No habían pasado ni quince minutos desde que terminaron de comer y Rin ya había caído rendida en el pasto. Kagome dio una pequeña sonrisa, seguramente había resultado un día muy agotador para ella. 'Y no lo fue para todos', añadió mentalmente dando un suspiro.
Rememorando, a pesar de lo doloroso que resultaba, había algo parecido en lo sucedido en aquella misteriosa aldea y lo sucedido hoy en la aldea de la anciana Kaede.
Podía apostar su brazo derecho si era necesario a que aquella presencia maligna que sintió antes de que apareciera el oni gigante, provenía del cuerpo de Kikyou. Estaba completamente segura, podía hasta palpar las olas de energía maligna que salían de su ser, al igual que cuando Inuyasha había perdido el control. Definitivamente había algo o alguien detrás de todo aquello.
'Pero no detrás de la decisión de Inuyasha', escuchó una voz en su cabeza y al principio pensó que era la suya. 'Por ella, porque la prefirió a ella', seguía aquella voz y con cada frase se hacía más ajena.
'Porque ella siempre ha sido su verdad y tú vives en un tiempo prestado'. De pronto sus grandes y expresivos ojos marrones habían perdido el foco. 'Porque tú eres una simple copia y no importa lo que hagas, no importa lo que digas, NUNCA serás la original'. Si la observabas de cerca, parecía una muñeca sin vida. 'Porque desde el comienzzzzooo tu hubiesssesss dessseado ssser ella'.
"MENTIRA", se escuchó a sí misma gritar saliendo del trance al que había sido inducida sin darse cuenta.
La joven se llevó las manos al rostro y se sorprendió al sentir la humedad sobre sus mejillas. "Mentira, eso es mentira", susurró limpiándose el rostro con un poco más de fuerza de la que debería.
"Yo soy Kagome, yo soy yo. Mi alma es mía y nunca quiero ser como nadie, mi corazón es mío, mis sentimientos son míos". Había alguien ahí con ella, podía sentirlo en la parte más oscura y alejada del claro en el que estaban descansando.
(1)
Ah y Un levantaron sendas cabezas observando casi desesperados mirando a todos lados, dando un respiro tranquilizado al ver que la pequeña humana estaba descansando apoyada en su lomo. Las dos cabezas de dragón se miraron y luego observaron a la humana más grande temblando sentada más alejada de ellos, aquella cosa que sintieron era mala, muy mala, ni siquiera su gran señor Sesshoumaru sama era tan temible como esa cosa; pero ya estaban más tranquilos, la humana más grande se estaba encargando de esa cosa fea así que no habría ningún peligro para su pequeña humana.
Kagome comenzó a erguirse temblorosa, era aquella presencia horrorosa, la misma de las otras dos veces. Si no fuese una exageración se hubiese atrevido a decir que se trataba de la más pura e inconfundible maldad, sin ningún disfraz y ningún recipiente.
Cerró las manos en fuertes puños y observó directamente a aquel punto de una oscuridad más negra de lo normal. Con una voz tan firme que no sabía que poseía se dirigió a ese lugar en el claro del bosque alzando el tono de su voz. "MI DESTINO ES MIO Y NO ENVIDIO NI TENGO POR QUÉ ENVIDIAR A NADIE. LO DE CADA CUAL ES DE CADA CUAL Y ASÍ DEBE PERMANECER PORQUE ASÍ HA SIDO DESDE EL COMIENZO".
Automáticamente aquella desagradable sensación desapareció y la joven respiró más tranquila. Estaba segura que aquel ser sea lo que fuere había intentado manipularla y no lo había logrado.
Se sentó nuevamente en la posición anterior en la que se encontraba con la pequeña Rin descansando ajena al peligro. Podía jurar que ni bien terminó de hablar escuchó tan lejano como si estuviera a miles de kilómetros, el alarido furibundo de una bestia y Kagome sabía, sentía dentro de su pecho que esa bestia no era un youkai, ni siquiera un espíritu … Aquella bestia era un demonio salido del mismísimo infierno.
(2)
Envidia caminaba arremetiendo con todo lo que infelizmente se encontraba a su paso. Su rostro estaba contorsionado en una mueca de cólera que asustaría al más valeroso de los hombres al verla acompañada de ojos amarillos con una línea por pupila casi tan idénticos a los de una serpiente.
