¡Bienvenidos a la segunda temporada!
Sé que pasó mucho tiempo desde que terminé esta historia. Sin embargo, quedaron muchos cabos sueltos y, finalmente, decidí darle una continuación, aprovechando que el manga original está terminado. Este capítulo contará con muchos elementos que, para ustedes, seguramente no tendrán sentido, ni orden lógico. No obstante, quiero darles la tranquilidad que todo se aclarará en los siguientes capítulos, donde iré contando el cómo y por qué cierto personajes vuelven a aparecer.
Como dato importante, esta historia la creé hace mucho tiempo, por lo que, para darle sentido a todos los personajes canon, he decidido meterme con ciertos asuntos espacio temporales. Después se volverá al lugar y tiempo adecuado.
Disclaimer: La historia original de Naruto, y sus personajes, corresponden a Masashi Kishimoto. Todo personaje que no reconozcan, seguramente es de mi propiedad. Agradezco cualquier feedback que venga de ustedes, así como sus consultas en caso de no entender algo en particular.
La decisión más acertada fue la de quedarse unidos por sus colas. De otra manera, el paso por aquel inestable portal habría sido realmente complicado y seguramente se habrían separado y saltado a quien sabe qué lugar o espacio.
Tanto Kurama como Kazuki unieron una de sus colas a cada uno del resto del grupo, y entre ellos se envolvieron con dos. No iba un grupo muy extenso, pero eso debía ser suficiente para evitar el cansancio excesivo en los cuerpos de ambos. Dejaron a Naruto como el estabilizador del portal, desde el otro lado, junto con Sasuke, el hijo de éste y otros que podrían ayudarle.
El viaje no tardó mucho, y llegaron a una zona frondosa en un bosque cercano a la aldea. Se extrañaron al ver edificios que no reconocían, incluso más allá del monumento de los Hokage, en el cual se apreciaba un rostro extra al que ellos conocían. Con una simple inspección, los más astutos se dieron cuenta de inmediato qué sucedía.
- Estamos en un mundo paralelo. Viajamos a otro universo, por eso necesitaron una enorme cantidad de chakra – explicó Kazuki, mientras se arreglaba un poco su traje de combate bajo la toga negra que usaba el grupo completo, a excepción del Kyuubi.
- No logro detectar a los objetivos en un radio de tres kilómetros – acotó el pelirrojo, mientras observaba el perímetro, buscando algún indicio.
- Tenemos que apresurarnos a la aldea – sugirió uno del grupo, que ocultaba su negra cabellera con un sakkat bastante amplio – Puede que busquen al Naruto de este mundo para extraerle al Kyuubi –
- Tienes razón – Kazuki le miró con sus orbes rojizas, muy calmado – Mantengan un perfil bajo, si la historia es similar, ustedes no deberían estar por aquí – ordenó serio, siendo obedecido en el acto, cuando aquellos acompañantes desaparecieron de la vista.
Tanto padre como hijo emprendieron marcha a la aldea. En pocos minutos llegaron a la entrada principal y la seguridad parecía más estricta que en su mundo, presentando algo que parecían identificaciones. Estaban a unos metros, cuando uno de los guardias perdió el color de su rostro y corrió hasta la caseta. Por suerte, Kazuki fue más rápido y en un simple parpadeo sometió a todos los de alrededor en un genjutsu, dejándolos inmóviles.
Avanzaron con calma, asegurándose que los infiltrados que les acompañaban también hayan cruzado la seguridad de la entrada. Una vez se alejaron unos cien metros, rompió la ilusión a distancia, sin levantar sospechas de sus presencias.
Lo que no lograron alertar a tiempo fue que no sólo ellos habían logrado la entrada desapercibida a la aldea. Sus enemigos, muy bien camuflados y protegidos, se dirigían a la torre del Hokage, con una ventaja de algunos minutos, los suficientes para poder cometer su vandálico acto. Los pasos presurosos de ambos grupos alertaron a los ninjas más experimentados de la aldea, quienes con un suave sistema de señas hicieron llegar un mensaje urgente al líder máximo, siguiendo de cerca a aquel de toga negra con cabellos rubios.
- ¡Hey! ¡Tú! – Lamentablemente, las mismas señas alertaron al escandaloso rubio hijo del Hokage - ¿Quién eres? ¿Cómo lograste entrar a la aldea? – Encaró, plantándose frente a los dos Kyuubi - ¿Por qué te pareces a mi padre? – Alzó una ceja, mientras una chica llegaba a su lado en silencio, y otro sonriente muchacho se posaba a la izquierda.
- Porque soy hijo de Naruto Uzumaki – explicó risueño.
