La luz de la linterna de pilas brillaba con fuerza en la oscuridad, pero el único objeto de la habitación claramente iluminado era la cara aterrorizada de Bella. El otro extremo de la habitación estaba completamente a oscuras mientras los dos hombres luchaban fieramente.
A Bella le llevó unos segundos salir de su espanto, y entonces se pus o frenética. Aquella podía ser la única oportunidad que tendría. El hombre que había entrado debía de ser el misterioso Mike. Probablemente había actuado así para librarse de un socio que ya no le iba a ser útil, decidió Bella.
Soltando el plato y el cazo, empezó a correr hacia la puerta. El instinto la hizo detenerse, y volvió a abrir uno de los cajones de la cocina. Recordaba haber visto una linterna.
Allí estaba, aunque solo Dios sabía si funcionarían las pilas. No tenía tiempo para averiguarlo. Girando en redondo se dirigió hacia la puerta.
La feroz lucha que se desarrollaba en el suelo se interpuso en su camino, obligándola a detenerse. Le pareció que la batalla se estaba produciendo en un silencio nada natural.
No se oían gritos ni protestas en la pequeña habitación, solo golpes y jadeos ahogados. En cierta forma, la falta de sonidos humanos solo servía para enfatizar lo violento del conflicto.
Bella danzó frenéticamente alrededor de los cuerpos y, respirando con dificultad, el pulso latiéndole, llegó hasta la puerta y huyó.
Afuera, la lluvia caía a raudales. La tormenta se había convertido en una pesadilla de agua rugiente y oscuridad. Conducir era casi imposible, aunque fuera capaz de que el Mercedes rodeara al jeep que James había aparcado.
Encendió la linterna y sintió un gran alivio al ver que arrojaba una débil luz. Estaba bajo el porche, sacándose las llaves del coche del bolsillo, cuando los dos hombres, enzarzados en el salvaje combate, llegaron hasta la entrada.
Dando un grito, Bella se apartó y alumbró las dos figuras con el pálido haz de luz de la linterna.
Cuando vio una bota, contuvo el aliento. Reconocería aquella bota en cualquier sitio.
-j Edward!
Él no respondió, por supuesto. Probablemente ni siquiera la había oído. Edward luchaba por mantenerse encima mientras los dos hombres se revolcaban en el fango.
-¡Dios mío, Edward!
Había ido por ella. Había recibido el mensaje, había comprendido que ella lo necesitaba y había vuelto en su rescate.
Aquel pensamiento le golpeaba el cerebro, ahogando cualquier otra consideración. El hombre que amaba había acudido en su ayuda cuando ella lo necesitaba.
Frenéticamente, Bella se puso a buscar un madero o algo con que pegarle a James Monroe. Entonces se dio cuenta de que, en la oscuridad, con la única ayuda de la débil luz de la linterna, le costaría saber quién era James en un momento dado. Hasta donde ella podía ver, los dos estaban rebozados en lodo.
Todavía estaba decidiendo cómo ayudar a Edward cuando una de las dos figuras emergió del violento enredo y le asestó un golpe definitivo al otro.
Se hizo un silencio y Bella iluminó la cara del vencedor.
-¿ Edward? -susurró trémulamente ella.
-Te juro, Bella, que si piensas darme esta clase de problemas en los próximos cincuenta años, tendré que...
-¡Oh, Edward! -se lanzó a los brazos de la figura enlodada. La lluvia los estaba empapando, pero Bella solo era consciente de los fuertes brazos de él-. Edward, tenía tanto miedo. No sabía quién se había metido por la ventana, y creía que sería el socio de James.
-¿Su socio? ¿Quieres decir que hay más de un hombre por aquí?
-Hay un viejo dicho que dice que las desgracias nunca vienen solas. Edward, estás herido -ansiosamente Bella se apartó un poco de él, y le pasó el dedo por el hilo de sangre que le manaba de la sien.
-Puedes estar segura -se lamentó él-. Me duele todo. Mañana estaré lleno de moretones. Háblame de ese socio.
-Al parecer, alguien llamado Mike estaba citado esta noche aquí con James. Se traían entre manos un asunto de drogas, creo. Debe de estar a punto de llegar, salvo que el camino esté completamente intransitable.
-Eso es fantástico -gruñó Edward -. Nunca haces las cosas a medias, ¿verdad?
-¡ Edward, no puedes echarme la culpa!
