Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto
Salida nocturna
Sakura miró al inesperado visitante sin saber muy bien cómo reaccionar. Éste, aprovechando la vacilación de la chica, entró ágilmente en la habitación y cerró la puerta suavemente, con cuidado de no dar ningún portazo que pudiera alertar a los otros miembros.
- Tú eres lo que pasa – dijo acercándose amenazadoramente a Sakura.
La habitación estaba prácticamente a oscuras, tan solo iluminada tenuemente por el resplandor lunar que se filtraba a través de las ventanas. En ese ambiente, el juego de luces y sombras que se creaba hacía parecer todo confuso y peligroso. Sin embargo, el cabello rubio del visitante se distinguía claramente en la negrura, y Sakura pudo ver como lo apartaba de su cara dejando ver un ojo mecánico. Deidara... apenas si lo había visto una vez, en la cueva, antes de la pelea con Sasori. Cuando habían coincidido en la base, estaba rodeada de los demás akatsukis y él no había manifestado ningún interés hacia ella, sino más bien cierta indiferencia. ¿A qué venía eso ahora? Aunque en un principio no le había considerado un peligro, lo que acababa de suceder le hacía replantearse completamente sus suposiciones. El tono con que el rubio se había dirigido a ella no auguraba nada bueno. Pero tenía una opción evidente para escapar de su situación y, ahora que la sorpresa se disipaba, era tan obvia que resultaba imposible no pensar en ella. Solo esperaba que el jashinista no tuviera el sueño muy profundo. Tomó aire discretamente...
- Hazlo y estarás muerta antes de abrir siquiera la boca – la amenazó colocándola rápidamente un kunai en el cuello.
Lo hizo a una velocidad muy superior a la que Sakura hubiera esperado nunca por parte de él, y la oscuridad en la que estaban envueltos jugaba siempre a su favor. Realmente no entendía por qué la pasaba todo esto. ¿Es que todo el mundo en esa organización tenía que tener algún conflicto con ella? ¿No podían mantenerla al margen? Ese siempre había sido su lugar, el papel de protagonista era para gente como Naruto o como Sasuke, aunque éste último jugaba más bien el de antagonista. La kunoichi, que cuando fue secuestrada creía que el principal y casi el único problema personal lo tenía con Itachi, se daba cuenta ahora de su situación. Cada vez se hundía más en el fango. Quería preguntar a Deidara qué le pasaba, pero el kunai aún reposaba sobre su cuello y cualquier movimiento en falso podía hacer actuar al rubio, que no parecía estar en un estado psicológico muy estable.
- Eso está mejor. Ahora, vamos a tranquilizarnos y a dar un agradable paseo bajo las estrellas mientras charlamos amigablemente.
Hizo más presión en su cuello y Sakura comenzó a avanzar, insegura. La tensión en el ambiente era cada vez más insoportable y bastaría cualquier tropiezo para que los nervios de Deidara estallaran y acabará muerta en el suelo, lo quisiera él o no. Avanzó hasta la puerta y giró el pomo lentamente, con cuidado de no hacer ningún ruido. Rogó que hubiera alguien en el pasillo. Estaba desierto. La mayoría de los akatsukis debían de estar ya en sus habitaciones. Un pequeño puntapié le indicó que debía seguir caminado hacia la izquierda. Finalmente llegaron a las escaleras. Esto planteaba un nuevo problema: al no ser que caminaran sincrónicamente, sus cuerpos estarían cambiando de altura de manera errática. Bastaba con que Sakura descendiera un escalón y Deidara se quedara quieto para que el kunai ascendiera, hundiéndose en su cuello y provocando un corte mortal de necesidad. El rubio también pareció darse cuenta de esto, porque colocó el kunai en su espalda y se situó a su lado. Esto solo solucionaba el problema en parte, ya que si Sakura descendía antes no resultaría herida por accidente, pero se separaría lo suficiente del akatsuki como para alarmarle. Aunque parecía que Deidara también había pensado en esto.
- Un, dos, tres... ya.
Lentamente, fueron bajando en un movimiento armónico, perfectamente calculado. A ninguno le interesaba cometer ningún error. En otras circunstancias la situación hubiera parecido hasta graciosa, un asesino de rango S y una médica de Konoha haciendo semejantes cosas para bajar una simple escalera. Sin embargo, para cuando llegaron al último escalón y consiguieron alcanzar la puerta de salida, ninguno de sus rostros reflejaba el más leve atisbo de alegría. De hecho, el de Deidara estaba ya completamente deformado por una máscara de odio, rabia y dolor.
