Santos con Derechos
IX
Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
El amanecer en Grecia es un espectáculo del cual no gusta perderse, nunca, y a pesar de que lo ha visto millones de veces en diferentes partes, contemplarlo desde su actual posición era de sus favoritas. Los primeros destellos del sol saliendo de entre los cerros de la isla era una obra para apreciar cada día, el inicio de un nuevo día, la renovación de fuerzas y esperanzas, un nuevo ciclo. Shion despidió con la aparición del astro dorado la terrible sensación que se había albergado en su pecho por varios días, comprendiendo que por fin sus caballeros habían completado la misión. Ahora solo debía esperar el regreso de ambos con una carga extra acuestas.
Se dio media vuelta con una elegancia propia y se encaminó al interior de la cámara principal con una sonrisa de satisfacción impregnada en su níveo rostro, traspasó los grandes y pesados telones carmesí, para pasar a su estancia personal, una habitación parecida a una biblioteca de mediano tamaño; los estantes caoba repletos de libros y pergaminos colocados al azar, las antiguas lamparas de aceite levemente iluminadas y el color rojo velvet de las cortinas mostraban un acogedor lugar lleno de una calidez y paz, y en un lado paralelo a los estantes, un viejo pero resistente escritorio de madera tallada del mismo color caoba que el resto de los muebles de madera de la habitación, atochado de papeles, planos y antiguos pergaminos. El maestro tomó asiento para dedicarse a su trabajo matutino, a la espera del pequeño alumno de Mu, ese niño tenía tanta energía que incluso en su actual juventud se le hacía difícil seguirle el paso.
Con nostalgia recordó todos y cada uno de los pequeños que llegaron al santuario, recordaba los veces que bendijo a aquellos pequeños que habían obtenido sus armaduras y por su puesto los dolores de cabeza que podían llegar a ser cuando estaban juntos.
Lástima que no vivió lo suficiente...
Agitó su cabeza de aquellos pensamientos, se había levantado de tan buen humor que no quería arruinarlo con memorias tristes del pasado, eso solo lo llevaría a recordar que todavía mantiene dentro de sí un pequeño rastro de rencor y era algo que estaba tratando de mantener fuera de sí, era el patriarca y no podía permitirse tener esos sentimientos en su corazón.
Tomó la pluma que descansaba sobre la porta plumas y la untó en el tintero, abrió uno de los planos sobre la mesa y trazó en el líneas, notas y coordenadas, buscando distraerse lo más rápido posible. Estiró la mano para acercar un artefacto y en el recorrido algo caía cerca de sus pies. Shion hizo volar el papel que había caído directo a sus manos, su sorpresa al descubrir que era la carta que le había arrebatado a Kiki hace días atrás.
—¡Buenos días Señor Shion! —exclama un pequeño pelirrojo quien apareció de repente a un lado de él. El enano había ocultado su cosmos y le había pegado un susto tremendo, soltando la carta cayendo sobre el escritorio nuevamente.
—Kiki, ¿Acaso piensas matarme de un susto? —le respondió, aún con el corazón latiéndole rápidamente. Eso ni inmutó al pequeño, quien pasaba su dedo por la punta de la nariz con una gran sonrisa traviesa— Creo que no debería dejarte pasar mucho tiempo con Milo —dice casi en un susurro— Bien, me alegra que hayas llegado con ese entusiasmo el día de hoy, así podrás terminar antes de ordenar este lugar.
—¿Q-qué dice? ¿Todo? —pregunta sorprendido viendo completo el lugar, unos cinco estantes de unos cinco metros de largo y casi tres de alto repleto de libros, y muchos de ellos en el suelo apilados.
—Así es, debes darte prisa si quieres terminar luego —Shion, regresa a su trabajo sonriente mientras el pequeño corre hacia el estante más cercano comenzando con la labor de forma enérgica— ¡Ah!, y Kiki, los pergaminos déjalos a un lado, eso lo revisaré más tarde. —
Shion siguió en lo suyo poco después, tan concentrado en su trabajo, leyendo, anotando, revisando, dibujando, que olvidó que estuvo a punto de sacar a renacer un sentimiento tan poco correcto en él y la carta de su alumno, la cual se perdió nuevamente entre las hojas.
Unas horas más tarde Kiki seguía con su misión tan enérgico como al principio, traía y llevaba cosas. Pensó en una buena forma para ordenar según requerimiento del patriarca, más que por orden alfabético, algo así como por categoría, mientras apilaba pergaminos a un lado del escritorio de Shion, luego pasaba recorriendo los pequeños pasillos con la escalera jugueteando de vez en cuando.
—¿Sabes que eres un abusivo? —escuchó Shion detrás de él, una voz bastante familiar.
—Dohko —dice observando al caballero de Libra quien tomaba lugar al lado de él—¿Me traes noticias? —El chino cambia su expresión alegre a una seria ante tal pregunta, mantiene el silencio por unos segundos buscando detallar bien su respuesta.
—Hemos enviado algunos caballeros a Jamir —comienza la expresión de Shion cambia también—, esperamos tener respuesta en unos cuantos días. —le informa. El viejo maestro se queda en silencio por unos momentos, dudando— Sin embargo, hay algo que llegó esta mañana – dice entregándole un papel grueso. Shion tomó el papel y observó frunciendo el ceño, era una fotografía y en ella una mujer de cabellos blancos yacía en el suelo de una cabaña con el cabello esparcido por todo el piso, las manos atadas y la mirada perdida, vacía.
Shion le devolvió la fotografía a Dohko, cerrando los ojos con pesar.
—¿Alguna pista de quien pudo traerlo? —dice fijando su mirada en los ojos marrones del moreno.
