Capítulo 9. De regreso a Tokio

–Miroku, desde que vi a esa joven llamada Ahome yo... No he podido dejar de pensar en Kikyo. –Inuyasha recargó su cabeza sobre el hombro de su mejor amigo.

Sango miraba con ternura a Inuyasha, ella sabía que ver a su prima le removería cosas del pasado y así había sido. "Inuyasha sabía que no pasarías por alto el parecido entre Kikyo y mi prima, tal vez el pedirte que te quedes aquí en Tokio no es buena idea después de todo, no quiero ser egoísta con respecto a tus sentimientos". No podía evitar pensar en Inuyasha después de todo él era su amigo y ya se había vuelto parte de su familia.

–Vamos Inuyasha, amigo, todo estará bien; pasemos al jardín te hará bien tomar algo frio. –Miroku conducía a Inuyasha, Sango sonrió ligeramente, sabía que Miroku e Inuyasha más que amigos eran como hermanos.

...

Kagome y Bankotsu se encontraban caminando por las calles de París, iban tomados de la mano todo era completamente especial para la pareja de recién casados. Andaban de compras, paraban por algún restaurante o cafetería para disfrutar de la vista de aquel maravilloso lugar, rentaron un auto para extranjeros, además anduvieron en carruajes, todo era maravilloso. Ahome estaba disfrutando cada segundo con Bankotsu, en el hotel no dudaban en estar juntos demostrándose amor, Ahome parecía menos tímida desde su llegada a París y Bankotsu estaba feliz por todo eso, aunque se sentía más cansado que de costumbre, no podía evitarlo; estar lejos de casa y de los cuidados excesivos de su madre lo hacían sentirse más independiente, aunque ella llamara casi todos los días para saber cómo se encontraban.

–Bankotsu, amor ¿Quieres que descansemos un poco? –Kagome sacó a Bankotsu de sus pensamientos tomándole las manos, aun así, ya habían pasado tres semanas y solo les quedaba una semana en la capital del romance.

Bankotsu había entrado en la bañera, estaba cansado, así que había tomado unas píldoras y estaba relajado en el jacuzzi, mientras su esposa se encontraba recostada en la cama.

Bankotsu estaba recostado rememorando todo desde el día de la boda, no podía olvidar la noche de entrega de su Ahome, él trataba de no perder cada detalle del cuerpo de ella, cada rasgo, cada lunar, quería conservarlo intacto en sus recuerdos para siempre... un suspiro de pesar salió de los pulmones de Bankotsu al recordar que solo les quedaban unos cuantos días en ese lugar y en definitiva, no quería que eso terminara.

–¿Cómo sucedió todo esto? Bankotsu, eres tan especial para mi ahora, que no podría vivir sin ti… –Ahome abrazaba una de las almohadas mientras susurraba para ella misma. –Te amo Bankotsu.

Ahome tenia dibujada una hermosa sonrisa en el rostro y sus ojos mostraban un brillo especial, un brillo que ni ella misma había notado, después de pensarlo por varios minutos se levantó de la cama y se dirigió hacia el cuarto de baño. Sabía perfectamente que Bankotsu se encontraba ahí en ese momento, lo único que cubría el cuerpo de Ahome era un ceñido y muy fino camisón de encaje color rosa pastel que días antes había comprado mientras caminaba con Bankotsu por las calles de París. Sigilosamente entró al cuarto de baño, su esposo se encontraba recostado con los ojos cerrados en el jacuzzi, parecía que se había quedado dormido. Ahome se acercó lentamente hasta la orilla de la bañera y con delicadeza deslizó con sus dedos un mechón de cabello detrás de su oreja para no prevenir a Bankotsu con él y poco a poco se acercó a sus labios rozándolos con dulzura, suavemente él abrió los ojos para encontrarse con esos intensos ojos color chocolate que tanto amaba y no pudo evitar sonreír.

–¿Qué haces fuera de la cama hermosa? Creí que querías descansar. –Bankotsu acarició el rostro de Ahome.

–Q...Quería estar contigo. –Dijo Ahome con un leve rubor en las mejillas.

–¿Es eso verdad mi princesa? Yo estaba pensando en ti y llamándote con mi pensamiento. –Bankotsu la atrajo con mucha delicadeza hasta sus labios para luego besarla sin soltarla, mientras acariciaba el cabello de su esposa.

