Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.
Este fic está dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a Natalia, a mi morena, a amandis la tetis y por supuesto a mi amada manager.
Como siempre va dedicado a mi amada esthefybautista, mujer de mi vida a la que amo con todo mi ser y a quien deseo abrazar y besar con fuerza, me haces tanta falta amor, te quiero.
Gracias a todos los que me leen y me comentan ya sea por aquí o por el whatsapp, vuestra opinión es realmente preciada. Sin más os dejo disfrutar del nuevo capítulo, no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21 y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 9 PISTAS
¿Cuánto había dormido? Quizás una o dos horas no más, su mente había estado trabajando toda la noche intentando que su corazón no se disparase y no aumentase su temperatura corporal drásticamente ante la cercanía de una mujer tan bella como Emma, que sin enterarse de su debate interno, dormía apaciblemente apoyada en su pecho.
Tenía que repetirse mentalmente que estaba en pleno caso, que estaba infiltrada, que no debía cagarla. Abofetearse en su mente cada vez que un pensamiento sobre Emma que no fuese liberarla de su horrible destino acudía a ella. ¿Qué demonios le estaba pasando? Debía ser fría, no perder el control, mientras tuviese la sartén por el mango todo saldría bien. Necesitaba ganarse la confianza de la rubia, conseguir la valiosa información que la llevaría a solucionar ese caso, cuanto antes mejor pues no sabía cuánto aguantaría junto a la joven sin perder la cabeza o peor, sin poder seguir ocultando su identidad. Un paso en falso y todo se habría acabado pues se jugaba la vida y su carrera en esa misión, en esa locura que se había impuesto por actuar sin pensar en las consecuencias. Si Jenn estuviese con ella no le habría permitido meterse en semejante berenjenal pero ella ya no estaba para guiarle y eso le estaba pasando factura.
Se levantó intentando no despertar a Emma, pues necesitaba estar sola y poner en orden sus ideas, con esa intención se marchó a la cocina y se puso a preparar el desayuno con lo que tenía en casa. Cocinar siempre le había ayudado a despejar la mente y concentrarse mejor en sus proyectos, en su trabajo e incluso en sí misma cuando se hundía en la desesperación.
Perdida estaba entre sartenes, cazos y sus propios pensamientos, cuando la dulce voz de Emma la sobresaltó.
-Buenos días…
Una melena rubia completamente alborotada, ojos somnolientos mirándola con una mezcla de bochorno y ternura, una sonrisa a medias, Emma estaba en la puerta sin atreverse a entrar y sin saber cómo entablar conversación con esa extraña mujer con la que había compartido una velada atípica en su vida.
Regina no respondió, su mente se había congelado en la última idea que cruzó sus neuronas. ¿Cómo es posible que incluso recién levantada esté hermosa? La rubia se sintió observada y se puso nerviosa, miró a su alrededor para ver cómo podía romper el ambiente cargado que se había formado en la cocina, cuando reparó en que Regina había hecho desayuno para un regimiento, lo que la llevó a preguntarse cuánto hacía que la morena estaba en pie.
-Veo que tienes hambre, ¿Siempre desayunas tanto?
-"El desayuno es la comida más importante del día y no sabía qué te gustaba así que hice de todo, ¿Café?"
-Me gusta más el chocolate, ¿Tienes chocolate?
-"Claro, ahora te lo preparo"
Mientras la morena hurgaba en sus armarios buscando lo que Emma le había pedido, esta recorrió la estancia con la mirada de forma curiosa, ya que Regina había montado un auténtico bufet libre, huevos, tostadas, bacón, y muchas otras cosas que no lograba descifrar qué eran. Sonrió sin poder evitarlo, Regina era extraña pero era divertida y no parecía tener maldad ninguna. Eso la desconcertaba pues no entendía como alguien así se asocia con Neal para hacer daño a mujeres como ella, estaba fuera de su comprensión.