—Nada, nuestros vigías lo encontraron cerca del Templo de Aries. No hay rastros de espías. —
—Interroga a los vigías, esas fotografías no pudieron aparecer así como así —dice Shion con autoridad. Dohko lo mira sorprendido.
—Pero Shion… —
—Es una orden —el viejo maestro, no insiste, se inclina con un poco acostumbrada reverencia despidiéndose con un "Si señor".
El patriarca no dice nada y mantiene su expresión mientras veía al caballero de Libra partir. Cuando se halló lejos de su presencia exhaló con pesar y dolor, esperando que los caballeros no tardaran en llegar y que en los próximos días el destino no nublara los futuros amaneceres.
oOo
El sol estaba en su punto máximo sobre el cielo cuando un par de caballeros dorados se adentraba en el Templo del patriarca. Shion se había levantado de su puesto mientras le daba la bienvenida a ambos y los felicitaba por el desempeño, avanzando a paso tranquilo para observar de cerca la sapuri que permanecía inmóvil frente a él, notó la inquietud en el cosmos que emanaba a pesar de estar quieta.
—¿Con que se trataba de Caith Sith? —murmuró de forma audible para los dos Santos— espero no les haya traído muchos problemas —comenta finalmente, Shion intenta acercarse para tocar la armadura, pero esta se niega frenando al instante la mano de Shion antes de siquiera tocarla, quemándole con su cosmos.
—Fue un verdadero problema —Se adelantó Saga quien mantenía la vista fija en el pontífice—No nos fue fácil encontrarla, además de absorber nuestros cosmos —Shion se mantiene en su sitio observando la sapuri a una distancia prudente.
—Ya veo… —
—Además, —siguió— solo permite que Mu la toque —La expresión de asombro en el rostro de Shion no se hizo esperar, mientras que a Saga parecía no hacerle mucha gracia.
—Los demonios en el inframundo son caprichosos. —añadió volteándose para volver a sentarse— Saga, necesito el informe completo de la misión. Mu tendrás que encargarte de la recuperación y reparación de la armadura.
—¿Maestro? —se oyó el eco de una tierna voz. Kiki llegaba de una de las salas internas del templo, cuando se percató de la presencia de su maestro corrió a sus brazos siendo recibido por el santo de Aries— ¿Esa es la armadura que debía traer, maestro Mu? —
—Así es— le responde soltándolo para que este observara mejor.
—No se ve tan temible —dice interesado revoloteando cerca de la armadura—, parece un gato —Kiki se acerca más de pura curiosidad, pero la armadura comienza a elevar su cosmos con intenciones de alejarlo.
—¡No te acerques Kiki! —le detiene antes de que se acerque más—, está algo alterada, será mejor que no la molestemos—Mu hace una reverencia al patriarca despidiéndose, deja la sapuri en su urna y se voltea con Kiki a su costado para marcharse a su templo.
Saga se queda en su sitio, esperando alguna otra orden para poder bajar al suyo. Las risas del menor disminuyen en intensidad y a lo lejos escucha un simpático "¿Te divertiste?", luego de eso la conversación disminuía a media que alumno y maestro descendían hasta Aries.
—Puedes retirarte —Le dice Shion antes de siquiera pronunciar algo.
El ambiente se vuelve algo incómodo y Saga no quiere perder el tiempo, por lo que hace una reverencia de despedida.
—Y Saga, —Shion lo mira fijo mientras este se voltea antes de partir y añade— quiero todos los detalles —el santo de Géminis vuelve a voltearse para descender por fin a su templo con una sonrisa sardónica dibujada en el rostro, pensando que no era necesario "entregarle" todos los detalles.
No se dio cuenta de la hora hasta que fue interrumpido por su discípulo quien le preguntó por la comida. Tan absorto estaba que ni siquiera el hambre, la sed o incluso el cansancio después de transportarse de un país a otro lo hizo desistir de su tan particular e interesante labor. Mu no había querido tomar un descanso, le preocupaba demasiado el estado de aquella armadura que no podía simplemente hacerla esperar otro día más. Sentía que le incumbía, era como si le debiera un favor a la armadura más que hacia su maestro, y no sabía muy bien porqué, pero algo en su interior se removía con solo pensar en dejarla sola un momento, era un sentimiento familiar que no podía descifrar todavía.
—Ya voy Kiki, dame un momento —dice mientras revisa en un rincón de la mesa las partes de la armadura reposar en una gran bandeja bañada en una sustancia viscosa y gelatinosa de color granate.
La armadura maceraba estable, desde que habían llegado al taller no había debilitado ni un poco, es más, ya no se encontraba a la defensiva, aun con Kiki rondando por el templo, sino más bien se encontraba en un estado de letargo. Escuchó un golpe en la puerta que lo volvió en sí. Recordó a Kiki y prefirió dejar la armadura ahí hasta después de cenar, mientras absorbía la mayor cantidad de sangre. Mu salió de la habitación dejando la hoja y lápiz que estaba usando sobre la mesa, un boceto de lo que parecía ser una urna. La sapuri necesitaba una nueva urna, una más acorde a la situación.
Afuera el pequeño tenía todo listo, la mesa, los cubiertos y el pan. Mu se acercó a paso tranquilo mientras el olor de la cena le llenaba la nariz, accionando su estómago.
—Maestro vamos, ya tengo todo listo, siéntese —Mu miró a su pequeño discípulo y lo escaneo rápidamente.
—¿Preparaste tú la cena? —dice con real curiosidad.
—¡Si! Aldebarán me enseñó esta receta —dice muy feliz. Mu entonces cae en cuenta de que su pequeño ya no estaba tan pequeño como él creía, estaba madurando, una sensación de felicidad y pena invadió su corazón. Le sonrió ante tan enérgica invitación y se sentó en una de las sillas. Ambos comieron apaciblemente, Kiki no paraba de hablar de todo lo que había hecho durante la ausencia de su maestro, de como Shion lo había hecho trabajar en la biblioteca y lo que había aprendido en la cocina gracias al caballero de Tauro.
