AUTORA:

¡Hola! Este cap contiene escenas subidas de tono asi que monjas fuera, los demás sed bienvenidos. n.n

NO AL PLAGIO:

Los personajes no me pertenecen, estos son exclusivamente propiedad de CAPCOM. Lo único que me pertenece es la historia y su trama.

NOTA IMPORTANTE:

· Letra Normal: Para las acciones.

· Letra Negrita: Para los diálogos.

· Letra Cursiva: Para recuerdos, sueños o pensamientos.


.Cicatrices que marcan.

.Chapter 9.

Exhaló su última bocanada de aire casi asfixiándose y abrió los ojos al instante. Había despertado después de que su cuerpo ya no resistiera más. Tosió con la garganta seca e irritada, y agitó su cabeza casi como en un espasmo. Su cuerpo estaba casi desnudo, solo vestía una simple camisa ajustada a sus formas y el pantalón que llevaba y no recordaba traer. No sabía con certeza si llevaba incluso puesta su ropa interior.

Tembló sobre la silla. Sus pies, descalzos, estaban casi congelados. Tenía el rostro magullado, sus labios cortados, dibujó una mueca dolorosa y se resistió sobre la silla como pudo. Estaba atada de manos y pies con una especie de grilletes que la retenían.

Había recibido tantos golpes que ya no sabía si eso era lo que realmente se merecía, pero aún le quedaban suficientes neuronas como para mantenerse "cuerda". Humedeció su boca lentamente, llenándola de saliva, paso la lengua con sumo cuidado por encima de sus ahora, labios rotos y ensangrentados, y después escupió la saliva restante. Intentó mover sus manos pero las cadenas no cesaban. Dejó caer el rostro vencida hacía delante y cerró los ojos. Todo su cabello estaba húmedo, mojado quizá, pero lo cierto es que fue a causa del sudor.

¿No te has cansado ya? — Susurró sin apenas fuerzas y se deleitó con una sonrisa que supo que su agresor vería, porque era tan sumamente sádico que eso lo excitaría. Rió intencionadamente pero sus pulmones no estaban en las mejores condiciones, así que acabo por toser y escupir sangre. Calló de golpe y respiró pesadamente alimentando sus pulmones.

Estaba más que derrotada, vencida y humillada. Todas sus fuerzas habían desaparecido por completo después de ser victima de tal tortura. ¿Quien podría desear seguir viviendo? Por esta misma razón ya no tenía fuerzas ni para huir. Escuchó un leve ruido y pensó que sería aquel que creyó ser su héroe desde que sus caminos se cruzaron... pero no, se equivocaba. Aún seguía en esa habitación mugrienta con apenas luz y prácticamente helada. Atada y a punto de suplicar piedad.

Un hombre salió de golpe de entre las sombras y por como vestía sería difícil diferenciarlo de la propia oscuridad. Anduvo un par de metros tan despacio que arriesgaría a decir que caminaba con temor, pero en realidad solo le gustaba prolongar la agonía. Agonía de la que él sería partidario. Quedó cerca de una mesa de madera y mientras cogía un instrumento de metal con cinco orificios circulares, dibujaba una sonrisa sádica imaginándose la deliciosa imagen. Sostuvo el puño americano con la mano derecha, cerró los dedos entorno a él y fue hasta la mujer que tenía atada en la silla. Elevó su precioso rostro con la mano izquierda, imaginó depravadamente como sería abusar de ella hasta hacerle perder la dignidad. Ese bonito rostro de piel nivea, que ahora estaba impregnado de sudor frió y suciedad, por no decir que sus cabellos estaban revueltos y eso lo excitaba aún más, imaginársela completamente desnuda... ¿quien ha dicho que no lo haya hecho ya?

Elevó su puño derecho y pego un puñetazo contra la mandíbula de la mujer que de lo contrario, no hizo nada para impedirlo. Su rostro salió casi impactado hacía un lado, ella se ahorro gritar o producir algún sonido de desespero y solo se limitó a callar sellando sus labios. El cabello le cayó sobre los ojos y quedó de lado resistiendo el dolor, respiró un par de veces furiosa y volvió la vista al frente amenazante.

¿Te... diviertes? — Escupió una mezcla de sangre y saliva y luego guardó silencio. El hombre se preguntó a sí mismo si de verdad gozaba con eso y efectivamente fue así. Se puso a su altura, acarició los pelos de esta, levantó su barbilla y la miró tan débil, sola e indefensa justo como la quería... sin nadie.

¿Dónde está tu héroe? — Se limitó a preguntar. Ella abrió de pronto los ojos como si esas palabras la hubieran despertado y apretó los puños. Se resistió sobre la silla como si intentara salirse de esas cadenas, pero lo único que consiguió fue cansarse más y mal herirse las muñecas.

Se darán cuenta... — Tosió. El hombre que la tenía a su merced la sostuvo con delicadeza y aproximó su rostro hasta el suyo divisando la expresión de desespero reflejada en el color de sus ojos.

Seguro... — Rió en voz alta y empezó a acariciar el cuello de esta con su mano libre. Ella se apartó de un movimiento rápido de cabeza como si la sola idea le pareciese repulsiva y cerró sus ojos. Había aprendido en el poco tiempo que llevaba aquí, que era mejor cerrar los ojos e imaginarse algo parecido a un sueño, que vivir la realidad en estas condiciones, recibiendo golpe tras golpe injustificado y luego preguntarse si esto acabaría de una vez...

...

Todo ha acabado. ¿Enserio? Llevaba haciéndose la misma pregunta hace setenta y dos horas. No se sabía nada de Carla, las instalaciones quedaron sumergidas y enterradas bajo la nieve. Un gran misterio, o como algunos se temían, un gran desastre. Que hubieran vencido a Carla y salvado a sus hijos no significaba que todo hubiera acabado. Se frotó la cara con la palma de sus manos, dió la vuelta sobre sí mismo y quedo observándola recostada sobre el marco de la puerta. Tan misteriosa como siempre...

