¡Volví! Y esta vez no me tomé tres meses para actualizar...
En fin, mis agradecimientos a Cat-Zetyblack por su favorite, a Mar-Chan21 por su favorite, a Luna QueenBlossom por su follow y favorite, a Miumikunyanpire-twoG por su follow, a lilithkiss por su favorite, a estelita-chan por su follow y favorite, a por su follow y a Valix29 por su favorite y follow. También quiero agradecer el buen recibimiento de mi one-shot y a todos los que comentaron o culocaron favorite y follow. ¡Muchas gracias!
26lunas: Ajá, volví y con más inspiración esta vez. Espero que dure. Me alegro de que te gustara y espero que este también sea de tu agrado. ¡Besos!
pato262: Aww, ¡gracias por todo el cariño! Yo también extrañaba la historia, pero simplemente no podía seguir con ella porque no tenía ideas. Me alegra que digas eso, me parece que es importante para un autor el poder transmitir los sentimientos de sus personajes al lector; no sé, me hace sentir bien :) Tienes muchas, muchas suposiciones... pero solo podré contestar una en este capítulo. Las demás serán para más adelante. Qué bueno que sigas la historia y espero que este capítulo también te guste. ¡Cariños!
: ¡Hola! No hubo coma, solo un usual bloqueo de autor. Pero creo que está más que superado, si bien aún encuentro complicaciones para escribir. Sí, lo admitió, pero... ¿crees que fue muy abrupto? ¿Estuvo bien? No sé, nunca había relatado nada desde el punto de vista de Boomer, y menos con tal profundidad. Me pareció un buen momento para que lo admitiera al público lector. ¿Qué te pareció? Sí, definitivamente tienen mala suerte jajaja. Adoro escribir escenas entre los seis, ¡es simplemente hilarante! Puedo responder una sola de tus suposiciones ahora, pero las otras serán para más adelante. y no te preocupes, ¡me encantan los reviews largos! Yo también extrañé a la historia y mis lectores jaja. Espero que este nuevo capítulo te guste. ¡Besos!
lilithkiss: Hola, ¡y bienvenida a Fanfiction! Me alegro de que te haya gustado la historia hasta ahora. Espero que esta actualización sea de tu agrado (¿te hice aguardar demasiado?) ¡Besos!
: ¡Hola y bienvenida a la historia! Gracias por pasarte y dejar un comentario positivo. ¿La actualización fue lo suficientemente rápida? Espero que haya valido la pena. ¡Saludos! PD: Tu foto es de Natsu y Lucy, ¿verdad? ¡Me encanta Fairy Tail! Aunque admito que hace mucho no miro el anime, pero sí sigo el manga como buena fangirl jajaja.
Capítulo 9: ¡Ahí vamos!
Una vez se hubieron dividido las tareas, cada pequeño grupo e individuo despegó para abocarse a ello. Bubbles cargó a Buttercup en sus espaldas y la llevó volando hacia su casa, donde se enfrentaron a una desagradable sorpresa.
En la pequeña escalinata previa a la entrada del domicilio estaba sentado un muchacho con un abundante ramo de flores y una caja de chocolates. Se encontraba con la cabeza gacha, mirando al suelo, pero levantó la vista al oír las pisadas sobre el césped y, así, reveló su identidad.
—No te acerques –le advirtió la morena.
—Por favor, Buttercup. Déjame explicarte –le suplicó el chico.
—No hay nada que explicar, Mitch. ¡Me drogaste!
—¡No era yo! –pausó un segundo, ante la mirada enfadada de su antigua novia-. Es decir, sí, pero no estaba pensando claramente. No sé qué pasó, nena –intentó acercarse a ella, pero la adolescente se alejó la misma cantidad de pasos que él había tomado en su dirección.
—No me digas "nena". Me lastimaste, me mentiste, me traicionaste, me… -en ese momento, la pelinegra se quebró y comenzó a llorar. Sin embargo, se enjugó furiosamente las lágrimas y siguió hablando, con aún más veneno en su voz-. No quiero que vuelvas. Esto se acabó.
—No, por favor –pidió.
Ella se cruzó de brazos y se mantuvo inmóvil en su lugar. Su único movimiento provenía de los mares salados que resbalaban por sus mejillas, y por su pecho, que se expandía y contraía de forma errática. Ni siquiera tenía fuerzas para mirarle a los ojos, así que mantenía sus pupilas clavadas en la verde y brillante hierba. Al poco tiempo, entraron en su campo visual unas botas desgastadas, claramente masculinas. Un segundo más tarde, los regalos que Mitch le había traído cayeron al suelo y la joven sintió un calor frío envolviéndola, y una barbilla colocándose sobre su hombro.
—Lo lamento. Te juro que no lo habría hecho si huera estado consciente –se disculpó él.
Inspirando su esencia, solo para recuperar algunos buenos recuerdos, la morocha dejó que otra gota rebalsara de sus lagrimales y se estrellara contra la camisa del varón. Por un momento, quiso olvidarlo todo y abrazarlo, llorar para que él le consolara y le dijera que todo iba a estar bien. Por un momento, quiso mirarle y apoyar su frente contra la de él. Por un momento, lo único que quiso fue besarle y volver a su relación, a su vida antes de la pérdida de sus poderes y de la inyección de heroína.