-Ya hablaremos de eso más tarde. ¿Tienes las llaves del Mercedes?
La orden imperiosa de él ahogó las protestas de ella. Mudamente, Bella le entregó las llaves. Él la agarró de la muñeca y corrieron hacia el coche.
-No estoy seguro de que podamos salir del cañón. Iremos con el coche hasta donde podamos y luego, si es necesario -dijo él abriendo la portezuela del coche-, haremos el resto del trayecto a pie.
-¿Caminando? Edward, hay mucha distancia hasta Tucson. Tardaríamos una eternidad.
-No tenemos mucho donde elegir.
Él miró al cielo cuando otro trueno retumbó sobre ellos. Luego, vieron una luz que daba vuelta por el camino. Un instante después, se oyó el motor de un jeep en medio del rugido de la lluvia. Bella contuvo el aliento mientras miraba al serpenteante camino.
-Mike -susurró-. Tiene que ser Mike, el socio de James.
-Y si se parece algo a tu viejo amigo, James, irá armado. Estupendo. Vamos, Bella. No nos da tiempo a sacar el coche de aquí.
-¿Pero adónde vamos? -protestó ella cuando él la agarró y fueron hacia James.
-Primero vamos a igualar las fuerzas, tu amigo James tiene una pistola...
-¿Vas a dejar de llamarlo «mi amigo»? Me iba a secuestrar, posiblemente me hubiera matado. No quería testigos de sus chanchullos con Mike.
-No es culpa mía que tengas amigos estrafalarios - replicó sarcásticamente Edward, dándole la vuelta al cuerpo inerte de Monroe-. Casi no veo nada. Dame esa linterna.
Conteniendo las ganas de discutir, Bella lo obedeció. Al contemplar cómo Edward tanteaba la figura embarrada, se dio cuenta de que estaba viendo un aspecto de su amante que jamás hubiera imaginado dos días antes. Había peleado con Rick con un salvajismo eficiente que revelaba que no era la primera vez que se enfrentaba a una pelea así. Además, buscaba la pistola como si supiera cómo utilizarla cuando la encontrara. Bella se estremeció.
-Maldita sea, debió de perderla en la lucha. Aunque pudiera encontrarla, a saber en qué condiciones estaría -el ruido del jeep se acercaba-.Vámonos -apagó la linterna en el mismo instante en que el jeep tomó la última curva del camino.
-¿Por qué la has apagado? No puedo ver nada.
-Porque la luz nos delataría en la oscuridad. Vamos, Bella, aligera el paso. -¡Aligerar el paso! Apenas soy capaz de caminar en este barro. Esto parece un río. ¿Adónde vamos?
-Detrás de la cabaña. No tenemos forma de llegar al camino - Edward la empujó delante de él. Ella se dio vagamente cuenta de que rodeaban la cabaña. De pronto dejó de oírse el motor del jeep y Bella supo que Mike había llegado.
-En unos minutos se dará cuenta de que Monroe está inconsciente en el suelo. Desgraciadamente, no sé cuánto tiempo estará Monroe inconsciente. Debería haberle pegado más fuerte.
- Edward, no podemos ir muy lejos en esa dirección. Las paredes del cañón se hacen demasiado abruptas y no podemos treparlas con esta lluvia.
-Tampoco hay muchos sitios donde esconderse por aquí, por lo que he visto cuando vine por ti -soltó una maldición por lo bajo-. Tendremos que cruzar el arroyo. Cuando estemos del otro lado, estaremos más protegidos y tal vez podamos bajar de aquí.
-El arroyo es ahora un gran río. Puedo oírlo rugir, Edward. Nunca podremos cruzarlo.
Se oyó un disparo en la oscuridad y Edward reaccionó empujando violentamente a Bella.
-Muévete, mujer -siseó-. Evidentemente Mike sabe que no está solo.
A trompicones, incapaz de ver por dónde iba, Bella obedeció. Edward no le soltó la mano mientras se adentraban en las profundidades del cañón. Tras ellos, se oyó otro disparo.
-Está disparando al aire. No puede ver más de lo que nosotros vemos. Solo trata de asustarnos. Él puede imaginar que nosotros también estamos armados.
-Ni siquiera sabe cuántos somos -recordó Bella, esperanzada.
-A menos que Monroe recupere el conocimiento y se lo diga.
-¿Crees que es posible?
