Hogsmeade.

— Emma. — alguien la zarandeó y se alejó, aún dormida. — Pss, Emma, despierta, vamos.

— ¿Mmm? — murmuró finalmente, aún sin abrir los ojos.

— ¡Qué te despiertes, demonios! — chilló la chica y enseguida se llevó las manos a la boca, preocupada porque alguien más se despertara.

— ¿Dominique? ¿Qué haces acá? — le preguntó reprimiendo un bostezo, mientras se frotaba los ojos ante la luminosidad de la varita de la pelirroja.

— Nos esperan abajo, ¡Vamos!

No medió ni una palabra más y la tomó del brazo, arrastrándola escaleras abajo, a la Sala Común.

Emma no podía abrir los ojos y Dominique parecía demasiado despierta para ser de madrugada.

— Debiste haberle dado tiempo para cambiarse, Dom. No duerme con corpiño. — señaló Albus, haciendo que todos dirigieran la vista a ella, que estaba considerablemente despeinada y aún no abría los ojos.

— ¿Al? ¿Qué hacen aquí? — se tiró al sillón, literalmente, y tomó uno de los almohadones rojos para apoyar la cabeza y luego acurrucarse.

— Es más, tienen suerte que tenga algo de ropa puesta. — agregó Scorpius, quitándole la almohada a la chica a modo de fastidio, pero sin lograr que se inmute. — ¡Arriba, Emma!

De un manotazo, le quitó el almohadón y se lo puso arriba de la cabeza, evitando que llegara el ruido y la luz.

— ¡Cállense! — espetó antes de volver a acomodarse, con el objetivo de dormir.

— Emma, no seas chiquilina — se quejó Albus, sacándole la almohada de la cabeza.

— ¡No! — gimió ella, tirando la cabeza para atrás, pero con los ojos finalmente abiertos. — ¿Qué hacen acá y por qué me despiertan a las — miró su muñeca y achinó los ojos para distinguir mejor los números — dos de la madrugada?

Miró mejor a su alrededor. Parecía que los Potter-Weasley y los Weasley-Delacour se habían reunido en la Sala Común. Ahí estaban, parados al lado de la chimenea, Louis y James, mirándola divertidos. En el sillón de enfrente, Dominique estaba sentada con las piernas cruzadas. Y a ambos lados del sillón donde Emma estaba, Albus y Scorpius la miraban.

— Aquí está el mapa, James.

Fred Weasley, otro de los primos de Albus que iba en Gryffindor, bajaba por las escaleras que llevaban al dormitorio de los chicos con un pergamino en la mano. Tenía un pelo raro, muy parecido al de James en cierto punto: no era ni pelinegro ni pelirrojo. Estaba en el medio. Y sus ojos negros como el carbón resaltaban aún más con ese tono tan blanquecino de piel.

— ¿Por qué van todos como muggles? — preguntó, intentando atraer la atención de alguien que le contestara.

— Porque, querida Emma, nos vamos a Hogsmeade — explicó Dominique, levantándose de su lugar para sentarse junto a ella y pasarle un brazo por detrás de los hombros.

— ¿Por qué?

— Para ser Gryffindor, tienes cero espíritu aventurero, Em. — se burló Albus, sonriendo, ante lo cual ella le sacó la lengua.

— Hogwarts y McGonagall tienen suficiente con los Potter y los Weasley. — le devolvió ella. — ¿Cuál es la razón para que medio Hogwarts huya a Hogsmeade?

En ese momento, la puerta de entrada de la sala se había abierto y por ella habían entrado un grupo de personas, entre los cuales se distinguían Rose Weasley, debido a su llamativa cabellera roja que siempre llevaba bastante ondulada.

¿Acaso toda la familia Weasley se había reunido? Se preguntó cuando vio entrar a la morena Roxanne Weasley, hermana de Fred, seguida de cerca y a modo de guardiana por Lucy Weasley, la cual no estaba segura que hermano la había engendrado, pero sus pecas y piel lechosa la delataba completamente.

— Hoy fue el último examen del año, Monroe. — dijo Louis girándose hacia ella y deteniendo su conversación con Lauren, de Hufflepuff. Si bien desde las vacaciones de Pascuas, los Weasley-Delacour se habían unido a su reducido grupo de amigos en Hogwarts, Louis insistía con llamarla por su apellido, porque según él "tu apellido es mucho más original que tu nombre". — Vamos a festejar.