A Mu no le sorprendía que Kiki recibiera castigos a causa de sus acciones tan apresuradas o de sus travesuras, por lo que imaginó que Shion había hecho un buen trabajo a mantener tanta fuente de energía controlada cerca de él. Por otro lado, que sería de él sin las anécdotas del menor.
—Maestro es su turno, cuénteme como le fue en su misión —Aquella vocecita fue lo último que se escuchó. El pelilila se había quedado en su lugar estático mirando al pelirrojo quien esperaba ansioso que su maestro le contara la aventura que había tenido de esos días.
En realidad, no se había tomado el tiempo para analizar como había sido su misión. Al comienzo si había sido tenso, Saga no lo había hecho fácil hasta el incidente en la montaña que se habían vuelto a hablar. Luego de eso había dejado de lado el pensar en como estaba siendo la situación, que la armadura les estuviera robando parte de su cosmos, no había ayudado en nada en cuando a la búsqueda. Recordó en el momento también la visión que había tenido en la fuente natural, los ojos amarillos, los mismos de la cueva, hasta ahora se daba cuenta que había sido Caith Sit quien le daba pistas, ¿Por qué?. Finalmente se desataba la pelea, estaban débiles, la armadura también. Se adentraron en la montaña, Saga lo había salvado de un ataque y él había frenado la Sapuri. Luego volvieron a la cabaña y después al bosque.
Mu le relató lo que su moral le permitía, detallando lo que creía que Kiki debía escuchar, omitiendo por completo lo que hicieron con Saga hicieron después de la misión.
—¡Vaya! —exclama emocionado, a escuchar la historia de su maestro. Sus ojos brillaban y agrandaban comentándole lo mucho que le hubiera gustado acompañarlo a esa misión.
—No eres el único que hubiera querido ir a esa misión. —se escucha una voz entrando a la cocina. Shaka aparecía con sus ojos cerrados vestido por su túnica blanca.
—Shaka, no sabía que querías ir. —dice Mu, indicándole con su mano que se siente con ellos en la mesa. El rubio acepta en silencio y se sienta con ellos, había extrañado a su amigo, ahora que había llegado podría sacarse de encima a Aioria y Kanon que no paraban de hacerle preguntas de cuanto se demoraría Mu en llegar y también ya no tendría que soportar a Afrodita preguntando si podía sentir el cosmos de Saga cerca.
—Yo no, —respondió— pero estoy seguro de que Aioria, Kanon y Afrodita hubieran estado encantados de ir, no había día en que no preguntaran por ustedes. —Mu miró extrañado, no por Aioria, él es su amigo, y Kanon, bueno él seguro extraña a su hermano o molestar a su hermano, pero ¿Afrodita?, dudaba sinceramente que hubiera estado preocupado exclusivamente por su persona, ¿Qué sería lo que tramaba Afrodita?. Sintió como el corazón le daba un vuelco brusco, de nuevo ese sentimiento se presentaba, como la vez que vio al sueco junto a Saga en el templo de Géminis—, Pero me alegro de que hayas vuelto. —le dijo Shaka sacándolo de su epifanía, pero la preocupación permaneció por un tiempo más.
oOo
La tarde había pasado relativamente lenta y según su reloj eran las diez de la noche. Saga salía del cuarto de baño con una toalla envuelta en su cadera y el cabello húmedo, lanzó la ropa sucia a una canasta y se colocó la ropa que tenía sobre su cama. Se había puesto como meta desde que puso un pie en el santuario llegar a su templo apenas y terminara la audiencia con Shion, hacer el bendito informe y descansar una semana entera si era posible. Se encontraba realmente agotado, sin embargo, su hermano le había truncado los planes y no supo cómo, pero apenas puso un pie en su templo Kanon lo abordaba con cosas que en estos momentos ya no recordaba y a la media hora después se encontraba en medio del pueblo ayudando a su gemelo con unos asuntos del Santuario, para más tarde dejarse llevar también en hacer la compra para la cena. No fue sino hasta que terminó de comer, de eso hacía como una hora, que ya harto del parloteo incesante de Kanon se levantó en medio de la charla del dragón y se marchó, dejándolo solo sin mencionarle ninguna palabra, esperando que este fuera lo suficientemente listo para que lo dejara en paz. Para cuando había terminado de bañarse el cosmos de Kanon ya no se sentía por el templo, agradeció a los Dioses que por lo menos lo dejara en paz por unos minutos para poder empezar con su trabajo, ahora tendría que trabajar hasta tarde para poder terminarlo a tiempo. Se sentó en una silla que en conjunto con una mesa vieja improvisaba un enclenque escritorio, recorrió con sus ojos el cuarto por completo, no había nada de más o menos de lo que tenía en la habitación cuando lo dejó para suplantar a Shion, incluso muchos de los muebles habían estado ahí desde antes que él llegara a vivir al templo.
Suspiró pensando que en realidad nunca había hecho suyo este lugar, nunca había sentido el apego hacía su propia casa, ni siquiera cuando le fue entregada la armadura, para él siempre fue la casa temporal, algo prestado, nunca suyo. Y no sabía por qué ahora le resultaba incomodo pensar así, pero ya no quería sentirse como extraño dentro de esas paredes, no quería ser más un visitante, sino más bien, su dueño. Sí, ya era hora de pasar página y hacer no solo un cambio en su inmueble, sino también en su vida. Tomó entonces hojas y un bolígrafo, y empezó con su tarea de terminar el informe que le había pedido Shion.