Se separó de golpe de la madera, lo miró fijamente y casi con una sonrisa sensual empezó a caminar en dirección al hombre. Sus pasos era firmes pero a la vez delicados. Como si fuese una muñeca de cristal. Tenía un simple propósito, y gozar de ello estaba escrito. Quedó a pocos centímetros de Leon y rodeó su cuello con delicadeza.

La tenía prácticamente abalanzada. Una pequeña sonrisa dibujaron sus labios y se estaba conteniendo para no hacer nada que ella no deseara, aunque si se limitaba a preguntar arriesgaría a decir que ambos estarían de acuerdo. Se tensó de pronto todo su cuerpo al notar como su miembro la rozaba y le regaló un fugaz beso sobre la mejilla.

¿No sería mejor ir con los niños? — Quería parecer un buen padre, pero Ada, su imagen desnuda, su tacto, la erección en su pierna... Todo ese delicioso pecado era mucho más fuerte y tentador de lo que él mismo pudiera soportar. Esta, en contestación, en vez de retroceder, se pegó aún más.

Lo han pasado bastante mal. Lo mejor es que descansen un poco. — Finalizó con un tonó un tanto culpable. Se aproximó a la oreja de Leon y le susurró unas palabras. — Quizá nosotros deberíamos también descansar un poco... — Leon cerró los ojos ante esas palabras y toda su piel se erizó, inclino la cabeza y soltó un suspiro. Odiaba que Ada lo excitara tan fácilmente y sin embargo él no se quejaba.

Empezó a andar junto a ella hacia atrás sujetándola con fuerza por la cintura hasta retenerla, y después de alzarla en brazos, besó su cuello. Esta enredó las piernas a su alrededor y dejó devorarse sin apartar las manos de su cuello. La depositó sobre la cama sin dejar de encontrarse sobre ella y subieron como pudieron hasta quedar a la altura del cabezal. Llevó su mano derecha hasta la cintura de la mujer y empezó a disfrutar de la sensación que producía tocarla por encima de la tela, sin llegar a sentir su piel arder. Besó sus labios húmedos y la deleito con una mordedura sobre el labio inferior, respiraron con fuerza y se revolcaron hasta que Leon quedó nuevamente sobre ella.

Gruño mientras lo sujetaba con una mano por la mejilla y con la otra enredaba sus dedos en el pelo rubio al tiempo que producía un leve tirón. Cerró los ojos dejándose llevar por el momento y empezó a notar como el propio Leon se contenía. Sus manos demandaban piel, su sexo placer y él parecía enloquecer con cualquier cosa... Dejó que Leon le arrebatara la blusa y ella hizo lo mismo hasta dejarlo solo con el pantalón. Lanzaron ambas prendas al suelo y se devoraron casi asfixiándose a besos, algunos tiernos y otros casi dolorosos.

Detuvo sus movimientos. Observó el maldito sostén y lo que escondía detrás y con una sola mano se lo arrebató. Impaciente, abrió toda la palma y la colocó sobre el primer pecho que pudo avistar, lo tomó casi con ansiedad y lo masajeó mientras no dejaba de deleitar a la mujer con caricias y besos acompañados de suspiros.

Gimió cerca de la oreja de Leon y eso consiguió que su miembro se endureciera por completó. Un instinto sexual hizo que Leon se pegara y rozara su cuerpo contra el abdomen demandando que liberase su, ahora endurecido, miembro. No pudo contenerse y alzó ambos brazos de Ada hasta dejarlo por encima de su cabeza mientras lo retenía.

Lo miró encima suyo casi siervo a sus pies e intentó liberarse, pero no pudo conseguirlo ya que perdió completamente el sentido justo cuando la boca de Leon empezó a succionar sus pezones, que en cuestión de segundos, se endurecieron. Cerró los ojos al instante y no pudo reprimir un gemido alentador. El interior de sus pechos producía una sensación placentera, mientras que su cabeza por alguna razón le exigía más, su sangre bombeaba frenéticamente y se estaba encendiendo.

Dejó de aprisionarla y mientras no dejaba de lamer cada rincón del pecho de Ada, sujetó el izquierdo con toda la palma de su mano y lo acariciaba con sensualidad. Tembló debajo suyo y lo noto, dibujó una sonrisa traviesa y empezó a desabrochar el pantalón de la mujer.

No odiaba sentirse inferior, pero le excitaba bastante ser la que dominara la situación, así que dio la vuelta sobre él y se puso encima suyo. Quedó completamente recta en un angulo de noventa grados mientras estaba expuesta por completo a la vista de Leon. Casi todo su cuerpo estaba desnudo en su total belleza. Dibujó una sonrisa maliciosa y empezó a deslizar, en la misma posición, los dedos por encima del pecho de Leon.

Detuvo sus dedos sobre los pectorales de este y disfrutó de la sensación que producía. Era una piel realmente deliciosa, tanto sus sabor como su tacto. Presionó sobre sus músculos fuertes y clavo las uñas salvajemente. Leon cerró los ojos excitado, y tomó con ambas manos los respectivos glúteos de la mujer presionando sobre ellos.

...

¿Estaba muerta? O la clave de todo era el "casi" Respiraba, pero sus pulmones no se llenaban de aire por completo. No dijo nada, solo se mantuvo en silencio y alerta, pero el cabrón llevaba más de diez minutos preparando algo. Se movía detrás suyo con prisa. No supo que tramaba ya que no tenía suficientes fuerzas como para mantener los ojos abiertos más de unos pocos segundos, pero lo que si podía hacer era escuchar.

Giró el rostro lentamente, rogando que ningún hueso le produjera dolor, pero a su desgracia escuchó una risa justo sobre su nuca acompañada de un escalofrío, y de pronto se posó una mano sobre su hombro.

