PERTENECIENDOTE

EPOV

Al dejar a Bella acostada en mi cama, una sensación de lujuria se despertó en mí, el famoso Dr. Cullen ofreciéndole la cama a una dama y no poder pasar la noche con ella era algo que hasta hace un par de meses no lo hubiese creído, pero era cierto, Bella me había hechizado.

Agarre las almohadas y me acomode lo mejor que pude en el sofá de mi despacho, era muy incomodo pero el placer de saber que Bella estaba en mi cama me volvía loco y era la manera que tenía de aguantar la incomodidad, pero no podía aprovecharme del momento, asi que me obligue a dormir.

Entre a nuestro camarote después de la cena, habían tenido que suspenderla a causa de la fuerte tormenta que se avecinaba y que ya estaba en pleno apogeo, todavía estaba analizando la proposición que me había hecho Bella, no sabía que esperar de esa dulce mujer, me había atrapado por completo, me dispuse a colocarme mis ropas de dormir y pensé si tendría en verdad la oportunidad de hacerla completamente mía.

Camine hasta la puerta que separaba nuestros camarotes, el barco se movía mucho a causa de la tormenta, me pregunte si Bella estaría asustada, solo habría una forma de constatarlo, me arme de valor y gire el pomo de la puerta

La visión del ángel que estaba esperándome en la cama era única, Bella vestía una batola en azul que la hacía verse irresistible, me miraba con sus grandes ojos chocolate con miedo pero a la vez con ansias de mi, el beso que nos habíamos dado había despertado tanto en ella como en mi pasión.

Lentamente llegue a la cama, me acosté a su lado y empecé a acariciarla en sus brazos y cara, no pudiendo contenerme más la bese, no castamente sino con una necesidad animal, ella se coloco nerviosa y trato de apartarme pero no la deje, tomaba sus labios como si fueran la última vez que pudiera probarlos, poco a poco me permití tocarla en otros sitios de su anatomía, ella tímidamente colocaba sus manos en mi pecho.

Levante a bella y los dos quedamos arrodillados uno frente al otro, le empecé a dar besitos cortos por su cara y levante sus brazos para sacar sus ropas y tenerla completamente desnuda, ella no opuso ninguna resistencia, de la misma manera saco mi camisa casi al mismo tiempo, cuando la tuve sin ningún tipo de ropa me maraville con las excelentes formas de mi esposa, ella era perfecta, su blanca piel tan delicada, sus senos redondos y adornados con un par de pezones rosados que me pedían a gritos que le dieran atención, su fina cintura, sus redondeadas caderas, sus piernas delicadas y largas y su templo el cual me estaba esperando deseoso de darle placer.

La volví a recostar, me quite los calzoncillos rápidamente y volví a caer sobre ella, Bella estaba respondiéndome con una pasión igual o superior a la mía, no dejaba de besarme, acariciarme, me hacía perder el control cuando sus manos viajaban hacia mi, sin querer evitarlo le abrí las piernas y me posicione en su entrada, estaba caliente y húmeda, empecé mi invasión lentamente, su entrada estaba muy estrecha, no quería hacerle daño, Bella me miraba sin saber qué hacer, trataba de tranquilizarla con mis besos, pero mientras más entraba ella se colocaba más tensa, decidí que lo mejor era entrar de una vez para que fuera un solo dolor, así que cuando volví a empujar sentí sus paredes recibirme por completo rompiendo por completo su inocencia, Bella había lanzado un grito pero me encargue de besarla y tranquilizarla, acta seguido empecé a moverme en sincronía con ella, aprendía rápido, la lleve a la cima justo en el momento que decía mi nombre, lo mismo me sucedió a mí, gritaba a todo pulmón Bella, Bella…

Recostada en la cama de Edward solo podía sentir más ganas de estar con él, lo necesitaba, parecía que estaba en celo, a lo lejos escuchaba una especie de jadeos, no sabía que era, así que salí de la cama, iba caminado por el corredor cuando escuche gritar mi nombre, llegue a la oficina de Edward, era él, gritaba mi nombre, su respiración era agitada y el estaba, bueno tenía una erección más que evidente, así que supuse que era lo que estaba soñando.

De repente Edward se levanto sobresaltado, se llevo sus manos hacia el puente de su nariz y meneaba la cabeza, en eso soltó una carcajada que me dejo sorprendida

--Por lo que veo, Dr. Cullen, en el sueño le fue muy bien--

Edward volteo rápidamente y me miro, estaba apenado, en ese momento hice algo que nunc a me hubiese atrevido hacer, pero el lugar estaba cargado de electricidad, me dirigí hacia él con un contoneo que no era propio de mí, el me miraba con los ojos bien abiertos, llegue al borde del sofá y me senté a horcajadas sobre él.

--Bella, que estás haciendo--

--Shhh, ahorita gritabas por mí, y ahora enmudeces? --

--Estaba soñando contigo, es decir en el pasado, no es que te estuviera llamando en esta época--

--Se lo que sentiste, no me había podido dormir porque desde que salí de la consulta no pude quitarme las sensaciones que tu yo pasado me hizo sentir--

--Bella, yo no --

Sin dejarlo terminar de hablar, me abalance encima de él en un beso que parecía más bien una posesión, Edward al principio no respondía como yo quería pero poco a poco el fue haciéndose dueño de la situación, dejamos de besarnos ya que nos quedábamos sin respiración

--Te queda muy bien el azul--

--Gracias, según veo tienes muy buen gusto, esta camisa es muy bonita--

--Me gusta más la persona que la lleva puesta--

De nuevo nos fundimos en un beso que necesitábamos desesperadamente, sentí sus manos por mi espalda, cada toque era electrizante, empecé a tocar su pecho, era duro como el mármol, de repente sentí una sensación muy placentera en mi pecho, no sé en qué momento Edward me había quitado la camisa, estaba completamente desnuda y él se encontraba igual, estaba disfrutando de mis pechos, los mordía placenteramente, su lengua recorría mis pezones y los colocaba duros, en ese instante había perdido toda lucidez y quería entregarme por completo, sentí como me daba la vuelta y el quedaba encima de mí, nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente, en el calor del momento hubo un ruido que nos desconcentro en el mejor momento.