Bienvenidos todas y todos a este nuevo capítulo: No se preocupen, no pasa nada trágico XD.

Disclaimer: los personajes no me pertenecen.

Estaba lloviendo. Hacía un frío glacial, pero sin llegar a formar humo con el dióxido de carbono expulsado por su boca. Llevaba sólo su camiseta y sus clásicos pantalones sueltos. Salió al patio delantero. No, esto no era una lluvia. Era una tormenta. Las gotas caían sobre su cuerpo como balas disparadas, que trataban que dañarle. No le lastimaban, sino lo pinchaban. Caminó hasta la verja de la casa, y se quedó allí, contemplando, admirando la nada.

Las campanas de la Iglesia repiqueteaban sin cesar. ¿Eran de una misa? ¿De una boda? ¿O de un funeral?

No tardó mucho en reparar que a su derecha, había alguien más. El pequeño le llegaba a la altura de su abdomen y sus ojos vacíos delataban que se había transportado a otro mundo. Sus rizos níveos, idénticos a los suyos, estaban chorreando agua. Pescaría un resfriado si no iba a secarse. Entonces, con una vocetita aguda de un infante le habló:

_Ella decía que odiaba la lluvia. Se quejaba de que se le esponjaba el pelo._ L quedó pasmado por estas palabras. Incluso podría jurar que, por un instante, las gotas formaron en su caía la sombra de Misa. Pero no, había sido su imaginación. Near prosiguió, esta vez estudiándolo con sus irises grises, y un inexpresivo semblante.

_ ¿Puedes oír las campanas, Papá? ¿Puedes escucharlas? Esas son las campanas de mi funeral...

o0o

_ ¿Disculpe, usted es el padre del niño?_ L se quitó las manos de la cara, parpadeó un par de veces ante la luz cegadora de la sala del hospital, y miró a la mujer que se encontraba enfrente suyo. Era una médica, llevaba una bata que caía hasta sus rodillas. Su cabello rubio platino, cortado prolijamente a la altura de los hombros, lo mismo que su flequillo ordenado. Le inquiría una contestación mediante su mirada color miel.

_ ¿Usted es el padre de Near?_ repitió, creyendo que no la había escuchado bien.

_Si._ respondió escuetamente L, abrumado y con un peso en los hombros equivalente al de un hipopótamo. Con una dulzura y calma innatas, le indicó que le siguiera. Light, que estaba sentado a su par, también le acompañó. Las sillas de la sala de espera eran una bosta. Duras y frías, de metal. Agradeció poder librarse de esa tortura con forma de mueble.

Los hermanos entraron a un consultorio, y tomaron asiento en sendos bancos, que era mil veces más confortables que las sillas de porquería. La mujer, que no debía pasar de los treinta años, se acomodó en el sillón acolchado detrás de su escritorio. El consultorio era modesto y sin decoración alguna, ni había fotos de la doctora con hijos o algo por el estilo. Debía pasar un escaso tiempo en la oficina. Al parecer, tenía mucho trabajo por hacer.

_Me presento, disculpen que no lo haya hecho anteriormente, mi nombre es Halle Lidner. Estoy a cargo del sector de la guardia. Quería hablarles sobre la situación del niño, Near._ Ryuzaki ocultó muy bien su ansiedad. ¿Habría habido un fallo en la operación? ¿Su pierna estaba tan herida que no podría recuperarse? ¿Y si se la amputaban?_ La operación ha sido un éxito. Ha tenido mucha suerte su hijo, señor. Tenemos por lo menos veinte muertos por tras del incendio, la mayoría por asfixia o no por golpes en la cabeza. Voy a ser clara y directa, me niego atormentarlos y aburrirlos con una exposición de mis conocimientos de medicina. Todos tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos._ agregó, ganándose la simpatía de ambos hombres, quienes estaban satisfechos de no tener que escuchar un prólogo sobre placas y composición de la estructura ósea en los niños.

_Mirad, lo de su niño es una fractura cerrada, causada obviamente, por traumatismo directo. Esto significa que el hueso no se ha desviado, simplemente partido. No ha llegado a atravesar la piel. Lo más milagroso del caso es que se ha quebrado sólo una de las dos piernas. La otra sólo posee una fisura, de la cual ya nos hemos encargado. Al ser joven, sus capacidades de regeneración son más veloces que las de un adulto. No se preocupen, esto no afectará a su crecimiento. Se repondrá, no más necesita reposo total, en unas seis semanas, podrá dar unos cuantos pasos. Sigo repitiendo, es un chico muy afortunado. Es como si alguna fuerza divina lo hubiera protegido de los daños._ Hizo una pausa, en la cual tomó la taza de té que había en la mesada, le dio un sorbo. Una gota del líquido cayó por su barbilla, se limpió delicadamente, ágil como una gacela.