Siempre me he preguntado si realmente existe esa mujer de hierro, envuelta por una coraza incapaz de romperse. — Sacó de su bolsillo un mando a distancia y retiró la mano de ella.

¿Que intentas? — Susurró sin apenas voz. Lo miró fijamente sin esperar respuesta, y en cuanto vio que es lo que se disponía a hacer, habló. — ¿No has tenido suficiente con torturarme que ahora quieres ponerme una película? —Finalizó con una risa casi forzada.

A un buen soldado, o incluso, una espía como tu, le han entrenado para cualquier situación. Sabe controlar el miedo, el estrés, contener su rabia, domina las artes marciales y sobretodo sabe soportar el dolor físico, pero pocas personas son capaces de controlar su mente. — Hizo una pausa y quedó mirándola fijamente aunque ella seguía sin fuerzas y con la cabeza caída. — La mente es mucho más poderosa que el cuerpo, lo sabes muy bien... — Rió descabelladamente. — ¿Eres de esas pocas personas capaces de controlar su propia mente sin sucumbir a los posibles factores externos? ¿Eres capaz de resistir el dolor psicológico? — Empezó a dar la vuelta cuando Ada habló.

¿Que tiene que ver? — Él hizo como si no escuchara nada y continuó dando la vuelta.

No te preocupes, ahora comprobaremos hasta donde es capaz de resistir tu mente. — Se hizo a un lado y encendió la pantalla que tenía delante. Ada no entendió absolutamente nada y no pudo evitar mirar al frente esperando que en la pantalla se reflejara "algo". Primero estuvo blanca por unos segundos, como si no reaccionara, pero luego empezó a verse tenuemente un conjunto de colores confusos. Fijó la vista con todas sus fuerzas y...

Es imposible.

No es real. — Declaró tan segura de sí misma que quizá solo lo hacía para auto convencerse. Más del cincuenta por ciento decía que lo más probable es que fuera cierto y ademas, estuviera sucediendo en este preciso instante, pero la otra parte restante se negaba a aceptar la idea.

¿Eso crees? — Dejó escapar una risa y al instante elevó el volumen hasta el cuarenta por ciento.

No quería seguir mirando esa gran pantalla que abarcaba casi la mitad de la sala, pero sin ser consciente sus ojos continuaban abiertos y observando casi con asco esa escena; Carla sobre Leon, con cara de maníaca, disfrutando del placer que se supone que debería ser solo y para ella. Lo vio sujetar los pechos de la mujer con verdadero placer dibujado en sus ojos y no pudo continuar mirando la imagen.

Cerró los ojos profundamente, se cobijo dentro de su triste corazón envuelta por su alma, y se aferró a la idea de que Leon era solo de ella. Y no es que no estuviera dispuesta a compartirlo sino que le pertenecía tanto en cuerpo y alma por todas aquellas promesas que deberían haberse dicho, pero que no hicieron, por todas aquellas noches en las que se entregaban no solo en cuerpo sino también en alma... y rechazando la idea se negó a ver esa imagen depravada. Leon disfrutaba con ella... bueno, con alguien a quien se le parecía. Era realmente asqueroso y encima estaba presenciando todo lo sucedido. Carla jugaba con ellos al mismo tiempo. Se burlaba de ambos y nadie más que ella lo sabía.

Cerrar los ojos no te serviría de nada. Aún puedes disfrutar del sonido, y te aseguro que cada vez se pondrá más interesante. — Ella ignoró el comentario y continuó con los ojos cerrados. Solo podía escuchar la respiración agitada de ambos, pero dentro de poco pasaría de escuchar leves gruñidos, a gemidos llenos de doloroso placer. Dibujó una mueca en sus labios, frunció el ceño y apretó los puños. Por mucho que no deseara mirar a la pantalla, y se negara a hacerlo, se imaginaba como transcurría todo. Porque conocía perfectamente las técnicas y los movimientos de Leon, porque fue su amante durante mucho tiempo y porque amar a alguien implicaba conocerlo.

Quiso rechazar la idea y apartar esa imagen repulsiva de su mente. Pero cuanto más pensaba en olvidarlo, por alguna razón incomprensible, más sufría. Se estremeció casi con pánico sobre el respaldo de su asiento, y encogió los hombros al escuchar un primer gruñido ronco casi imperceptible proveniente de los labios de su amado. Y aunque sabía que Leon solo la deseaba a ella y a nadie más, aun sabiendo esto, ella debía aceptar que no le gustaba la idea de compartirlo. Y tener a la maníaca de Carla sobre él la enfurecía. No porque fuera a follárselo, sino porque podría matarlo ahí mismo, ella era la que a partir de ahora se haría llamar madre de sus hijos y jugaría un papel que Ada, de algún modo, no estaba dispuesta a permitir.

...

Masajeó con fuerza lo que sus manos sujetaban y mientras iba siendo acariciado por unos finos dedos, suspiraba al tiempo que se resistía debajo de la mujer. Él era un hombre y no negaría que deseaba casi con todas sus fuerzas poseerla en ese mismo instante, no obstante sabía que el control en su mayoría de veces era de Ada. No opuso resistencia y se dejo llevar, pero su miembro no compartía la misma idea. Se endureció en medio de su entrepierna y suspiró placenteramente en cuanto notó los dedos de su amada, rozar su pelvis.

Dejó escapar un risa traviesa de su preciosos labios carmesí cuando Leon cerró los ojos y tembló. Era una mujer cruel y como tal, desabrochó el cinturón de éste con delicadeza, como si sus dedos no pudieran rozar su exquisita piel morena por temor a producirle algún rasguño. Se mordió el labio inferior con lujuria y no tardo demasiado en cerrar los ojos y sentir un calor mutuo que estaba por fusionarse en cuestión de segundos. Se desprendió del condenado pantalón, y ella hizo exactamente lo mismo sin perder ni un segundo.