-Empezaba a volver en sí cuando yo buscaba la pistola. Sí, es probable. Tenemos que dar por sentado que nos siguen dos hombres, y que los dos van armados. Aunque Monroe no pueda encontrar su pistola, su amigo Mike puede tener más de una.
Un haz de luz rompió la oscuridad, pasando por encima de las cabezas de ellos. Edward se quedó quieto, manteniendo a Bella igual.
-¿Qué pasa? -susurró ella.
-Evidentemente han encontrado una linterna. Una muy potente, y debe de ser portátil. Probablemente la usen para cazar de noche.
-¿Para cazar venados?
-Tengo la corazonada de que la única caza que esos dos encuentran estimulante es la de seres humanos. Agacha la cabeza. Vamos a tener que cruzar el arroyo.
Bella quería protestar de nuevo. Conocía aquella zona mucho mejor que Edward y sabía lo traicioneros que podían ser los arroyos del cañón en caso de tormenta. Pero no tenía un plan mejor que ofrecer. Por lo que recordaba del terreno, pronto se les cerraría el camino. Se oyó otro disparo, y el potente haz de luz de la linterna alumbró hacia ellos. Entonces oyó la voz de Rick.
-Bella, vuelve aquí. No te pasará nada. Lo sabes. Te dije que te llevaría conmigo a México. No puedes salir del cañón. Deja a ese tipo y vuelve a la cabaña. Yo me ocuparé de ti.
-Sabía que tenía que haberle vuelto a pegar -dijo Edward, apretando los dientes.
- Edward, hasta aquí podemos llegar -Bella dio un respingo cuando la luz de la linterna alumbró las paredes del cañón. Aprovechó la claridad para orientarse-. Más arriba será imposible cruzar el arroyo. Ni siquiera estoy segura de que podamos cruzarlo aquí.
La luz se movió hacia la derecha de ella.
-Están enfocando para este lado del cañón. Evidentemente, no esperan que crucemos el arroyo.
-James conoce esta zona. Da por sentado que tendremos el sentido común de no tratar de cruzar un arroyo en semejante tiempo.
-¿Estás segura?
-Segura. Cualquiera que haya vivido durante un tiempo aquí, sabe que cualquier cosa es mejor que meterse en medio de un arroyo cuando hay una tormenta como esta.
-Entonces no tenemos escapatoria. Tenemos que arriesgarnos. Ellos concentrarán la búsqueda en el lado derecho del cañón.
-Lógicamente, sí.
Con cuidado, tanteando el camino, Edward empezó a caminar hacia la izquierda, los dedos fuertemente cerrados alrededor de la muñeca de Bella. El ruido del arroyo, por lo general un murmullo, era todo un rugido. Las aguas cubrían las orillas y corrían muy rápidamente. Se precipitaba por el curso con una energía aterradora. En la oscuridad, Bella no alcanzaba a ver el otro lado.
- Edward, nunca lo conseguiremos -dijo, convencida, hundiendo el pie en la resbalosa arena de los bordes.
-No tenemos más remedio -la soltó momentáneamente para quitarse el cinturón.
-¿Qué haces?
-Voy a atarnos el uno al otro. Dame tu cinturón.
Se oyó otro disparo, pero la luz seguía alumbrando las paredes del cañón, no el arroyo.
-No llegaremos muy lejos, Rick se dará cuenta de que, a pesar de todo, hemos intentado cruzar el arroyo -le dijo ella, tratando de mantener firme la voz. No era momento de demostrar el miedo que sentía. Ya tendría tiempo de abandonarse a la histeria después, se dijo para animarse.
-Entonces será mejor que nos movamos.
Colocándose detrás de ella, Edward metió un extremo de su cinturón por tres trabillas laterales de los vaqueros de ella y luego por tres de sus propios vaqueros. Bella miró cómo enlazaba los dos extremos de los cinturones para crear una cadena de cuero entre los dos.
-Aguantará lo que aguanten las trabillas -dijo con voz tensa Edward -. Listo, vámonos.
Volvió a agarrarla con fuerza de la muñeca y se adentraron en la violenta corriente. Bella fue a trompicones detrás de él y casi se quedó sin aliento al recibir el impacto del agua. Hasta el cuerpo vigoroso de Edward cedía ante la fuerza del agua. Los dos caminaron a gatas hasta que hicieron pie un poco más abajo. Edward se levantó, levantando a Bella con él. Ella boqueó en busca de aire. Afortunadamente, aunque el agua corría furiosamente, en aquel punto solo les llegaba hasta la cintura. Bella sentía bajo los pies la superficie resbalosa de las rocas del lecho del arroyo. Era imposible mantenerse firme. Bella calculaba que se encontrarían a mitad de camino cuando cedió una de las trabillas de sus vaqueros.