Sería posible que ese remedo de mocosa, porque ni siquiera era una mujer aún, ni siquiera había cometido el pecado original, le hubiese devuelto su control mental de esa manera.
Sus dientes se habían convertido en filosos colmillos como la boca de un tiburón, de la que brotaba un líquido negro y viscoso muy semejante a la brea que al hacer contacto con el suelo lo perforaba sin dificultad. Aquel ser en esos instantes asemejaba un animal rabioso.
"Esa humana", gruñó con la voz de un hombre entrado en quien sabe cuántos años. "Esa asquerosa mocosa tiene que desaparecer", rugió desgarrando su vestido verde con garras negras y extremadamente filosas.
No existía ser en la tierra que no desease nada de otro, no había humano en el globo terráqueo que no añorara, aunque sea en la más ínfima de las formas, algo que no le pertenecía.
La destruiría, la haría pedazos. Quién se creía para haberle hablado de esa manera, quién se creía para haberle causado esos sentimientos tan desagradables y nuevos de inseguridad y temor cuando había mirado directamente hacia donde estaba y le había hablado como si fuese su igual.
(3)
"Tranquilízate en este momento", escuchó la voz de la más calculadora de sus hermanas y volteó a observarla. Avaricia ni siquiera se inmutó al observar aquella apariencia que hubiese matado del susto a más de uno.
"Te dije que esa chiquilla es un misterio, es muy peligrosa y guarda una cantidad inexplicable de poder sagrado …". "Peró cómo?" le interrumpió de un grito histérico, "cómo es posible, cómo ha podido repelerme, cómo?. La hubieras visto", aullaba descontrolada. "Me miró, estaba segura que me vio y cómo pudo?. Ella no puede, no es posible, no es capaz, no existe ser capaz".
Avaricia acomodó los cabellos marrones de su perfecto peinado cuidadosamente debajo de la diadema dorada de gran tamaño que llevaba sobre la cabeza como una especie de vincha, aparentando que no había escuchado nada. "Cierra la boca y piensa con frialdad, si logramos adueñarnos de ella y de su poder todo será más simple. Tienes que admitir, hermana mía, que su poder es bastante grande y que si podemos tenerlo …", sus ojos se tornaron en ese momento del color de la sangre misma, pero no solo sus pupilas, sino todo su globo ocular.
"Nadie va ser más poderosa…", 'que yo', "que nosotras".
La mujer de cabellos amarrados en forma de grandes cuernos la observó, ya estaba más sosegada y había vuelto a su impecable apariencia femenina. "Esa mujer va desaparecer, pero antes la haremos sufrir".
Delante de ellas apareció una de sus hermanas menores, arreglando sus cabellos violetas delante de su espejo de mano, al igual que el corcet violeta de su pomposo vestido. "Ira nos manda a salir de aquí. El lobo se acerca y la bruja del viento llegará en algunas horas".
"El perro vendrá un poco después del lobo" agregó, soltando el espejo que llevaba en sus manos, y este desapareció justo antes de chocar contra el suelo para hacerse pedazos. Su sonrisa se ensanchó casi antinaturalmente, dejando ver unos peligrosos colmillos tan grandes como los de una fiera en lugar de sus incisivos. "Y ahora es mi turno", susurró aquella aterradora mujer vestida de violeta desde lo más hondo de su garganta, con una voz que estaba al borde de rodear una insania extrema.
(4)
Kagome ya se encontraba mucho más tranquila, ahora lo que le preocupaba era que había dejado su mochila en la aldea y no había forma de recuperarla, no pretendía regresar a aquel lugar hasta que pasase un buen tiempo; sin embargo, el que no tuviese su mochila amarilla representaba un inconveniente terrible.
La joven se acomodó sobre su costado derecho, sentía como los párpados le pesaban y aunque por alguna razón no quería quedarse dormida aún, sus ojos ya no soportaban. Lo último que le vino a la mente antes de viajar hacia la tierra de los sueños era en qué momento regresaría Sesshoumaru, ya se había tardado demasiado.
Pero de todos modos, ella por qué se afligía?, no era como si … fuesen amigos.
