Hola, de nuevo, veo que muchos estáis siguiendo mi historia, y eso me alegra. También, se que el ritmo va un poco lento y que ya hay ganas de romance, pero no os preocupéis que en pocos capítulos comenzará. Como bien se dice: "Lo bueno se hace esperar". Y después de esto agradeceros a todos vuestros reviews, cada vez que leo uno me pongo muy contenta, sea algo bueno o malo, porque sea como sea me ayuda a mejorar, en fin, un abrazo =3.
El destierro y el cuarto de instrumentos
Me sentía algo fatigada, todas estas nuevas sensaciones me estaban desbordando, ese vacío, su aroma, su forma de vestir… Todo, todo era demasiado para mí. Por un momento pensé que no debería haber salido nunca de casa, que sería mejor que yo siguiese siendo ese ser solitario que era. Pero después recapacité, no había perdido nada aún y quién sabe, a lo mejor todo salía bien, a lo mejor ella también me correspondía. Era un mar de posibilidades, un mar de dudas que era difícil nada a solas, para ello necesitaría la ayuda de alguien, para superarlo necesitaría a Bonnibel.
Desde mi nuevo sofá miraba al techo, con toda esa bola de pensamientos en mi cabeza, era un puzle que no podía resolver aunque quisiese, era más bien un laberinto, del que debía salir, pues si no lo hacía quedaría perdida para siempre.
Cuando más liada estaba escuché sonar mi puerta, no me lo pensé dos veces y simplemente dije.
Marceline: Pasa, está abierta.
Y quien estaba en mi puerta pasó, era mi pequeña Bonnibel, a la que decidí seguir llamándole así a pesar de saber su edad, pues en comparación a mis 1005 años ella era una enana aún. Reaccioné al verla y al menos me senté en el sofá, yo estaba completamente despeinada, se podría decir que hasta impresentable, y me dio un poco de vergüenza estar con ella mientras mi pelo era un enredo en sí.
Marceline: Espera un momento aquí.
Entré en el cuarto de baño, me desenredé el pelo corriendo y volví al salón, sentándome junto a ella.
Marceline: Bueno, Bonni ¿Qué pasa?
Bonnibel: Nada, solo venía a decirte una cosa y a darte otra, no hacía falta que te acicalases tanto, jijiji
Yo me sonrojé, se ve que le hizo gracia la rapidez con la que fui a peinarme al verla pasar por la puerta.
Marceline: Pues a ver qué noticias me traes, ¿no vamos a poder vernos esta noche?
Eso último lo dije con un tono muy triste, no sabía cómo ese tono podía salir de mí, desde que era pequeña no me había salido.
Bonnibel: No, Marcy, es más puede que sea al contrario, la noticia que te traigo es que mañana es mi cumpleaños y que no se va a celebrar en el palacio real, si no en, la deshabitada casa del árbol.
Marceline: Jajaja, deshabitada, la casa del árbol es mía, lo fue hace mucho, antes de que naciese usted princesita.
La princesa me miró con una mueca de enfado, no le gustaba que le dijese princesa y menos pequeña.
Marceline: Pero por ser tu puedes utilizarla
Entonces ella se sonrojó.
Bonnibel: Bueno, la cuestión es que es allí y quiero que vengas, además como tengo el día libre quiero pasarlo contigo, es decir, tengo hoy y mañana libre, ¿Tenías planes o puedo quedarme?
Hice como que pensaba, porque quería hacerme la interesante, pero en realidad, sabía perfectamente que no había nada que yo tuviese que hacer.
Marceline: Déjame pensar… No, no tengo nada que hacer.
Ella sonrió y sacó de su mochila una videoconsola, igual que la que ella tenía y me la dio.
Bonnibel: Es para ti, tiene un sistema que yo misma le he instalado para que podamos hablar cuando estemos lejos.
En muestra de agradecimiento le di un abrazo. La mochila venía cargada y yo supuse que allí llevaba la ropa para los dos días.