Kurama se palmeó la frente, suspirando. No podía creer que su hijo fuera tan inocente como para responder francamente a una pregunta directa. Ahora tendrían que dar muchas explicaciones.
- ¿Tienes un hermano? – Preguntó el chico peliceleste al rubio que tenía a su lado, completamente divertido con la situación y la cara de sorpresa del otro, igual que la chica que les acompañaba.
- ¡Solo tengo a mi hermana Himawari! – Respondió el rubio muy molesto con la risa burlona de su amigo.
Una explosión sacudió el terreno y una columna de humo se elevaba desde el edificio principal y sede neurálgica de la aldea; la torre del Hokage había sufrido un ataque.
- ¡Akatsuki! ¡Protejan al Hokage a toda costa! – Exclamó Kazuki a sus compañeros ocultos, quienes salieron de las sombras y saltaron a gran velocidad por los tejados - ¡La línea de mando la tiene Itachi Uchiha! – Alcanzó a indicar antes de que se alejaran más, mientras Kurama y él eran rodeados por un grupo de ninjas que ambos conocían pero que a ellos dos no.
- ¿Uchiha? – La joven desvió su mirada hasta donde los ninjas habían saltado, sorprendida de escuchar el nombre de su tío; el apellido de su familia.
- Tienen mucho que explicar, forasteros – Chōji se acercó a ambos, con una cara poco amigable y su corpulento cuerpo frente a ellos, en guardia ante cualquier movimiento.
- Más importante es ayudar a Naruto – Kurama por fin sacó la voz, bastante molesto por la situación – Los bijuu han atacado la torre y no con intenciones amigables – advirtió, dando un paso adelante. Iba a dar otro, pero sintió como sellaron sus movimientos.
- Atadura de sombras – murmuró Kazuki, quien también estaba atrapado en la técnica de Shikamaru.
Ambos sabían que no debían lastimarlos. Ambos sabían las capacidades del grupo de ninjas que se había reunido, los cuales si se lo proponían pondrían en serios apuros tanto a Kurama como a Kazuki. La élite de Konoha los tenía en custodia, y difícilmente podrían contra la mente de Shikamaru y, lo que deducían, su hijo, que también parecía ser un genio en cuanto a planificación y estrategia.
Mientras tanto, la torre del Hokage parecía levemente destruida en la parte superior, con varios papeles volando por los aires y escombros que caían al suelo, alejando a los civiles que transitaban por ahí.
Itachi y los otros cuatro que le acompañaban llegaron rápidamente al lugar. Lograron ver cómo apresaban y terminaban de sellar a Naruto, impidiéndole moldear su chakra o utilizar las reservas de su bijuu.
- Puedo sentir el chakra de todos los bijuu en tu interior… - comentó aquel negro ser, sacándole un escalofrío al rubio. Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa voz.
- ¿Cómo escapaste, Zetsu negro? – Naruto era fuertemente apresado por otros dos ninjas robustos, que según pudo apreciar tenían una gran cantidad de chakra.
- Será mejor que lo dejen en paz – Itachi llegaba justo a tiempo con su grupo, quienes rodearon a los objetivos de la misión.
- Siempre tan molesto, Uchiha… - Zetsu se molestó bastante con solo ver el rostro del pelinegro. Con una discreta señal, uno de los ninjas noqueó con un fuerte golpe en la nuca al rubio, mientras lo lanzaba al suelo – Al menos ya tenemos lo que queríamos – Comenzó a fundirse en el suelo, arrastrando consigo a los otros dos que le acompañaban.
El cuerpo de Naruto también iba siendo absorbido por aquel sujeto, haciendo que uno del grupo sacara sus hilos de chakra y los atara a las extremidades del Hokage, sacándolo por la fuerza. Los otros decidieron dejarlo, dado que no podrían seguir el rastro del Zetsu negro y su habilidad.
- ¡Alto! ¡No se muevan! – Unos veinte ANBU rodearon a los cinco que acompañaban y verificaban el estado del rubio inconsciente.
- Tenemos órdenes de proteger al Hokage – Itachi se giró y encaró a los ninjas, quienes tragaron grueso. Los más viejos reconocieron las capas negras con nubes rojas. Akatsuki estaba ahí, y con los miembros originales, vivos – Cualquier acercamiento será considerado hostil y responderemos – sentenció.
Deidara, Sasori, Kakuzu, Konan e Itachi rodearon al líder de aquella aldea, en formación defensiva, preparados para contra atacar.
- Necesita una revisión. Su flujo de chakra es inconsistente – la voz suave e inconfundible de Konan dio un estado preliminar.
- Yo le revisaré, si no les molesta –
Un paso firme y elegante entró en la semi destrozada oficina del Hokage. Sakura ingresaba rauda, reconociendo de inmediato a aquellas personas – Soy Sakura Uchiha, ninja médico de Konoha y sucesora de Tsunade – se identificó ante los ninjas renegados.