Los días pasaron de forma normal, seis días después de que Mu y Saga llegaran de su misión la rutina de los caballeros seguía siendo la misma, el ejercicio matutino a la hora de siempre. Saga había retomado su puesto de entrenador y los dorados volvían a sufrir los duros ejercicios.
Todo terminó cerca del medio día y los demás seguían en la arena de entrenamiento, descansando, charlando o estirando. Saga retocaba las cuerdas de cuero de su calzado en una de las gradas, echó una rápida mirada al grupo, los días en que su hermano lo había reemplazado como entrenador muchos caballeros habían decidido unirse al entrenamiento, la mayoría eran caballeros de plata y otros de Bronce, se sintió bien que el resto de la orden de Athena se integrara, lo hacía recordar viejos tiempos, tiempos felices y eso lo motivaba a seguir con su misión y enorgullecer a su Diosa. Sin embargo, dentro de toda esa multitud de caballeros no había podido distinguir al dueño de la inusual cabellera lila, de hecho, hacía tres días atrás Mu tampoco se había presentado al entrenamiento, pensó al igual que días anteriores ir a ver al carnero para preguntarle por su ausencia a un entrenamiento que era obligatorio, pero rechazó la idea en cuanto volvió aparecer en su mente, estaba todo cambiando en su vida, estaba cómodo consigo mismo y no quería volver a sentirse dependiente aun si fuera por el ariano. Por lo que nuevamente no hizo nada.
—Mu ha vuelto a ausentarse, ¿le pasa algo? —preguntó un caballero unos metros de él, pero eso no evitó que escuchara la pregunta de Aioria. Siguió en su sitio aun después que su calzado estuviese bien, inconscientemente seguía la conversación—, eh pasado por su templo desde ayer y no ha estado ahí-
—Mu está en una misión —dice Shaka acercándose a Aioria quien hablaba con Aldebarán— Shion le ha dado la tarea de devolver la armadura de Caith Sith a su antiguo lugar —dice serenamente.
—¿Cómo? ¿No se quedará en el santuario? —preguntó el taurino al saber la verdadera razón de la ausencia de su amigo.
—Mu dice que la armadura desea quedarse en las montañas, por lo que se quedará como el protector del lugar hasta que esté preparada para un portador—
—Que lastima, si alguien ve a Mu díganle que lo necesito, por favor —dijo Aioria dándole una palmada en el hombro a ambos caballeros antes de irse. Mientras que Saga seguía en su sitio escuchando todo lo que decían, se sentía algo molesto que Shion no le haya tomado en cuenta para retornar a la armadura, al fin que él también ayudo en la misión de búsqueda.
Descartó ese pensamiento inmediatamente, comprendiendo que era un sentimiento que quería ignorar, la dependencia. Sabía que muy dentro de él quería acompañar al carnero donde sea. Se levantó para irse del lugar y subir a su templo para seguir con el arreglo de este, pero algo lo hizo detenerse.
—¡Saga, espera! —grita una voz detrás de él, se giró para darle la cara al caballero de Piscis quien venía a paso acelerado hacía él.
—Afrodita —saluda con algo de indiferencia. Afrodita se para en frente y le sonríe —¿Ocurre algo? —
—Solo vine a preguntar como estabas, no te has dejado ver desde que llegaste de Alemania —comienza hablando tan elocuentemente— ¿Pasa algo? —pregunta con sinceridad llevándose un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Nada importante, he estado ocupado con los arreglos del templo —dice cortante. En ese instante los ojos de Afrodita brillaron de forma particular y una sonrisa se asomó en su rostro.
—¿Necesitas ayuda? —Afrodita miraba fijamente a los ojos verdes del mayor, esperando expectante su respuesta. Por lo visto Saga había ignorado la reacción de su compañero.
—Estoy bien, está Kanon en el templo—
—¿De verdad quieres dejar algo así en manos de Kanon? —la pregunta resulto algo graciosa y cierta pensándolo bien, Kanon se iría en cuanto se aburriera y lo dejaría solo haciendo los arreglos. Dudó entonces unos momentos antes de dar una respuesta, una que no alcanzó a ver la luz del día. Afrodita se había adelantado— No te preocupes, sé cómo es Kanon, te abandonará en cuanto pueda, yo te ayudaré, iré después de asearme—
Afrodita se marchó rápidamente, no le había dado tiempo para negarse, así que tendría al santo de Piscis toda la tarde en su templo, eso era seguro. Bufó resignado antes de comenzar su asenso con el cuerpo cansado.
A una distancia ajeno al resto de los caballeros que aun seguían ahí, uno de ellos miraba como ambos conversaban y se quedó hasta verlos partir. DeathMask estaba apoyado de brazos cruzados en lo que quedaba de un pilar, con el ceño fruncido y la mandíbula apretada.
oOo
Y como si hubiera sido predicción Kanon había desaparecido del templo casi al instante, había esperado a que Saga se metiera al baño para desaparecer magistralmente. No podía estar molesto con él, siempre había sido de los que les huyen a los deberes, desde que eran niños, por eso no le parecía nada raro que lo hiciera y aunque sabía que trabajaría más y se demoraría más prefería que así fuera, estaría tranquilo, solo esperaba que Afrodita se demorara mucho en llegar.
El cambio empezó en su habitación, donde quitó todo lo que no era relevante; aquel viejo armario, la mesa y la silla fueron trasladados a fuera en los jardines de Géminis. Su idea era restaurar todo lo que podía y lo demás botarlo, limpió el cuarto y cambió la cama de lugar, sacó las cortinas y las cambió por unas de color azul marino. Reparó las paredes y los pilares agrietados con una masilla.
Ya finalizada la habitación comenzó a revisar los muebles fuera del templo, la mayoría estaban estropeados, pero bastaba con pulir y sellar para dejarlos como nuevo, desarmó el armario, quitando una por una las piezas. Estaba terminando su labor cuando apareció Afrodita con su atuendo de entrenamiento, era raro verlo con esas pintas a esas horas.