Marceline: La mochila con las cosas puedes dejarla en el cuarto. Ponte cómoda, mientras pensaré que hacer.
Mientras que se alejaba, a mi cuarto tuve una genial idea.
Marceline: Bonni, ¿Te gusta la música?
Bonnibel: Claro, ¿A quién no le gusta la música?
Marceline: Pues entonces tengo una buenísima idea, espera arriba, que subo.
Cuando subí agarré a Bonni de la mano y tiré de ella hacia un cuarto que tenía al fondo del pasillo, cuando abrí la puerta noté su cara de sorpresa, le había enseñado mi cuarto secreto, ese donde tenía todos los instrumentos musicales. Tenía: Una guitarra, una batería, un micrófono, un piano, un sintetizador, un bajo corriente y mi bajo-hacha, aquel al que no dejaría que nadie tocase, ni siquiera una nota, pues era mío y solo mío, era por ahora aquello que más empezó a dar vueltas por toda la sala fascinada por todo aquello, parecía que no hubiese visto tantos instrumentos desde tan cerca.
Yo me acerqué, pero en cuanto lo hice ella se fue hacia el piano, y comenzó a tocar una linda melodía, en concreto interpretó una de los habitantes de antes de la guerra del champiñón, me invitó a escuchar "Für Elise" de Beethoven. Hacía mucho que no la escuchaba, pues no era típico de mí interpretar o pensar en música clásica, mi estilo era algo más cañero, era mucho más rock, aún así se agradecía oír, y más viniendo de ella esa preciosa melodía.
Cuando terminó de tocar le aplaudí con mi más sincera aprobación, ella se sonrojó.
Bonnibel: Llevaba mucho sin tocar, el piano, no me ha salido tan mal como esperaba.
Marceline: Te ha salido precioso, pero ahora, me toca a mí.
Agarré mi bajo-hacha y ella lo miró con una sincera admiración y toqué un solo de bajo más al estilo jazz, pero fue totalmente improvisado, lo mío no era ceñirme a una melodía, a mi me gustaba tocar libremente sin que nadie me dijese que o como hacerlo.
Al terminar el solo no tuve suficiente y me fui a por la guitarra, en ese momento si le demostré a la princesa el rock que llevaba dentro, toqué un solo algo largo, pero sincero, sin darme cuenta expresó las dudas que llevaba dentro, pero ella pareció no notarlo, terminé con un taping suave, que pareció sorprender a la dulce princesa.
Bonnibel: Guau, Marcy, eres una verdadera artista, ¿Cómo aprendiste a tocar así?
Marceline: Se podría decir que he tenido toda una eternidad para aprender, hace ya muchos años tuve un grupo de rock éramos Marceline y las divas del terror, pero el grupo rompió, no peleamos porque a veces tengo un carácter algo arisco.
Bonnibel: Pues si me lo dijesen ahora de ti no me lo creería, pues eres una persona, bueno, vampiresa muy agradable.
Intenté no sonrojarme, pero se me notó el rojo.
Marceline: Bueno, Bonni, ¿Te apetece comer algo?
Bonnibel: Si, pero voy a por mi mochila, he hecho unas magdalenas de frutos rojos para chuparse los dedos.
Ambas bajamos, y ella sacó los dulces de su mochila, la verdad es que tenían una pinta maravillosa. Nos sentamos en el salón, pusimos la bandejita sobre una mesa que había y nos sentamos, yo me puse en el suelo, y en el sofá se sentó ella.
Mientras yo absorbía el color de una de las magdalenas y ella se comía otra me preguntó.
Bonnibel: Marceline, a ver si hoy me respondes, porque sabes que no puedo estar tranquila con dudas. ¿Por qué te desterró mi padre?