- Oh… - Itachi no ocultó la sorpresa – Adelante – se movió de su lugar para darle paso, sin dejar de prestar atención a los ANBU. La vio emitir chakra con sus manos, distribuyendo algunos puntos específicos para tratar de liberar el flujo – Así que en este mundo te casaste con Sasuke – no pudo evitar decir, sonriendo.
- Y tenemos una hija. Se llama Sarada – respondió – Es tan hábil como tú – reconoció.
- Me alegro escuchar eso. En nuestro mundo tiene un hijo, Tetsuya – relató, relajando un poco su postura ante tan amena conversación.
- ¿Con quién? – Sakura no podía evitar preguntar – No puedo liberar sus puntos de chakra, están sellados – dejó a un lado el tratamiento, dado que no habían heridas físicas que sanar.
- Si no circula su chakra, morirá en unos días – el pelinegro evitó responder adrede la pregunta de la Uchiha.
Un contingente de ninjas arribó a la oficina justo en ese momento, llevando consigo al líder de Akatsuki y el padre de éste, quien no pudo evitar acercarse con rapidez a Naruto. Todos los presentes se sorprendieron al ver la preocupación en el rostro del pelirrojo, ya que pocas veces dejaba salir sus emociones.
Kurama dejó salir tres de sus colas y las enfocó sobre el cuerpo del rubio, infundiendo chakra. Sin embargo, éste era absorbido sin poder hacerlo circular. Sacó una cuarta cola y dio un golpe de energía a la cabeza del Hokage, haciéndolo despertar súbitamente.
- ¿Qué pasa? – Asustado, revisó todo el lugar con la vista. Luego posó su mirada en el hombre que le sostenía, las colas - ¿Kurama? – No pudo evitar preguntar, dado que reconocía el chakra que emitía ese sujeto - ¿Itachi? ¿Akatsuki? – Sentía su cuerpo pesado – Mi cabeza… - se quejó, llevando una mano a su cabeza.
- No te esfuerces – la voz ronca y aterciopelada del zorro provocó un escalofrío en el rubio – Te prefiero con el cabello largo, Naruto – sonrió cálidamente – Ahora estás bajo nuestra custodia – explicó a la confusa expresión que emitió el rostro del menor.
- ¿Qué? – Cuestionó, tratando de incorporarse, pero no tenía fuerzas suficientes.
- Hokage-sama – Kazuki se acercó hasta ellos, burlando la atadura de sombras que tenía sobre él con facilidad e inmovilizando a todos los ninjas de aquella Konoha, exceptuando a Sakura y el mismo líder.
- Somos terroríficamente parecidos, excepto que tienes los ojos de Kurama – reconoció sin mucha vacilación.
- Él es mi padre. Mi papá está reteniendo el portal entre ambos mundos – se sentó en el suelo, cruzando sus piernas. Invocó su báculo del sabio, además de sacar su Rin'negan a la vista – Tus puntos de chakra están bloqueados y sellados. Evitaron la comunicación con Kurama y los chakras de los otros bijuus – inspeccionó rápidamente, tocando algunos con ligera presión en el abdomen y cuello – Con esto podrás comunicarte con ellos, pero sigues sin tener acceso a nada de chakra –
Kurama bufó molesto. Sintió el nexo entre él y el otro zorro encerrado. Sus pupilas se contrajeron levemente por la sensación de odio que emanó el cautivo, sin siquiera poder bloquearlo.
- Tendrán que darme muchas explicaciones. Necesitamos otro lugar para conversar. En mi casa, en este estado no puedo hacer mucho, todos mis clones desaparecieron – resignado, dejó caer su peso en los brazos del pelirrojo.
- Deberías ir al hospital, Naruto – Sakura le regañó, haciendo notar su presencia en la habitación.
- Hay muchas personas en ese lugar. Entre menos haya, mejor, en caso de un ataque sorpresa – Itachi se inmiscuía para convencer a la mujer.
- Exacto. Con Hinata atenderemos a los invitados. Manda a que reparen el edificio, y que no se preocupen, estaré en buenas manos. Creo que este contingente tan peculiar puede hacerse cargo – alzó la mirada hacia los Akatsuki con cierta gracia en sus ojos.
- Al menos alguien reconoce nuestra capacidad, ¡Hmpf! – Deidara bufó molesto, cruzándose de brazos.
- Es precisamente en ellos en quien no confío – rebatió la pelirrosa, rodando los ojos – Sasuke de seguro se enterará –
- Me encantaría hablar con él entonces – Itachi sonrió.