Se sentaron a desayunar mientras Regina hacía gala de su gran elocuencia, es decir, ni miraba a la rubia ni le dirigía la palabra y eso la incomodaba en exceso. Para romper ese turbio silencio que se había instalado entre ambas, Emma miró por la estancia buscando algún tema de conversación que no molestase a la morena, hasta que finalmente vio una cámara fotográfica, completamente nueva, aún dentro de su caja.
-¿Te gusta la fotografía?
-"¿Perdón?"
-Que si te gusta la fotografía, he visto tu cámara, es nueva.
-"Ahh, ese aparato, no sé usarlo mucho, me lo regaló mi padre por mi cumpleaños, ¿A ti te gusta?"
-No lo sé, nunca he probado a hacer fotografía, tampoco tengo muchas cosas a las que hacer fotos.
-"Si quieres te la puedes llevar, yo no voy a usarla"
-Bueno, pero si me das tu cámara tendrás que ser mi modelo, al fin y al cabo eres lo único interesante que puedo ver.
-"Ya buscaremos algún paisaje para que le hagas fotos si quieres, pero a mí no me hagas, no me gustan"
Emma se puso a reír, sin disimular su carcajada cristalina, provocando que Regina se pusiera aún más nerviosa.
-"¿De qué te ríes? ¿He dicho algo malo?"
-No, es solo que la forma en la que me has contestado, parecía que me ibas a llevar a una cita o algo así, eres una persona rara Regina, pero me gusta.
Terminaron de desayunar en silencio, mas ya no era pesado o tenso, era agradable, familiar, se sentían bien en ese momento, compartiendo juntas la paz de la mañana sin perturbarla.
Llegó el momento en el que Emma tuvo que marcharse y la morena la observó dejar su casa por el balcón, con la mirada perdida en el vacío, sintiendo por primera vez en años el peso de la soledad sobre sus hombros y deseando interiormente con todas sus fuerzas que pasara la semana rápido y que Emma volviese a ella una vez más.
La rubia llegó al club, donde Neal la esperaba para llevarla junto a James, como le había prometido. El día había empezado bien, la noche anterior había sido extraña pero feliz y ahora iba a ver a su hijo y no solo eso, Neal no lo sabía pero ella tenía una cámara y pensaba usarla, iba a hacer mil fotos de su pequeño que la ayudaran a pasar la semana sin él, sin duda estaba completamente feliz.
Ver a James fue maravilloso, el niño no la esperaba pues no solía ir tan a menudo y su carita de sorpresa y felicidad extrema enternecieron su corazón y la llenaron de amor. Ese pequeño era el motivo de todas sus sonrisas y lo amaba con toda su alma, con sus tiernos gestos, con su carita, con sus ojitos llenos de alegría cada vez que ella entraba por la puerta, su hijo era el motivo por el cual seguía viva y luchando, su hijo era su fuerza.
Como tenía en mente, lanzó mil fotos del pequeño, fotos bastante graciosas pues este no podía estarse quieto ante la expectativa de hacer sonreír a su madre y hacía muecas y piruetas, lanzó algunas fotos de ambos juntos, fotos que reflejaban para la eternidad el amor y la felicidad que desprendían en ese momento, juntos.
Jugó con él hasta cansarse a todo tipo de juegos que al pequeño se le ocurrían, estuvieron en la luna, en marte, en el antiguo oeste e incluso con los dinosaurios, hasta que su universo mágico de amor y aventuras fue destruido al entrar Neal y llevársela a la fuerza, una vez más destrozando dos corazones que no debían estar separados.
Esta vez Emma no se dejó derribar, lo vería el sábado siguiente, seguiría jugando y amando a su pequeño, y algún día, cuando tuviese el valor suficiente, huiría con él lejos y nunca volverían a separarlos.
