Hola a todos, el fic está ya casi llegando a su final, y muchos se iran dando cuenta. Agradezco a todos por haber hecho de este fic uno de los favoritos de muchos. Lo único que quisiera, es que el fic lograra llegar a las cien reviews antes de finalizar. Bueno, sería magnífico. Les dejo el capítulo, que espero que sea de su agrado.
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Fantasma de amor
-…- (diálogos de los personajes)
-"…"-(pensamientos)
:-:-:-: (cambio de escena)
(…) (Algunas aclaraciones de la autora)
-cursiva.- (anotaciones del diario o cartas)
Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, a pesar de mis planes de un siniestro secuestro en contra del protagonista ;3
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Cáp. 08: Calma antes de la Tormenta
Año 2000, Highlands Inglaterra, Finca Higurashi, Orquídiario.
Un triste sollozo resonaba en las paredes de plástico del invernadero, seguido del crujido del antiguo roble que se encontraba a espaldas de este. Una sombra se pudo observar fuera del lugar, llamando la atención del pequeño que sollozaba dentro. Su instinto le indicaba que desapareciera, pero otra parte de él le decía que permaneciera donde se encontraba. Pudo ver como la sombra se acercaba a la puerta, cerró sus ojos con fuerza y espero.
-¿Quién está aquí?-
Esa voz le era familiar, lentamente fue abriendo sus ojitos, encontrándose con uno de los trabajadores de la finca. Exhaló relajado, se estaba volviendo un poco paranoico con todo lo que a su alrededor ocurría.
-¿Te sucede algo, pequeño?—preguntó el anciano acercándose
Sus ojos se abrieron y volteo hacia el anciano, que ya se encontraba a menos de tres metros de él¿Cómo era posible? Si según él, los únicos que podían verlos eran los descendientes Higurashi, pero este hombre no era parte de la dinastía, pero tenía un no sé que, que le parecía muy familiar.
-¿Puede verme?-
-Claro que puedo, tan claro como el agua.
Levantó una de sus cejas, era totalmente ilógico, se puso de pie y se acerco a paso lento hacia el anciano, que se mantenía firme en el lugar done se encontraba.
-Su rostro me es familiar¿Cuál es tu nombre, pequeño?-
-Shippou Rideback…
-Que extraño, yo me apellido así.
La boca de niño se abrió, acaso ese hombre era familiar suyo. Lo miro más detenidamente, antes de encontrar ese parecido que tenía con él.Dios, como no se había dado cuenta antes. Una medalla de planta, en su cuello, con la letra "R" tallada en el centro, el símbolo familiar.
-Oh, Dios…
-¿Eres algo mío, pequeño?-
-En realidad, no lo sé.
:-:-:-:
-Buenas noches, princesita…
-InuYasha…--respondió amenazadoramente.
-¿Qué? Lo digo de buena manera.
Levantó su ceja en duda, y suspiró. Se había vuelto mucho más accesible y no podía negar que mucho más cariñoso con ella. Se sonrojo ante tal pensamiento, antes de que, por muy extraño que a ella le parezca, su mente comenzó a trabajar hasta tocar un punto un poco incómodo.
Él y ella, solos, en su cuarto, ella en pijama de short corto con una blusa de tirantes muy finos y con un escote de encaje, mientras que él, sentado en una silla, recargado un poco en la pared, con sus brazos atrás de su nuca y con los primeros botones de la camisa desabrochados dejando ver parte de su musculoso tórax.
-¡Dios mío!—exclamó muy roja.
-¿Qué demonios te pasa, eh?-
-Yo, yo…-intentaba decir, pero su mirada no se quedaba fija en el rostro del espíritu, sino que descendía por su musculoso torso. No entendía muy bien por qué a pesar de ser un espíritu, se podían apreciar sus músculos con mucha claridad, y en ese momento, era lo que menos le importaba.
-Maldita sea…--murmuro coibida.
-¿Kagome?-
Su voz, algo gruesa pero cariñosa, sensual y atrayente. Y mucho más al ser pronunciada por esa tentadora boca. Inocentemente se relamió los labios, llamando la atención del espectro, que al notar su mirada clavada en él, no pudo evitar un leve sonrojo.