(5)
No recordaba cuando tiempo había estado durmiendo, pero seguramente no había sido mucho, el cielo todavía permanecía oscuro.
Lo que la despertó fue el sonido de unas pisadas lentas, casi arrastradas. Sentía como si su cuerpo fuese a saltar en cualquier momento imaginando que se trataba de aquella terrible presencia, pero casi instantáneamente dio un hondo respiro, no era ninguna presencia maligna.
Se levantó tratando de ajustar su visión a la oscuridad. El fuego de la fogata se había extinguido en algún momento de su corto sueño y lo único que la alumbraba era una fría noche estrellada y sin luna. 'Inuyasha … es humano', fue lo primero que se le vino a la mente sin poder evitarlo.
El dueño de los pasos tan pesados y languidecentes se acercaba poco a poco. Kagome caminó hacia él, no sentía ninguna presencia maligna proveniente de aquella persona. Por el contrario, cuanto más se acercaba y la silueta de aquel ser tomaba forma, el reconocimiento llegó hacia ella, apurando sus pasos para llegar hasta él, tapando sus labios al ver finalmente el estado en el que se encontraba.
"KOUGA KUN", gritó en desesperación alcanzándolo en el momento justo en que se desplomaba contra el suelo, había alcanzado a sostenerlo de los hombros, pero el peso de su cuerpo los había hecho caer de rodillas a los dos.
Lo empujó lo más suavemente que pudo para verlo con claridad, si cuerpo estaba lleno de magulladuras y cortes idénticos a los que tenía cuando tuvo la primera batalla en el castillo de Naraku.
"Kouga kun que te sucedió, qué ha pasado?", le dijo esta vez más calmada, tratando de enderezarlo, le daba nostalgia no sentir la familiar presencia de los fragmentos de shikon en sus piernas.
El ookami apenas respiraba, levantó el rostro y el horror y el desaliento que ella observó en sus alguna vez preciosos ojos celestes la dejó pasmada.
"Ko … Kouga … Kouga kun", trató de decir, estaba genuinamente asustada y eso no le estaba permitiendo articular bien las palabras que salían de su boca. Respiró hondo y cuando estaba a punto de volver a preguntar el muchacho abrió la boca, sus ojos habían vuelto a enfocar la realidad y esta vez lo que vio Kagome hizo que se tranquilizara aunque fuese un poco, era la misma energía que el joven lobo solía tener.
(6)
El muchacho la reconoció finalmente y sus ojos se suavizaron, levantó su mano derecha y acarició la mejilla de la sacerdotisa, maravillándose ante la suavidad y calidez de aquella frágil tez humana.
"Te he extrañado tanto", le susurró y ella automáticamente se sonrojó. Jamás había escuchado un tono tan serio cuando bromeaba con sus afecciones para con ella.
"Kouga Kun por favor dime qué ha pasado, por qué estás en ese estado?", le volvió a preguntar por enésima vez, poniendo su mano izquierda sobre la de él que era notablemente más grande.
El joven dio una pequeña sonrisa que no se parecía en nada a las que usualmente le daba. Tomó su mano entre las suyas y se sentó acomodándose en el pasto, tratando de ocultar el dolor y la incomodidad que le causaba las graves heridas y magulladuras que tenía sin ningún éxito.
"Nunca voy a terminar de entender que fue lo que sucedió", comenzó y la miko proveniente del futuro tenía una fuerte corazonada respecto a lo que iba a escuchar. Estaba casi segura que lo que fuere que había sucedido era culpa también de esa presencia maligna que parecía estar atormentándolos a todos.
"Estábamos como siempre manteniendo vigilancia en la cascada sabes?. Las mujeres y los niños en la parte interior", en ese momento podía jurar que por unos segundos logró escuchar cómo se le entrecortaba la voz. "Habíamos decidido tomar un descanso de la búsqueda de Naraku para ver cómo estaban las cosas en nuestros territorios".
"Tú debiste haberlo percibido también no?. Fue de la nada, los fragmentos ya no …". Kagome asintió, "la perla ya no existe, la destruyeron, yo también lo sentí".
Los hermosos ojos del ookami se abrieron tan grandes como dos platos. "Qué no existe?, de qué estás hablando?. Yo solo pensé que de alguna manera Naraku había encontrado la forma de quitármelos", exclamó sin poder salir del estupor.