—Disculpa la demora, tenía unos asuntos pendientes que atender —comentó al llegar a su lado— ¿En qué puedo ayudarte? —
—Trae lijas y barniz, las brochas están en la entrada del templo —Y así lo hizo tomó las cosas que le había pedido y volvió a salir.
Siguieron lo que restaba de tarde reparando aquel viejo armario, Afrodita quien no toleraba trabajar con sus manos expuesta tomó un par de guantes que había traído desde su templo, no podría aguantar astillarse sus perfectas manos. Pulieron hasta hallar el color original de la madera, ambos trabajando en conjunto, pero en completo mutismo, uno que otro comentario insignificante por aquí y uno que otro medianamente importante por allá. Le aplicaron barniz para sellarlo, el color caoba le acomodaba tan bien, unas dos pasadas fueron suficiente. Dejaron secar las partes y se adentraron al templo para arreglar la parte interna del templo.
El mármol y los pilares estaban agrietados, productos de todas las batallas que la casa de géminis había presenciado. Rellenaron cada grieta, reconstruyeron partes faltantes y lijaron las partes secas.
—Mu sería perfecto para este trabajo, el sabría que ocupar para las partes mayormente dañadas —comentó Afrodita con simpatía. Saga en cambio frunció el ceño, lo último que quería en esos momentos era acordarse del ariano, que hasta ahora no lo había sentido por el santuario.
Afrodita no obtuvo respuesta y tampoco insistió en seguir el pequeño e inocente comentario. Cerca de la medianoche tenían la mayor parte del templo sellado, habían quedado lugares en donde la masilla y el cemento todavía estaban frescos por lo que no podrían seguir hasta mañana.
—Esto es todo por hoy —dice Saga pasando su mano por la cara para quitar la capa de sudor que se había formado en su frente, manchándose en el proceso. Afrodita se acercó a paso lento y retiró los guantes de sus manos, con una mano acarició el rostro del geminiano quitando la capa de masilla que había quedado, deslizando lentamente por el contorno del rostro visiblemente más oscuro que el de él. Saga lo detuvo cuando estuvo a escasos centímetros de tocar sus labios.
—Saga —susurró sin quitar la mano del lugar esperando que el moreno lo soltara.
—Ya es hora de que te marches —dice retirando la mano de su rostro y girándose para entrar a su habitación.
Afrodita lo vio entrar a sus aposentos y se quedó ahí de pie por unos minutos, meditando en hacer o no su jugada.
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En el interior del dormitorio Saga ingresaba a su cuarto de baño, se miró en el espejo del lavabo el cabello azul tenía una capa gris que le daba una apariencia mas avejentada. No pudo evitar recordar que era así como lucía él hace algunos años atrás cuando el otro ser dominaba su cuerpo y mente. Se quedó pensando si en algún momento a Mu le hubiese importado su pasado, agitó su cabeza de un lado a otro tratando de quitarse al ariano de la cabeza, maldijo a Afrodita por nombrar al carnero, había conseguido durante la tarde quitarlo de su cabeza y la mera mención de él lo traía para anclarlo en sus recuerdos.
Se quitó la ropa que traía toda sucia, con restos de la madera y masilla, lanzándolo a un canasto en una esquina del baño. Se introdujo en el baño y abrió la llave de la ducha, el agua fría caía con potencia sobre él erizando la piel al contacto, remojó su cabello quitando la capa gris. Se restregó la cara con las manos para quitar la masilla que se había quedado en el rostro cuando siente un par de manos reptar hasta llegar a sus pectorales, abrió los ojos de golpe e intentó girarse para encarar a quien se atrevía a tomarlo por la espalda, aunque asumía bien quien podría ser, mientras las manos no perdían el tiempo acariciándole parte del abdomen.
Afrodita se hallaba en frente, desnudo y mojado, pegándose a su cuerpo, intentó reclamarle, pero un par de dedos le impedían hablar.
—No es necesario que digas nada, —susurra el pisciano a poca distancia— solo déjate llevar —le dice antes de plantarle un beso en los labios.
Saga se queda pasmado por unos momentos mientras que la lengua de Afrodita no perdía el tiempo en adentrarse en su boca. Su cuerpo poco a poco se destensaba y reaccionaba a los besos del sueco, pero su mente le daba otras ideas, en lo mas profundo de su cerebro la imagen del carnero se hacía visible, se separó bruscamente de Afrodita tomando los hombros para alejarlo de él. Su compañero quedó sorprendido antes la acción del moreno pensando que este lo lanzaría de la ducha. Ambos quedaron en esa posición por unos segundos, en donde lo único que transcurría por la mente del geminiano era la imagen del carnero, la influencia de Mu estaba llegando ha límites que no debería pasar, se estaba volviendo algo peligroso, no tenía más remedio, si quería sacar la imagen de Mu de su cabeza tendría que ocupar a otro para ello y ahí estaba Afrodita ofreciéndose para ello, y si no lo aprovechaba terminaría cayendo en lo que no quería, en dependencia.
Y sin pensar mas en el asunto atrajo al pisciano y lo beso con pasión, introdujo una de sus manos en la cabellera celeste atrayéndolo para profundizar mas el beso, mientras la otra mano le sujetaba la cintura, Afrodita no necesitó nada más y se aferró como si su vida dependiera de ello al cuello de Saga, era su momento para poder tener al santo de géminis, no podía desperdiciarlo. El agua que había dejado de sentirse fría los mojaba a ambos y el beso se volvía cada vez mas brusco.