-¿Qué tanto ves, pervertida?—preguntó con una maliciosa sonrisa y con sus mejillas levemente sonrosadas.
Sacudió su cabeza y se sonrojo furiosamente, la habían cachado in fragantti, agacho su cabeza rápidamente, y resoplaba un poco, echándose aire a su pecho, intentando que ese calor que le recorría se calmara. Levantó un poco el rostro, sólo para encontrarse con esa dorada mirada, clava en ella y con una sonrisa muy… ¿Sexy?-
-Podrías dejar de verme así—dijo levemente incómoda.
-¿Cómo?—preguntó inocentemente, recargándose más en la silla y moviendo su cabeza de izquierda a derecha, intentando hacer tronar los huesos del cuello. Y todo esto provocó que los músculos de los hombros y tórax se marcaran mucho más.
-"Maldición, ese chico me está volviendo loca…"-
-Deja de verme—dijo algo enojada.
-Yo no te estoy viendo a ti, TÚ me estas viendo a mí
-Mentira—respondió a su favor.
-Mentirosa—dijo él en su contra.
Y así comenzó una de sus ya muy comunes peleas.
-Eres exasperante
-Y tú una pervertida
Golpe al hígado, le dio donde más le dolía. Frunció levemente el ceño mientras curveaba sus labios y gruñir ante el comentario, tomo aire antes de preparar la frase que diría.
-Si yo soy pervertida, tú eres un provocador.
-Si yo soy un provocador, tú eres alguien con la mente muy abierta.
Maldición, estaba perdiendo, él ni siquiera pensaba las frases, no se tardaba nada en contestar, salían por si solas y eso le molestaba bastante. Lo miro con enojo, antes de decir su último insulto. Sonrió, con este ganaría.
-Si yo soy todo lo que dices, entonces tú eres demasiado atractivo y sensual.
Silencio sepulcral en la habitación. La boca del chico estaba abierta a más no poder y sus ojos mostraban sorpresa. En sus fantasmagóricas mejillas se notaba una tonalidad rojiza; mientras que su contrincante sonreía triunfal, se arriesgó, todo o nada, y salió victoriosa. ¡Oh, como le gustaba ganar!
-Gracias por el cumplido, "Mi preciosa princesa sexy" —respondió con una sonrisa arrogante y de victoria.
Ahora era ella la que estaba sorprendida, no esperaba que contestara todo lo que le había dicho, estaba contra la espada y la pared. Y la espada ya estaba apuntando a la yugular.
-Eh, bueno, es hora de dormir.
-Admite que perdiste ¡Ja! Soy el Rey—decía con una arrogante sonrisa.
-Pues pronto serás destronado—murmuró mientras se recostaba.
-Eso lo quiero ver—dijo antes de desaparecer.
Como odiaba que los fantasmas pudieran escuchar todo en un rango de kilómetros a la redonda, pero que se fuera preparando, pues su venganza estaba próxima. O sí, ese fantasmita no sabía con quien se había metido.
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La mesa estaba llena de papeles sobre la villa, nombres, direcciones entre otras cosas. La anciana mujer revisaba cada una con velocidad, analizando bien cada cosa que decía. Un viento frío se sintió en la habitación, haciendo que algunos papeles salieran volando. Automáticamente la anciana los intentó tomar, y esconder algunos, pues sabía perfectamente quien había entrado en la habitación.
-¿Qué demonios haces Kaede?-
-Nada, sólo reviso unas cosas.
-¿Kioky Sabuza?—dijo leyendo el encabezado de uno de los papeles que se encontraban sobre la mesa.--¿Para que demonios quieres todo esto?-
-Eh, pues, es que mucha gente ha dejado la villa y estoy viendo quienes se han ido.
-Khe, como tú digas, es mejor que te vayas a dormir, ya son más de las doce, y si más lo recuerdo los ancianos deben de descansar más tiempo.
-Has recordado bien—dijo dejando todo en la mesa y saliendo de la habitación.
-No toques nada—advirtió la anciana.
