Les aclaro que esta historia está basada en la novela Caricias Ardientes de la escritora Sandra Browny los personajes de Usagi y Mamoru le pertenecen a Naoko. Saludos amigas y disfrútenlo...
Capítulo 8
La cabeza de Darién cayó como si se le hubieran aflojado los huesos. Soltó el aire en un suspiro largo y bajo, a través de los dientes apretados. Despacio, se apartó de Serena.
-Tía Sere- insistió el pequeño
-Ya voy, Zafiro- respondió Serena con voz trémula, mientras luchaba por subir el bretel de su traje. Se negó a mirar a Darién a los ojos mientras bajaba del sofá, y fue a toda prisa hacia la puerta.
-¡Hola!- saludó con falsa alegría al abrir.
-¿Estabas en el baño, o algo así?- quiso saber Zafiro con candor infantil.
-Eh... no. ... Darién y yo estábamos probando mi teléfono nuevo. Hazme acordar de que te dé el número para que se lo pases a tu mamá-
Al oír el nombre de su héroe, los ojos oscuros de Zafiro recorrieron la habitación.-Hola, Darién- lo saludó radiante, y pasó junto a Serena.
-Hola, campeón- extendió la palma de la mano y Zafiro la chocó con sus dedos.
-¿Cómo llegaste aquí?- preguntó Serena.
-Caminé- declaró orgulloso -conozco un atajo, mamá me mandó a contarles a los dos que esta noche dará una fiesta, en realidad no es una fiesta, más bien vendrán unos amigos a comer carne a la parrilla, se supone que deben llegar a las ocho- continuó -Mamá piensa que pueden ir juntos y ahorrar gasolina-
-Magnífico- opinó Darién.
-No lo sé- dijo Serena al mismo tiempo.
Hubiera sido capaz de dar a Zafiro un abrazo agradecido, por evitar un desastre. ¿Qué se habría apoderado de ella, para permitirle ir tan lejos? Las manos de Darién, sus labios, la habían seducido y llevado a un reino donde Serena ni siquiera se reconocía. Sus caricias eran letales, y cada vez ella respondía, a pesar de haberse jurado no hacerlo. Le atemorizaba su falta de control cuando él estaba cerca.
La primera vez que la había besado, Serena se había asombrado ante la potencia de sus besos y el efecto abrumador que tenían sobre ella, la tentación de los labios masculinos, la intromisión de la lengua en su boca, todo había sido nuevo para ella. La habían besado muchas veces, sí, pero nunca de forma tan dominante, las veces anteriores, Serena siempre se había mantenido a distancia, tolerando apenas al hombre que saciaba un deseo que ella no comprendía.
Ahora sí lo comprendía. Porque lo que pocos días atrás había sido inconcebible, ahora le resultaba familiar. Los matices de la boca de el pelinegro se habían convertido en una adicción para ella, sabía que era peligroso, hasta mortal; sin embargo, se desesperaba por recibir dosis cada vez más abundantes y frecuentes. Cada vez que la besaba, creaba una necesidad imperiosa que podría muy bien destruir el plan ordenado que había preparado para su vida.
Más alarmante aún que su propia susceptibilidad física era la actitud posesiva de Darién hacia ella. ¿Quién le había dado el derecho de vigilarla, de decidir a quién podía invitar a su departamento y a quién no, qué ropa podía ponerse y cuál no? Había vivido treinta años sin su protección, y no pensaba necesitarla por lo menos por otros treinta años.
Después de la catástrofe de hacía pocos instantes, pasar la velada con él era imposible.
-Tengo un cansancio atroz, Zafiro, hoy por la mañana me dolieron las piernas, y estoy segura de que no importará que no vaya-
Zafiro se volvió hacia ella, y los ojos del pequeño la traspasaron desde debajo de un flequillo que necesitaba un recorte.
-Tienes que venir, tía Serena. Mamá dice que hace la fiesta para presentarte gente-
-Sí, Serena, tienes que ir- añadió Darién, burlón, ella leyó el reto en los ojos de él. Su sonrisa era lujuriosa, desafiante. Si Serena rechazaba la invitación, Darién lo interpretaría como cobardía, y estaría en lo cierto, le dedicó una mirada lánguida.
