Aún jadeando, poco a poco abrió los ojos, encontrándose con que ella también los mantenía cerrados mientras recuperaba la respiración. Sus dos grandes brazos estaban a cada lado de ella, sujetando su cuerpo de forma que no dejaba caer su peso sobre el cuerpo de la mujer.
Ya con la respiración normalizada, se separó, dejando la cama y dirigiéndose hacia la mesa que había al lado, donde reposaba una botella de vino y dos vasos. Se sirvió un poco, y giró la vista de nuevo hacia la cama, viendo como la mujer había levantado la sabana para cubrirse
"¿Necesitas taparte?"
"Después de todo lo que hemos hecho, es un poco tonto, si" – respondió ella retirando la sabana
"Si, así mejor" – respondió con una pequeña sonrisa mientras daba un nuevo sorbo al vino
"Viniendo de ti, debo sentirme especial"
"Deberías. No suelo decirlo"
Volvió a coger de nuevo la botella, llenando esta vez el vaso casi completamente
"Esta es la última noche."
"¿Entonces mañana os vais? Nami me ha dicho que no sabía cuándo os iríais"
"Y no lo sabe. Pero no te preocupes. Estoy seguro de que Roronoa y su chica volverán cuando cumplan sus sueños"
"¿Sus sueños? ¿Crees que Zoro te superara?"
"Sí. Lo hará. Incluso antes de lo que pensaba. Me tenía una sorpresa reservada con lo del haki"
Dando un nuevo trago al vino, esta vez más largo que el anterior, pudo ver por el borde del ojo como Nojiko se sentaba en el borde de la cama. Intentaba evitarlo, pero la figura de la mujer atraía su vista más de lo que le gustaría.
"Tú no volverás, ¿verdad?" – le preguntó con la mirada triste
"Si alguna vez paso cerca de aquí, y aun estás libre, pasaré a hacerte una visita."
"Eso significa que no te volveré a ver"
"Seguramente." – respondió él girando la vista hacia ella – "Aunque quien sabe lo que traerá el futuro. No me importaría volver."
"¿Es que acaso te he capturado?" – preguntó con aire juguetón, mientras se repetía mentalmente que no debía hacerse falsas esperanzas, y que no volvería a ver a aquel hombre.
"No" – dijo él con una sonrisa, la más grande que le había visto en todo el tiempo que habían pasado juntos – "y sí. Eres interesante. Desde ella, eres la primera mujer por la que tengo un cierto interés"
"¿Ella?"
Devolviendo la vista al vaso, centró sus ojos en el oscuro licor.
"En mi isla, hay una gran cruz, yo la hice. Cuando era más joven."
"¿Una mujer?"
"Al igual que Roronoa, quería ser el mejor. Pensé que eso sería suficiente." – dijo tomando un nuevo trago – "Pero no lo fue. No pude protegerla."
"Por eso has dicho que Zoro te recuerda a ti de joven. Y mi hermana sería como ella."
"No te preocupes" – respondió intuyendo la preocupación de la chica – "a diferencia de mí, él no está solo. Estoy seguro de que sombrero de paja le ayudará a protegerla"
"¿Por qué me cuentas esto?" – preguntó ella acercándose a él y pegando su pecho contra su espalda – "Nami es mi hermana"
"Sé que Roronoa se enterará de esto."
"Entonces es para que lo sepa sin que tú se lo llegues a contar." – dijo poniéndose en pie y acercándose a él – "Realmente haces honor a tu fama, ojos de halcón."
Terminó de pegar sus pechos desnudos contra la espalda de él, mientras sus brazos y manos comenzaban a vagar por el cuerpo del hombre, acariciándole y haciendo que se girara. Tan pronto como los enigmáticos ojos del espadachín estuvieron frente a los suyos, unió sus labios a los de él, que la devolvía el beso apasionadamente mientras la levantaba en brazos y comenzaba a bajar por su cuello hacia sus pechos, dando pequeños besos, mordiscos y chupetones, que se agudizaron cuando llegó a su objetivo. Entre gemidos, la peli azul consiguió dirigir a su amante de nuevo hasta la cama.
"Si esta es la última noche" – le dijo mientras bajaba la mano por el cuerpo del espadachín con intención de llegar a su miembro – "vamos a disfrutarla."
Cuando Zoro abrió los ojos, notando a Nami pegada a él, giró casi sin darse cuenta la vista hacia la ventana de la habitación.
"Siento decepcionarte" – oyó decir a Nami mientras veía como la ventana estaba cerrada – "pero hoy no va a haber brisa que me ponga nada de punta. Tendrás que hacerlo tú."
