Pero Emma la besó primero, y la pasión inundó a ambas y se comieron a besos. Regina estaba disfrutándolo pero cuando se dio cuenta de lo que hacía, se apartó y entonces… despertó. Nada más abrir los ojos la sensación de deseo por los labios de Emma la anegó. Por eso, hoy era más difícil no sucumbir.
Era mediodía y Regina estaba echada en su cama, leyendo información sobre hechizos y sus remedios, pero seguía sin encontrar nada. Hacía poco más de cinco minutos la alcaldesa había estado hablando con Robín. Éste le contó que con el beso de amor de Roland, Marian había despertado y ahora estaban juntos, formando una familia, de nuevo. Era lo correcto, según Robín. Extrañamente con el hechizo y sin corazón, Regina no lo sintió y se despidió de él con tanta normalidad e indiferencia, que el ladrón pensó que la alcaldesa estaba más preocupada por salir de allí que por su vida sentimental. Tras colgar, Regina se sintió liberada y lo único que le hizo alegrarse considerablemente era que ya no tenía que preocuparse por Robin, podía estar con Emma… "En qué tonterías piensas, Regina, seguirá siendo una mentira" Se recriminó a sí misma en voz alta. Y miró al cielo deseando que el hechizo terminase y sentirse de nuevo ella. Este nuevo yo suyo era lujurioso, hasta el punto de ser pervertido, y Regina podría ser una reina malvada pero en la cama nunca había dejado de ser una mojigata. Con Emma, no obstante, era otra cuestión. Con la salvadora sabía cómo hacerse desear, se sentía fuerte, sexy y valiente. La manejaba a su antojo, porque Emma era débil ante el hechizo y sucumbía sin pensar en las consecuencias. Emma estaba acostumbrada a actuar sin pensar, que es lo propio de cualquier Charming.
Regina sonrió, luego su sonrisa se convirtió en una de hastío cuando comprendió que no estaba concentrada. Se sintió saturada y le dio un manotazo a un montón de libros que se desparramaron sobre la cama. Uno de los libros había caído al suelo y cuando Regina lo vio, rodo los ojos, era el libro de cuentos de Henry. Se levantó con pereza y lo tomó en sus manos. Estaba abierto por una página que enseguida llamó la atención de Regina. Ésta abrió los ojos y llamó a Emma. Al no oír sus pasos apresurados, chilló más fuerte y, como era de esperar, los pasos de Emma se oyeron precipitados por el pasillo. "¿Qué pasa? ¡No aprietes, ya estoy aquí!." Dijo con pánico llevándose la mano al corazón. "¡Para!, que duele" Regina, rodó los ojos y le mostró que solo tenía el libro en sus manos, luego rio divertida cuando Emma se recompuso y de repente ya no le dolía nada. "¿Qué es esto?" Preguntó cambiando de tema con disimulo. "Definitivamente tienes más madera de actriz que de bruja" Comentó Regina burlona. Emma la miró molesta "Me dolía, en serio" Regina puso los ojos en blanco. "Una rata estará comiéndose tu corazón o has tomado demasiados gases en la comida, creo que los segundo es más probable, a juzgar por las ventosidades que oigo desde mi habitación". Emma levantó el índice y le señaló pero no sabía qué contestarle… porque obviamente tenía razón… "Tal vez" Objetó en un murmullo y escondiendo su mirada en el libro. Regina la miro con una sonrisa dulce, adoraba verla así de complaciente. Un mechón rebelde caía sobre la mejilla de Emma y Regina con mucha ternura y sonriendo tontamente, se lo colocó tras la oreja. Emma se había contraído primero, esperándose otro bofetón de la alcaldesa, pero se sorprendió con el gesto y le agradeció con la mirada esa dulzura, hasta ahora ausente. "¡Mira!" Regina, recordando lo del libro, interrumpió el