TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap. 9: La casa de los dioses

John

La casa de la doctora Visyak no era el típico chalet residencial al alcance de una reciente catedrática universitaria, era un palacete al estilo de las casas de los terratenientes españoles del siglo dieciocho. Los grandes muros de piedra y los techos altos refrescaban el interior sin necesidad de aire acondicionado y el amplio patio central con jardín de árboles frutales renovaba el aire impregnándolo del aroma del azahar.

Ambos cazadores llegaron ante las grandes puertas de la entrada avergonzados de su indumentaria y el sencillo ramo de claveles que Bobby compró en el centro comercial. La bolsa de papel con los elementos necesarios para hacer unos chuletones a la plancha y una ensalada griega quedó apretujada entre los brazos de John mientras ellos se miraban compungidos. Habían esperado una casa grande, pero esto era demasiado, ¿les dejaría usar la cocina?

- Pasen, la doctora les espera –una mujer hispana bajita y con acento cubano les condujo hasta la gigantesca cocina

- ¿Son ellos Estefanía? – Eleanor subía de la bodega con una botella de vino y sonrió a Bobby – creí que se arrepentirían

- Nunca la decepcionaría profesora – respondió galantemente – de hecho quería sorprenderla y cocinar para usted pero…

- Ya te he dicho que me hables de tú Kenny, por favor señor Rogers, ambos, llámenme Ellie

- Con mucho gusto – aceptó Bobby rápidamente dando un codazo a John que no sabía si burlarse del afán de su amigo por agradar a la atractiva doctora o marcharse, ya que era evidente que estorbaba – Brady está un poco abrumado con su mansión, pero también está encantado.

- Sí, claro, sí – murmuró el cazador sujetando la bolsa con la cena como si pudiera ocultarse tras ella.

- Ella es Estefanía Alvarado, una colega de la universidad de Miami y buena amiga, si no les importa que cene con nosotros – les presentó a quién ellos habían supuesto empleada de Visyak – Fanie ellos son Kenny Hawkes y Brady Rogers los escritores de que te hablé.

- Ellie dijo que estaban muy interesados en el Mito de Medusa, es mi principal campo de estudio, todo lo que quieran saber…

A pesar de casi meter la pata otra vez al prejuzgar a la Profesora Alvarado, la cena transcurrió de forma agradable y tranquila. Ambas mujeres explicaban con sencillez la historia y las leyendas, y en poco rato los cuatro debatían como si se conocieran de toda la vida. John aseguró que querían darle a su novela toda la verosimilitud posible.

- Será un thriller, una investigación sobre una serie de asesinatos sobrenaturales, queremos que sea totalmente creíble, que si alguien lee nuestra historia y busca datos, parezca real – explicó el cazador metido en su papel

- No sé si eso es muy ético – la doctora Alvarado puntuó - ¿los asesinatos pensáis basarlos en los de esos hombres que han aparecido petrificados?

Bobby y John cruzaron las miradas llenos de alarma. La doctora Visyak parecía interesada en su respuesta y su amiga por el contrario los miraba con desconfianza.

- No conocíamos esa noticia – reaccionó John

- En el periódico venía que se desconocía la causa pero que se habían quedado tan rígidos que hasta la sangre era sólida – explicó Estefanía a su amiga y a los dos hombres de los que no podía fiarse - ¿de verdad no lo sabíais?

- No, es un fastidio, nos parecía una gran historia de partida pero aprovecharse de un hecho tan luctuoso no… - se apresuró a responder Bobby

- No lo sabían, y la idea no es mala, a mí me gusta su enfoque – Eleanor sirvió un poco más de vino a sus invitados – reconócelo Fannie a ti te gustaría algo así, una historia de misterio en la que se tratara con respeto la historia clásica

- Si claro – sonrió la mujer – voy a ayudaros, pero como hagáis una chapuza ni se os ocurra mencionarme en los créditos

- No la publicaremos sin tu visto bueno – prometió John

Sam

Dean se estaba comportando como un perfecto y educado hermano mayor en la casa de Rachel. Debería estar contento por cómo había ayudado a la señora Minner a poner la mesa o cómo charlaba con el padre de Rachel totalmente convencido de que Tom Brady haría olvidar a Bledsoe. Alan Minner era fan de los Patriots aunque ese equipo nunca hubiera ganado una Súper Bowl.