"¿Es un reto?" – preguntó girándose hacia ella
Mientras se acercaba, estiró la mano hacia la sabana, lanzándola hacia arriba de forma que ambos quedaron bajo ella. Llevó sus labios hacia el cuello de ella, dándola pequeños mordiscos mientras sus manos comenzaban a jugar con sus pechos, sintiendo como Nami iba arqueando la espalda y gimiendo con su contacto, a la vez que iba pasando sus manos sobre él, devolviéndole cada uno de los contactos que él la iba dando. Sorprendiéndole, notó como Nami le empujaba hacia el otro lado de la cama y se ponía sobre él, siendo ahora ella quien iba dando los besos por su pecho, bajando lascivamente hacia su pene, al que mantenía firmemente sujeto con ambas manos. Tan pronto como llegó, comenzó a besarlo y pasarle la lengua, introduciéndolo lentamente en la boca. Varios minutos después, notó que si quería entrar en ella, debía hacer que parara. Tirando hacia arriba, la colocó sobre él, penetrándola poco a poco. Casi al instante, el ruido de la puerta de abajo abriéndose de golpe les sacó de aquel momento, mirándose sorprendidos. Los gritos de Nojiko y sus pesados pasos subiendo la escalera, fueron suficiente para que ambos reaccionaran, bajándose Nami de encima de él y colocándose a su lado, mientras Zoro estiraba la colcha hacia arriba para taparse un poco más de lo que lo hacia la fina sabana. Cuando Nojiko irrumpió en la habitación, tan solo podía verles la cabeza, el uno junto al otro, quedando bajo la manta sus cuerpos unidos por el abrazo que el espadachín la daba.
"Aun estáis aquí" – les dijo, sin darles oportunidad de preguntarla, mientras unas pequeñas lágrimas empezaban a asomar.
Clavando la vista en ella, Zoro se fijó rápidamente en que llevaba el pelo revuelto y la camisa mal colocada, dejando a la vista gran parte del sujetador. Había salido corriendo de donde fuera que viniera. Aunque, después de lo que Nami le había contado sobre ella y Mihawk, se hacía una idea de donde era
"A ver Nojiko, tranquilízate" – le dijo Nami - "¿Qué es eso de que aún estamos aquí? ¿qué ha pasado?"
"Anoche me dijo que era la última noche, que os marcharíais hoy" – la dijo mientras intentaba tranquilizarse – "cuando me he despertado no estaba… pensé que te habías ido sin despedirte de mí por lo que pasó ayer"
Cuando terminó la frase, las lágrimas caían ya libremente por sus mejillas, haciendo que a Nami se le encogiera el corazón. Sentándose en la cama, estiró el brazo, indicando a su hermana que fuera con ella. Cuando Nojiko se sentó a su lado Nami la abrazó.
"No me voy a ir sin despedirme. Y lo de ayer está perdonado."
"Tenía mucho miedo Nami, nunca había corrido tanto" – la respondió con la cabeza aun apoyada en su hombro. De pronto, se separó un poco de Nami, mirándola a la cara – "pero entonces… ¡eso significa que se ha ido sin vosotros! Si os dais prisa tal vez lleguéis a tiempo, igual aún no se ha ido del puerto"
"No te molestes" – respondió Zoro colocándose boca arriba – "ya debe haberse ido"
"Pero si no lo intentáis…"
"Tranquila Nojiko" – respondió Nami sonriéndola – "si se ha ido así es porque no tenía ninguna intención de que nos fuéramos con él."
"¿Y no os preocupa? ¿Cómo vais a volver?"
"Supongo que por el camino largo" – respondió tranquilamente Nami
"Cogeremos algún barco y cruzaremos la montaña, como la otra vez" – refrendó Zoro
"Pero aquí no tenemos grandes barcos capaces. ¡Nami sabes que aquí no podríais conseguir más que un bote!"
"Bueno, somos piratas, ¿no?" – la respondió sacándola la lengua
"Cogeremos lo mejor que podamos, y si no sirve, en loguetown nos llevaremos alguno mejor" – explicó Zoro a una Nojiko que aún estaba intentando entender la respuesta de su hermana.
"Desde luego, nunca había visto a nadie como vosotros" – respondió la peli azul poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la salida de la habitación ya más tranquila – "nunca dejareis de sorprenderme. Iré a preparar el desayuno, no tardéis mucho en bajar."
Cuando atravesó la salida y cerró la puerta, Nami volvió a dejarse caer sobre la cama, apoyándose sobre el hombro de Zoro.
"No te ha sorprendido, ¿verdad?"
"No. No creí que fuera a tardar tanto en marcharse. Tu hermana debe ser muy convincente…"
"Seguro" – dijo Nami sonriendo mientras empezaba a pasar la mano por el cuerpo de él – "conseguir que Mihawk se haya quedado en este pueblo después de vuestra pelea lo demuestra."