Decidieron emprender la marcha tras algunas conversaciones con los ninjas a cargo de Naruto, dejando claro que no quería vigilancia extra en su casa. Cuando iban de camino, con las indicaciones del rubio sostenido en una especie de cama formada por las colas de Kurama, se encontraron con Boruto y Sarada, quienes conocían la ruta.
- Indícales la casa, hijo. Estoy un poco… cansado – bostezó, cerrando sus ojos y durmiendo casi en el acto.
- ¡Hey! ¡Viejo! – Boruto trató de despertar a su padre, incluso golpeándolo en la cabeza, sin resultados – Me debes varias explicaciones, hermanito – amenazó con desdén a Kazuki.
- Las tendrás – respondió calmado – Pero necesito un libro de historia de la última guerra para conocer las diferencias entre nuestros mundos – se llevó una mano a su mentón, mientras seguían su rumbo.
- Me sorprende la facilidad con que has aceptado que son familia – Sarada molestaba a Boruto, quien fruncía el ceño con solo pensar lo complicado que sería todo.
- No lo estoy aceptando. ¡Su padre es un bijuu! – Exclamó enfadado, sin medir sus palabras.
- Soy un bijuu híbrido de la segunda generación. También soy un zorro de nueve colas – Kazuki parecía un poco dolido con las palabras del otro rubio – Nos iremos pronto, apenas capturemos a esos sujetos – giró su cabeza mirando hacia su destino, el cual no estaba muy lejos.
- No dejes que te afecte, mi pequeño – Kurama se acercó hasta él y revolvió su cabellos, muy gentil y cariñoso.
Tanto Boruto como Sarada se extrañaron de la actitud del que sabían era Kurama, el famoso Kyuubi. Creyeron que jamás verían una actitud comprensiva y cariñosa con humanos, salvo con Naruto mismo.
- Esa es mi casa – señaló Boruto a unos doscientos metros de distancia. Sintió un poco de remordimiento al ver el rostro apagado del otro rubio. Parecían de la misma edad, pero él no era tan susceptible a las palabras.
En menos de un minuto llegaron hasta la puerta de la casa. Boruto sacó sus llaves y abrió - ¡Estoy en casa! – Anunció, mientras se sacaba su calzado en el recibidor, dejando entrar al resto. Ellos le imitaron – Iré por mi madre, debe estar afuera –
- Primero dejar a tu padre en su cama – el pelirrojo miró severo al menor – Anda, llévame. Deja que la joven Uchiha se encargue – ordenó, sin dejar de lado su acento paternal.
- S-Sí… - Boruto sintió miedo. Era como si le regañara su padre, lo cual era terrorífico.
Lo llevó hasta el final del pasillo en el segundo piso, abriendo la puerta de la habitación de sus padres. Estaba impecable y ordenada, tal como siempre la había visto. Dejó pasar al zorro, quien manipuló sus colas hasta dejarlo acostado sobre la cama. Volvió a materializar tres colas, las cuales inyectaban chakra directo hasta sus puntos vitales, asegurándose que no moriría.
- ¿Te quedarás con él? – Boruto preguntó, un tanto incómodo.
- Morirá si no le doy mi chakra – explicó sin rodeos - ¿Qué edad tienes, Boruto? – Preguntó calmado. Vio una silla cerca, que seguramente usaba la esposa del rubio para el tocador, y la llevó a un costado de la cama, para sentarse en ella.
- Diecisiete – respondió un poco apenado – La misma edad que tu hijo –
- Kazuki tiene siete – suspiró – De por sí crece más rápido que otros niños, pero fue sometido a un poderoso genjutsu que aceleró su crecimiento – se cruzó de brazos, un poco molesto – Realmente lo lastimaste con tus palabras. En nuestra aldea hay mucha gente con resentimiento aun hacia los bijuu – miró a Naruto durmiendo – Pero él se encarga de protegernos. De darnos una mejor calidad de vida, de enseñarles a todos que solo queremos ser una familia normal y feliz – esbozó una media sonrisa, melancólica.
Boruto se mordió el interior de su labio inferior, reprimiendo una respuesta. La verdad es que quería responder algo, decirle que no era cierto. Que tenía la oportunidad de no sentir esa carga. Pero inconscientemente se negó a decirlo, porque no se lo debía a él.
- Quizás quieras contárselo a Kazuki. No a mi – Kurama le veía un tanto divertido, adivinando los pensamientos del otro – Eres un libro abierto, igual que Naruto. No le haré nada a tu padre, mi esposo me espera, el que me ama, y no le traicionaría – se acomodó en la silla, hundiéndose en sus pensamientos.
El Uzumaki se retiró en silencio. Escuchó ruidos desde el salón, donde intuía que estaría su madre y su hermana conversando con el resto del grupo, por las risas que salían de parte de Himawari. No creyó que nadie del grupo quisiera jugar con ella.