Pero no podía perdonarle.
—Aléjate.
Sin poder creerlo, el muchacho apenas alzó el mentón y se irguió. Bajó la vista hacia su rostro, serio y determinado, sin rastros de duda.
No hizo falta aclarar.
Lentamente, dejó caer los brazos y retrocedió un paso. Siendo sometido por el duro semblante de la chica, no tuvo más opción que seguir distanciándose, aunque aún no quería irse. Bubbles, que se había mantenido al margen de la incómoda y triste situación, decidió intervenir para el bien de la pareja.
—Mitch, por favor. No lo hagas más difícil para ustedes.
Él le observó con ojos vidriosos. Parpadeó una vez y suspiró en silencio. Con brusquedad metió las manos en los bolsillos de su pantalón y se fue, ocasionalmente echando una mirada por sobre su hombro para ver la escena, para comprobar si Buttercup seguía tan firme en su decisión. Luego río amargamente para sí mismo.
Ella nunca flaqueaba.
La muchacha, sin embargo, era vencida por las lágrimas y no podía parar. Había sido, probablemente, la decisión más difícil que había tomado en su vida, seguida por la confesión de sus sentimientos al joven que acababa de abandonar el patio de su hogar. Todas sus decisiones importantes lo envolvían a él; todo lo demás había sido cuestión de costumbre, rutina, instinto.
Viendo su lucha, la rubia le dio un fuerte y cálido abrazo típico de su persona. Acarició la espalda temblorosa de su hermana y le besó el pelo con ternura. Se mantuvieron así por largos minutos, ignorando a los pocos transeúntes que miraban extrañados a la Superpoderosa más fuerte en su momento de vulnerabilidad.
—Bubbles… no lo entiendo.
La más pequeña suspiró.
—Creo que él tampoco.
Otro cuarto de hora transcurrió hasta que por fin la morena se sintió con fuerzas para arrastrar sus pies hasta el sillón de la sala. Allí tomó asiento con las rodillas pegadas al pecho y la menor encendió la televisión. Le pidió amablemente que intentase prestar atención a las noticias en busca del posible mensaje mencionado por Blossom. Por otro lado, la rubia recogió todos los lápices y bolígrafos de la casa y se dirigió a su habitación para revisar sus dibujos.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Brick se encontraba examinando minuciosamente cada rincón de la séptima tienda de artículos tecnológicos de Saltadilla. Al igual que en las anteriores, no había habido ningún resultado satisfactorio. No había encontrado mensaje alguno, ni en los electrodomésticos, ni en los celulares, ni computadoras, televisiones ni consolas. A riesgo de perder su dignidad y reputación de chico malo, recorrió a gatas distintas secciones de los locales, creyendo que habría algo oculto en el suelo.
Por supuesto, todo había sido infructuoso.
Una vez hubo finalizado el rastreo en aquel comercio, retiró su móvil del bolsillo para revisar la lista de direcciones que tenía apuntadas. Borró la que correspondía al edificio donde se ubicaba y decidió pasar a la siguiente. Guardando nuevamente el artefacto en su pantalón, apoyó con fuerza los pies en la calzada y flexionó un poco las rodillas. Luego despegó y, gracias a su velocidad, llegó al negocio deseado en dos minutos, preparado para agacharse y observar cada milímetro cuadrado del espacio.
Repitió el proceso otras tres veces hasta que ya no hubo más lugares que visitar. Agotado y decepcionado por no haber encontrado nada, tomó asiento en el borde de la acera. No estaba muy preocupado por tener los pies sobre la calle y que los autos rozaran sus zapatillas; simplemente tamborileaba sus dedos sobre el cemento y apretaba la mandíbula, descargando su furia en silencio.
A no más de cien metros de él, sus hermanos tenían los ojos pegados a un cartel enorme que publicitaba una aparentemente asombrosa pasta de dientes que dejaba los dientes blancos como la leche. Los varones ya habían examinado más de la mitad de la ciudad en busca de mensajes en imágenes, pero con los mismos resultados que Brick.
A menos que sus padres hubiesen sido secuestrados por los dueños de la dichosa empresa de dentífrico, claro está.
Boomer se limitó a mirar a Butch como si fuese estúpido ante la sugerencia. El moreno se ofendió y dijo unas coloridas maldiciones por lo bajo, pero se volteó nuevamente para seguir observando el cartel.
—Esto es ridículo –se quejó el rubio, harto de mirar lo mismo por tantos segundos-. Estamos perdiendo demasiado tiempo.
—¿Entonces qué sugieres?
—Que nos dividamos. Tú ve desde el Boulevard McCargo hacia el norte y yo voy hacia el sur.
El pelinegro solo se encogió de hombros como respuesta. Acto seguido, despegó hacia el sur para, supuso el muchacho, seguir con su tarea.
Obviamente, no se atrevió a decirle que había partido en dirección contraria a la pactada.