Debería estar contento. Eso se decía el muchacho, sentado en el sofá con Rachel cuchicheándole al oído, haciendo manitas, sin que el señor Minner hiciera otra cosa que sonreírle o la señora Minner pareciera molesta con sus muestras de cariño. Era raro. Aunque si lo pensaba bien tampoco es que tuviera mucha experiencia en lo que hacen normalmente las familias cuando invitan a almorzar al novio de su hija y a su hermano.

- Pues sí señora Minner, estamos muy orgullosos de Sam, tiene un expediente extraordinario a pesar de tener que mudarnos continuamente – El chico miró a su hermano sorprendido por la sinceridad con la que había hablado

- Vuestro padre es militar ¿verdad? – el señor Minner le pasó las patatas a Rachel para que se sirviera la primera.

- Sí señor, Marine – respondió Sam

- Segundo Batallón, Primera de Marines, Compañía Echo – completó Dean

- ¿Y tú no has pensado en la carrera militar muchacho? – preguntó el padre de Rachel en tono crítico, Sam se vio forzado a intervenir para defender a su hermano pero su novia se adelantó

- Dean ha retrasado su alistamiento hasta que Sam acabe sus estudios, "Papá" – dijo la chica autoritariamente, Sam se sintió un poco cortado por esa defensa tan inmediata aunque agradecido por Dean – como no tienen madre se ha encargado de su hermano todo este tiempo, mientras su padre tiene que trabajar.

- Ah, claro – rectificó el hombre tartamudeando – eso es muy noble por tu parte muchacho

- No es para tanto – sonrió el mayor de los Winchester sin parecer lo más mínimamente molesto - ¿Puedo tomar más salsa señora Minner?

El incidente apenas había llegado a serlo y Sam se relajó por fin, no sabía cómo era su hermano cuando estaba con adultos, en realidad, aparte de algún policía, la gente que conocían por el trabajo de su padre y los profesores de los colegios por los que habían pasado nunca había visto a su hermano "con personas normales" almorzando en ambiente familiar. Había esperado que Dean estuviera arisco e incómodo y sin embargo era como si lo hubiera estado haciendo toda su vida, como si hubiera nacido para eso.

Su asombro, esa leve punzada en el corazón al comprender lo que se estaban perdiendo, lo que papá les había negado en la búsqueda de un monstruo que quizás no llegaran a encontrar jamás, debió ser claro para Rachel que apretó su mano bajo la mesa y le sonrió comprensiva.

- Sammy, ¿Me pasas el pan?

- Tienes otra bandeja justo al lado Dean – Rachel se le adelantó

- Tiene más corteza, como antes dijiste que preferías con más corteza, yo lo prefiero con mucha miga – dijo pinchando un trozo con su navaja de hoja de plata, Sam fulminó a su hermano con la mirada al darse cuenta de que estaba probando la "humanidad" de su novia, al final iba a resultar que no estaba siendo tan "normal".

- Un intercambio entonces – Rachel cogió el trozo y le dio otro de la panera que había en su lado de la mesa - ¡Qué navaja tan bonita! ¿Me dejas verla?

- Te he puesto cubierto Dean – murmuró la señora Minner afectada

- ¡Oh! ¡Lo siento! Es la costumbre señora, a veces la uso sin darme cuenta, ten, me la regaló Sam hace algunos años ya – se la dio a la chica que la tomó sin miedo acariciando la empuñadura y la hoja – le cambié la hoja hace un par de años.

- Es preciosa – dijo devolviéndosela

- Dean, ¿podemos hablar fuera un momento? – exigió inapelablemente el más joven de los Winchester

Salieron al porche y le empujó con ambas manos sin conseguir que se moviera ni un centímetro. Su hermano esperaba que estuviera molesto, no se había comportado así con Rachel por accidente, había sido totalmente premeditado.

- ¿Qué se supone que estás haciendo?

- Teniendo una cena agradable con tu novia y su familia

- Ella no es una mujer lobo, ni un metamórfico

- No, no lo es

- ¿Entonces?

- Sabes a qué nos dedicamos Sam, sólo me aseguraba

- ¿has terminado de asegurarte?

- Sí – Dean se mordió los labios y le miró de una forma extraña, el chico supo enseguida que no estaba ni mucho menos satisfecho con el resultado de "las pruebas" - ¿podemos volver? La señora Minner ha hecho tarta

- Si claro, Dean ¿Si estuviera pasando algo malo me lo dirías? – decidió cambiar de táctica, la comida estaba sido perfecta hasta ese momento, quizás aún pudieran terminarla bien

- Por supuesto hermanito, cuando haya algo que debas saber serás el primero al que se lo diga – el mayor le pasó un brazo por los hombros y le empujó "sutilmente" hacia dentro – nunca he probado la tarta de frambuesas, seguro que está espectacular.

