Y aquí llega el capítulo 9! A tiempo, increíblemente! Estoy haciendo mi mejor esfuerzo! YEAH

Nota: las letras cursivas las he utilizado para los diálogos de los que estaban al otro del cristal.

Como siempre, muchisisisissisisisísimas gracias a Marth-a-Lowell, Sam, Isuam, AlexLopezGua, LordTaco y Romanien por sus maravillosos reviews! Espero que sigáis disfrutando con mi fic como hasta ahora!

A leer!


Pegado al cristal como si fuera idiota, observé como mis amigos se acercaban corriendo. Veía como gritaban mi nombre, pero no les escuchaba; el cristal era demasiado grueso. Pero yo sabía leer los labios, así que por mi parte no había problema; que ellos me entendieran era otra historia. Aun así, en aquel momento no me importaba, puesto que con las miradas nos lo decíamos todo.

- ¡Marth!- gritó Roy.

- ¡Estáis bien!- grité.- Menos mal...

- ¡Creíamos que te habíamos perdido!- gritó Zelda.

- ¡Yo estoy bien, tuve algunos problemas pero-

De pronto, Ike me agarró del hombro y me apartó del cristal. Le lancé una mirada furibunda.

- ¡¿Qué haces?!

- No está permitido establecer contacto con el otro lado- me dijo seriamente.

Le miré como si fuera idiota.

- ¡Venga ya, no me fastidies!- le grité.- No tienes ni idea de lo que es estar sin saber nada de ellos en todo est-

- Suficiente.

Sin más, me arrastró por el pasillo mientras yo miraba hacia atrás, gritando barbaridades y observando las caras aterradas de mis amigos, al otro lado del cristal. Cuando los perdí de vista, me giré hacia Ike y empecé a pegarle. Parecía impasible ante mis golpes, los más fuertes los esquivaba mientras caminaba, sin soltarme. Pero cuando le di una de mis famosas patadas en la espinilla, se debió hartar y me agarró por la cintura, poniéndome después en su hombro como si fuera un saco. Y a partir de ahí, nada de lo que hice sirvió para que me soltara.

Entramos en una habitación grande, con dos camas, una a cada lado de la sala. Había dos armarios y tres ventanas, además de una puerta adicional (el servicio) y otros muebles. Ike me tiró a la cama que estaba hecha.

- ¡Maldita sea!- grité, levantándome con el puño en alto.

- ¡Estate quieto, leñe!- exclamó.- ¡¿Eres tonto o qué?!

Le miré, confuso.

- ¿Qué?- pregunté.

- Te he dicho que no podemos hablar con los del otro lado. Hay cámaras, ¿sabes? Y el castigo no es leve.

Miré a otro lado. Había sido algo un poco tonto por mi parte intentar hablar con ellos, tenía razón. Pero es que...

- Marth, escúchame- dijo Ike, poniéndome la mano en el hombro.- De verdad que no puedes hablar con ellos. Te pueden meter en la "caja".

- ¿La caja?- pregunté.

- Es como el cubo pero sin peligro de muerte- explicó el grandullón.- Aunque creo que ahí se pasa peor. El daño es psicológico.

- Veo que tenéis muchas salas raras en este sitio- comenté. Ante la cara de intranquilidad de Ike, me reí un poco.- Está bien, está bien. Me controlaré.

Era muy obvio que estaba mintiendo, pero como era un grandullón gorila sin cerebro, se lo tragó. Casi sentí compasión por él cuando le vi suspirar de alivio.

- Menos mal que lo entiendes, no me gusta arrastrarte por los pasillos.

- Ni a mí que me arrastres, así que estamos en paz.

Él sonrió y se sentó en la que supuse que era su cama. Tendría que estar sin hablar con Roy y Zelda hasta que encontrara un punto ciego en las cámaras de seguridad al lado del cristal. Esperaba no tardar mucho.

- ¿Y bien?- pregunté.- ¿Aquí se acaba el tour?

- De momento sí- respondió.- Aunque...

Se quedó callado.

- ¿Qué?- le insté a continuar.

- Me gustaría comprobar cómo te mueves, con calma- dijo, levantándose.

Se acercó a mí. Yo me puse en alerta y retrocedí un poco en la cama. Ante mi cara de "¡aléjate!", se sorprendió y se detuvo.

- ¡No, no, no!- exclamó, retrocediendo mientras levantaba las manos.- ¡No me refería a eso, hombre!

- De ti no me puedo fiar...- murmuré, tocándome los labios para recordárselo.

Me miró con cara de fastidio.

- Oye, Marth, vale ya con eso- murmuró.- Me refería a pelear.