agradable momento. "Ya miro." Dijo con cierto pasotismo. "Pero no sé que tengo que mirar. Solo veo un dibujo y creo que esas somos tu y yo invocando el portal hacia el bosque prohibido con el sombrero. ¿Es este el libro de cuentos de Henry?" Murmuró confusa mirando la tapa. "Si, estaba abierto por esta página, a veces parece que quisiera hablarnos" Regina, murmuró esto para sí misma con cierta incredulidad en su gesto. Emma seguía intentando ver a lo que se refería Regina y tenía el ceño fruncido y estaba enormemente concentrada mirando el libro. Regina sonrió al verla. "Si sigues así, vas a necesitar ir al baño" y ante la cara molesta de la salvadora, Regina soltó una carcajada. "Emma, un portal, la única manera de salir de aquí es a través de un portal." Emma negó con la cabeza "¿Y cómo piensas abrir un portal?" Inquirió. "No hay nada aquí que podamos usar para tal hechizo" Regina sonrió y Emma sabía que ya había pensado en ello. "El sombrero" Le recordó la alcaldesa. Emma volvió a negar con la cabeza "Está roto, no funcionara" Regina volvió a sonreír muy segura."Con nuestra magia podemos repararlo, y tengo un pequeño arsenal de ingredientes en mi habitación. Compondremos un hechizo para reparar objetos mágicos y luego lo usaremos con nuestra magia, Emma, será pan comido." Sentenció la alcaldesa con una sonrisa de felicidad.
Media hora más tarde, estaban en el suelo de la habitación. Todo estaba dispuesto para preparar el hechizo, el sombrero colocado en el suelo, en medio de ambas. "Bien, ¿Y yo qué hago?" Preguntó Emma cuando se dio cuenta de que Regina estaba enfrascada en su clase maestra de pociones y ella llevaba como cinco minutos sintiéndose y siendo ignorada. "Permanecer en silencio" Dijo molesta la alcaldesa. Emma asintió y bajó la vista, de nuevo cediendo a los deseos de Regina quien la miró divertida. Aunque la cara se le transformó a una de fastidio cuando Emma tocó uno de los frascos que casi estuvo a punto de dejar caer. "En silencio y quietecita" Recalcó la alcaldesa. Emma hizo un gesto de hastío con la cara y se cruzó de brazos.
Tras lo que pareció una eternidad, Regina suspiro satisfecha sosteniendo una botellita en la mano. "¿Preparada?" Preguntó la alcaldesa mirando a Emma ilusionada. Ésta le devolvió una mirada llena de antipatía. "Llevo media hora preparada" Murmuró rodando los ojos. "¡Hazlo ya!, no veo la hora de salir de aquí." Emma lo dijo con desesperación pero sonó con demasiada frialdad. "¿Tanto te molesta estar aquí conmigo?" Preguntó con el gesto contraído la alcaldesa, mientras con delicadeza destapaba el frasco y lo vertía sobre el sombrero. Al principio no pasó nada, un minuto después nada… ambas se quedaron allí con el gesto de la decepción dibujado en sus rostros. "Fue bonito tener una esperanza" Dijo Emma amargada. Regina se levantó con brío y alargó la mano hacia Emma "Ven, vamos a relajarnos"
La única manera de relajarse para Emma era saliendo de allí. Regina se sentó en la cama y la animó a la rubia a hacer lo mismo. "Date la vuelta" Emma tragó saliva, ¿una orden? ¡Bien! Así también podría relajarse. Emma se dio la vuelta y espero ansiosa el próximo mandato, pero no llegó. En cambio Regina colocó sus manos en sus hombros y empezó a masajearlos de una forma tan posesiva que a Emma le encantó. Daba la sensación de que Regina deseaba profundizar en sus caricias pero se contenía… "Será mejor si me quito la camiseta" Murmuró Emma un poco avergonzada y pudo oír claramente como ahora era Regina quien tragaba saliva sonoramente. "Lo siento, no hace falta, no es