Ella meneó la cabeza de lado a lado, dándole la negativa. "No sé si Naraku o alguien más, pero la perla de Shikon ya no existe en este mundo".
Kouga se quedó callado varios minutos, no podía creer lo que estaba sucediendo y ahora que lo pensaba, "dónde está el cara de perro?", preguntó extrañado al no sentir su presencia ni la de sus demás compañeros humanos, ni escuchar sus insultos y estupideces, aún peor, qué hacía Kagome sola en medio del bosque?.
La muchacha simplemente bajó la cabeza y la movió nuevamente de lado a lado, esta vez fue el turno de él de sentir como un golpe la tristeza irradiando de ella. "Eso después, primero dime que sucedió contigo". El ookami asintió y le contó todo lo que había ocurrido, de un momento a otro habían pasado de estar en un día normal, a un baño de sangre interminable.
(7)
Todo había comenzado con la desaparición de los fragmentos, al dejar de sentir su presencia había quedado sin palabras, pero había decidido también que lo mejor era no alarmar a nadie por el momento. Tenía que pensar con calma y frialdad cuál sería su siguiente movimiento, sin embargo unos gritos lo sacaron de sus cavilaciones.
Cuando volteó lo único que podía registrar era a todos corriendo histéricos de un lado a otro, grandes cuchillas de energía caían del cielo, las únicas palabras entendibles que llegaban a sus oídos eran: "Ryuujin no mai", una y otra vez, una y otra vez y no podía entender como no había percibido nada de esto suceder ni acercarse hacia ellos.
"En el momento en que la vi parada sobre su pluma atacando a mi gente como aquella vez, sin importarle si habían mujeres o niños, no sé qué se apoderó de mi. Cambié, hace mucho que no cambiaba de forma, hace muchísimo quizá porque con los fragmentos no lo necesitaba".
"Subí hasta donde estaba ella y aullé como nunca, provocando que muchos de mis hombres cambien como yo".
Kagome escuchaba incrédula lo que el ookami le decía, ya estaba teniendo una idea de lo que había ocurrido y por fin se había percatado de que por primera vez en el tiempo que lo conocía, los fieles Ginta y Hakkaku no iban al lado de su señor o llegaban agitados después de haber corrido kilómetros para alcanzarlo.
"Lo único que te puedo decir es que la Kagura que vi … Sus ojos eran tan negros y vacíos que te ponían los pelos de punta, no tenían pupilas ni nada. Todo, toda la cuenca de sus ojos era negra y lo único que hacía mientras nos atacaba era reírse como alguien que ha perdido la razón".
"Tengo que admitir por primera vez en mi vida que nunca tuvimos una oportunidad contra ella, ni siquiera yo. Y estoy seguro que a mí me dejó escapar por alguna razón". Dijo observando el suelo revestido de pasto.
"Jamás dijo una sola palabra y me dejó al borde de la muerte observando toda la masacre que había causado".
La joven se cubrió los labios con las dos manos, el ookami bajó la cabeza quedándose inmóvil por unos instantes y ella pudo de pronto observar las lágrimas que caían de la cabeza gacha del hombre sentado a su lado. "No quedó nadie, ni siquiera Ginta y Hakkaku … y yo …", un gemido tan lastimero como el de un animal herido abandonó sus labios interrumpiendo lo que estaba diciendo, provocando que a la miko se le estrujase el corazón.
"No pude hacer nada, no pude hacer absolutamente nada" gruñó y ella estaba segura que si no fuese por el estado en el que se encontraba ese débil gruñido hubiese sido un rugido lleno de impotencia y dolor.
(8)
Kagome se arrodilló frente a él al instante y con la suavidad que la caracterizaba cogió cada lado del rostro del ookami ouji y lo levantó delicadamente.
Kouga se sorprendió al observar los grandes y brillantes ojos café de la mujer humana que le había robado el corazón llenos de lágrimas, pero la ternura de su toque lo tranquilizaba como no pensó que algo lograría hacerlo en ese momento.
