Ya sé qué estarán pensando. ¿Yo? ¿Actualizando tan pronto? ¿Qué me está pasando? Debo decirles que tengo viruela demoniaca y me queda muy poco tiempo como persona antes de volverme un demonio… Nah, es broma. Es que he estado leyendo los libros y encontré inspiración *suena música angelical*. Bueno, aquí les dejo el cap y que lo disfruten.
Capítulo 9: El turno de los semidioses y el rechazo de los arcos plateados
A la mañana siguiente Obadías nos despierta apenas sale el sol. Sorprendentemente, los mestizos despiertan rápido y comienzan a recoger sus cosas. Salimos del hotel y empezamos a buscar entre las casas y restaurantes comida porque nuestras provisiones comienzan a escasear. Pero los mestizos no parecen estar muy conformes con la idea, parece que la conciencia les recrimina robar incluso cuando nadie ha estado aquí en tres semanas.
Una vez desayunados y bien abastecidos, nos reunimos en un círculo para discutir la ruta.
-¿Y ahora adónde vamos?—pregunta África.
-Es obvio que con el incendio hemos delatado nuestra posición por lo que tendremos que tomar un desvío—responde Obadías.
-¿De cuántos kilómetros?—pregunta Annabeth.
-Se supone que deberíamos continuar por Indiana pero creo debemos desviarnos a Kentucky y ahí seguir a Misuri.
-¿Kentucky?—dice Leo-. ¿Quién quiere pollo frito del tío Leo?
Varios se ríen ante su chiste. Rompemos el círculo, recogemos nuestras cosas y comenzamos a caminar. Aunque no hace tanto calor como ayer, el viento se pone en nuestro contra. Fuertes ráfagas de viento levantan arena que nos irrita los ojos.
-¡Jason!—grita Max mientras una ráfaga de viento le impide avanzar-¿¡No puedes hacer algo con este viento!?
-Trataré—dice el eludido.
Entonces alrededor de todos nosotros se forma un círculo donde el viento no circula. Max cae de cara al piso y se levanta tosiendo arena. El viento, de alguna manera, nos separa en pequeños grupos. Yo quedo atrapada con Jason, Frank y Shaun. Después de una larga caminata (y "conseguir un bronceado increíble") diviso unas figuras bastante familiares a lo lejos. Creo que el calor comienza a afectarme así que lo tomo como una alucinación. Mientras más nos acercamos comienzo a creer que son un grupo de terrígones. Los terrígones son unos hermanos míos bastante feos que se parecen a unos ogros, sólo que tienen seis brazos y están hechos de tierra o barro.
Ese grupo no debe tener más de siete terrígones. Pienso que puedo manejar la situación pero entonces comienzan a salir docenas más del piso. Si fueran diez o menos, podría convencerlos de que nos dejaran en paz pero son demasiados y ni siquiera Piper puede hacer algo, varios de ellos son testarudos e idiotas.
Nos atacan en grupos, justo como estamos nosotros. Saco una espada y me enfrento a mis hermanos, aunque me duela profundamente. Veo que Shaun trata de alentar el tiempo para darnos algo de ventaja pero son muchos y un terrigón con un mazo enorme amenaza con abrirle la cabeza de un solo golpe. Frank y Jason están espalda contra espalda, combatiendo con una espada y una lanza, respectivamente.
Entonces uno de los atacantes me hace un corte en la frente con una espada. Le corto la mano que sostiene la espada y luego lo tomo del cuello.
-¿Qué te pasa?—le pregunto furiosa-. ¿Por qué atacas a tu hermana?
Antes de que pueda responder, lo atravieso con mi espada y se convierte en arena en mis manos. Mamá, digo en mi mente con la esperanza de que me oiga, este no es buen momento para mandar a mis hermanos. Luego puedes enviarles terrígones a los mestizos pero ahora hazlos desaparecer.
Pero no sucede nada. Es de suponer que no me haga caso, después de que la mitad del grupo la venciera el año pasado debe estar furiosa. Después de matar a siete de mis hermanos, escucho que dicen "Matar a Jason". Eso me da una idea. Es bastante estúpida y puede no funcionar pero hay que intentarlo. Un terrigón le hace un corte a Jason en la rodilla, éste cae y Frank trata de mantenerlos lejos de su amigo. Cuando todos los terrígones que nos rodean se dirigen hacia los dos semidioses, me pongo en medio.
-Alto, hermanos—les ordeno-. ¿Qué quieren?
-Matar a Jason—responde el mayor de todos, el que parece ser el líder.
