en sus pensamientos.

—No podría decirle que no a mi amigo. Además, me vas a pagar aunque no encuentre nada.

—Tienes que volver con algo.

—Lo intentaré. Aunque sería mejor si dejaras ese trabajo de niñera y volvieras con nosotros a las misiones. Ganábamos mucho cuando te teníamos en el equipo.

—No volveré, ya te lo dije. —Bebió un vaso entero de licor café.

—Como sea. Espero que gracias a este favor, nos veamos más seguido. El resto del grupo te extraña.

No respondió. Continuó bebiendo. Gine lo hizo por él con una sonrisa.


Al día siguiente, todo continuó con normalidad como lo habían acordado. Bardock regresó a palacio para trabajar con Tarble y llevó a sus hijos para entrenar. Ambos adultos fingiendo una naturalidad inexistente, porque la verdad es que nada volvería a ser igual.

Mientras los tres niños almorzaban sentados en el suelo, Bardock y Koora aprovecharon el momento para conversar. Se habían sentado en un rincón del salón con la seguridad que nadie los escucharía ya que los salones de entrenamiento eran a prueba de sonido.

—Nadie nos vio, solo Tarble, pero ya conversé con él. No dirá nada.

—Escuché sobre el ataque. Todos están conversando de lo mismo. Norboos era un planeta muy preciado y rico.

—¿Qué escuchaste? —No quería preguntar, pero debía.

—Todos comentan lo mismo. No entienden por qué el rey piensa hacerlo explotar con los bienes y gente que podría ser vendida a buen precio.

El corazón se le revolvió. Koora sentía que todo era su culpa. Vegeta siempre había querido atacarlos, pero era un plan a largo plazo dado las defensas y campos de fuerza casi imposibles de penetrar.

—¿Sabes algo de la reina?

—Dicen que logró escapar y planea reunir el ejército de sus otros planetas para atacar, pero la detiene la amenaza de destrucción de Norboos con toda su gente. Hay muchos soldados que quieren participar, pero temen que el rey haga explotar más planetas en lugar de saquearlos y dejarlos tomar botines de guerra.

Guardaron silencio por varios minutos. Los niños ya habían terminado de comer y esperaban instrucciones para seguir entrenando, pero los vieron tan serios que ni siquiera se acercaron. Raditz comenzó a ejercitarse por su cuenta, mientras que Kakarotto y Tarble continuaron conversando.

—Voy a dejar las misiones por un tiempo. —Koora rompió el tenso silencio.

—Sí crees que es lo mejor…

—Será por mucho tiempo… —Le costaba un poco hablar. No dejaba de mirar a los niños para no tener que mirarlo a él. Le daba vergüenza lo que diría, pero necesitaba hacerlo con alguien, solo con él—. Algo pasó conmigo allá… y no creo poder soportar más… Simplemente no puedo. Ver a mi hijo casi morir… Creo que no puedo volver a hacerlo.

—Es tu decisión.

—¿No me vas a decir nada más?

—Estoy investigando el atentado contra el príncipe. —No especificó cual príncipe. No quería decirle que el ataque iba para Tarble, menos ahora que la veía tan mal.

—Muchos pudieron querer ver muerto a Vegeta. Es el heredero al trono. ¿Tienes alguna sospecha?

—Nada concreto aún.

Otro silencio atacó y nuevamente ella lo interrumpió.

—Siento haberte expuesto de ese modo. Sé que lo hiciste porque te lo pedí, y…

—No. —La interrumpió—. No importa.

—Pero sí importa. Soy una guerrera igual que tú, sé cómo funciona esto y los códigos y lo que hicimos fue…

—Koora, no. Ahora no. —No dijo más, simplemente la miró un segundo antes de ponerse de pie para ir con los niños y continuar con el entrenamiento.

La mujer lo observó ahora que le daba la espalda y contuvo un suspiro. Estaba molesto con ella, lo sabía. En otras circunstancias lo hubiera detenido para habar del tema a la cara, pero le ocurrían tantos cambios internos en ese momento que no podía soportarlo.


(…)


Una semana después de haber regresado a Vegetasei, Koora esperaba en el cuarto del rey. Había sido mandada a llamar en cuanto él regresó de la misión de conquista, y como era la costumbre de ese hombre, la hacía esperar para que siempre supiera cual era su lugar. La mujer continuaba sentada en la silla, junto el escritorio de trabajo, y pese a querer lucir relajada no podía, y mucho menos cuando escuchó el sonido del agua detenerse. Solo debió aguardar un par de minutos más para verlo limpio vestido y con el entrecejo fruncido. Iba a ponerse de pie para saludarlo formalmente, pero él se adelantó y con una seña le indicó que continuara sentada.