- ¿Cómo está tu padre, hijo? ¿Está lastimado? ¿Te encuentras bien tú? – Su madre de inmediato le bombardeó con preguntas del mismo estilo, las que le hicieron suspirar.
Kazuki estaba jugando con su hermana, muy animado, compartiendo juguetes en el suelo, incluso algunos de los peluches favoritos de la niña. Se habían enfrascado en un mundo de fantasías y dragones, caballeros, princesas, aventuras y misiones para derrotar a malvados trolls. Los ojos carmesí del rubio brillaban con tal intensidad que Boruto sintió envidia de su hermana, quien podía disfrutar de un momento tan cálido y entretenido con un extraño que era muy parecido a su padre.
Kazuki materializó tres colas de su forma zorruna, sin perder la concentración de su divertido juego con la niña. Las acercó hasta Hinata, Boruto y Sarada, y les envolvió cálidamente por la cintura, enroscándose por el cuerpo como serpiente, hasta llegar hasta sus cabezas.
- Les enseñará lo que sucedió, incluyendo lo que nosotros vimos, oímos y pensamos. Estamos unidos a él – Itachi explicó a los tres quienes se asustaron al principio.
- Esto se ve sumamente pervertido… - comentó Sarada, un tanto sonrojada por sentir dónde apresaba la cola en su cuerpo.
- Tiene siete años – le defendió Boruto esta vez, un tanto enojado por el comentario de su amiga.
Incluso Itachi se sorprendió de que dijera las palabras que él mismo iba a usar para defender al pequeño zorrito de Konoha. Un suave toque en sus frentes y fueron llevados hacia los recuerdos unidos por Kazuki, como si fuera una grabación en diversos ángulos. Desde que llegaron a la aldea, cómo ingresaron y cuando fueron a socorrer a Naruto en manos de un viejo enemigo. No pasaron más de dos minutos cuando Hinata y Sarada fueron liberadas y puestas al día de todo lo sucedido. Sin embargo, Boruto seguía en trance.
-¿Qué le estará enseñando? – Todos los de Akatsuki se preguntaban lo mismo, dado que era poco usual ese comportamiento en su líder.
Hinata anunció que haría la cena para todos, a lo que Konan amablemente se ofreció a ayudarle. Dispusieron de la cocina, pero antes la de ojos blancos iría a revisar a su esposo, mientras la otra mujer se quedaría lavando algunas verduras y preparando las cacerolas que usarían.
Llegó hasta la habitación y entró en silencio, viendo a su rubio marido durmiendo, con tres colas de zorro sobre él. A su lado, Kurama descansaba sentado, sus ojos cerrados pero concentrado en no dejar su labor. Así podría recuperar chakra mientras se lo entregaba al Uzumaki.
- ¿Estás despierto, Kyuubi-san? – Preguntó en voz baja, sin querer despertarlo, pero lo suficientemente audible para que le escuchara sin problemas.
- Sí, princesa Hinata – respondió muy caballeroso, abriendo lentamente sus párpados – Estaba hablando con los bijuu en el interior de Naruto. Bueno, seguimos hablando, puedo estar en dos lados a la vez – sonrió un tanto cansado.
- Debería descansar, para recuperar fuerzas – advirtió ella – Su hijo aún está enseñándole recuerdos a Boruto, así que cenaremos apenas terminen –
A Kurama le pareció extraño el comportamiento de su hijo. No creyó que tardaría mucho en mostrarles las cosas a todos. Sonrió – Debe estar feliz de conocer a sus hermanos, aunque sean de otro mundo –
- Mi hijo suele ser rudo, pero tiene buen corazón – defendió la princesa, acercándose a la cama para poder acariciar la mano izquierda de su marido.
- Tal como usted, Hinata-sama. Y Naruto estará bien, no dejaremos que le pase algo malo – sintió la preocupación latente de aquella mujer tan dulce y cariñosa.
- Confío en Kyuubi. Y en usted también, se ve que es más cariñoso –
El pelirrojo sonrió – Dice que él jamás sería cariñoso con nadie – transmitió, siendo el nexo entre los bijuu encerrados en el interior y el mundo exterior – Excepto con sus mocosos – agregó burlón.
Hinata rió suavemente, sabiendo cuánto el zorro quería a sus hijos y que protegería a cualquier costo. Se puso de pie, con dirección a la salida de la habitación – ¿Crees que podrá comer algo si le traigo a ambos? – Preguntó antes de salir.
- Sí. Me encargaré de que pueda hacerlo. Muchas gracias por preocuparte por ambos –
- Ni lo menciones – sonrió alegre, saliendo de la recámara muy contenta.