_ ¿Va a usar muletas o silla de ruedas?_ inquirió el castaño, cruzándose de brazos, con notable cansancio. Y eso que él había ido a trabajar y a dormir en la casa, era L quien se había quedado como florero en la clínica durante la última semana. Él estaba más agotado que Yagami, no tenía por qué hacerse la víctima.

_Por ahora, yo le signo una silla de ruedas. No está en condiciones de usar muletas. Bueno, la realidad es que no quiero darle muletas porque carece de fuerza en sus brazos. Es un niño muy flacucho como para aguantar su propio peso en sus brazos._ dijo, en un arranque de honestidad Halle. Los detectives se miraron y supieron que tenía razón: Near era sumamente débil.

_Hay un asunto del que me gustaría discutir con ustedes. Sé que los dos trabajan para la policía, no se preocupen, mis labios están sellados._ Vaya, qué lista. Era rápida._ Es sobre su hijo y el restaurante.

Cuando fui a preguntarle qué creía que había pasado, Near me contestó: "Se lo está tomando muy en serio al juego". Cuando le pregunté a quién se refería, me dijo que se trataba de "Mello". ¿Tienen una idea de quién pude ser ese niño? Me llamó la atención ese detalle, tengo entendido que ustedes sólo eran cuatro en la mesa, ¿O me equivoco?_ calló, esperando una muestra de reconocimiento. Light se puso pálido y tragó saliva. L tuvo un espasmo que casi hace que se caiga.

_No, no había nadie más con nosotros. Ese Mello es un amiguito imaginario de Near. Siempre insiste en su existencia, pero supongo que eso es algo normal en los niños, ¿No?_ negó el castaño, disimulando el desagrado. Ese nombre también había estado presente cuando encontraron el cadáver de Matt. Dios Santo. ¿Había una conexión entre el incendio y la muerte de ese crío? No, es imposible. Algo que no existía no podía causar tanto daño, ¿O sí?

_ ¿Están seguros de que no es real? ¿No tienen un pariente o un conocido con ese nombre?_ cuestionó la rubia, quitándose un mechón de su frente.

_No, no tenemos a nadie que se llame así._ L respondió con seguridad que no tenía. No entendía nada. ¿Qué tenía que ver él con todo esto? Estaba muerto. Una persona muerta no tenía influencia física en la realidad de los que seguían viviendo. ¿Qué cojones significaba eso del juego?

_Ah, porque me pareció extraño. Fue considerablemente detallista para tratarse de un amigo imaginario. Hizo un dibujo de él mientras ustedes estaban fuera, a petición mía._ dijo y de su bolsillo sacó un papel arrugado y doblado. Lo extendió y lo dejó en la mesa, para que pudieran examinarlo minuciosamente. Eran trazos muy cuidados, aún siendo los de un pequeñajo. Se preciaba la cara de un niño, de ocho años aproximadamente, de cabello rubio, y ojos azules. Sería un retrato muy bonito si no tuviera esa sonrisa macabra que le desfiguraba el rostro. Una media sonrisa, que hacía medio arco hacia el lado derecho de su cara. Diabólica sería una buena palabra para describirla.

Yagami por primera vez, no supo qué decir. Wow, Near debía de tener una imaginación gigantesca. Pero no quería admitir que esto se estaba volviendo algo levemente aterrador. Primero Matt y luego, el bar. ¿Acaso ése chico aparecía cuando iba a desatarse una desgracia? ¿Era un truco/ilusión creada por el subconsciente de su sobrino para sobrellevar los momentos traumáticos? Esta opción le resultó óptima y verosímil, sin embargo, seguía siendo espeluznante. Esa sonrisa demoníaca le retorcía las tripas.

A su vez, Ryuzaki tuvo ganas de vomitar. Esto estaba escapando de su control. Los fantasmas no eran reales. Era imposible que Near supiera algo sobre Mello. ¿O tenía poderes parapsicológicos que le permitían comunicarse con los seres del más allá? Eso sonaba a argumento de novela de misterio pedorra. Su hijo era un chico normal, no tenía esquizofrenia ni algún desorden que lo hiciera alucinar. Ése niño NO vivía. Mello NO era real, no podían verlo, ni tocarlo. Lo que no le cerraba en la cabeza era, ¿Cómo sabía sobre él, si ni lo había conocido? Nadie más que L sabía que Mello había estado en el mundo de los vivos.

Lo más razonable sería pensar que todo era coincidencias, no obstante, como detective su regla de oro era que éstas no eran más que una serie de eventos que tenían relación. O sea, las casualidades tampoco existían. ¿Entonces qué estaba pasando?

El silencio reflexivo fue roto por la voz de la mujer, quien se había dado cuenta de que había metido la pata:

_Bueno, no importa, esto no me incumbe. Perdonen si les causé algún disturbio, no soy psicóloga, pero creo que los afectó más a ustedes que al niño. Será más conveniente que no nos inquietemos más por esto, tienen que ir a ver cómo está Near. Un amigo imaginario no es algo inusual en los niños, después de todo._ Sonrió condescendiente.