-j Edward!
-Aguanta -le gritó él para hacerse oír por encima del rugir del agua, agarrándola más fuerte de la muñeca.
No había forma de saber si James y su amigo seguían disparando, pues el rugido del agua apagaba cualquier otro ruido. Lo que importaba en aquel momento era llegar al otro lado del arroyo. En un entorno enloquecido, su único punto de referencia era la mano de Edward.
Recibieron un embate más fuerte de agua y Edward perdió el equilibrio. Por un momento soltó la mano de Bella. Solo los cinturones los mantuvieron unidos durante los minutos de desesperación que tardó Edward en recuperar el equilibrio y agarrar a Bella de nuevo.
En esos escasos minutos, Bella sintió que se rompía la segunda trabilla. La delicada tela de los elegantes vaqueros no sobreviviría a tanta tensión.
La fuerza del agua aumentaba por segundos. Cada paso costaba más que el anterior. Cuando debían de llevar recorrido las tres cuartas partes del camino, la tercera trabilla cedió.
-Agárrate del extremo del cinto con la otra mano. No es mucho, pero es algo –le dijo Edward a gritos.
Bella obedeció. Colgándose del extremo del cinturón con una mano y aferrándose a los dedos de Edward con la otra, ahorró la energía que le quedaba para respirar. A cada paso que daba le costaba más recuperar el aliento.
El sonido del agua parecía ser cada vez más alto. Bella apretó los dientes y se concentró en dar el siguiente paso. Sabía que ni siquiera Edward soportaría mucho más en aquellas condiciones.
De pronto sintió que Edward se detenía y el cuerpo de ella era lanzado sobre el de él. El agua seguía llegándoles a la cintura. Edward la tomó de las axilas y la aupó hasta el borde de las rocas de la orilla.
Bella trepó por la resbalosa superficie. Sus pies encontraron apoyo y se vio casi libre de la fuerza de las aguas. El cinturón empezó a escurrírsele de los dedos.
-¡ Edward! -gritó, dándose cuenta de lo que pasaba. Se aferró al cinturón con ambas manos y, echada sobre la roca, se quedó rígida.
-Bella, así solo conseguirás volver a caer al agua.
Ella se dio cuenta de lo que iba a pasar. Ella había podido llegar a la relativamente segura superficie de las rocas porque alguien la había levantado y sacado. No había nadie detrás de Edward para ayudarlo. Si ella no podía sacarlo, él no podría salir solo. La fuerza de las aguas era sencillamente demasiado potente.
-Voy a sacarte, Edward -gritó.
-No puedes. No tienes bastante fuerza. Suelta el cinturón -era una orden, dada con toda la fuerza de un hombre que esperaba que se obedeciera.
Bella no le hizo caso y, culebreando, descendió hasta encontrar un pequeño saliente en la roca. Pasó la tira de cuerda por el saliente y se la amarró alrededor de la muñeca.
-¡Bella!, suéltala.
Ella no se molestó en responder. Era una sugerencia completamente ridícula, era materialmente imposible que soltase el cinturón a no ser que le arrancara la mano. Soltarlo habría significado abandonar a Edward a las aguas revueltas. Imposible. Estirando los brazos por encima de la cabeza, hasta sentir que se le separaban del cuerpo, Bella utilizó el saliente de la roca como punto de apoyo. Era un borde firme que no cedería. Mientras ella no soltara el extremo del cinturón y las trabillas de los vaqueros de Edward no cedieran, no perdería al hombre al que amaba. Con grandes esfuerzos, empezó a descender por el lado opuesto de la roca.
Avanzaba centímetro a centímetro, pero lo estaba consiguiendo. Aparentemente, Edward había dejado de oponerse a ella y estaba colaborando en su propio rescate.
La roca se curvó bruscamente bajo Bella y ella aprovechó su propio peso para llegar al suelo. De pronto se aflojó la tensión del cuero en su muñeca y ella levantó la cabeza. Algo había cedido. O Edward se había soltado e iba a la deriva corriente abajo o...
-Señorita, un día de estos le voy a enseñar a obedecer mis órdenes, aunque sea lo último que haga.