Fuera del baño, en la habitación todo se volvía intenso, el calor, los gemidos. Ya llegada la madrugada la actividad cesaba, las respiraciones se calmaban y los latidos se normalizaban. Los minutos pasaban lentos mientras el dueño de la habitación dormía plácidamente y aun lado de él, en silencio, Afrodita quien no podía conciliar el sueño pensaba si lo que había hecho habría sido lo correcto.
Lo que hizo apenas llegó al templo fue dejar el morral en su taller, había demorado un poco más de lo previsto, le había tomado demasiado cariño a la armadura y estuvo un momento a solas con ella meditando. Había localizado otra cueva para dejarla descansar ahí, pronto todo el bosque parecía tener otro ambiente, uno más pacífico, pero a la vez en guardia, era una lástima que Caith Sith decidiera no pertenecer por el momento al Santuario, pero era algo que no iba a reclamar, respetaría la decisión de proteger al bosque y a sus habitantes.
Abrió el morral en la mesa de trabajo y sacó de allí un montón de piedra de muchos tamaños. La zona era rica en granito, por lo que tomar una que otra muestra no le haría nada mal a nadie y por ser él la armadura le había permitido tal acción. Mu podía ser una persona muy sería y correcta, pero había algo que no había cambiado desde que era un niño y eso era su sed de curiosidad. Dejó las piedras y salió del taller trabando la puerta, se daría un baño y luego iría a visitar a Shion.
Apenas había puesto un pie en Leo cuando Aioria había salido en su encuentro con un enorme abrazo. El leonino lo invitó a pasar cuando lo tuvo suelto.
—¿Cómo estuvo tu viaje? —preguntó Aioria cuando estuvieron dentro— estuve esperándote, Shaka me dijo que estabas en misión.
—Muy bien, gracias. El viaje estuvo… —hace una pausa, pensando en lo mucho que había demorado la última vez— tranquilo y dime ¿para qué me buscabas?
—Mu, necesito que repares mi armadura, tengo una misión dentro de dos semanas y esta algo maltratada —Aioria no sabía como decirle que había tenido un pequeño percance en uno de los entrenamientos y Leo había quedado abollada— Lamento tener que pedirte esto con tan poco tiempo y a tan poco de tu llegada.
—No hay problema, iré a informar a Shion mi llegada y vendré por tu armadura de regreso —dice con honestidad, la verdad nunca vería como problema reparar armaduras y no por que sea su deber, sino por que era algo que le encantaba hacer.
—El pequeño borreguito ha regresado —dice una voz grave muy familiar entrando al salón.
—Kanon ¿Qué haces tan temprano por aquí? —era irrespetuoso no saludar primero, pero la verdad le parecía extraño que estuviera en Leo y no en Géminis.
—Oh, pequeño curioso, verás, mi hermano está con la loca idea de hacer una remodelación en el templo y ya sabes, lo aburrido que es eso de reparar cosas, —Mu y Aioria lo miraron raro— sin ofender. Pero cuando regresaba por la noche alguien tenía una visita y bueno, no quería interrumpir nada, por lo que me quedé aquí hasta que la compañía de mi hermano se fuera. —No era lo que quería escuchar, de verdad que no lo era. Esperaba sinceramente que Kanon le estuviera haciéndole una broma— Quita esa cara, yo se que Saga no es compatible con nadie, pero todos pueden tener una aventura alguna vez, hasta el insoportable de mi hermano.
—No, no es eso —dice tartamudeando, la sangre se le había helado— Bueno, vendré en un momento por Leo, yo… nos vemos —dice finalmente para seguir de largo dejando atrás a un par algo conmocionados.
Mu subió las escaleras muy rápido, pensando en las palabras de Kanon, de ser cierto Saga había estado con alguien más, eso significaba que esto se había terminado, el corazón le latía a mil, no podía creerlo Saga le hubiera dicho primero ¿no?, él no podría haber esperado que se marchara para estar con alguien más ¿o sí?. No, no podría, Kanon debe haber confundido las cosas, no recordaba haber sentido ningún cosmos al traspasar géminis. Dioses, tendría que quitarse esta angustia, necesitaba saber que había pasado.
Estaba por pasar Piscis cuando sintió dos cosmos alterados, podía sentir al guardián y otro más. La verdad no quería pasar por ahí y encontrarse con una batalla, ya tenía la propia interna como para presenciar otra más. Y sin pensarlo dos veces se teletransportó hasta las escaleras del templo de patriarca.
—¡¿Por qué lo hiciste?! —el grito resonó por todo el salón. Afrodita se encontraba sentado en una silla en las afueras en el jardín privado del santo, dejó la maravillosa tasa de porcelana sobre el platillo con delicadeza, sin mirar siquiera por donde venía esa voz— ¡¿En qué estabas pensando?! —DeathMask se acercaba furioso. Afrodita cerró los ojos con pesar, la verdad no quería discutir, pero esta situación terminaría peor si lo ignoraba, Detah Mask no era una persona fácil, era de aquellas que estaban dispuestas a lo que sea para conseguir lo que quería.
Se levantó de golpe sin girarse aún, desde que había abandonado Géminis supo en el fondo que había hecho algo estúpido y que eso ocasionaría la furia de Cáncer, pensó que con eso estaría bien, que estaría a mano, que se sentiría en paz, pero no había sido así. Y eso lo atormentó.
—Estoy harto de todo esto DetahMask —le dijo de forma directa, no vacilaba al verle a los ojos. DeathMask apretó sus puños con furia, sentía que explotaría en cualquier momento— ¿Por qué no puedes entender que no sirve de nada seguir con esto? —sigue sin titubear, con la misma firmeza, ya era suficiente, él ya no quería sufrir y no quería verlo sufrir tampoco, su tiempo juntos había terminado hace mucho tiempo, pero ninguno tenía el valor para terminarlo, lo único que conseguían con todo esto era estirar lo único que quedaba de cariño y que pendía apenas en un hilo.