-Como si pudiera—respondió con ironía y enojo.
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Lo primero que escuchó fue el canto de las aves, se movió inquieta en las sábanas, intentando hacer callar a esos indefensos pajaritos que cantaban alegres en su ventana. Gruñó molesta, mientras se levantaba lentamente, tallándose el ojo derecho. Veía bastante borroso y no podía enfocar bien las cosas. Escucho como algo se movía cerca de la puerta y miro hacia donde había escuchado el sonido.
-Khe, buenos días, perdedora.
Que bella forma de despertar, con insultos de un fantasma. Tomó su almohada y la lanzó contra él, olvidando por completo que lo atravesaría y que, bueno, golpearía la cara de Miroku que recién había abierto la puerta.
-Veo que ya te has levantado, y por lo que acabo de sentir, de mal humor—se quejaba sobándose la cabeza.
-¡Perdón, pero no era a ti, sino a ese idiota!—grito señalando a la pared.
-¿Eh?-
-InuYasha—dijo para que entendiera de quien hablaba.
-¡Oh! Por lo que veo se me adelantó, te dejo sola con el señorito que molesta todas las mañanas y sale ileso.
La puerta se cerró, dejándolos solos. El chico simplemente se limitó a sonreír, mientras que ella lanzaba miradas fulminantes contra él. Eso que había dicho Miroku era cierto, le podían pasar mil y un cosas, y él siempre salía ileso.
-Ves por que siempre gano.
-Je, eso está a punto de cambiar.
-No te creo, preciosa.
-Pues tendrá que comenzar a creer, joven Taisho—dijo de una forma que ella nunca usaba, y menos con él. La palabra "sensual" nunca había estado en su vocabulario y menos hablar así, pero podían existir las excepciones.
-Pues veamos, que tanto puede hacer, señorita Higurashil—respondió suguiendole el juego.
-Oh, me está retando—decía saliendo de la cama, dejando ver cuan atrevida era su pijama. Automáticamente el chico se sonrojo y tragó con dificultad un poco de saliva.
-Khe, pues, pongamos a prueba todo lo que puede hacer.
-Con gusto—dijo acercándose.
Si no estuviera muerto, se hubiera vuelto a morir por un ataque al corazón, estaba a escasos centímetros de él, con muy poca ropa. Estaba nervioso y a la vez furioso por no poder tocar nada de lo que tenía enfrente y en bandeja de plata.
-Aún duda de lo que puedo hacer, joven Taisho.
-Y lo seguiré haciendo.
-De acuerdo, tendré que ponerme "Ruda"—dijo antes de intentar rodear su cuerpo con sus brazos, aún estando conciente de que no atraparía nada en ellos, pero si quería ganar, aunque sea por esta vez, debía de hacerlo.
Oh, este juego le estaba gustando. Ella allí, con poca ropa, dizque abrazándolo, y desde ese punto, tenía una perfecta vista de…
-¡Largo si no quieres que use la Ouija!—grito haciendo que el espítu desapareciera por escasos segundos, sólo para aparecer nuevamente muy molesto y en el piso.
-¡Eres una…!-
-Ja, ahora quien venció a quien.
-¡Kagome, ya báñate y cámbiate que tenemos que ir a la Villa!—gritaba su abuela detrás de la puerta.
-Ya oíste, vete.
-¿Por qué?-
-Por que yo lo digo.
-Y si no quiero obedecerte.
Maldición, se estaba vengando y de la peor forma. Gruñó para si misma, mientras se deba la vuelta y sacaba discretamente su ropa interior, y una toalla y allí la envolvía.
-Bien, quédate ahí, pero si intentas algo, te juro que te lanzare un embrujo o algo.
-¿Y de donde lo vas a sacar, querida?—preguntó retándola nuevamente.
-Del cofre familiar—respondió seriamente.
De acuerdo, sería un fantasma bueno. Khe, ni él mismo se creía eso. Pero debía de mantener la compostura, los años lo habían afectado pero no era para tanto. Suspiro mientras se levantaba y se iba a sentar a la silla cerca de la pared y cerrar lo ojos. Escuchaba como el agua golpeaba el piso.