Bella lo vio en lo alto de la roca, mirándola fijamente.
-Pero no hoy -concluyó él, arrastrándose y dejándose caer a su lado-. Hoy no -dijo con voz ronca.
De pronto ella se encontró en sus brazos, aferrándose frenéticamente. La lluvia seguía empapándolos, pero se habían librado de las aguas turbulentas y de los dos hombres que los perseguían.
-No hay posibilidad de que nadie más logre cruzar ese arroyo esta noche –dijo Edward apoyando la boca en el pelo mojado de ella, leyendo sus pensamientos-. De momento estamos a salvo. Dios mío, mujer, hoy me has asustado lo indecible, tardaré semanas en recuperarme.
Hundiendo la cara en la camisa mojada de él, Bella negó con la cabeza.
-Algo me dice que te desenvuelves muy bien en asuntos como este. Edward Cullen, eres un farsante. ¿Como has podido engañar a mis cándidos padres, convenciéndolos de que eres un tipo viajo que además da la casualidad de que es un mago de las finanzas en lo que a hoteles se refiere?
Él la abrazó con más fuerza.
-No ha habido ningún engaño -le aseguró con voz ronca-. Soy un tipo viejo y muy bueno con las cuentas. Solo que cuando estoy a tu lado, cambio -la apartó un poco y le enmarcó la cara con ambas manos-. Bella, hace unos instantes, me has salvado la vida.
Ella levantó la mirada hacia él.
-Tú me la salvaste en la cabaña. Como dicen, parece que formamos un buen equipo.
En la oscuridad, ella apenas podía percibir el brillo de sus ojos.
-No olvides eso -luego se volvió, agarrándola por la muñeca una vez má , cariño. No podemos quedarnos aquí. La lluvia no para. Tenemos que encontrar cobijo.
-Caray, Edward, mi muñeca. Suéltame.
-¿Qué...? -la soltó instantáneamente-. ¿Qué pasaba?
-Nada -se apresuró a aclararle ella, sobándose la muñeca-. Es que el cinturón me ha hecho daño.
-Duele mucho cuando te corta la piel -suavemente, la agarró de la otra mano y juntos tomaron el sendero que corría paralelo al arroyo.
-Había unas cabañas abandonadas a este lado del arroyo. Recuerdo que una quedaba como a un kilómetro de la nuestra, siguiendo el arroyo.
-Un kilómetro en estas circunstancias es algo lejos, pero supongo que es lo mejor que podemos hacer.
-No creo que nos convenga quedarnos aquí. Estamos muy cerca del arroyo, y a juzgar por cómo ha crecido, las aguas inundarán todo esto. No me extrañaría que se llevara la cabaña de papá.
-Entonces, en marcha.
Bella no estaba muy segura de poder caminar una gran distancia. Cruzar el arroyo y sacar a Edward de allí la había dejado exhausta. Pero decidió no hablar de su agotamiento. No tenía sentido, no les quedaba más remedio que seguir.
-Me pregunto qué estarán haciendo ahora James y su amigo -comentó minutos después.
-Probablemente ya hayan abandonado la búsqueda. No te preocupes, no es posible que nos den alcance -la tranquilizó Edward.
-El agua va a inundar el camino, si no lo ha hecho ya. Se quedarán aislados en la cabaña. Y si...
-No se pierde nada -la interrumpió Edward en tono encallecido-. Tengo la corazonada de que nadie echará de menos a esos dos. ¿Qué era eso del alijo de drogas?
-Creo que se trataba de eso. James fue a la cabaña poco después de llegar yo. Cuando se bajó del jeep le vi la pistola.
Edward gruñó algo violento.
-¿Qué sucedió entonces?
-No paraba de decirme que era muy rico y que esta noche iba a ser más rico. Decía que durante los dos últimos años, había utilizado la cabaña para sus reuniones de negocios. La conocía desde la época en que solíamos subir con la moto. Sabía que papá casi nunca la utilizaba. Se sintió bastante sorprendido de verme allí.
-Estoy seguro -murmuró lacónicamente Edward.
-No pareció precisamente encantado de encontrarme en la cabaña –continuó Bella, respirando cada vez más trabajosamente-. Pero creo que le vio las... ventajas a la situación.
-Me imagino.
Bella hizo caso omiso del tono salvaje de la voz de él.