Dean

Había estado a punto de meter la pata en casa de Rachel. Le repateaba tener que ocultar a Sam sus sospechas. Incluso aunque se hubiera creído sus excusas. Más que protegerle le hacía sentir como si le estuviera usando de cebo en una cacería.

Sin embargo, por mucho que todos sus instintos le gritaran insistentemente que la chica era un monstruo no tenía ninguna prueba para demostrarlo. Era un fastidio, al menos la tarta de la señora Minner estaba deliciosa. Cogió otro trozo de la que se habían traído, sí, estaba deliciosa. Sammy le puso mala cara cuando aceptó el regalo de la mujer tan rápidamente, pero le daba igual.

En la cabaña la tarta estaba incluso más buena. No le llegaba el nauseabundo olor a desagüe que había en casa de Rachel. ¿De eso no se daba cuenta Sam? La casa de su novia olía a huevos podridos y sus padres actuaban de una forma muy rara. Al menos por eso debería dejar de salir con ella.

- Esto está para morirse – suspiró volviendo a levantar el papel de aluminio para coger otro trozo y encontró una nota en el relleno

Sacó el papel manchado, no lo había escrito la señora Minner sino su esposo. "No puedes ayudarnos, pero sí salvar a tu hermano. Aléjalo de ella". Quizás no sabía aún que clase de monstruo era Rachel, pero ahora no tenía ninguna duda de que era un monstruo y que Sam era su objetivo. No quedaba otra opción, tenía que llamar a su padre.

El menor llegó en ese momento acompañado por su inseparable chica-monstruo, y Dean sintió náuseas. Apretó el papel en la mano y corrió al baño. Vomitó todo lo que había comido y se lavó la cara para ver el rostro preocupado de su hermano en el espejo, no había cerrado bien la puerta o el chico había abierto el seguro desde fuera.

- ¿Ves como no es tan difícil abrir un pestillo desde la calle? – balbució débilmente

- ¿Estás enfermo?

- No, no, me habré comido ese pastel con demasiadas ganas – tosió, iba a vomitar otra vez – vete, cierra

Apenas tuvo tiempo de volver al váter, Sam le sostuvo al perder el equilibrio, no era normal lo débil que se sentía. Su larguirucho hermanito le ayudó a salir cuando terminó y hubiera jurado que Rachel sonreía ladinamente al verle en ese estado lamentable aunque fingiera estar preocupada también.

- ¿Estás bien? Puedo ir a la farmacia y traerte algo…

- No, yo lo haré – Dean suplicó mentalmente que no se le ocurriera pedirle a la muchacha que se quedara con él – Rachel, ¿te quedas con Dean? Ha estado a punto de caerse, está muy mareado.

- Estoy bien, no… - las arcadas no le permitieron negarse

- Por supuesto, no hace falta ni que lo pidas, date prisa

Sam dejó a su hermano en un sillón y salió a toda velocidad. Rachel se sentó frente al hermano de su novio y le dio una toalla húmeda.

- ¿Qué es lo que sabes? – preguntó con curiosidad

- ¿perdona?

- No soy estúpida Dean Winchester y tú, aunque finjas serlo, tampoco eres tan imbécil – hizo un gento con la mano y el joven cazador se sintió peor aún – Qué te ha dicho mi padre.

- Es por la tarta – la nota del pastel cayó sobre su regazo y el pecoso intentó mantener el tipo levantando la cabeza desafiante – me advirtió que Sam se podía hacer "tartadicto" y he intentado evitarlo comiéndomela entera, pero debo tener una sobredosis

Ella se levantó y a los ojos del Winchester su figura se volvió oscura y amenazante arrinconándole en el sillón. Se subió sobre él y le acarició el cabello reclinándole la cabeza hacia atrás. Dean era incapaz de hacer un solo movimiento, se había sentido así un par de veces en el pasado, cazando, cuando algún espíritu furioso le había aprisionado con su fuerza invisible.

- ¿Qué eres tú? – masculló sin poder hacer nada más. Ella lo besó y fue una de las experiencias más humillantes y desagradables de su vida – besas como un pez muerto

- No te vas a interponer entre tu hermano y yo Dean, si lo haces no te creerá y lo perderás para siempre – murmuró ella sonriendo con suficiencia – pero como eso le haría daño al pobrecito Sammy, prefiero que seas un buen hermanito y mantengas la boca cerrada.

- Que considerada

- Estoy aquí para cuidar de Sam, es lo único que te interesa saber.

_ Continuará