Imitando el gesto de su hermano, Boomer sobrevoló sobre Saltadilla y vio las diversas imágenes que adornaban la localidad. Notó que varias ilustraciones ya habían sido revisadas, como el letrero de pedido de ayuda para el perro perdido, o el anuncio de las funciones cinematográficas de la semana anterior.
En su camino se encontró con una pancarta avisando de una venta de garaje que, por supuesto, no llevaba en sí misma ningún mensaje. También leyó la publicidad de una florería, aunque no parecía tener nada de extraño, además del nombre "Aglaonema". Por media hora intentó descubrir si se trataba de un anagrama, pero después de probar todas las formas posibles decidió cambiar de lugar. Luego halló otros nueve carteles pertenecientes a una obra de teatro infantil que se presentaría en la sala de actos local, a una librería, a tres asilos para ancianos diferentes, a una cafetería, a una venta de pasteles –lo cual le revolvió el estómago al recordar lo mucho que había ingerido el día anterior-, y a dos restaurantes.
Al final, la única publicidad restante era la de una estación de radio. Esta tenía una enorme antena parabólica en el exterior, la cual estaba siendo revisada detalladamente por Blossom. Ella, al finalizar su tarea con clara derrota, se puso a la par del rubio y le ayudó con su objetivo. Cuando terminaron, ambos se rindieron y acordaron reunirse con el resto del grupo.
Juntos, volaron hacia el parque, donde el morocho se dedicaba a patear iracundamente una piedra. Tenía la capucha de su chaleco cubriéndole la cabeza y la vista clavada en la calzada. Se detuvo en seco al ver a los otros súper humanos y les siguió cuando le avisaron que estaban buscando al pelirrojo para volver a casa.
El trío despegó y emprendió su camino a mediana altura para poder rastrear al varón faltante. Cuando vieron su inconfundible figura y su característica gorra roja, le llamaron y este se les unió en un parpadeo. Los cuatro arribaron a su domicilio y, con extrañeza, recogieron el ramo y los chocolates. Los líderes y el pequeño miraron con asco al moreno cuando abrió la caja de bombones y deglutió la mitad de ellos de un bocado. Él, como siempre, les ignoró y se terminó el resto para luego arrojar la caja sobre la vía pública.
—Te das cuenta de que el viento arrastrará eso otra vez a nuestro patio, ¿verdad? –dijo la adolescente.
—Pues no es mi problema –se despreocupó Butch, encogiéndose de hombros y lamiéndose las comisuras de los labios.
Blossom estuvo a punto de replicar, pero su contraparte le interrumpió justo cuando había abierto la boca.
—Déjalo, no te llevará a ninguna parte.
La Superpoderosa cerró los ojos e inhaló profundo. Luego miró al cielo, contó hasta diez, volvió a respirar hondo y, finalmente, cruzó el umbral de la puerta, seguida por los demás. El grupo se encontró a ambas muchachas sentadas en el sofá con rostros aburridos y las mejillas hundidas en las manos. Salieron de su ensimismamiento cuando Boomer depositó, con delicadeza, las flores sobre la mesita de café. Buttercup alzó una ceja, confundida.
—Ey, esto venía con chocolates.
—Ah, pues, verás… -inició el pelinegro mientras se sobaba el cuello. La chica notó una mancha oscura en su incisivo y suspiró.
—Ya, olvídalo.
Sus ojos verdes estaban opacados por la tristeza, o tal vez por la nostalgia. Agarró el ramo y lo acercó a sus fosas nasales. Inspiró el dulce aroma de las rosas y luego las alejó abruptamente, mirándolas como si fuesen un arma mortal. Con una risilla por lo bajo y sin gracia, meneó la cabeza y lanzó el obsequio por la ventana rota. Después de su acción, se volteó hacia su hermana mayor para comunicar los decepcionantes resultados de la investigación.
—No encontramos nada.
—Incluso revisé todas las cosas afiladas de la casa –explicó Bubbles-. Pero nada.
—Tampoco nosotros –declaró el pelirrojo.
—Estamos perdidos –dramatizó el moreno.
—Leí la nota cincuenta veces, Bloss. No se me ocurre nada, ¡nada! –estalló la rubia, tomando con brusquedad el papel que se hallaba a su lado en el sillón y tirándolo sobre la pequeña mesa.
—¡Cálmate, loca! –le gritó el Rowdyruff Boy verde.
—¡No estoy loca!
Así, en menos de medio minuto, la sala del domicilio de los seres súper poderosos se convirtió en una batalla campal, donde Brick no paraba de reírse del intercambio de insultos entre los morochos, Blossom intentaba calmar la situación a los chillidos, y Bubbles golpeaba a su agresor verbal con un cojín. Aparte del grupo en conflicto, el Boomer se acercó sigilosamente a la infame lista y la escrutó con detenimiento y mucho detalle.
De repente iluminado, el muchacho tomó uno de los innumerables rotuladores que ornamentaban el suelo alfombrado y con él remarcó lo que le llamó la atención de la nota. Revisando la conclusión obtenida, sonrió con extremada satisfacción y pudo comenzar a sentir que le dolían los músculos de la cara por su alegría. Extasiado, se volteó hacia los cinco y empezó a agitar los brazos.