-¿Qué Jason? Yo no veo a ningún Jason—mientras mis hermanos parecen estar confundidos, le hago gestos frenéticos a Shaun. Éste parece entender el mensaje y le hace crecer un enorme bigote rubio a Jason. Los terrígones no tienen mucho cerebro por lo que no lo reconocerá , no hay ningún Jason. Él es Juan Pérez.
Ellos parecen confundirse aún más y antes de que alguno diga algo, una flecha plateada atraviesa al líder. Entonces un mar de flechas plateadas cae sobre los terrígones. Sé quiénes dispararon esas flechas y siento que el estómago se me revuelve. Mis hermanos huyen o se disuelven en arena para evitar las flechas.
Unas figuras comienzan a caminar hacia nosotros. Cuando los tenemos cerca, vemos que son un grupo de chicas jóvenes vestidas de plata, sostienen un arco plateado y llevan una diadema plateada.
-No necesitábamos su ayuda—les dice Akemi-. Y no la necesitaremos.
-Cállate, Akemi—le ordena Annabeth.
La líder de las chicas se separa de su grupo. Parece tener quince años, tiene cabello negro cortado al estilo punk y tiene ojos azul eléctrico.
-Annabeth—dice la chica.
-Thalia.
Las dos chicas sonríen y se abrazan. Veo que Kristen y Raquel hacen gestos de asco. ¿Y por qué no? Las chicas odiamos a esas virgencitas de Artemisa. Ya sé que se supone que la virginidad no es lo mismo hoy en día que hace miles de años pero por favor estamos en el siglo veintiuno.
-¿Qué haces aquí?—le pregunta alegre Jason.
-Las Cazadoras y yo llevábamos siguiendo a esos terrígones desde Maine, supongo que el que se encontraran con ustedes nos dio una oportunidad de aniquilarlos de una vez por todas. ¿Y qué hacen aquí con… ellos?
-¡Escuché tu tono!—le dice una molesta Tadea.
-Calma—interviene Percy-. ¿Qué tal si hablamos de todo esto mientras vamos a Kentucky? Supongo que ustedes también van hacia allá, ¿no?
-Sí y después iremos a Tennessee.
Continuamos con la caminata sólo que las Cazadoras nos acompañan, separadas de los chicos y de nosotras. Las chicas no tenemos ningún problema con eso. En algún punto, las sietes chicas terminamos en un mismo grupo mientras murmuramos cosas negativas de las Cazadoras. Ellas no reciben en sus filas a ninguna semititánide e incluso han cazado a varios de los nuestros por órdenes de su señora. Seguro porque Artemisa sigue enojada con Febe.
Cada vez que paramos para descansar, los chicos se sientan en un círculo, las Cazadoras y sus amigas en otro y las demás chicas nos sentamos en un círculo apartado de todos.
-Les juro que varias de esas chicas me han mirado hostilmente—nos dice Tadea-. Incluso las escuché decir cosas ofensivas sobre los hijos de Febe. Si no nos vamos por caminos separados pronto, voy a matar a unas cuantas de esas virgencitas.
-Calma Tadea—la tranquiliza Raquel poniendo una mano en su hombro-. Estamos cerca de Kentucky y pronto se irán.
-Tierra, prométeme que si te lo pido, le dispararás una flecha a una de esas virgencitas malcriadas.
-Shhh, no reveles mi plan—y lo digo en serio.
Con los pies adoloridos, los hombros entumecidos por traer colgadas las mochilas y las camisas cubiertas de sudor, por fin llegamos a Kentucky. El bigote de Jason ha desaparecido a petición de éste porque según él se veía ridículo. Algunas Cazadoras se despiden de Piper y Hazel mientras que a nosotras nos fulminan con la mirada.
-Adiós Thalia—dice Annabeth mientras abraza a su amiga. Veo que tiene una expresión melancólica-. Espero verte pronto.
-Adiós Annie. Me vas a volver a ver te lo aseguro. Has ganado dos guerras, creo que podrás con una tercera.
Se dan un último abrazo. Percy se acerca y Thalia lo abraza con expresión un poco incómoda. Antes de reunirse con su grupo, se dirige a nosotras.
-Sé lo que deben hacer para derrotar a Caos—nos dice-. Si logran derrotarlo, consideraremos aceptar a su gente.
Ninguna le dice nada, sólo la miramos sin expresión alguna. Thalia se reúne con las Cazadoras y se van.
-Sigamos caminando—ordena Obadías mientras cambia su mochila de hombro.
Nadie lo contradice. Varias chicas seguimos algo enojadas por el encuentro con las Cazadoras así que cuando Shaun trata de sacarme plática, sólo muevo la mano sin ningún interés.