La sujetó por las caderas con fuerza y presionó todo su pene erecto contra la única tela que le impedía la penetración. Necesitaba saciar su sed y como Ada empezara a tardar demasiado se dejaría de formalidades y tomaría él el control. Dejó escapar un suspiro lleno de mil y una sensaciones placenteras en cuanto Ada se hizo a un lado y después de retirarle los boxers, lamió el camino directo hasta succionar una de las bolas más sagradas de cualquier hombre podría tener. Cerró los ojos, soltó otro suspiró casi conteniéndose para no gemir, ella dibujó una sonrisa perversa e introdujo toda la erección dentro de su boca. Primero jugueteó con la punta y succionó varias veces al mismo tiempo que con la mano producía un ligero movimiento de sube y baja, después sustituía la mano por su propia boca y en ocasiones, cuando él estaba apunto de explotar, se detenía y plantaba dulces besos alrededor de la pelvis y así conseguía un gruñido pero a la vez paraba su excitación.

Eres mala... — Declaró tendido sobre la cama y con la respiración ligeramente agitada. Ella levantó la cabeza y como un lince clavó la mirada en su presa.

Oh... — Empezó a mover la cabeza hacía ambos lados. — no sabes cuanto. — Finalizó con una pequeña risa después de que sus palabras cobraran sentido. Leon abrió los ojos al instante como si algo le hubiera echo reaccionar y de un saltó quedo sobre la mujer. La miró con ojos amenazantes y casi podría decirse que la tenía retenida sujetándola por ambos brazos. Ella dejó de reír y lo miró seria. Este dibujó una sonrisa maliciosa y habló.

¿Que debería hacer contigo entonces? — No dejaba de mirarla fijamente a los ojos cuando su mirada se desvió un segundo por culpa de la mujer que paso la lengua por su labio inferior, dejándolo ligeramente mojado. Leon tuvo que contenerse para no devorar esos preciosos labios rosados y humedecidos.

¿Rendirte ante mí? — Preguntó juguetona pero seguramente fuera más una orden. Ella forcejeó pero Leon fue más rápido y se apoderó al instante de esos labios que llevaba deseando devorar hace segundos.

Mordió su labio inferior con pasión mientras que con su mano izquierda sujetaba su rostro y sin perder tiempo, bajó su otra mano hasta rozar el precioso tanga negro con bordado. Esa fina prenda de ropa que le gustaba tanto pero que a la vez odiaba. Pasó delicadamente la yema de los dedos por encima de la tela y se separó cortando el beso.

Cerró los ojos involuntariamente cuando su cuerpo empezó a excitarse de verdad. Apretó las piernas, juntó los muslos y se retorció dolorosamente. Leon también sabía jugar y conocía perfectamente los órganos sexuales de una mujer y como debía llevarlas al límite. Suspiró y odió sentirse, por primera vez, tan débil. Se había acostado con multitud de hombres, pero nunca antes había sido ella la... Gruño molesta y elevó las caderas dándole a entender, que ya era hora de avanzar. Pero Leon lo único que hizo fue reír. Esta abrió los ojos, enredó los dedos en la cabellera rubia de este, y estiró bruscamente, pero antes de que pudiera hacer nada más, soltó el cabello del hombre y se retorció placenteramente mientras dejaba escapar un sonoro gemido que fue callado segundos más tarde con un desesperado beso.

Estaba justo debajo suyo, a su merced, presa del placer que deseaba obtener y que él, le daría encantado. La miraba fijamente, gozando de la imagen de esa preciosa mujer desnuda, sintiendo como se retorcía por su culpa, por culpa de los dedos que ahora entraban y salían junto con movimientos que alternaban velocidades y direcciones y que solo él estaba produciendo. Retiró las falanges del interior de Ada, llevándose consigo un liquido transparente. Ella dejó escapar un suspiró como si el echo de retirar los dedos de su interior la hubiese aliviado, y recuperó la respiración.

Retiró con delicadeza el tanga que estaba casi empapado y lo dejó caer contra el suelo. Se agachó preparando la lengua, mojándose algún rincón de la comisura de sus labios que se había secado y la abrió de piernas. Hundió la cabeza en el interior de ese hueco, y aspiró con fuerza, como si quisiera inundar sus fosas nasales de ese exquisito aroma. Pero no era suficiente, necesitaba probar ese liquido, recordar su sabor. Introdujo la lengua, giró dibujando círculos y un extraño calor impregnó su rostro.

Gimió excitada, sus pezones empezaron a coger forma y se endurecieron por si solos. Su respiración empezó a acelerarse y su vientre subía y bajaba con ansiedad. Elevó inconscientemente las piernas y las dejó sobre los hombros de Leon, pasó los dedos por encima del pelo de éste y disfrutó del tacto que producía ese cabello tan suave, sedoso y liso, pero se dejó de tonterías y obligó a Leon a adentrarse aún más. Presionó todo su rostro y Leon succionó con fuerza.

Apartó el rostro lo suficiente como para que su mano pudiera entrar e introdujo delicadamente el dedo índice y corazón hasta que ya no pudo más. Condujo su otra mano hasta el pecho derecho de la mujer, acariciando antes su estomago y justo cuando llegó a coger el pecho de la mujer, escuchó un gemido. Se excitó al escuchar tal sonido proveniente de las cuerdas vocales de la mujer, y sin poder contenerse, atrapó el pezón entre su dedo pulgar e índice. Lo masajeó, estrujó y pellizco de mil formas que llevaron a la mujer pronunciar sonidos que ni ella creía que existieran.

¿Te gusta mi castigo? — Preguntó burlón después de detener todos su movimientos y quedar encima suyo, mirando como aún respiraba con ansiedad y seguía con los ojos entre abiertos...