-Está bien, Zafiro-cedió con los labios apretados. -Dile a tu mamá que iré-
-Genial. Dijo que Hotaru y yo podemos quedarnos "despertados" hasta las ocho y media, si prometemos no molestar-
-"Quedarnos despiertos"- lo corrigió Darién -¿Sabes?, hoy me vendría bien un ayudante, estoy trabajando en una casa junto a la playa. ¿Te interesaría ganar uno o dos dólares?-
-¡Oh, sí, Darién, sería estupendo!- exclamó emocionado
Darién sonrió. -Ve a llamar a tu mamá y cuéntale dónde estarás, la puerta trasera está abierta. Te veré en la cocina de casa, en un día caluroso como éste necesitaremos un refrigerador portátil para llevar agua-
-Bien. Te veré esta noche, tía Serena- gritó Zafiro al tiempo que salía como un rayo por la puerta y bajaba las escaleras a toda marcha, lleno de entusiasmo.
Apenas el niño estuvo lo bastante lejos como para no poder oírlos, Darién se volvió hacia Serena -¿Es verdad que te duelen las piernas?-
Preparada para arremeter contra él por su despotismo, se vio derrotada una vez más por la ternura que el demostraba. Se encogió de hombros. -Un poco-
-Tal vez deberías llamar a tu médico-
-No- replicó con aspereza. Después, pensando que había sonado demasiado a la defensiva, agregó: -Ayer no hice mucho. Sólo necesito relajarme un poco con ejercicios-
-Yo pienso que deberías descansar-
-No te pregunté lo que pensabas. ¿O sí? Y lo que pienses no me interesa-
-¿No?-
-No- pronunció tratando de sonar convincente, sus senos subían y bajaban con la creciente irritación, estaba furiosa con él por tener siempre tanta maldita razón, y furiosa consigo misma por estar siempre a la defensiva –Lo que sucedió allí- señaló el sofá con gesto impaciente -fue un error, y no se repetirá. Y ciertamente no te da licencia para andar metiéndote en mi vida-
-No me estaba metiendo, sólo estaba manifestando preocupación-
-Pues no necesito tu preocupación- le replicó molesta
-Sí, ya lo sé, no necesitas a nadie-
-Me alegra que por fin hayas entendido el mensaje, ahora puedes dejar de fastidiarme todo el tiempo-
-¿No te agrada mi compañía?-
-No especialmente- viéndolo directamente a los ojos -Eres avasallador y no me gustan los hombres agresivos-
-¿No te gusta cuando te beso?-
-No-
-¿No te gusta cuando te acaricio?-
-¡No! -gritó Serena, en la esperanza de que su voz estridente ahogara las preguntas que Darién le hacía con dulzura-
-¿Cuando te toco y te beso los senos?-
-¡No!-
-Estás mintiendo de nuevo, Serena-
Tenía razón. El cuerpo de Serena todavía se estremecía con el recuerdo de sus abrazos.
Anhelaba volver a sentir la caricia de los labios de él en su piel. Pero se dejaría morir antes de confesarlo. Expulsó los pensamientos sensuales de su mente y lo enfrentó, con todo el cuerpo tenso por la rabia. Una vez más él fue demasiado rápido para ella y dio vuelta el juego.
-Relájate, Serena. Jamás he forzado a ninguna mujer, si mis caricias te repugnan, no volveré a tocarte como amante, sin embargo, no veo motivos para que no podamos ser amigos. Te vendré a buscar poco antes de las ocho, mientras tanto, como amigo, te recomiendo que dejes descansar a tus piernas-
Y se fue, antes de que Serena pudiera emitir ninguna objeción.
Oyeron la charla y las risas mientras avanzaban por el sendero de entrada de la casa de los Kumada.
-Parece que la fiesta ya es un éxito -comentó Darién
-Parece- respondió ella
Darien había ido a buscarla tal como lo había anunciado, pocos minutos antes de las ocho, ella estaba casi lista: sólo le faltaban los últimos detalles, él aguardó junto al umbral mientras ella se ponía aros de perlas y perfume.
Hubiera sido imposible para Serena criticar los modales de él. Eran impecables. Le había echado un vistazo subrepticio y había notado que no la miraba, sino que jugueteaba con el picaporte de bronce. Había hecho dos observaciones con el mismo tono de voz: "Esto está suelto. Recuérdame que lo arregle." y "Qué bonito vestido".