— ¡Rosmerta abrirá el bar exclusivamente para nosotros! — exclamó emocionada Roxanne, que a sus trece años, era considerablemente mucho más alta que ella. E incluso que Lucy que iba en sexto.

— ¿Quién dejó a mi hermana venir? — exigió saber Fred Weasley desde una mesa en la esquina de la sala. Estaba ahí con James e Ian, analizando algo que estaba sobre la misma.

— La regla es a partir de los 13, Fred. — se excusó Lucy, que al parecer era la responsable de haberla traído.

— ¿Desde cuándo? — se quejó el casi-pelirrojo, mientras su primo y el amigo estaban demasiados ocupados como para prestarle atención.

— ¡Desde siempre! — se exasperó Dominique. — ¡Ya sigan planeando todo y no molesten! — y siguió conversando con una chica de séptimo, seguro compañera suya, que se había acercado a donde nosotras estábamos.

Debía haber alrededor de cincuenta personas, todas de diferentes casas, vestidos como si fueran a una fiesta, hablando y riendo en grupos.

No entendía como nadie escuchaba con todo el ruido que estaban haciendo, pero como si estuvieran coordinados, mientras ese pensamiento cruzaba su mente, Albus dijo:

— Es una suerte que estos idiotas sepan hacer un hechizo muffiato decente — no se había dado cuenta que seguía a su lado, sentado, con Scor parado mirando para otro al lado. — De otra forma, todos Hogwarts estaría despierto ya.

Giró levemente la cabeza y entendió la incomodidad de su amigo. Justo ahí, en esa misma mesa, Rose y Lucy Weasley permanecían sentadas. Ninguna de las dos hablaba con la otra, pero acotaban algún comentario al parloteo constante de Dominique.

Albus vio a Sarah entrar por la puerta, seguido por su grupito de amigas, y con una seña hacía Scorpius, ambos fueron a donde ellas estaban, siendo su lugar reemplazado inmediatamente por un chico rubio.

— ¿Es alguna nueva moda de la cual quieres contarme? ¿Culotte y remera sin brasier? — levantó la vista y estuvo tentada a sonrojarse. Bueno, de hecho lo hizo. Ian Wright parecía haberse separado del grupo e ido a parar ahí, para recordarle que estaba frente a cincuenta personas prácticamente desnuda.

— En mi defensa, me arrastraron de la cama sin darme tiempo a nada. — soltó la chica, sonriendo abiertamente y él le devolvió dicha sonrisa, provocando unos hoyuelos en sus mejillas.

— Ten. — le pasó la chaqueta que llevaba puesta, para que pudiera taparse por completo y subir. — La ronda de Flint termina en veinte minutos y ya no habrá más personal vigilando los pasillos.

— Gracias, Ian. — agradeció sinceramente, subiéndole el cierre a la chaqueta negra y perdiéndose en la marea de gente.

Tenía veinte minutos y sabía que lo más difícil sería su cabello, por lo cual lo dejó para lo último. El maquillaje le tomaría solo un minuto, lo que tardaba en pasarse corrector de ojeras, delineador y rímel y en cuanto a la ropa, sabía que se pondría desde el momento que le dijeron que iban a Hogsmeade: ahora solo debía encontrar la ropa.

Intentaba siempre usar ropa que acentuara sus atributos y disimulara sus fallas, es decir, remeras que le realzaran los pechos y pantalones o polleras que simulasen que tenía trasero. Lo último más difícil que lo primero.

Odiaba no poder usar shortcitos y remeras sueltas ya que en Gran Bretaña, a diferencia de en Malibú, aunque estuvieran en verano el frío era bastante persistente.

Entre medio de las remeras para salir, encontró el vestido que quería. Era bordó, un color que nunca usaría estando en LA, pero que ahí era lo suficiente discreto para los ingleses. Los aburridos ingleses.

Era de cuello alto y sin mangas, ajustado hasta la cintura y luego caía en tablas. La parte de la espalda tenía un ovalo en el medio, que dejaba ver la piel, por lo cual solo usaba las tazas del corpiño, para que no se notaran las tiritas por detrás. El cuello alto, al contrario de lo que muchas pensaban, realzaban más el busto que usar un escote. Zapatos negros, de tacón alto, y cerrados. Aritos dorados en forma de cruz y la cartera infaltable.