Me sorprendí.

- ¿Quieres pelear conmigo?- pregunté, casi riendo.

- Claro- respondió.- A ver si mejoras un poco esos movimientos.

Aquello me mosqueó. Y mucho.

- ¿Qué insinúas?

- Pues que no puedes hacer nada contra mí, y bueno, por desgracia, yo no soy el más fuerte del mundo. Habrá enemigos más fuertes, y debes estar prepara-

Le di un puñetazo que le tiró al suelo. Él se llevó la mano a la mejilla, mirándome con cara de sorpresa.

- ¿Decías?

- … Está bien, puede que te esté subestimando un poco- murmuró.- Aún así, eso ha sido el factor sorpresa; normalmente, ese puñetazo no me habría derribado.

Resoplé.

- Vale, como quieras, vamos a pelear.

- Estupendo- exclamó alegremente.- Sígueme.

Salió de la habitación y me esperó fuera. Yo le seguí, pues realmente tenía ganas de partirle la cara a ese grandullón. Me llevó por más pasillos hasta entrar en una sala de puerta doble. Dentro había una sala enorme de entrenamiento.

- Esto es... increíble- susurré.

- Sí, es lo mejor que hay aquí- dijo Ike, entrando.

Yo le seguí. Aquello era realmente genial. Había todo tipo de aparatos de ejercicio, algunos ocupados. Pero Ike no se detuvo en ninguno de esos, sino que pasó a otra sala, a la que se entraba por una puerta doble, de estilo japonés.

Aquello me dejó impresionado. Tenían un dojo. Un gran y hermoso dojo japonés, con su tatami y sus paredes de madera. Allí estaba Lucario, golpeando a unos muñecos de entrenamiento. Tenía un estilo parecido al tai-chi, era muy extraño, pero sus golpes se veían muy dolorosos.

- ¿Qué hay, Lucario?- saludó Ike.

- Volvemos a encontrarnos- dijo Lucario. Me miró.- ¿Venís a entrenar?

Asentí.

- Quiere que pelee contra él.

- Qué valiente- dijo Lucario.

Yo me reí.

- Más bien, qué estúpido- murmuré.

- Ya, ya... primero pelea y después habla- me dijo Ike, descalzándose y poniéndose sobre el tatami.

Sonreí, olvidándome por el momento de mis amigos y de todo lo que había planeado hacer, y me coloqué frente a él. Esa vez le demostraría que podría hacerle besar el suelo de una patada. Esa vez me vengaría por las otras. Esa vez...

- ¡Allá voy!

- !

Vale, estaba tan perdido en mis pensamientos que me pilló totalmente por sorpresa. Le esquivé casi de milagro y contraataqué. Él me esquivó. Así seguimos un buen rato, no lo bastante como para cansarnos, pero suficiente para darme cuenta de algo.

Él no intentaba darme puñetazos, sino que únicamente me atacaba haciendo llaves de judo y demás técnicas para inmovilizar. Aquello me cabreó bastante.

- ¡Eh!- grité, en mitad de la pelea.- ¡¿A qué crees que juegas?!

- ¿A qué te refieres?

- ¿Es que no sabes dar puñetazos?- pregunté, mosqueado.

Se rió.

- Nah, es que no quiero dañar tu hermosa carita- dijo.

Aquello me desconcentró bastante. Normalmente le habría mandado a la mierda como otras veces, pero después de lo de la enfermería, veía aquella frase con un sentido distinto. Y él demostró no ser tan tonto como imaginaba. Me había distraído a propósito, y en aquellos segundos de parón, me atacó. Antes de darme cuenta, estaba en el suelo, sin poder moverme ni un centímetro.

- Maldita sea.

- Eres muy fácil de distraer, princesita.

La sarta de insultos que solté tras eso fue memorable. Como no podía moverme, sólo me quedaba hacer una cosa. Fue algo impulsivo, que se me pasó por la cabeza como una oleada eléctrica.

Le besé. Fue sólo un momento, suficiente para despistarle y darle un buen rodillazo en las partes nobles.


Y... CORTEN!

Hasta aquí el capítulo 9! Marth contraataca! (?) XD Sé que se os hacen cortos los capítulos (algunas me lo habéis comentado) pero esto son exactamente dos hojas y media de word, y el anterior fueron tres, que es lo que hago siempre. Realmente lo siento si os saben a poco, pero es mi forma de escribir! juas

Espero poco a poco ir acelerando la trama, pero como os he dicho, esto se va "escribiendo solo", y ni yo tengo claro de hacia dónde va a ir... XDDD así que esperemos que salga algo guay.

Saludos, Reviews y Ciaossu!