DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
MI NIÑA DE PROSPER
CAPITULO 9
Esta semana estaba siendo un desastre. Jane, por alguna extraña razón que no lograba identificar, estaba conmigo todo el tiempo y decidió pasar conmigo todas las noches.
Ello me impidió ver a Bella, que creía que yo estaba haciendo guardias toda la semana.
Me escapaba siempre que podía robar una hora a mi consulta para irme hasta Newark y verla durante 15 o 20 minutos en la cafetería en la que ella trabajaba.
Pero estaba obligado a pasar las noches en el departamento con Jane, quien estos días tenía una especie de ataque ninfómano.
- Tengo una mala noticia – dijo tumbada desnuda sobre mí el jueves por la noche.
- Qué sucede? – pregunté medio dormido
- La próxima semana estaremos en California
- Y eso por qué?
- Mamá y yo nos iremos con Chelsea a casa de su familia, para organizar varias cosas de la boda
- La boda será en California? – pregunté – No falta mucho aún?
- Seis meses pasan volando y mamá está desesperada.
- Cuándo te marcharás?
- Mañana por la tarde y no volveré hasta el siguiente domingo
Simulé estar apenado aunque en realidad me sentía más que feliz. Tenía una semana entera para estar con Bella, sin interrupciones.
- Hola, cielo – la saludé cuando al fin pude hablar con ella pasado el mediodía
- Edward! – me saludó con su exquisito entusiasmo
- Cómo estás, cariño?
- Bien, ahora salgo de la escuela y estoy yendo rumbo al trabajo. Te veré un ratito hoy? – me pidió tímidamente con su dulce voz
- Tengo una propuesta mejor
- Cuál?
- Puedo recogerte cuando salgas de trabajar, podemos cenar juntos y tal vez, si tienes ganas, podríamos pasar juntos todo el fin de semana
- De verdad? – gritó haciéndome reír con su entusiasmo
- Sí, si tú quieres, claro
- Por supuesto que quiero, te he echado tantísimo de menos. Y te quedarás a dormir conmigo?
- Si tú me invitas
- Tonto, sabes que siempre estás invitado. – me dijo arrancándome una sonrisa
- Te amo, Bella. Te veré por la tarde.
- Yo también te amo a ti. Te estaré esperando.
La esperaba recostado sobre el volvo, en una gélida noche de finales de noviembre cuando la vi salir de la cafetería.
Sus mejillas, de un rojo furioso eran lo poco que podía ver por debajo de su gorro de lana. Llevaba una chaqueta enorme que escondía su delicioso cuerpo y hasta sus manos estaban enfundadas en unos cálidos guantes.
Se acercó corriendo hacia mí al verme y saltó en mis brazos haciéndome reír.
- Te eché muchísimo de menos – susurró
- Pues ya estoy aquí – le dije antes de besarla con pasión – Estás helada, cariño.
Se sonrojó más si cabía.
Subimos al volvo y me dirigí a una pizzería que Bella me recomendó.
Cenamos hablando de nuestra semana. Bella me contó cada uno de sus días en detalle. Me explicó que Tanya volvería a finales de la semana siguiente y ya entonces abriría el bar y ella volvería a su rutina de tocar los fines de semana.
Cuando finalmente cerré la puerta del departamento tras de mí, me quité la chaqueta lanzándola al suelo e hice lo mismo con la suya. Hicimos el amor sobre la alfombra del salón sin ser capaces de llegar a la habitación.
- Te necesitaba tanto, Bella – susurraba mientras la embestía con premura sintiéndola jadear en mi oído
- Y yo a ti – murmuró enredando sus piernas en mi cintura antes de que juntos llegáramos al paraíso.
Bella dormía sobre mi pecho con sus piernas enredadas en las mías. Amaba a esta niña, la amaba más que a nada, había pasado toda la semana durmiendo con Jane y sólo había sentido el vacío que era mi vida si no la compartía con Bella.