—Supongo que ya te has enterado de las noticias. —Se sentó en su asiento. Ahora ambos podían mirarse a los ojos.

El corazón de la mujer latía a mil por hora, sentía sus manos sudadas y lo único que quería era que hablara pronto, ya no soportaba tanta tensión.

—Koora, te hice una pregunta.

—No, no sé nada. —Se insultó mentalmente. Quería lucir como siempre, pero se delataba sola.

—Es curioso, dado que rechazaste el ataque al planeta.

—Simplemente quería que mi palabra se cumpliera. Nuestra palabra. Y no puedes olvidar que los príncipes estaban bajo mi cuidado, era demasiado peligroso iniciar un ataque en un planeta que sabe defenderse y con los dos niños en el. En ese momento pensé que era lo más sensato. Si mis palabras te ofendieron de alguna forma, te pido disculpas.

Se miraron a los ojos. Él tratando de mirar más profundo, llegar a lo que ella trataba de ocultar y Koora intentando mantener los nervios de acero.

—La reina Alina, ¡qué mujer más estúpida!… —comentó atento a la reacción de su mujer, pero no observó nada, por lo que continuó hablando—. No pudimos atraparla. Alcanzó a huir a tiempo, pero se comunicó conmigo y luego de hablarme de tratados, pactos y no sé qué otras cosas de mujer que juega a ser gobernante, trató de llegar a un acuerdo de paz. —Rió con gracia, como si estuviera contando una broma increíble—. Eso pasa cuando mujeres están al mando.

—Aún le queda muchos planetas y gente que está dispuesta a morir por ella. Tal vez no son los más fuertes, pero nos superan ampliamente en número.

—Eso fue exactamente lo que me dijo. Por lo visto todas las mujeres son iguales.

En otras circunstancias hubiera detenido su discurso machista como ya lo había hecho, pero ahora sentía que si hablaba de más podía decir algo inapropiado.

—Como vio que no tenía intenciones de llegar a acuerdos de paz con nadie, me ofreció el planeta Norboos con todas sus riquezas, pero que le diera tiempo para liberar a su gente.

—…Por supuesto no fue lo que hiciste… —afirmó en un susurró.

—Me conoces demasiado, Koora. —Se puso de pie y caminó hasta quedar detrás de ella. Posó las manos en sus hombros y se acercó a su oído para hablarle—. Yo lo quiero todo, y es todo lo que tendré. El rey de los saiyajin no hace tratos con nadie.

—Lo siento. Solo hice lo que pensé era mejor en ese momento.

—No te preocupes, después de todo, gracias a tu torpeza pude comenzar el ataque que tanto deseaba. No tenía en mis planes hacerlo tan pronto, pero ahora me di cuenta que fue lo mejor.

Koora presionó los puños en un intento de controlarse. Quería gritarle y golpearlo como nunca antes lo había deseado. Ni siquiera las caricias de Vegeta en sus hombros y cuello lograban relajarla.

—Pero eso no quiere decir que tendrás un castigo. No puedes hablarme de ese modo y salirte con la tuya. Estuve pensando y he decidido que no saldrás…

—No hay problema. No tengo planeado volver a salir por mucho tiempo. Quiero encargarme de hacer más fuerte a los príncipes.

Vegeta la miró extrañado. Eso era nuevo.

—Me gusta que te comportes como se debe, Koora.

—No solo yo debo tener un castigo. —Ya que Vegeta estaba de tan buen humor, quiso aprovechar la oportunidad de vengarse.

—¿De qué hablas?

—Nappa.

Vegeta detuvo las caricias por un segundo. Se le pasó por la cabeza la idea de que supiera sobre los autores del atentado, pero se relajó enseguida, ya que si sospechara de Nappa y de él, no estaría tan tranquila. Los dos eran jóvenes y fuertes y aún la necesitaba para engendrar más herederos, por eso es que le interesaba mantener una "relación" estable con ella.

—¿Qué pasa con él?

—Supongo que te enteraste lo que me hizo allá en Norboos. Y fue en frente de muchos soldados y de nuestro hijo mayor. No es posible que un simple soldado trate así a la reina.

—Eres una mujer fuerte. Ni siquiera te dejó marca —dijo levantándole el mentón para observar su cuello y de paso acariciarlo también.

—No se trata de eso, y lo sabes. —En esa posición provechó para mirarlo a los ojos.

—Tienes razón. Nappa tendrá su castigo. Podría haberte persuadido de otra forma, no puede volver a tocarte de nuevo.