—¡Porque soy el único que puede estar contigo! —grita, el ambiente no podía estar más tenso, era incómodo, irritante y abrumador—, ¡que no ves que nadie mas te entenderá como yo! —instantáneamente la pequeña mesa de jardín que se encontraba ahí sale disparada, el cosmos de cáncer era agresivo.
—Te equivocas —dice sin caer en las provocaciones, no iba dejarse intimidar por un deseo absurdo de DeathMask.
—¡¿Crees que Saga puede entenderte?, él es incapaz de entenderse a sí mismo!, no seas iluso —escupe con acidez, sentía una ira enorme hacia Saga, sabía que él era el culpable de todo esto, siempre había sido así y parecía que su existencia lo único que traía era desgracias en sus vidas.
—El único iluso eres tú. —ahora era él quien ponía un pie al frente— ¿Crees que me acosté con Saga porque me entendía?, estas en un error, lo único que quiero es alejarte de mi vida, no ves que nos estamos haciendo daño, piénsalo, ya no somos felices, es más, ya ni siquiera recuerdo en qué momento fuimos felices. —
—Podemos hacerlo, yo puedo hacerlo por los dos —
—Mírate Death, Ángelo —las palabras de Afrodita parecen tener un efecto en italiano, lo sabe—, es tiempo de que seas tu mismo, que des vuelta la página, no te quedes en la sombra del caballero que fuiste hace algunos años, no lo hagas por nosotros, tampoco por mí, hazlo por ti. —
—¿Cómo puedes decirme esas cosas? —las expresiones en el santo eran variadas, rabia, confusión, desilusión— ¡Marqué mi destino y mi reputación por ti, traicioné a todos por tus caprichos, por tus deseos, los deseos que eran de Saga! —Afrodita se sorprende al escuchar esas palabras, pues era cierto que había sido quien había implantado en la mente de DeathMask los deseos de Saga de conquistar el Santuario, lo hizo por que estaba enamorado de géminis, siempre lo había estado y pensó que siguiendo sus ideales podría tener una oportunidad de estar con él en algún momento y permanecer eternamente a su lado.
DeathMask lo único que había hecho era haber seguido sus pasos de la misma forma que él, por amor. En ese momento entendía lo que su compañero sentía, lo mismo que él en ese entonces. Afrodita agachó la cabeza, su flequillo celeste le tapaba los ojos, estuvo enamorado de Saga desde siempre, había sido su amante en la rebelión y aunque permaneciera con DeathMask siempre había sido géminis el amor de su vida y dolía saberse ignorado, usado, dolía hace mas de trece años y dolía ahora, porque a pesar de los años, no sería nada mas que una distracción para el geminiano, una sombra, lo fue antes, lo fue anoche y lo será siempre, por que en el corazón de Saga no cabía espacio para él.
—Lo siento. —dice finalmente, DeathMask vaciló al oír esas palabras que en su vida pensó escuchar— Tienes razón, si eres así es por mi culpa… —de pronto esa firmeza empezaba a flaquear, la voz vacilaba, se quebraba—, pero no quiero que termines como yo Ángelo, quiero que encuentres a alguien que en verdad te ame y no seas solo alguien más, no como yo —DeathMask lo mira, mientras su corazón termina de partirse en pedazos, sus ojos tiemblan y se aguan, está destrozado— Esta será la última vez que tendremos esta conversación, —sigue— ya es hora de renacer. —
El italiano no sabía que decir, ni que hacer, tenía mucha rabia aún, pero la tristeza era más dolorosa, amarga, siempre tuvo la esperanza que algún día el corazón de Afrodita latiría al son del suyo, él tendría la paciencia necesaria para esperarlo, pero al saberse que no sería amado nunca destruía esa pequeña luz de esperanza que había cuidado por todos esos años. Las lágrimas en sus ojos reclamaban por salir, cerró los ojos con fuerza mientras gotas grandes de agua salada resbalaban por su rostro, dolido, herido, defraudado, había tanto en esto que no podía con todo. Se giró para no ver la figura que tanto le hacía mal.
—Siempre hice todo por ti —dice con dolor en la voz—, jamás encontrarás a alguien que lo haga de la misma manera. —termina como si de una maldición se tratase antes de marcharse del lugar dejando al santo de piscis solo.
—Lo sé —dice en voz baja y vibrante una vez DeathMask abandonó su casa— pero yo también quiero renacer. —
Al salir de los aposentos de Shion dudó un poco en pasar por Piscis, los cosmos alterados que había sentido anteriormente ya no estaban y no precisamente por que se hubiera apaciguado, sino más bien por que no se encontraba nadie en dicho lugar. Pensó en pasar por allí, pero no sería capaz de pasar y ver aparecer después a Afrodita la cara sintiendo aún todas esas emociones dentro de su corazón, en realidad no tenía ganas de ver a ninguno de sus compañeros, así que desobedecería nuevamente a la Diosa, internamente le pidió perdón y desapareció en las escalinatas llenas de rosas de Piscis.
Mu se materializó en la entrada de Géminis, no muy convencido de lo que haría ahora, pero había algo que quería decirle a Saga desde hace tiempo y que en Alemania no pudo decir. Sin embargo, para eso primero debía saber que era lo que era él para el gemelo, tenía una pizca de esperanza que las palabras de Kanon fueran mentira, lo deseaba de todo corazón. Echó una última mirada al cielo, ya era de noche, la luna no estaba y las estrellas brillaban más que nunca, miró a Géminis y a Aries quienes tenían un brillo muy particular. Pidió en silencio a los Dioses que lo ayudaran.