—¡Eh! ¡Creo que lo encontré!
Nadie pareció oír su buena noticia, ya que la pelea se intensificó aún más. A pesar de su indignación, quiso volver a tratar de dar el comunicado, pero este se interrumpió porque un almohadón voló hacia su rostro. Su yugular empezó a latirle en el cuello y su molestia se reflejó en un rugido que provocó que sus pares se detuvieran en seco y se concentraran plenamente en él.
Rio para sus adentros. A veces podía ser mucho más terrorífico que Buttercup en un mal día.
—Creo que descubrí el mensaje, chicos –anunció.
La pelirroja sonrió de oreja a oreja y, entusiasmada, se acercó a él.
—¿Lo dices enserio?
Él solo asintió, curvando las comisuras de sus labios hacia arriba y entregándole la nota. Ella la tomó y en un segundo los demás se apretaron para poder leer el papel.
"Tecnología
Electricidad
Radio
Audición
Visión
Ilustración
Lapicera
Lápiz
Afilar"
—¿De verdad era tan fácil? –se sorprendió Butch.
—¿Cómo no se te ocurrió, Rosita? –cuestionó Brick.
La aludida se giró hacia él con los párpados entrecerrados y lista para fulminarle con la mirada.
—Disculpa, ¿acaso se te ocurrió a ti?
—Yo no soy quien presume su inteligencia. "Hola, soy Blossom Utonium y soy brillante y perfecta, la la la la la." –se mofó el pelirrojo, imitando patéticamente su voz y agitando las manos de forma femenina.
—Oh, sí, claro. Porque tú rebosas humildad –ella rodó los ojos y le dio un golpe en la nuca.
—¡Basta! ¿No se dan cuenta de que por fin sabemos dónde está el Alcalde? –expresó Buttercup.
—Sí. ¡Es asombroso! ¡Gracias Boomer! –festejó la rubia.
—Esta vez sí hiciste las cosas bien –le felicitó el hermano mediano.
—Sí, sí, Boomer, lo hiciste muy bien, etcétera, etcétera –se apuró a decir la líder de las Superpoderosas, sin verdadero sentimiento en sus palabras. El aludido no supo ocultar su decepción, aunque la muchacha le ignoró y siguió con su monólogo-. Pero hay un problema más grande ahora que sabemos el nombre de la otra ciudad.
Un silencio profundo reinó en la sala por largos segundos. Blossom alzó una ceja.
—¿Qué? ¿No van a decir cuál es el conflicto?
Cuando todos se encogieron de hombros, la pelirroja rodó los ojos y exhaló.
—No podemos estar en dos ciudades al mismo tiempo. Tendremos que dividirnos.
Un coro de "oh"s despertó entre los cinco adolescentes.
—Ni sueñes que voy a ir a Caravilla –informó Buttercup.
—No iba a pedirte que lo hicieras.
—¿Y eso por qué? –inquirió la morocha, ofendida-. ¿Es que no te parezco lo suficientemente fuerte como para defenderme allí?
—Primero –levantó el dedo índice-, no, sin tus poderes no puedes ir a una ciudad tan peligrosa y con un índice de delincuencia tan alto. Segundo –elevó el dedo corazón-, los que vayan a Caravilla deben ser fríos, calculadores y buenos mentirosos. Tienen que ser sigilosos y capaces de mantener un engaño, y muy inteligentes y observadores para protegerse de los ciudadanos peligrosos –declaró la mayor, su mano derecha hecha un puño que golpeaba la palma izquierda.
Butch exhaló con fuerza, irguiéndose en toda su altura y colocando sus manos en las caderas. Infló el pecho con orgullo y adquirió un semblante de falsa modestia.
—Bien, creo que todo indica que yo debo ir a Caravilla. No se preocupen, me sacrificaré.
El cuarto entero le miró sin poder creer lo que estaba diciendo. La pelirroja contó hasta veinte y enterró las uñas en sus manos para contenerse.
—No precisamente. No cumples con la cualidad de frialdad… o ser calculador… o sigiloso… es más, ¡no cumples con ninguna!
El aludido permaneció boquiabierto con genuina sorpresa. Al parecer él en verdad se consideraba idóneo para la tarea.
—¿Y quién es mejor candidato que yo, entonces?
La joven suspiró cansinamente y recorrió el living con la mirada, deteniéndose en cada persona por varios segundos. En sus irises podía adivinarse el análisis exhaustivo que estaba haciendo de cada perfil y cuán apto era para el destino al cual viajar. Al finalizar con los cinco, volvió a eliminar aire por la boca como rendida y nuevamente posó sus ojos en Brick. Este le dedicó una media sonrisa divertida.
—¿Así que admites que soy inteligente?
—Nunca dije eso –replicó, al tiempo que se cruzaba de brazos.
—¿Y qué? ¿Iré solo?
La muchacha pareció sumirse en sus pensamientos otra vez. Mientras se mesaba la barbilla, Bubbles alzó tímidamente la mano, esperando que se le diera la palabra. A modo de maestra de escuela, su hermana mayor le señaló, dándole permiso para hablar.