Tomó un esmalte: le quedaban dos minutos, pero prefería pintarse las uñas en la sala común.

— ¿Y Emma?

— Acá estoy. — le respondió a Scorpius, terminando de bajar las escaleras.

— Emma, vienes con el equipo Weasley. — avisó Dominique, aún sentada en la mesa que estaban antes, pero Roxanne sobre sus piernas, mostrándole los moretones que tenía por el entrenamiento de Quidditch.

— ¿Eh?

— Iremos en grupos, para no llamar tanto la atención — explicó Louis, que se había sentado al lado de su hermana. Parecía que cada cual estaba sentado con el grupo que le tocaba. —Y cada grupo irá con un amigo de James, porque entre ellos tienen espejos de doble cara para avisarse si alguien anda por los pasillos.

— ¿Y cómo sabrán si alguien viene? — Fred Weasley levantó el Mapa del Merodeador.

— Albus se suponía vendría en nuestro equipo, pero bueno, ya ves… Primero Slytherin y ahora nos cambia por su noviecita. — el aludido rodó los ojos ante las palabras burlescas de Lucy: sabía que lo decía en broma, porque ella había estado a punto de quedar en esa casa, al igual que su hermana.

Se movió a donde vio que estaba Ian, charlando con un chico de Ravenclaw y con James. Sonriendo, le tendió la chaqueta.

— Muchas gracias. — el chico le devolvió la sonrisa y ahí estaban de nuevo: esos hermosos hoyuelos.

— No pensé que te cambiarías tan rápido. — la miró rápidamente, de arriba a abajo. — Estás preciosa.

— Gracias, tú tampoco estás mal — halagó de regreso, con la sonrisa intacta en el rostro.

— ¿En qué grupo vas? — preguntó interesado, girando su torso completamente hacia ella.

— Con los Weasley. Albus cambió lugares conmigo para ir con Sarah y Scor. — hizo una mueca de disgusto y al instante sonrió de costado.

— Es una pena. Me hubiera gustado que fueras conmigo.

— Tal vez podamos arreglar para la vuelta. — vio que Albus le hacía señas, para que fuera a su lado. — Nos vemos en Hogsmeade.

Y sonriendo, se dirigió a donde sus dos amigos conversaban con las chicas de Ravenclaw. Al verla llegar, Sarah Brooks y sus tres amigas compusieron una mueca, ante lo cual Emma no pudo evitar rodar los ojos. No se llevaba demasiado bien con el sector femenino de Hogwarts, y menos con Brooks, que estaba convencida de que ella quería robarle a Albus.

Se sentó entre medio de las dos serpientes, mientras Scor le pasaba un brazo por detrás de los hombros.

— ¿Eres consciente que Ian estaba coqueteando contigo, no? — le preguntó Albus, girándose para mirarla.

— Sip.

— ¿Y qué tú respondiste a sus coqueteos? — insistió Scor, sonriendo.

— Ajam.

— ¿Y qué mi hermano escuchó absolutamente todo?

— Ay, Albus, ¿Cómo vas a preguntar eso? Obviamente sabía que James estaba escuchando todo. — soltó, haciendo especial énfasis en la palabra "Obviamente".

— Eres perversa. — comentó riendo.

— Y tu hermano un lento. — le devolvió ella. — ¿Desde cuándo se toma tanto tiempo para avanzar con una chica? — se quejó haciendo puchero. — Porque sé que desde Natalie Beckford, en la fiesta de Ian, no estuvo con ninguna otra chica. ¡Pero tampoco avanza conmigo!

— Tendrías que estar orgullosa: intimidas a James Potter. — comentó Scorpius, a la vez que saludaba a un chico de Slytherin que pasaba por ahí.

— ¡No quiero intimidarlo, quiero intimarlo! — Albus y Scorpius lanzaron una carcajada ante la indignación de la chica.

— Lamentablemente para ti, mi hermano te respeta. — le explicó Albus. — Así que… esperará a estar en terreno seguro.

— ¡Grupo 5, por aquí! ¡Grupo 5, nos vamos! — ambos Slytherins se pararon enseguida, ya que ese era su grupo.

— No estés con Ian — recomendó Al, antes de irse. — Sería peor.

Emma bufó enojada, pero sabía que su amigo tenía razón.