La semana pasó, lentamente, desquiciando a Regina que no sabía con qué sorprender a Emma el viernes. Quedarse en casa una vez más sería aburrido y además peligroso pues sus hormonas parecían haberse vuelto locas y no se veía capaz de estar con la rubia en un espacio cerrado, y mucho menos si esta se le insinuaba como solía hacer cada vez que se veían. Daba vueltas por su salón, pensando y meditando, dándole vueltas a mil cosas e incluso hablando con la foto de Jenn, como solía hacer cuando estaba cerca de perder el juicio hasta que se detuvo de pronto y miró una vez más la foto sonriendo.
-"Jenn, eres un génio"
Corrió a prepararlo todo, tenía la solución perfecta aunque eso significaba pasar más tiempo con la rubia. Le mandó un mensaje a Neal con un teléfono desechable que había conseguido diciéndole que al día siguiente pasaría ella misma a recoger a Emma y que sería al medio día y no por la noche. El simio gorila, como lo llamaba interiormente, le contestó en el acto que no había problemas y ella dibujó en su rostro una sonrisa.
Al día siguiente, lo tenía todo listo para pasar el día con Emma, cuando llegó la hora subió al coche y partió a buscarla, intentando ocultar su nerviosismo, a pesar de que interiormente se sentía feliz pues su soledad quedaría relegada durante ese día a un segundo plano, volvería a tener a alguien a su lado. Llegó y bajó del coche para interpretar su papel, fría como el hielo saludó al simio con cortesía.
-"Buenos días señor Cassidy, ¿Está ella lista?"
-Ahora mismo baja, me sorprendió que la quisiera tan pronto.
-"La última vez no me bastó la noche, supongo que usted me entiende"
-Sí, la entiendo, con Jennifer nunca es suficiente.
Con esas palabras, como invocada, apareció Emma en la puerta y, con un gesto de la cabeza, se despidió de su jefe y se metió en el coche, seguida de cerca por Regina, que estaba luchando con todas sus fuerzas para no saltarle encima a ese mono asqueroso y regalarle una nueva cara a base de puñetazos. Ese cerdo se había atrevido a tocar a Emma, incluso a hacer burla con ello, se las iba a pagar muy caras. Estaba tan rabiosa que no se dio cuenta de que esa sensación lacerante que le quemaba en el pecho tenía nombre, eran celos.
Al cabo de una hora de viaje en el que ninguna de las dos dijo una sola palabra, Emma porque estaba intentando descifrar dónde iban y Regina intentaba calmarse y dejar atrás su rabia para no dañar a la rubia, finalmente llegaron a su destino y Emma abrió los ojos sorprendida y completamente fascinada.
-Regina, ¿me has traído a la playa?
-"Sí, para que estrenes la cámara ¿Te gusta?"
-¿Bromeas? Esto es magnífico, yo adoro el mar, hacía años que no me acercaba a la playa, gracias.
Regina dejó que la rubia saltara de alegría, que corriese por la arena todo cuanto le apeteciese, que soltara fotos a todo lo que veía, rocas, olas, gaviotas… incluso fingió que no se daba cuenta cada vez que la rubia la fotografiaba a ella, en cierto modo le parecía tierno que quisiera recordarla de alguna manera, aunque fuese en una fotografía. Comieron tranquilamente lo que la morena había preparado, mientras Emma no dejaba de parlotear sobre todo, maravillada con todo y sus ojos brillaban de emoción contenida, haciendo sonreír a Regina, feliz de que algo tan simple como un día en la playa pudiese haber alegrado tanto el rostro de esa niña.
La dejó pasear, meter los pies en el agua para que saliese gritando que estaba helada, la dejó ser niña, ser inocente y ser feliz, incluso le dejó fotografiarse junto a ella, poniendo la mejor cara posible pues ese era el día de Emma y no el suyo, ella estaba ahí para hacerla feliz aunque fuese durante un corto período de tiempo.
Finalmente las atrapó la tarde y decidió que era hora de ir a casa pues pronto refrescaría, agarró a la rubia de la mano y la condujo al coche, sin pronunciar palabra alguna.