-Pero cuando apareciste tú, no te vio utilidad. Amenazó con matarte si no me libraba de ti, Edward
-¿Por eso representaste la comedia del gran rechazo? Ten cuidado con esa arena, antes metí el pie y eran como arenas movedizas. Mantente más a la derecha.
-No me quedó más remedio que... representarla - dijo Bella en tono suplicante, sintiéndose peor por minutos. Aunque la noche no era fría, empezó a sentirse helada con la ropa mojada. La lluvia parecía que no iba a terminar nunca y el sordo rugido del arroyo le recordaba lo cerca que todavía se encontraban de él. Lo único agradable era que Edward le tuviera agarrada la mano.
-¿Creíste que me había ido mansamente?
Edward parecía algo curioso.
-Para serte sincera, esperaba que te hubieras percatado de que algo no encajaba en absoluto. Me dije que te darías cuenta de que, en el caso de que pensara pasar unos días con un hombre, jamás habría elegido a James Monroe.
-¿Qué esperabas que hiciera?
-Buscar ayuda.
-No me daba tiempo de bajar, convencer a alguien de que necesitabas ayuda y volver. No, con la tormenta que había.
-Cuando llegaste, estaba considerando la posibilidad de echarle un cazo de sopa hirviente por encima a James. El único problema era que no sabía quién había entrado; podía ser el socio de James. ¿ Edward, como te diste cuenta de que algo iba mal?
Le pareció que él la miraba brevemente con expresión de sorpresa, pero no podía asegurarlo. Sin embargo, la sorpresa era evidente en su voz, mezclada con otras emociones, como rabia, enfado y un comentario típicamente masculino sobre la inteligencia de ella.
-Me dices que vas a pasar unos días con otro hombre cuando hace menos de veinticuatro horas que has estado en la cama conmigo, ¿y me preguntas cómo supe que algo iba mal?
A pesar de que cada vez hacía más frío, Bella sintió cierto calorcillo. Él no vería su sonrisa, pero la adivinaría.
-Ya, supe que eso te daría una pista -murmuró ella con dulce satisfacción-. ¿Pero cómo supiste que tenía un arma y que la situación era tan peligrosa?
-No lo supe. No sabía qué diablos estaba pasando. Solo me imaginé que no serías capaz de decirme todo aquello a no ser que hubiera mucho más de lo que en apariencia había. Decidí irme en coche hasta que me perdierais de vista y volver a pie para echar una ojeada a la situación. Para entonces empezaba a oscurecer. Vi a Monroe salir a buscar la lámpara y me di cuenta de que llevaba una pistola, así que decidí esperar a que fuera de noche cerrada antes de tratar de atacar.
-Cosa que hiciste estupendamente bien, Edward. ¿Dónde diablos aprendiste a pelear de esa forma? -quiso saber Bella.
-No crecí con las ventajas con que lo hiciste tú, ¿recuerdas? -le dijo en tono irónico, pero dándole un ligero apretón en la muñeca-. ¿Y tú dónde aprendiste a perseverar en algo cuando lo sensato sería ceder?
-Siempre he sido un poquito testaruda. Pregúntale a mi familia.
-Testaruda y rebelde, y demasiado cabezota para lo que te conviene –asintió suavemente Edward -. Y yo debo la vida a todas esas cualidades más bien difíciles de aguantar.
-Estamos en paz. Yo te debo la mía.
-Un verdadero equipo.
-Sí, Edward.
-Bueno, compañera de equipo, creo que veo algo que puede ser la cabaña esa que mencionaste. La que estaba a un kilómetro de casa de tu padre. Vamos a ver. Necesitamos guarecernos el resto de la noche.
Él tenía razón. Los dos estaban agotados y empapados. No era una buena mezcla. Para alivio de Bella, la cabaña quedaba más alto de lo que ella recordaba. Estaba situada en una ladera, muy lejos de la amenaza del agua del arroyo. Cuando Edward empujó la puerta, que no estaba cerrada con llave, el único espacio parecía estar bastante seco.
-¿Crees que este lugar es lo bastante seguro? Estás más familiarizada con los peligros de este tipo de tormentas que yo. - Edward miró alrededor.
-Sí, creo que no habrá problemas. Aunque conviene que no perdamos de vista el arroyo. Echar una mirada de vez en cuando. Pero este sitio queda mucho más alto de lo que recordaba. Además, tanto esta cabaña como la de mi padre han pasado ya por varias tormentas. La gente que las construyó debe de haber sentido cierto respeto por los elementos, o las construcciones se habrían venido abajo hace muchos años. En cualquier caso, da lo mismo. No creo que podarnos dar un paso más.