Luego de unos segundos unidos en un fuerte beso, separaron sus bocas lentamente, pero sus miradas se encontraron, en ese momento las palabras no eran necesarias podía verse en sus ojos su amor mutuo y sobre todo el deseo, Ahome se estaba sonrojando con la intensidad de esa mirada azul, cerró sus ojos y rozó ligeramente la nariz de él con la suya para luego volver los labios de Bankotsu prisioneros de sus labios.

La atmósfera que los rodeaba no dejaba dudas de ese amor que ambos se profesaban desde que habían llegado a París, en ese viaje había hallado la magia que necesitaban para encontrarse íntimamente y poder liberarse de las cadenas ese amor oculto, al menos en el corazón de Ahome.

Como ya era costumbre él tomo la iniciativa levantándose con cuidado de la tina mostrándole a Ahome su prominente erección haciéndola mostrar una mirada picara que no le conocía, él no podía evitar amar cada uno de los gestos de su mujer, le tendió la mano para ayudar a su esposa a ponerse de pie para luego conducirla al interior de la tina, Ahome sin pensarlo dos veces acepto la invitación de su esposo sin despojarse de sus finas prendas tomo las manos de su esposo y entró junto con él; estando ahí, le sujetó con fuerza la cintura provocando una fuerte descarga en todo su cuerpo, Bankotsu tomó entre sus manos el rostro de Ahome para así poder besarla, ella tomó con ambas manos la húmeda espalda de él , era una sensación diferente para ella sin dejar de ser placentera.

Bankotsu nuevamente se acomodó en la bañera posando a su esposa sobre él de modo que quedara montada de frente, el juego de besos y caricias era cada vez más intenso, el fino camisón de encaje que apenas cubría el cuerpo de Ahome había quedado por completo transparente delineando así la esbelta figura de ella y dejando al descubierto sus duros y excitados pezones, Bankotsu tenía una pequeña sonrisa en el rostro al ver el evidente sonrojo en su esposa, a pesar de haberla hecho suya anteriormente ella seguía sonrojándose causándole ternura a él.

La pareja se encontraba en un seductor juego sin tregua donde sus lenguas se buscaban desesperadamente, Bankotsu había liberado el sujetador de la prenda de Ahome, ambos se encontraban completamente desnudos, podían sentir como su excitación crecía al rozar la humedad de sus cuerpos, Ahome arqueaba la espalda mientras Bankotsu delineaba su cuello con la lengua al tiempo que sus manos acariciaban las caderas de ella.

Kagome tenía ambas manos aferradas a la espalda de Bankotsu, dejándose llevar por la ola de emociones que las caricias de Bankotsu le causaban y sin esperarlo él tomo preso con sus labios uno de los pezones de ella haciéndola soltar un gemido, mientras se aferraba con más fuerza a la espalda de él quien no dejaba de saborear el pecho de su esposa propinándole pequeñas mordidas para sentirla excitarse aún más.

–Ba...Bankotsu déjame sentirte…

La mirada sensual de Ahome y la súplica en su voz despertó los instintos de Bankotsu quien sin pensarlo dos veces entro en ella de una sola embestida provocando en ella un gemido de placer desatando así la pasión de ambos tras cada estocada realizada por el más la humedad de sus cuerpos estaban llegando al éxtasis en un instante, Kagome enredo sus dedos en el cabello de el para profundizar más el beso y el juego de sus lenguas, el va y ven de las embestidas de Bankotsu le nublaban la vista a Kagome pero eso era lo que más deseaba, escuchar el corazón extasiado de él, su respiración viril y los pequeños sonidos guturales que emanaban de lo profundo de su garganta enviaban tremendas descargas en el cuerpo de ella.

–Ba...ah!... –Ahome gemía mientras Bankotsu la penetraba, al mismo tiempo que mordía sus duros pezones.

–A... Ahome cada...vez estas más...estrecha. –Bankotsu envuelto completamente en placer al sentirla tan húmeda y estrecha, sabía que ella estaba por terminar así que también se preparó.

Y tras una fuerte oleada de emociones y sensaciones explotaron juntos en un intenso orgasmo.

Kagome terminó rendida sobre él quien la tomo en brazos y la dirigió hasta la cama, depositándola con suavidad sobre ella.