Tenerla entre mis brazos, sintiendo el calor de su cuerpo, acariciando su delicada piel de porcelana, era lo que yo necesitaba para seguir vivo.
Bella se removió entre mis brazos y la apreté contra mí, y sentir su dulce respiración en mi pecho me llevó a tomar la decisión correcta.
Dejaría a Jane cuando volviera de California. Acabaría con esa relación falsa e hipócrita y formalizaría mi situación con Bella.
Le pediría que se mudara conmigo porque no me podía imaginar una sola noche sin ella entre mis brazos.
Si era necesario, iría a Prosper a pedirle su permiso a Charlie y si él lo quería así, me casaría con su hija, pero no dejaría que mi niña se alejara de mí ni un solo día más.
Me desperté estirando el brazo sobre la cama vacía. Me levanté y me calcé un pantalón antes de salir para encontrármela en la cocina. Vestía una amplia camiseta que llegaba a la mitad de sus muslos, tenía el cabello recogido en una coleta y cantaba en voz baja mientras preparaba tortitas.
Me acerqué a ella y la abracé por la espalda haciéndola saltar.
- Buenos días, mi vida
- Buenos días – giró la cara para dejarme un beso en la mejilla
- No me gusta despertarme solo – susurré besando su cuello
- Quería prepararte tortitas – se excusó
Desayunamos entre risas en la cocina y me la llevé a la cama recostada sobre el hombro, para castigarla por haberse comido mí última tortita.
Hicimos el amor como si se nos fuera la vida en ello, nos pasamos casi el día entero enredados desnudos en la habitación.
El domingo a la mañana Bella me pidió que la llevara a Coney Island ya que nunca había visitado el centro de atracciones, y no pude resistirme a su dulce carita y hacia allí nos fuimos.
Los ojos de Bella brillaban emocionados mientras veía las atracciones con sus colores y su música. No podía dejar de sonreír y yo con ella.
Subimos a todas las atracciones que pudimos, el carrusel, la gigantesca noria, las tazas giratorias y hasta la destructora montaña rusa, de la cual me bajé sintiéndome un anciano. Mientras Bella reía excitada por la adrenalina descargada en la atracción, yo intentaba calmar mi fuerte dolor de espalda generado por el traqueteo de la montaña.
Cuando salimos de la casa del terror yo estaba encantado por haber tenido a una muy temerosa Bella colgada de mi cuello y apretándose contra mí.
Nos paramos en uno de los puestos de comida donde compramos unos perritos calientes acompañados de unas muy grasientas patatas fritas y nos sentamos en la primera mesa desocupada que encontramos.
- Muchas gracias por haberme traído, Edward – me dijo acercándose a mí y besándome
La apreté sin dejar de besarla y colé mi mano bajo su jersey acariciando su espalda, mientras en mis pantalones se apretaba mi erección.
- Es un placer, cariño – dije contra sus labios sentándola en mi regazo.
Bella restregaba su trasero contra mi erección que estaba cada vez más dura.
- Deberíamos irnos antes de crear un espectáculo no apto para niños – susurré arrancándole una risa.
Nos levantamos y al girarnos abrazados me encontré de frente con Jasper que nos observaba atónito.
Palidecí ante su intenso escrutinio mientras Bella nos observaba en silencio.
- Jasper – dije en voz muy baja sacándolo del trance
- Edward! Eres la última persona que hubiese esperado encontrarme aquí – se excusó aturdido
- Bueno, ya sabes, - intenté sonar natural – un domingo diferente. Y tú qué haces aquí?
- He venido a acompañar a María y algunas amigas.
María era la hermanita pequeña de Jasper. Tenía doce años y era hija del segundo matrimonio de su padre. Era la luz de los ojos de Jasper y la consentía muchísimo.
Jasper me miró y luego a Bella y me vi obligado a presentarlos.
