9no. Capítulo: "Marchin' One" - OneRepublic

Perdón por la tardanza.

Les dejo el 9no. & 10mo. Capítulo


Rosalie's POV

Pasaba de la una de la mañana y Edward aún no regresaba.

Él me pidió que no lo esperara despierta pero el insomnio se había apoderado de mi.

Tal vez era la emoción de mi encuentro con Emmett lo que hacía que no pudiera conciliar el sueño.

Repasé nuestra conversación miles de veces en mi cabeza.

No podía dejar de pensar en él y no podía, tampoco, dejar de sonreir.

Bajé a la cocina para preparar un poco de té cuando Edward cruzó la puerta.

-No era necesario que me esperaras - me dijo con una sonrisa torcida.

Hacía casi 3 meses que no la veía.

-No puedo dormir.

Notaba algo diferente en Edward, pero no sabía que era.

-¿Todo bien en el hospital?

-Demasiados pacientes y muy poco personal pero, ¿qué se le puede hacer?- volvió a sonreirme - En fin, iré a tomar un baño antes de dormirme. Buenas noches, Rosalie - se acercó a mi y besó mi frente.

-Adios... - susurré.

De nuevo Edward me tomó por sorpresa.

Terminé de preparar mi té cuando mi esposo reapareció en la cocina.

-Rose, olvidé decirte... Mañana habrá una junta para poner al día a los nuevos socios del hospital, así que voy a salir tarde. No me esperes a cenar.

Mi corazón se aceleró, eso quería decir que tendría tiempo para ver a Emmett.

-El trabajo es primero - respondí nerviosa

-Sí, eso creo. Bueno, buenas noches.

Me escabullí a mi habitación, Edward no podría ser más adecuado.

Estaba llena de felicidad. Preparé mi ropa para el día siguiente y me dispuse a dormir.

A la mañana siguiente, para gran sorpresa mía, el día estaba nublado parecía como si fuese a caer una gran tormenta. Pero eso era normal en Forks.

Al finalizar mis quehaceres de la casa, subí a bañarme.

Estaba cepillando mi cabello húmedo cuando volteé al mueblecito cerca de mi cama.

Allí posaba mi anillo de matrimonio. Sin ningún sentimiento de culpa, o arrepentimiento, lo guardé bajo llave y todo lo que él implicaba. Mi vida pasada, mi matrimonio forzado, todo.

Terminé de vestirme, me apliqué un poco de perfume y antes de bajar las escaleras me miré al espejo.

¿Qué es lo que veía diferente en mi?

Podía seguir viéndome al espejo por horas, así era yo de vanidosa, cuando el timbre de la puerta me sorprendió.

Bajé las escaleras y abrí.

Era un ramo de rosas, bueno, una persona cargando un ramo de rosas justo sobre su cara.

-¿Puedo ayudarte? - pregunté incrédula.

Él bajó el ramo y pude verlo.

-Esperaba que pudieramos calentar antes de ir a correr.

-¡Emmett! - una sonrisa enorme volvió a dibujarse en mi rostro. Resistí el impulso de abrazarlo.

-Éstas son para usted, señorita. Son por el incidente de ayer.

-Están hermosas. Muchas gracias. ¿Quieres pasar?

-Esperaré aquí afuera, si no te molesta - su respuesta me sorprendió.

-Claro, está bien. Ahora vuelvo.

Entré a la casa y coloqué las flores en un florero improvisado.

Asomé mi cabeza hacia la puerta principal y Emmett estaba sentado en las escaleras del porche.

-¿Estás seguro que no quieres pasar? - pregunté extrañada.

-Hahaha, estoy bien.

-Bien.

Cerré al puerta de la casa y me acerqué a él.

-No tardará en llover, será mejor que empecemos a calentar.

Me estiré, calenté mis músculos pero sin dejar de mirar a Emmett. Simplemente no podía evitarlo.

-¿Lista? - me preguntó después de varios minutos.

Asentí con la cabeza.

Ajusté mis agujetas y salimos a correr.

Noté que él iba a una velocidad menor a lo que acostumbraba, o al menos a la que yo veía cuando pasaba frente a la casa. ¿Lo estaba haciendo por mi? No necesitaba eso, en la preparatoria yo era muy buena para los deportes así que aceleré el paso.

Cuando empecé a tomar ventaja aceleré aún más. Emmett seguía detrás de mi sin ningún esfuerzo.

Mi respiración se sincronizó a la velocidad que llevaba por lo que no me sentía cansada así que aceleré mucho más.

Pude escuchar su risa a mis espaldas.

Una sonrisa picarona se formó en mi rostro y corrí lo más rápido que pude.