—Si quieren mi opinión, yo creo que únicamente tú y Brick deberían ir. Teravilla es muy grande, se necesitará más gente para investigar.
La pelirroja lucía derrotada, con sus hombros y párpados caídos.
—Lo sé.
—¡¿Qué?! –se alteró su contraparte-. ¡¿Contigo?! Quiero decir, es divertido fastidiarte y eso… ¡pero no podría soportarte tantos días los dos solos!
—¡¿Y crees que yo estoy contenta?! –bramó ella.
Los otros cuatro adolescentes se sentaron en el gran sofá del cuarto y movían las cabezas de un lado para otro, nunca perdiendo de vista a la persona que gritaba.
—¿Segura que es buena idea que vayan juntos, Bubbles? –consultó la pelinegra-. Míralos, ya están peleando.
La rubia se encogió de hombros, incómoda. Tomó una de sus coletas y empezó a enrollar su bucle dorado en un dedo delgado.
—Es que… ellos son los más inteligentes, ¿no? Y Blossom es muy buena ocultando cosas. Creo que estarán mejor en Caravilla que nosotros.
—Supongo que tienes razón –repuso la morena-. ¡Paren ya! ¡YA! –ambos líderes se voltearon hacia la fuente de sonido-. Vayan a conseguir su maldito disfraz y armen su equipaje; nos vamos.
El par conflictivo intercambió unos pocos insultos en susurro. Luego, la chica voló rápidamente hacia su habitación y volvió a la sala, solo para tomar al varón de la muñeca y arrastrarlo al jardín.
Mientras tanto, los rubios y morochos se dirigieron a sus respectivas recámaras para ordenar la ropa en mochilas recoger algo de dinero. Bubbles analizó y examinó cada milímetro de su armario y observó detalladamente cada una de las prendas. Luego de la selección, dobló de forma prolija las camisetas, pantalones, vestidos y faldas, sobre los cuales colocó tres cajas de zapatos. Además, tomó un pequeño bolso de mano donde guardó elementos de higiene personal y ropa interior. Por otro lado, Buttercup solo escogió un par de camisetas, una sudadera y mallas de deporte y las puso desprolijamente en una mochila. A presión, logró que ingresaran medias y otros elementos de esa índole. Cuando hubo terminado, se dirigió con rapidez hacia el segundo piso.
Tenía algo muy importante que hacer.
En la habitación de los Rowdyruff Boys reinaba un insoportable silencio. Boomer se encontraba sentado con las piernas cruzadas sobre el cobertor azul de su cama. Butch, por otra parte, revisaba cada una de sus prendas y descartaba las sucias que no llevaría al viaje.
Por alguna extraña razón, el rubio no se sorprendió cuando esa pila de ropa alcanzó un metro de altura.
El menor se frotó el cuello con la mano, incómodo, y desvió su vista a la alfombra; luego suspiró. Aún no había comenzado a empacar y no sabía qué pensar de toda la situación. No solo su madre adoptiva estaba en peligro, sino también su futuro padrastro, el Alcalde y su secretaria. Si bien no mantenía una verdadera relación con los tres últimos, estaba preocupado por los posibles resultados. ¿Y si no los podían salvar? ¿Y si perdían a alguien en el camino? ¿Cómo se sentirían las chicas frente a eso? ¿Cómo se sentirían sus hermanos?
Echó una fugaz mirada hacia el pelinegro. Este observaba con detenimiento una mancha anaranjada que parecía ser de salsa. Después vio el contenido de su bolso casi vacío, nuevamente a su camiseta y luego se encogió de hombros y guardó la prenda.
No parecía muy preocupado. Pero solo para asegurarse…
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
Los irises vivaces del moreno se encontraron con los marinos del pequeño. Estos últimos se hallaban teñidos de genuina curiosidad, y tal vez una pizca de ansiedad. Al notar los sentimientos ocultos detrás de aquellas pupilas inquisidoras, Butch abandonó su tarea y le sostuvo la mirada.
—¿Quieres saber la verdad? –el otro súper humano asintió-. No lo estoy.
Boomer abrió los ojos muy sorprendido.
—¿Enserio?
El morocho simplemente se encogió de hombros con una sonrisa amarga.
—Eso es todo lo que hago, Boom. Golpear cosas y fingir que nada me importa. Si demuestras que tienes miedo, los demás se aprovechan de tu debilidad y te destruyen –actuó con exagerados movimientos de manos y gestos faciales.
Lejos de divertirse con las usuales locuras dramáticas de su hermano, el rubio arrugó el entrecejo y le miró con tristeza.
—¿Entonces tienes miedo?
Toda vulnerabilidad en los orbes esmeralda del Rowdyruff Boy mediano se esfumó y el muchacho frunció el ceño. En un segundo le propinó un feroz puñetazo en el brazo al menor, quien empezó a sobarse la zona impactada con los dientes apretados y aguantando el dolor.
—No digas mariconadas, Boomer. Yo nunca tengo miedo.