Su grupo era el último, ya que ellos tenían el mapa en su poder, y para cuando llegaron a la taberna todos ya estaban bebiendo o bailando.

Había una pancarta colgada en la pared del fondo, que rezaba "Promoción del '20" y un grupo de chicos de Séptimo tomaban fotos debajo.

Se dirigió a la barra, donde sus dos amigos estaban esperándola, y pidió una cerveza de mantequilla: no repetiría la experiencia con el Gancia.

— ¡Extraño Malibú! — dijo con voz lastimera, mientras dejaba caer su cabeza sobre el hombro de Albus.

— Una semana más y estaremos ahí. — consoló Scorpius, llevándose a la boca un vaso con licor.

— Aún no puedo creer que hayas invitado a mis hermanos y primos. — le recriminó Albus.

— Si James no venía, a Lily no la dejarían venir. Y en cuanto a Louis y Dominique, ellos son geniales. Y mis únicos amigos además de ustedes.

— ¡Pero las dos semanas en Malibú eran las únicas que pasaba lejos de mi familia! — insistió Albus y apuró su vaso de cerveza. — Siempre están ahí: en mi casa, en la madriguera, en Hogwarts, en las clases. ¡Incluso cuando voy caminando a lo de Scorpius me los cruzo!

— ¿Tal vez porque dos de tus tíos viven en el mismo barrio? — hizo referencia a los padres de Rose y los de Dominique.

— ¡Eso no importa! Arruinaste mis únicas dos semanas al año alejadas de mi familia.

Emma se quedó unos minutos en silencio, mientras se terminaba su vaso.

— Vengan conmigo de vacaciones. Dos semanas sin padres, sin hermanos, sin primos. Solo amigos, disfrutando de las mejores playas de Miami y un crucero por las Bahamas. — se había puesto entre medio de los dos y tenía agarrada una mano de cada uno. — ¡Por favor! No quiero ir totalmente sola.

— ¿No iba tu mamá contigo?

— Hay un desfile esa semana y no puede faltar. — le explicó a Scor. — Iba a venir Brit conmigo, pero sus papas organizaron para visitar Cuba.

— No sé si mi mamá me va a dejar desaparecer un mes entero — razonó Albus y Scor asintió, estando de acuerdo con su amigo.

— ¡Mamá hablará con sus padres! Además, pagarían la mitad del viaje porque el lugar de mamá ya estaba pago y no se puede cancelar. — una sonrisa soñadora se plantó en su rostro, imaginando todo lo que harían. — Tenemos un viaje de 14hrs con escala en New York, pero será genial. ¡Adorarán Miami! — torció el gesto. — Aunque nunca fui, estoy segura que nos encantará. ¡Y el crucero por Las Bahamas según papá es un sueño!

— Em, aún no sabemos si nuestros padres…. — empezó a explicarle Scor, elevando la voz ya que alguien le había subido a la música.

— ¡Sh! Vendrán conmigo. Mamá es buena negociando.

Siguieron tomando en silencio, sin ninguno decir nada más del tema. Cada tanto, hacían algún comentario sobre las personas que había en la fiesta, pero la música estaba demasiado alta como para poder entablar una verdadera conversación.

Cuando Albus se cansó de ver a su "casi-novia" fulminándolo con la mirada por estar con Emma, soltó un "mierda" por lo bajo y se acercó a donde la chica bailaba con su amiga.

Scor y Emma rodaron los ojos de manera idéntica, para que luego ella lo tomara de la mano y lo arrastrara al centro de la improvisada pista justo cuando la versión de Miley Cyrus de "Girls just wanna have fun" sonaba.

— Si esas estúpidas no dejan de refregarse contra Potter, juro las mataré. — y cambió de lugar con el rubio, para evitar seguir viéndolo, mientras este reía. — They wanna have funn — le cantó, acercándose a su amigo y sonriendo. — Oooh Girls just wanna have funnn.

— Si te fijas, él no les está poniendo demasiada atención — gritó Scorpius, por sobre el sonido de la música.

— Intentó no fijarme porque estoy demasiado celosa como para controlarme — le gritó ella de regreso. — Necesito un trago. Uno de verdad. — determinó para luego abrirse paso entre las personas, seguida de cerca por Scor.


¡Solo faltan dos capítulos!

Este era más un nexo que otra cosa, pero los que faltan serán muchísimo más intensos.

¡Besos!