—Que sea en público.

—¿Asistirás?

—Me repugna su presencia. Por supuesto que no. —No pensó en pedir que lo cambiara como guardaespaldas de su hijo, porque no lo haría. Por alguna razón, Vegeta confiaba demasiado en él—. Hay otra cosa. ¿Enviaste alguien a investigar el atentado del príncipe?

—Por supuesto —mintió—. Eso no quedará impune, créeme. ¿Tienes alguna sospecha?

—Como le dije a Bardock, pudo haber sido cualquier enemigo del planeta. Para cualquiera sería importante desarmarte con la muerte de tu heredero.

—¿Ese soldado vio algo?

—Fue muy rápido. Solo tuvo tiempo para proteger a Tarble. Dijo que no vio a nadie.

—Cuando encuentre a los culpables, te lo haré saber.

—¿Ya me puedo retirar? Tengo que ir supervisar el entrenamiento de Vegeta.

El rey dejó de tocarla y volvió a su asiento.

—Puedes ir, pero antes ¿no vas a preguntarme que pasó en Norboos?

—Estás de excelente humor. Supongo que ganaron.

—Así es. —Sonrió mostrando los dientes. Rara vez lo hacía, pero esta era una ocasión especial.

—¿Enviarás soldados para saquear el planeta o lo venderás a carroñeros? Es un planeta muy valioso, con un poco de tiempo puedes conseguir mucho más si…

—En estos momentos Norboos y su gente debe estar reducida a polvo espacial. Esa reina quiso negociar, pero no accedió a darme los otros planetas a cambio de la salvación de este. Fue su decisión, ahora que se haga responsable. —Se sirvió una copa de licor para celebrar su pronta victoria—. Es cosa de tiempo para que se quiebre y termine cediendo.

—¿Ya puedo retirarme? —preguntó con un tono de voz neutro.

—Ve. Y asegúrate de hacer a nuestro hijo más fuerte. Él será dueño de todo cuando yo no esté y quiero que continúe con mi legado.

—Por supuesto. —Se puso de pie y retiró de la habitación. No fue donde su hijo. No podía ahora. Al igual como cuando estuvo a punto de perder a Vegeta, sintió todo el peso de las muertes sobre sus hombros y ahora era el de un planeta entero que el único error que cometieron fue abrir sus puertas para salvar a un niño. ¿Cuántos niños había matado ella desde que comenzó a invadir planetas? Esa pregunta le carcomía el cerebro desde hace más de una semana.

—Mamá.

De tanto caminar había terminado en el pasillo de las habitaciones de sus hijos y Tarble estaba frente a ella observándola.

—Ahora no, Tarble, tengo trabajo que hacer.

—No puede esperar. Necesito que vengas.

—¿Qué es tan urgente?

—Ven conmigo, por favor. —Entró a su cuarto y su madre detrás de él.

En cuanto cerró la puerta, de entre las sombras de la oscuridad, apareció la persona que jamás pensó volvería a ver en su vida.

—¡¿Alina?! —Koora miró hacia todos lados, buscando algún soldado que pudiese atacar en ese momento e instintivamente se puso junto a su hijo.

—Descuida. Jamás le haría daño a tu hijo. Fue muy amable al recibirme.

Del asombro y susto pasó al enojo.

—¿Qué haces aquí? —No levantó la voz para no alarmar a los guardias, pero se aseguró de sonar severa.

—Necesitamos hablar.


Continuará…


Tres capítulos en tres semanas. Estoy on fire! XD jajajaja, la verdad es que me propuse a terminar los fics inconclusos y hasta hoy he estado cumpliendo. En cuanto termine la primera parte de El Legado (es muy largo y tiene etapas) me centraré con Cruce de Universos (que es más largo aún) y así seguiré sucesivamente. También tengo Destino de Milk, Kakarotto y Raditz que es más corto, y ya tengo varios capítulos escritos, pero no puedo subirlo hasta que lo termine ya que debo hacer coincidir unas fechas y eso solo lo podré hacer cuando esté completo. Y en cuanto a Fragmentos, ese siempre estoy escribiendo algo, ya que los one shots son más simples, pero ahora la concentración principal es para El Legado. Estoy tan ansiosa a escribir de los niños ya adultos que creo que eso me tiene actualizando una vez por semana. La próxima semana tengo cinco pruebas, así que ya me retiro porque tengo muuuucho por estudiar. Deséenme suerte, esperemos que me vaya bien y también pueda volver a actualizar en una semana más.

Cariños,

Dev.