—Pero dijiste-
—No.
—Pero-
—No.
El pelinegro no volvió a apartar la vista de las prendas arrugadas ni de su bolso. Siguió con su tarea sin abrirse a las distracciones mientras que el pequeño continuó observándole, aunque se dio cuenta de que no habría forma de seguir la conversación, y mucho menos de conseguir algo más de sinceridad por parte de él. Butch era un luchador, después de todo. Él no estaba aterrado ante ninguna situación, no le preocupaba que la señorita Keane hubiese sido secuestrada, y no podría estar más feliz de librarse del Profesor y, por ende, de las Chicas Superpoderosas.
Sin embargo…
A pesar de que el cabello negro resbalaba por sus sienes y su frente y cubría gran parte de los ojos del morocho, el rubio notó que estos relucían con algo que nunca había visto en su hermano. El desinterés brillaba por su ausencia y Boomer logró divisar un leve escalofrío recorriendo la espalda del moreno.
Sí, definitivamente tenía miedo.
El menor sonrió un poco ante la terquedad y el orgullo de Butch. Jamás había demostrado nervios ante los problemas. Si la comida empezaba a escasear, sugería despreocupadamente que asaltasen un banco y compraran alimentos con lo recaudado, o que engañaran al mono para que les preparase un almuerzo suculento y luego darle una buena golpiza. Cuando el pequeño tiritaba de frío, el pelinegro le reprochaba lo niñita que era y le daba su manta, soportaba los vientos helados en silencio y actuaba como un ser inmune a las bajas temperaturas solo para aparentar fortaleza. En caso de que Boomer se encontrara intranquilo ante una situación, el mediano siempre le daba un golpe y le decía que se deje de pendejadas, que tenía que hacerse hombre y enfrentar sus problemas.
No eran los mejores modales ni el cariño más afectuoso, pero el rubio sabía que había allí algo de amor fraterno. Le protegía a su manera, le daba valentía y le cuidaba simulando no interesarse por él. El moreno tenía buen corazón, solamente se esforzaba por ocultarlo. Después de todo, ¿qué diría Brick si se enterara que el Rowdyruff verde se estaba enterneciendo?
Sacudiendo un poco la cabeza, Boomer soltó una suave risa nasal y llamó la atención del otro joven en la habitación.
—Butch… gracias.
El aludido levantó la vista y le echó una mirada confusa.
—¿Por qué?
El menor sonrió de oreja a oreja y alzó las cejas, feliz.
—Por todo.
—Ah… de a… cuerdo –expresó dubitativamente el morocho, desconcertado y aún sin entender la repentina gratitud de su hermanito.
Luego de tomar su bolso, el pelinegro abandonó el cuarto y dejó a Boomer solo para que empezara a empacar. El chico se había sorprendido por la rareza del rubio, que de la nada decidió abrir la boca y hablar; y lo más extraño, le agradeció sin razón alguna. Butch no tenía idea del por qué, ya que lo único que había hecho antes de la bizarra conversación con el pequeño había sido agredirle.
¿Qué habría querido decir con "gracias por todo"? ¿Había hecho una buena acción sin darse cuenta? ¡No podía permitírselo! Si Brick se enterara…
El varón suspiró y negó con la cabeza. Seguro que Boomer había perdido la cabeza.
Cuando llegó a la sala, soltó su mochila, atónito por la escena ante sí.
«Hablando de rarezas…»
—¿Desde cuándo sabes leer? –preguntó en tono de burla.
Su contraparte, quien le estaba dando la espalda, miró por sobre su hombro con veneno en los ojos. Se volteó nuevamente y siguió con lo suyo.
—No eres el más indicado para preguntar, idiota.
—Como siempre, no estás de humor –comentó al tiempo que se acercaba a ella y se apoyaba sobre el sofá en el que se encontraba la adolescente. Esta tomó su carpeta rebosante de papeles y con ella golpeó la cabeza de él-. ¡Ey! ¿Qué te pasa?
—Necesito concentrarme. El Profesor investigó mucho sobre la Sustancia X y todo está aquí –explicó, señalando los documentos en sus manos-. Quiero saber por qué no funcionan mis poderes. Hasta donde yo sabía, solo lo podía causar el Antídoto X.
—¿Y ya encontraste algo?
—No. Pero, aparentemente, el Profesor tenía la teoría de que desarrollaríamos nuevos poderes con el correr del tiempo.
—¡¿De verdad?! –inquirió el moreno, entre alegre y atónito.
—Bueno, eso creía él. Aunque nunca descubrimos ningún poder nuevo. Tal vez estaba equivocado.
El muchacho iba a replicar, pero fue interrumpido por el ruido de la puerta que se abría.
—Llegamos –anunció una chica de cabello rojo oscuro, casi bordó. Llevaba varias bolsas de tiendas de indumentaria en los brazos y tenía el pelo largo hasta las clavículas. Brevemente, el morocho se preguntó por qué esa desconocida tenía las llaves de la casa, hasta que, segundos después, se dio cuenta de la realidad.
—¡¿Blossom?! –se sorprendió, también, la pelinegra.