-Deberíamos parar aquí a comer—dice Percy después de una horade caminata. Señala un restaurante de un piso que tiene paredes amarillo grisáceo, techo naranja y un anuncio de neón de una vaca sosteniendo una hamburguesa llamado "La Vaca Cocinera" (ya sé que se oye raro pero fue lo único que se me ocurrió).
-No, no, no mejor vayamos al KFC—suplica Leo juntando ambas manos.
-No—dice Octavio estando de acuerdo con Percy por primera vez en la vida.
Nos organizamos para entrar en grupos pequeños porque menudo infarto se darían los clientes si ven veintiocho adolescentes entrar al mismo tiempo. Mi grupo conformado por Dakota, Percy, Shaun, Eleazar y Tyson entra en tercer lugar.
Dentro el lugar tiene paredes de madera clara, el piso es de azulejos azul oscuro y las mesas y sillas son de madera oscura. Para ser las dos la tarde, no hay mucha clientela. Un recepcionista que viste un delantal con estampado de vacas nos lleva a una mesa para seis personas. Los hijos de los dioses se sientan de un lado y los de los titanes de otro.
-Percy—dice Eleazar-, tengo una duda que sólo tú puedes resolver.
-¿Qué es?—pregunta el eludido dándole un trago a su soda azul.
-Sé que tú y Annabeth cayeron al Tártaro hace casi un año (Titanes, nos reímos de eso durante semanas de eso). Pero necesito saber qué le pasó a mi padre, Jápeto. Lo último que supimos de él mis hermanos y yo fue que cayó en el Río de la Memoria.
-Bueno, después de eso le dio amnesia y se hacía llamar Bob y decía que trabajaba como conserje en Epiro, creo. Nos ayudó bastante a mí y a Annabeth a sobrevivir, incluso nos guió a un templo de Hermes que había caído al Tártaro. Pero se enojó con nosotros cuando trate de convencerlo de que era Jápeto. Pero volvió a ayudarnos, supongo que ya no estaba tan enojado. Nos encontramos con Damasen, el gigante anti-Ares, y le dio a Annabeth una espada hecha de huesos de drakon. Pero casi al salir, Hiperión llegó junto con otro de sus hermanos y Tártaro. Damasen y Bob se quedaron a pelear con ellos mientras nosotros escapábamos. La verdad no sé si está vivo.
Eleazar sólo baja la cabeza y la entierra entre sus brazos. Lo escucho sollozar así que estiro una mano y le doy unas palmaditas en el hombro tratando de consolarlo.
-Tranquilo—dice Dakota y le da grandes tragos a su soda roja llena de azúcar.
-Seguro sigue vivo—trata de consolarlo Tyson.
-No lo dudo—y Eleazar levanta la cabeza y tiene los ojos enrojecidos-. Es el titán de la esperanza de vida, no creo que nadie más que Tánatos pueda asumir su tarea y él ya tiene bastante trabajo. Estoy seguro de que vive.
Comemos en silencio sin cruzar miradas. En otras mesas también están callados pero nadie parece enojado o incómodo.
-Percy, ¿por qué Annabeth actuó así ayer?—pregunta Shaun-. Según sé los hijos de Atenea les tienen miedo a las arañas pero eso fue extremo.
-Es me encontré con Aracne—responde Annabeth, volteándose hacia nosotros. Su voz le tiembla un poco pero sigue siendo firme-. Ella es la mayor enemiga de mi madre así que se vengaría matándome. Vi sus telares y me fascinaron, sobre todo el que representaba nuestro beso submarino Percy. Ouch, Tierra no me patees.
-Trataré.
-Bueno, la convencí de que debía presentar sus trabajos en el Olimpo, y yo misma lo creía. Logré que liberara la estatua de Atenea Partenos e hice que tejiera su propia trampa. Pero eso no fue lo peor. La cámara estaba llena de arañas y la propia Aracne lucía horrible. Ahora cada vez que veo una araña, recuerdo su aspecto y cuando intentó matarme.
-No pues sí Annabeth, conmueves mi corazón como no te imaginas—dice Shaun jugando distraídamente con su tenedor. Aunque nadie lo note, veo que en sus ojos si lamenta lo que le sucedió a Annabeth pero obviamente no lo dirá en voz alta.
Entonces Percy se levanta de la mesa y se dirige a una que está pegada a la pared. En ella está sentado un sátiro de pelaje café oscuro, sus cuernos se asoman sobre su cabello rizado y puede tener unos veintitrés años. Come tranquilamente una lata de 7 Up.
-Fernando—lo llama Percy.
El sátiro levanta la vista, le sonríe y lo abraza. Entiendo que no lleve pantalones o un gorro porque hay instantes en que veo sus cuartos traseros y otros en que veo que lleva pantalones, una gorra y zapatillas. Debe ser un maestro en manipular la Niebla.