...

Apretó los ojos con más fuerza al escuchar a Leon por el altavoz. Esas palabras estaban cargadas de mil sensaciones; lujuria, odio, temor, dolor, placer, pero sobretodo amor. Todo lo que ellos compartían y Leon creía estar experimentando al compartir cama con una supuesta mujer igual a la suya. Sus facciones eran idénticas, su piel tenía prácticamente el mismo tono de color, quizá algo más blanco, pero imperceptible, el cabello con el mismo tono y el corte idéntico... entonces ¿era imposible que Leon no se diera cuenta de que ella no era Ada?

Fíjate en sus ojos... — Detrás de esas palabras se escondía una sonrisa sádica. — mira como sus ojos reflejan el deseo. Cree estar contigo y disfrutar, pero lo mejor es que se la va a follar a ella.

¿De verdad crees que me afectara algo así? — Se negó a abrir los ojos y lo deleitó con una sonrisa ingenua llena de magulladuras y cortes sobre el labio a la vez que levantaba las cejas.

Bueno, no es lo que yo crea sino lo que él crea. ¿Como crees que se sentirá al saber que se follo a Carla pensando que eras tú? Y lo mejor de todo es que se sentirá culpable por no haberse dado cuenta. Para ese entonces tú ya estarás muerta. Ahora que crees tu; ¿crees que será capaz de cargar con la culpa y seguir adelante o se suicidara y dejará a sus hijos huérfanos?

No... — Pero antes de que pudiera decir nada, Hunk la interrumpió.

¿Y quieres que te diga como sé que acabara por suicidarse? — No respondió. — Todo es gracias a ti. — Caminó un par de metros hasta la posición de Ada mientras esta se tensaba furiosa sobre el respaldo de su asiento. — Por lo que tengo entendido te gusta jugar con las personas... y mucho. ¿También jugaste con su corazón, cierto? ¿Como crees que se tomará el que hayas muerto, creyendo tenerte cada noche entre sus sabanas y descubrir finalmente que era la psicópata de Carla a la que se estaba tirando?

¡Basta! — Gritó furiosa abriendo los ojos al acto y fijando la mirada sobre Hunk. Éste empezó a reír descabelladamente sin cesar y ella cada vez acumulaba más odio, sin mencionar que de fondo se escuchaban verdaderos gemidos casi repulsivos para sus oídos. De todas formas estaba tan furiosa que los ignoraba por completo.

Sera la gota que colma el vaso... — Continuó acercándose hasta Ada y se puso a su altura. La miró a los ojos fijamente y acarició su rostro, pero esta lo rechazó de un giro brusco. Gruñó molesto y tomó el rostro de Ada con violencia obligándola a quedar cara a cara. — ¿Y que pasará con tus hijos? ¿Que destino crees que tendrán? Oh, ellos son los que se llevan la mejor parte de todo. Con un poco de suerte el gobierno los coja para experimentar, porque ni en los que crees buenos lo son. — Se acercó casi a menos de cinco centímetros de la cara de Ada, dibujó una sonrisa triunfante y habló. — ¿Aún crees que no te afectara todo esto?

En vez de responder, cogió todas las fuerzas que pudo encontrar y en menos de un segundo impactó su cabeza contra la de Hunk. Éste salió impulsado hacía atrás no más de un metro ya que el golpe fue mínimo, pero doloroso, y cayó contra el suelo frío y mojado.

¡Dije basta! — Su mirada volvía a recuperar ese brillo asesino y amenazante del que se caracterizaba Ada Wong, pero Hunk se levantó gruñendo y antes de decir nada, impactó un reverso contra el mentón de la mujer. Luego, mientras respiraba furioso, se pasó el dedo por el labio inferior y pudo ver que la muy hija de puta le había hecho un leve corte.

¡El único que dice basta, soy yo! — Y sin ningún tipo de compasión impactó otro puñetazo, pero esta vez sobre la mejilla izquierda de ésta. Salió todo su rostro impactado hacía uno de los lados y escupió sangre al instante, respiró dolorosamente y lo miró delante suyo y de pie, con cara de asco.

Cuando salga de aquí te mata... — Recibió otro puñetazo sobre el estomago, y de tantos que había recibido sobre las costillas y por como respiraba, yo diría que alguna costilla estaba rota. Tosió casi ahogándose y dibujó una mueca dolorosa.

¿Perdona, decías algo? — Vaciló pero Ada no respondió. — Ya decía yo... — Rió, y por puro placer pegó otro puñetazo sobre su ojo derecho. Ada ahogo un grito doloroso en su interior y apretó los puños para concentrarse en soportar el dolor. Con un poco de suerte en pocas horas ya no notaría el dolor. El frío del lugar era tan helado que ya no notaba ni los dedos de sus pies.

Dejó de golpearla y se dirigió hasta la mesa. Ada no dejó de seguirlo con la mirada ni un segundo y volvió a escupir sangre junto con saliva. Agitó el rostro, abrió los ojos y sus pupilas se dilataron considerablemente cuando una risita traviesa y condenada la despertó. Fijó la vista al frente y se acordó de que prefería ser golpeada una y otra vez a mirar esa escena.

Aunque dijera que no le afectaba en absoluto presenciar un acto carnal entre Leon y Carla, no era así. Quería parecer que era fuerte y convencerse a sí misma de que había pasado cosas mucho peores, que eso solo era un chiste en comparación con B.O.W's o tratos con mercenarios, pero no era cierto. Todos tienen un punto débil y la prueba estaba en que aunque todos estos años se hubiera alejado de él para autoconvercerse de que así lo mantendría alejado y a salvo, siempre volvía. ¿Por qué? Porqué era una gran debilidad que no quería aceptar, e intentar mantenerla alejada creía que la ayudaría, pero toda debilidad tiene su rendición, y llegó un día en el que ni ella pudo resistirse más...