Dentro de aquella tristeza que la inundaba nuevamente, esta vez por ver a alguien como él en ese estado y por sus dos buenos amigos, sonrió con dulzura. "Lamento tanto todo esto que esta ocurriendo Kouga Kun, pero por favor, no te rindas. Si estas vivo es por una razón, no debes dejarte ir. Algo muy malo esta sucediendo y tenemos que averiguar que es". "Esta no es la primera desgracia que ha ocurrido en este corto lapso de tiempo, onegai Kouga kun, onegai resiste, resiste junto a mi". Le dijo mientras acariciaba sus mejillas con la paciencia y ternura con la que una madre consolaría a un niño pequeño.
A pesar de todo el dolor, no pudo dejar de sentirse más enamorado de ella que nunca en todo el tiempo que la conocía. Kouga sonrió y puso sus manos sobre las de ella nuevamente. "Ha sido un milagro completamente divino el haberme cruzado justamente contigo en este momento".
La miko soltó un suspiro aliviado al observar un poco más de vida en los ojos de uno de sus amigos más queridos. "Ven conmigo Kouga Kun, hay un arroyo aquí cerca, tenemos que limpiar bien tus heridas".
(9)
Se había alejado lo más que había podido de dónde las había dejado, necesitaba aclarar su mente y sobre todo en ese momento necesitaba alejarse de aquella mujer.
Definitivamente no le había mentido en todo lo que le había dicho sobre su procedencia, pero aquello que sintió cuando la vio exponer su piel para demostrarle que había dicho la verdad. Qué clase de brujería estaba practicando esa onna con él, quizá se debía a que su energía sagrada había entrado tan en contacto con él como para devolverle su brazo, que estaba causando esas reacciones extrañas.
Devolverle su brazo … Si, ella le había devuelto su brazo. A quién estaba intentando engañar?, aquella mujer humana era realmente poderosa, todo este tiempo la había estado subestimando de tal manera y en estos pocos días había visto de lo que era capaz. Jamás hubiera pensado que un desagradable y patético humano pudiera llegar a tanto, pero ella lo había sorprendido de tantas maneras.
Un gruñido abandonó sus finos labios mientras lamía la sangre que manchaba sus garras después de haberse alimentado. Por qué era que de un tiempo a esta parte solo ella plagaba su mente, ella y su enigmático comportamiento, ella y sus complicadas emociones humanas, tan cambiantes y extrañas.
Preparándose para regresar se tomó unos instantes para observar el cielo estrellado, se había ido bastante lejos, pero llegaría en cuestión de minutos. Nuevamente dirigió sus ojos hacia su brazo recientemente regenerado, él ya no era un cachorro ni mucho menos poseía la inmadurez mental del hibrido que compartía la sangre de su gran padre, pero eso no significaba que aceptaría el rumbo que estaban tomando sus pensamientos, los detendría y se centraría en lo que tenía que centrarse.
Ni bien comenzó a acercarse al lugar donde había dejado a la mujer y a la niña junto al dragón de dos cabezas y al renacuajo que tenía por sirviente, percibió aquella presencia maligna e inconscientemente aceleró la velocidad, llegando aún más rápido a su destino.
Aquella presencia se había retirado del lugar hace ya buen tiempo y aparentemente no había ocurrido nada fuera de lo normal, el cachorro de humano seguía tranquilamente dormido sobre el lomo del dragón de dos cabezas, el inútil de Jaken estaba igualmente dormido un poco más lejos, apoyado en una roca y … La sacerdotisa no estaba por ningún lado.
Un nuevo aroma llegó a sus sensitivas fosas nasales, se trataba de un ookami, uno de la tribu del este para ser exactos y junto a él se encontraba la miko. Esa mujer humana definitivamente era un imán para los problemas.
(10)
Sentado a las orillas del arroyo, el ookami no podía dejar de observar a la muchacha mientras iba de un lado para otro recolectando hierbas para curar sus heridas a pesar de que en el camino le había dicho incontables veces que no se preocupara, que en unos días iba a estar como nuevo.
Kagome realmente era sorprendente, a su lado se sentía, a pesar de todo, bastante tranquilo.