Mientras, en el espacio reservado para la comunicación entre todos los bijuus, el Kurama humano estaba de pie en el centro del círculo, a la vista de sus hermanos y hermanas.
- ¡Yo no soy así, maldita sea! – El Kurama zorro estaba bastante molesto, mientras sus hermanos se reían por el actuar del humano bestia que, técnicamente, eran lo mismo -¡Voy a tener que salir a dejar en claro cómo se comporta un verdadero zorro demoniaco! – Amenazó infantil, sacando más risas.
- Creo que podemos intercambiar – sugirió el pelirrojo – Si me convierto en zorro en el mundo humano, podemos intercambiar nuestras posiciones. Luego mi hijo te devolvería a la forma humana – reveló su plan, un tanto divertido.
- Oh. ¿Puedes hacerlo con todos? – Preguntó el Ichibi, interesado en probar piernas humanas.
- No lo creo. Baso mi idea en la compatibilidad de chakras y que somos la misma bestia con cola. Aunque es probable que Shu-nii venga dentro de uno o dos días a buscarnos y podamos hacer algo – el de ojos rojos decidió sentarse en el suelo de la habitación.
- ¿Shu-nii? ¿Qué mierda…? – Ichibi se molestó al escucharlo hablar así.
- Oh. No te cabrees, Shukaku. Nosotros nos consideramos hermanos entre los bijuu. Además, tu carácter cambió bastante cuando tuviste a tu hijo y aceptaste que te llamara así. Tú a veces me dices aniki – contó muy casual.
- ¿Un hijo? ¿En serio? ¿Con quién? ¿Se parece a mí? – Inmediatamente el de una cola olvidó su rabia y pasó a curiosidad absoluta por una criatura que no conocía pero que de seguro amaría desde lo más profundo de su ser.
- Sabaku no Kiyoshi, Suna no Keshin. Ese es oficialmente su nombre – relató – Es pelirrojo, un poco retraído pero le encanta conversar con su primo. Es bastante tierno – alzó una ceja mirando a la bestia, viendo si captaba la indirecta.
- ¿Lindo, tierno, pelirrojo? – Enumeró el tanuki – Así era Gaara cuando niño – murmuró.
- Bueno. No completamente pelirrojo. Tiene algunos mechones dorados – aclaró, aún más divertido. Los otros hermanos habían captado la idea.
- ¿Dorados? ¿Y rojo? – Movió su cola hasta su cabeza, rascándola mientras pensaba. De pronto, algo pareció iluminarle - ¡No-puede-ser! – Soltó el aire en sus pulmones.
El resto que contenía las risas pudieron soltar enormes carcajadas, totalmente relajados al escuchar las historias del otro mundo.
- ¡Dime al menos que no es igual de llorón que Gaara! – Shukaku acercó su enorme cara hasta quedar frente al Kurama humano, mirándole fijamente, intimidante.
- Es inteligente para su edad. Y tiene tu carácter, definitivamente – asintió convencido. No le tenía suficiente miedo como para tener que mentir.
- ¡Ese es mi hijo! – Se incorporó y apretó sus puños, orgulloso.
- ¿Y el resto de nosotros? – Son decidió cambiar un poco el tema, para ponerse al corriente.
- Tú y Chōmei son los que vinieron a este mundo. Al parecer ese tal Zetsu negro los convenció de hacer algún plan – tomó una pausa – Capturamos a Isobu y Saiken antes de venir. Ellos dieron todo su chakra y su vida, casi, en abrir el portal. Kokuō no quiso inmiscuirse. Adoptó forma humana y protege Iwa. A veces nos contactamos, para saber de su situación – Kurama tomó un aliento para mirar al dos colas – Lamentablemente, Matatabi está inconsciente. La primera vez que nos encontramos, Naruto lanzó un bombardeo y no pudiste defenderte muy bien luego de raptarme. Desde entonces no has despertado – terminó de contar muy resumido, dejando que las bestias asimilaran la información.
- Hinata volvió. Debes asegurarte que Naruto coma – el zorro advirtió a su contraparte – Tengo que conversar con todos, tómate tu tiempo –
- Lo haré. Espero tomen una decisión – Kurama se desvaneció de aquel espacio, dejando a los bijuu decidir qué curso tomarían sus acciones tras todo lo sucedido con el rubio jinchuuriki.
- Boruto y Kazuki están listos – comentó Hinata, trayendo dos bandejas en cada mano con un plato caliente de comida – Mi hijo decidió que ambos compartirían su habitación mientras están aquí – dejó las bandejas en el lado de la cama desocupada.
- Cierto. Tenemos que distribuirnos – Kyuubi sacó dos colas más. Con una emitió una onda para despertar a Naruto.