Marceline: En fin… Te lo contaré porque en un momento u otro tendría que hacerlo. Yo, como cualquier otro ser en chuchelandia vivía cerca del castillo real, no es que adore a la realeza, pero como yo estaba allí antes me quedé. Estuve en tiempos de paz, pero eso mismo fue un problema para mí, todos los chuches amaban a otros, se paseaban de la mano, hablaban de una forma muy cursi e incluso se besaban. Yo, para ellos era un ser terrorífico, por lo tanto solían evitarme, si me veían por la calle ni siquiera me miraban, todo era triste y gris. Tenía suficiente con estar sola, pero a ellos les pareció que era mejor hacerme el vacío. Sola, sin nadie, era alguien indeseable allí, quien iba a amar a un monstruo como yo (al decir eso se me saltaron las lágrimas, pero a pesar de ello continué contando mi historia). Cada vez se producían más rumores sobre mí, llegó hasta tal punto que las chuches dejaban de besarse y todo cada vez que me veían. Yo simplemente no hacía caso, seguía a lo mío, intentaba que sus crueles rumores no me afectasen. Pero un día un grupo de pequeños chuche empezaron a insultarme y a tirarme piedras, yo no pude aguantar más el rechazo del pueblo y por un momento me convertí en un demonio, no fueron ni 3 segundos, para asustar a los pequeños y que me dejasen en paz. Los chicos se asustaron mucho, tanto que estuvieron a punto de explotar. Entonces, me llevaron ante tu padre, quien me acusó de todos los rumores que iban sobre mí, pero su sentencia y motivo para expulsarme fue: Ser un ser oscuro, una ladrona de felicidad, alguien que jamás sería capaz de sentir o hacer sentir amor a nadie.
Al terminar mi explicación se produjo un gran silencio, yo intentaba no llorar, pero una lágrima bajó por mi mejilla y detrás de esa otras muchas, antes no le daba importancia a lo que me dijo el rey. Pero ahora si sentía algo por alguien, de hecho, por su propia hija, así que ahora si me afectaron esas palabras.
Bonnibel: No sabía que eso hubiese sido así, ni tampoco como mi padre pudo ser tan estúpido. Vamos a solucionar esto.
Y aún llorando le dije.
Marceline: No, Bonni, déjalo, además ya mismo serás reina y no valdrá la pena discutir con tu padre.
Después de eso se volvió a producir otro silencio, Bonnibel sabía que yo tenía razón y que aunque fuese algo injusto lo que me ocurrió era mejor esperar. No conseguía parar de llorar, Bonnibel se acercó a mí, se sentó a mi lado y me abrazó.
Bonnibel: Marcy, si quieres podemos volver a tu cuarto de música y volver a tocar algo.
La escuché y aunque no dejaba de llorar seguí su idea, cuando estábamos arriba me calmé un poco y me dirige a la guitarra.
Ella cogió el sintetizador.
Marceline: Venga, vamos a marcarnos algo juntas.
Ella simplemente empezó a tocar, no lo hacía del todo bien, todo era muy calculado y matemático, era científico, como ella, a pesar de esto me encantaba que compartiese aquella pasión que yo tenía por la música, además cualquier cosa me sonaba bien si venía de ella.
Estuvimos allí hasta la noche, yo seguí con la guitarra, pero ella iba cambiando de instrumento, llegando a tocarlos todos, excepto mi bajo-hacha, el que no se atrevió a tocar, eso me alegró, pues no hizo falta que le dijese nada, ella sola entendió que el bajo ese era sagrado para mí.
Ya era muy tarde y a mí me apetecía dormir, además mañana era el cumpleaños de Bonnibel y quería tener energía. Sin decir ni palabra me fui a mi cuarto me cambié y me metí en la cama, Bonni me siguió.
Bonnibel: ¿No me esperas?
Marceline: Si, pero ven rápido que hace frio.
Ella tardó lo menos que pudo y en cuanto terminó se tumbó a mi lado.
Bonnibel: Marcy, perdona si te ha molestado mi pregunta, es solo que quería saberlo.
Marceline: No importa, es justo que lo sepas. Y ahora vamos a dormir que es tarde y mañana una pequeñaja cumple años.
Bonnibel mientras que me abrazaba por la espalda me dijo.
Bonnibel: Si, pero la diferencia con los últimos y aburridos cumpleaños es que esta vez estarás tu.