Sakura sintió el aire fresco de la noche en sus pulmones antes de haber sido plenamente consciente de haber salido al exterior. Se detuvo un momento, pero otro certero puntapié la hizo comenzar a andar de nuevo y dirigirse hacia la parte trasera de la base. Una vez allí, el rubio la condujo a un rincón apartado e imposible de ver desde las ventanas cercanas. Las tupidas ramas de un árbol que Sakura no fue capaz de reconocer en ese momento los protegían de las miradas. La pelirrosa ya solo observaba al akatsuki, que la había acorralado contra el tronco del árbol, sin saber qué pensar. Realmente no entendía el motivo de su comportamiento. Akatsuki la necesitaba viva y ella sabía que todos tenían la orden de no matarla, pero el rubio no parecía regirse por ninguna norma en esos momentos y parecían darle igual las consecuencias de incumplirlas. Las siguientes palabras que salieron de la boca de Deidara confirmaron sus sospechas:
- Dime, ¿qué se siente cuando sabes que solo te queda una hora de vida?
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Gruesas lágrimas recorrían el rostro de Naruto sin que pudiera evitarlo. Estaba en el entierro de su maestro, su amigo. Asesinado. Por otro se sus amigos. Su mejor amiga. No se lo podía creer. Lentamente, se acercó al cuerpo de Iruka para darle su último adiós. Hubiera podido asimilarlo mejor si su muerte se hubiera producido en un campo de batalla lejano mientras luchaba contra enemigos que amenazaran a la villa, pensó mientras se retiraba. Pero así, a manos de su propia alumna, sin ningún motivo aparente... Era una historia que no le encajaba. Los demás, después de los resultados de la prueba del cabello, se lo habían creído sin reservas, y eso era que algo que Naruto no podía entender. Habían intentado explicarle que la ciencia no mentía, que los análisis no podían equivocarse. Ese pelo era de Sakura. Y de acuerdo, él podía aceptar ese hecho. ¿Pero es que nadie podía admitir la posibilidad de que todo fuera una trampa? El cabello se encontraba en el centro del cuerpo de Iruka, sobre la parte más oscura del traje, para que no pudiera pasar desapercibido. "En una posición perfecta, una verdadera suerte". Esas habían sido las palabras exactas de Tsunade. Demasiada suerte, según Naruto. Nadie le escuchó. Esas teorías conspiratorias, pensando que había un plan secreto detrás de todo, eran propias de una mente cegada por el dolor que no podía aceptar la realidad y la evadía pensando en alternativas cada vez más rebuscadas y disparatadas. Eso era lo que pensaban los demás. Pero Naruto no se iba a dar por vencido.
Además, había otra cosa que no le cuadraba. Si supuestamente Sakura había hecho todo esto movida por su amor a Sasuke, ¿qué pintaban los akatsuki en todo eso? Y, por otra parte, podría haber abandonado la villa discretamente, no necesitaba haber montado todo ese numerito que no la beneficiaba en absoluto. De hecho, el Consejo se estaba planteando seriamente el incluirla en la lista de ninjas renegados.
Encontraría a Sakura, aunque tuviera que hacerlo solo, y la traería de vuelta antes de que eso pasara. El papeleo y las reuniones necesarias para una decisión de ese calibre demorarían el resultado final al menos un mes. Tenía todavía un poco de tiempo para impedirlo o elaborar una defensa adecuada que lo retrasara un poco más. Y, si efectivamente todos tenían razón y era él el equivocado, al menos tendría la oportunidad de preguntarle por qué. Por qué había asesinado fría y cruelmente a una de las personas más importantes de su vida, alguien que siempre le había aceptado tal y como era.
Decidió comenzar por el último lugar en el que había sido vista, la pequeña aldea donde se encontró con Chouji y Shikamaru. Tomando ese lugar como punto de partida, esperaba poder encontrar alguna pista que le condujera hacia Sakura. Tanto ella como los akatsuki tenían que haber cometido un error que los delatara, no podían ser tan perfectos. "No pueden", pensó, casi rogó, Naruto. Pero tendría que ser cauto. Como jinchuriki, le estaba terminantemente prohibido realizar ese tipo de incursiones solo. Se convertía en una presa más vulnerable. Pero en ese momento no le importaba. Solo tenía una palabra en su mente: Sakura.
Perdón por la tardanza. Durante este tiempo me han sucedido una serie de cosas por las que mi estado anímico no ha estado muy estable que digamos, y no me resultaba fácil escribir. Pero en ningún momento he pensado en abandonar el fic y ahora he vuelto con renovadas ganas. Aparte las clases y la avería del ordenador tampoco me ayudó.
¡Siento de verdad la tardanza! También soy consciente de que este capítulo tuvo mucha narración y poca acción, pero es que no me quedaba más remedio que plantear un poco la situación para que de pie a nuevas tramas y problemas y me centraré en el problema entre Deidara y Sakura.