- Bells, él es Jasper, el novio de mi hermana Alice y mi mejor amigo. Jasper, ella es Bella, – me giré a mirarla antes de agregar – la mujer de mi vida.
Jasper sonrió mirándome estupefacto y saludó a Bella tendiéndole la mano.
- Es un placer, Bella.
- Encantada – dijo con su clásico sonrojo.
Hablamos un poco sobre el parque, las atracciones y el entusiasmo de Bella al haber conocido el lugar y nos despedimos, quedando Jasper y yo en tomar unas cervezas al día siguiente. Sabía lo que pretendía, interrogarme sobre Bella. Pero también sabía que podía confiar en Jasper, no en vano era mi mejor amigo desde el instituto.
Cuando entramos al departamento Bella preparó chocolate caliente mientras yo me duchaba. Ella se duchó cuando yo salí y nos sentamos en el sofá del salón vestidos con nuestros pijamas, bebiéndonos el chocolate y mirando la televisión.
Me recosté en el sofá y Bella sobre mí. Mi mano por debajo de su camiseta acariciaba su espalda. Comenzó a acariciar mi pecho desabotonando mi camisa. Hacía círculos inocentes alrededor de mis pezones y mi erección comenzó a crecer.
Bajé mi mano hasta meterla dentro de sus bragas acariciando sus glúteos. Bella comenzó a restregar su sexo contra mi pierna y su respiración se fue volviendo errática.
Lleve mi dedo a su ano y comencé a acariciarlo empujando levemente hacia dentro. La excitaba mi acción, podía notarlo al ver cómo se movía y se retorcía contra mí.
Tiré de su camiseta y se la quité. Guié mis manos a sus pechos y comencé a masajearlos mientras la besaba. Desabrochó mi camisa por completo y tiró de ella para dejar mi pecho descubierto. Se impulsó sobre mí y se sentó a horcajadas sobre mis ingles. Se movía encima mío endureciéndome más.
- Cielo... – pedí – quítate esto – tiré de la cintura de sus pantalones y se levantó para quitarse el pantalón y las braguitas.
Completamente desnuda volvió a sentarse sobre mí. Mi erección apretaba mis pantalones pugnando por salir. A través de la tela podía sentir la tibia humedad de Bella mojando mi ropa.
Estiré mi mano para acariciar su henchido clítoris y jadeó con sorpresa. Se separó un momento para bajar mi ropa y liberar mi pene, lo dirigió hasta su abertura tras poner el preservativo que encontró en mi bolsillo y lentamente lo hundió dentro suyo.
Entre gemidos y jadeos me cabalgó hasta acercarse al orgasmo, cuando la sentí apretarse en torno a mí, la empujé suavemente y salí de dentro suyo.
- No – gimió quejándose y llevando su mano a su hendidura
Le tomé la mano y se retorció con desespero
- Déjame a mí, cielo
La puse de rodillas sobre el sofá y la penetré por detrás arrancándole un pequeño grito. Llevé mi mano a su clítoris y tiré suavemente de él. Bella se retorcía y gritaba mi nombre. Sentía sus jugos mojando mi mano, mientras la embestía por detrás. Con los jugos de su sexo humedecí su ano introduciendo muy lentamente mi dedo en él. La vagina de Bella se apretó con fuerza sobre mi miembro, a la vez que sus gritos se hacían más fuertes.
Me sentía completamente excitado, intentaba pensar en otra cosa para prolongar el acto pero los jadeos y movimientos de Bella me lo impedían. Cuando finalmente la sentí ceñirse sobre mí, la embestí profundamente y juntos llegamos al clímax.
Cayó rendida sobre el sofá y yo sobre ella.
Aquí les dejo un nuevo capítulo que espero disfrutéis.
Gracias a todos por los reviews y ya sabéis que os envío un adelanto para cada review que me dejéis.
Besitos y a disfrutar los últimos días del 2010!