La aludida se rio un poco por sus expresiones de desconcierto y les miró con sus nuevos ojos miel.
—Ustedes querían un disfraz, ¿no? –inquirió, dando una vuelta sobre sí misma como si estuviese desfilando.
Tras ella ingresó un joven de cabello corto y anaranjado, cubierto por una gorra negra. Tenía una perforación en el labio e irises azul claro, del color del cielo en una deliciosa tarde de verano.
—Wow. Brick, comparado con el de ella, tu disfraz es decepcionante –comentó Butch.
Obviamente molesto, el varón se limitó a hacerle un gesto obsceno con el dedo medio a su hermano.
—Con suerte conseguí que cambiara su gorra. A duras penas aceptó comprarse ropa nueva; aunque el piercing fue su idea.
—Se ve bien –comentó el pelirrojo, encogiéndose de hombros.
—No en realidad –le discutió la Superpoderosa rosa.
Antes de que el par tuviese la oportunidad de iniciar una pelea, la rubia ingresó al living, brincando de forma infantil con expresión ausente, actuando así por hábito y no por felicidad. Cuando vio a los dos mayores, su mandíbula casi bajó hasta su pecho y su equipaje cayó sobre la alfombra.
—¿B-Blossom? ¿Brick?
Viendo que Bubbles no cabía en sí de la estupefacción, la líder se carcajeó un poco más. Luego tomó sus bolsas y caminó hacia su habitación para preparar su maleta, casualmente halagándose a sí misma y su habilidad para el engaño antes de irse. Su contraparte rodó los ojos y se decidió a hacer lo mismo, cruzándose a un sorprendido Boomer en el pasillo y palmeando su hombro. Este último irrumpió en la sala con una expresión de confusión y con el pulgar señalando en la dirección recorrida por su hermano.
—¿Ese era…?
—Ajá.
—Oh. ¡Genial! –añadió, sonriendo.
La morena, quien había ignorado totalmente todo a su alrededor desde la llegada de la pequeña, siguió ojeando los papeles que sostenía con sus piernas. Apenas prestó atención a unas tablas y estadísticas que no comprendió y siguió leyendo sobre la evolución de las facultades de las Chicas Superpoderosas a lo largo del tiempo. Al parecer, su piel se había vuelto más fuerte, sus rayos y bolas de energía habían adquirido más potencia y su resistencia había incrementado, por lo cual podrían aguantar más golpes y recorrer más distancia antes de cansarse.
Y, mientras sus hermanas poseían tales virtudes, ella estaba sentada intentando averiguar por qué no podía utilizar sus malditos poderes.
—¿Qué es eso, Buttercup? –preguntó la inocente joven, salvándole de su trance.
La morocha vio fugazmente a la rubia y volvió a clavar sus pupilas en las hojas en medio segundo. Continuó escaneando los documentos mientras respondía.
—Investigación del Profesor. Trato de descubrir por qué no funcionan mis poderes.
—¿Y encontraste algo?
—No –contestó, después de un suspiro de derrota y cansancio. Leer podía llegar a ser agotador para la súper heroína verde, aún más que dos horas de ejercicio. Se recostó en el sofá y dejó que su melena oscura se desparramara por el respaldo-. Aparentemente, solo puede causarlo el Antídoto X. Nada de drogas.
—Bueno –replicó Bubbles con expresión pensativa-, nunca habías tenido ese tipo de drogas en el organismo hasta ayer. Es normal que el Profesor no quisiera experimentar, y que no lo supiera.
—Sí, puede ser –la pelinegra giró la cabeza hacia la fuente del golpe seco contra la pared, solo para descubrir a Blossom luchando con su gran maleta en el estrecho pasillo. De repente, una idea le vino a la mente-. Ey, Blossom, tú ayudabas al Profesor con su investigación, ¿verdad?
—A veces. ¿Por qué?
—¿Sabes si hay algo además del Antídoto X que pueda quitarnos los poderes? –inquirió la joven, al tiempo que releía la misma página que había dejado.
La pelirroja se mordió el interior de la mejilla por unos segundos antes de acercarse a su hermana y mirar los documentos por sobre su hombro. La morena le tendió la carpeta y la mayor la tomó, sin perder su concentración. Hojeó rápidamente todos los papeles y luego se detuvo, girándose a la persona que pedía su auxilio.
—No recuerdo que él estudiase sobre la Sustancia X conmigo. Pero puedo llevarme todo esto y revisarlo en el camino –se volteó hacia el muchacho de gorra que acababa de entrar a la sala-. ¿Tienes registro para conducir?
—Falso.
Exasperada, la Superpoderosa rosa se palmeó la frente con fuerza. Después suspiró, cansada de pelear.
—Supongo que esta vez lo dejaré pasar. Pero cuando esto termine me deshago de todos tus documentos falsos.
—Sí, sí, como digas. Tu nueva identidad, Rosita –dijo mientras le entregaba su cédula, con nuevo nombre y foto de su estilo recién adquirido.
—Momento. Si ustedes se llevan el auto del Profesor, ¿qué haremos nosotros? –cuestionó Butch, quien se había mantenido callado por un largo tiempo.