-No me retes, Rosalie - me gritó Emmett que seguía a paso moderado.

-No lo estoy haciendo - dije con una risotada.

De repente a lo lejos se escucharon los truenos. La lluvia nos iba a alcanzar.

Dí vuelta en la esquina, donde el día anterior tropecé con Emmett, para regresar a casa. Lo que menos quería era mojarme y mucho menos enfermarme.

Los truenos se escuchaban aún más cerca.

-¿Te quieres perder la lluvia? - volvió a gritar.

-No quiero mojarme - dije entrecortada. El aire comenzaba a faltarme.

-¿Cansada tan pronto?

-No me retes, Emmett - repetí lo que él me había dicho.

-No lo estoy haciendo

Bajé la velocidad hasta que quedé a la par con él.

Estabamos a unas cuadras antes de llegar a la casa cuando la lluvia nos alcanzó.

-Corre, Rosalie.

Me sentí como una niña, Emmett y yo corríamos bajo la lluvia y en vez de mostrar preocupación los dos estabamos muertos de la risa.

No servía de nada apresurar el paso, ambos estabamos empapados ya.

Así era el clima en Forks.

Llegamos a la casa y nos refugiamos en el porche.

Los dos titiriteabamos de frío pero no dejabamos de reír.

-¿Quieres pasar? Necesitas secarte o te enfermarás.

Volteó a verme y con una sonrisa dulce me preguntó si no había ningún problema.

-Para nada, anda que hace mucho frío.

Pasamos a la sala, le ofrecí una toalla y le enseñé el cuarto de lavado, podía meter a secar su ropa.

Me vió apenado cuando le ofrecí también una bata, era de Edward pero seguro él no se daría cuenta.

-Sientete como en tu casa, iré rápido a cambiarme.

Subí a mi cuarto, mi plan era solo cambiar de ropa pero como no dejaba de temblar me dí rápido otro baño con agua caliente. Mi piel agradeció el gesto.

No tardé más de 15 minutos, cepillé mi cabello y bajé.

Emmett estaba sentado justo donde lo había dejado. Sólo que ahora estaba seco y usaba la bata de mi esposo.

-Lamento la tardanza.

Entré a la cocina y preparé café.

Mientras esperábamos que su ropa se secara platicamos por un buen rato.

-¿Entonces ya me vas a platicar porqué decidiste venir a Forks? - me preguntó dándole un sorbido a su taza.

-¿En verdad quieres saber?

-Es un tema que me interesa.

Dí un suspiro largo.

-Mi madre, es por ella que estoy aquí. Huí.

-¿Problemas familiares?

No podía decirle la verdad, aunque, técnicamente, no estaba mintiendo.

-Algo así... Mi madre siempre ha sido una persona muy soberbia, disfruta del sufrimiento ajeno, busca oportunidades para hacerle la vida miserable a la gente. Es mejor estar alejada de ella.

-Y yo que me quejaba de que mi mamá era sobreprotectora - comentó con una seriedad que me hizo casi escupir mi café. No paré de reír.

-Qué lindo comentario, gracias - alcancé a decir, pero aún seguía riendo.

-¿Dije algo malo?

-No, no. Es sólo que... jamás había conocido a alguien como tú.

Después de pronunciar lo anterior me puse roja como un tomante. ¿Porqué no pensé lo que dije?

-Lo sé, yo tampoco había conocido a alguien como tú - tomó mi mano y la sostuvo ahí por varios segundos hasta que el sonido de la secadora nos interrumpió - Será mejor que me vaya a cambiar, mi compañera de cuarto debe de estar buscándome.

¿Compañera de cuarto? ¿Será su novia? - me pregunté.

Despedí a Emmett en la puerta, eran cerca de las 9 de la noche.

-¿Mañana a la misma hora?

Dudé en un principio, ¿qué estaba haciendo? ¿Ésta fue una clase de cita? Mi cabeza me decía que lo mejor era cortar por lo sano, pero mi corazón me imploraba que lo rodeara en mis brazos.

-Creo que no - titubeé - Lo lamento.

-Entiendo. Buenas noches, Rosalie - besó mi mejilla y estaba dispuesto a irse cuando mi corazón tomó el mando de mi boca:

-Pero... ¿Y si mejor nos vemos aquí para cenar?

No sé si fue mi imaginación o ví cambiar el rostro de Emmett de decepción a alegría en un segundo.

-¿A las 8, está bien?

-Aquí te espero.

-Buenas noches, Rosalie.

Cerré la puerta cuando él se alejó.

¿Mañana a las 8? ¿Qué le iba a decir a Edward?