"Aun así" – respondió Zoro moviéndose y poniéndose sobre ella – "seguro que tú lo eres más"
"No lo dudes" – le dijo mientras lo besaba – "¿seguimos donde estábamos?"
"Claro" – la respondió mientras le devolvía el beso.
Media hora después, Nami bajaba las escaleras mientras terminaba de estirarse la ropa. Llegando a la cocina, vio cómo su hermana terminaba de preparar un desayuno casi tan abundante como los que Sanji solía hacer en el sunny
"Vaya, sí que vamos a desayunar bien"
"No puedo dejar que cuando lleguéis con vuestros compañeros digáis que habéis pasado hambre."
"Ya" – respondió ella sentándose en la silla y cogiendo una galleta – "¿estás bien?"
"Claro" – le respondió con una sonrisa – "ahora que ya he visto que no te habías ido estoy tranquila."
"No me refería a eso."
"Lo sé" – la respondió dándole la espalda
"No te habrás enamorado, ¿verdad?" – preguntó terminando de comerse la galleta – "no han sido más que dos días."
"Solo era que… no sé, ha sido distinto al resto de veces. Me he sentido diferente." – la dijo dándose la vuelta y dejando más comida sobre la mesa. Entonces puso una sonrisa – "No tendré lo que tienes tú" – dijo señalando a Zoro que se acercaba bostezando hacia la mesa – "pero nadie me va a quitar lo de estos días."
De esta forma, pasaron dos días más en Cocoyashi, en los que Zoro y Nami consiguieron un pequeño barco que ella consideró suficiente como para llegar a Grand Line. Durante este tiempo, prepararon las provisiones necesarias para el viaje y llevaron toda la ropa que Nami había comprado aquellos días, incluida la que comprada para él. De esta forma, cuando amaneció, se dirigieron hacia el puerto para emprender el camino de regreso con sus compañeros. Bajo los primeros rayos del sol, en el pequeño puerto de Cocoyashi, Genzo se despidió de Nami y se dirigió hacia Zoro, que veía como las dos hermanas se fundían en un abrazo.
"Cumplirás tu promesa, ¿verdad?"
Girando la vista hacia el hombre, puso una pequeña sonrisa.
"Siempre cumplo mis promesas."
"Aunque ella no es mi hija" – empezó Genzo mientras la veía hablar con Nojiko – "siempre la he querido como si lo fuera. Yo quería a su madre, ¿sabes? Por eso cuando murió, intenté cuidar lo mejor que pude de ellas. Aunque Nami tenía sus propios planes. Ella te quiere" – continuó sin dar importancia a que Zoro ahora le mirara directamente – "y te quiere mucho. Así que, te la confío a ti. No hagas que me arrepienta."
"Nunca"
"Bien" – respondió girándose y estrechando la mano del espadachín – "y cuidadito con lo que hacéis, que aun soy joven para ser abuelo."
Con una carcajada mal disimulada, Zoro vio como Nami embarcaba ya en el barco. Recogió las últimas cosas que quedaban y se fue con ella a bordo. Aunque antes de entrar, dio un último vistazo hacia Genzo.
"Todo llegará, abuelo."
Aun riendo se montó en el barco, estirando la vela y recogiendo el ancla, viendo como Nami se despedía desde el borde mientras el barco empezaba a alejarse de la costa. Al fondo pudo divisar una pequeña sonrisa en la cara de Genzo. Minutos después, Nami abandonaba la barandilla, reuniéndose con Zoro junto al mástil.
"¿a que venía eso de abuelo?"
"Bueno, es por algo que me ha dicho."
"¿y yo no puedo saberlo?" – le preguntó juguetona
"Me ha dicho que no te deje embarazada todavía."
"No creo que Genzo haya dicho eso."
"Con otras palabras."
"¿Por eso le has llamado abuelo? Zoro, ¿tú quieres que tengamos hijos? ¿Quieres una familia conmigo?" – le preguntó dubitativa, recordando las palabras que había tenido con Mihawk cuando le encontraron
"Ya tengo una familia contigo" – le respondió con seguridad – "todas las familias empiezan así, ¿no? Lo otro, depende de ti."
"Pero tú, ¿qué quieres?"
Zoro se quedó mirándolo por unos segundos, después le retiró la mirada.
"Sí, me gustaría. Cuando los dos hayamos cumplido nuestros sueños."
"Entonces cuando hayamos cumplido nuestros sueños" – le respondió ella atrayendo la cara de él hacia la suya y besándole.
Tras el beso, se sentó a su lado, apoyándose sobre su hombro. Miró hacia el cielo con aire pensativo.
"Zoro, ¿crees que los demás lo entenderán?"
"¿El qué?"
"Que estemos juntos. No me gustaría que las cosas cambiaran y nos trataran diferente"
"Eso no va a pasar." – la respondió rodeándola con el brazo – "no te preocupes. A nadie le va a molestar."