...

Se subió encima de él casi a horcajadas y lo evaluó con la mirada; sus ojos brillaban de deseo incontrolable por penetrarla, pero ella no le concedería el placer... aún no. Sus labios dibujaron una leve sonrisa, tomó a la mujer por las caderas y se inclinó para recibir un beso. Chocaron, se devoraron silenciosamente y compartieron un beso que más adelante se convirtió en una batalla por someter al otro. Ella se deleito de la sensación que producía, en un estado de insatisfacción sexual, tomar su cabello y mientras lo besaba, respirar con dificultad. Leon en cambio, se conformaba con acariciar el cuerpo desnudo de la mujer, pasando sus dedos por la cadera de esta, en un movimiento acelerado buscando recorrerla de arriba abajo.

Dejaron escapar un gemido casi al mismo tiempo, el de Ada más agudo y el de él mucho más ronco, en cuanto ambos sexos entraron en contacto sin llegar a producirse penetración y eso para ellos fue doloroso, encontrarse tan cerca del placer, justo en la entrada al cielo, pero no llegar a sentirlo. Estaba completamente húmeda y él, a punto de explotar. Pero ambos calientes.

Empujó a Leon contra el colchón, cortando el beso, plantó su mano encima del pechó de este y mientras relajaban su respiración empezó a bajar hasta sujetar de nuevo todo su miembro. Lo masajeó, acarició, humedeció gracias a su saliva y después de llevarlo al limite, lo introdujo de lleno en el interior de su boca.

Leon suspiró casi a punto de morir. Esa sensación era sumamente deliciosa. Su miembro se encontraba sumergido en el interior de un hueco cálido, húmedo y una lengua se encargaba de masajear toda la zona y de recorrer aquellos espacios en los que ni él ni ella creían que pudieran llegar. Acabó de lamerlo por completo para después retirarlo de su boca, y empezó a plantar delicados besos sobre toda la erección al tiempo que acariciaba la pelvis del hombre y se dirigía a masajear esas dos pequeñas bolas que se encontraban a menos de cinco centímetros de su rostro. Este acto consiguió sacar un gemido de la garganta de Leon.

Abrió los ojos, levantó la mirada y observó a Leon rendido ante sus pies, a punto de correrse, con los ojos cerrados, y con la mano que le temblaba. Estaba debatiendose a sí mismo si tomar la cabeza de Ada y presionar más o detener la acción y ser él el que la hiciera estremecerse, pero el placer era tal, que ni él podía controlarse.

...

Todo esto... — Dijo con dificultad. — ¿por qué lo haces? — Finalizó apretando los dientes sin mover ni un musculo, pero al instante Hunk la tomó por el cabello con violencia, dio un leve tirón hacia atrás, y la obligó a mirarlo a los ojos.

No puedo hacerlo simplemente por que me produzca placer. — Analizó por completo la expresión de rendición en el rostro de Ada, y abrió su mano dejando caer así, toda la cabeza de esta hacía delante llevándose consigo misma su propio peso. La miró atentamente por unos segundos, pero se dio la vuelta al ver que no diría nada más y empezó a marcharse.

Ada dibujó una pequeña y forzada sonrisa en sus labios y de pronto empezó a reír sin justificación alguna. Hunk se detuvo sin dar un paso más, apretó los puños sin entender donde estaba la gracia y dio la vuelta sobre sí mismo despacio.

No... — Empezó cambiando tanto su actitud como su propio tono por uno más amenazante y un tanto gracioso. Un tono que sacaría de quicio al hombre. — no lo haces por esto. — Se atrevió a contradecir como si no le importaran las consecuencias, como si le gustara recibir puñetazos del hombre. — Muy en el fondo debe haber otro motivo. Las únicas personas que hacen esto por placer tienen algún problema mental y tú pareces estar perfectamente... — Se detuvo a respirar, elevó el rostro de cara al techo únicamente para retirarse, de un movimiento de cabeza, el pelo que le caía sobre los ojos, y continuó. — Creo que lo que quieres es que todos pensemos que lo haces por placer, quizá para producir miedo, pero los dos sabemos que hay algo más. ¿Que es; una historia, un pasado... o tu mascara? — La conversación estaba empezando a tomar un rumbo que no le gustaba y se puso firme, preparo su puño, pero no lo levanto, aún no... — Dicen que hay miradas que hablan por si solas, quizá la tuya esconda algo. — Jugaba con él, lo ponía a prueba, ¿por qué? Por que ella también sabía jugar con la mente de la gente y era bastante buena.

Cállate. — Elevó la voz, y sin poder contenerse, impactó otro puñetazo mucho más fuerte que todos los anteriores sobre el abdomen de Ada, esta se retorció y gimió dolorosamente sin poder resistir ni un golpe mas. Sus costillas debían estar hechas polvo, llena de hematomas por todo su cuerpo, los músculos le ardían y la combinación del aire frió le calmaba el dolor, pero las heridas le escocían.

Sabia que la furia de Hunk no había cesado y en cuestión de segundos recibiría el impacto de su gran puño. Cerro los ojos, dibujó una mueca dolorosa esperando recibir el golpe de gracia del hombre y tal como predijo, la golpeo de nueva cuenta sobre la frente con tanta rabia que el rostro le fue impactado contra el respaldo de su asiento hasta conseguir hacerle perder el aire. Abrió los ojos inmediatamente y todo a su alrededor estaba borroso, daba vueltas. Intentó enfocar la vista y centrarse, pero otro impacto le fue depositado sobre la nariz. Todo paso tan rápido y en ese medio estado de conmoción, que ni ella noto el último impacto cosa que aun siendo inconsciente agradecía porque la nariz empezó a sangrarle.