Emma estaba confundida, miraba a la morena por el rabillo del ojo, aguantándose las ganas de hacer preguntas por su hijo, no quería cagarla, enfadar a Regina y que Neal le prohibiese ver a su hijo. Su mente era un avispero pues no podía entender por qué alguien como Regina se asociaría con Neal, quizás no sabía dónde se estaba metiendo, lo que ese hombre les hacía a las mujeres, quizás no sabía lo que le habían hecho a ella, sino no podía entenderlo pues la morena era una buena persona, o al menos eso parecía.
Se mordió la lengua y se aguantó sus ganas de preguntar hasta que estuvieron en el apartamento de la morena y esta se fue a preparar algo de cena. No la entendía, no la buscaba sexualmente, le regalaba momentos increíbles como ese día en la playa y se asociaba con el diablo para destruir vidas, no tenía sentido.
-Regina, ¿Puedo hacerte una pregunta delicada?
-"No sé por qué pero me da miedo cuando me dices eso"
-Me mata la curiosidad, no puedo aguantármelo más.
Regina empezó a sentir miedo antes eso, quizás la había descubierto y todo se iría por el retrete.
-"Pregúntame lo que quieras Emma"
-¿Por qué alguien como tú se asociaría con alguien como Neal? No puedo entenderlo, tu eres buena persona, él un monstruo, creo que no sabes lo que realmente hace, sino no te asociarías con él.
-"Sé exactamente lo que hace, Emma, por eso mismo me interesa asociarme con él, porque tiene muchos beneficios. El dinero mueve el mundo pequeña"
-¿Entonces te da igual que chicas como yo sufran si eso te da dinero? ¿Te da igual que las separen de sus familias, que las encierren, que las vendan al mejor postor, solo porque así tú serás un poco más rica?
-"Exacto, te lo he dicho, el dinero mueve el mundo"
No quería mirarla, no quería que notase como le temblaban las manos, como estaba a punto de explotar, de sucumbir, de revelarle su identidad, no podía soportar que la mirase como la estaba mirando, le dolía que la mirase como la estaba mirando.
-Eres un monstruo, Regina, no tienes alma. ¿Tan vacía está tu vida que tienes que llenarla de dinero? ¿Te da igual lo que me pase, lo que nos pase a todas las chicas que fuimos encerradas en ese sótano?
Alzó su mirada oscura con sorpresa, ¿Había oído bien? ¿Había más chicas en el caso de Emma? Quizás sin saberlo la muchacha le había dado la primera pista sólida para tirar de la investigación. Iba a responderle algo pero se congeló en su sitio al ver que Emma estaba llorando. Nunca sabía qué hacer cuando una mujer estaba llorando, ni qué decir. Por un momento su mente se sobrecargó y cortocircuitó, fue acercándose lentamente a ella, como movida en sueños, sin ser consciente de sus actos, o demasiado consciente pero no había marcha atrás. Emma estaba herida y ella debía curarla. Se acercó a ella, la agarró por la cintura, la atrajo suavemente como si fuese a fundirse con ella en un abrazo, le secó las lágrimas con ternura y cuidado para finalmente atrapar sus labios en un casto beso, un beso que dejó a Emma sin respiración.
Durante unos segundos ambas estaban estáticas, congeladas, con los labios unidos torpemente, hasta que Emma reaccionó profundizando ese beso con hambre infinita. Regina era un monstruo sin alma pero la tenía atrapada, tenía un magnetismo único que la había atrapado desde la primera vez que la vio y, inconscientemente, llevaba esperando ese beso demasiado tiempo.
No pudo descifrar cuánto tiempo estuvo besándola, en que momento sus manos tomaron vida propia y recorrieron sus curvas con veneración, se perdieron entre su pelo. No pudo descifrar en qué momento se había vuelto adicta al aroma de esa extraña mujer morena, su sabor la estaba matando, una dulce agonía pues no quería despegar sus labios de ese beso, quizás el primero que había acelerado su corazón hasta el borde del abismo.