-Estás temblando -murmuró Edward, acercándola a él. Entonces la soltó bruscamente-. Veré si encuentro algo para encender un fuego.
-También sería conveniente encender una luz. Buscaré velas.
Bella encontró las velas en un cajón de la cocina antes de que Edward descubriera el pequeño cobertizo del porche trasero. Para cuando ella estaba utilizando las cerillas que encontró junto con las velas, él entró cargado de madera.
-Está bastante seca, por lo que he podido ver en la oscuridad. Con un poco de suerte, podremos encender un buen fuego.
-No hay nada que desee más -dijo fervientemente Bella. -Mira a ver si encuentras alguna manta - Edward, se arrodilló delante de la chimenea con la leña y las cerillas. Había encendido una pequeña llama cuando Bella encontró un par de mantas polvorientas en un armario.
-Están sucias -se quejó ella.
-Es mejor que nada. Vamos a quitarnos la ropa -se levantó y se quitó la camisa sin la menor vacilación.
Estaba desabrochándose los vaqueros cuando Bella empezó a desabrocharse los botones con dedos temblorosos.
-¿Qué pasa, cariño? Dios mío. Qué fría estás. Acércate al fuego. Me ocuparé de ti.
Dando un pequeño gemido de alivio, Bella fue a sus brazos y volvió la cara hacia la piel desnuda del pecho de él.
- Edward,, estaba tan asustada... -le confesó ella en apenas un susurro-. Nunca en mi vida había estado tan asustada como lo estuve esta tarde.
-¿Crees que yo no? -le replicó él con voz ronca-. Además de preocuparme por descubrir la clase de problemas en que podías encontrarte, estaba preocupado por si hablabas en serio, por si realmente querías librarte de mí.
-¿De veras creíste que yo quería pasar unos días con Rick Monroe después de haber pasado una noche contigo? Nunca, Edward,. ¡Jamás! -convulsivamente, le rodeó la cintura con los brazos, estrechándolo para sentir su fuerza consoladora-. Mientras te decía que te fueras, no dejaba de rezar por que pudieras leerme la mente. –
Y yo no dejaba de rezar por que estuvieras intentando enviarme un mensaje distinto del verbal. No era que me hubiera importado mucho. No pensaba dejar que pasaras la noche con Monroe. Te dije anoche que me pertenecías.
-Sí, Edward
-se apoyó confiadamente en el pecho masculino y él le terminó de quitar la camisa por los hombros y luego le desabrochó los vaqueros.
-También tenía la corazonada de que tú lo sabías y no tendrías el valor de decirme a la cara que te ibas con otro hombre.
-Nunca.
-Deja de temblar, cariño -le suplicó él metiéndole las manos por dentro de los vaqueros y bajándoselos. Las braguitas bajaron al mismo tiempo-. Qué fría estás –le frotó la espalda con las manos.
-Es la reacción -dijo tartamudeando.
Edward, la soltó para tornar una manta y rodearla con ella. Luego, se apresuró a quitarse el resto de la ropa. El brillo del fuego reflejado en su cuerpo, cautivó a Bella. Ella lo amaba y él era hermoso a sus ojos.
-Pondré esos cojines al fuego. Los usaremos como cama -dijo Edward, tomando los cojines del polvoriento sofá y tirándolos al suelo delante del fuego.
-Una cama más bien estrecha -observó en tono dubitativo Bella.
Él la miró cuando el último cojín estuvo delante del fuego.
-Servirá, ¿verdad?
Ella, incapaz de articular palabra, asintió en silencio.
-Bella, cariño -murmuró Edward, agarrándola por los hombros y acercándola a él-. No seguirás asustada, ¿verdad? ¿Me tienes miedo?
-No -pero no pudo encontrar las palabras necesarias para explicar exactamente lo que sentía, por lo que trató de explicarse-. Me salvaste la vida. ¿Cómo puedo tenerte miedo? Ya te lo he dicho, es la reacción al frío y el agua.
Él se arrodilló sobre los cojines del sofá y tiró suavemente de ella. Cuando la tuvo cara a cara, le acarició tiernamente la espalda por debajo de la manta.
-Ven y acuéstate conmigo -le ordenó suavemente-. Yo te mantendré caliente y a salvo esta noche.
Bueno aquí otro cap
gracias