¿Te crees... más hom-bre — Le costaba horrores mantener no una simple conversación, sino caer inconsciente ante el hombre que le había golpeado cosa que significaría darle a él la victoria. — por pegar a..., una mujer — Aspiró una bocanada de aire mientras las costillas le crujían, y su cuerpo se arqueaba. — atada e indefensa? — Rió.

No podía mantenerse callada ni un segundo, al menos hasta que Hunk desapareciera y entonces podría maldecirlo, pero ¡no! Ada Wong debía ser siempre la que tuviera la ultima palabra. ¿Era una cuestión de honor, ego, superioridad? No, era un simple desafió, para no olvidar que el canalla que la estaba torturando estaba fuera de control, porque ella lo había conseguido sacar de quicio. Y así, aunque como consecuencia recibiera golpe tras golpe, conseguía conocer al oponente en todo; sus limites, sus flaquezas, su auto control... para cuando se diera la oportunidad y tuviera que acabar con él, fuera coser y cantar.

Levanto los parpados con doloroso esfuerzo al sentir unos brazos cálidos tomarla de la cintura, se dejo hacer, intento hacer fuerza para mantenerse en pie, pero sus pies ya no respondían ni a sus propios escalofríos. ¿Eres tu...? Le pareció aspirar su aroma fresco, pero estaba bastante confusa. La levanto de la silla, acariciando sus muñecas o tomándola con brusquedad ¿Leon? De pronto escucho el nombre de su amado en un grito de desesperación como ella desearía hacer si tuviera suficientes fuerzas, pero lo extraño es que no pudo abrir ni la boca, seguidamente, cayo estrepitosamente contra el suelo. Las rodillas impactaron contra el suelo, pero sin poder sostenerse, se desplomo hacia delante impactando el rostro magullado contra el suelo mojado y repugnante. Su abdomen subía y bajaba con ansiedad intentando respirar lo suficiente como para alimentar sus pulmones. Avisto una figura que se agachaba a la altura de su rostro y sin poder confirmar con seguridad quien era, supo que no era nadie bueno.

Ya no estas atada... pero si indefensa. — Acto seguido piso los nudillos de Ada con su enorme bota de combate y consiguió que se retorciera en el suelo, y como no sacio su sed, giro la bota aun pisandole la mano, y produjo mas presión. No obstante, no consiguió que suplicara o pronunciara aullido alguno de dolor.

Puedes hacerme todo el daño que quieras, está claro que me quieres con vida. — Y después de decir esto, empezó a reír como una maníaca. Hoy no moriría así que sentía que podía hacer lo que quisiera.

Hunk ignoró el comentario pero no sucumbió al juego de Ada. Se dio media vuelta y, molesto, se marchó de la sala. La cerró de un golpe fuerte, produciendo un sonido, y luego la aseguro con llave. Dio dos vueltas a la cerradura y se guardó la llave en el bolsillo.

Consiguió darse la vuelta, quedo bocarriba y sin sentido alguno quedo con los ojos entre abiertos observando atontada la luz del techo que no dejaba de balancearse ligeramente produciendo un ruido casi imperceptible, pero que ella fue capaz de captar. Bajo el rostro hasta alcanzar verse el abdomen pero lo único que vio fue el color negro de su camisa. Suspiró y con la mano temblorosa empezó a moverla por el suelo mojado, empapándosela al acto de agua helada, hasta conducirla cerca de su cintura. Se detuvo asustada, introdujo los cuatro primeros dedos por debajo de la tela y palpo su piel dañada. Tembló, introdujo por completo la plenitud de su mano derecha y fue a buscar sus costillas superiores. No necesito tocar demasiado para verificar que tenia un par de costillas rotas. Hunk había desaparecido y agradecía con toda su alma que así fuera.

Se intentó incorporar, apoyando todo su cuerpo sobre sus rodillas y manos, pero en cuanto doblaba su abdomen y se arqueaba para levantarse, el dolor era tal que caía instantáneamente. Lo volvió a intentar como mínimo tres veces sin darse por vencida, pero había perdido la la cuenta. Gruño más al caer contra el suelo que en intentar levantarse.

¿Había desconectado del mundo exterior? ¿Escuchaba solo su acompasado corazón que cada vez latía con menos fuerza? ¿Estaba apunto de ver pasar su vida por delante como un cortometraje lleno de escenas tristes y solas como lo era su vida? Estas eran preguntas que su mente le hacia al encontrarse al borde de la muerte. Pero no, era mentira, ella no se estaba muriendo. Y se dio cuenta tan pronto las embestidas comenzaron delante de sus propios ojos y la sangre empezó a correrle por las venas frenéticamente. La piel le ardió, sus pupilas se dilataron sintiendo celos, pena, dolor, arrepentimiento e impotencia. Pero esta vez no... esta vez no cerraría los ojos.

...

La primera embestida fue dolorosa e intensa pero fue suficiente para que ambos soltaran un suspiro delicioso acompañado de ansiosas caricias que buscaban penetrar en el interior de la piel. Elevó otra vez las caderas, alzando la cabeza hacia al techo, sus pechos se endurecieron, él los sujeto con fuerza y ambos presionaron sus sexos en una segunda embestida. Se fundieron en una tercera, cada vez más salvaje pero en eso consistía el sexo entre ellos.

Se detuvo a recuperar el aliento y en un segundo que pillo a Leon desprevenido, se apoderó furtivamente de sus labios. Los hizo suyos, besó y saboreó como nunca antes había hecho mientras el hombre, sujetándola por la cintura, la movía de lado a lado en una danza celestial, buscando la satisfacción y el deseo mutuo. Obtuvo un gemido de los labios de Ada que fue ahogado con el beso, se separó repentinamente, sujetó el rostro de Leon con extraño sentimiento y mientras se fundían en una mirada sus sexos seguían unidos.