Mil incógnitas en su cabeza, mas cuando Regina separó sus labios para tomar aliento se sintió desnuda, vacía, sintió como se desvanecía, como su alma caía por el barranco.
-"Escúchame Emma, soy un monstruo como bien has dicho, pero eso no quiere decir que no vaya a cuidar de ti. Ahora hazme un favor y cuéntame con detalles cómo llegaste a manos de Neal, necesito saberlo"
Emma miró sus ojos, oscuros como la noche, llenos de demasiadas preguntas sin respuesta, y sin saber por qué supo que podía confiar en ella, que no iba a hacerle daño, que quizás Regina estaba tan perdida como ella en esos instantes.
Suspirando le contó su historia, viendo como el rostro de la morena se volvía una máscara impenetrable, no se dio cuenta de que evitaba las lágrimas para no asustarla, de que tenía el corazón encogido y ganas de asesinar lentamente a Neal por todo lo que le había hecho. Lo único que omitió era el tema de James, quizás no estuviera preparada para hablar de él, o simplemente le dolía recordar que no podía tenerlo siempre a su lado.
Cuando terminó de narrarle su historia, el cansancio del día y la tensión acumulada las últimas horas la hicieron caer rendida y se durmió rápidamente, mientras Regina la contemplaba con lágrimas en los ojos y la certeza de que esa noche tampoco iba a dormir. Mas tenía esperanza, el caso estaba encaminado a resolverse, Emma le había dado la clave, chicas con sus mismos rasgos físicos, solo tenía que investigar las otras desapariciones, en alguna habría pistas, habría algo que destapara toda la trata de blancas y le permitiera cerrar ese horrible capítulo y poder liberar a Emma de ese infierno.
Habían pasado dos días desde que había besado a Emma, no podía pensar en ese beso porque se iba a volver loca. Al día siguiente la dejó en el club fingiendo que nada había pasado mas su alma sabía que algo había cambiado entre ambas, que no volvería a mirarla con los mismos ojos.
Para evitar volverse loca investigó, trabajó duro, día y noche hasta que por fin dio con una pista sólida, empezó a tirar del hilo y, poco a poco, ese tapiz que era el caso se iba deshilachando para gran alegría de la morena. No había pasado ni una semana desde que Emma le contó su historia, dándole las pistas para desenredar esa trama y ya tenía todo lo que necesitaba, ya tenía resuelto el caso, solo le faltaba una confesión de Neal para detenerlo y se habría acabado. Estaba tan feliz que no se dio cuenta de que su jefe hacía rato que había entrado en la oficina y la estaba llamando.
-Regina… Baja de las nubes, te estoy hablando.
-"Perdón, estaba pensando en otra cosa ¿Qué necesitas?"
-Llevas cuatro días sin pisar tu casa, vete o tendré que obligarte.
-"Lo tengo, jefe, lo he conseguido"
-¿Qué has conseguido?
Regina tiró la carpeta con todo lo que había recogido sobre la mesa y su jefe le echó un vistazo antes de abrir los ojos como platos y mirar a la agente con infinita sorpresa.
-Pero… ¿Cómo?
-"Se me ocurrió que Emma no podía haber sido la única, investigué desapariciones de chicas en los alrededores, misma edad, mismos rasgos… Hasta que encontré el hilo adecuado del que tiras, después todo vino solo"
-Brillante, eres sencillamente brillante Regina.
-"Eso no es todo, tengo algo más"
-¿Qué más has conseguido?
Regina miró a su jefe con una sonrisa en el rostro, sabía que iba a soltar la bomba y sabía que seguramente le caería una buena por todo lo que había hecho, pero ya era hora de informar.
-"Emma Swan está viva, la he encontrado, sé dónde está"