-Niña tonta, si sigue así sí logrará vencerme, y con una de las mejores armas—decía con la voz un poco quebrada—Uno de los pecados que aún siendo fantasma no se puede dejar en el cuerpo material—decía dolido—Maldita sea la estúpida tentación.
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El agua corría libremente por su cuerpo, demonios, como odiaba el sólo pensar que aquel chico estaba afuera, esperándola. Era algo tan frustrante. Cerró los ojos, cuando el shampoo descendió por su rostro. Suspiro, no deseaba salir, y mucho menos en ropa interior, lo único que le tranquilizaba, era que había metido su ropa.
No, esperen ¡Su ropa! Abrió los ojos con fuerza, haciendo que algo de jabón entrara en sus ojos y le provocara un dolor terrible. ¡Demonios, sólo había metido la ropa interior! Se maldijo mientras cerraba la llave del agua, se quito el exceso de agua con una pequeña tela, se puso su ropa interior y se envolvió en la toalla.
Ahora, la prueba de fuego…
Lentamente fue abriendo la puerta, se asomo, y pudo distinguir la nítida silueta del espectro en la silla. Tragó con dificultad mientras salía lo más calladamente posible, acercándose al ropero para sacar un vestido o algo que fuera rápido de tomar. Abrió lentamente la puerta del ropero, y sujeto uno de los vestidos. Jaló del vestido, haciendo que el gancho golpeara la pared. Cerró los ojos vencida, ya sabía lo que vendría.
Escucho un ruido extraño, abrió los ojos para ver que era y¡Oh bello espectáculo que tenía enfrente! La chica, cerca del ropero, sólo envuelta en una toalla, con los cabellos mojados y el agua escurriendo por todo su cuerpo y no digamos de sus piernas, pues la toalla le llegaba un poco más arriba de media pierna.
-¿Kagome…?
Por algo le había dicho que se fuera de allí. Maldijo mentalmente mientras lvolteaba a verle. Su mirada clavada en ella, algo sonrosado. Gruñó. Era hora de pasar al plan B.
-¡Te dije que te fueras, maldito pervertido!—gritó levantando su mano, olvidando que con ella sostenía la toalla que tenía envuelta en su cuerpo.
-Oh no…--fue lo único que pudo decir al ver a la chica, en ropa interior, frente a él y su rostro cambiando de colores hasta llegar al rojo de la vergüenza e ira.
-¡Largo!-
Dicho y hecho, desapareció sin dejar rastro y llevándose un lindo recuerdo mental de ese lindo conjunto color violeta. Khe, era su imaginación o habían rolado los papeles. Él ahora era el pervertido y ella la provocadora. Mala jugarreta en su contra.
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Caminaba de un lado a otro, echando diablos, ya con un vestido puesto y con el pelo suelto, aún húmedo. Estaba descalza, sintiendo la fría cantera del piso, intentando relajarse. De vez en cuando miraba hacia la puerta, ventana y silla¿El porqué? Solamente por que esos eran los lugares donde el espíritu acostumbraba estar.
-Creo que al fin me entendió.
Se acercó al borde la cama y se puso sus sandalias, para salir y dirigirse al comedor, donde sus amigos y familiares le esperaban para el desayuno.
-Llegaste algo tarde.
-No fue mi culpa, alguien me estaba molestando.
Un "Khe" se pudo escuchar gracias al sonoro eco de la habitación. Casi todos soltaron una traviesa risa, sólo la chica se mantuvo callada, enojada y buscando al espíritu para darle una represalia por, por, por cualquier motivo. Lo único que quería era que pagara por haberla visto, por segunda vez, en ropa interior.
-Bueno, agradezcamos por los sagrados alimentos—decía Kaede juntando sus manos, seguida de todos los demás.
-Amén.
El desayuno inició, todos estaban en silencio, pues a pesar de todo, se podía sentir el aura, extrañamente maligna, de Kagome, que no paraba de mirar en todas direcciones.
-Nena, deberías terminar de comer, y luego puedes ir de busca de InuYasha.
-Sí, comeré. Pero primero tengo que encontrar a ese…
-Kagome, hazle caso a tu abuela y termina de comer.