-¿Quién es ese?—le pregunta Eleazar a Annabeth.
-Fernando, un primo de Grover el mejor amigo de Percy. Lleva el nombre de su padre asesinado por Medusa.
A los pocos minutos vuelve el hijo de Poseidón y nos dice que Fernando sabe de nuestra misión y que nos va a dejar quedarnos en su choza a unos cinco kilómetros de la ciudad.
Después de pagar las cuentas, seguimos a Fernando a través de la ciudad. Al menos aquí la gente es más considerada con el ambiente porque han plantado muchos árboles y varias personas usan bicicletas en lugar de carros.
Llegamos cerca del atardecer. La choza de Fernando está hecha con madera y el techo fue reforzado con cañas. Tiene pequeñas ventanas cuadrados sin cristales. El lago junta a ésta es pequeño pero parece ser profundo y varias cañas crecen en la orilla.
-Pueden quedarse aquí fuera—el sátiro señala todo lo los alrededores-. Este lugar está protegido, los monstruos no pueden detectarlos a menos que se alejen treinta metros de la choza.
-Gracias, Fernando. Eres el mejor—le dice Percy.
-Si se te ofrece algo, ya sabes dónde encontrarme.
Todos comenzamos a poner nuestros sacos en el piso a excepción de Max, quien dice que pasar una noche bajo el agua le ayudará con los días tan secos que hemos tenido. En un rincón veo que Octavio está recolectando ramitas para una fogata.
-Qué patético—comento.
-Mira esto—me dice Shaun.
El romano comienza a frotar dos ramitas pero ni siquiera sale humo de ellas. Frota con más saña pero sigue teniendo el mismo resultado. Mi amigo ríe mientras mantiene su mano apretada en un puño, manteniendo el tiempo quieto en esas ramitas. Entonces le guiña un ojo a Leo y a la vez que Shaun abre su puño, el semidiós chasquea los dedos. Ambas ramitas se queman al igual que la camisa de Octavio. Éste grita y trata de moverse pero tiene los pies hundidos en la tierra, gracias a mí. Max se harta de sus gritos y le tira un chorro de agua.
-No fue gracioso—nos regaña mientras los cuatro nos reímos.
-No te lo tomes tan personal—le digo.
-Cállate, Cara de Barro.
Shaun deja de reír y se para. Toma a Octavio de la camisa, lo levanta del piso y le pone su guadaña en la garganta. Varios semidioses se acercan para separarlos pero Orlando les hace un gesto indicando que no den un paso más.
-Te juro por el Río Estigio que si vuelves a ofenderla, no me importará si eres un augur o lo que sea, te abriré el cuello con esta guadaña.
Deja caer al chico y guarda su guadaña. Octavio se levanta, despotrica contra todos los titanes y se mete en su saco de dormir. No muchos andan de humor para hablar así que hacen sus propias fogatas.
-Oigan, no es con mala intención pero, ¿qué tal si hablamos de algún mal momento?—pregunta Leo mientras quema su malvavisco.
-Sí—coincide Annabeth-. Tal vez así podemos llegar a conocernos mejor y nos demos cuenta de que tenemos más en común. Hay que turnarnos, mejor empezamos nosotros.
Ella comienza a contar su experiencia con Aracne. Muchos de los míos no conocían esa historia así que ponen atención. Yo cuento la muerte de mi hermana Irene. Hazel relata desde que Gea poseyó a su madre hasta su muerte. Obadías explica que cuando cumplió los siete años, su madre murió y luego fue perdiendo a toda su familia hasta quedarse sin nadie a los ocho años.
Percy vuelve a relatar su experiencia en el Tártaro con Annabeth. Max nos cuenta que un día él y su madre ganaron un concurso para irse en un crucero a las Filipinas, el barco fue hundido por Poseidón y mucha gente murió ahogada, incluida la madre de Max. Leo relata la noche en que su madre murió en un taller por culpa de la mía. Shaun cuenta que un día una manada de perros del infierno atacó su casa, mató a toda su familia y él, antes de escapar, vio a Hades caminar entre los cadáveres.
Decidimos dormir para poder continuar mañana. Ese momento en el que compartimos experiencias no pudimos evitar darnos cuenta de algo: cada vez que nuestros padres tienen un conflicto o planean hacer algo contra el mundo, los hijos siempre tenemos que pagar los platos rotos.
Y ahí tiene el cap. Muchas gracias a mi amiga Monse, el apoyo y ayuda que me das son increíbles. Espero que les haya gustado el capítulo y nos vemos en el siguiente. Bye, Bye.