–Bankotsu, gracias. –Susurró Ahome.

–No tienes nada que agradecer mi amor, soy yo quien te agradece todos estos momentos a tu lado. –Dándole un pequeño beso en la frente le susurro al tiempo que ella quedaba profundamente dormida. –Los atesoraré por siempre.

Bankotsu se recostó a un lado de su esposa y se acomodó para observarla dormir, ver la respiración acompasada de ella, sus pequeños labios y las delicadas y finas facciones de su rostro lo llevaron a recordar sus días de infancia, cuando las preocupaciones no formaban parte de sus obligaciones.

Ahome no llores más, perdón. El pequeño Bankotsu secaba con sus manitos las lágrimas de Ahome después de intentar besarla en el juego de mamá y papá. Ya no lo haré, lo prometo, pero no llores.

Es que... Ahome sonaba su nariz mientras tallaba sus ojitos. No puedes besarme hasta que no estemos casados de verdad.

Prometo que me casaré contigo cuando seamos grandes, serás la única niña para mí.

¿En verdad? ¿Te casarás conmigo? ¿Lo prometes? Ahome había dejado de llorar.

Lo prometo, me casaré contigo y viviremos juntos como nuestros papas. Bankotsu tomó el dedo meñique de Ahome con el suyo para así sellar la promesa.

Bankotsu sonrió ante aquel fugaz recuerdo mientras observaba a su esposa. "Mantuve mi promesa, hermosa... Aunque tú ya no lo recuerdes…"

Los recuerdos del pasado llevaron nostalgia a los ojos de Bankotsu quien después de unos minutos fue vencido por el cansancio.

Con 7 horas de diferencia entre París y Tokio, mientras la pareja de recién casados se disponía a descansar después de su mañana de placer, Inuyasha y los primos de Ahome se habían reunido nuevamente para platicar sobre la propuesta que Bankotsu les había hecho.

–Inuyasha ¿Qué te parece la oferta?

–Realmente es una oferta muy buena, tal vez imposible de rechazar pero... ¿Por qué está haciendo todo esto? ¿No creen que es demasiado?

–¿A qué te refieres con que es demasiado Inuyasha? –Cuestionó Sango.

–Bueno, digo que la insistencia del tal Bankotsu por que se queden aquí es demasiada. Nos está ofreciendo trabajo, con buenos puestos en su empresa. No estoy diciendo que nosotros no seamos buenos en lo que hacemos, pero, además de eso nos dará alojamiento de por vida, se me hace completamente excesivo a no ser que haya algo de por medio.

–Estás viendo fantasmas donde no los hay, Inuyasha.

–Ya te lo habíamos explicado Inuyasha, mi prima y yo somos demasiado unidas, somos como hermanas y ahora que estoy embarazada él no quiere que este lejos. Tú mismo escuchaste como mi prima se puso cuando se enteró que seré madre, ella quiere estar conmigo, por supuesto que entiendo que él no quiera que ella se vaya cuando se acaban de casar.

Inuyasha se quedó pensando en las palabras de Sango, era verdad que el vio el inmenso amor que Bankotsu tenía por su esposa, era obvio que el haría cualquier cosa por tener a la mujer que amaba cerca el mayor tiempo posible, pero ¿Por qué? esa pregunta rondaba por su cabeza últimamente ¿Por qué había aceptado volver a Tokio? ¿Por qué a pesar de que ya casi había pasado un mes no dejaba de pensar en Kagome? ¿Por qué quería verla? ¿Por qué había soñado con ella?

Ni siquiera se había atrevido a decirles a sus mejores amigos y única familia que tenía sueños con Kagome recientemente desde que la conoció.

–Inuyasha ¿sigues aquí? –Bromeaba Miroku tratando de sacar a Inuyasha de sus pensamientos.

–Inuyasha ¿Estás bien? –Cuestionó Sango

–Ah! si perdón, solo pensaba en que están por volver ellos de su viaje y él quiere una respuesta a la propuesta a su llegada.

–Así es Inuyasha por eso queremos saber si tú estás de acuerdo con esto

–Saben que para mí estar en Tokio es recordar un suceso de mi vida que quisiera olvidar; La muerte de…

–Inuyasha, no te tortures no tienes que hablar de ello, acordamos con Miroku que, si uno no estaba de acuerdo, nadie aceptaría.