Y sin retrasar más lo inevitable entró a Géminis, el templo estaba en oscuras, se encontró con el templo hecho un desastre, cosas apiladas en varios lugares, herramientas de construcción tiradas en el suelo y olía a cemento y a barniz. Había oído que Saga estuvo trabajando arduamente en la reconstrucción de su templo, la verdad no lo necesitaba, Géminis siempre había sido uno de los templos más hermosos a su parecer. Siguió caminando por el sombrío pasillo ignorando todo lo demás hasta que una voz que salía de la oscuridad lo hizo detenerse.
—Sabes que no puedes teletransportarte dentro del santuario, está prohibido —La imagen del geminiano salía de las sombras del lúgubre templo, se encontraba algo desarreglado y traía el cabello amarrado en una cola baja algo desordenada, con una ropa de entrenamiento que estaba manchada de algo blanco.
—No soy el único que desobedece las reglas —dice fijándose en el rostro del mayor, lo demás estaba siendo una terrible distracción. Saga sonríe de lado, sus ojos brillaban y conocía perfectamente ese brillo. Mu lo vio acercarse lentamente hacia él, su corazón latía violento y aumentaba con cada paso que el moreno daba, se estaba poniendo nervioso, las cosas no saldrían bien si no se controlaba. Levantó la cabeza y respiró para mantenerse tranquilo.
Se hallaba apenas a unos pasos de él, no despegó la vista de sus ojos, unos hipnotizantes e intensos par de ojos verdes que lo ponían nervioso. Tragó espeso cuando Saga se detuvo apenas unos centímetros de él. El corazón no paraba de latir y su cuerpo no paraba de exigir que diera el paso que faltaba para cerrar las distancias. Ignoró todo lo demás, a su cuerpo, a su corazón enloquecido y se enfocó en sus ojos, necesitaba saber si lo dicho por Kanon era mentira, porque necesitaba decirle que lo quería.
—Me parece interesante que desobedezcas las reglas —dice muy cerca tomando el mentón del menor atrayéndolo hacia él con intenciones de besarlo, pero algo se lo impedía, la mirada intensa de Mu le penetraba, como si lo juzgara y eso volvía incómodo el momento, y a él— ¿Ocurre algo? —preguntó extrañado de la situación, podía sentir en el cosmos de Mu una inquietud, presentía que quería decirle algo importante y estaba seguro de que ese algo no sería nada bueno.
—¿Estuviste con Afrodita anoche? —La pregunta fue directa, Mu no pestañaba, no hacía ni un movimiento, casi parecía que estuviese aguantando la respiración. Saga dio un paso atrás, no demasiado grande, la pregunta lo había descolocado y se preguntaba como es que él sabía que Afrodita había estado ahí el día anterior.
—Si, estuvo ayudándome con la reparación del templo, —estaba siendo honesto, pero no de la forma en qué Mu le había planteado la pregunta. Sabía que se refería a si habían tenido sexo la noche anterior, pero no quería que él lo supiera— ¿Por qué preguntas? —era el turno de Saga por devolverle la mirada inquisidora, aun sabiendo que Mu no se resignaría solamente con eso, debía ser mas listo para quitarle las dudas de su cabeza.
La guerra de miradas duró un momento más, la angustia empezaba a brotarle lentamente a Mu en su interior. Como era posible que Saga le diera la cara aún después de esto.
—Cuando comenzamos esto te dije que no habría exclusividad. —dijo finalmente Mu y vio como su compañero asentía con la cabeza— Lo que quiero saber es si en algún momento pensaste en mi con exclusividad —
—¿Qué? —fue lo único que pudo articular, mientras a su mente llegaban un montón de ideas.
—¡Respóndeme! —le exigió. Saga frunció por un momento el ceño, odiaba que le dieran órdenes.
—¿Qué tonterías dices Mu?, no me digas que tu creíste… —Una sonrisa pedante se dibujaba en sus labios. A Mu se le paró el corazón ante esto— Sabes que esto no es real ¿verdad?, es un juego, una descarga…—
—¿Un juego?, ¿eso es todo lo que fue para ti? —los ojos de Mu se humedecieron, pero no lloraría, no lo haría frente a él. Apretó los puños con fuerza, esperando que le dijera en su cara lo que quería saber. No se iría hasta que confirmara su pregunta, necesitaba un motivo para irse y no volver jamás.
—Si, desde un principio y tu accediste, no te hagas el desentendido, todo esto lo dejamos claro desde el primer momento. —le dijo acercándose, su voz ronca no titubeaba, no había un poco de arrepentimiento o de falsedad— Tú fuiste quién confundió las cosas, a mí no me culpes. —Hizo una pausa y añadió— Y si lo que quieres saber es si tuve sexo con Afrodita, si, lo tuve. —
Lo vio devolverse ignorándolo y le dolía, que lo ignorara, las palabras, sus ilusiones propias dolían, dejarse llevar por el sentimentalismo dolía igual o más que antes. En ese instante comprobó lo que había puesto en duda, se había enamorado otra vez.
¡Hola querubines!, Siento enormemente la demora. La verdad es que hacer este capítulo y que coordinara con el siguiente me costó bastante (Si, tengo los capitulos adelantados y había un vacío entre el capítulo anterior y el siguiente).
Sé que soy la peor, pero espero que este capítulo compense un poco. Ya está quedando muy poco para terminar el fic y para aclarar todo de una vez.
Agradezco de todo corazón a aquellas personas que lo han seguido sin perderse ningún capítulo y también agradecer aquellos que me han motivado a seguir y no decaer en la falta de inspiración, son hermosos. Así que en honor a ellos va este.
Espero haya sido de su agrado, disfrutenlo. Espero sus comentarios, no están de más.
Nos vemos el próximo capítulo el cual no se demorará tanto como este, ya que está en edición. ¡Bye-bye!.