-Jaja, todos están en tu contra, vas perdiendo princesita.
-¡Suficiente, yo lo mato!-gritó poniéndose de pie, y golpeando la mesa con ira.
-Y se puede saber¿Cómo lo harás?-
Era un fastidio y ella ya estaba más que harta. Salió del comedor, dejando medio plato de comida, y todo su jugo y leche. Su familia se miró entre sí, para luego mirar hacia donde la chica había ido.
-Esos dos parecen niños chiquitos.
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-¡Aparece de una maldita vez para que arreglemos esto como adultos!-
-Khe, aquí sólo hay un adulto y una niña mimada.
-InuYasha…--dijo amenazadoramente.
Cuando iba a contestar, un fuerte estruendo se escucho en el invernadero. El primero en ir a ver fue InuYasha, pues él bien sabía a quien pertenecían esos terrenos, y por muy extraño que parezca, se preocupaba bastante por el bienestar del pequeño espectro.
-InuYasha¿Qué pasa?—preguntaba mientras subía corriendo el sendero.
-Shippou, algo pasó en el invernadero.
Entraron al lugar, encontrando todas las plantas en el suelo, el techo de plástico echo añicos, los grifos de agua doblados haciendo que el agua saliera a presión. La chica se llevó la mano a la boca, mientras que el espectro se acercaba lentamente hacia donde se sentía una débil presencia.
-¿Shippou?-
-InuYasha, debes de cuidarte…
Se acercó más, encontrando al niño en una esquina, sollozando, sujetando sus rodillas con sus brazos. Se hincó para quedar a su altura, estaba muy perturbado.
-¿Qué sucedió?-
-Lo ha matado.
-¿Eh?-
-¡InuYasha!—gritó la chica con el rostro algo pálido y unas lágrimas corriendo por sus mejillas.
Se levanto y con la mirada la busco. Estaba en el siguiente invernadero. Se acerco lentamente, y con algo de miedo miro el cadáver del anciano jardinero, tirado en el piso, con una herida bastante profunda en el cráneo y con la cabeza algo fuera de lugar. Había sido golpeado y estrangulado.
-¿Quién pudo haber sido capaz de cometer tal atrocidad?-
-Un demente…--respondió intentando abrazarla, pero lo único que podía hacer era intentar mantener su brazo a la altura correcta, para que pudiera imaginarse abrazarla.
-Hay que sacar al pequeño de aquí.
-Sí—respondió dándose la vuelta y mirando por última vez el cadáver.
Un asesino rondaba por la finca, no entendía el por que de tal acto. Escuchó como la chica intentaba sacar al pequeño fantasma, iba a darse la vuelta, pero vio algo colgando del cuello del cadáver. Se acercó para mirar más de cerca, sus ojos se abrieron por la sorpresa.
-"R"…Rideback—fue lo único que dijo, antes de mirar al pequeño—Shippou.
Ese hombre era familiar del pequeño, un lejano familiar, pero al parecer el homicida lo había intuido o lo sabía y por eso había cometido el crimen. Frunció el ceño, no entendía nada. Habían asesinado a uno de los descendientes de la dinastía Rideback, pero¿Por qué? Y ¿Con qué propósito?
Se levanto y miro a la chica, algo no estaba bien, y ahora más que nunca, debía de protegerla a ella y a su familia. Haría lo que fuera, no le importaría que el tiempo de su estancia en este mundo se agotara, lo único que ahora imporaba era el bienestar de esa dinastía Higurashi y sobretodo la vida de Kagome.
-La protegeré, no volveré a perder a un ser amado, lo juro.
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Continuará…
Y lo vuelvo a preguntar ¿Preguntas? Sí, inclusive yo tengo preguntas, y eso que yo soy la autora. Bueno, dejaré los agradecimientos a quienes dejaron un review en el capítulo anterior.
MakikoLime...KagomeKaoru...Erazal
inu-kag-kat...MICH-SAMA...lorena
MarEliBen...Izayoi-san
¡¡¡Gracias!!!
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atte: TanInu
((((REVIEWS))))