–Sango ustedes no tienen que sacrificar una buena vida por mí, agradezco infinitamente todo su apoyo este tiempo, pero si ustedes deciden quedarse me marchare nuevamente

–No seas tonto Inuyasha, también eres de nuestra familia; si tu vuelves al extranjero nos vamos juntos, no podría vivir con la culpa de haber separada a mi marido de su hermano. –Sango le sonreía a Inuyasha tocándole el hombro para hacerle ver que estaba bien cual fuera su decisión.

–Mi bella Sango tiene razón hermano mío, nos iremos juntos como vinimos, mi Sango y yo veremos cómo hacerle para que Ahome no se ponga tan caprichosa. –Miroku le guiñó el ojo a Inuyasha en un acto de complicidad; pero este no pudo evitar sentirse un poco mal al recordar la felicidad de Ahome al enterarse que sería tía.

–Preciosa ¿Estás lista? –Bankotsu esperaba a Ahome en la puerta del apartamento con las maletas listas para viajar de vuelta a Tokio

–Sí, ya estoy lista, perdona por la demora.

–No tengo nada que perdonar. –Bankotsu besó la frente de Ahome y dándole un último vistazo al departamento donde tuvo los momentos más felices con su esposa, cerró la puerta.

–Ok, entonces la decisión está tomada, volveremos los tres a Londres y vendremos cad meses según sea posible para que Ahome pueda ver la evolución del embarazo ¿ok? –Ambos hombres observaban a Sango, quien parecía estar al mando de las decisiones. –¿Pregunté si estamos de acuerdo?

–¡Sí! –-Respondieron Inuyasha y Miroku al unísono.

–Perfecto, está decidido, comenzaré a preparar las maletas para nuestro viaje de regreso, Ahome me dijo que tomarían el avión temprano.

A pesar de que eran casi 12 largas horas de vuelo, el viaje de regreso estaba resultando aún más ameno que el de ida, ya que la confianza de Jakotsu con el reciente matrimonio subió de tono al cuestionarlos sobre su noche de bodas y pidiendo detalles de lo que habían hecho, causando que Ahome se sonrojara como nunca y Bankotsu no podía oculta la felicidad que le causaba ver a su esposa de ese modo.

La anciana Kaede se encontraba afinando los detalles para la llegada de sus amos a la casa, quería que todo estuviera en orden a la llegada de estos para no escuchar las quejas de la madre de Bankotsu, aunque ella quería mucho al joven pues lo crió desde pequeño no podía evitar molestarse por la actitud de la dueña de la casa.

11 Horas y 50 min de vuelo después, por fin la pareja de recién casados aterrizó en Tokio, ambos se despedían de la tripulación del vuelo, con Jakotsu llorando por la separación de sus amos, con la promesa de que ambos viajarían nuevamente para poder pasar tiempo con ellos.

Mientras tanto en el jardín de la mansión de los Sakamaki, la anciana Kaede servía el té para los invitados que recibirían a la feliz pareja.

–Tranquilos chicos, relájense no vamos a matar a nadie. –Sango observó que tanto Inuyasha como Miroku parecían bastante tensos.

Miroku sentía un poco de culpa por no poder aceptar el trato que Bankotsu le ofrecía, él se sentía en deuda con él, además se lo había casi suplicado. Inuyasha por su parte se encontraba nervioso por ver nuevamente a aquella mujer que tenía demasiado parecido con su único amor y al mismo tiempo sería la última vez que la vería, pues ellos volverían a Londres por la decisión que había tomado.

CONTINUARÁ...

Nota de Autor: Bueno en esta ocasión mi nota es dedicada para todas y cada una de ustedes mis fieles lectoras que se toman el tiempo en pasar aquí y comentar estos pequeños capítulos que escribo con todo el corazón de verdad en cada uno de los capítulos les dejo rastro de mi esencia y de mi persona, mediante estas líneas nos conectamos creando una fantasía y un escenario para esta historia al menos eso es lo que considero así que espero que no sea yo la única.

Agradezco muchísimo su paciencia para conmigo la verdad es que ser escritor de fics no es tan fácil como parece ya que en algún momento nos vemos bloqueados y salir de eso es complicadísimo aun así agradezco infinitamente cada uno de sus mensajes, sus aplausos y sobre todo su valioso tiempo Mil Gracias!