Light y L no respondieron y se encaminaron hacia la habitación en donde un durmiente albino los esperaba. Los pasillos blancos y repletos de personas sufrientes les provocaron escalofríos e incomodidad. Sin mencionar pena ajena. Tanta gente sufriendo, angustiada. Un padre con sus dos hijos, abrazados, llorando y preguntando cuándo volvería su mamá. Una señora embarazada abrazada a su vientre gimoteaba repitiendo el nombre de su marido. El ambiente manaba un asqueroso olor a muerte. Los Shinigamis debían tener mucho trabajo en ése tétrico edificio. Los demonios de los humanos vagaban causando estragos y trayendo los peores sentimientos.

Si en una cosa estaban de acuerdo Light y Ryuzaki, era que los hospitales eran estructuras en donde se podía apreciar el dolor en todo su apogeo, tanto moral como físico. Era espantoso.

Con nerviosismo, tocaron la puerta e hicieron un hallazgo que no sabía si darles enojo o miedo, a pesar de ser conscientes de que era una ridiculez, dado al ateísmo de Light y el agnosticismo de L. El cartel indicaba que el número del cuarto era el 666. Gracias por tanto, muchachos. Menuda cargada de mal gusto.

oOo

_ Vayamos al parque un rato_ dijo el moreno, agarrando con sus manos firmemente las manijas negras de la silla de ruedas.

_Sí, será saludable que tomes aire fresco, Near, el aire que hay en ese lugar es repugnante_ alegó el castaño. El albino estaba tieso, con unas de sus piernas enyesadas y la otra, vendada. Cuando cicatrizasen sus heridas, tendría feas cicatrices en su inmaculada piel. El susodicho abrazó el cuadro de su madre contra su pecho. L se había redimido y le había permitido quedarse con él.

La doctora Lidner había sido tan considerada de no contarle a su padre que tenía escondido en el pijama la foto y la tapa de la revista. Las tenía escondidas en la muda de ropa que su padre le había traído. Se las había ingeniado para ocultarlas de su vista el tiempo suficiente para colocarlas dentro de su bolsillo interno. No quería hacerle enfadar por revolver en sus cosas privadas.

Light tuvo en consideración aquel gestito, y con evidente fastidio, azuzó:

_Todo por ese cuadro de mierda._

_Deja de decir palabrotas delante del niño, Yagami, puede oírte_ L haciendo caso omiso a la mirada furibunda de su hermano, observó a su hijo. No había sentido ganas de llorar desde que se acordó de la muerte de su otro familiar, Beyond. Un nudo en la faringe le pedía que se librara de esa opresión que se estaba auto ejerciendo.

Pero no podía darse el lujo de llorar delante de su hijo. Él tenía que ver que demostrar que era fuerte, los niños necesitaban protección. Era estúpido, esa regla de que los adultos debían demostrar su fortaleza ante los pequeños, pero era vital. Todo ser humano requería de un pilar en el que apoyarse. Ese pilar debía de ser firme e indestructible, o pretender serlo. Muchas veces ellos no eran conscientes de que los mayores agonizaban más de lo que suponían. Aparte, ¿Él, el gran detective inexpresivo llorando como Magdalena? No, señor, debía controlarse. Lo importante era que su hijo se repusiera, y a él le correspondía encontrar al culpable de su malestar. Haría que metieran preso los hijos de puta que habían sido los responsable del incendio. Tamaña negligencia por parte de los dueños era inadmisible. Ni hablar de los que se aseguraban de habilitar el local. ¿Cómo no podían estar preparados para una situación de emergencia? ¿Cómo habían permitido que un local que no cumpliese los requisitos básicos estuviera abierto al público? Iba a ponerse a indagar en el tema hasta el fondo.

_Va a ir todo bien_ dijo voz alta para tranquilizar a los que lo acompañaban. Near seguía sin articular oración. Se inclinó hacia delante y le dio un beso en la cabeza, en la coronilla blanca.

_Todo estará bien_ reiteró, asegurándolo. Nadie le creyó. Ni él mismo.

Ya vale, hoy estoy calmada, por eso tengo piedad. Halle Lidner es uno de mis personajes femeninos preferidos. No es un estereotipo y me encanta su diseño.

Saquen todas las conclusiones que quieran, no voy a revelarse nada c:, como buena persona que soy xD.

No me explayé mucho en el tema de la fractura porque creo que poner cosas pseudotécnicas no va a lograr que esto sea "Un fic inteligente y maduro, para gente madura." No señores, yo estoy aquí para contar una historia, no dar clases de medicina.

Un saludo psicológico, SYTMMHC.