De pronto fue Leon el que con el factor sorpresa selló sus labios. Los tomó suyos, cortó su respiración e introdujo la lengua hasta conseguir que ambas se acariciaran deliciosamente. Deslizó una mano por la nuca de Ada y la otra por su cintura, y de un salto repentino quedó sobre esta. Rompió el beso, apretó los dientes salvajemente y embistió a la mujer bruscamente, una y otra vez hasta que ambos se habían perdido dentro de su propio sueño. Porque en eso consistía el sexo, entregarse al amor, a un deseo transformado en placer hasta perder la cordura y dejarse llevar por los actos salvajes.

Ammh... — Pronunció cuando Leon retiró su miembro erecto, duro y mojado del interior de Ada, y luego respiró un par de veces.

Observó como había conseguido ruborizarla, pero eso no sería suficiente, no hasta que él se vertiera en su interior, se fundiera junto a ella y susurrase su nombre como siempre hacia. Elevó, con impaciencia las piernas de la mujer, las colocó sobre sus hombros y antes de seguir con su labor, se dio el lujo de observar con detenimiento la entrada que lo conduciría a la gloria. Sus labios vaginales estaban ligeramente hinchados, bastante rojizos y lo que más le gustaba a él, empapados. Volvió a penetrarla, entrando delicadamente, con cariño. Hizo la misma acción pero en sentido contrario algo más deprisa, volvió a introducirlo y fue entonces cuando soltó un suspiro cargado de placer. Ella le regalo un gemido que, segundos más tarde causo, de nuevo, una gran embestida.

Los espasmos se hicieron notar y empezaron a recorrerle el cuerpo entero de arriba abajo. Un pequeño calambre se apodero de ella y ambos gimieron. Cerraron los ojos y volvió a penetrarla con fuerza hasta dejarla sin aire y por tanto sin fuerzas, cosa que hizo que bajara las piernas de los hombros de Leon y las dejara sobre la cama. No habían llegado al orgasmo así que Leon no se detuvo ni un momento.

Enredó al instante, para mayor comodidad, las piernas entorno a Leon y elevó sus caderas al tiempo que Leon seguía con sus movimientos, para profundizar más. La sensación era deliciosa, exquisita y breve, pero el relámpago que se desprendía cuando experimentaban el orgasmo era inigualable. Tal, que aunque no durara más de unos segundos, deseaban repetir la misma acción en cuanto recobrasen las fuerzas.

...

Se mantuvo atenta, demasiado tiempo de lo que debería haberlo estado, y a su desgracia supo que el final se acercaba. Los ojos de Leon brillaban y aunque no fuera capaz de verlo suponía que ambos cuerpos sudaban ligeramente; tanto por el esfuerzo al que se sometían como al calor de la habitación sin ventilar. Compartieron un doloroso beso, quedaron apoyados sobre sus frentes y Leon continuó embistiéndola.

Apretó ligeramente el puño furiosa, cerro los ojos por un instante y después de ahogar un grito, apoyó ambas manos sobre la superficie del suelo. Ejerció un poco de fuerza solo para quedar con la espalda recta y después de dibujar una mueca, fue arrastrándose hasta la pared de detrás suyo. Quedó recostada y dejó descansar sus pobres brazos que habían hecho todo el esfuerzo.

Respiró pesadamente y sin entender muy bien por que una imagen inundo su mente por completo. Quizá porque anhelara rodearlos con sus brazos, o por que temiera por el estado en el que se encontraran, pero sus hijos fuero mucho más importantes que Leon junto a Carla. Apoyó la cabeza contra la pared y suspiró, debía pensar como salir del lugar y aunque cayera sobre ella la absoluta responsabilidad de salir de allí con vida, debía aceptar en contra suya que si planeaba escapar, tendría que encontrarse en mejores condiciones de las que estaba ahora.

Escuchó un nuevo gemido, fijó la vista al frente, y tardaron menos de cinco segundos en llegar al clímax. Apretó los labios esperando que fuera un sueño, y después de darse cuenta de que lo que estaba sucediendo era tan real como Hunk, se prometió a sí misma que no moriría sin haber acabado antes con Carla... No hasta hacerle pagar por todos sus crímenes.

...

-Días después-

Un fuerte mazazo impactó a gran velocidad contra una superficie solida y retumbó en toda la sala hasta hacer vibrar las ventanas, y más de uno encogió los hombros inconscientemente. El sonido le llegó a los odios y la hizo reaccionar al instante. Movió ligeramente la cabeza volviendo a la realidad y se mantuvo en silencio.

A su alrededor se encontraban muchas personas, la mayoría en sus respectivos asientos pero otros, en su minoría de pie, como si aguardaran ordenes y es que eran policías armados con pistolas de nueve milímetros, porras y esposas. Aguardaban con las manos por delante, a la altura de la pelvis, una por encima de la otra y con la espalda completamente recta. Unos se encontraban a pocos metros de ella, a sus respectivos lados y otros en las dos puertas que comunicaban con el exterior.

Recorrió con la mirada, todo su alrededor, intentando no moverse mucho sobre su asiento y al poco tiempo reconoció un par de rostros, los miró fijamente y después quedó perpleja, sin palabras...en estado de shock. Quedó observando un rostro en concreto, escondido entre un par de personas, y al mirar sus ojos fijamente, quedó reflejada en su propia imagen como si fuera un espejo. Sus pupilas se dilataron considerablemente. La miró confusa, y después de recordar, en ese preciso momento, lo entendió todo...

Bajó la mirada, se observó a sí misma y un color naranja la deslumbro por completo. Elevó las manos y tembló. Volvió a alzar la vista encontrándose nuevamente con ese rostro que segundos antes, era su propio reflejó pero, poco después dejó de serlo para transformar su rostro en una sonrisa victoriosa...

Por fin se ha hecho justicia. —Escuchó la voz de alguien a su alrededor en un susurro y por un momento le pareció que la condenaran a algo peor que la muerte...


Continuara...


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