"Tienes razón" – dijo respirando profundamente para tranquilizarse – "todos estarán contentos por nosotros. Además, ahora hay otras cosas por las que preocuparse. Cruzar la montaña no fue fácil. Veremos si esta vez no es más complicado."
"¿Bastará con este barco para cruzarla?
"como dijiste cuando llegamos en aquel tren a Ennies loby, dejemos todo a la suerte" – le respondió, mientras Zoro ponía una sonrisa.
Tras varios días de navegación, finalmente llegaron a la montaña invertida, donde, con menos apuros de los que pasaron en la vez anterior, consiguieron cruzarla y llegar a la entrada de grand line, donde se encontraron con la ballena laboon y el doctor Crocus
"Vaya, pero si sois vosotros. ¿Qué ha pasado con el del sombrero de paja? ¿acaso está muerto? No viene nada en los periodicos"
"No no" – respondió Nami desde el pequeño barco – "es una larga historia, pero ya volvemos con ellos."
"¿Todos bien entonces? ¿Sombrero de paja será el rey de los piratas como él decía?"
"Si" – respondió Nami, que entonces se giró hacia la ballena – "Laboon, tengo algo que contarte."
Ambos piratas se bajaron del barco y comieron algo mientras hablaban con Crocus y Laboon sobre lo que les había ocurrido durante el tiempo que había pasado desde que cruzaron por primera vez aquella montaña. Nami le contó a Laboon como se habían encontrado con Brook, que ahora formaba parte de su tripulación, y que en cuanto Luffy fuera el rey de los piratas, regresaría para encontrarse con él, tal y como habían prometido cuando le dejaron allí. La ballena no paró de llorar mientras la chica le contaba sobre como la tripulación había muerto o que Brook no paraba de cantar aquella canción que tanto le gustaba. También le contaron a Crocus su reunión con Rayleigh y como este les había contado que durante algunos años fue el medico de Gol D. Roger.
"Entonces el viejo rey oscuro os contó toda la historia. Bueno, tampoco es que fuera un gran secreto."
"Parece que la tripulación del rey de los piratas se repartió por el mundo entero."
"Así es. Cuando Roger se entregó, cada uno tomamos un rumbo diferente. Así es la vida. Además, yo debía volver aquí" – dijo sin darle más importancia mientras pegaba un trago a la botella – "Decidme, ¿hasta dónde pensáis llegar con ese barco? No es que esté en muy buen estado."
"Hasta que consigamos uno mejor" – respondió Zoro
"¿Y cómo pensáis hacerlo?"
"Seguro que alguno aparece, no te preocupes."
"No, no lo voy a hacer. Me parece que por quien debo preocuparme es por quien se cruce en vuestro camino" – respondió riendo el anciano mientras se retiraba hacia la casa
Con la marcha de Crocus, los dos se habían quedado solos al lado del fuego. Una vez terminaron con los últimos restos de la comida, Nami se puso en pie, mirando al barco.
"Tal vez podríamos ir a Arabasta. Seguro que allí Vivi nos daría algún barco con el que llegar hasta Sabaody."
"No" – respondió Zoro tranquilamente desde el suelo.
"¿No? ¿Cómo qué no? ¿Por qué?"
"¿Cuál es tu sueño Nami?"
"Dibujar el mapa del mundo"
"Hay siete rutas diferentes hasta llegar a red line. Ya hemos recorrido una." – le dijo mirándola
"Así es, nos quedan seis"
"Cinco cuando lleguemos a red line" – la respondió con seriedad
"¿Quieres decir que tomemos una ruta nueva para poder cartografiarla? ¿Por mi sueño?"
"La única forma de que dibujes el mundo es que lo recorras."
"Tardaremos más en reunirnos con los demás."
"Seguro que nos pueden esperar un poco más."
Con una sonrisa en los labios, tiró de él para que se levantara, dándole un rápido beso en los labios y susurrándole un pequeño gracias. A su espalda, Crocus, que había vuelto a salir de la casa, miró a la pareja.
"¿Iréis vosotros solos? Será peligroso"
"Voy con el mejor espadachín del mundo, no me pasará nada"
"¿Ese no era Mihawk?"
"De momento"– dijo Zoro de camino al barco
"La última vez que se enfrentaron, Mihawk no pudo derrotar a Zoro" – añadió Nami orgullosa
"Vaya. Desde luego sois todos muy interesantes."
Acercándose al acantilado, con Laboon junto a él, Crocus vio partir a los dos piratas en su camino hacia el nuevo mundo. Desde ese día seguiría con interés el viaje de la pareja por su nueva ruta. Algo le hacía pensar que aquellos dos iban a llenar bastantes periódicos.