-Gracias- El vestido blanco, abotonado en el frente y con los hombros y la espalda al descubierto, era ajustado en la parte superior, pero tenía la falda amplia y con vuelo, hasta poco debajo de las rodillas. Serena llevaba también sandalias doradas, de tiras, que se cerraban con una pulsera en los tobillos. Tanto el largo del vestido como las sandalias acentuaban las formas perfectas de sus pantorrillas.
Si los dedos de Darién le habían tocado la espalda desnuda al bajar las escaleras, Serena estaba segura de que había sido sólo por cortesía. La escoltó hasta su Mercedes y, una vez sentados, se lanzó a contar cómo Zafiro había corrido por toda la playa con una bolsa de clavos. Al tropezar en la arena, los clavos habían volado por todas partes, y les había llevado a ambos media hora revisar la arena para asegurarse de haber juntado todos.
Lo único que espero es que, si se nos escapó alguno, nadie lo encuentre con el talón. Serena rió y respondió:
-Yo espero lo mismo. ¿Valió la pena pagarle un dólar?
-Tuve que pagarle dos dólares al pequeño estafador. Por la inflación.
Cuando llegaron frente a la casa de Rei, Serena había bajado la guardia. Al parecer, Darién había tomado en serio sus palabras. Se comportaba como un buen amigo, no como un amante potencial.
Rei los recibió con abrazos cálidos y efusivos.
-Aquí llega la invitada de honor -anunció a los demás invitados, quienes rondaban las bandejas de canapés, distribuidas en forma estratégica por toda la sala. De inmediato los rodeó un enjambre de gente que deseaba conocer a la amiga de Rei, a quien muchos consideraban una celebridad. La carrera de Serena era exitosa, pero la muchacha lanzó a Rei una mirada incrédula cuando se dio cuenta de que su amiga la había hecho parecer mucho más espléndida. Advirtió también que todos saludaban a su acompañante con el mismo entusiasmo que a ella. Las mujeres le dedicaban sonrisas embelesadas; los hombres le hablaban con deferencia.
En medio de la confusión, Serena se inclinó para besar a cada uno de los pequeños Kumada, todos en pijama, antes de que les indicaran el camino de los dormitorios con gesto severo.
-¡Esos niños! -exclamó Rei cuando el último desaparecía por el pasillo -hasta me dan ganas de hacer abstinencia-
Justo en ese momento Nicholas Kumada, con su perpetua sonrisa y un delantal de chef con la inscripción "Este cocinero sabe poner las cosas al rojo vivo", se les acercó y abrazó a su esposa por detrás, con los brazos apenas debajo de los senos de ella.
-Aunque no abstinencia completa- dijo Rei a Serena con gesto sugestivo, y guiñó un ojo.
Las dos mujeres se echaron a reír.
-¿Me perdí algo? -preguntó Nicholas con tono afable. Saludó a Serena con un beso en la mejilla y a Darién con un enérgico apretón de manos. Era tan fuerte y musculoso como su esposa era rellena y suave.
–La habitación está saliendo muy bien, Darien. Nos morimos de ansiedad-
-¿Qué habitación? -quiso saber Serena, sintiendo que esta vez era ella la que se había perdido algo.
-Darién está agregando un cuarto de juegos en la parte trasera de la casa. ¿Olvidé contártelo?-
-Sí -respondió Serena a su amiga, al tiempo que lanzaba una mirada furtiva al aludido, quien estaba lo más cerca que podía estar sin tocarla.
-Nos morimos de ganas de que esté lista, te la enseñaré más tarde. Primero tengo que presentarte a unas doce personas que desean conocerte-
Durante los minutos siguientes Serena contestó la miríada de preguntas que le lanzaron. Si había bailado con Baryshmkov, si a los diez años era demasiado pronto para comenzar ballet, si seguía alguna dieta especial para estar tan delgada, cuánto pesaba, si era cierto que Rei y ella habían tomado clases con Juliet Prowse, si sus uñas eran verdaderas o esculpidas, si aceptaría tomar pruebas a los intérpretes de los espectáculos que organizaba con fines de beneficencia la Asociación de Padres y Maestros del pueblo...
Serena tartamudeó una respuesta cortes a esta última pregunta. Estuvo a punto de dar un salto cuando dos grandes manos la tomaron por los hombros.