buena idea" La única respuesta de Regina fue quitarle la camiseta ella misma y acto seguido y sin dilación, el sujetador. Emma se tensó, deseosa por sentir el tacto de las manos de su alcaldesa. Primero, apartó el pelo de Emma a un lado, dejando al descubierto su cuello. Emma ya estaba locamente excitada y no quería concentrarse más que en las manos de Regina. Estas se posaron tímidas y frías sobre la piel caliente de la salvadora, que se estremeció. Los pulgares de Regina acariciaron la parte de atrás de su cuello y se detuvieron un instante. Emma tenía la piel de gallina, le estremecía su contacto y estaba deseando que aquello fuese a más, necesitaba más cercanía, más contacto. Este juego tan lento la impacientaba. Regina apretó sus hombros y Emma cerró los ojos de placer. "Mmmm" Murmuró. Regina sonrió nerviosa. "¿Te gusta?" Preguntó conmocionada, pues nunca había sido buena dando masajes."Me encanta" Ronroneó la salvadora. Regina bajó sus manos por los omóplatos y Emma sintió un calambre nervioso y se removió incomodo. "¿Cosquillas?" Inquirió Regina divertida."Ajam" Fue la respuesta de Emma, que estaba distraída con las sensaciones que dejaban los dedos de Regina sobre su piel. Entonces las manos de Regina se desviaron hacia los pechos pero solo rozándolos por los laterales, con cuidado de no sobrepasarse. Emma cerró los ojos con fuerza, deseando que la alcaldesa la tocase sin miedos, sin imponer límites ni distancias. Entonces abrió los ojos y tuvo una idea. "Oye" Se dio la vuelta para mirar a Regina. "Tengo que ir al baño, ¿me perdonas?" Regina pareció confusa pero asintió.
Emma apareció por la puerta a los cinco minutos. "Mucho has tardado tú" Razonó Regina desconfiada al mirar un gesto en su cara que antes no tenía, temor. La salvadora se sentó frente a Regina. Tenía una mano ocultando sus pechos y la otra escondida, en ella llevaba algo que brillaba con un rojo sangre enturbiado con machas negras. "¿Qué tienes ahí?" Emma se dio la vuelta de nuevo, sin dejar de ocultar lo que tenía en sus manos. "Sigue con el masaje" Dijo Emma sin más y Regina automáticamente sin ni siquiera pararse a pensarlo, así lo hizo. Sus manos esta vez empezaron por abajo, bajando descaradamente el pantalón de Emma y dejando parte de sus glúteos al aire. Emma sonrió, estaba leyéndole el pensamiento. No tenía ni que decir lo que quería, Regina lo hacía si Emma lo pensaba. Su relación era así de rara e increíble. Las manos de Regina bajaron y bajaron, obligando a Emma a deshacerse del pantalón y tenderse sobre la cama. "Dicen que la zona más cargada de nuestro cuerpo son los glúteos" Explico Regina con mucha profesionalidad y apretándolos a continuación hábilmente. Emma suspiró caliente. "¿Y qué más dicen?" Preguntó la salvadora con un hilo de voz. "Pues que tienes un cuerpo bonito, bueno eso lo dicen algunos en el pueblo." Explico poniendo sus ojos en blanco. "Atraes mucho a los hombres… ahora puedes decir que también a una mujer, aunque sea de mentira". Y rio a carcajadas. Emma la miró de repente muy seria y Regina paró en seco de reírse. "¿Qué pasa?" Preguntó preocupada. Emma se quedó pensativa. "Quizás, puede que no sea mentira". Regina volvió a reír pero cuando se dio cuenta de que Emma seguía seria, dejó de hacerlo. "¿Estuviste en Boston en 2009?". Le preguntó Emma de sopetón. Regina se sorprendió ante la pregunta… y confusa empezó a hacer memoria. "Mmmm, creo que sí. Estuve una semana fuera, ahora que recuerdo y lo recuerdo porque fue la primera vez que estaba tanto tiempo separada de Henry" Explicó melancólica.