Blossom boqueó. No lo había considerado. Por suerte, la rubia le salvó de una humillante falla en el plan.
—Ya está solucionado. Voy a pedirle un favor a Mike –anunció Bubbles-. El único problema es que ni Buttercup ni yo tenemos registro.
—Eso no es nada –comentó el pelinegro, sacando algo de su bolsillo-. ¿De veras pensaban que no teníamos?
—Confío más en el mudo. Tú atropellarás ancianas por el camino –le espetó su contraparte.
—¡Claro que no!
—No me sorprendería que lo hicieras –intervino Brick.
—¡Ja! –exclamó, triunfante, la morocha.
—¿Pueden calmarse ya? –interrumpió la líder, perdiendo lo poco que le quedaba de paciencia.
Entretanto, la de ojos azules oyó una bocina, obviamente ignorada por el resto de los adolescentes que se encontraban envueltos en la discusión. Con pasos silenciosos y ligeros, la pequeña salió de la casa y se encontró nada más ni nada menos que con su adorado novio. Este le sonrió y bajó del vehículo, caminando hacia la chica con los brazos abiertos. Ella, con los labios curvos hacia arriba, corrió hacia el muchacho y saltó, aferrándose a su cuerpo.
—¡Gracias, gracias, gracias! –cantó, depositando un beso en la mejilla masculina al fin de cada palabra.
—De nada –respondió, luego de una risa ante su entusiasmo-. Pero prometes devolverlo intacto, ¿verdad?
—Por supuesto que sí, mi amor –contestó, colocando sus labios sobre los de él por cortos segundos y clavando sus pies en el césped. La rubia se sorprendió cuando el varón carraspeó, incómodo, y señaló hacia adelante con la cabeza. Al girarse, su rostro se tiñó de un rojo furioso tan brillante que dejaba en vergüenza a los irises del líder de los Rowdyruff Boys.
En la entrada de casa se encontraban los demás que, cuando notaron su ausencia, decidieron ir al jardín en su búsqueda. Buttercup, sabiendo de la relación desde antes, meramente sonrió con picardía, disfrutando la cara de tomate de la menor. La pelirroja, por otro lado, estaba atónita y su mandíbula colgaba inerte con asombro. Brick y Butch, por otro lado, solo miraban la escena con desinterés mientras que Boomer clavaba la vista en el piso, con su boca formando un adorable puchero.
—Bubbles, ellos no usarán mi auto, ¿cierto? –quiso saber el castaño, orientando su dedo índice hacia el grupo de villanos.
—Oh, bueno…
—¡Bubbles! –exclamó Mike, preocupado.
—Tranquilo, lo cuidaremos –le aseguró el moreno, quien luego río maquiavélicamente y llevó su bolso a la parte de atrás de la camioneta.
—No le escuches –trató de tranquilizarlo su novia-. Solo está jugando.
Mike asintió, sin cerrar sus ojos -que estaban abiertos de par en par- ni un milímetro. Tenía una mano en el pecho, registrando los feroces latidos de su corazón. Buscando la calma y convenciéndose de que la rubia cuidaría de su bebé, se despidió de ella con un beso, lo cual llevó un gruñido a los labios del criminal azul. Mientras tanto, Blossom se le acercó a su hermana, un poco dolida.
—Bubbles, ¿por qué me lo ocultaste?
La aludida iba a hablar, pero se detuvo al ver la cara de decepción de la mayor.
«Debería haberlo dicho antes. »
—Lo lamento, Bloss. Iba a decírtelo, lo juro. Es solo que con todo el tema de la mudanza… -se frotó el cuello incómodamente, sin completar la oración.
—No entiendo. ¿Por qué a Buttercup y no a mí?
Eso rompió aún más el corazón de la más inocente, que comenzó a lagrimear.
—Y-Yo…
—Haz lo que quieras.
Y con eso, la pelirroja se volteó y se sentó en el asiento del acompañante del auto del Profesor. La rubia se mantuvo en un trance con las pupilas clavadas en el vehículo al que había ingresado la muchacha, hasta que la pelinegra le apuró para entrar a la camioneta de Mike.
Mike. Relación. Salir. Novio. Secreto. Blossom triste.
Suspirando y cerrando los párpados, la pequeña se ubicó junto a Buttercup, detrás de Butch y en diagonal a su contraparte. A su lado, la adolescente se colocó los auriculares en las orejas y reprodujo su estridente música, al tiempo que se relajaba y se disponía a dormir una siesta. El morocho, por otro lado, encendió el estéreo y lo puso a todo volumen.
—¡Teravilla, ahí vamos!
Bubbles, sin demostrar una pizca de alegría, miró por la ventana y vio cómo su casa se alejaba lentamente. No sabía cuándo volvería, y mucho menos cuándo podría disculparse apropiadamente con Blossom.
«Solo espero que sea pronto. »
Y así termina el noveno capítulo. Voy a empezar el décimo ahora, aunque no sé para cuándo lo tendré listo. Nos vemos en la siguiente actualización. ¡Cariños!