-¿Qué te gustaría beber?- En forma subconsciente, apenas por un instante delicioso, se apoyó contra el cuerpo alto y fuerte que estaba detrás del suyo, la piel desnuda de su espalda encontró la textura del chaleco azul de verano, y la frescura de la camisa de algodón de color celeste. Serena ni siquiera se dio cuenta de que inclinaba la cabeza hacia un lado para sentir los labios contra su oreja.
-Vino blanco con hielo- susurró, mientras intentaba sin éxito prestar atención a la señora de la Asociación de Padres y Maestros, que se explayaba sobre el valor de los espectáculos que organizaban. Darién apretó ligeramente los hombros de Serena antes de apartarse un instante.
-Serena, creo que Rei te busca. Está en la cocina.
-Disculpe -se excusó Serena con cortesía ante la mujer, antes de dejar que Darién la alejara-
-Gracias- le dijo con disimulo.
-Esa tipa sería capaz de aburrir a una estatua –observó él, inclinándose para susurrarle al oído -A mí me hizo lo mismo hace unos años, como soy irlandés, pensó que sería agradable que cantara una canción típica en su espectáculo-
Serena estuvo a punto de atragantarse con el vino. Los ojos se le llenaron de lágrimas de risa -lo dices en broma- pregunto a la par que reía
-Ojala fuera broma-
-¿Y cantaste?-
El frunció el ceño -La soborné para que me excusara con un cheque por cien dólares-
Riendo, entraron en la cocina. La anfitriona estaba sacando fuentes con ensaladas de papas y de repollo de la heladera. -Ah, me alegro de que llegaran ustedes dos, Darien, ve a enseñarle a Serena la nueva habitación-
-¿No necesitas ayuda?- ofreció Serena
-No en este momento. Vayan. Diviértanse. Salieron por la puerta corrediza de vidrio que conducía al patio. El aroma de carne a la parrilla avanzó hacia ellos. Nicholas estaba dando vuelta unas grandes tiras de costillas.
-Das la impresión de saber lo que haces -bromeó Darién.
-Casi crudo, poco cocido, bien cocido- recitó Nick, al tiempo que señalaba cada sección de la parrilla con su tridente. Después bebió un buen trago de cerveza.
-Deja la cerveza hasta que esté lista mi carne -sentenció Darién. Nicholas le hizo un gesto de saludo con el tridente. Ambos se echaron a reír. Mientras tanto él y la rubia siguieron hacia el otro extremo del patio.
-Cuidado- Darién la hizo pasar a través del esqueleto de madera de la nueva habitación.
-¿Esto va a ser un cuarto de juegos?- preguntó Serena, mientras sus ojos recorrían los cimientos desnudos, de hormigón.
-Sí, allí habrá un hogar, aquí, estantes para libros y un escritorio empotrado, por si a alguno de los niños le dieran en algún momento deseos de estudiar- explicó con una sonrisa -hasta vamos a instalar un pequeño refrigerador y un televisor-
-Suena magnífico-
-Le haré un tragaluz- comentó con la mirada en las vigas desnudas del techo -así se ahorrará electricidad, porque no creo que los niños tengan cuidado de apagar las luces, utilizaré- Se interrumpió y se volvió en forma súbita hacia Serena. -en realidad no te interesa, ¿verdad?-
-Claro que sí- Era cierto. Había descubierto que le agradaba el entusiasmo que traslucía la voz de Darién, cuando hablaba de su trabajo, las manos de él eran elocuentes y hacían gestos descriptivos. Le habían dado tanta calidez a la piel desnuda de sus hombros... Tanta seguridad... Tanto apoyo... -A los niños les encantará-
-Creo que a Rei y a Nicholas también. En teoría, con todos los niños aquí, les dará algo de privacidad-
-Me imagino que sus momentos de privacidad serán pocos y espaciados-
Lanzó una risa suave -Si fueran tan escasos no tendrían tantos niños. Serena también rió y lo miró; en ese instante, al mismo tiempo, los dos dejaron de reír, el momento se había convertido en intenso e íntimo, la luz de la luna se colaba a través de las vigas, que arrojaban sombras profundas sobre el rostro de él mientras miraba a la muchacha. Ela era incapaz de discernir su expresión, sólo sabía que él la observaba.