El rubio bostezó y se desperezó. Había recuperado un poco sus energías - ¿Hinata? – Sus orbes azules se posaron en su esposa, con claras muestras de cansancio. Luego desvió su vista hacia el pelirrojo, quien acercó otra cola y movió las restantes a otros puntos, infundiendo más chakra. Logró sentarse – Gracias, Kurama – sonrió muy calmado.
- Así podrás moverte lo suficiente para poder comer – explicó – Luego volveré a los tres puntos principales. Aprovecha de comer bien – aseveró.
- ¿Ya decidieron dónde quedarse? – Cuestionó, mientras Hinata le acomodaba una bandeja con su comida, y entregaba la otra al zorro.
- Mi hijo y el tuyo compartirán habitación. Aun tenemos que decidir el resto – respondió. Luego se llevó un poco de comida a la boca. Hinata les había dejado a solas, para ella comer con el resto en el comedor.
- Sasuke vendrá. Que Itachi se vaya con él –
- Deidara se irá con él, de seguro –
- ¿En serio? – Alzó una ceja, mientras tragaba un trozo de carne – Konan puede quedarse con mi hija. Envía a Sasori con Shikamaru y Temari –
- Kakuzu querrá ir a un hotel, con comodidades –
- Lo del buen vivir y el dinero no se le quita – suspiró.
Kurama rió al escucharlo. Se nota que eran iguales en ambos mundos. Naruto se sorprendió de escucharlo carcajear, revoloteando su estómago un poco. Conocía ese sentimiento, y definitivamente lo enterraría.
- Cuéntame, Kurama – Naruto decidió romper el silencio que se había formado por algunos segundos, en los que ambos comieron en silencio - ¿Cómo fue…? –
- Simplemente se dio – interrumpió el de orbes rojizas – ¿Quieres saber la historia completa? –
- No lo sé… - afirmó inseguro – Amo a mi esposa. Amo a mis hijos. Me cuesta creer que eso no sucedió – admitió con pesar, terminando de comer, dejando su bandeja a un costado, donde no fuera a voltearse.
- Quédate con la sensación de que yo amo a mi hijo. Y a tu otra versión. Nada más – Kurama también terminó de comer, dejando su bandeja en el suelo, cuidando de que no entorpeciera – Será mejor que descanses. Estoy poniendo más chakra del que debo, y no quiero quedarme sin fuerzas en caso de que suceda algo – advirtió.
- ¿Cuánto tiempo podrás estar así? –
- Una o dos semanas. Aunque podría usar el chakra de Kazuki, y aguantar un mes – Se puso de pie y se acercó hasta la cama para ayudar a Naruto a acomodarse nuevamente. Le tomó desde su brazo derecho, a la altura del codo. Ahí se percató de la diferencia anatómica - ¿Cuándo perdiste el brazo? – frunció el ceño, bastante molesto.
- Al final de la guerra, en una batalla con Sasuke – respondió – Ambos perdimos el brazo. Este tiene células de Hashirama, así que es bastante útil – sonrió melancólico.
La puerta de la habitación volvió a abrirse, esta vez llevando a Sasuke y a Kazuki. Detrás de ellos estaba Boruto e Itachi. La cara de enojo en el Uchiha era digna de ser retratada.
- Ya me explicaron todo – dijo molesto - ¿Por qué no me llamaste? Podría haber roto el sellado hace mucho rato – abrió su rin'negan, para ver el flujo y los sellos sobre su amigo.
- No creo que puedas, tío – Kazuki se dirigió a él muy familiar, descolocando a casi todos ahí – Aunque si puedo devolverles el brazo a ambos. La restricción sobre chichihue está ligada a la vida de los bijuu. Los matas a todos, incluyéndolo – se adelantó con su bastón para restringirle el paso al pelinegro.
- Kazu… - Boruto se acercó hasta él - ¿Cómo llamaste a mi padre? – sonrió molesto y nervioso.
- Oh… - se llevó una mano a la boca – Lo siento. Es costumbre – se rascó la nuca, riendo – Aún no me acostumbro del todo – suspiró, tratando de calmar su nerviosismo.
- Kazuki – Su padre le llamó con voz severa, haciendo que se le erizara hasta el último vello de su cuerpo – Mañana a primera hora saldrás a buscar a nuestros objetivos junto a tu guardia personal – ordenó severo.
- S-Sí, padre – se cuadró de inmediato - ¿Ya decidiste como nos dividiremos? –
- Acabamos de hacerlo – Naruto interrumpió, suavizando un poco el ambiente – Sasuke, te llevarás a Itachi y Deidara. Aprovechen de ponerse al corriente – miró a su amigo, que bufó con solo imaginar la situación – Sasori irá con los Nara, Kakuzu a algún hotel y Konan se quedará con mi hija – bostezó, sintiendo nuevamente el cansancio en su cuerpo – Saldrán a primera hora… Y que Kakashi tome mí puesto… - su voz fue cada vez más despacio, al punto de dormirse en el acto.