De pronto la vio aparecer a su lado con una gran sonrisa y con las manos ocupadas. Se sentó frente a él, arrodillándose con cuidado y dejo todo lo que tenía en las manos a un lado. "Listo, ahora sí", comenzó, "ya sé que ustedes los youkai se curan solos y todo eso, pero con esto va ser aún más rápido", anticipó antes de que él pudiese decir algo. Él simplemente sonrió y se la quedó mirando mientras ponía sobre una de las piedras que había estado cargando una cantidad de plantas y con una más pequeña las iba aplastando hasta formar una masa. En qué momento Kagome se había vuelto tan hermosa y tan mujer.
La muchacha estaba haciendo exactamente lo que la anciana Kaede le había enseñado una de las tantas veces que había que curar las heridas de Inuyasha. Para los youkai o seres sobrenaturales, había dicho, se necesitaban hierbas especiales y afortunadamente cerca de donde ellos se encontraban había bastantes de estas.
Ella sonrió nuevamente y tomó un poco de la mezcla que estaba preparando en su dedo índice y medio de la mano derecha y observó al muchacho, "me permites?", le dijo y él se sonrojó, parecía como si ella hubiese crecido en todo este tiempo que no la había visto. Asintió sin poder decir ni una sola palabra y ella comenzó a untar esa mezcla de aroma extraño pero no desagradable sobre cada una de sus heridas.
Su toque era tan suave y delicado que a pesar del dolor de los graves cortes sobre su piel, tenía ganas de suspirar, estaba a punto de dejarse llevar por la sensación de ser cuidado, pero en ese instante recordó que ella había estado sola en el prado, sola sin él hanyou y sin sus amigos. "Dijiste que me ibas a decir que sucedió con el híbrido cuando yo terminara de contarte lo que me pasó", le dijo de la nada y al instante sintió el cambio en su aura y lo vio reflejado en su rostro, arrepintiéndose automáticamente de haber preguntado.
(11)
Mientras estuvo curando sus heridas le fue contando todo lo sucedido desde la aparición de ese misterioso aldeano hasta el momento en el que se encontró con él y con cada palabra que decía podía hasta palpar el dolor y la decepción que salían de ella en olas y lo mismo ocurría con él, pero no era dolor ni decepción, no, no, no. Estaba detestando con toda su alma a ese maldito y asqueroso perro, es más en el momento en que lo viera lo iba a matar a golpes.
Con cada palabra que salía de la boca de la joven la ira se acrecentaba más y más dentro de él y lo peor era que ella parecía haber conciliado con todo lo sucedido como si no se tratase de nada. Se mantenía callado porque sabía que si habría la boca iba a terminar diciendo algo que probablemente la heriría más que otra cosa, él siempre había sabido que ella estaba completamente enamorada del híbrido y también sabía que al híbrido no le interesaba otra cosa que no fuese esa mujer que comía almas de humanas jóvenes, pero las cosas habían llegado a un punto en el que todo simplemente estaba mal.
"Cómo es posible que hayas aguantado todo esto?", le preguntó cerrando las manos en fuertes puños, no había podido aguantarse la frustración.
Kagome finalmente había terminado de aplicar la mezcla en sus brazos y piernas y ahora iba a pasar a su rostro. "Ya sabes las razones. Pero eso no es lo que debe importarnos ahora", le dijo esta vez bastante seria y decidida, lo cual sorprendió al hombre que estaba siendo atendido por ella, todo rastro de tristeza había abandonado su aura. "Creo que lo que sea que haya estado detrás de todo lo sucedido con nosotros estos días, también ha sido el causante de lo que ocurrió con tu tribu", eso lo agarró por sorpresa. Era verdad, también estaba lo de esas extrañas presencias que habían estado en los momentos claves del relato de la mujer humana que había robado sus afecciones.
"Crees que se trate de Naraku?", le preguntó. Ahora estaba atendiendo las heridas en su cara y la tenía demasiado cerca, su delicioso aroma a jazmines y rosas estaba comenzando a embriagarlo poco a poco. Sería acaso porque no la veía hace muchísimo tiempo?, o era que estaba oliendo más delicioso que de costumbre.
"No estoy segura", le respondió la joven y estaba a punto de decirle lo que ella había estado pensando, pero fue interrumpida por la imponente energía demoníaca del hombre que la había llevado consigo justo detrás de ellos.
"Sesshoumaru", susurró, pensaba tener más tiempo antes de que el regresase para explicarle las cosas a Kouga.