La luna que coronaba el cabello de Darién bañaba el rostro de Serena con un brillo plateado. El anhelaba pasar los dedos por el cabello brillante, que estaba recogido al estilo clásico de las bailarinas, sobre la nuca, sus labios sentían hambre de la boca de ella, húmeda y rosada bajo la luz trémula, ansiaban recorrer el camino hasta la oreja, con esa perla seductora, casi tan luminosa como la piel femenina. Sus ojos siguieron el camino del rayo de luna, hasta que desapareció en el escote en sombras, que apenas si dejaba entrever el nacimiento de los senos pequeños. Con la imaginación, colocaba la lengua allí, y casi podía sentir la calidez que sabía hallaría.
Su mente se llenó de fantasías. Volvió a ver el seno rosado y el pezón erecto. Volvió a sentir la textura de terciopelo contra su piel. Volvió a oír los gemidos roncos de placer que él le había arrancado al saciarse de ella.
En muchos años, no recordaba haber deseado a ninguna mujer como había deseado a Serena desde el primer momento en que los ojos de ambos se habían encontrado. Desde entonces, sus sueños habían tomado una sola dirección, le dolía el cuerpo de tanto desearla.
Maldición, no tenía ningún sentido. Ella no era el tipo de mujer que por lo general le gustaba. Por su propio tamaño, Darién habitualmente había salido con mujeres altas, de figuras generosas, Serena le parecía una muñeca, pero una muñeca viva, que respiraba, se movía y era capaz de aplacar el fuego de sus genitales, que se burlaba de él en forma constante.
Todo estaba mal, y él lo sabía, una vez, había juzgado mal las cosas, y esos errores le habían costado todo. Había emergido con una visión más clara de las prioridades de la vida, y había logrado rehacerse. Ahora tenía éxito en todo, excepto en un aspecto de su vida. No tenía nadie con quien compartirla. Hasta el momento, no había encontrado a nadie con quien pudiera arriesgarse. El amor dependía demasiado a menudo de que las cosas marcharan bien. Cuando algo iba mal...
Serena Tsukino tenía sus propios problemas que enfrentar, estaba atravesando una crisis que debería manejar. El no la necesitaba en su vida, eso sólo complicaría las cosas. Y ella alegaba que no lo necesitaba.
Sin embargo ahora, aquí, de pie a la luz de la luna, el deseo era una estampida en su cuerpo. No deseaba nada más que callar con besos las protestas falsas de la muchacha, que aferrarla contra sí y hundirse en su cuerpo, rogándole que lo aliviara de su agonía.
La ferocidad de sus reflexiones debe de haberse notado en los rasgos severos del rostro, porque ella pronunció su nombre, en tono tentativo. Sacudió la cabeza para despejarse y luego vació el contenido de su vaso de cóctel.
-Sí, yo... eh... creo que deberíamos volver con los demás-
Serena había tomado sólo unos sorbos de su vino. Tenía los dedos rígidos de frío. Había aferrado la copa como si fuera su último vínculo con la cordura. Darién se apartó y la guió de regreso por el patio. Nicholas todavía estaba en la parrilla, enfrascado ahora en una discusión con un abogado acerca del crimen en las calles.
La cocina era un pandemónium. Rei escuchaba a dos de sus hijos contar por turnos versiones encontradas de una guerra de almohadas. Una tercera lloraba a gritos, con las mejillas bañadas en lágrimas. Rei pescaba choclos de una olla y los colocaba sobre una fuente.
A pesar de la obvia desobediencia de los niños y del nerviosismo de Rei, ellos se largaron a reír.
-¿Qué ocurre? -preguntó Darién.
-Me parece que están demasiado excitados como para irse a acostar- Rei lanzó una mirada amenazadora a sus hijos -voy a llamar a papá, y se enojará mucho-
Dieron tanto crédito a la advertencia como a las anteriores.
-¿Por qué no me dejas que los lleve a acostar?- ofreció Serena
-Pero eres mi invitada- protestó Rei
-Soy tu amiga, y tú estás llena de cosas que hacer, vamos, niños, basta de peleas-dijo
Serena habló con bastante firmeza como para atraer su atención -Zafiro, ¡en marcha!- ordenó, mientras con un dedo imperioso señalaba en dirección del dormitorio - vamos, Hotaru-
-Yo me ocuparé de esté- intervino Darién, al tiempo que alzaba al pequeño Drew y lo cargaba sobre sus hombros, con las piernas alrededor de su cabeza. Drew chilló de alegría y aferró un mechón de su cabello negro.