- El resto de los países no puede enterarse de esto – advirtió Sasuke, mirando fijamente a Kazuki.
- Si ven a Kakashi-sensei tomando el puesto de Hokage, tendremos al consejo en menos de dos días aquí – Boruto conocía el protocolo en caso de que su padre estuviera inhabilitado.
- Yo me encargaré de eso – el menor hizo un clon de sí mismo, y éste se transformó en Naruto con un jutsu – Tenemos el mismo chakra, no se darán cuenta –
- No dejaré que un extranjero se haga cargo de nuestra aldea – amenazó Boruto, un poco malhumorado.
- Puede no parecerlo, pero Kazuki es el encargado del consejo militar de las grandes naciones en nuestro mundo – Kurama intervino, calmando al de ojos cerúleos – Desde pequeño le hemos enseñado a dirigir la aldea y todos los asuntos que conciernen a la política exterior e interior – sacó a relucir un poco esa parte orgullosa de padre. Sasuke pudo advertir un ligero brillo en los ojos rojizos y anaranjados del Kyuubi.
- También es nuestro líder. Incluso Nagato le respeta como tal – intervino Itachi, quien había preferido estar en silencio – Podemos minimizar el riesgo evitando su exposición en actos públicos, y con la guía del Nara seguro que podrá llevarlo bastante bien – analizó.
- Tendremos que exponer la situación a todos los jounin, a primera hora –
- Lo haremos – aseveró el mayor.
Sasuke lo dejó por las buenas. Se despidió raudo y se llevó consigo a su hija y los dos Akatsuki que debían acompañarle a su hogar. Por suerte había reabierto el módulo Uchiha y se estableció en una de las casas más grandes, donde podría darles alojamiento sin problemas.
Esa noche, disfrutó de conversar con su hermano, sin disputas, solo recordando viejos tiempo.
Incluso Sasori parecía cómodo en la casa de Temari y Shikamaru, donde compartió un poco sobre sus experiencias con su aldea natal en su mundo. La mujer descubrió que en realidad no eran tan malvados como se planteó desde el inicio al conocerlos en medio de una guerra. La guía de aquel que llamaba 'líder' resultó ser el hijo de Naruto, quien tenía un carisma muy particular.
Konan fue una mujer de pocas palabras. Ayudó a que la pequeña Himawari se durmiera y luego ella cogió el futón que le habían entregado para extenderlo en el suelo, al costado, para descansar cómodamente gracias a las ropas que amablemente Hinata había prestado de mujer a mujer. La dama del papel no pudo estar más tranquila al ver la clase de persona con la que el rubio se había casado en aquel universo paralelo.
Kazuki y Boruto disfrutaron de videojuegos, comida chatarra y enseñanzas de técnicas muy poco útiles pero graciosas. Al final, decidieron dormir juntos. Abrazados. En la misma cama, muy cómodos y felices.
Kurama extendió sus colas y llevó su cuerpo hasta el salón. Prefirió dormir en el sofá, expandiendo su rango sensorial por varios kilómetros, incluso sobrepasando todo el perímetro de la aldea y la ciudad atrás del monumento. Su presencia se sentía pesada, pero de cierta forma acogedora, demostrando que los protegería, sin abandonar su labor de mantener con vida al Hokage. Y, la verdad sea dicha de paso, no soportaría dormir sentado en una silla mientras ve a Naruto durmiendo con una mujer en una cama frente a él.
Una traviesa cola dorada atravesó la casa y llegó hasta el sofá, tocando su mano derecha, sacándolo de sus pensamientos.
- Gracias, hijo – sonrió tranquilo, dejando que aquella cola se envolviera en su mano y subiera por su brazo, desapareciendo luego de unos segundos. Pudo conciliar un poco el sueño, aunque sus sentidos estaban alertas en todo momento.
Kazuki apretó un poco más el abrazo que tenía sobre Boruto, esbozando una sonrisa entre sus sueños. El otro rubio se quejó por la fuerza que utilizaron sobre él, pero no quiso separarse bajo ningún concepto.
¡Gracias por leer hasta este punto!
¿Extraño? Incluso a mi me lo parece. Es divertido jugar con universos múltiples, y espero lograr algo realmente bueno, de tal forma de no intervenir tanto en ambos, para luego volver a la historia principal. Prometí que habrían problemas, y éstos apenas comienzan.
¡Hasta la siguiente entrega!