-No te ofrecí a ti también como voluntario- aclaró Serena mientras salían en tropel de la cocina, por el pasillo trasero que conducía a los dormitorios de los niños.
-No podía dejarte sola con todo el regimiento- Como los dos dormitorios estaban conectados por una puerta, Serena y Darién pudieron meter a todos en sus respectivas camas mientras vigilaban a los que ya estaban bajo las cobijas. El bebé era el único que ya dormía. Todavía estaba confinado en su cuna. Las dos niñas dormían en una cama doble, en el mismo dormitorio que el bebé. Los dos varones dormían en el otro, en camas superpuestas. Como Zafiro era el mayor, usaba la cama de arriba.
-Da un buen ejemplo a tu hermanita y vete a dormir ya -susurró Serena a Hotaru -deja que tu mamá y tu papá disfruten de su fiesta, ¿sí?-
-Sí- bostezó Hotaru. Rini, de unos cuatro años, según recordaba Serena, ya se estaba quedando dormida.
-¿Dejarás la lámpara encendida?- Pregunto Hotaru
-¡Hotaru es un bebé, Hotaru es un bebé!- entonó Zafiro desde su cama.
-Termínala, Zafiro- dijo Darién con tono severo.
-Pero lo es- aseguró Zafiro, petulante -tiene que dormir con Rini, no quiero que nadie me aplaste cuando duermo-
-Mamá y papá duermen juntos en una cama- protestó Hotaru.
-Nadie más duerme con ellos, y por la noche no podemos entrar en su habitación a menos que haya rayos y truenos- aportó Rini, adormilada.
Serena encontró la mirada risueña de Darién en el otro extremo de la habitación, y volvió a clavar la vista en las niñas.
-Tampoco podemos entrar en su dormitorio los sábados por la mañana hasta después de que termina Ben 10- añadió Drew, quien se sentó en la cama para transmitir ese dato fundamental.
Darién estuvo a punto de soltar una carcajada, pero la disfrazó con una tos mientras volvía a acostar a Drew -La cama de ellos es grande de verdad, Serena -comentó Hotaru con naturalidad.
-Ah, ¿sí?- respondió Serena con voz aguda. Dedicó extremada atención a acomodar las cobijas.
-La cama de Darién es igual de grande, ¿verdad, Darién? Yo la vi- aseguró Zafiro.
-¿Viste alguna vez la cama de Darién?- preguntó Rini a Serena.
-N... no. Buenas noches-
-¿Tú también tienes una cama grande como la de Darién?- inquirió Hotaru.
-No, estúpida- la increpó Zafiro- ¿No viste que tiene que dormir en ese sofá?-
El rostro de Hotaru se llenó de conmiseración.
-Si se lo pides, tal vez Darién te deje dormir con él en su cama grande, no vive muy lejos de tu casa-
-A nuestro papá no le importa que mami duerma con él- agrego Rini.
Las mejillas de Serena se pusieron de color escarlata, aunque no recordaba jamás en su vida haberse sonrojado.
-De acuerdo, esto es todo- anunció el aludido con tono inflexible -Buenas noches-. Se aseguró de que los cuatro pares de ojos estuvieran cerrados antes de volverse para salir. Después de una mirada rápida al bebé dormido, quien gracias al cielo no había podido aportar nada a la conversación, Serena se unió a él en el pasillo, intentó seguir de largo, pero él le bloqueó el paso.
-¿Tienes que pedirme algún favor?- preguntó Darién, con lucecitas en los ojos azules.
-No- Serena aún sentía manchas rojas en las mejillas.
Dejó escapar una risa diabólica, apoyó una mano en la nuca de Serena y sugirió:-Vayamos a comer algo-
Continuará…
Hola a todas ustedes que leen este fic y que ya saben que desde este capítulo y hasta el final si la escritora no dice otra cosa yo estaré subiendo esta fabulosa historia.
Sé que muchas de ustedes ya tienen los capítulos que faltan gracias a nuestra amiga goordita, quiero reiterar lo siguiente, se que ella hizo la invitación a las sugerencias, las cuales bien podrían incluirse en esta historia, si ustedes gustan envíenme un mensaje privado a mí , Sailor lady ó directamente, mi correo es yes liz 1 arroba hotmail punto com, con gusto leeré sus comentarios.
Esperen este viernes el próximo capítulo, se cuidan…bye
